Foto por Johnny Silvercloud
Internet tiene memoria corta. Cuando muchos escuchan el nombre de Anonymous piensan en la máscara de Guy Fawkes popularizada por una campaña de mercadotecnia de Warner Bros. Algunos tal vez lo relacionan con un imaginario abstracto de hackers enfrentándose al poder. Otros, puede ser, lo vinculan las primaveras árabes, Julian Assange o con Wikileaks.
Muy pocos se acuerdan, sin embargo, de que Anonymous nació como una rebelión de la risa. Este colectivo solo tiene sentido si se le relaciona con protestas virtuales en juegos de video, con la creación de memes de Spiderman, de tipos con mala suerte y de gatos con pésima ortografía. Anonymous solo tiene sentido si se entiende que su origen está relacionado con el humor irreverente y con la única libertad posible para los parias y los débiles: la risa.
Anonymous no nació como un grupo robusto de hackers expertos que se escondía en el anonimato para traer la destrucción del mundo capitalista. Este imaginario que conjunta el Fight Club de David Fincher y su spin off no oficial en Mr. Robot de Sam Esmail, es una construcción mediática fácil. Anonymous es mucho más complejo, mucho más interesante y mucho más relevante que la imagen que de él han hecho políticos y televisoras.
Anonymous representa un ethos único: la furia letárgica de internet y la posibilidad de sus libertades; es aquello que vigila, sin necesidad de acciones directas, que el reino de la probidad, la censura, el egocentrismo, la publicidad, la meritocracia, el poder y el dinero no llegue a las verdes praderas digitales. Pero Anonymous nunca ha sido una sola cosa.
En el concepto que representa este colectivo hay una vieja historia de creación -vieja, claro, en tiempos digitales-, una lista de acciones documentadas y etnografías estudiadas. Estos datos nos dan un esqueleto de fechas y de reacciones que nos permite reconstruir una idea. Pero, no se engañen, cualquiera que les quiera explicar qué es exactamente Anonymous y qué representa de forma concisa y ecuánime les está mintiendo. Porque Anonymous es la expresión de una complejidad disruptiva que, como la risa, se contagia, destruye, regenera y florece con rebeldía.
Internet no es para débiles
En un muy lejano 2003, un primero de octubre, un joven escuálido y amable de nombre Christopher “moot” Poole, creó un foro de discusión llamado 4Chan . El nombre, para aquellos avispados que lo averiguen, es una referencia bastante ñoña a la fortuna. A estos foros se les llama, generalmente, “imageboard websites” y tienen una estructura sencilla: hay diversos temas generales (deportes, animé, manga, ciencia ficción, etc.) en los que se abren diferentes discusiones (o threads ); y en cada discusión los usuarios -con un nombre o de manera anónima- añaden algo a la conversación con un comentario y una imagen.
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Cuando nació 4Chan, moot quiso establecer un principio no dicho, pero ejercido: “los threads de este foro serán libres o no serán”. Es así como muchos usuarios de Something Awful (un enorme foro de comedia que dio vida a la cultura de memes en internet) acabaron atraídos por la libertad única de 4Chan. Y nació una nueva cultura que aplaudía lo ofensivo, la libertad de decir cualquier cosa, de ser insultante, molesto y francamente estúpido; de tener conversaciones irrelevantes sobre nada y de observar, metódicamente, como un arte, la desarticulación discursiva de alguien que se toma demasiado en serio a sí mismo.
Éste era el reino de la burla y de la risa: el reino del meme. Por la estructura misma de los threads de 4Chan, los memes se convirtieron en lo que ya pensaba Richard Dawkins a finales de los años setenta: una idea que tiene la capacidad de desaparecer o de evolucionar como los genes. Aquí las imágenes estaban relacionadas con palabras en cada post y las que resultaban más ingeniosas, se reproducían, variaban y se multiplicaban. Las que no captaban la atención de la comunidad, se olvidaban; creando una verdadera selección natural de ideas.
¿Alguna vez has visto un meme y no lo has entendido? ¿Te has sentido excluido de una broma en internet que todos parecen entender? ¿Has llegado a ver uno de estos productos culturales preguntándote de dónde demonios salió? Esta cultura nació y se expandió entre los “channers” de 4Chan. La página se convirtió en un centro cultural de intercambio único en el que una comunidad de parias y rechazados, de geeks golpeados por las élites del fútbol americano, encontraban su venganza, su humor y, sobre todo, la posibilidad de hablar libremente, de mostrar su visión del mundo, de ventilar prejuicios y verdades que la sociedad normativa combate.
Si se interesan por Anonymous, lo primero que deben preguntarse es por qué los textos más importantes sobre este colectivo informe los han escrito antropólogos. Ni los grandes divulgadores de la tecnología, ni los comunicadores, ni los filósofos han hecho comprensible un atisbo de este fenómeno como los antropólogos, con sus acercamientos metodológicos, sus etnografías y su profunda curiosidad por las interacciones sociales.
El enorme trabajo antropológico de Gabriella Coleman en Hacker, Hoaxer, Whistleblower, Spy: The Many Faces of Anonymous describió de una forma descarnada, visceral y muy personal su relación con Anonymous y lo que aprendió en su inmersión en la cultura que lo vio nacer.
Ahí, entre sus primeras reflexiones, encontramos una pieza esencial para la comprensión de toda esta complejidad: el concepto de “lulz”. Lulz, por supuesto, es la deformación de un acrónimo. LOL significa “Laugh Out Loud” o reír con todas tus fuerzas. El acrónimo ya era parte de la cultura de internet, ¿entonces por qué deformarlo? Simplemente porque los “channers” o los usuarios de 4Chan, el epicentro de toda esta historia, se apropiaron de él y le dieron vida propia. Es decir que 4Chan como parte de internet, tiene códigos únicos.
Coleman toma como ejemplo paradigmático la entrada “Lulz” en la Encyclopædia Dramatica , un enorme compendio en línea de todo lo relacionado con la vida íntima de la cultura de Anonymous. Por supuesto, esta enciclopedia está escrita con el particular sentido del humor y fraseo típicamente burlón de la cultura de 4Chan y muestra una fina comprensión de los mecanismos de “verdad” enciclopédica al mofarse de las definiciones:
“█▄ █▄█ █▄ ▀█▄ es una corrupción de L O L, que significa ‘reír con todas sus fuerzas’, que significa reírse de alguien. Esto hace que sea inherentemente superior a las formas menores de humor. Anonymous gana grandes lulz al hacer bromas aleatorias. Las bromas siempre se publican en línea. Así como el elemento de la sorpresa transforma el acto de amor físico en algo hermoso, la angustia de la víctima de la que alguien se burla transforma el lol en lulz, haciéndolo más durable, más osado y más placentero. Los lulz se activan por usuarios de internet que han sido testigos de demasiados desastres económicos/ecológicos/políticos y que entonces adoptan, como algo superior a andar todo el día de emo, un estado de voluntaria y alegre sociopatía frente al mundo en su actual estado apocalíptico.”
Todo en 4Chan se hacía por los lulz, por la diversión de demostrar superioridad, de poder burlarse de alguien, de jugar con los sentimientos de quien cree que internet es la extensión de una realidad gris y seria. Tomarse en serio las cosas está prohibido aquí. De ahí viene, también, el concepto del troll o de trolleo (intencionalmente sacar de sus casillas a alguien que se toma demasiado en serio a sí mismo).
La cultura de 4Chan proliferó; sus símbolos se canonizaron y su comprensión única del mundo se cristalizó en un board llamado /b/ y descrito como “el basurero o el ano de internet”. Este board general de discusión estaba lleno de cosas “que una vez vistas no podían borrarse de la memoria”; cosas terribles, perturbadoras y molestas que se convirtieron en el epítome de la diversión libre. Todo aquí parecía decir: “nos cagamos en el buen gusto, en las buenas conciencias, en la corrección política, en lo que te enseñan en la escuela, en lo que nos obligan a soportar, en tu sistema, en tus códigos.” Una anon describió /b/ como el Señor de las Moscas de William Golding en internet: una regresión adolescente que llevó al diario The Guardian a caracterizarlo como “lunático, juvenil… brilliante, ridículo y alarmante.”
Por supuesto, en /b/ sobrevivían más tiempo los threads más grotescos, chistosos e insoportables de ver. Si algo te ofende fácilmente, éste no es tu lugar. Y así se reconocían los que participaban de este cultura de los que simplemente no la entendían. Está bien reírse de absolutamente todo porque nada es sagrado. Hay que entender algo: internet no es un lugar serio y seguro. Las noticias pueden decir la verdad, pero alguien inteligente sabe que todo debe ser puesto en duda, que todo puede ser un engaño, que todo en realidad es una maldita broma cósmica.
¿Y esto qué tiene que ver con el video de un tipo con voz ominosa, una hoodie y una máscara de Guy Fawkes amenazando a instituciones poderosas?
Cuando posteas algo en 4Chan puedes elegir un nombre de usuario o hacer un comentario anónimo. Si así lo haces, el comentario aparecerá como algo publicado por “Anonymous”. En una broma interna, un pensamiento recurrente, una comprensión tácita de este foro, existía una idea: “¿Qué tal que todos los que postean bajo el nombre de Anonymous fueran la misma persona?” Un mismo ente conceptual creado por la relación en colmena de miles de participantes anónimos que comparten una cultura vibrante.
Eso, justamente, es el principio de Anonymous.
Todo por los lulz
En aquellos tiempos antediluvianos de 2006, existía en internet un pacífico lugar de comercialización adecuada, regulada, producida y empaquetada para adolescentes llamada Habbo Hotel . Se trataba de una plataforma en línea (como lo serían después Second Life o World of Warcraft) en donde usuarios de todas partes del mundo pueden juntarse para interactuar virtualmente. Creas un avatar, entras, convives y compras muebles para personalizar tu espacio.
La enorme comunidad de Habbo tenía, para agosto de 2012, más de 270 millones de avatares registrados. Pero, en ese lejano y mítico tiempo entre 2005 y 2006, no estaban preparados para recibir la visita de unos inesperados y molestos huéspedes. En un evento, sin precedentes, los usuarios de 4Chan se molestaron con Habbo. Algunos dicen que era por la forma en que los avatares negros tomaban estereotipos de las comunidades afroamericanas, algunos otros porque se limitaba la entrada de avatares negros en la plataforma. En todo caso, los channers vieron una cruzada y un enojo común… y su ira no se hizo esperar.
Cientos de channers hicieron un mismo avatar (un hombre negro, con afro y traje gris) y empezaron a inundar el juego en línea. De pronto, se coordinaron para hacer swastikas con sus cuerpos u organizar redadas para crear una valla alrededor de las albercas y decirle a los usuarios que estaban cerradas “por los fails y el SIDA”.
Este primer experimento colectivo se hizo espontáneamente y no tenía un verdadero componente de activismo (a pesar de fundamentarse en una reprobación general hacia los perfiles raciales). En verdad, todos lo hicieron por los lulz. Pero algo más fuerte nació. Un sentido de cohesión y de posibilidad: esta comunidad era lo suficientemente unida y fuerte para causar impacto en el mundo fuera de los foros.
No había vuelta atrás, los lulz podían conseguirse en todas partes, el mundo se convirtió en un patio de juegos. Y ahí aparece Hal Turner, un supremacista blanco con un show de radio local que negaba el Holocausto, fomentaba crímenes de odio y pedía asesinatos de líderes políticos. Una fichita americana, pues. Los channers vieron en Turner a un oponente interesante porque cuando empezaron a atacarlo con llamadas de broma y publicaciones burlonas en su sitio, Turner respondía. El tipo gritaba y gritaba fuerte. Así que 4Chan y los imageboards relacionados encontraron una cruzada.
Solicitaron entrar masivamente el sitio de Turner hasta que lo tiraron (en una forma primitiva de lo que luego será una de las principales armas digitales de Anonymous, los ataques DDoS); pidieron servicios de escorts por Craigslist y los mandaron a su casa; le enviaron también cientos de pizzas y materiales de construcción; liberaron el teléfono privado de su casa para bromas masivas y constantes, al igual que el número de sus padres. Causaron tantos estragos, finalmente, que Turner tuvo que salir del aire: ya no podía costearse el demandar a 4Chan, pelear con los channers y mantener su programa.
Un pequeño imageboard de manga había cambiado algo en el mundo: sacó a un supremacista blanco del aire. Y luego lo destruyó por completo liberando en foros de supremacistas la evidencia de mails que lo delataban como informante del FBI sobre milicias de ultraderecha. 4Chan ordeñó por completo la vaca de los lulz y destruyó a este locutor despreciable.
A partir de ahí las bromas variaron en grados de complejidad y diversión. En una ocasión organizaron un flash mob involuntario de hombres solitarios al crear perfiles falsos de mujeres en aplicaciones románticas e invitar a cientos de hombres en un mismo día, a una misma hora, para encontrarse en el Time Square de Nueva York. En alguna otra, falsearon la noticia de que a Justin Bieber le había dado cáncer para que sus aficionadas se rasuraran el cráneo y postearan fotos bajo el hashtag #BaldForBieber (Calvo por Bieber). También atacaron masivamente la encuesta para elegir en qué ciudad empezaría la nueva gira del cantante: el inesperado resultado que recibió Bieber fue que sus fanáticos le pedían inaugurar los conciertos en Pyongyang, Corea del Norte.
Los channers también manipularon masivamente las encuestas para la elección de “Persona del año” de la revista Time para que en una ocasión ganara el fundador de 4Chan Chris “moot” Poole y, en otra, Kim Jong Un. En 2008 corrieron el rumor de que Steve Jobs había muerto y las acciones de Apple cayeron un 10%. Cuando el refresco Mountain Dew hizo una votación para saber el nuevo nombre de su bebida, los channers se encargaron de que los tres nombres finalistas fueran: “Diabeetus”, “Gushing Granny” y “Hitler Did Nothing Wrong”. Cuando la misma marca, en alianza con Katy Perry, sometió a votación a qué escuela deberían donar dinero para hacer una nueva sala de música, los channers se encargaron de que ganara una escuela para sordos.
En estas bromas hay un germen de protesta, pues todas ellas muestran un aspecto absurdo de la realidad que entendemos como normal y que ellos, más bien, veían como normativa. Las encuestas de Time no son democráticas. Justin Bieber nunca podría tocar en Corea del Norte o en muchos otros lugares del mundo: la universalidad americana es, entonces, una mentira imperialista. Los stunts publicitarios de Mountain Dew son banalidades mercadológicas que, en ocasiones, quieren disfrazarse de una filantropía hueca. En Estados Unidos se sigue tolerando más a los supremacistas blancos violentos que incitan al odio en el radio que a las protestas pacíficas de ciudadanos negros.
En las bromas de los channers había una semilla de protesta; semilla que, con toda justicia poética, ayudó a germinar y a hacer crecer la risa falsa de Tom Cruise y la iglesia que cree en emperadores galácticos malignos y las almas atrapadas de humanos intergalácticos en volcanes.
La censura de los falsos profetas
En enero de 2008 sucedió un milagro inesperado: se filtró en línea un video de Tom Cruise alabando con locura las bondades de la cienciología. El video estaba hecho como propaganda interna para compartir entre los miembros de la iglesia. Era una propaganda absurda, por supuesto, pero encaminada a los convertidos. Sin embargo, fuera de contexto, el video era una ridiculización perfecta de las creencias dianéticas. Pronto se volvió viral la grotesca imagen de la risa falsa de Tom Cruise y sus hiperbólicas declaraciones sobre cómo la cienciología era la única cura para los males del mundo.
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Los channers, y muchos con ellos, disfrutaron sobremanera burlarse de la sensación viral del momento. Hasta que la Iglesia de la Cienciología decidió ponerle fin a la diversión reclamando la propiedad intelectual del video y bajándolo sistemáticamente de YouTube. No importaba qué tan rápido se propagara, siempre llegaban los cienciólogos para bajarlo. Y los channers, ya mejor conocidos como Anonymous, consideraron que esto era una completa afrenta a la libertad de burlarse. Este acto de censura no podía pasar sin castigo y nació entonces Project Chanology: un esfuerzo concentrado de Anonymous para vengarse de la iglesia de la cienciología por intentar censurar las libertades de internet.
Al principio, Anonymous, como la masa amorfa de los channers comenzó a atacar con DDoS a las páginas oficiales de la Iglesia de la Cienciología. Los DDoS o Distributed Denial of Service Attack son una herramienta ilegal a través de la cual una multitud de permisos se envían una página por usuarios falsos hasta que ésta no puede proveer la demanda de servicio a sus usuarios legítimos y se cae. Para que un DDoS sea efectivo necesita producir miles o cientos de miles de usuarios falsos y esto se hace a través de herramientas fáciles de usar y completamente ilegales (cuestión que llevaría a varios anons a la cárcel).
Al principio, también se planearon otro tipo de bromas legales que incluían la clásica estrategia de mandar enormes cantidades de pizza a oficinas de dianética, servicios de escorts a las iglesias, faxes con órganos genitales o en negro, y llamadas masivas de broma. Al mismo tiempo, se planearon otras bromas ilegales menos elaboradas que los DDoS y que incluían llenar de lejía los tanques de combustible de los coches estacionados afuera de las iglesias o vandalizar las propiedades de los cienciólogos.
Sin embargo, muy rápido, los paladines de Chanology cambiaron la estrategia para sólo utilizar métodos legales o cuasi legales de protesta y eliminaron completamente cualquier ilegalidad. En parte, este cambio de estrategia se debió a la influencia de un periodista, Mark Bunker, conocido en los foros de Anonymous como “Wise Beard Man”. Bunker era un documentalista y periodista que llevaba años enfrentándose a la Iglesia de la Cienciología. En su relación con Anonymous algo de su pensamiento permeó en la vasta mayoría de la comunidad de chanologists: muchos entendieron la validez de sus puntos y lo consideraron como una persona “legítima”, es decir transparente y de intenciones claras y afines a su cultura.
Bunker aconsejó a Anonymous que se alejara de todas las prácticas ilegales: la cienciología, advirtió, se delecta en acabar con sus rivales a través de costosísimos bufetes de abogados e investigaciones legales privadas. Si su protesta era ilegal, no tendrían problemas en destruirla en las cortes. Al mismo tiempo, explicaba Bunker, no sirve de nada tirar sus páginas o frenar el mensaje que transmiten cuando es muchísimo más efectivo dejarlo que se propague y mostrar lo absolutamente ridículo que es.
El esfuerzo duradero para atacar a la cienciología no podía pasar entonces por medios ilegales, sino que tenía que concentrarse en otro tipo de protestas. Así surgió una idea: los foros de Anonymous convocaron a protestas físicas en el mundo frente a las Iglesias de la Cienciología. Las protestas fueron convocadas a través de videos en donde, por primera vez, apareció la imagen de un hombre con traje sin rostro y ciertas frases que después se acuñaron como los motes del movimiento. Anonymous aconsejó que los participantes se taparan el rostro.
Muchos anons pensaron que nadie se presentaría. Que no habría quórum físico pues la suya era una comunidad de relegados solitarios que hacían vínculos en línea. Para su sorpresa, las manifestaciones empezaron poco a poco a ser más cuantiosas, y el 10 de febrero de 2008 juntaron a 10 mil personas en más de 100 ciudades del mundo. Al principio, los manifestantes se tapaban el rostro con cualquier cosa que fuera lo suficientemente burlona (narices y bigotes de Groucho Marx), práctica (cualquier pañuelo en la cara) o que estuviera a la mano (como las miles de máscaras promocionales que lanzó unos años antes Warner Brothers por la adaptación de las hermanas Wachowski del mítico cómic político de Alan Moore, V for Vendetta ).
Al principio, la máscara de Guy Fawkes no tenía tanto que ver con el contexto de la rebelión teocrática de la pólvora de ese mítico personaje del siglo XVI inglés. Tampoco tenía que ver con el pensamiento anarquista, vengativo y lisérgico de Alan Moore o con la adaptación edulcorada y maniquea de la película del 2005. Al principio, el uso de estas máscaras se dio, más bien, por la facilidad de comprarlas, y por un meme, el Epic Fail Guy Meme que, sin ninguna razón, mostraba a un personaje que fallaba en todo y portaba una máscara de Guy Fawkes. Tal vez entonces el uso de la máscara era a una burla a los cienciólogos y no una forma de identificarse como Anonymous.
Sin embargo los símbolos son poderosos y tienen vida propia. Pronto, conforme avanzaba el 2008 y se repetían mensualmente las manifestaciones del Project Chanology, la máscara de Guy Fawkes se convirtió en el símbolo mismo de la unidad contra una tiranía que se había popularizado por las escenas finales de la película de las Wachowski.
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Mientras crecía el uso de la máscara, también lo hacía la responsabilidad en las manifestaciones. Cada congregación tenía ya un motivo y una demanda que rebasaba, por mucho, la necesidad inicial de venganza o el cultivo de lulz. Ahora se reclamaba por los abusos a los derechos humanos por parte de la cienciología, la evasión de impuestos permitida por la ley, los medios de persecución y hostigamiento hacia exmiembros, el lobbying en las escuelas o los suicidios no aclarados en la comunidad dianética.
Los lulz quedaron relegados a segundo término y se produjo un cisma interno en la comunidad de Anonymous. La unidad de las primeras intervenciones estaba rota y la comunidad tenía debates acalorados sobre el camino que debía seguir el movimiento. La prensa ya se enfocaba en sus intervenciones y muchos anons se dieron cuenta de que tenían un poder real para influenciar un cambio social. Al mismo tiempo, la presencia mediática volvía imposible que siguieran cazando lulz irresponsablemente e hiriendo, en el camino, a cualquiera que se atravesara. La imagen pública de Anonymous se convirtió en un problema para los anons. Nacieron corrientes y vertientes, llegaron al mundo los “lulzfags” y “moralfags”.
El ascenso del moralfag
Uno de los apelativos favoritos entre los channers y, luego, entre las diferentes comunidades afines a Anonymous era “fag” (joto). Esta comunidad fue repetidamente insultada en los pasillos escolares con el mote de “fag” por una cultura heteronormativa que señalaba toda diferencia en términos de normas sexuales. Y “fag” se convirtió así en un mote reapropiado, reelaborado, resemantizado por la comunidad de channers para convertirse en su bandera. De ahí la denominación de los lulzfag y los moralfag que explicó con certeza Sylvain Firer-Blaess en su tesis de doctorado:
Un lulzfag es un Anon que favorece la diversión como la razón central de la acción colectiva, mientras que un moralfag es aquél que prefiere el activismo. A algunos miembros de la tendencia lulzfags, que yo llamo ‘lulzfags radicales’ les pareció inaceptable que Anonymous se pudiera considerar como un colectivo que actúa por razones morales o políticas. Anonymous era un embaucador tramposo y, como tal, debería siempre considerarse como ‘el final boss de Internet’, un ser al que no le importa la moralidad o la justicia y que puede ser cruel con el fin de conseguir risas.
Actuar por una consigna moral, jugar a ser héroe es arruinar el espíritu embaucador y juguetón de Anonymous. Anonymous perderá, por esto, su integridad, su reputación y su poder: si Anonymous se vuelve ‘blando’ y desarrolla sentimientos, no va a tener la capacidad de seguir siendo un agente del caos, de ser temido y se va a convertir, él mismo, en objeto de burla. O peor aún, si Anonymous desarrolla un razonamiento moral, se va a limitar y va a dudar al cometer actos graciosos sin escrúpulos.
Los moralfags, por su parte, priorizan el activismo sobre la diversión (o, más precisamente, priorizan la efectividad del activismo). Desarrollaron una nueva persona de Anonymous que yo llamo el arquetipo del “héroe” en el sentido etimológico de un protector, del que defiende.
A partir de este cisma, comenzará una nueva etapa de vida para Anonymous que Firer-Blaess caracteriza como su división interna esquemática en tres movimientos: el de los lulz que solo busca mantener la diversión inicial de caos nihilista; el de Chanology que se dedica al activismo, pero que se mantiene dentro de los límites legales; y al que él llama “ubiquitous” (ubicuo) y Coleman caracteriza como “Anonymous Everywhere” (Anonymous en todos lados) que es la rama más conocida, escandalosa y mediáticamente relevante, y que no teme usar medios ilegales.
Los anons apegados a Chanology siguieron concentrándose en activismo legal, en la lucha contra la cienciología, la lucha por la libertad de información, la lucha relacionada con el movimiento Occupy Wall Street y la confrontación de abusadores sexuales y pedófilos. Pero, también, se unieron en diferentes batallas -sin confundirse y separando los IRCs- con las vertientes más ilegales de Anonymous. Por supuesto, es esencial mencionar la importancia que tuvo la intervención de los anons activistas, entre 2010 y 2013, para las Primaveras Árabes. En particular, en la ayuda a los manifestantes en Túnez y Egipto para subvertir la vigilancia del gobierno, acceder a Internet cuando Hosni Mubarak tiró todo el servicio en el país, hacer manuales de protesta y silenciar páginas del gobierno.
También, lucharon contra la criminalización de la homsexualidad en Sudán, Nigeria y Uganda, además de generar manuales para que los palestinos pudieran evadir las redes de vigilancia digital israelí. Durante las protestas por el asesinato de Michael Brown, un hombre negro desarmado, a manos de la policía en Ferguson Missouri, en 2014, Anonymous amenazó a las autoridades locales con tirar sus servidores si ejercían alguna represión contra los manifestantes.
Sin embargo, muchas de las luchas más conocidas de Anonymous ya no tenían nada que ver con las formas moderadas de protesta legal de Chanology. Aquí es donde intervienen las acciones directas y de propaganda de grupos de élite, es decir, de hackers que no temen emprender acciones ilegales en el nombre de una causa. Esta ala de Anonymous se separó en la llamada “Operation Payback” (Operación Venganza) con la que atacaron con DDoSs a grupos de producción y regulación cinematográfica que amenazaron bastiones de cultura ilegal como The Pirate Bay. Luego, en 2010, Payback mutó en la famosa y dolorosa “Operation Avenge Assange” (Operación Vindicar a Assange), en la que Anonymous tumbó los servicios de Paypal, Visa y Mastercard en defensa de Wikileaks.
Digo famosa y dolorosa porque fue una de las operaciones más reconocidas en el mundo y por los medios… y una de las más costosas para muchos integrantes de Anonymous. Nadie se hubiera atrevido a atacar de esa forma, tan brutal y sencilla, con DDoS, a tres instituciones financieras de ese nivel. Y lo hicieron porque tanto PayPal, como Visa y Mastercard seguían aceptando donaciones para el Ku Klux Klan, pero retiraron su apoyo a Wikileaks.
Esta osadía percibida como una enorme hipocresía a favor de los ricos y poderosos, no podía pasar sin castigo. Desafortunadamente, el castigo tampoco fue proporcional en la persecución judicial de algunos miembros de Anonymous: “la condena máxima para un pedófilo es de 11 años, pero para un hacker puede llegar a más de 15 años”, explicó afuera de la corte Mercedes Renee Haefer antes de declararse culpable.
Posteriormente, Anonymous hackeó a la multiacional de agroquímicosy biotecnología Monsanto y liberó los datos personales de 2 mil 500 de sus empleados (doxing ), mostró con correspondencia hackeada los mecanismos de lavado de dinero de integrantes de Bank of America, atacó a la plataforma de mercado NYSE, robó la información de miles de tarjetas de crédito para donar a organizaciones caritativas y amenazar a bancos y firmas de seguridad privada, hackeó teléfonos para comprobar la culpabilidad de un grupo de jugadores fútbol americano que violaron a una niña en Ohio, tiró páginas de “porno venganza” , liberó las direcciones IP de cientos de usuarios de páginas de pornografía infantil, cerró masivamente cuentas de Twitter del Estado Islámico después de los atentados de Charlie Hebdo y el Bataclán en París, y hackeó las bases de datos de compañías con miras extractivistas en la Antártida como Shell, Exxon, BP y Gazprom, entre muchas otras acciones dispersas.
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Sorprende la capacidad de Anonymous de estar relacionado con grupos como LulzSec (hackers que querían regresar a la imagen juguetona y caótica que fundó Anonymous); grupos de Lulzfags que quieren contrarrestar la imagen moral del movimiento y postearon cientos de Gifs para detonar ataques de epilepsia en páginas de ayuda contra la epilepsia; grupos derivados de Chanology que buscan hacer acciones de activismo concreto legales (como la operación en diciembre de 2013 para crear redes de apoyo para personas sin hogar durante el invierno); grupos con capacidad de penetración digital mucho más especializados e ilegales; esto es posible porque no existe una relación jerárquica en el movimiento. Anonymous es un concepto, una idea que se genera de un punto en común y que ha transitado por muchas aristas. Algunas de ellas son incongruentes, otras se suman y se separan con el tiempo, ninguna es algo preestablecido y constante.
Anonymous no es una sola cosa y no puede ser definido diacrónicamente, fuera del tiempo, en líneas generales. Todo el recuento que hago aquí, de hecho, puede estar equivocado y pecar de maniqueísmos y sobresimplificaciones. De todas maneras, estas son las herramientas de las que disponemos para reflexionar sobre Anonymous, sobre sus identidades, su importancia y la trascendencia que tiene para nuestra vida en una sociedad que no puede separarse de la existencia digital.
La rabia letárgica de internet
En la introducción a su famoso libro sobre Anonymous, la académica y autoridad en el tema, Gabriella Coleman explica:
Investigar a Anonymous era como seguir un hilo a través de un sendero sinuoso y oscuro sembrado de rumores, mentiras, secretos y la macabra realidad de espías e informadores. El viaje ha estado marcado por vertiginosos estremecimientos, decepcionantes callejones sin salida y contorsiones morales, donde dilemas éticos en apariencia insolubles coexisten tranquilamente con ejemplos inequívocos e inspiradores de sacrificio y riesgo. Más allá de las consecuencias derivadas de sus acciones, la propia estructura organizativa de Anonymous parecía igualmente intrincada y desconcertante. Con el tiempo algo quedó claro: Anonymous no era un simple laberinto, con una estructura y una ruta de escape que se revelaban a vista de pájaro; Anonymous era un laberinto mucho más complicado y enredado. No se trataba de un laberinto estático como el que Dédalo construyó en Creta para alojar al Minotauro. Era un mecanismo infinito que operaba un hermético bucle recurrente en el que los laberintos creaban laberintos que creaban más laberintos.
Coleman pasó años investigando Anonymous y acercándose a sus discusiones internas como jamás lo hicieron otros periodistas y académicos antes que ella. Su relación de trabajo de campo se volvió un centro de fecundo debate entre las relaciones personales, profesionales y éticas que debe tener un antropólogo con su objeto de estudio. Por eso su libro, más que una tesis académica, se siente como una confesión narrada.
A pesar del vasto conocimiento de Coleman, le parece osado decir que entiende completamente el concepto que representa Anonymous. De la misma manera, con este acercamiento sumario, quería dibujar una introducción al nacimiento del movimiento sin sonar prescriptivo o totalizador. Porque, en realidad, estoy convencido de que el poder de este movimiento, o concepto, o idea, reside en ser inasible.
Anonymous se creó y creció al nivel en el que existe ahora gracias a los medios de comunicación. Fueron los grandes medios, en su miedo, inmediatez e incomprensión que le dieron poder a la idea misma de Anonymous. Y, bajo esa mirada pública, nació algo inasible que es muy difícil combatir. Como bien explicó un Anon al ser detenido: “No puedes arrestar un concepto”.
El fundamento descentralizado del movimiento retroalimenta el poder mediático que tiene: entre más se nombra, más parece poderoso, más causa miedo en círculos de poder, más es nombrado y más poder adquiere. Recientemente, las manifestaciones de Black Live Matters después del asesinato, a manos de la policía, de George Floyd, en Minneapolis demostraron una vez más el poder mediático de Anonymous.
Nunca se comprobó si en realidad el grupo tenía en su posesión datos alarmantes sobre la relación de Donald Trump con el pedófilo convicto Jeffrey Epstein. Tampoco se concretaron acciones directas contra los sitios oficiales de seguridad pública de Minneapolis. Sin embargo, en redes sociales apareció como trending topic el nombre de Anonymous alimentado por cientos de cuentas misteriosas. También se convirtió en un poderoso trend de Google.
Sin necesidad de hacer una aparición, el fantasma de Anonymous y las posibilidades de su lucha siguen vigentes. Hay que recordar que en la guerra de la información, desde los principios de cultivo de lulz, los channers y los anons se mostraron como comunidades perfectamente letradas en la manipulación de la información y la lectura de los algoritmos que los mercadólogos digitales pasan años estudiando. Siempre supieron alimentar noticias falsas para denunciar la fragilidad de lo que creemos como real.
Anonymous nos ha enseñado, por el simple hecho de existir, que nos limitamos a recibir la información procesada, masticada, permitida y digerida de los algoritmos y que internet es una tierra mucho más vasta de libertades, oportunidades y de conquista. Google, Facebook, Amazon, son los grandes consorcios que limitan nuestra visión libre de internet a través de las evidencias procesadas para alimentar la constante compraventa de datos. Somos números útiles y agradecemos que nos den la materia higiénica y fácil de herramientas digitales intuitivas y amigables.
Todos utilizamos celulares, pero ya nadie sabe cómo funcionan. Todos utilizamos internet, pero pocos se preguntan qué producen nuestras interacciones en línea. En el cuerpo letárgico de la higiene y la facilidad de nuestras costumbres, descansa el fantasma de Anonymous; listo para resurgir en caso de crisis. Anonymous representa la rabia latente de internet, el guardián dormido de fronteras incruzables. Representa la defensa de la libertad de expresión, del más débil frente al poderoso y de la tecnología como un medio en el que todos, los fuertes y los sometidos, son iguales. Los ideales por los que murió Aaron Swartz, los gritos de injusticia frente a los juegos hipotecarios de los bancos en la crisis del 2008, la indignación por la corporativización del mundo libre y gratuito del world wide web tienen, finalmente, a vigilantes ocultos que existen, como una idea durmiente, como un miedo mediático, como trends espontáneos que advierten de una presencia.
Es importante que no exista una definición precisa de Anonymous para que el poder de su concepto siga existiendo; para que viva la posibilidad de una lucha espontánea por la defensa de internet y lo que representa. También es importante entender en dónde nació este concepto para celebrar un acto de rebeldía fundamental y desesperado.
En El Nombre de la Rosa , Umberto Eco planteaba el miedo de la iglesia católica, los serios, los conservadores y los convencidos, al liberar al mundo el poder del segundo libro perdido de La Poética de Aristóteles que trataba sobre el poder de la comedia; una apología de la farsa, de la duda, de la crítica y de los escépticos. Anonymous cultiva ese mismo poder en sus entrañas porque, desde sus inicios, convocó al poder comunitario de una rebeldía única: la protesta de los que nada más tienen la rebelión de la risa.
Bibliografía:
Este artículo se basa, principalmente en dos trabajos académicos.
Primero, un libro de Gabriella Coleman que es una referencia obligada para cualquier persona que se interese en el tema.
COLEMAN, Gabriella, 2014. Hacker, Hoaxer, Whistleblower, Spy: The Many Faces of Anonymous . Verso. London/New York.
Después, la muy interesante tesis de doctorado de Sylvain Firer-Blaess:
FIRER-BLAESS, Sylvain, 2016. The Collective Identity of Anonymous: Web of Meanings in a Digitally Enabled Movement . Uppsala Universitet. Sweden.
Finalmente, si alguien quiere una versión más inmediata y resumida del auge de este movimiento, recomiendo el documental We Are Legion: The Story of the Hacktivists (2012)de Brian Knappenberger.
Autores
Nicolás Ruiz (Ciudad de México, 1987) es maestro en literatura comparada por la UNAM. Desde hace casi 10 años se dedica al periodismo cultural y ha publicado en revistas y blogs de cine, política y cultura como Nexos, Televisa.News, Dónde Ir y Correspondencias. Actualmente, es editor y conductor en Código Espagueti, Ibero 90.9, Noticieros Televisa y FOROtv.
Ilustración por Eduardo Ramón Trejo
Mil mesetas (1980), de Deleuze y Guattari, es un libro de filosofía que practica un humor que podríamos llamar “geológico”. A pesar de las múltiples publicaciones críticas o estudios sobre este libro, poco o casi nada se ha resaltado la importancia del humor en la producción filosófica de Deleuze; sin embargo, el humor está presente en casi todos sus libros. Es cierto que tiene siempre una posición minoritaria pero quizá justamente ahí reside su importancia. Particularmente en Lógica del sentido (1968), los rasgos humorísticos de los pensadores estoicos y cínicos le permiten a Deleuze proponer una imagen del filósofo distinta a la del ironista socrático que nos heredó el platonismo. Esta concepción del humor además será una de las razones de la amistad de Deleuze con Guattari. Para Deleuze, tal como lo señala en Diálogos (1977), “en la ironía hay una pretensión insoportable de pertenecer a una raza superior… El humor, por el contrario, invoca… un devenir minoritario”.
Mil mesetas señala la figura del hombre blanco occidental habitante de las ciudades como el patrón dominante que establece los estándares de conducta de las sociedades capitalistas. Frente a este personaje, Deleuze y Guattari fueron pioneros en proponer una forma de pensamiento que reivindica no a las minorías, sino la importancia de los devenires minoritarios en la sexualidad, las prácticas estéticas y las formas de organización política. Devenir-mujer, devenir-niño, devenir-judío, devenir-negro, entre otros que propone el libro para huir de la figura dominante del hombre, son un intento por reinventar las luchas políticas y engendrar un pensamiento post-marxista. En Mil mesetas, sin embargo, la importancia de los movimientos micropolíticos y revolucionarios está siempre ligada, por un lado, a un determinado territorio y, por el otro, a procesos geológicos post-humanos que impiden cualquier cierre de un proceso de lucha, o experimentación, en una figura identitaria. En el libro hay a menudo una suerte de humor geológico que desborda la vida humana y la vuelve un proceso abierto a una tirada de dados cósmica, o por lo menos planetaria, que le permite re-inventarse.
Rostro y manos de langosta
Tras fundar el Teatro Alfred Jarry en 1926, Antonin Artaud escribió un texto en el que establecía la importancia del humor en el recién nacido espacio. “(S)erá la única luz verde o roja que iluminará los dramas y señalará al espectador si el camino está libre o cerrado, si es conveniente gritar o callarse, reír en voz alta o en voz baja”. Mediante esta declaración Artaud dejaba en claro que cualquier indicación en aquel recinto estaría codificada no sólo en un registro humorístico, sino que pondría en juego tanto a la obra misma como al público. En Mil mesetas, Deleuze y Guattari siguen a Artaud en aquel afán de interactuar con el espectador/lector en este registro especifico de lo cómico.
Un primer ejemplo es la meseta “10,000 a J.C. —La geología de la moral” en la que el profesor Challenger, quien imparte una conferencia sobre la historia geológica del planeta Tierra termina convertido en langosta: “Antes de que la voz se apagase, había que resumir. Challenger agonizaba. Su voz se había vuelto inaudible, desgarrada… Sus manos se habían convertido en pinzas alargadas que no podían coger nada y que apenas si servían para señalar”. Al exponer los procesos de estratificación que caracterizan a la composición geológica de nuestro planeta, el megalómano personaje de Arthur Conan Doyle, quien consiguió hacer gritar de dolor a la Tierra al clavarle un taladro gigante, termina convertido en un crustáceo. Si al concluir la lectura volvemos las hojas al inicio del capítulo y observamos la imagen que se encuentra debajo del título, en la que un artrópodo con tenazas parece estar parado sobre su cola, es difícil no sonreír un poco. Al volver a ver la imagen encontramos ahora el retrato de Challenger con las manos hipertrofiadas y un rostro de langosta.
Deleuze, Gilles y Félix Guattari, Mil mesetas, Valencia: Pre-textos, 2010, Pág. 47.
En la tercera meseta del libro de Deleuze y Guattari, que plantea por primera vez el concepto del cuerpo sin órganos de Artaud, las imágenes, las referencias literarias y las teóricas colaboran para generar un efecto humorístico. Tal como se proponía el Teatro Alfred Jarry, el juego y la risa parecen tener un lugar dentro de los procesos de lectura del capítulo.
La imagen del profesor Challenger convertido en un crustáceo erguido sobre su cola es una parodia no de la esencia humana sino de las propiedades que, según el antropólogo André Leroi-Gourhan, caracterizaron al ser humano en su surgimiento: los conjuntos mano-herramienta y rostro-lenguaje. No obstante, según Leroi-Gourhan el hombre no es el origen absoluto de estas propiedades. Tanto la relación de la mano con objetos del entorno para realizar un fin, como la expresividad del rostro estarían presentes en otros animales como los monos. La parodia del hombre que construyen Deleuze y Guattari, sin embargo, parece inspirada en un animal distinto, proveniente no de las taxonomías de un biólogo, sino de la complicidad de un escritor y un dibujante: en Alicia en el país de las maravillas (1865), Lewis Carroll parodia un poema de Isaae Watts y pone en boca de Alicia los siguientes versos: “Es la voz de la langosta / la he oído decir: / ‘me han tostado demasiado / con azúcar el pelo me tendré que ungir’”. John Tenniel retrata a la langosta justo en el momento de esta enunciación:
Carroll, Lewis, Alicia en el País de las maravillas, Madrid: Alianza, 2001, pág. 145.
Erguida sobre su cola, incluso con zapatos, mirando su rostro al espejo y con el cepillo en la tenaza derecha, lista para retocarse el inexistente pelo. Así como Tenniel remataba el sinsentido humorístico de Carroll con una ilustración, Deleuze y Guattari suelen reforzar el extraño humor que atraviesa sus argumentaciones mediante una imagen.
La conversión en langosta del profesor Challenger al final de su conferencia guarda bastante semejanza con uno de los ejemplos con los que Artaud caracteriza a la poesía humorística. Me refiero a una secuencia de la película Monkey Business (1931) de los Hermanos Marx en la que, según nos narra Artaud, “un hombre creyendo recibir en sus brazos a una mujer, recibe en cambio una vaca que da un mugido. Y por una coincidencia de circunstancias que sería muy largo detallar, ese mugido, en ese momento, adquiere una dignidad intelectual igual a la de cualquier grito de mujer.” Algo así es lo que experimenta el lector cuando al leer la conferencia de un sensato profesor lo ve convertirse en un crustáceo. Ni el animal en el que muta, ni las tenazas que lo caracterizan son arbitrarias. En el marco del argumento que desarrollan Deleuze y Guattari, resultan profundamente significativas, tienen la dignidad intelectual de una buena explicación.
El acontecimiento que discute la meseta es el fin de la glaciación más reciente sucedida 10,000 a.C. y los procesos de estratificación que puso en marcha. La langosta que observamos y sus peculiaridades son efectos evolutivos de los tipos de superficies que habrían emergido tras este acontecimiento. Las pinzas características de este animal recuerdan una de las propiedades que distinguen al ser humano: la separación del dedo pulgar del resto de la mano que permite manipular distintos tipos de objetos o lo que Leroi-Gourhan denomina el conjunto mano-herramienta. En este sentido, el personaje del Profesor Challenger y la imagen de la langosta al inicio de la meseta son una respuesta humorística a la pregunta, “¿por quién se toma la Tierra?”, que es además su subtítulo; son una parodia de la función “hombre”, de su narcisismo y de sus manos hipertrofiadas que lo llevan a mantener primordialmente relaciones instrumentales con su entorno.
El humor de Pedro el rojo
Además de su transformación en crustáceo, un “humor simiesco” caracteriza a la conferencia del profesor Challenger; mientras la imparte, según se nos dice, su voz se vuelve cada vez más ronca y termina “atravesada por una tos de mono”. Ese mono que se escucha en la voz de Challenger es Pedro el rojo, el simio protagonista del relato de Franz Kafka titulado “Informe para una academia” (1917). En el texto de Kafka, el simio también se encuentra dando una conferencia. En ella explica cómo él, “un primate”, logró “penetrar en el mundo humano” y se consolidó como un actor del teatro de variedades. Ese proceso comenzó cuando, en busca de un camino de huída, percibió que en el barco de la empresa Hagenbeck —que capturaba animales salvajes a principios del siglo XX para venderlos en los zoológicos—todos los animales con excepción de los hombres estaban encerrados en jaulas. La promesa de una “salida” de esa jaula lo llevo a forzarse, a base de “latigazos”, ya sea físicos o morales, a adquirir nuevos hábitos. Escupir, fumar, descorchar la botella, beber alcohol, frotarse el estómago, reír sarcásticamente, hablar con cortesía, dar la mano como promesa de sinceridad, entre otras actividades, fueron las que lo llevaron a “alcanzar la educación media de un europeo”, lo que le permitió evitar la jaula del zoológico y volverse parte del espectáculo nocturno en un music hall. En este sentido, Pedro el rojo no parece haber engendrado en su cuerpo algo así como una nueva esencia humana, sino simplemente haber repetido e interiorizado las costumbres de sus captores.
Según Claire Colebrook, un texto como “Informe para una academia” retrata precisamente la crueldad puesta en juego para formar un sujeto racional que acata una ley y se siente parte de un “nosotros”. El proceso de formación del simio habría comenzado en el momento en que fue cazado, cuando las balas lesionaron su cadera y dejaron una cicatriz roja en la mejilla que lo hizo acreedor a su apodo. Por aquellos días en que Kafka escribió su relato, el psicólogo americano Lightner Witmer solía exhibir a un chimpancé llamado precisamente Pedro, del que mostraba su habilidad para decir algunas palabras. A este afamado simio se refiere el conferencista cuando narra cómo la primera bala le “dejó una gran cicatriz roja sin pelo, que hizo” que le “adjudicaran el repugnante e inexacto apelativo de Pedro el Rojo”; “como si solo” se “diferenciara” de aquel “primate amaestrado… por la mancha roja en la mejilla.” Kafka refuerza la imagen de aquel que ha interiorizado una forma de autoridad cuando, en su reporte, Pedro el rojo afirma la utilidad que tiene “el encerrar a los animales salvajes” para permitirles interiorizar ciertos hábitos humanos que les permitirán acercarse al conocimiento.
En el relato de Kafka, el humor simiesco de Pedro el rojo surge precisamente de la historia de domesticación y adiestramiento que ha experimentado. Desde esa experiencia, el mono observa con distancia la fascinación de los seres humanos con la idea de libertad y ve en ella una falsa promesa que esconde el proceso de crueldad que los ha constituido en sujetos amaestrados. “En los teatros de variedades, antes de salir a escena”, dice el simio, “he visto a menudo ciertas parejas de acróbatas realizando su número en los trapecios, muy alto, cerca del techo. Saltan del estrado, se balancean, arrojan al aire y vuelan el uno a los brazos de otro; otras veces, uno de ellos se sujeta con los dientes al cabello de alguien más. ‘También esto —pensé— es la libertad para el hombre; un movimiento producto del adiestramiento. Vaya burla a la sagrada madre naturaleza. Ningún edificio quedaría en pie bajo las carcajadas que semejante espectáculo provocaría entre los simios”. En principio, el humor simiesco que nos hereda Pedro el rojo es aquel que se ríe con escepticismo de la racionalidad humana, pues la considera parte de una historia de disciplinamiento y sujeción.
Los primeros edificios que derrumba la risa simiesca presente en Mil mesetas son aquellos de las divisiones disciplinarias del conocimiento. En su charla, según se nos narra, el “profesor Challenger se jactaba cínicamente de crear a costa de los demás, pero sus creaciones casi siempre eran engendros, excrecencias, piezas y fragmentos, cuando no estúpidas vulgarizaciones. Además, el profesor no era ni geólogo ni biólogo, ni siquiera lingüista, etnólogo o psicoanalista, en realidad hacía mucho tiempo que nadie sabía cuál era su especialidad”. La manera en que Challenger, en la meseta, combina distintos saberes, sin tomar en cuenta sus fronteras disciplinarias, es justo la razón por la que el público de la charla denuncia “muchas cosas mal comprendidas, muchos contrasentidos y hasta falsedades en la disertación del profesor, a pesar de las autoridades en la materia que invocaba, llamándoles sus ‘amigos’”. Esta también será la razón por la que los especialistas irán abandonando la sala en la que se imparte la conferencia (“primero los martinetistas de la doble articulación, luego los hjemslevianos del contenido y de la expresión, y los biólogos de las proteínas y de los ácidos nucleicos”). El humor simiesco de Mil mesetas precisamente consiste en combinar distintos campos de saberes –filosofía, psicoanálisis, teoría de la complejidad, biología poblacional, etología, lingüística, entre otras– y crear sus teorías a partir de piezas y fragmentos de teorías de otros formuladas en distintos campos disciplinarios. En este sentido, el libro parece borrar su propio ámbito de especialidad, la filosofía. Pero lo hace para intentar algo más arriesgado en donde quepan esos muchos discursos, la geofilosofía.
El devenir-huevo del masoquista
¿En qué se parece un masoquista que ha suturado, con hilo y aguja, todos los agujeros de su cuerpo y un huevo o, más precisamente, este
Deleuze, Gilles y Félix Guattari, Mil mesetas, Valencia: Pre-textos, 2010, pág. 155.
?
El sexto capítulo de Mil mesetas que expone el concepto de cuerpo sin órganos busca, entre otras cosas, responder a esta pregunta. En principio, formula la comparación quizá para simular la estructura de un chiste. Aclarada la razón del parecido su extrañeza creo que no hará reír de inmediato a nadie. La peculiaridad de un huevo, tanto de aquel que ha sido fertilizado y es parte de nuestra dieta como del que aparece en la imagen, consiste precisamente en estar en potencia. Al suturar los agujeros de su cuerpo, el masoquista parece querer volver a un estado embrionario similar. El parecido entre el huevo y el masoquista reside en que los dos se encuentran herméticamente cerrados. Es cierto, hay una porosidad propia de la piel y del cascarón, pero en ambos casos, los intercambios con el exterior son mínimos. Al cerrar los orificios de su cuerpo, el masoquista suspende el trabajo y el correcto funcionamiento de buena parte de sus órganos, como si por este medio alcanzara ese estado de potencia, esa “realidad intensiva” propia de un huevo, compuesta simplemente de zonas de concentración bioquímica, que conforman distintos gradientes o umbrales proteínicos, donde los movimientos de diferenciación están a punto de ocurrir. La comparación entre el masoquista y el huevo es anómala, y un tanto ridícula, y lo que genera es más bien un grado de extrañamiento, quizá también una leve mueca risueña de complicidad al entender que se nos plantea una pista y se nos invita a jugar un juego.
Dando continuidad al proyecto de Artaud, el humor presente en la práctica masoquista que aparece en esta meseta busca precisamente “terminar con el juicio de dios” al llevar a cabo un performance propio del teatro de la crueldad. “Comienzas a coser, coses el agujero del glande, y este a la piel que hay a su alrededor, impidiéndole así descapullar, coses la bolsa de los testículos a la piel de los muslos. Coses los pechos, coses sólidamente un botón de cuatro agujeros a cada pezón”; además, “juntas las nalgas y las coses, coses toda la raya del culo. Todo bien cosido con hilo doble y puntada a puntada.” Zurcido el orificio del glande es imposible orinar o eyacular. Zurcido el glande al prepucio es imposible la erección. Zurcido un botón a cada una de las tetillas, y unidas por un resorte, es imposible chuparlas. Zurcido el ano es imposible cagar o tener una penetración por ese orificio que estimule la próstata hasta el orgasmo. Según Deleuze y Guattari, el sufrimiento que experimenta el masoquista en esta práctica es el precio que tiene que pagar, no por alcanzar el placer, “sino por romper la pseudo unión del deseo con el placer”. Contrario a cualquier teoría que vea en la fijación de la líbido en los genitales un signo de madurez, el humor del masoquista busca recuperar el poliformismo sexual del cuerpo humano, retrasando al máximo la realización del deseo, para no interrumpir “el proceso continuo del deseo positivo”.
En la meseta titulada“28 noviembre 1947 —¿Cómo hacerse un cuerpo sin órganos?” hay un extraño devenir-huevo en la práctica masoquista que se encarga de denegar (verleugnung ) una supuesta ley natural que se encarnaría en el cuerpo, según la cual, cada órgano tendría una función precisa subordinada al organismo como un todo. Esta supuesta ley natural conforma lo que Antonin Artaud llamó, en la transmisión radiofónica realizada en la fecha que da título a la meseta, el juicio de Dios . Artaud quiere contrarrestar este juicio haciendo que el hombre “pase una vez más… / por la mesa de autopsia para rehacerle su anatomía”. “Cuando… hayan convertido [al ser humano] en un cuerpo sin órganos”, según afirma, “entonces lo habrán librado de todos sus automatismos y lo /habrán devuelto a su verdadera libertad.” Al suturar los agujeros que hacen posible el placer, el humor del masoquista hace involucionar al organismo y lo vuelve simplemente un cuerpo. Posteriormente, a base de latigazos busca dar pie a un proceso de deseo positivo que permita descubrir zonas erógenas inexploradas que hagan posible la reinvención creativa del cuerpo.
La extraña imagen de un huevo que incluí en la pregunta al inicio de esta sección, y que aparece originalmente debajo del título de la meseta, le da su dimensión “geológica” al humor presente en este devenir . En la imagen aparece el llamado “huevo de Amma”, dios creador del universo, según los Dogones. Para esta cultura, que habita en la región central de Malí, este huevo es el cuerpo cerrado del dios que se abrió creando así la realidad que conocemos. Como lo narran los antropólogos Marcel Griaule y Germaine Dieterlen, al interior de este huevo, o placenta, Amma trazó “los movimientos internos… usados para la creación de todas las cosas, animadas e inanimadas, que habrían de conformar este universo”. El pensamiento preformacionista occidental solía representarse un pequeñísimo pollo concreto dentro de cada huevo. Por el contrario, la imagen de los dogones les interesa a Deleuze y Guattari en tanto diagrama abstracto que presenta los movimientos que se pondrán en marcha para dar origen al universo. Y aunque incluimos esta imagen en la pregunta que planteamos al inicio, a manera de chiste, su presencia en la meseta del libro no es particularmente legible y mucho menos graciosa. Es más bien parte de un humor geológico que juega con la mitología y la historia material del planeta tierra. A fin de cuentas, parecen sugerir Deleuze y Guattari, un mal chiste no convoca de inmediato a la risa; pero si es lo suficientemente extraño, puede abrir un lapso de suspenso que nos permita, por lo menos, una errancia hacia lo anómalo que sea capaz de abrir nuevas preguntas. Gracias al devenir-huevo, el cuerpo se ve atravesado por esa historia material que se remonta ahora hasta el cuerpo sin órganos, ya no del masoquista, sino del planeta Tierra mismo.
Mil mesetas practica una forma de humor geológica, que parte de un humor simiesco heredado de Kafka, evidencía la crueldad que hizo posible la emergencia de un sujeto y ríe de las fantasías de libre albedrío y de los campos de especialización teórica que compartimentan nuestra experiencia de la realidad. Recuperar la complejidad teórica de la historia material del planeta Tierra y utilizarla para pensarnos a nosotros mismos y a nuestro presente es quizá una de las provocaciones presentes en el libro. Como lo muestra el caso del profesor Challenger, tener la suficiente ligereza humorística para llevar a cabo este proceso conlleva un riesgo: no sólo el de descubrir que no somos animales superiores al resto de la creación, sino el de encontrar en ciertos rasgos de especies que consideramos inferiores la parodia de lo que verdaderamente nos define. Finalmente, el humor geológico que opera en Mil mesetas, además, es el del animal que conoce la crueldad de un proceso de domesticación y supuesta evolución fomentado a latigazos. En el libro de Deleuze y Guattari una risa extraña se apropia de esos métodos y los dosifica para experimentar con procesos involutivos que le devuelvan su potencia creativa tanto al cuerpo como a nuestro deseo.
Autores
(Ciudad de México, 1980). Coordinador del proyecto Aparato cifi, estudia el doctorado en Filosofía en la UNAM y es Maestro en Filosofía y Literatura por la Universidad de Warwick. Publicó el libro Kant y los extraterrestres (Tierra Adentro, 2012), una colección de ensayos que entrecruza el discurso filosófico con la narrativa y el ensayo literario.
Ilustrador
Eduardo Ramón Trejo
Ilustrador y diseñador gráfico nacido en Guadalajara y radicado en la CDMX. Con un interés por la narrativa visual y la gráfica de antaño, desarrolla su estilo en la ilustración a través de la técnica del collage. Ha colaborado en diversos proyectos editoriales, comerciales y exposiciones colectivas e individuales. Sus colaboraciones se han publicado en medios impresos y digitales como Tierra Adentro, Letras Libres, Wired, Vice, Chilango, Expansión, El Fanzine, Picnic, entre otros.
Laura Pantoja, Manifestación en Guadalajara, 4 de junio de 2020.
Hay que decirlo: la violencia policial que desató el gobierno de Jalisco tiene una explicación sencilla que es, a la vez, histórica y coyuntural. Es histórica en tanto no es nueva y fue instrumentada por personajes que en 2004 y 2012 ya habían reprimido y violentado derechos humanos en nombre del “orden público”. Es coyuntural porque obedece a un afán de protagonismo del gobernador Enrique Alfaro.
Al inicio de este año, la gestión de Enrique Alfaro era aprobada solo por 3 de cada 10 jaliscienses. El resto, los otros 7, la rechazaban por su forma de gobernar y ejercer los recursos públicos. Sus primeras medidas, que buscaban recaudar más dinero sin explicar en qué se gastaría, encarecieron la vida de los jaliscienses; aumentó el costo del trasporte público, el de los servicios municipales de salud y el predial. A la par, aumentaban los salarios de los trabajadores del gobierno estatal, e incluso se abrían nuevos puestos en el gobierno con salarios por encima de los 90 mil pesos mensuales.
Aunado al clima de violencia e inseguridad, en Jalisco se vivía con decepción el desempeño del gobernador, y él lo resintió en su popularidad. Hasta que la pandemia desatada por el covid-19 le brindó la ocasión de recuperar espectacularmente el terreno político perdido.
Laura Pantoja, Manifestación en Guadalajara, 4 de junio de 2020.
En su intento por volverse el centro de atención en el combate a la pandemia, Alfaro ha insistido en polemizar con el subsecretario de Salud y vocero del Gobierno Federal en el combate al covid-19, Hugo López-Gatell. A cada disposición emanada por el Consejo Nacional de Salubridad, ha contestado con medidas de alto impacto mediático en el ámbito de su facultades como autoridad sanitaria local. En el exceso, decidió decretar una medida que más tarde le costaría la vida a Giovanni López.
A pesar de la insistencia de López-Gatell en no concentrar el peso de las intervenciones sanitarias en la gente, sino en las estructuras (es decir: en los centros de trabajo y de concurrencia pública), el 19 de abril Alfaro emitió un decreto que prohibía andar en la calle sin tapabocas y facultaba a las autoridades municipales a implementar las disposiciones consignadas en el decreto. Sin embargo jamás se emitió un protocolo de actuación para que las policías tuvieran normas homologadas que dirigieran sus intervenciones. El decreto sigue vigente y no ha sufrido modificación alguna, pese a su evidente fracaso y su aplicación mortal.
Fueron múltiples las videograbaciones que registraron cómo las distintas policías municipales hacían uso excesivo de la fuerza en el cumplimiento irracional de detener a quién salía a la calle sin portar el tapabocas obligatorio. Incluso personalidades como el director de cine Guillermo del Toro dieron testimonio de que en el municipio de Tala un grupo de siete policías sometían con lujo de violencia a un ciudadano.
Como narra el hermano de Giovanni López en dos testimonios que ha subido a redes sociales, a su hermano lo detuvieron porque un decreto del gobernador Enrique Alfaro prohibía salir a la calle sin tapabocas. Esa norma, pensada al calor del calculo electoral y la autopromoción, costó la vida de un ciudadano en uno de los municipios más violentos de Jalisco, en una de las colonias más marginadas de Ixtlahuacán de los Membrillos, a manos de policías municipales.
Laura Pantoja, Manifestación en Guadalajara, 4 de junio de 2020.
Todos estos agravios contenidos, en medio de una pandemia que nos exige permanecer en casa, llevaron a los jaliscienses a las calles. Era inadmisible que en Jalisco ocurriera lo mismo que en Minnesota con George Floyd: la aplicación racializada y clasista de una norma innecesaria, más motivada por razones políticas que de salud.
Así como sucedió con Floyd, en el caso de Giovanni se intersecan diferentes desigualdades. Si Giovanni hubiera sido arquitecto en lugar de albañil; si viviera en Guadalajara en lugar de Ixtlahuacán; si viviera en la acaudalada zona de Providecia y no en una colonia marginada, quizás el actuar de los policías no hubiera sido violento hasta quitarle la vida. Quizá si Giovanni López hubiera sido un hombre blanco, acaudalado y famoso, Enrique Alfaro no hubiera ocultado su asesinato un mes, ni la Comisión Estatal de Derechos Humanos hubiera guardado silencio sobre este caso durante el mismo tiempo.
El jueves 4 de de junio a las 17:00 horas arrancó en Guadalajara la primera manifestación exigiendo justicia para Giovanni López y su familia. Desde el famoso Parque Rojo se marchó hasta el Palacio de Gobierno. Durante el trayecto todo fue pacifico. Las consignas que se coreaban exigían castigo a los responsables, esclarecimiento del caso y señalaban que Giovanni no había muerto, sino que la policía lo había asesinado. Este texto en un esfuerzo por disputar la narrativa oficial, que, con millones de pesos del erario público, intenta responsabilizar a Giovanni de su propia muerte.
Laura Pantoja, Manifestación en Guadalajara, 4 de junio de 2020.
Al llegar a Palacio de Gobierno ocurrió algo que nos hizo sospechar del proceder del Fiscal General de Jalisco, Octavio Solís. El modus operandi fue idéntico al del 28 de mayo de 2004, cuando el mismo fiscal, entonces procurador del gobernador Francisco Ramírez Acuña, se encargó de reprimir a los manifestantes altermundistas (mal llamados globalifóbicos ). Primero infiltraron la manifestación con personas que llevaba preparados petardos y bombas molotov; después dejaron dispuesta una puerta del Palacio de Gobierno para que esta se abriera con facilidad. Sino, ¿qué explica que la puerta lateral se abriera con un soplo y la puerta central no se moviera ni un centímetro, a pesar de los constantes esfuerzos por derribarla?
Al ingresar al edificio, los manifestantes tomaron banderas de México y del estado de Jalisco para ondearlas como símbolo de victoria. Poco después, dos patrullas de la policía estatal se colocaron en las calles adyacentes al Palacio. Sus ocupantes las abandonaron y huyeron del lugar. Sin un propósito claro, los oficiales de la fiscalía dejaron ambas patrullas con armas de alto calibre dentro y las sirenas encendidas.
No pasó mucho tiempo para que manifestantes notaran la presencia de estos vehículos y se dirigieran a ellos para, a través de la acción directa, convertirlos en el testimonio material de lo que se exigía: un alto a la violencia policial.
Laura Pantoja, Manifestación en Guadalajara, 4 de junio de 2020.
En uno de los vídeos que circula por internet, se alcanza a observar cómo un encapuchado toma uno de esos rifles y lo intenta accionar. Por fortuna se le traba y no logra su propósito. Dos horas después de marcha, manifestación, provocaciones de la policía y acción directa, del interior del Palacio de Gobierno salieron decenas de policías sin protección y armados con palos, piedras y botellas, y atacaron a los manifestantes, principalmente a las mujeres.
Como en el 2004, los policías formaron una herradura. Por eso es difícil suponer que no había un plan de represión. Los oficiales se sujetaron a sus procedimientos históricos para silenciar la crítica. A quienes lograban detener primero los metieron al Palacio de Gobierno, y después, sin avisar a sus familiares ni a sus defensores, los trasladaron al Penal de Puente Grande, el espacio con más casos de covid-19 en Jalisco.
Durante horas se desconoció el paradero de los detenidos. Únicamente teníamos los cientos de vídeos y testimonios que daban cuenta de cómo, con violencia excesiva, el Gobierno de Jalisco los había privado de su libertad.
La marcha convocada al día siguiente llegaría a Casa Jalisco, despacho del gobernador, pero se cambió a la Fiscalía General de Jalisco, pues en Guadalajara los detenidos por manifestarse suelen ser llevados a esas instalaciones para ser interrogados y torturados. No se sabía si los detenidos estaban ahí, pues durante más de doce horas no se informó a sus familiares su paradero. Sin embargo ese edificio alberga también a los titulares del Gabinete de Seguridad y era pertinente exigirles respuestas y libertad para los detenidos.
Laura Pantoja, Manifestación en Guadalajara, 4 de junio de 2020.
Antes de la hora programada, comenzó el terror. Personal de la fiscalía estatal, encapuchados y con ropa táctica, movilizados en camionetas 4×4, comenzaron a realizar levantones a quienes ellos suponían que acudirían a manifestarse. Como puede leerse en muchos testimonios, los subieron a camionetas, amontonados con otros levantados , mientras los sometían con palos o asfixiándolos con la rodilla sobre el cuello, además de amenazarlos con ser entregados a “la plaza” para que los desaparecieran. Finalmente eran abandonados en otros municipios del Área Metropolitana de Guadalajara, sin celular ni dinero.
Nuevamente el tiempo en Jalisco tomó una forma viscosa, ralentizada. En redes sociales, familiares y amigos de los manifestantes preguntaban y pedían información. Nadie sabía nada. Diferentes organizaciones lograron articular una lista de personas que, a partir de ese momento, se consideraron víctimas de desaparición forzada a manos de agentes del Estado. Ninguna autoridad daba información al respecto. Poco a poco y por sus medios, algunos de los desaparecidos comenzaron a informar en redes sociales lo que había ocurrido. Los testimonios son lamentables. Incluso Candelaria Ochoa, titular de la CONAVIM (Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres) y asistente a la marcha, ha referido la existencia de denuncias de violencia sexual contra algunas detenidas.
No fue sino hasta las 21:00 horas que el gobernador Alfaro se dirigió a los ciudadanos. Lejos de brindar tranquilidad, redobló su retórica electorera: culpó nuevamente a AMLO, a la CDMX y agregó a un nuevo conspirador: el crimen organizado.
Todo parecía indicar que esta construcción de culpables buscaba victimizar al gobernador en su camino a construir su “verdad histórica”. Nombrar a un culpable tan abstracto como el crimen organizado daba a entender que, pasara lo que pasara, aparecieran o no los jóvenes, ya había un culpable construido discursivamente. Así, sin transparencia y sin una investigación imparcial que sostuviera sus afirmaciones, Alfaro parecía emular el espectáculo que Enrique Peña Nieto y Tomás Zerón montaron para ocultar lo ocurrido con los normalistas de Ayotzinapa.
Laura Pantoja, Manifestación en Guadalajara, 4 de junio de 2020.
En respuesta a los levantones y la desaparición de manifestantes, Alfaro sacó un nuevo vídeo donde se comprometía a encontrarlos a todos. Hasta las 18:00 horas del domingo 7 de junio se desconocía el paradero de Roberto Carlos Ornelas Rodríguez y se mantienen varias interrogantes: ¿quién ordenó la represión y desaparición de los jóvenes manifestantes? Si fue, como dice Alfaro, la delincuencia organizada que controla la Fiscalía General, ¿por qué no se hace una investigación independiente que analice las comunicaciones de los agentes y se revisa el circuito cerrado de cámaras para dar con los responsables?
Visto el actuar del gobernador de Jalisco, que tapa hoyos viejos abriendo nuevos, urge una investigación independiente que determine quienes son los responsables del asesinato de Giovanni López, así como los responsables de ordenar la represión y posterior desaparición de manifestantes. México y el mundo no deben quitar los ojos de Jalisco, porque en este estado no se vive en normalidad democrática: te asesinan por no usar cubrebocas y te desaparecen si sales a exigir justicia.
Autores
Alejandro Puerto (Jalisco, 1992) es activista.
Ilustración por Aricollage
‘’Es imposible acabar con las hormigas […]’’[1]
Domingo 2 de febrero
Hoy al amanecer olvidé tu nombre. Estábamos sentados frente al agua en la oscuridad. El aire caliente nos golpeaba por todos lados y en un segundo el cielo se aclaró.
— Me voy.
Sabes que pienso que a veces mi cabeza no se sostiene, y mi mano derecha a veces no reconoce a la izquierda. Nos sentamos ahí, mi respiración era un escándalo, ni el sonido de aquella ave la ocultó. Por un momento hasta dudé de lo que escuchaba. El sudor ardiente recorría mi nariz, quemando la piel. Estoy tan pesada que no podré salir de aquí. ¿Sientes la estática entre el cuerpo y el aire? El lago negro. Las hormigas extendiéndose por debajo de la tierra. El zumbido de estos bichos. Ocupamos el mismo espacio pero ellos lo atraviesan. Estamos detenidos como una cuerda en tensión, suspendidos, probablemente como siempre lo hemos estado pero ahora de verdad lo siento.
Dijiste que te ibas, lamento que mi respiración en crisis no te haya obligado a partir antes. La hierba bajo mis muslos se sintió aún más fría y la sombra de tu perfil partió el horizonte. Hiciste un movimiento, reconocí tus orejas anchas y tu cabello largo. Olías como a naranja. Me dio pavor tocar tu mano. Yo no quería llegar a este lugar pero insististe en marcar el camino. Seguro los mosquitos se durmieron al vernos aquí inmóviles.
Mi respiración se hace más fuerte, pero no me molesta, alimento ese sonido tragando más aire y aventándolo por la boca, cada vez más aire, cada vez más rápido. He notado que si echo la cabeza para atrás el sonido puede llegar lejos. ¿Sientes ese espacio en la garganta? Me lo imagino como un túnel rasposo, con baches, no sé cómo. Cuando pasa el aire por ahí, se queda en los rincones y sale un sonido sin brillo, mira no te miento, pruébalo. Entonces se enciende el pecho. El sonido le responde a los bichos de afuera. No hay pausas. Lo atraviesa todo, un chillido que vibra, escúchalo. Pon la lengua en el paladar, suelta el estómago, mueve la boca, no dejes de tragar y escupir aire. Échate a correr.
‘’Ancho rostro de mejillas blancas, rostro de tiza perforado por unos ojos como agujero negro.’’[2]
Miércoles 5 de febrero
¿Te acuerdas de la noche que decidí seguirte? Caminabas muy rápido.
—¿Tienes un cigarro?
— ¿Qué si quiero o tengo?
— ¿Quieres?
Nos arrastramos a tu casa. En la cama, antes de cerrar mis ojos te dije que quería dormir adentro de tu boca. Que me tejieras una hamaca para que en la madrugada, cuando alcanzara dimensiones minúsculas pudiera escalar desde tu pecho hasta tu barba. Reconociendo el camino cuesta arriba utilizando las cuerdas hechas de vellos rojos, aferrándome a ellas hasta estar ahí dentro, quedarme dormida en tu saliva para que en la mañana, cuando fueras a lavarte los dientes, me escupieras en el lavabo (primer intento para despertarme). Una vez ahí, me quedaría tendida hasta que tuvieras que abrir la llave para dejar caer gotas de agua sobre mi cuerpo.
Creo que así pasó, así lo recuerdo.
Al medio día vi correr ríos morados en esos pies tuyos blancos.
— Tus pies son horribles.
Te reíste porque ya lo sabías. Torcidos, gigantes, lampiños. Volví a ver ese lugar donde dormí: tu cara. No tenía sentido, alguien sin conocerte eligió tus pies al azar. Por la tarde noté que los usabas para facilitar tus tareas, recoger ropa, patear basura, matar el tiempo cuando estás apunto de dormir estirándolos, viéndolos desde arriba, volando la mirada sobre tu lánguido cuerpo hasta hacer los dedos bailar. Los miré una vez más a mi lado. Recorrí un camino oscuro entre tu cara y tus pies. Supe que eventualmente al ponerte los zapatos dejaría de ver tus pies y los olvidaría. También tu cara, cuando te fueras y no te viera más.
‘‘Esa hora del desierto en la que el dromedario deviene mil dromedarios que ríen burlonamente en el cielo.’’[3]
Sábado 8 de febrero.
Cuando abrí la puerta la ventana se azotó y el vidrio se rompió, cayeron los pedazos a la calle, no importaba. Todo el día mantuve una tendencia a la cama, a las sábanas. Al fin estaba ahí, en la orilla. Caí boca abajo, doblé mi cuello hacia la derecha, mi columna exprimiéndose. Pasó un tiempo, no sé cuánto. El viento nunca dejará de entrar con la ventana rota. Los sonidos de afuera, la gente caminando, conversaciones al salir de la escuela, el humo de la comida, los coches, las motos, las coladeras, los tacones, la música, los perros. Mis párpados pesaban como si sostuvieran algo. Me atreví a cerrar los ojos y sentí dolor, pero supuse que me acostumbraría. Aparecieron las manchas moradas, amarillas, grises, del atardecer, del amanecer.
Estoy agotada, sobra decirlo. Ahora escucho más los pasos que todo lo demás, ¿son pasos? No podría asegurarlo. Intenté recordar lo del día pero no pude imaginar, no me sentí triste. Me quedé inmóvil dejando perder mi cuerpo que se escurría hasta llegar al piso. Ahí encontré que mis pulgares crecían hasta hacerse enormes. En el sueño, ya sabes, lo de siempre, volaba, veía el balcón llenarse de arena y el sol salir por el oriente. Nada se repitió, al estar en movimiento era imposible volver a los mismo lugares, los olvidaba al pasar. Por un momento vi mi mano levantada frente a la ventana, los dedos moviéndose buscando una comprobación de realidad. Al segundo ya estaba en otra ventana al cruzar la calle. La tendencia al otro lado. El tiempo se hizo doble, tal vez así lo entienda todo mejor, tal vez aprenda otro idioma y me encuentre en la mañana recitando. Las sábanas calientes, un lago de saliva sobre la tela.
[1] […] puesto que forman un rizoma animal que aunque se destruya en su mayor parte, no cesa de reconstruirse.’’ Gilles Deleuze, Félix Guattari. (2004). Mil mesetas, España: PRE-TEXTOS. Página 15.
[2] Ibídem , página 173.
[3] Ibídem , página 43.
Autores
(Ciudad de México, 1992) Gestora cultural, curadora, escritora y, sobre todo, lectora. A través de mis escritos busca encontrar su razón de ser dentro de la vorágine de producción artística y cultural a la que la virtualidad nos arroja. También intenta comprenderse a sí misma, al tiempo, y la belleza existente en un vaso frío de ginebra rosada.
Ilustrador
Aricollage
(Cuernavaca, 1988) Collagista e ilustradora con residencia en la Ciudad de México. Desde el 2010, en el área de visuales, ha colaborado en revistas como “Letras Libres”, “Tierra Adentro”, “Armas y Letras”, "Antidogma" y en revistas electrónicas de arte y collage en diversas partes del mundo; así como en editoriales como Paraíso Perdido, en la Dirección General de Publicaciones de CONACULTA y el Fondo Editorial Tierra Adentro. Ha expuesto de manera individual y colectiva en las ciudades de Ciudad de México, Guanajuato, León, Cuernavaca, Pachuca, Barcelona, Norwich (UK), Kranj (SI) y Bogotá (CO). En el 2016 colaboró con Adidas Originals en el relanzamiento de los tenis gazelle en la Ciudad de México y en 2017 fue talented neighbor en la Flagship Store de la Condesa. Ha colaborado con músicos como Illias Asterion (MX), Herbsun (DEU), Swing Atoms (MX) y Fausto Leonora (MX). Desde el 2017 ha incursionado en el collage en gran formato inaugurando murales en sitios públicos como el mercado gourmet San Genaro, en Hostal Gael y en We Are Todos (en la Ciudad de México) y en Casatinta en la ciudad de Bogotá.
Ilustración por Eduardo Ramón Trejo
Yo no tomo mi Deleuze derecho,
lo tomo en las rocas
Manuel de Landa
Cuarenta años de un libro no son nada comparados con los ciclos del crecimiento de las montañas o el proceso de la implementación de la moneda en el mercado para controlar los excedentes agrícolas e imponer impuestos a su abstracción en flujos financieros digitales. Este año se cumplen cuatro décadas del libro Mil Mesetas (1980) de Gilles Deleuze y Félix Guattari. Este es la segunda parte del dúo Capitalismo y Esquizofrenia . Tiempo suficiente para tantear qué sucedió en el pensamiento desde su publicación, cómo sigue generando ecos. Estos años pueden parecer poco, pero en retrospectiva es el mismo tiempo que agitó la política internacional con el mayo francés o el 2 de octubre mexicano, es decir el periodo en que se intensificaron las lógicas del capital, la desconfianza de los gobiernos y cierto desencanto con los alcances de las revueltas.
Un día, tal vez, el siglo será deleuziano dijo Foucault augurando el siglo XXI. El dossier que hoy se inaugura quiere honrar esta idea. A lo largo de una semana cada día un autor dará su punto de vista sobre las implicaciones o posibles lecturas de este libro-virus revolucionario. Importa, quizá, por que abrió el terreno para relacionar ciclos biológicos o geológicos con el dinero, las circunstancias del arte, la política, las flores y sus raíces con la amistad. Por eso merece la atención en medio del colapso medioambiental, la guerra civil en curso y la precarización de la vida.
Entre los textos que se presentarán, Martha Vázquez, en Fragmentos de un diario encontrado , recupera un diario cuya escritura fue atravesada por la reflexión del cuerpo y la filosofía francesa. Por su parte, Juan Pablo Anaya en Mil mesetas de humor geológico expone una lectura desde el humor donde geología y lenguaje conviven juguetonamente. Las imágenes de este texto no solo son afortunadas, sino que traen la reflexión desde lo visual: ese otro terreno que excede el discurso.
Stefanía Acevedo nos narra cómo se gestó el libro a partir de una rara amistad, la escritura automática desde la vigilia y la importancia, quizá dada en su génesis, de acercarse a estos libros con el acompañamiento amistoso sin figuras de autoridad, donde prima la experimentación y la libertad creativa. Esta filosofía nos lleva a desobedecer y hacernos responsables de la propia vida.
La idea de amistad tiene un eco en el texto de Natalia Durand, para quien la micropolítica se gesta en el encuentro de los amantes y los amigos. Desde una escritura fragmentaria, en segmenos, nos lleva a su intimidad política: esas amistades que la llevaron de la necesidad política hasta los acontecimientos afectivos. Ahí desfilan sus maestros, el desencanto, las amigas y uno que otro mentor. En fin, sus complicidades inconfesables. Finalmente, Rodrigo Ramírez nos acerca al acontecimiento del arte experimentado desde la filosofía y la poética de la deriva: construye imágenes que surgen del pensar.
Los textos que se agruparon en este dossier, del que este es un preámbulo, tratan de exponer qué sucedió con las ideas de Mil Mesetas , cómo es acercárseles materialmente y qué sigue latiendo de ellas. Refieren conceptos que suceden al interior del libro o su génesis, es decir, piensan al libro en su autonomía alejado del campo cultural y político.
Es por eso que en esta apertura quisiera trazar algunos de los brotes que surgieron posteriores a su publicación. No una historia, ni siquiera una línea de pensamiento ni mucho menos la totalidad de la recepción del libro, sino algunos retoños que han crecido en estos años. Sirven las notas siguientes como provocación para que cada cual dibuje su Deleuze y su Guattari, los dos juntos, mezclados o individuados.
El dúo Capitalismo y Esquizofrenia del que Mil Mesetas (1980) es la segunda y última parte abre el paradigma del deseo para la filosofía, la política, la economía y la guerra. No es que inventaran algo que no existía sino que dieron forma a un territorio desde donde posicionar la filosofía y el psicoanálisis frente al capitalismo: crearon una (micro) política. La política que engendraron tiene como armas la liberación del inconsciente edipizado en el que el deseo tiene un papel creador y no traumatizado y encerrado en el esquema familiar. Al liberar el deseo del triángulo edípico padre-madre-hijo su fuerza revolucionaria se vuelve socialmente potente en tanto creadora. Esta política del deseo que abren Deleuze y Guattari continúa en Lyotard, Economía libidinal y Baudrillard, El intercambio Simbólico y la muerte . Líneas que se cruzan y entremezclan con acontecimientos históricos: de Mayo del 68 a la guerra del Golfo. Búsquedas que comparten salir de las lógicas del capitalismo o hacer su crítica.
Estas filosofías del deseo abogarían por pensar otras formas de ordenar el tiempo diferentes a los revivals y los ciclos del capital, pero también nos hacen reconocer las topografías en donde acontecen formas de pensar y constructos materiales. Más que un homenaje para re-enaltecer un libro, creo que la serie de textos que publicará Tierra Adentro tienen la labor de reconocer un territorio que es necesario seguir explorando: re activar el flujo libidinal de una obra que es más que pertinente en tiempos aciagos.
La obra de estos filósofos franceses permite apropiársela, llevarla a otros planos de existencia. La esperanza, quizá, es que esos planos estuvieran siempre en el camino de la causa revolucionaria. La crítica no es algo que se realiza una vez, sino que se realiza cada vez y todas las veces. El objetivo es no universalizar la causa revolucionaria, entonces hay que ponerse en movimiento.
La lectura de Mil Mesetas produce una obsesión extraña. Parece que es posible explicarlo todo bajo el yugo de este texto o que al menos hay campos del saber que tienen relaciones que antes eran impensables. Dentro de esos lectores obsesos, el crítico de arte Fernando Castro Flórez recuerda continuamente una visita al pintor Carlos Alcolea, quien en la mesa de su estudio tenía los libros de Deleuze y Guattari subrayados de la primera a la última palabra con marcador fosforescente. Entre risas le preguntaron qué pasaba con esos subrayados, que si no creía que era demasiado. A lo que el pintor respondió: “A ver, dime algo que no sea importante”. Los tres se quedaron callados.
Incluso si todo lo que contienen estos libros fuera significativo, este enajene por el ritmo de la prosa y las trayectorias de imágenes y conceptos es producto de un lirismo fascinante. Junto a sus coetáneos posestructuralistas, Deleuze y Guattari dieron una dimensión estética a la glosa conceptual en sus escritos.
Más allá de la anécdota, late la idea de que sin importar si se es investigador, esta filosofía llega a ser significativa en la práctica de todo aquel que se acerque a los libros. AntiEdipo pretende ser una crítica al psicoanálisis en vías a desedipizar el inconsciente. En términos muy generales sus tesis son tres:
1) El inconsciente funciona como fábrica y no como teatro: produce, no representa.
2) El delirio es histórico y mundial no familiar.
3) La historia universal es la de la contingencia.
En algún punto dice lo siguiente: “Edipo es lo que nos hace hombres, aprendemos a vivir triangularmente (madre-padre-hijo). Para lo mejor, para lo peor”. Si AntiEdipo es la crítica producto del fracaso de mayo del 68 y causa lectores desencantados con actitudes de derecha, “Thatcherismo deleuziano”, Nick Land, aceleracionistas, paranoia, etc… Mil Mesetas estaría produciendo políticas de la amistad, máquinas de guerra que resisten los movimientos del capital, otros vínculos con la escucha de la naturaleza cuya repercusión frente al antropoceno y la actual reconversión global a la derecha aún está por verse. De lo que podríamos extrapolar juguetonamente: con Mil Mesetas aprendemos a vivir, para lo mejor, para lo peor. Este segundo tomo es un lugar en donde refugiarse.
El fenómeno Capitalismo y esquizofrenia tiene fuertes repercusiones en distintas expresiones del pensamiento y la creación humana. Al final de su obra, Deleuze tomó un camino que puede desembocar en el campo de las artes pláticas y el cine. Por su parte, la ruta Guattari correspondería a la política revolucionaria. Algunos de sus influjos se dieron en retrospectiva, pero Mil Mesetas es el punto de salida y entrada. Para el cine, Godard con su Histoire (s) du cinema encarna la teoría de la multiplicidad, la subjetividad y la repetición para la representación de la historia. Harun Farocki, por su parte, hace video-cine político de la transición de un régimen disciplinario hacia aquello que Deleuze ha definido como sociedades de control. Por el lado de Guattari hay una ruta hacia las resistencias llamadas por él minoritarias. Su acompañamiento de algunos movimientos como la causa palestina en 1976, los obreristas italianos en 1977 y Lula y la democratización brasileña en 1979 pusieron en marcha su teoría de la micropolítica. Del movimiento italiano se desprende su libro en colaboración con Toni Negri: Las verdades nómadas y del brasileño con Suley Rolnik: Micropolítica: Cartografías del deseo.
Sería difícil y errado tratar de encajar un libro con tantas fugas e intensidades en un esquema o práctica específica, pero como he dicho, Mil Mesetas , Deleuze y Guattari dan una serie de rutas y herramientas desde las cuales es posible fincar tierra firme. No se edifican estos autores como monumentos, pues la hipótesis de estos es la fuga y los saberes nómadas, sino que abrieron un vasto terreno desde el cual seguir pensando.
El epígrafe de esta nota es del mexicano Manuel de Landa, figura estelar de uno de los múltiples embonajes entre Deleuze, la cibernética y la filosofía por venir. Esta filosofía estaría encarnada en el nuevo realismo.
De Landa es artista y profesor en Nueva York. Representaría de alguna forma la recepción norteamericana de la máquina de guerra que encarna el dúo Capitalismo y esquizofrenia . La escuela filosófica norteamericana no suele incurrir en el desgaste y los excesos. Es una filosofía moderada que tiende a lo pragmático. Basta recordar la carta que firmaron veinte académicos de altos vuelos para que Derrida “escribiera bien” en términos de rigor y claridad. Sin juzgar moralmente, los americanos tienden a sintetizar hacia lo útil las filosofías. Cuando de Landa dice que él no toma su Deleuze derecho sino en las rocas está diciendo que elimina el riesgo que implican los desplantes de su filosofía.
El filósofo mexicano explica que el Deleuze que le interesa es sistematizado y claro. En parte como respuesta a los abusos hiperteóricos antes mencionados. De Landa toma de Deleuze su ontología en la que desaparece el sujeto y lo que hay son fuerzas y sentidos, que es fundamental en su libro Mil años de historia no lineal (1997) para pensar al mundo con capacidades morfogenéticas propias tanto en escenarios culturales como biológicos o lingüísticos.
Una de las más recientes improntas que recupera a Deleuze y Guattari, y ya para cerrar una enumeración que se podría abrir al infinito, es el Aceleracionismo. El Aceleracionismo podría leerse como un concepto que creció en rizoma rápidamente y quebró una lógica lineal de la historia. El término fue acuñado por Roger Zelazny en su novela Lord of Light de 1967 y puesto en circulación en 2013 con el “Manifiesto por una política aceleracionista” de Nick Srnicek y Alex Williams. Desde ahí se abrió a debates sobre la transición al postcapitalismo, una relectura de la historia estética y política que recorre las vanguardias, el comunismo ruso, el Cyberpunk y la crisis económica de 2008. Estas repeticiones y variaciones del aceleracionismo tienen como mantra un fragmento de Deleuze y Guattari:
“Pero, ¿qué vía revolucionaria, hay alguna? ¿Retirarse del mercado mundial como aconseja Samir Amin a los países del tercer mundo, en una curiosa renovación de la ‘solución fascista’? ¿O bien ir en sentido contrario? Es decir, ir aún más lejos en el movimiento del mercado, de la descodificación y de la desterritorialización (…) No retirarse del proceso, sino ir más lejos, ‘acelerar el proceso’, como decía Nietzsche: en verdad, en esta materia todavía no hemos visto nada”
El libro que nos convoca en este homenaje, desde su publicación, abrió una línea de esperanza revolucionaria y creadora que hoy continúa. Si Nietzche fue, según cierta lectura, el ideólogo del nazismo y los soldados alemanes lo leían en la trinchera, pienso que hoy Deleuze y Guattari lo es de quienes luchan por otras formas de vida. No abogo por una izquierda radical lectora, como ya mencioné hay un ala más reaccionaria de lectores, pero sí creo que sea cual sea la causa, estos trayectos conceptuales abren mundo.
Me gusta el ir y venir de un concepto a la materia y de la idea a la forma. El concepto que abre Mil Mesetas es el Rizoma, en este se plantea la metáfora agrícola para conceptualizar las imágenes del pensamiento. Tal vez como augurio, pero la forma rizomática es el punto de entrada para pensar los trazos de este libro. Los ensayos que hoy comienzan a publicarse son, en este sentido, un destello que desea encontrarse con aquellos otros que en el pensamiento se encuentran afectivamente desde la amistad, la risa y el desconsuelo.
Autores
M.S.Yániz. Crítico y ensayista especulativo. Cursa estudios de filosofía crítica en The New Centre for Research & Practice. Escribe sobre formas discursivas tanto materiales como poéticas que tensionen lo político. Textos suyos han aparecido en FILME, Terremoto Contemporary Art in the Americas, FalsoRecord (colombia), PICS del Centro de la imagen, entre otras. Coeditó los Ensayos Completos de Tomás Segovia en Ediciones sin Nombre. Tradujo el libro inédito de Mark Fisher, Comunismo ácido publicado en Herring Publisher con ilustraciones de Diana Cantarey.
Ilustrador
Eduardo Ramón Trejo
Ilustrador y diseñador gráfico nacido en Guadalajara y radicado en la CDMX. Con un interés por la narrativa visual y la gráfica de antaño, desarrolla su estilo en la ilustración a través de la técnica del collage. Ha colaborado en diversos proyectos editoriales, comerciales y exposiciones colectivas e individuales. Sus colaboraciones se han publicado en medios impresos y digitales como Tierra Adentro, Letras Libres, Wired, Vice, Chilango, Expansión, El Fanzine, Picnic, entre otros.
En un contexto donde todavía los derechos reproductivos y la pauperización económica resuenan con mayor énfasis en las historias de las mujeres invisibilizadas (por su clase y fenotipo) no es rara la excitación que nos producen las genealogías de la escritura femenina. Quizá por una cuestión incluso de cuidado, sororidad, o una exigencia orgánica de reconocernos en otras voces y cuerpas, escribir sobre literatura de mujeres convoca a hacerlo desde la propia experiencia y los placeres que devienen de la corporalidad. El cuerpo habla, sostiene un diálogo que durante nuestra historia ha sido una narrativa interna, casi oculta entre los pliegues de tela; en el centro de las oquedades, recubiertas de la savia dulce y transparente, en la luminosidad del carmesí, de la violencia. La vivencia de saberse encerradas hizo que las obras escritas por mujeres alcanzaran un pulso cuya fuerza cambió de manera determinante la literatura en menos de un siglo.
En la escritura todo se trata —de alguna forma— de amor, deseo y muerte, de nosotras mismas; pero, principalmente, de quien quiera escucharnos, leernos, esas mentes son a las que damos nuestra devoción, nuestros verdaderos amores o delirios. Es cierto que en la pasión escritural una se va llenando de amores, hijos, amantes, también de iguales: mujeres que, sin importar la distancia temporal, geográfica o incluso de contexto, pautan las líneas de aquello que ahora nombramos sororidad, un cariño que se une al agradecimiento de quiénes hemos decidido crecer sin la atadura patriarcal.
Es a las no santas a quienes dedicamos nuestros desvelos, las faltas de tiempo y palabra; a las raras, locas, pretenciosas, pasionarias; todo menos insulsas. Ellas nos han invitado a seguirlas hasta al punto de hablar solas, de pretender que con los cientos de horas delante de páginas en blanco podamos, aunque sea por un minuto, estar a su lado.
Con Raras. Ensayos sobre el amor, lo femenino, la voluntad creadora (2019), la llamada que hace Brenda Ríos (Acapulco, Guerrero, 1978), es para entrar a las raíces de su escritura, cuyos hilos conforman los patrones de su poética construida por tradiciones, murmullos y sonidos que provienen de diversos puntos de la cartografía literaria. Poeta y ensayista, ganadora del Premio Estatal de Poesía María Luisa Ocampo y del Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano, Ríos ha logrado que su voz tenga una resonancia capaz de crear un registro personal, pero con un estruendo que nos persigue desde la primera línea. Ese poder ha hecho que ejecute una ruta no del acontecer eternamente femenino —figura ya de por sí cursi y de la cual deseamos huir—, sino de los tránsitos y experiencias de las mujeres con las que Ríos comparte la intimidad suficiente como para realizar retratos de cuerpo entero. Ciertamente su selección no obedece a otra cosa que a su deseo, como si el recorrido de sus veinticinco compañeras fueran instrucciones para llegar a ella misma, a su propio centro, al origen de sus pasiones: la literatura, la vida y las formas diversas que concierta.
Ríos no es benevolente y, por tanto, cliché; las buenas costumbres no las entiende desde el tono cándido o ceremonioso con el que en ocasiones —y de manera errada— un autor convoca fantasmas sobre tierra yerma. El caso de Raras, ensayos sobre el amor, o femenino, la voluntad creadora es en sí una estructura que obedece a la urgencia de explorar a su lado las posibilidades del cuerpo herido, marginado, ausente; aunque en ocasiones extrañan sus momentos de inconsistencia, pues su voz alcanza tonos sumamente altos y, de pronto, baja hasta desmoronar el ritmo. Resulta notorio cuando la autora decide dejar de lado el orden y cumplirse el deseo de que estén todas las mujeres que la representan, sea por su gusto literario, o su educación sentimental. Particularmente el ejercicio de haber incluido el texto de la poeta Xel-Ha López es muestra de ello.
Pese al sentido de extravío que se atisba entre los matices del libro, en muchos momentos y de la nada, una voz en llamas nos regresa a la caricia que deviene del llanto, de los recuerdos de infancias oscuras, tal es el caso del texto dedicado a Jean Rhys y las maneras en las que su escritura edifica un puente para que aquellos secretos, como el abuso y maltrato infantil, salgan a la luz; aunque pague el costo de ser rara, de la manera en que lo expone Ríos: “la mujer que no se adapta es una marginal y una mártir de sí misma”. La intimidad expuesta en el lenguaje está lejos de ser un defecto, ni en sus disertaciones ni en la selección de sus personajes, sino una auténtica muestra de fidelidad hacia sí misma, y así lo advierte: “Este libro es personal. No podría ser de otra manera. Son ensayos personales que van desde ideas inocentes hasta desplazamientos más aletargados. Ejercicios de diálogo. Están aquí porque me las encontré al mismo tiempo. Porque las vi de manera distinta con los años”.
Mientras enfoco las pequeñas instrucciones que, a manera de prólogo, la autora ofrece para caminar a su lado, pienso en la manera en que el paseo y la digresión se emparentan de manera eficaz en la escritura. Finalmente se trata de mujeres que rompieron las regla; por ello, la poética es clara no solo por tratarse de mujeres escritoras con vidas al límite, sino porque la lectura termina siendo un espacio de seguridad. Virginie Despentes retoma las maneras en que la memoria, —incluso aquella que nos trae de vuelta a los dolores de la juventud— se vuelve una calle de diversos sentidos, un pasadizo de posibilidades —incluso la de salvarse a sí misma—, cuyas interrupciones no son sino recorridos que nos permiten reflexionar sobre aquello oculto, lo que no puede decirse, de lo que solo las voces fuertes se atreven a hablar y nombrarse desde ese lugar. Raras , marca en la compulsión y la tristeza un espacio libre de juicios acerca de cómo ser escritora.
Una de las tesis en Raras es la del encuentro con la creación, y funciona como un hilo conductor entre la diversidad de estilos y voces, también es el pretexto ideal para acallar sus propias dudas, las que en extremo llevan a la esterilidad. Cuando retoma a la poeta colombiana Fátima Vélez , lo hace con lucidez y cuidado, igual a las formas que las doulas, o cuidadoras de otras mujeres, tienen para mitigar las distintas formas de dolor, sea por parto, aborto, violación y pérdida. Me gusta imaginar que después de cada uno de estos momentos, la vida se da como un bálsamo, y que una encuentra el alivio incluso en las creaciones más complejas. Nada es simple, aun el escenario más común: la casa, así lo intuye Ríos en el poemario de Vélez, Diseño de interiores.
El cuidado de varias cosas a la vez (el hogar, la comida, la crianza y el trabajo creativo) se puede sentir en los poemas de Diseño de interiores . Son versos para imaginar el mundo poético en la parte más elemental de la vida diaria, en las alcobas, las tareas diarias. En los catálogos de lo visible, lo más tangible. La poesía no será algo abstracto que celebre la noche o la belleza inalcanzable, esos poemas feroces por su propia simplicidad. Los elementos combinan, crean nuevos sentidos. No es la edad de la poeta, la poca o mucha experiencia. El trabajo de Vélez me hace reflexionar sobre la importancia del “hallazgo” en el poema, esa informalidad, esa pretensión de que no importa si no se logra, eso es justo lo que hace al poema un suceso de develamiento y simpleza.
En cada uno de los veinticinco ensayos, Brenda nos asigna pequeñas notas para entender su propia escritura. Eso que puede ser visto como inconsistencia, para la autora es el ritmo vital, aquello que sale de los esquemas automáticos, de las estructuras abigarradas, de lo que se torna ceremonia y distinción. De ahí que esta colección deambule entre Clarice Lispector y la interprete Becky G , entre Anïs Nin , Amy Winehouse y la poeta Xel-Ha López. En el caso de Nin, la apuesta se vuelve un hallazgo por ser casi una autora desconocida entre las generaciones más jóvenes, y en definitiva nos otorga una mirada valiosa.
La colección es personal y por eso Brenda Ríos, nos muestra la cartografía de su creación intima y llena de matices. Quizá el aporte más significativo sea el hecho de que, sin importar los orígenes o la tradición, la literatura siempre obedece a las reglas del deseo: para la cuerpa no hay otra forma de escribirse en el mundo.
Autores
(Ciudad de México, 1984) Investigadora, docente, escritora y
crítica. Es maestra en Estudios Latinoamericanos por la Facultad
de Filosofía y Letras de la UNAM y Doctora en Sociología por la
Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco. Realizó una
estancia de investigación en la Universidad de Buenos Aires y ha
publicado artículos y reseñas en revistas como Este País, Pliego
16, Fundación, Casa del Tiempo, Revista de la Universidad,
Écfrasis, Tierra Adentro. En 2011-2013 fue Becaria de la
Fundación de Letras Mexicanas en el área de ensayo y en 2019
fue Becaria Fonca en el área de ensayo. Fue finalista en el
Premio Internacional de Literatura Aura Estrada en su edición
2020 y aceptada por Ucross Foundation para hacer una estancia
artística en el verano del 2021.