Terribles para Valerio los tiempos en que en las noches de verano todos gritaban «Valerio».
IOLE
Después de una vida dedicada a timar a la gente por medio de la magia, terminó creyendo también en ella.
MARIA
«… Pero esta gente, será honesta o no?».
(no)
JACOB
Estuvo con los poetas: con los poetas.
NERINA
Jamás explicar el gesto.
FRANCESCO
Cenotaph88: hey
Cenotaph88: tas?
x3ngar: sip
Cenotaph88: cm vas?
x3ngar: los ojos serenos / y las estrelladas pestañas / la bella boca, angélica, de perlas / llena de rosas y de dulces palabras / que hacen a los demás temblar de asombro
Cenotaph88: …
Cenotaph88: vs a estar ms tarde?
x3ngar: sip
Cenotaph88: va nos vemos x3ngar : va
GIUSEPPE
Piensa que sería bello tener unos recuerdos tipo viaje de pesca en Yugoslavia.
SIRIO
Sirio escribió «Te amo» en docenas de tarjetas. Cada día coloca un par de ellas en el parabrisas de algún coche estacionado, esperando arrojar un poco de luz sobre una existencia tétrica, o bien, desencadenar espantosos dramas de celos.
LORENZO
Una chamarra a veces hace milagros.
ROBERTA
Se incorporó a una secta que le exprime el dinero y la pone en contra de sus familiares. Nunca ha sido tan feliz.
EDOARDO
Seduce a una mujer colosal esperando en su corazón generar un hijo enorme que, al llegar a la adolescencia, lo estrangule.
AMETISTA
Ese constante subrayar lo evidente.
ELMO
—¿Hacemos el amor como cuando teníamos veinte años?
—Esto es imposible, querida, no sólo porque tenemos cincuenta y ocho, sino también porque en la época de nuestro primer ayuntamiento teníamos veintidós años y no veinte. Lo recuerdo bien, ya que a los veinte años salía con una preciosa chica de Lucca.
ELISA
La práctica constante de la gimnasia; el problema del significado.
Por fortuna existe un folk brumoso, oscuro e ideal para los momentos de trasnoche, ese folk raruno y fugitivo posibilita la huida de la cotidianidad. Con diversas formas para tratar de estandarizar nuestro modo de vida, pasando por la comida, la ropa, y hasta llegar al arte y la música, parece que todos debemos andar por los mismos caminos, por las mismas grandes autopistas, es por ello que las carreteras secundarias fascinan, pues siempre traen consigo algo de misterio y tensión.
La tentación por desmarcarse es mucha y a veces se encuentra la complicidad de otros libertinos en la música. Pienso en Mazzy Star, en los Cowboy Junkies y en la inefable presencia de Elliot Smith, gente que prefiere las tabernas pequeñas a los enormes salones de lujo e hipocresía, o bien, extraviarse en lejanos páramos ajenos a la mayoría de las personas.
El asunto es mantenerse en la pesquisa de músicos que abren caminos a través de canciones genuinas y que no fueron concebidas como un encargo de algún productor de relumbrón. Hoy más que nunca la autogestión es una forma de vida y no una pose pasajera. La tecnología lo ha facilitado y la golpeada industria lo ha exigido.
En tal escenario se ha movido Rey Villalobos, el hombre tras el proyecto House of Wolves, cuyo primer disco Fold in the Wind, traía tal carga emocional que vio la luz como un trabajo autoeditado en 2011; luego fue acogido por el sello discográfico Moonpalace Records y al año siguiente fue relanzado por Fargo. Ya no es usual que un álbum vaya saltando de disquera en disquera y sea trabajado durante tanto tiempo, eso sólo evidencia la calidad del material.
Para su siguiente incursión se propuso nuevos retos creativos; se trasladó de Los Ángeles (su lugar de residencia) hasta la costa de Irlanda para grabar temas acumulados durante años. Eligió al productor Darragh Nolan para crear Daughter Of The Sea, que ha sido cobijado por el sello minúsculo Dusk, Dais, Dawn, quienes lanzarán un tiraje artesanal de doscientas copias con obras de arte.
En las ocho canciones que lo conforman se sienten los vientos tremendos del océano de aquellos lares, un sabor salitroso y el tufo de gente que sabe y ama beber mucho. Se trata de un disco que parece dedicado a los protagonistas de un viejo dicho a la hora de brindar: «por los hombres que vienen del mar… y se marchan al amanecer». Todos los temas tienen una hermosa pátina de sonidos análogos, nada de pulcritud digital; en ellos hay susurros de bosque, sensación de lluvia, ánimo de ir y venir del bar al puerto, del hostal a un risco para contemplar el horizonte. Hay momentos en los que nos acordamos de lo más sombrío de Lambchop o de los lamentos eléctricos de Micah P. Hinson.
Esta Hija del mar —álbum y canción— hurga en las entrañas, es desafiante a lo largo y ancho, al igual que «Take Me to the Others», puede dejarse llevar por el eco de unas palabras casi austeras o la compañía de un añejo melotrón. Es un disco que no tiene la necesidad de ser extenso para capturar lo bello. Es íntimo, es discreto y hasta un poco sabio.
Todo es presencia, todos los siglos son este presente.
Octavio Paz
I
Semilla de sol, de Santiago Robles, es la conjugación del enfrentamiento. Si se considera la construcción semántica de este enunciado se observará que, como en la mitología, cuenta una historia con doble propósito. Por una parte presenta la yuxtaposición de dos figuras ancestrales relacionadas con lo femenino y lo masculino en tanto que evidencia la condición cultural, política y ontológica del hombre contemporáneo. Es un hecho documentado que las imágenes de la semilla y el sol se identifican con múltiples significados sobre el origen de la vida y el ideal de la civilización. En el caso de los pueblos mesoamericanos, el sol y la semilla son iconos de una presencia compleja y profusa en la historia que, paradójicamente, permiten sintetizar una cosmogonía con repercusiones trascendentales en la sociedad actual. Es de tal la relevancia de este suceso, nos advierte Robles, que nosotros aún, ciudadanos del siglo XXI, sobrevivientes del TLC, testigos del capitalismo y protagonistas del posmodernismo, pertenecemos al legado de Tepeu, Qukumatz, Kauil e Ixmucane.[1]
La obra de Robles inicia con una remembranza sobre el origen del tiempo, lo cual implica un repaso de la historia del hombre: «Y dijeron los progenitores, los creadores y formadores», y concluye con una parodia de la célebre frase de Porky Pig, personaje de Looney Tunes: «That’s alley folks!».[2] Puesto de otro modo, Semilla de sol es un diorama en el cual es posible apreciar el pensamiento mágico-mitológico prehispánico y la intervención directa y abrumadora de la cultura estadounidense en la sociedad y el imaginario latinoamericanos desde finales de los ochenta. Es decir, entre la aparición de Tepeu en la literatura oral y la de Porky en la televisión a color se dibuja un arco de más de tres mil años que incluye la historia innumerable del mestizaje que signa el presente.
El paisaje de esta historia tiene como escenario principal la tierra, representación alegórica de la mujer. La imagen es rematada por un cielo d onde mora el sol, emblema recurrente del hombre; de la unión de dichas figuras germina la posibilidad de vencer al tiempo. Al igual que el agua se asocia a la tierra, el viento se relaciona con el sol; he ahí la permanencia de la vida; la cópula, la agricultura y el mestizaje; la fecundación de un pueblo y el cultivo de un destino: hombre agua, hombre tierra, hombre viento, hombre fuego, hombre maíz, semilla de sol.
II
Concebido como libro de artista, Semilla de sol se adhiere a la postura estética y política de Ulises Carrión al asumir el libro como «una forma autónoma y autosuficiente», lo cual se enlaza con la búsqueda del artista autoexiliado en Ámsterdam: «Hacer un libro es actualizar su propio ideal secuencia espacio-tiempo por medio de la creación de una secuencia paralela de signos, ya sean verbales u otros».
En este sentido, el ejercicio de Robles hace posible la existencia de un espacio físico y narrativo en el que presenciamos, a través de saltos temporales en la historia de México, el desdoblamiento de una metáfora (semilla de sol) por medio del enfrentamiento de imágenes y textos provenientes de diversas e inesperadas fuentes (códices, caricaturas, documentos libres en la red) expresado a su vez por la lucha formal entre la tinta de grana cochinilla (pigmento prehispánico, manufacturado) y la pintura acrílica (polímero representativo de una cultura industrial). Más cercano a un palimpsesto que a una historiografía, Semilla de sol aporta una diferencia significativa en el campo del libro de artista, dado que el riesgo que asume no radica en su materialidad, de por sí inusual, ni en la unicidad de su entidad, sino en concebirse como un espacio abierto, una plataforma donde puedan converger y originarse otros procesos, investigaciones y tentativas certezas.
III
En sólo tres versos, hace casi un siglo, Ramón López Velarde dejó al descubierto la condición histórica y paradigmática de México, y no sólo del México moderno descrito en La suave patria (24 de abril, 1921). Dice López Velarde: «Como la sota moza, Patria mía, / en piso de metal, vives al día, / de milagro, como la lotería». No me parece arriesgado leer el libro de Santiago Robles bajo la luz oblicua de este poema desencantado de su tiempo. Lo considero así porque Robles no hace ni elogio ni apología del maíz, como tampoco lo hace el poeta zacatecano del subsuelo nacional rico en plata, sino, por el contrario, recurriendo a la parodia y a la ironía, acomete una crítica mordaz sobre este momento. Mientras que en La suave patria el estado y la sociedad mexicana del siglo XX se vislumbran como una mujer insolente, servidumbre de sí misma, en Semilla de sol México aparece como una colectividad ambigua, contradictoria y amorfa, sin un rostro ni voz legibles, y el maíz se presenta travestido en Virgen María, Granda de Guerra, Útero Cósmico, Maquinaria Transgénica, Mano Vidente, Ixcamacuane y Muerte.
Quizá en unas crepas de huitlacoche o unos totopos rebozados de queso amarillo radique una de las mayores concreciones del mestizaje posterior a la firma del TLC. Es posible, también, que aquí se encuentre el acierto de este libro y de este ejercicio híbrido entre la escritura y la imagen: no negar el pasado ni abstraerse del presente, sino identificar, analizar y reconocerlos como un mismo proceso. El tú y el yo transfigurados; el ellos diluido en un nosotros a su vez proyectado en el avatar de sí mismos.
Fue a partir del año 2000 que empezaron a circular en el país un par de monedas de veinte pesos, ahora devueltas a la circulación; en una de éstas se rinde un homenaje a Octavio Paz, en ella se lee el siguiente díptico, no sin un viso de revelación para esta circunstancia: «Todo es presencia, todos los siglos son este Presente». O como canturreaba Porky, that’s all.
[1]Dioses mayas que, siguiendo la narración mitológica, son los actores primordiales en la fundación del universo, creadores del hombre a partir de maíz, después de dos intentos fallidos con barro y madera. [2]La frase original, aparecida al final de cada capítulo de la caricatura, reza «That’s all folks», que en el doblaje al español sonaba a «¡Esto es todo, amigos!».
Si me despierto en la noche aún siento que él respira en la habitación de al lado. Desde mi cama veo la luz de la lámpara que cae dulce sobre su cuna.
Ya no vives aquí, ya nunca están cerradas las puertas de la casa.
Ya no temo que Gabriel, gateando, llegue a la cocina y tome algo que pueda lastimarlo. Ya no temo al oír el motor de la Lobo al estacionarse enfrente.
Ya ni tú ni él viven en esta mierdera colonia de Infonavit.
¿Qué se siente haberse llevado a un hijo que ni era tuyo?
Me lo quitaste por joder. La única temporada en la que tuvimos una relación cordial y pacífica fue la del divorcio. Pensaste que reaccionaría, que pelearía como madre leona, que usaría todo lo que no me habías matado del carácter. Reclamaste a Gabriel pensando que no lo obtendrías. Sólo pedí la Lobo. La casa no es más que un contrato de renta. Me quedé con la camioneta, también, por joder.
Ya no corras, Gabriel.
¿Quién nombra a un hijo como propio, sin estar seguro de que lo sea? Sólo aquellos que buscan algo de qué asirse en el mundo. Tú andabas sobre la tierra en tu camioneta que parecía volar sobre las dunas.
Ya no corras, Gabriel.
Y girabas en tu desierto, sobrevolabas tu situación de clase media pobre, aparentabas ser otro en esa camioneta que valía más de lo que teníamos o hubiéramos llegado a tener nunca.
Nunca, Gabriel.
Si me despierto en la noche ya no temo tu rabia.
No es seguro ni para un pelado andar en esa troca. Andabas por la noche como quien no teme al despojo, a la tortura, a las desapariciones, al frío del metal sobre los ojos, al ruido de las balas, a ser uno contra doce, a las sospechas, a la policía, a las falsas acusaciones, al rumor de ser de «los otros», al ejército, a la sangre que chorrea de las cajuelas de otros vehículos, a la envidia hacia tu camioneta negra.
Andabas por la noche como quien busca la muerte.
Ya no corras, Gabriel.
Y yo te esperaba angustiada para encerrarme en cuanto te oía llegar. Al niño lo dejaba en su cuarto, en la cuna, porque él te tranquilizaba, te recordaba que sí, la vida es frágil, la vida es mierda, pero también puede ser bella. Y yo en la recámara sabía que no debía abrir la puerta hasta saber que no venías de madrearte con cuanto se te hubiera puesto delante.
Ya no corras, mi amor.
Te enfrentabas a la existencia como quien la odia. Sólo la inocencia del niño te tranquilizaba.
Ya no llores, Gabriel, no hagas enojar a tu papá.
Pero tú y yo sabíamos que el niño no era tuyo.
A veces venías de buen humor.
Por la camioneta, unos clientes creyeron que yo era el contratista.
Quitarle a un albañil su Lobo es tan cruel como quitarle el hijo a una madre. ¿Cuántos años trabajaste por ella, cabrón?, ¿cuánto tiempo no hubo para ti descanso, no hubo familia que te importara? Yo me encargué del hambre del niño. Estabas empelotado con esa troca porque siempre te gustó aparentar, lucir como quien no serías nunca. Por eso ahora tienes un hijo a quien no reconoces como ajeno.
Me lo contaste desde la primera vez que me invitaste a salir: habías comenzado a trabajar para tener la camioneta desde los once años. Fue cuando supiste de las resolanas de esta tierra seca, del viento hielo que en invierno corta como navajas. Apenas eras un niño cuando ya estabas solo. Un niño que quería jugar a los carritos.
Ya no temo a la oscuridad ni a la dureza de tus puños. Ya no temo la fiereza de la noche. Me pierdo en ella protegida por el metal de tu Lobo. Yo también he tomado una vida que no me pertenece. Tus amigos ya son los míos. Al Flaco es al que veo más seguido.
Ya no corras, Gabriel.
Ahora entiendo que tenías prisa por destruirte.
¿Cómo se continúa viviendo después de destruir las fotos de boda? ¿Cómo se sigue habitando una casa con una cuna vacía?
Ya no corra, ¿para dónde va?
Ya van dos veces que me detienen en la noche. La primera vez fueron «los malos». La segunda fueron «los buenos». Quien vive en una casa vacía no teme ni a unos ni a otros.
Salía de la casa del Flaco a las cuatro de la mañana. No sé cómo un hombre tan hosco y recio puede tener un ronquido tan delicado, como de gatita, apenas perceptible. El Flaco duerme junto a mí como quien se aferra a su madre. Yo ya no lo soy. Hice madre a tu nueva mujer cuando le cedí a mi hijo.
Dicen que la tercera es la vencida. La primera vez «los malos» me dijeron que andaba de suerte, que nada más no querían volver a verme por ahí. Era la noche de Apodaca y sus silencios.
Aunque es de mi edad, en el Flaco no puedo ver a un hombre porque duerme junto a mí como si le tuviera miedo a la oscuridad. Quiero al Flaco como quien quiere a un hermano porque así lo querías tú.
Lo dejo en medio de la noche porque debe aprender a no temerle a nada.
¿Sí sabe que por aquí están matando mujeres?
También están matando hombres, oficial.
La segunda vez me detuvieron «los buenos», y yo no llevaba dinero conmigo.
Me pidieron los papeles, me preguntaron de quién era la camioneta. Llevaban dos kilómetros parándome y dejándome ir. Hacían que me orillara y luego se iban. Después de jugar un rato uno de ellos se bajó a hablarme. Yo no olía ni a alcohol ni a mota. El cuerpo del Flaco era mi único aroma.
¿Sí sabe que no son horas para andar por aquí?, ¿viene de la fiesta, o qué?, me dijo acercándose para olerme el aliento.
Fue otra vez sentir la fragilidad de mi cuerpo, esa certeza de que tu puño ya no se retraería.
Me sube la ventanilla, y ya no corra.
Del ejército uno puede librarse sólo por lástima. O misericordia.
No subo las ventanillas porque me gusta que entre a la Lobo toda la oscuridad y toda la noche.
Nunca lastimarías a Gabriel, lo vi en tu mirada cuando te lo entregué. Cuando ni titubeaste al entregarme las llaves de la camioneta.
Eres una perra.
¿Quién cambia un hijo por una troca? Ni siquiera me sentí insultada.
Ya no temo a la noche, ni a la casa ni a los caminos vacíos.
La tercera es la vencida.
Hay una casa de un piso con dos recámaras diminutas donde ya no viven mis hombres.
¿Gabriel llora todavía si despierta y ve que está completamente a oscuras?
Debe aprender que en la oscuridad es donde está el descanso. Enséñale eso cuando crezca.
¿Me extraña?
La tercera es la vencida, pero si ni buenos ni malos se encargan de mí, la noche es una Lobo que sabrá devorarme, meterme en su boca, engullirme.
En este diálogo, Israel Martínez y Gerardo Montes de Oca observan, con distancia geográfica y crítica, el oscuro panorama en el que está sumido México y reflexionan en torno a la violencia desde el mundo del arte.
ISRAEL MARTÍNEZ
Ejercías como psicólogo en Guadalajara, pero siempre estabas alerta de manifestaciones artísticas; incursionaste en la fotografía cuando te conocí. Después me enteré de que estabas haciendo una maestría en arte en Finlandia, y la terminaste en Viena. Han pasado tres años desde que dejaste Guadalajara; yo también la dejé como mi base principal. Hace aproximadamente cinco años arremetió radicalmente la delincuencia organizada en nuestra ciudad y ésta comenzó a modificarse. Ahora recibes noticias cada día sobre asesinatos, violaciones, asaltos, corrupción, modificación de leyes a favor de unos cuantos, impunidad. Si bien tu ritmo de vida ha sido acelerado los últimos años para poder vivir y estudiar en Europa, también es vertiginosa la información que recibes desde México. ¿Qué pasa por tu mente y tus emociones? ¿Qué piensas sobre tu familia, tus amigos? ¿Cómo se vive esto desde Viena?
GERARDO MONTES DE OCA
Sí, hace tres años me fui a estudiar la maestría en cultura visual a Finlandia, ciertamente muy experimental tanto teórica como prácticamente. Esto me trajo a Viena, que curiosamente era una de las pocas opciones que contemplé antes de elegir Finlandia para entrarle más de lleno a mi formación en artes.
Finlandia, fría, pero honesta y equitativa, es una democracia que —si bien el concepto es debatible— se encuentra a otros niveles. La confianza social e institucional es increíble, los índices de corrupción son los más bajos del mundo. Y créeme, siempre mantengo una actitud abierta y crítica, no idealizo Escandinavia.
Una amiga finlandesa me hizo «la pregunta» necesaria, clave, evidente a los ojos de esa otra cultura: «¿Por qué en México no valoran la vida?»
Después de lo ocurrido con los normalistas en Guerrero, las noticias me han venido lastimando mucho. Pienso que es el evento que penosamente nos ha levantado y comenzado a articular de otras maneras. Y no parece que esto se vaya a detener. He llorado muchas veces, la mayoría de ellas frente a la pantalla (al informarme en línea), pero también en la ducha, o en mi habitación. En la segunda manifestación que organizamos los mexicanos con apoyo internacional (que ha sido sólido por parte de los latinoamericanos) me tuve que contener durante casi todo el recorrido. Y ocurre con los demás. Nos afecta mucho, nos desespera, nos deprime. Afortunadamente la historia está cambiando. La movilización ha sido enorme y constante, dentro y fuera de México. Ha habido muestras de una creciente solidaridad y una manera diferente de confrontar al poder criminal y represor. Tal solidaridad y empoderamiento fortalece la esperanza y nos permite afrontar el miedo juntos. Esto me ha ido levantando los ánimos. Al mismo tiempo, he notado que la forma y contenido de las noticias de medios alternativos también está cambiando. Cada día salen más y más cosas a la luz.
Fue un placer enorme tenerte por acá en tu residencia y en el MuseumsQuartier. La pieza que exhibiste era totalmente necesaria, pertinente. Los trágicos eventos lo corroboraron inmediatamente, si es que no era evidente ya. ¿Qué me puedes decir de esta pieza, así como de la investigación detrás de la obra? ¿Por qué elegiste ese formato tan peculiar para la exhibición Post-Colonial Flagship Store?
ISRAEL MARTÍNEZ
Georg Klein y Sven Kalden, curadores de la exposición y también artistas, me invitaron a este proyecto que, desde un punto de vista muy irónico, se interna en el poscolonialismo; el formato es el de una tienda de lujo. El título de la obra (en colaboración con mi hermano Diego) es South of Heaven, tan cerca de la potencia neocolonizadora y las ilusiones que esto representa para muchos (incluyendo al Estado que cada vez entrega más al país), y tan lejos de una mínima salud social y política.
Hicimos un puesto de venta similar a los de los tianguis en México, que, por cierto, ofrecen en su mayoría artículos piratas, que conforman una parte importante de la economía del país. El «producto» que ofrecimos fue un CD-R titulado Sounds of Mexican Drug War, que incluye una pieza auditiva de casi sesenta minutos con sonidos extraídos de videos publicados en internet durante el sexenio de Calderón: sus discursos de lanzamiento o defensa de su proyecto, balaceras grabadas por los mismos sicarios, decapitaciones, manifestaciones, llanto, interferencia de charlas por radio entre miembros de cárteles; en fin, sonidos de terror, de vergüenza, de tristeza y barbarie. Estos sonidos no se reproducen en bocinas, hay que colocarse audífonos para escucharlos. El sonido que sí es audible a través de dos bocinas se conforma del registro de inhalaciones de cocaína, como si fuera la música que acompaña a este puesto de venta, su «música de ambientación» es el consumo de una droga vital para México como exportador —como señala el periodista italiano Roberto Saviano, quien incluso se atreve a decir que México es el centro de una nueva configuración del mundo en torno al negocio de la cocaína.
En el mismo puesto hay un monitor en el que se muestra una transcripción textual de experiencias personales en torno a la droga y el narcotráfico, como un testimonio —entre millones que hay en el país— de cómo nos relacionamos con estos temas de forma natural, muchas veces sin decidirlo; por ejemplo, al tener un vecino inmiscuido en dicho negocio. También usamos una lona, pero en lugar de promocionar nuestro «producto», en ella explicamos ciertos puntos que nos parecen importantes para entender una parte de la relación político-económica entre México y Estados Unidos. Este flujo de información está basado en el libro de Sergio González Rodríguez, Campo de guerra, en el que señala el poder que ejerce Estados Unidos sobre México a partir del negocio de la droga, y las políticas de una supuesta asistencia en torno a la seguridad.
Inauguramos el 2 de octubre, fecha importante para México, y tan sólo un poco después de la desaparición de los cuarenta y tres estudiantes. Empezó un proceso doloroso para todos. En mi caso, no pasó un solo día durante la residencia en el MuseumsQuartier, y cada vez que visitaba la exposición, en el que no platicara con personas sobre la incomprensible situación de México. Como mencionas, la pregunta recurrente es por qué la vida vale tan poco en nuestro país. ¿Por qué se mata, se viola, se roba, se violenta tan fácilmente en México? Mucha gente no tiene idea de las gigantescas dimensiones del narcotráfico, su única relación con el tema son los dealers locales, que venden bajas cantidades. No saben que los grupos delincuenciales mexicanos están en gran parte del mundo, que la droga es un soporte económico ilegal muy importante, incluso en la Unión Europea, y mucho menos que algunos gobernantes de nuestro país son cómplices del proceso y, por supuesto, de los dividendos económicos.
Ahora que estoy de vuelta en México es inspirador ver a tanta gente movilizándose en todo el país, pues en muchos lugares tardó muchísimo tiempo para que se valorara la importancia de manifestarse, de marchar, de las acciones políticas. Es fundamental sentirnos en comunidad, sentir al vecino, sentir al transeúnte, sentirnos todos, respetarnos, buscar las coincidencias más que acentuar nuestras diferencias.
En este sentido, como mencionas, ha sido también inspirador sentir la unión fuera de México. En el caso de Viena, va creciendo, y hay estudiantes, artistas y activistas como tú trabajando fuerte en ello, estableciendo lazos con cualquier ciudadano interesado en el tema, difundiendo información. Es curioso porque a veces tengo la impresión de que parte de la escena artística contemporánea en México se avergüenza de su práctica en momentos como éste, asumen que el circuito del arte es banal. Para mí, por el contrario, es uno de los espacios que incitan a la conciencia sociopolítica, aunque en momentos tan radicales también muestra algunos puntos absurdos, autocomplacientes o, simplemente, fuera de cualquier posible conexión con la sociedad en general. Ya que tu interés principal es un arte más frontal en torno a lo político —además de que Viena es un punto interesante donde política y arte confluyen totalmente—, ¿cuál es tu visión sobre esto?
GERARDO MONTES DE OCA
Me parece que tu pieza articula múltiples elementos involucrados en el tema del narcotráfico (cuyas relaciones se complican al momento de su análisis), al mismo tiempo que hace comentarios interesantes sobre un neocolonialismo en el interior del mundo del arte. Es interesante que coloques el sonido como eje e intersección de procesos de producción y consumo cultural: sus industrias, el mercado informal en México y formas de comercio fuera de la ley. Con el formato de puesto callejero se crea una relación mercantil entre el espectador, la obra y el artista. La instalación vuelve al espectador un consumidor y a la obra un producto de consumo, pero un producto al margen de la ley: pirata. El mercado informal cuestiona y confronta al Estado y a la ley. Y no sólo simbólicamente. Es decir, utilizas sonidos y discursos producidos por otros agentes o «autores» para apropiarte de ellos y reconfigurar sus relaciones y sentidos. He aquí su clandestinidad. Coqueteas incluso con una acción delictiva. La definición que da la unesco de la piratería me parece muy pertinente para lo que percibo en la pieza:
El término «piratería» abarca la reproducción y distribución de copias de obras protegidas por el derecho de autor, así como su transmisión al público o su puesta a disposición en redes de comunicación en línea, sin la autorización de los propietarios legítimos, cuando ésta resulte necesaria legalmente.
Considerando que tomas y alteras material sonoro en línea de agentes/autores como el Estado (en los discursos presidenciales), los criminales o testigos que documentan actos criminales o confrontaciones armadas y suben los videos a internet, emergen nuevas preguntas sobre el narcotráfico: ¿Quién o quiénes son los autores? ¿Cuáles son los derechos de esos «autores»? ¿Cómo se protegen sus productos? ¿Quién autoriza la disposición de tales producciones y por qué motivos? ¿Qué y quiénes definen y autorizan a un agente como su propietario legítimo?
Con tales preguntas se dirige de manera directa a las formas de dominio neocolonial intrínsecas en las relaciones entre Estado, crimen y ciudadanía en México, así como en la relación entre nuestro país y Estados Unidos. De esta manera se señala, cuestiona y confronta al Estado mismo y a los discursos institucionales. La lona traduce esto de manera visual y el texto en la pantalla inserta la experiencia personal a la compleja trama. Mientras tanto, el espectador es invitado a consumir (o «adquirir») tal producto, por medio de uno de los tantos sonidos del mundo del crimen, corrupción e impunidad en México.
Muchas veces me preguntan por qué dejé la psicología para estudiar y hacer arte. Lo que pasa es que en el arte encuentro otras formas de reflexionar, investigar, experimentar e incidir en múltiples realidades. Creo que todos debemos preguntarnos qué podemos hacer ante tal realidad en México. Esto me lleva a decir que el arte contemporáneo tiene una relación directa con la experiencia humana. Al trabajar con el arte, trabajamos directamente con múltiples subjetividades, lo cual nos permite probar y confrontar límites establecidos, formas de relaciones sociales y subjetividades dominantes. El arte trabaja tanto con los terrenos simbólicos y culturales como materiales y relacionales, y por eso es imprescindible que se asuma una posición política. Al mismo tiempo, las artes producen nuevos espacios de enunciación, relación y acción. Claro que es un terreno limitado, no puede cambiar la realidad de tajo.
Pero nada lo puede hacer de ese modo, así es que entre más espacios subversivos creemos, más posibilidades de cambio e inclusión tendremos.
El arte, como la psicología y las ciencias sociales, requiere un alto grado de reflexividad. Digo esto porque pienso que es de extrema importancia mantener un constante grado de autocrítica al momento de reflexionar, cuestionar, organizarnos y actuar. Necesitamos cambiar el orden dominante cuidando de no hacerlo en formas de organización jerárquicas. Es crucial poder distinguir las más sutiles formas de exclusión y violencia en nuestra vida cotidiana y organización ciudadana.
ISRAEL MARTÍNEZ
Los mexicanos estamos en un gran momento para detonar todo aquello que por años hemos pretendido transformar. Cuauhtémoc Medina comentaba en la charla que dio Bifo en el MUAC que éste será un proceso largo y no exento de incongruencias. Este punto me parece muy importante, porque de esas incongruencias suelen producirse escisiones; es decir, ataques ante cualquier posible diferencia entre nosotros en lugar de fortalecer nuestra comunidad.
Nuestros problemas son tan similares como las mismas líneas de cocaína que se inhalan alrededor del planeta.
GERARDO MONTES DE OCA
Sin duda la historia no es un continuum estable y coherente. Cuando las personas me preguntan aspectos sociales, culturales o políticos de México siempre digo que es un espacio donde convergen muchas capas históricas y culturales de maneras muy complejas. Sin embargo, nos cuesta asumir tales diferencias, ¿acaso tenemos un ideal colectivo identitario que nos duele confrontar?
No me queda duda de que encuentros como el que hemos tenido desde tu visita a Viena y el diálogo, que aún continúa, son formas de relación que necesitamos buscar, provocar y sostener. Dentro y fuera de México.
Y después (en la colonia, en la iglesia, en el artículo minúsculo del periódico sobre lo que ocurrió en esa zona en la temporada de lluvia), dijeron que fue Rosaura la que tomó el camino equivocado cuando ese miércoles salió a las cinco y media de la mañana, a cumplir el turno en la panadería del centro (el camino aislado, dijeron, que nadie toma excepto que esté acompañado o sea muy de día y haya gente saliendo a trabajar, el que está luego luego del bloque de edificios en forma de ele, ese descampado como en desnivel, cerca de las vías viejas, que se cargaba de charcos y árboles pudriéndose en la temporada de lluvia, el que nadie toma, dijeron, excepto que esté buscando algo), pero por el apuro de devolver el dinero y meterlo en la caja sin que nadie se entere, y porque habían clausurado la subida del puente, con las inundaciones. Rosaura lo pensó un momento y se decidió: pasó por la oscuridad de debajo del puente y cruzó en diagonal a la hilera de edificios, y se metió en el descampado. Iba pegada a las vías cuando, bastante antes de llegar a la callecita que la sacaba a la avenida para tomar el camión, distinguió o creyó ver el auto blanco que rondaba el sitio con lentitud. Con mucha lentitud, pensó Rosaura, con los vidrios subidos y tres tipos dentro, y creyó ver (aunque no estaba segura) a ese tipo sin barba que a veces aparecía por la colonia (y fue ese domingo cuando ella estuvo todo el día en la puerta, tomando el agua de jamaica que le había preparado a Maribel, después de pasar la noche sin dormir y atenta a la fiebre de su hermana, hasta que Rosaura se cansó de estar en la puerta, y decidió dar una vuelta por el centro, y fue justamente en el paradero donde apareció otra vez el tipo sin barba, que se adelantó y pagó el boleto de ella, a pesar de que Rosaura insistió en que no hacía falta, y que de veras hubiera preferido que el tipo no se adelantara y le diera las monedas al chofer, porque después él se sentó a su lado, y no dejó de conversar, y de preguntarle cosas, y ella respondió como pudo, ese domingo en que no tenía ninguna gana de conversar ni de escuchar a nadie ni de soportar a nadie, en realidad, en que quería que la dejaran en paz, pero el tipo sonrió y dijo que había que ser cortés con una dama tan joven, y se adelantó y sin preguntarle pagó el boleto, y eso, de alguna forma rara, lo autorizaba a hablarle todo el camino, y la obligaba a ella a escuchar, hasta que por fin ella se bajó del camión, aliviada de no tener que soportar más esa conversación, con la mirada de él que de tan pesada podía sentirla fija a su espalda, sentir cómo le medía las caderas, y las piernas desnudas debajo del short). Entonces ese miércoles a las cinco y media de la mañana Rosaura creyó que era él quien estaba sentado en el asiento trasero del auto blanco, y pensó que el auto estaba avanzando con demasiada lentitud. La muchacha siguió adelante. Sin tiempo, había que atravesar la callecita y llegar a Municipio, y devolver los pinches doscientos pesos que el sábado sacó de la caja. Fue tan fácil sacarlos después del corte, que hasta ella se sorprendió. Como si los pasara de una mano a otra, en realidad, se los dio esa tarde a Maribel, y esa misma tarde las dos se metieron en el cuarto que apestaba a cloro donde la señora hacía el raspaje, y ella (Rosaura) se quedó esperando en la salita de entrada, hasta que la llamaron para que se llevara a Maribel, y después a su hermana le dio fiebre todo el fin de semana, y ahora por fin estaba mejor. Por fin. Y todo se acabaría de una pinche vez hoy, pensó Rosaura, dentro de un rato, no bien metiera el dinero en la caja. Por eso se sobresaltó cuando el auto blanco se estacionó junto a ella. La ventanilla se abrió con lentitud y una voz muy clara preguntó dónde estaba Municipio. Rosaura se detuvo, y le sucedieron dos cosas: primero, se sorprendió al no ver al tipo sin barba del domingo (y esto, un poco, la tranquilizó) y, casi enseguida, instintivamente, se arrinconó contra unos pastos altos antes de alzar el brazo y responder. Giró la cabeza y señaló hacia adelante. Y quizá por esto, porque se tardó unos segundos en la respuesta, dijeron después que ella sabía quién iba adentro. Que los conocía, si se había detenido a conversar con ellos, cuando ella andaba por ahí. A los tres hombres. O por lo menos, a los dos que se bajaron no bien Rosaura se giró apenas, y uno la sujetó de los brazos, y otro la golpeó en plena cara, y así la tironearon hasta subirla al coche. No la insultaron. La metieron en el asiento de atrás, y uno le seguía sujetando los brazos a la espalda, mientras el otro la golpeaba y la golpeaba. Los dedos gruesos cayeron sobre el pómulo y esto casi la desmayó. Antes, Rosaura alcanzó a librarse una mano, y buscó arañar la cara del tipo. Dio un tirón, y la carne húmeda se le metió bajo las uñas. Ahora sí le gritaron (se lo estaba buscando, dijeron) y le ataron las manos atrás, y le anudaron una especie de venda que le tapó los ojos. Y sin embargo, por debajo, pudo ver (y fue lo último que vio, mientras le arrancaban la blusa, y uno la empujaba sobre el otro, y le entraba así, mientras ella gritaba, y le aplastaban la boca, y el auto seguía a la misma velocidad), pudo ver los brazos del que ya estaba sobre ella. Con mucho pelo. Hasta que la mano de él (áspera también) subió por el pecho y la tomó del cuello. Después, fue el chico que cumplía con el turno de reparto de periódicos, el viernes de la semana siguiente, el que dijo (el que avisó) que había un cuerpo de mujer revoleado entre la basura. Abandonado, revoleado ahí como si fuera lo mismo que los cartones viejos pudriéndose con tanta lluvia, y los desechos, un cuerpo de mujer boca abajo, con las piernas abiertas, el pelo enredado, la cara deformada por los golpes, dijeron, cuando la policía llegó y dio vuelta el cadáver de Rosaura, de ella, que a juzgar por la ropa y por estar sola tan temprano en ese sitio quizá era medio pu- ta, o quizá era una chica que (eso dijeron) se escapó con el novio y a último momento todo fue mal, y se pelearon, hasta que el forense le dijo a Maribel (que seguía con fiebre, y había preguntado en todos lados, y había buscado en todos lados, y no, nadie le decía nada, decía Maribel) que les quiebran la mandíbula así cuando la chica grita demasiado (entonces Maribel se apoyó contra la pared de la morgue, y retiró los ojos del pecho tajeado de Rosaura), y era extraño, porque las putas están medio acostumbradas a gritar, dijeron después, y que seguro había sido un tipo aislado (un caso aislado), o a lo sumo dos, y que Rosaura los conocía, sino cómo se explicaba que ella (Rosaura) se hubiera detenido a conversar, y en la panadería se sorprendieron con la noticia, pero faltaban doscientos pesos en caja, y quién sabe si eso no indicaba que algo andaba mal (y Maribel, entonces, qué chillaba tanto ahora) porque, francamente, mucho no se puede esperar de una chica que se pasa todo el domingo en la calle, muy bien no le puede ir a una chica a la que veían irse con cualquiera en cualquier camión, si al final fue Rosaura la que decidió andar sola esa mañana, y fue ella la que tomó el camino equivocado, y la que se quedó conversando con los del auto, y después todos dijeron que más le hubiera convenido no salir, y no vestirse de esa manera, si de verdad la chica quería que estas cosas no pasaran, si de verdad quería que esto nunca le hubiera sucedido.
La soledad puede definirse desde dos posturas: la ausencia de compañía o la ausencia de empatía. La primera responde a la soledad física y la segunda se da a pesar de estar rodeado de gente. El mundo infantil sabe poco de la primera, por años los adultos han evitado dejar a los niños solos. Parece que la presencia de alguien mayor garantiza que se mantenga con vida y los aleja de los peligros. La vigilancia es una constante que se supone garantiza el bien de un ser al que se considera incapaz de defenderse. Si estuviera solo se autodestruiría, quemaría la casa o vería cosas que no le están permitidas y lo dañarían de por vida. La presencia de un adulto atestigua que el orden se cumpla y marca las pautas de comportamiento. Una lógica similar a la que enuncia Michel Foucault en Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión al detallar el modus operandi del sistema carcelario, donde el rigor y el ojo están puestos sobre aquellos que se salen de la norma. Débiles que necesitan ser observados las 24 horas del día.
Se puede establecer un paralelo entre los monitores de un solo canal, los que se usan para escuchar a los bebés de una habitación a otra, y el panóptico benthamiano. El panóptico como una estructura arquitectónica diseñada para que el guardia pueda mirar a su prisionero sin que éste lo vea; el monitor, un dispositivo que cumple una función similar: escuchar sin ser escuchado. Ambos garantizan que el orden no sea quebrantado, cada uno a su modo, establecen una relación de dependencia entre adultos/guardia y niños/prisioneros. Los presos, vuelven a una etapa infantil cuando se ven obligados a ceder su voluntad como consecuencia de violar la ley . Los sistemas penitenciarios los someten a un conjunto de reglas, pierden la facultad de elegir a qué hora comer, dormir y vivir. Este microcosmos los condiciona y limita su toma de decisiones.
La LIJ tiene una postura clara ante esta idea e intenta darle la vuelta al juego de poder. Roald Dahl en Matilda subvierte esta noción y construye un personaje que está por encima del mundo adulto. Una niña superdotada que establece su propio orden y decide que sus padres son un estorbo en su vida. Disfruta de la soledad física porque es su refugio ante la falta de empatía con su entorno más cercano. A pesar de estar ceñida a la disciplina escolar y a las estructuras familiares, construye un muro de contención a su alrededor. Se vuelve inmune al mundo que la reprime o que intenta decirle qué hacer. Su moral está por encima de las de sus padres, que encarnan todos los males de la sociedad. Ella se hace a un lado, vive con ellos y de ellos, pero construye un universo propio que le permite aspirar a una vida distinta.
Las historias de niños que crecen “solos” y se resuelven la vida, es un recurso que se repite en la LIJ contemporánea. Desde Tom Sawyer hasta Harry Potter se puede rastrear esta cualidad en el los personajes infantiles, saben que dependen del mundo adulto pero buscan crear un universo individual que responde a problemáticas propias. Se refugian en sí mismos y ahí encuentran sus propias respuestas. La mayoría de estos personajes están lejos de la norma, son peces fuera del agua —a veces con poderes extraordinarios—que reflexionan sobre la vida que quieren tener y así se convierten en factores de cambio. En la medida de sus posibilidades, subvierten las relaciones de poder y escapan de la marginalidad a la que están condicionados culturalmente.
La alarma le recuerda iniciar el rito automático: enciende la radio, cambia de posición, continúa dormitando. Hoy, el ruido es un poco más desagradable que de costumbre. La cabeza de Luis Garmilla está pesada, adolorida por las copas de hace unas horas. El autómata de las noticias en que se ha convertido lo obliga a prestar atención. «Repito para quienes no nos han escuchado: explota ducto de Pemex en San Macario, cinco muertos, número indeterminado de heridos». De mala gana, Luis abre su computadora y empieza a transcribir declaraciones, datos y testimonios vertidos en el noticiero. Le echa un telefonazo al jefe de prensa de Protección Civil para pedirle «datitos». Consulta los portales informativos. Pega y recorta información de aquí y de allá. Manda su nota a la sección de Estados de El Veraz, «el gran diario nacional de información objetiva». Se mete a la cama. Programa la alarma de su celular a las 8:45.
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En un alto, Luis observa que su nota publicada en El Veraz apenas tiene dieciséis likes en Facebook. Llega al restaurante Santa Mónica veinte minutos después de iniciada la rueda de prensa del panista Jorge Verdugo. Una reportera lo pone al tanto de lo ocurrido: el político presentará una queja por irregularidades en el proceso de sucesión de la dirigencia local del pan. Luis escucha con desgano, está más interesado en pedirle al mesero unos chilaquiles. Suena su teléfono celular. Es el jefe de Estados de El Veraz.
—¿Qué pasó, jefe?
—Está cabrón lo de San Macario, ¿ya vas para allá?
—Sí, voy en camino, ya tomé carretera —miente Luis.
—Apúrate para que mandes en chinga. Y acuérdate, nada de jugar al escritor con tus entraditas literarias. Aquí hacemos periodismo.
—Disculpe, jefe, ¿me podrían depositar algo de viáticos?
—¡Pensando en los viáticos! ¡La noticia no espera, carajo!
Su otro jefe, Alejandro García, subdirector de El vocero regional, le encargó cubrir cuatro ruedas de prensa y la sesión de Cabildo. El tanque de gasolina de su Chevy tiene poco más de un cuarto de combustible. Apenas cuenta con cuatrocientos pesos para terminar la quincena. Pagan en seis días.
Al inicio de la sesión de preguntas y respuestas de la rueda de prensa, suena nuevamente el teléfono de Luis. Le llama García.
—Buenos días, jefe.
—No has dictado la nota de Verdugo para el portal.
—Todavía no termina la rueda de prensa.
—Apúrate, chingá. Por cierto, el sábado vas a tener que trabajar. Te irás al pueblo del dueño, su tío será nombrado ciudadano distinguido y quiere que lo cubramos. No la cagues.
—Pero el sábado tengo la entrevista con Juan Villoro, la pacté desde hace tres semanas para nuestro suplemento cultural. ¿No recuerda?
—Pues la cancelas. Apúrate con la nota de Verdugo. Estás descuidando mucho el periódico desde que tienes esa pinche corresponsalía. Deja de jugar a ser periodista famoso.
Luis se queda petrificado de rabia. Abandona los chilaquiles y la rueda de prensa. «Yo nací para ser periodista, ya basta de estas pendejadas».
Se dirige a la carretera interserrana que comunica con San Macario. Hará la mejor cobertura de su historia, se promete. Aviva su ánimo con imágenes mentales de García Márquez y Kapus´cin´ski, con su máxima: «Los cínicos no sirven para este oficio». Reproduce en el estéreo de su coche «La maza», de Silvio Rodríguez. Se siente orgulloso de haber elegido «la mejor profesión del mundo». Pisa más fuerte el acelerador. Apaga su teléfono celular, no quiere interrupciones de nadie, menos de García. Está ansioso por llegar al municipio, entrevistar a las víctimas, investigar las verdaderas razones de la explosión. «Me empezarán a tomar en serio en El Veraz».
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Una imponente mancha fungiforme acapara el cielo de San Macario. Luis deja su coche en una acera. A lo lejos, una marabunta de reporteros entrevista al secretario de Protección Civil. Luis trota en dirección al amontonamiento. Carga una mochila con una libreta, una pluma y una grabadora. De repente, su tobillo derecho se dobla. Grita de dolor mientras cae en un charco fangoso.
Cojeando y escurriendo lodo, Luis llega a la entrevista banquetera. Estira su mano derecha para que su grabadora registre la voz del funcionario, pero pocos segundos después los reporteros bajan sus brazos. El político se da la media vuelta y camina rumbo a la zona resguardada.
Un compañero lo pone al tanto de lo declarado y le indica dónde viven los familiares de las víctimas. Maltrecho, Luis se dirige a una de las casas de los damnificados. Al llegar, pobladores con los rostros humedecidos por el llanto le relatan que desde hace meses un grupo criminal roba combustible del ducto; le entregan fotografías que documentan su aseveración. También le facilitan copias de la queja que presentaron en la presidencia municipal.
Después de pasar casi dos horas con los pobladores, prende su teléfono y llama al jefe de Estados.
—Jefe, traigo información buenísima de San Macario. Conseguí unos documentos…
—Olvida lo de San Macario, nadie peló la nota, se compartió poco.
—Pero tengo documentado que el crimen organizado está involucr…
—¡Claro que está involucrado, eso no es nota! Regrésate en chinga a la ciudad. El gobernador fue exhibido en un videoescándalo cabrón: lo grabaron pedísimo amenazando al dueño de un table.
Devastado, Luis camina a la tiendita de enfrente para comprar cerveza. Le llega un mensaje de texto de García: «A mí nadie me apaga el teléfono. Estás suspendido una semana sin goce de sueldo».
En la miscelánea, una estampa alivia su estado de ánimo: un gatito corretea juguetonamente a un loro. La señora que atiende le cuenta que el ave y el gato, sus mascotas, se han hecho grandes amigos. Luis los graba en un video de cinco segundos que de inmediato publica en su muro de Facebook.
Entra a su automóvil, abre una cerveza y arranca rumbo a la ciudad. Su teléfono celular le manda una ametralladora de notificaciones. Sus contactos comparten masivamente el video en las redes sociales. En menos de diez minutos, el gato y el loro se vuelven tendencia en el país. Los operadores de redes sociales de El Veraz se percatan del fenómeno y en un par de clics distinguen que la fuente original es Luis. Le informan al jefe de Estados, quien, descompuesto de ira, llama al corresponsal.
—¿Eres pendejo o qué?
—¿Qué pasó, jefe?
—¿Por qué no enviaste el video del gato y el loro para la sección de Curiosidades del portal? Cómo se ve que tú no quieres crecer en El Veraz.