Agarró fiesta. Le entró el diablo al cuerpo.
Lo conozco. Me ha hecho esto otras veces.
Los hombres le convidan trago, él baila,
se vuelve loco y sale de fiesta con ellos por ahí…
José Donoso
El lugar sin límites (1966).
Si hay un parque público significativo en la Ciudad de México este es la Alameda Central. Lugar al que concurre bastante gente, hay infinidades de encuentros y acontecimientos en él; lo que me gusta es que cada vez descubro más actividades en torno a este jardín. Me parece que muchos de los que habitamos esta ciudad no terminamos de sorprendernos de lo desconocida que puede ser para nosotros. Justo pensé hacer una visita a La Alameda para conocer más sobre una de las actividades que suceden en ese lugar: sexo servicio de hombres para hombres, los llamados “Chacales”.
Esto no es algo nuevo, pero si algo que muchas personas, como yo, no tenemos claro. Recuerdo que una de las primeras veces que supe de “Los Chacales” y que se dedicaban a la prostitución fue a través del libro Que se abra esa puerta. Crónicas y ensayos sobre la diversidad sexual ( FCE, 2020) de Carlos Monsiváis , en donde se puede encontrar una estupenda definición:
En la jerga de los entendidos, el chacal es el joven proletario de aspecto indígena o recién mestizo, ya descrito históricamente como Raza de Bronce Clang! Clang! Si se requiere un resumen, el chacal es la sensualidad proletaria, el gesto que los expertos en complacencia no descifran, el cuerpo que proviene del gimnasio de la vida, del trabajo duro, de las polvaredas del futbol amateur (o “llanero”), de las caminatas exhaustivas, del correr por horas entonando gritos bélicos, del avanzar a rastras en la lluvia para sorprender al enemigo que algún día se apersonará. Es la friega cotidiana y no el afán estético lo que decide la esbeltez.
Pero lo que me interesa es conocer personalmente a alguno de los que realizan esta actividad e intentar saber un poco más de la vida de estos sujetos. Y que mejor que uno de ellos nos cuente de propia voz lo qué es ser un Chacal.
Me puse de acuerdo con Jazmín, una amiga que estaba interesada en tomar fotografías a uno de estos personajes. Nos habíamos puesto en comunicación con Julio, un amigo, que ha contratado estos servicios, él nos contactaría con uno de ellos, pues conoce cómo funciona ese mundo y se encargaría de acordar el precio por la entrevista y las fotos.
Jazmín ya me esperaba, lista con su cámara, en el apartamento de nuestro amigo; estábamos listos para ir en busca del protagonista de la entrevista y la sesión fotográfica. Caminamos desde el apartamento, en el fondo de la calle Cuba, hasta La Alameda.
La Alameda se ha clasificado como el jardín más antiguo de México y de América; en el año 1592 el Virrey Luis de Velasco ordenó crear un “ paseo para darle belleza a la ciudad que a la vez fuera lugar de recreo de sus habitantes” . Se sabe que este espacio ya fungió como mercado y quemadero de la Santa Inquisición. Y ahora en él se pueden encontrar familias paseando por sus corredores, parejas platicando en la bancas. En verano se ha convertido en el balneario de varios niños y adolescentes (desde que se instalaron las fuentes), también es utilizado como salón de baile y para la práctica del skate . Este espacio ha servido como lugar de encuentro para muchas personas como bien lo plasmó el pintor Diego Rivera en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central , en donde se puede observar la diversidad de gente, de distintos oficios y clases sociales que convergen en tan popular lugar. Ahora puedo imaginar que alguno de los chacales debe estar representado en esa pintura, tal vez debajo de Benito Juárez, junto a Sor Juana y Frida Kahlo, justo del lado izquierdo donde también está la santa inquisición.
Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central. Foto tomada de Flickr
Las últimas dos veces que acudí a La Alameda fue, la primera, para conocer a los bailarines, en su mayoría adultos mayores, que se reúnen sobre la calle peatonal de Cristóbal Colón, muy cerca de la famosa Cafetería Trevi; la otra para ir a una obra que se presentó en el Centro Cultural José Martí y después pasear con la familia por los corredores del jardín.
Ahora me toca ir a la parte de la Alameda, cerca de una de las entradas del metro Hidalgo, a espaldas del José Martí, sobre la calle Dr. Mora, en donde, debajo de los grandes árboles, están las jardineras en las que “los chacales” esperan sentados a que algún cliente llegue a su encuentro.
Antes de llegar al lugar en el que se encontraban los “Chacales”, Julio nos dijo que debíamos dejarlo solo para que pudiera contactar alguno. Obvio hay códigos: “ellos saben reconocer a los gays”, nos dice Julio. Hay que saber cuándo se muestran, ellos mismos se ofrecen, “a veces se agarran el paquete otras te alzan las cejas”, pero ellos saben cuándo los están buscando, parecen tener un gran olfato para los clientes. Y si queríamos que alguno de ellos accediera, debería proponérselo alguien que le generara un poco de confianza.
Decidimos esperar a Julio cerca del José Martí, viéndolo a la distancia. En un par de minutos intercambió miradas con un joven delgado, luego algunos gestos que parecían coqueteos, se acercaron e intercambiaron palabras que no alcanzamos a escuchar. Julio nos buscó con la mirada y nos hizo una señal con la cabeza para seguirlos.
Comenzaron a caminar, nosotros los alcanzamos unos pasos adelante, nos emparejamos, y Julio nos presentó con el joven. Hicimos algunas preguntas; él era hondureño, casado, por el momento se estaba dedicando solo a la prostitución, pues la obra en que trabajaba se había detenido por la pandemia del COVID-19 . Sus respuestas eran cortas y su mirada parecía no querer encontrarnos, cuando contestaba miraba solamente a Julio.
Llegamos frente al edificio de departamentos, Jazmín y yo subimos, pero ellos se quedaron abajo, supusimos que renegociando el pago. Nuestro amigo entró solo y nos platicó que se asustó y no quiso entrar, dijo que no se sentiría a gusto. Habíamos perdido el tiempo. No hablamos mucho entre nosotros, entendimos que desconfiara. Tendríamos que intentarlo nuevamente, salimos para ir al enorme jardín.
Llegamos a La Alameda, no hubo necesidad de indicaciones, nos separamos. Julio se acercó a un tipo que saludo muy amablemente, pero parecían conocerse, era uno de sus amigos. Mientras platicaban, Julio seguía buscando con la mirada y no tardó en encontrar lo que buscábamos. Miramos para donde nuestro amigo dirigía la vista y estaba un joven que veía a Julio, lo estaba “chacaleando”: lo miraba fijamente, casi retándolo, buscando que le correspondiera el gesto. Sus miradas se cruzaron.
El “chacal”, sin importar la luz de la tarde, las familias paseando, los niños jugando en las fuentes, los patinadores domando los tubos de las jardineras y los policías parados sobre la cercana Av. Hidalgo, bajó su pantalón y le mostró el pene a Julio. Nuestro amigo se acercó y le dirigió unas cuantas palabras. Unos instantes después vimos nuevamente el movimiento con la cabeza de nuestro cómplice indicándonos que partiéramos hacia el departamento.
Esta vez decidimos solo presentarnos y no hacer preguntas. Me dirigí a Julio y le dije si había dejado en claro de qué se trataba, no podía pasarnos lo mismo. El “chacal” me vio y dijo: “tranquilo, carnal, lo que quieran preguntar, mientras paguen y saquen las chelas, no hay pedo”. No se sentía amenazado, se dirigía a nosotros demostrando seguridad (con cierta altanería) y hablaba abiertamente de su trabajo. En el camino no hablamos mucho; él comía unas papas y nos ofreció, pero ninguno aceptamos la oferta. Nos dijo que se llamaba Irving, que tenía 26 años, que era de Puebla y que venía regresando de tomar unas cervezas.
Llegamos a la entrada del edificio y nos preguntó que quién de nosotros vivía ahí. Ahora era él quien generaba un poco de desconfianza en nosotros. Dijimos que lo habíamos rentado para la entrevista y las fotos. Subimos al departamento.
En cuanto entramos, comenzó a observar el lugar, “está chingón aquí, es pequeño pero le cabe todo: la cocinita, el comedor y la recamara, lo que necesita y ya”. La luz de la tarde entraba por el enorme ventanal que daba a la calle de Cuba. “Desde aquí se ven Marra y la Puri, el puro desmadre ahí.” Irving no dejaba de observar las plantas en la ventana, los adornos que estaban arriba de la cámara (una cabeza de rinoceronte y una serie de luces) “está chido el altarcito del amor”.
En lo que yo acomodaba las sillas y el comedor cerca de la ventana, Julio sacaba unas cervezas del refrigerador. Tardé menos de un minuto en acomodar el celular para grabar y las sillas, cuando levanté la cabeza para buscar a Julio, él seguía en la cocina con Jazmín, pero vi que el “Chacal” ya se había quitado la playera y estaba desabrochándose el pantalón, a media sala. Le dije que la cosa era con calma, que primero platicaríamos, que echaríamos una chela. Le pregunté que si siempre era tan acelerado. Contestó que estaba a toda madre la chela, que quería desestresarse, evadió mi pregunta. Destapamos unas cervezas y comenzamos a charlar.
─¿De qué quieres desestresarte? ─le pregunté.
─Me acaba de caer mi ruca y estaba con un cliente, la neta si me sacó bien cabrón de pedo. Mira cómo me dejó el cachete, me acomodo un madrazo que hasta traigo caliente acá, mira ─se acercó a nosotros para que lo tocáramos el cachete.
La actitud del Chacal , era desinhibida, brusca, sincera, relajada y muy seguro de sí mismo.
─La neta quién sabe cómo chingados llegó acá mi morra, vivimos hasta Naucalpan de Juárez. Yo estaba echándome unas chelas con un cábula, en un bar, ahí a una calle de La Alameda. La neta era un cliente y por debajo de la mesa me estaba acariciando, ya sabes ─se sentó a la orilla de la silla, se recargo en el respaldo y con sus manos se masajeaba el pene para ejemplificarnos como lo hacía su cliente, hacia una cara de excitación─. Ese wey estaba bien prensado y yo estaba en la pendeja. Cuando de repente siento por detrás un chingadazo, me volteo y ahí estaba mi morra. Me dijo: “hijo de tu puta madre, ¿qué te está agarrando la verga ese wey? Ya me habían dicho, namás lo quería comprobar. Ahorita que lleguemos a la casa vas a ver”. Me paré bien encabronado y le dije que se fuera pa´ la casa, que no la iba a llevar así toda encabronada. La neta ella sabe a qué me dedico, pero no sé qué pedo. Así me conoció, yo me la traje de Puebla y ya sabía que show . Yo a mi morra le tengo todo, por eso hago estas mamadas, para darle todo. Ella no chambea. Yo tengo que sacar de viernes a domingo mínimo unos $3,500 a $4,000 baros ─nos contó mientras se sobaba el cachete y se tomaba un vaso de cerveza en dos tragos.
─Entonces ¿desde Puebla te dedicas a esto? ─le pregunté.
─Simón. Bueno, la neta ella sabía que le hacía a esto, pero acá pensaba que me dedicaba a otra cosa. Yo allá le entré a esto por un primo, “El Gasper” ─nos cuenta de su primo, se relaja, vuelve a tomar asiento y bebe su cerveza─. Él trabajaba en el punto: un parque que se llama Aquiles Serdán. Yo tenía diecinueve años, ya estaba “huevudito” cuando empecé. Mi primo fue el primero que supo que yo era bisexual y me invitó a su jale . Las primeras veces me presentaba con vatos, les decía mira te presento a mi primo y pues ya, ¿no?, pasaba el desmadre. Ese wey ya tenía sus clientes, pero a mí nada más me llevaba a departamentos, yo no iba al punto. Me decía: “vente, vamos acá y allá”. Después vi que les cobraba y si se la hice de a pedo. Pinche “caradeverga” estaba cobrando y no me daba nada. Después me daba una parte, pero seguía ganando más que yo. La neta si tengo “un pedo” [gusto] con los morros, hasta a los mismos que chambean de esto luego quieren que les dé, los de allá y de los de aquí de La Alameda.
─¿Por qué llegaste acá a la ciudad?
─La neta solo no quería estar en mi casa, acá me podía venir a vivir con unos tíos y pues ya, me vine pa´acá ─su respuesta fue corta y agacho su cabeza y comenzó a jugar con el vaso, parecía incomodarle tocar el tema.
─¿Entonces tú desde antes de entrar a esto ya sabías que eras bisexual o ya hasta que le atoraste te diste cuenta?
─No, yo desde la “secu” me di cuenta que también me gustaban los hombres. Yo tenía mi noviecita, pero me prendían los vatos. Ya sabes, estuvo un poco difícil, ¿no? Me costó aceptar que era bisexual, o sea que me gustaban también los hombres. No me quería quemar con la banda de que me gustaban los vatos, no me abría tanto como ahorita . Porque yo cuando tengo sexo con un hombre lo hago igual que si estuviera con una mujer, carnal ─por primera vez voltea a ver a Jazmín al darnos una respuesta y sonríe con un poco de pena, desde que llegó─. No le veo la diferencia. Bueno, yo cuando hago el amor con mi vieja, acabo de hacerlo y ya, le digo “al chile hazte pa´ allá, ni me abraces”; pero con vatos sí, me gusta el abracito, juntar los penes y esas cosas.
─Oye, ¿te has enamorado alguna vez?
─Sí, pero de un vato. Mi primo me presentó a un wey de Monterrey, Nuevo León. De hecho fue con el primer hombre con el que estuve. Ese wey fue a Puebla por un pinche ganado, mi primo me lo presentó, era cliente de él. Cuando me llevó a su hacienda la neta me saqué de pedo, pues me metió a un cuarto lleno de armas, me intentó tranquilizar, pero la neta entre tantos “tubos” yo estaba bien paniqueado y entre tanto relajo no se me paró esa madre. Era un wey bien cabrón, “chacalón”, no mamadas. No como los de aquí, ese wey te hablaba al chilazo : “a mi me gustan lo vatos, me late como te ves con los cuetes, ¿ya sabes jalar armas, mijo? Si no, yo ahorita te enseño”. Y yo: “no, no… no así, no hay que agarrar ninguna puta pistola”. “No sea tímido, mijo”, me decía y acá, me trataba de calmar. Esa vez me puso una pistola en la mano. A ese wey le excitaba verme con las armas y sí me dijo “¿qué no se le va a parar o que, mijo?” y le dije al chile me tienes bien paniqueado ─ conforme va avanzando su relato sobre este cliente su voz va subiendo de volumen, en su rostro se puede ver la emoción, nuevamente se sienta erguido, se levanta de la silla varias veces e imita los movimientos de las acciones que nos va contando─ . Me atendió chido, me dio puro Whisky que yo ni conocía, ahora sé que es el Chivas Regal, esa vez me dio dos mil pesos y una cadenita de tres oros y la neta con eso me relajé. Después me puso un pinche “cuernote de chivo”, me decía “así, mijo, así que se vea su cara de maldito” y el vato se prendía y se masturbaba viéndome.
─A ese cliente ¿lo viste solo esa vez o lo volviste a ver?
─A ese wey lo veo cada año, por lo menos. Viene aquí a la ciudad a verme. Esa vez me dejó su tarjeta y me dijo lo que se ofrezca. Es un clientazo , viene y se queda aquí en el Hilton. Viene y le deja una bolsota de mota a la banda de La Alameda, ahí todo el mundo lo conoce. Los forma para repartirles la mota. A mí me trae bien vestido, le late que ande al tiro por si viene, me deposita dos mil quinientos, tres mil pesos a la semana. Y pues a mí me late un chingo la ropa de marca, esta playerita Adidas , mi pantalón Levi´s y mis tenicitos Nike ─se vuelve a levantar de la silla, se acerca a nosotros y nos enseña las etiquetas de sus prendas y guiñe un ojo cuando las terminamos de ver─. A mi morra la mantengo de ahí y de lo que saco de acá. Te digo que mi morra sabe qué pedo, por eso me extraña que se haya puesto a hacer sus desmadres.
─Ese cliente tuyo, que se dedica a la maña, ¿se ha intentado pasar de lanza contigo? ¿No te ha pedido cosas raras o extremas?
─No, carnal, ese compa la neta cuando está conmigo se vuelve una mujer. También se enculó . A todo me dice “sí, papá, lo que quieras”. A comer de lo chulo, puros cortes Angus . No los choreo, pa´ pronto le gusta traerme bien. Le gusta que sea su chacalón ─dice esto último con una sonrisa que muestra el orgullo de autonombrarse Chacal.
─ ¿Cómo dirías que es un Chacal?
─Un Chacal es un cabrón. Por ejemplo, las morras huelen, ─se sienta al filo de la silla y simula olfatear hacia el frente de él moviendo la cabeza─ la seguridad de uno y no quieren acá un Junior, quieren un wey recio, que no se deja. Uno no se hace menos frente a nadie. Es que la neta los compas que están ahí (en La Alameda) son “retibios”, ¿Qué te dije hace rato, carnal? Si te dedicas a esto no puedes andar escondiéndote. Me saque el paquete pa´ que viera la mercancía ¿o no? ─le dice a Julio─ aunque estaban los policías ¿qué no? A mí me vale, los policías saben que acá. Yo les paso su “chesquito”. Por eso me acerque a este compa y le dije “¿Qué, qué hay que hacer?”, brillándole el paquete y le dije “mira papito chulo” y el otro wey que estaba cerca de él hizo su cara de pendejo, ¡Mtzz, chinga tu madre, wey ! ¿Se vienen a prostituir o qué? ─todos reímos.
─No, pero ese era un conocido, es Ingeniero ─le aclara Julio entre las risas.
─Mtzz ¿Cómo va a ser ingeniero ese carnal? Yo soy chichifo y estoy mejor vestido que él, no ma… ─nos dice el “Chacal” mientras pasa su mano por su ropa para mostrarnosla, cruza la pierna, recarga su brazo en el respaldo de la silla y toma una postura relajada─. Yo tengo que verme chido, hago ejercicio. El vato de Monterrey me pide que ande a la línea que no me meta nada, me cuido un chingo la piel, traigo cuadritos, mira. Es que hay que estar bonito, papi. Así como me ves, un chingo de banda me tiene envidia, los chichifos de ahí de La Alameda me ven y dicen “aguas que ya viene el Puebla, ya valió verga”, sienten que les quito a sus clientes. Una vez me robaron una moto, yo digo que fue uno de los weyes de ahí.
─Oye, y ¿cómo se maneja el bisne en La Alameda? ¿les cobran piso? ─le pregunté.
─La neta sí, les cobran como trecientos pesos.
─Les cobran, ¿o sea que a ti no?
─No, la neta no, pues ese wey de Monterrey los paró de culo.
─¿Quiénes son los que les cobran piso? ─le pregunté.
─Unos weyes que siempre están ahí. Unos bien tatuados. Los weyes que veas ahí todos tatuados de los brazos, esos son los que cobran piso, son de la “warrior”. Pero esos weyes no son ni de “La Unión Tepito”, esos weyes no se meten en pedos, solo en su bisne . Estos cabrones andan ahí de culeros. Pero el vato de Monterrey si es pesado y llegó a decirles “ustedes qué, no se metan en pedos, dejen que los morros se den”. La neta si los paró en seco, ese wey, se rifó. Sí ha hecho bastantes cosas por mí ─nos dice esto último mientras vuelve a acaricia su vaso y baja la cabeza.
─¿Quieres más a tu morra o a ese wey ? ─le preguntó Julio.
─La neta a ese wey ─contestó sin titubear con una sonrisa y su rostro se pone colorado.
─Y si quieres un buen a ese wey ¿Por qué sigues en La Alameda? ¿Cómo llegaste ahí? ─le pregunté.
─Cuando llegué a la ciudad conocí a un señor que pues me reconoció, se dio cuenta que lo miraba “chacaleandolo”, que me latía, me invitó un helado y así… pues pa´pronto terminamos cogiendo, me invitó unos tenis y me dio una lana. Era un don que le encantaba la verga, seguido contrataba ahí, y me dijo que en La Alameda estaba el punto, pero que no me quería ver así. La neta le dije que no, pero pues ya me había dicho dónde estaba el bisne .
─Y ¿qué tal está el jale ahí en La Alameda?
─La neta está chido, sale de todo, a veces caen clientes buenos que te pagan chido. Hay días que no está tan bueno y algunos clientes sí quieren pagar poco. A mí la neta me late este trabajo, sale buena lana, la cotorreas y a veces hasta te regalan cosas. Además hay veces que van parejas, van weyes con sus morras a buscar quien les dé a los dos, no te creas, salen viejas bien chidas y pues yo contento. Imagínate carnal varo y placer, puta madre, estalla la bomba. Y la neta de ese lugar he sacado buenos clientes y buena lana. Muchas veces los conoces porque te llegan a contratar y después lo ves pasar con sus morras o hasta con la familia completa, acá te encuentras de todo. Es como en Aquiles Serdán, sabes que en el parque te vas a encontrar con la diversión de una u otra forma. Ya te la sabes ahí hay de todo. Para mí es mi fuente de trabajo, ahí está el punto donde saben que estamos los chichifos . También esta chidito para ir a dar la vuelta, sentarte con tu morra o cotorrear por ahí en los bares y cantinas de alrededor. La neta está chido ─se toma de un trago el chorro de cerveza que hay en su vaso y pide más.
Las caguamas están vacías, él lo nota y dice que ya estuvo bueno. La noche está llegando y la luz del atardecer es perfecta para las fotos. La sesión comienza y la hace sin pudor. Las indicaciones que se le dan para las posturas no son mayor problema. Jazmín le pide que se quite las prendas lentamente. Él sigue amable y participativo, pero se sabe el centro de atención y eso le llena de orgullo, mira la cámara como retándola, infla el pecho, comienza a sugerir: “toma cómo se me marca el abdomen”, Le pide a Jazmín que le tome unas fotos en la cama, “que se vean las luces”, vuelve a sugerir, la sesión fluye, el termina mostrándose tal y como es.
Foto por Jazmín López
Cuando terminan de tomar las fotos, el chacal comienza a vestirse. Le agradecemos la charla y la disponibilidad en todo momento, él dice que al contrario, que le gustaría encontrar más gente directa, “que hablen lo que es”, nos dice. ”La neta estuvieron chidas la chelas, me relajé, me gané un varito y estuvo chido que coincidiéramos. Cuando quieran ahí estoy, ya saben en qué parte de La Alameda nos podemos encontrar ”.
Al pensar en la actitud de Irving, mientras se realizaban las fotos, recuerdo un nuevo fragmento del texto de Monsiváis donde dice:
El chacal tiene por hábito, o eso da a entender, sentirse ampliado, deseado así nadie lo contemple. Tan es así que en sus recorridos por salón va incorporando el deseo ajeno a sus movimientos, se detiene para atesorar envíos lascivos, camina como requerido de más espacios para acomodar junto a su cuerpo las apetencias que desata. Eso pasa en las sociedades racistas: en diversos sectores, lo admitan o no, el prestigio sexual de lo nativo se acrecienta, porque es una rareza que sean mayoría o porque son como uno pero sin dinero. El chacal no mira para no regalar su mirada, pero se deja mirar para ascender en su autoestima.
Pienso que en el mural de Diego Rivera, también se encuentra la admiración por esa brecha de clases, que se mira la convivencia de los grandes personajes con los paseantes de rasgos indígenas que son la mayoría, entre los cuales vuelvo a imaginar que bien podría estar el chacal protagonista de la sesión fotográfica.
Los asistentes a la Alameda central somos todos muy distintos y convergemos, por distintas circunstancias, en un espacio que se vuelve uno de los lugares con una multiculturalidad formada justo por las diferencias de quienes asistimos al jardín más antiguo de México y de América. Poder platicar personalmente con un chacal, uno de los personajes que frecuentan ese sitio, me ayuda a conocer una más de las historias de la ciudad en la que vivo.
Autores
José Alberto Méndez Severiano, Estado de México (1986). Estudia la carrera de Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Participó en el compilado de minificciones "Mínimas perdurables" publicado en colaboración con la Secretaría de Cultura, también ha participado en la revista Cultura Urbana.
GangstaRap. Ilustración por Güerogüero.
“La cárcel, la muerte o el manicomio son el significado de los tres puntos de la vida loca; ese es el destino para la gente como nosotros”, dice Mr. Yosie Locote , rapero de Santa Cecilia, o Santa Chila (Guadalajara, Jalisco) en el documental Del respeto y la esquina (2016), dirigido por Rogelio Marcial Vázquez .
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Mr. Yosie Locote es un hombre de cuarenta años, alto, pelón, cholo, con los lentes puestos hacia atrás de la cabeza, señal de que es un bato pesado , y el barrio lo respalda. Alrededor de él, sentados en una escalinata, se encuentran otros veteranos de la pandilla “Florencia 13 ”, la cual radica en Santa Cecilia, una de las zonas más violentas de Guadalajara. Su origen, al igual que el de una buena parte de las pandillas latinoamericanas que usan el Sur 13 como marca distintiva, se remite a Estados Unidos. Usan el nombre de una pandilla fundada originalmente en Los Ángeles, California, en 1950, y cuya versión tapatía data de 1992.
Según El niño de Hollywood (Debate, 2018), escrito por los periodistas Juan José Martínez y Óscar Martínez, los sureños se iniciaron en las colonias más antañas del sur de California, donde los migrantes centroamericanos y mexicanos formaron grupos de resistencia para enfrentar a quienes los agredían. Sin embargo, no eran como los cholos de ahora; su modelo actual se impuso tras el paso de algunos de sus miembros por las cárceles de Estados Unidos. A partir de allí aprehendieron las raíces culturales de la Mexican Mafia : la imagen tumbada, el cabello a rape, los tatuajes y la violencia extrema como método de control. Después de la deportación de muchos de estos miembros, realizadas entre 1980 y 1990, existen cientos de pandillas sureñas en el mundo. Una de las más famosas es la Mara Salvatrucha , que ha perpetrado homicidios y otros crímenes a nivel internacional.
Mr. Yosie Locote habla de los principios que enarbolan los sureños. Si eres sureño, dice en el documental, se porta con orgullo el color azul, contrario al de los enemigos los norteños: el rojo; se “brinca por el barrio”, aunque la pandilla contraria los supere en cantidad o esté en riesgo la vida. Se tiene que apoyar a los homies que caen en las drogas y cambiarles a la fuerza el perico, el cristal o las pastillas por un “buen toque de mota”. Pero antes, el prospecto a integrante de la Florencia 13 de Santa Cecilia debe ser “brincado ”, es decir, golpeado por otros miembros de la pandilla durante 13 segundos, en un ritual que termina —si se defiende “con huevos”— en felicitaciones. “Así vemos si son buenos soldados”, aclara mientras muestra los tres puntos tatuados en su mano.
Mr. Yosie Locote se llamaba en realidad Ramón Conchas, nació el 20 de enero de 1976, en Guadalajara. Fue asesinado en 2018, dos años después del rodaje del documental. Su cuerpo apuñalado apareció en Tetlán Río Verde envuelto en un cobertor y con un supuesto mensaje que lo acusaba de apoyar a “El Cholo”, un exintegrante del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) que formó su propio grupo delictivo para controlar la venta de droga en la zona, el llamado Cártel Nueva Plaza . La muerte del rapero no fue confirmada por la Fiscalía del Estado de Jalisco, sino por sus conocidos en redes sociales.
El 19 de abril de 2018, en la cuenta oficial de Mr. Yosie, alguien identificado como “Picahieloz” escribió: “Que Descanses en Paz Carnal” junto con una fotografía que reflejaba el hábitat del rapero, los techos de Santa Cecilia, esa marea de casas bajas y adosadas que conforman una colonia con más de 25 mil habitantes , y donde Mr. Yosie apareció en sus canciones haciendo apología de la vida malandra.
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El crimen nunca fue aclarado, pero comenzó a dar pistas de un patrón: cinco meses antes del asesinato de Mr. Yosie, fue acribillado Néstor Michel Zaragoza, conocido como “The Crash Lokote “, de 26 años, quien perdió la vida luego de que sujetos a bordo de una camioneta le dispararon mientras convivía con cuatro hombres en la colonia Infonavit Estadio.
The Crash Lokote colaboró en 2017 con otro rapero de Santa Cecilia, Christian Omar Palma Gutiérrez , “QBA ”, actualmente de 26 años, quien sería condenado junto con miembros del CJNG por su presunta participación en el asesinato de tres estudiantes de cine , originarios de Jalisco. El hecho ocurrió el 19 de marzo de 2018.
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Y, durante octubre de 2019, fue asesinado otro representante del Gangsta rap , José Juan Montoya, “Panchas Psycho ”, sureño cercano a Mr. Yosie y con quien colaboró en la canción Guanatos Remix . La versión recabada por los medios —ya que una constante es la falta de versiones oficiales, como si se tratara de sujetos prescindibles— es que le dispararon dos jóvenes que se desplazaban en una motocicleta.
Cuando sucedieron los primeros casos, Enrique Alfaro era el presidente municipal de Guadalajara, y su actual antecesor, el priista Aristóteles Sandoval, ocupaba el cargo de gobernador del estado de Jalisco; en el periodo se registró la peor crisis de derechos humanos que ha vivido la entidad por las ejecuciones del narcotráfico .
“Si vives en la vida loca es lo que te vas a encontrar. O te van a matar, o te vas a quedar loco, o te vas a ir a la cárcel”, precisa Mr. Yosie en Del respeto y la esquina .
En sus últimos años de vida, Mr. Yosie Locote se volvió un referente del subgénero musical conocido como Oldies rap , que toma ritmos del soul y el rap creados en los Estados Unidos durante los años sesenta. Su estilo corresponde a la corriente old school mezclada con el Gangsta Style , que se basa en la resistencia chicana, la violencia, el pandillerismo explícito en videos, la cultura prehispánica y en retomar símbolos de la historia mexicana, como la Virgen de Guadalupe o los caudillos de la revolución, los cuales aparecen tatuados en el cuerpo de los raperos, o los exhiben en sus vestimentas.
A lo largo de diez años de carrera musical, Mr. Yosie produjo 8 álbumes: El Duke (2010), Riñas, fiestas y desmadres (2010), Trece reglas del barrio (2012), Florence Gangsters (2013), Greatest Hits (Florencia 13) (2013), Mi estilo es mexicano (2014), Mentes enfermas (2016) y El maestro de las rimas (2017).
https://www.youtube.com/watch?v=V3px3c3GWmk
Desde el inicio en 2009, cuando produjo su primer tema con Big House Record s, abordó las problemáticas del barrio: la violencia, el consumo de drogas y la nostalgia por los principios que fundamentan la ética de las pandillas. Más que narrar la decadencia, las letras de Mr. Yosie celebran la vida pandillera y muestran a estos grupos como una familia que no abandona a sus miembros ante la adversidad si se le corresponde con los sacrificios correctos. “La gente de aquí (Santa Cecilia) confía en nosotros y saben que cualquier pedo echamos el paro”, dice Mr. Yosie en el documental.
Cuando el Estado y las instituciones fallan, las pandillas surgen como un núcleo de resistencia. Integran a los marginales y a los débiles a través de un pacto de fidelidad que se marca con sangre y tinta y que, como dijo Mr. Yosie, tiene tres destinos.
Panchas Psycho, un “cholo macizo” que llegó a Europa
Antes de que en octubre de 2019 dos sujetos de entre 20 y 30 años lo acribillaran en la entrada de su domicilio, ubicado en la colonia Heliodoro Hernández Loza, de Guadalajara, Juan José Moya Martínez, “Panchas Psycho ”, llevó su estilo de Gangsta rap a varios países europeos y sus videos acumularon más de 4 millones de visitas en YouTube. Algunas de sus canciones más representativas son “Tinta en mi Piel ” (2014), “Madman ” (2017) y “México y sus culturas ” (2015).
https://www.youtube.com/watch?v=0lZXdRtBz98
Se caracterizó por un estilo agresivo, directo y poco lírico, muy diferente a las canciones compuestas por Mr. Yosie o QBA , quien incluso incorporó elementos del pop a sus letras.
Pelón, tumbado, con tatuajes hasta el cráneo, y con poco más de un metro sesenta de altura, Panchas Psycho encarnó la historia del “cholo macizo” a quien se le miraba con respeto en el barrio. De niño se forjó entre los sureños de Guadalajara y viajó a Estados Unidos de mojado, donde lo “brincaron” para ingresar a la pandilla y se dedicó a la venta de drogas duras hasta conseguir una posición acomodada.
“Yo empecé a robar (en Estados Unidos) y robando conocí a una persona que vendía mucha droga y comencé a trabajar para ella; luego conocí a uno que vendía armas (…) A uno le trabajaba armas, y a otro, droga. Ya después puse a los homies a vender y fuimos ganando mucho territorio”, cuenta Panchas Psycho en Del respeto y la esquina .
Lo deportaron, pero al poco tiempo regresó a Estados Unidos escondido bajo los asientos de una camioneta; sin embargo, cayó en la prisión de máxima seguridad Pelican Bay, en California, donde conoció a los “jefes de la Mexican Mafia ”, según expone en el testimonio recabado en el documental. “Ahí (en la cárcel) te tienes que mantener fuerte para la guerra”, agregó.
Aislado, Panchas comenzó a escribir e improvisar. Mientras miraba el amanecer desde una ventana diminuta, marcaba los ritmos golpeando la pared con la palma de la mano y practicaba sus versos. Narra que se rehabilitó luego de volverse adicto a las sustancias que comerciaba. Para ello le sirvió el ejercicio, la monotonía de la prisión, la disciplina, la expectativa de luchar contra otras pandillas carcelarias.
En sus videos, disponibles en línea, Panchas habla sobre lo más turbio de la vida callejera: aparece con armas, drogas, multitudes de pelones tumbados que exhiben el número 13 en sus jerseys . Casi siempre entra en los beats rapeando a doble tiempo sobre su vida marcada por la violencia.
Cuando salió de la cárcel y volvió a Guadalajara, no encontraba trabajo porque lo discriminaban por los tatuajes que cubrían la mayor parte de su cuerpo. Ante la falta de oportunidades, comenzó a cantar para mantener a sus tres hijas.
En el documental, Mr. Yosie Locote dice: “Ser cholo y tirar barrio no es cualquier cosa”. Y tiene razón. Los tatuajes, las marcas, la fidelidad al barrio, en la mayoría de los casos, son para siempre. Los definen frente a una sociedad que tiende por inercia al desprecio de lo otro .
“A la verga el gobierno y el sistema. Yo quise trabajar, hacerla por la buena, pero ellos empezaron a sacar un chingo de pretextos pendejos. ¡Cómo los detesto! Por eso me revelo contra el méndigo gobierno”, dice Panchas Psycho en la canción “Madman ” mientras una pistola se acerca a la cámara. Acto seguido, aparece sobre una mesa llena de porros y le inserta un cartucho a una metralleta. “En la calle los espero para armarles un infierno, que no apagan ni con todo el inverno”, advierte.
https://www.youtube.com/watch?v=3nkcUDw5DBM
Fue compañero de varios sureños que representaban al género Gangsta , como Mr. Yosie Locote. En 2016, Panchas aseguró en el documental que se encontraba tranquilo, que se había alejado de la vida de los malandros y, realmente feliz, se dedicaba de lleno a la música. “Ya hice de todo, entonces me respetan, no me piden nada”, dice en alusión a los miembros de las bandas sureñas. A través de la compañía discográfica Perú Music , lanzó el álbum Hip-Hop Rap una Via, el cual incluso le permitió viajar a Europa en 2015.
En YouTube hay un video en donde Panchas Psycho camina en el aeropuerto de Amsterdam poco antes de viajar a Alemania. Esconde los tatuajes del cráneo con un gorro y los del cuerpo con una chamarra. Ya en Berlín, el rapero mexicano contrasta con los alemanes gigantescos, más tatuados que él, con los que aparece afuera de un bar: improvisa y bebe una botella de Vodka directo del gollete mientras ensalza a los sureños, las pandillas de Guadalajara y la vida malandra.
Asimismo, le gustaban los rituales del dolor. Existen varios videos en los que el rapero hace suspensiones con ganchos que le atraviesan la piel del pecho y el estómago. Antes de desvanecerse, en el documental, grita al aire: “Dios mío, escúchame: te ofrezco mi dolor”.
De acuerdo con la declaración anónima de uno de sus amigos, recopilada por el diario Milenio -tras su muerte en 2019- en sus últimos años, Panchas “se la vivía con sus hijas, era buen compilla, era guerrero, no le temblaba ni nada al bato, pero para un manchado siempre hay otro manchado ¿verdad?”. Y añade: “La verdad no sé qué pedos tenía mi carnal, mi compa tenía tatuado el cráneo, todo el cuerpo, ese si era cholo y no chingaderas, no era cualquier pendejo”.
https://www.youtube.com/watch?v=jNPnXtFW_z4
A más de un año del asesinato de Panchas Psycho, la Fiscalía del Estado de Jalisco no ha establecido el móvil del crimen ni ha dado con el homicida. Su cuerpo fue velado en una funeraria ubicada en la avenida Artesanos en cruce con Circunvalación, cerca de donde residía. Solo se sabe que el asesinato se cometió por dos jóvenes vestidos con ropa negra, entre 30 y 20 años, en la calle privada Miguel María Martínez y Loza vela, cerca de las 13:00 horas. El “cholo macizo” que exportó su música a Europa recibió al menos tres impactos de bala que le arrebataron la vida.
“Es rapero y todo, viaja y todo, se fue a Europa, Alemania, a cantar, pero pues se lo fumaron”, comentó el amigo de Panchas.
GangstaRap. Ilustración por Güerogüero.
De letrista precoz a miembro del CJNG, un perfil de QBA
Sus amigos lo apodaban “negrito”, “malafachas”, “cuba”, “cubano”. A sus 20 años escribió canciones sobre el barrio de Santa Cecilia en una libreta desgastada. Sin embargo, su carrera musical inició en 2007, cuando apenas tenía 13 años y se reunía con un grupo de homies para improvisar.
Trabajó de albañil y mecánico, intercalaba sus empleos haciendo tatuajes con una máquina de mala calidad. Es alto, delgado; en su cuello y brazos sobresalen varias calaveras. Christian Omar Palma Gutiérrez (Guadalajara, 1994), “QBA ”, es uno de los raperos más jóvenes y conocidos del Gangsta rap, no solo en Guadalajara; sino en todo México y, tras los hechos ocurridos en marzo de 2018, probablemente del mundo.
Sus videos en YouTube acumulan millones de visitas. En canciones como “Me gusta caminar por el vecindario ” (2014), “Hay voces que me dicen ” (2016), “El infierno ” (2016) “El Mal querido ” (2017), “Si mañana no estoy ” (2017), “Descansen en paz ” (2016), el rapero abordó la realidad del barrio tapatío más violento del estado: sus historias versan sobre niños adictos al cristal que se curten entre las pandillas hasta volverse “macizos ”; también hablan del efecto que generan las drogas en el cerebro, la angustia y la incapacidad de eludir la violencia, así como las palabras que le dedicaría a sus seres queridos si algún día lo alcanzan las balas.
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“¿Para qué disparos? Baje su arma, baje tecla. ¿Para qué la violencia? ¿Para qué la delincuencia? La adolescencia está mirando lo que hacemos. Mejor venga a mi casa, lo invito y ahí vemos qué hacemos”, dice QBA en “Descansa en paz ”. El video está lleno de contrastes. Mientras el rapero aparece frente a un hombre amarrado de pies y manos, con el rostro envuelto en una playera manchada de sangre, habla de la violencia como si fuera una condena innecesaria pero, a su vez, inevitable. “Después de sacarle, la responsable, la que te da terror. Tampoco de contarles, y platicarles, gastarme otro renglón”, corea.
Tras producir algunos temas que subió a internet, QBA formó parte del sello independiente Aztlann . En el año 2015 firmó con el sello, también independiente, Sismo records , con el cual ganó fama tras la publicación del álbum Así es la vida .
A sus 23 años, el rapero se consagraba como un letrista precoz, con un gran talento musical y tres discos: Corazón de pobre (2015), Así es la vida (2016) y Descansen en paz (2017). A diferencia de los representantes del Oldies rap , QBA es más melodioso. Sus letras casi siempre hablan sobre una historia que encarna lo que para él significa “Santa Chila”.
Muchas de sus canciones se volvieron el escaparate de las notas incriminatorias que llegaron después.
Muchas de sus canciones se volvieron el escaparate de las notas incriminatorias que llegaron después.
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En abril de 2018 trascendió que el rapero había confesado su participación en el asesinato de tres estudiantes de cine originarios de Jalisco. Se trató de Javier Salomón Aceves, de 25 años; Jesús Daniel Díaz, de 20, y Marco Francisco García, de 20. Las versiones recabadas por los medios y las autoridades acusan que se trató de una confusión .
Cuando volvían de trabajar en un cortometraje en la casa de una tía de Salomón Aceves, ubicada en Tonalá, los jóvenes fueron interceptados por dos camionetas con hombres armados, quienes los sometieron luego de identificarse como elementos de la Fiscalía. En realidad, los alumnos de la Universidad de Medios Audiovisuales fueron secuestrados por miembros del CJNG. Los sicarios no los buscaban a ellos: la residencia donde grabaron era una casa de seguridad utilizada por el grupo delictivo antagónico al CJNG, el Cártel Nueva Plaza. De acuerdo con la versión de las autoridades, QBA y otro sujeto identificado como Gerardo “N”, ambos vinculados a proceso por el caso, dieron el “pitazo” a los sicarios.
El fiscal Raúl Sánchez Jiménez aclaró en una rueda de prensa que los estudiantes no tenían ninguna relación con los narcotraficantes y que su único error fue montar el rodaje en la propiedad equivocada. “No se encuentra acreditado ningún vínculo con algún cártel delictivo”, explicó entonces Ivette Torres , jefa de investigación de la Fiscalía.
Luego de pasar casi un mes desaparecidos, la Fiscalía expuso que “los restos humanos localizados con residuos químicos que se encontraban en una colonia de Rancho de la Cruz, en Tonalá, corresponden a los tres estudiantes de cine desaparecidos desde el pasado 19 de marzo de 2018”. Las investigaciones arrojaron que Salomón Aceves murió a causa de los golpes y la tortura perpetrada por los sicarios, mientras que Jesús Daniel y Marco Francisco fueron asesinados.
Detuvieron a QBA el 23 de marzo y difundieron que confesó su participación en los hechos y contribuyó a disolver los cuerpos en ácido sulfúrico. Los noticieros se llenaron de imágenes de los videos de QBA, envueltas en una retahíla de prejuicios y consignas contra las pandillas.
La versión de los medios es que un sujeto identificado como “El Cochi” dirigió la célula delictiva que detuvo a los estudiantes. Sin pruebas sólidas de la participación de QBA en el crimen, la confesión fue la base para incriminar al rapero. Él habría explicado que el 20 de marzo de 2019, un día después de la desaparición de los jóvenes, recibió una llamada de Gerardo Gónzalez (“El Cochi”), quien, luego de contratarlo para trabajar en un taller mecánico, le ofreció operar como sicario para el CJNG por un sueldo de tres mil pesos semanales. El Cochi ordenó en la llamada, hecha a las 3 de la mañana, “que habían trabajado” y que iban a “pozolear”.
En su testimonio, “El Cochi” sostuvo que QBA contribuyó a disolver los cuerpos. A las cinco de la mañana del día siguiente, el hombre llamó de nuevo al rapero y dijo que no se parara en Tonalá en unos días porque “la habían cagado”. QBA vio las noticias, reparó en las fotos de los desaparecidos y escapó a la playa Guayabitos, donde estuvo tres noches. Luego, detenido, corroboró que habrían confundido a Salomón Aceves por un miembro del Cártel Nueva Plaza, a quien tenían la orden de asesinar.
Más allá de los hechos por los que actualmente se encuentra recluido en el Penal de Puente Grande, Jalisco, y los juicios parciales emitidos sobre su imagen, QBA es el reflejo de una generación nacida en medio de la violencia, las drogas y la falta de oportunidades. Era un músico talentoso, cuya carrera se apagó por las mismas problemáticas que abordaba en sus canciones.
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Un texto escrito por el cineasta África Eleazar , quien siguió la vida del rapero durante el año 2014, refleja el lado humano de QBA.
“La historia de lucha de un joven por cumplir un sueño dentro de la música rodeado de un entorno complicado, se está convirtiendo en un verdadero cuento de horror, la realidad superó cualquier ficción, es increíble, va más allá de lo que cualquier ser humano podría imaginarse”, escribió luego de enterarse de su detención.
Asimismo, África Eleazar expone una de las constantes de la Fiscalía de Jalisco cuando se trata de condenar a los “malandros”: “La Fiscalía arrojó una investigación no finalizada, sustentada principalmente en declaratorias y evidencia científica no mostrada. En este punto espero que no solo a mí sino a cualquiera le llegue la duda, porque, según Amnistía internacional, en México no hay cuerpo de seguridad que no haya empleado la tortura , y no sólo en referencia a las víctimas, sino también con los presuntos implicados que son obligados a dar los testimonios más convenientes”.
En relación a los juicios emitidos por los medios sobre su música, el cineasta apuntó: “Su lírica violenta no provenía de sus acciones, como ahora los medios nos quieren hacer creer. Mientras grababa su primer disco de manera profesional, llamado Mala Vida , más de una vez en charlas me explicó sus canciones, él inventaba historias de ficción basándose en problemas ajenos y propios. (…) También tenía líricas donde se mostraba arrepentido de dejar que la vida pesara tanto y volverse adicto a las drogas y a la calle, como lo cuenta en el track Uno más ”.
Las fallas del Estado arrinconaron a QBA . Esta es una de las razones por las existen grupos delictivos que desaparecen estudiantes por “confusión”: son producto de un sistema institucional incapaz de hacerle frente a las problemáticas sociales o que simplemente las ignora por tratarse de “malandros”. Santa Celilia y sus altos índices de pandillerismo nos hablan de las vías a través de las cuales los marginados forman grupos de resistencia. Mientras, los representantes del Gangsta Rap tapatío no nos ofrecieron con su música una apología a la delincuencia, sino el documento vivo de su realidad.
https://www.youtube.com/watch?v=7Z7VXkQCU2M
Autores
(Mérida, Yuc., 1995). Periodista y narrador. Ha colaborado en medios impresos y digitales. Becario del PECDA en la especialidad en crónica (2023-2024). Ganador de premios estatales y nacionales. Fue seleccionado para cursar el taller Periodismo de Investigación auspiciado por la Casa Estudio Cien Años de Soledad-Fundación para las Letras Mexicanas; y el curso “Cartografías de la crónica contemporánea en América Latina” como parte de la Catédra Extracurricular Carlos Fuentes. Su trabajo se encuentra compilado en la antología Crónica 5 publicada por la UNAM.
Ilustrador
Güerogüero
Ilustrador egresado de la Licenciatura de Artes Visuales de la Universidad Autónoma de Querétaro. Se ha enfocado en la ilustración digital, la creación de GIFS, cómics y fazines. Su trabajo ha sido expuesto de manera colectiva en México, Canadá y Venezuela. Ha colaborado con distintos proyectos independientes y autogestivos, así como con distintas publicaciones editoriales y medios digitales.
Jorge Luis Borges en su oficina. Biblioteca Nacional Mariano Moreno, 1973. Extraída de Flickr.
Prólogo primero
Borges cambió para siempre la forma en que escribimos y leemos. Y sin embargo, Borges nunca escribió un texto de más de diez páginas. Borges leía microscópicamente, de forma miope, y sus textos son el resultado de un proceso de condensación conceptual. De los libros que iba leyendo, se robaba frases que luego insertaba en sus textos para resignificarlas. Con las citas y su erudición, pero también con su oído y la oralidad de la gauchesca construyó una forma literaria única. A falta de un mejor término, Borges se adhiere a lo que él llama “literatura fantástica”. En 1940, con uno de sus mejores textos, “Tlön Uqbar, Orbis Tertius”, incluido en la Antología de la literatura fantástica en 1940, el autor argentino revoluciona el género o, más bien, inventa una nueva forma de escribir y de leer: la ficción especulativa o literatura conceptual.
La ficción especula no sobre la realidad, sino sobre sus efectos en la realidad. Lejos del debate de si un texto es verdadero o falso, las ficciones borgeanas operan de forma autónoma y se elaboran en la brecha entre la erudición enciclopédica y las fórmulas de los géneros populares que se repiten. Borges expande los espacios de acumulación de lo que ya existe y así, con sus objetos textuales microscópicos llenos de paradojas, irrumpe en la literatura universal como nunca nadie lo había hecho.
Prólogo del origen verdadero
Todo origen se construye como una teoría, hipótesis o conjetura. La teoría del origen de una amistad es donde surge un proyecto literario. Geraldine y yo somos Macedonio y Borges. Ella cuenta anécdotas y en una conversación puede elaborar las ideas más complejas de la manera más sucinta posible, con un ejemplo que lo deja todo clarísimo. Yo no hablo mucho pero absorbo lo dicho para después elaborarlo de forma escrita. A ella le cuesta mucho escribir, lo hace a cuentagotas. Yo escribo con facilidad, lleno cuadernos enteros. Pero mis mejores ideas surgen en conversación con ella y vienen de sus intuiciones que después yo plagio para continuarlas, darles otro aliento y espacio. Este mismo texto está plagado de falsificaciones y fabricaciones.
Prólogo del origen falso
En su prólogo a Macedonio Fernández , publicado en 1961, Borges cuenta que Macedonio Fernández, su viejo amigo, no le daba valor a la palabra escrita y que cuando se mudaba de casa no se llevaba sus manuscritos, sino que los iba dejando en los armarios. También cuenta anécdotas sobre su mentor, “un hombre mágico”, sobre sus dichos y hasta sobre los alfajores viejos que guardaba debajo de su cama. Geraldine dice que la biografía imposible de Macedonio es la anécdota por excelencia. Tras la muerte de Macedonio, sus amigos, entre los cuales estaba Borges, propagan el mito del autor que intentó insertar ficciones en la realidad. Borges es un maestro de la trama y con pocas palabras logra capturar los gestos fundamentales, acaso ficticios, de la vida de su amigo. En adelante, lo que escribe Borges es la condensación perfecta de los gestos macedonianos en forma de una “biografía de la eternidad”. Borges encausa a Macedonio y su acto fundacional: no se trata de que la ficción imite o refleje a la realidad, como querían los buenos realistas o los vendedores de espejos, sino de insertar la ficción en la realidad y ver cómo actúa y dónde la buscamos. Vivimos en un universo plagado de ficciones y eso es lo que Borges y Macedonio nos hacen ver. La ficción no es ni verdadera ni falsa y esa doble refutación es su forma de operar.
Prólogo del precursor
Borges admite que admira tanto a Macedonio que lo imita y lo plagia en su propia obra. Y, en efecto, muchas de las maniobras literarias que luego Borges perfecciona son absolutamente macedonianas. Macedonio Fernández fue un escritor conceptual radical que publicó poco en vida, aunque su obra fue muy vasta. Su proyecto más famoso es el de las novelas gemelas, Adriana Buenos Aires (Última novela mala) y Museo de la Novela de la Eterna (Primera novela buena) . Con su usual sentido del humor, Macedonio dice haber escrito estas novelas de manera simultánea: “escribía por día una página de cada, y no sabía tal página a cuál correspondía; nada me auxiliaba porque la numeración era la misma, la calidad de papel y tinta, igual la calidad de ideas”. Aunque le añadió el epíteto de mala a su última novela y de buena a la primera, su idea es que juntas funcionan como un programa pedagógico.
Macedonio usa su última novela mala como un ejemplo que denuncia la decepción de ciertas prácticas de representación y propone en su primer novela la inserción del arte en la realidad. Adriana Buenos Aires , epítome de la novela realista, nos muestra un mal ejemplo de cómo el lector se puede perder en la trama de la novela y le presta toda su atención a asuntos triviales, romanticos y efímeros. Para Macedonio, la “continuidad de mentira es la dignidad del Arte de la novela”. En contraste, Museo de la Novela de la Eterna es una obra maestra de cómo escribir una novela sin novela que constantemente se interrumpe y nunca llega a comenzar y que busca una “conmoción total de la conciencia”. Es una novela compuesta casi enteramente de prólogos y una sección de la “novela” en donde no sucede nada y se pospone la acción.
De Macedonio, Borges toma su manera única de insertar formas de pensar dentro de la trama, su sintaxis oral y en ocasiones anticuada, y la manera en que reiteradamente juega con su metafísica en contraste con la ficción. Toma también a Macedonio mismo y a su mito como parte fundacional de su obra, su precursor, para transformar su carácter memorable en anécdotas. Dice Borges: “Para mostrar a Macedonio no he hallado mejor medio que las anécdotas, pero éstas, cuando son memorables, tienen la desventaja de convertir a su protagonista en un ente mecánico, que infinitamente repite el mismo epigrama, ahora clásico, o tiene la misma salida. Otra cosa fueron los dichos de Macedonio, imprevisiblemente agregados a la realidad y enriqueciéndola y asombrándola.”
Prólogo de la amistad
Tuvimos momentos difíciles en la amistad, pero pese a todo continuó. Lo que escribo es testamento de ello. Tengo un documento lleno de “cosas que dice Geraldine”. Entre otras, hay aforismos metafísicos o simples anécdotas como estas: “buscando un efecto de lo que ya no es causa” (20 de Octubre, 2013) o “pero en Guate conoció a este hombre, con el que se casó, que era más que pobre y pues todo lo demás fue solo tristeza”. Preservo su oralidad y genio en estas notas para capturar la anécdota en mi entramado. Soy su Borges, capturando su vida y propagando rumores acerca de su persona y sus dichos, que enriquecen y asombran a la realidad.
Prólogo del novelista que no fue
En Respiración artificial , Ricardo Piglia declara de forma provocadora que Borges clausura el siglo XIX y Roberto Arlt inaugura el siglo XX. En “Borges novelista”, Juan José Saer juega con el hecho de que Borges jamás escribió una novela y muchas veces declaró no tener ningún complejo de inferioridad ni vergüenza por no haberlo hecho. Es posible que, para Borges, Macedonio Fernández clausuró el género de la novela con su proyecto de las novelas gemelas. En la obra de Borges se condensa de forma muy precisa la teoría de la narración macedoniana: un rechazo del aconcecimiento, de la causalidad natural y de la inteligilibilidad histórica. El ensayo de Saer concluye de forma contundente en ese sentido: “Si las novelas del siglo XX no son novelescas, y si Borges no ha escrito novelas, es porque Borges piensa, y toda su obra lo demuestra, que la única manera para un escritor en el siglo XX de ser novelista, consiste en no escribir novelas”.
Prólogo al nacimiento
Jorge Luis Borges nació un 24 de Agosto de 1899. Y sin embargo, me es difícil imaginarlo como un recién nacido. Borges siempre es viejo, siempre está en blanco y negro; habla de forma pausada y buscando con calma las palabras que se le escapan. Borges nació con la Enciclopedia Británica en sus anaqueles y con el habla del Río de la Plata en el aire. La erudición, que necesita tiempo, es la sintaxis de Borges, su forma de narrar: conecta los elementos dispersos de las series o listas que trama en sus historias o ensayos. Y sin embargo, todo texto de Borges nos deja la sensación de que hay algo más allá de lo dicho, más allá del tiempo y la identidad, quizás la mera felicidad: “El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también. Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos o un caos azaroso. Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo. Nunca daremos con el hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla felicidad” (Jorge Luis Borges, “El hilo de la fábula”).
Prólogo del lector
Borges plagió a Macedonio y con ello inventó una nueva forma de escribir y, sobre todo, de leer. El nacimiento de Borges se celebra en la Argentina como el día del lector y es que, antes que nada, Borges fue un lector agudísimo, microscópico, obsesivo. Los cuentos de Ficciones y El Aleph son insuperables y cambiaron radicalmente la forma en que leemos y escirbimos en América Latina. Si Macedonio conceptualizó al “lector salteado”, que entra y sale de la obra a su antojo, Borges conceptualizó a un “lector comprometido con el pensamiento” que va por la trama y se deja sorprender por la cadencia y sigue buscando el hilo perdido que solo encontrará en un acto de fe.
Autores
(Ciudad de México, 1989), doctora en literatura latinoamericana por Cornell University. Psicoanalista en formación. Ha publicado múltiples textos académicos y crónicas en revistas nacionales e internacionales. Su libro
Curaçao: costa de cemento pueblo de prisión (FETA: 2019) fue ganador del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2019.
Bradbury. Ilustración por Richard Zela.
Por el cosquilleo que siento en mis pulgares, en la punta de mis dedos, sé que algo extraño y retorcido se aproxima. La rareza, llena de asombro y oscuridad, pero principalmente de nostalgia; va y viene por el aire de otoño.
Esa extrañeza se esconde en las profundidades marítimas, esperando por millones de años el sonido espectral de una llamada; controvertida, bajo el ruido de un trueno que todo lo confunde; conmovida, como una mujer que ve a su esposo construir un cohete falso para llevar a sus hijos al viaje de sus vidas.
Ray Bradbury (1920-2012) nació el 22 de agosto de 1920, en Waukegan, Illinois, un pueblo de la América Profunda donde los prejuicios raciales, la ignorancia y la depresión hacían mella.
Los años que siguieron en la historia del gran fantasista, convirtieron su vida -la de un escritor que buscaba el pan en las revistas Pulp – en una carrera como autor de revistas más serias, como la publicación Mademoiselle (revista americana fundad en 1935), en la que un joven caricaturista del New Yorker , el casi desconocido Charles Addams , creador de la famosísima familia Addams , ilustró lo que terminaría siendo una de las obras más personales de Bradbury: De la ceniza volverás (2001). Lo que siguió después de esas primeras publicaciones terminó por convertirlo en uno de los grandes clásicos norteamericanos del siglo XX.
Se han dicho demasiadas cosas de Bradbury. Yo no estoy aquí para decir algo nuevo, sino para sumar a esa marejada de autores que elogian, con toda justicia, la obra bradburyana, un texto más, una aspiración al sueño de aquel hombre que trascendió la oscuridad, la fantasía y el miedo; incluso ese temor a la bomba nuclear, a los soviéticos, del que habla Stephen King en Danza macabra (1981), y que parece tejer para siempre el aura que pendía sobre las cabezas de los norteamericanos durante años. El temor a la guerra nuclear, hasta a la destrucción de la humanidad, puede notarse en la literatura de Bradbury y en la de contemporáneos suyos; hay películas que así lo atestiguan.
Bradbury se hizo famoso siguiendo la estela de la Weird Tales , aunque nunca se convirtió en un escritor al estilo de H.P. Lovecraft , Clark Ashton Smith , y por suerte tampoco en un August Derleth . En Unutterable Horror V. 2 (2014), S.T. Joshi se sorprende de la cualidad especial de Bradbury, quien, a pesar de elogiar a los autores ya mencionados, escribe una obra que nada tiene que ver con los mundos de Los Mitos de Cthulhu , o con los universos de Clark Ashton Smith, que reunió Lin Carter para Ballantine Books en tres tomos: Zothique (1970), Hyperborea (1971) y Xiccarph (1972).
La construcción imaginativa de Bradbury posee un muy especial espíritu otoñal y melancólico que terminó por florecer en la idílica e imaginaria Green Town .
Los cuentos de Dark Carnival (1947), que pueden ser leídos en la versión extendida y revisada: El país de octubre (1955), fueron publicados por August Derleth en la ya mítica editorial Arkham House . Bradbury, de esta manera, se daba a conocer al mundo como un gran nombre en la literatura de terror, pero ¿lo era realmente? Cuando uno escucha la palabra, ese apellido, Bradbury, que suena como a trueno o a sándwich con queso y pepinillos (muy americano), le viene a la cabeza las naves espaciales, principalmente los cohetes, o quizá un hombre con una manguera en las manos, expeliendo fuego en lugar de agua.
Para los más entendidos o curiosos, Bradbury remitirá a un hombre atiborrado de tatuajes que cuenta historias imposibles sobre lluvias infinitas y viajes a planetas no tan lejanos a la Tierra; también a carnavales que abundan por ahí para contarnos narraciones del tiempo. De igual forma, por supuesto, habrá dinosaurios que provocarán desajustes en la línea espacio-temporal que conocemos.
El hombre de Illinois no fue una voz de la narrativa de terror, y nada más. Ni siquiera podría afirmar que fue un pionero de la ciencia ficción únicamente, pues aunque los cohetes, las videollamadas (que en esta temporada de pandemia nos parecen de lo más normal) y las máquinas espeluznantes, estén en su cabeza y en las hojas de sus libros; también podría decirse que fue un gran escritor. Haber logrado algo así no es poca cosa.
A la manera de Le Guin , podríamos creer que la obra de Bradbury merece estar junto a la de cualquier otro autor cuyo apellido empiece con la letra B. Pasando por Honoré de Balzac , Charles Baudelaire , Samuel Beckett , o Saul Bellow . La literatura de subgénero tiende a seguir ciertas pautas que la “encuadran” en determinado estilo: los detectives, para la narrativa policíaca; el romance complicado, para la novela rosa. Sin embargo, autores que escriben dentro de un espacio que muchas veces reniega de la mimesis, no olvidan las grandes preguntas filosóficas de la literatura ni el estilo de la prosa. Aquí un ejemplo bradburyano:
“El roce de una mano, y este fuego se volvería maravillosamente, y en un instante, sobre sí mismo. Eckels recordó las palabras de los anuncios en la carta. De las brasas y cenizas, del polvo y los carbones, como doradas salamandras, saltarán los viejos años, los verdes años…”
Por supuesto, esta es una traducción y un pequeño ejemplo de la difícil transición entre la prosa inglesa de Bradbury al español, como lo es también la de tantos escritores, de Virginia Woolf a Lovecraft.
Sin embargo, el punto, y si se quiere leer en inglés este será refrendado, es que el autor de Illinois no buscaba tan solo la literatura espectral, el aullido, la sangre, el tentáculo. Le importaba poco la basura efectista, lo que buscaba era la poesía, el uso complejo del lenguaje, hasta los juegos con los significados de los nombres de sus protagonistas. Además, la profundidad y el significado de sus historias, desde La feria de las tinieblas (1962), hasta Fahrenheit 451 (2009), se manifiesta como una búsqueda personal, una reflexión que convierte su literatura en una posibilidad de atisbar el alma humana.
Lovecraft, en El horror en la literatura sobrenatural (publicado en 1927, y luego revisado y expandido en la edición de 1934), habla de la importancia del ejercicio literario incluso en las obras populares. Para él, era importante la calidad en la prosa, no solo el efectismo de las historias. Bradbury, como Lovecraft, también buscaba hacer literatura, no solo diversiones populares.
Bien podemos imaginarnos a un Bradbury niño, girando en sentido inverso sobre un carrusel, con la Marcha Fúnebre siendo tocada al revés, convirtiéndose en ese infante aterido de frío y gusto y miedo, en una tarde otoñal, frente al desfile de los muertos, junto a los niños que avanzan para pedir dulces o amenazar entonces con una jugarreta. Bradbury en un día de verano, esperando ansioso la llegada de la feria, el olor de los algodones de azúcar, de las palomitas de maíz, de la bosta de caballo, de elefante.
Gran parte del imaginario del autor permite enfocarnos en un punto distante de la narrativa americana, donde mitos fundacionales que permearán en la cultura occidental están naciendo. No es casualidad recordar Eso (1986), de Stephen King, cuando se revisa La feria de las tinieblas (1962), porque su aura, sus temas y obsesiones, harán mella en los escritores tanto de ciencia ficción como de cualquier otro género (incluso de aquellos que no llevan género en sus cuentos o novelas).
Bradbury es regularmente emparejado con Richard Matheson , otro de los fantasistas que parecieron fundar una época, la literatura especulativa y extraña de mediados de los años 50. Esa generación publicó durante la época más imaginativa de la Guerra Fría . A veces se olvidan de mencionar a una escritora igual de trascendente como Bradbury: Shirley Jackson , una autora tan interesante e inconmensurable como Matheson o Bradbury, aunque su estilo se enfocara en las oscuridades íntimas de la mente, de lo que ocurre en la cocina o en la alcoba.
Como hizo Shirley Jackson con su exploración de lo que se llamó “Domestic Chaos ”, Bradbury también revisita las casas de las familias americanas, de personas que tratan de asistir a sus propias vidas con la frente en alto y con los ideales aún incorruptos de ese “American Dream ”, y que aun así se hacen preguntas, muchas de ellas incómodas, sobre el tiempo, la muerte, o el otro.
En Crónicas marcianas (1946), Bradbury se hace una pregunta incómoda (muchísimas, en realidad): ¿qué pasaría si los negros abandonaran el país, y no solo el país, el mundo? En el relato “Un camino a través del aire”, expone las heridas abiertas de los prejuicios, del racismo de una sociedad clasemediera que vive su día a día sin preocuparse de su entorno, de lo que ocurre en el mundo. Pueblos en los que nunca pasa nada, donde las mujeres visten de acuerdo a las normas y hacen lo que deben de hacer; lugares en los que la religión permea en la vida de los hombres, donde la violencia soterrada y el machismo siempre imperante se mantiene bajo la carne de los sujetos. Ahí, en esas colonias, Bradbury plantea cuestiones complejas, sentimientos que se exacerban en la imposibilidad aparente de un viaje a Marte.
En su libro de cuentos lo importante nunca es el Planeta Rojo , sino la soledad, los sueños y la certeza de la muerte. Para un lector que desconozca por completo la obra del autor de Illinois, descubrir Crónicas marcianas conllevará a muchas sensaciones, algunas de ellas contradictorias. No es un libro sobre conquista, sobre la fundación de una civilización, sino sobre los sueños, las fantasías y los temores de la gente común, de quienes en ocasiones levantan la mirada y sienten el “calor” de las estrellas.
Es un mundo salvaje el de Bradbury, pero no es uno imaginario. Cuando la población negra se va de ese pueblo de Illinois, en el cuento mencionado, un hombre pretende asustarlos para que no se vayan, incluso juega una mala treta a un joven que trabajaba para él. No lo dejará partir hasta que le pague lo que le debe. El miedo se percibe en el aire, pero no es el del chico, sino el de aquel hombre que ve su mundo derrumbarse. Los otros se van allá arriba, “al cielo”. ¿Y qué le dejan, dónde? La nación triste, la sociedad conformista, temerosa, incluso racista: el infierno. Ellos escapan, ¿es eso justo? Junto con él, sentimos un escalofrío muy humano recorrer nuestra piel.
Ilustración por Richard Zela.
El otro, ¿quién es el otro para Bradbury? Siguiendo la idea de Mijaíl Bajtín sobre la otredad, leo Crónicas marcianas o Fahrenheit 451 buscando al enemigo. La época podría hablarnos de ellos: los soviéticos. ¿Dónde están? Suele entenderse el tema recurrente de la invasión de los marcianos (el planeta rojo, de los rojos) o de cualquier otro planeta, como una forma de externalización del miedo hacia la URSS y los enfrentamientos con armas atómicas.
Basta ver el cine de aquellos años y analizar una película como The day the Earth stood still (1951) para comprender ese miedo, esa histeria de la que habla King en Danza Macabra al narrar cómo un día, en el cine, todos se paralizaron cuando la función se detuvo para que el dueño del recinto les hiciera un anuncio tremebundo: los soviéticos habían alcanzado el espacio, el Sputnik estaba sobre ellos. No imagino un evento más terrorífico que aquel: un niño blanco, estadounidense, nacido poco antes de los años 50, se entera de que no han sus compatriotas quienes alcanzaron el espacio, sino sus enemigos. En la mente de King, de muchos de esos niños, la Guerra Nuclear nunca estuvo tan cerca. Quizá un evento que podría superar esa sensación de inseguridad y terror fue el incidente del 9/11 .
Stephen King comprendía que ese evento marcaba a toda una sociedad, la más influyente en siglos, y Bradbury sabía que esa misma importancia, tal impronta mental, no podía ser eludida. Sin embargo, la paranoia hacia “el otro” en Bradbury, puede explicarse de una manera distinta. No es el racismo que exhibió, por ejemplo, Lovecraft (durante una temporada, y que tampoco era un asunto extraño para la sociedad de la época), tampoco la xenofobia; sino la introspección cuidada, profunda, hacia el corazón de lo humano. Tenemos miedo, terror de nosotros mismos.
Cuando las bombas caen en Crónicas marcianas, o en algún otro de los cuentos de El hombre ilustrado (1951), o de Las manzanas doradas al sol (1953), viene la muerte, el olvido, pero nunca el enemigo; tampoco puede entenderse qué tipo de villano ha sido el causante. La pregunta escondida se revela: ¿acaso habremos sido nosotros? Cuando Montag, en Fahrenheit 451 , empieza a liberarse de su prisión mental y acude al viejo profesor de alguna de las “terribles” materias prohibidas -todas aquellas que necesitaban libros-, la duda empieza a cundir en su mente. ¿De quién son aquellos bombarderos? ¿Dónde ocurre la batalla? ¿Qué es la guerra? Y el lector quizá haga el mismo cuestionamiento. ¿Será un invento de la televisión para mantener arriba el sentimiento patriótico, la paz?
El fuego sí que aparece, no como una amenaza velada al estilo El desierto de los tártaros (1940), de Dino Buzzati ; sino como una presencia insidiosa que incluso termina por borrar del mapa a una civilización. El renacimiento de la cultura emana de las cenizas, de las tumbas y las hogueras aún encendidas. Irónico, Montag entiende que se buscaba quemar los libros para acallar los pensamientos de la sociedad, de las personas, pero son las flamas las que acaban con ellos también. Y lo que queda no es lo material, sino el conocimiento, la frase recordada, la memoria.
A cien años de Ray Bradbury, podemos estar seguros de que su obra no ha sido olvidada. Quizá, como anuncia S.T. Joshi, el trabajo más relevante del escritor de Illinois esté centrado en las décadas de los 50 y 60. Sin embargo, nunca dejó de escribir, ni siquiera se olvidó de explorar otros intereses como la poesía, o la novela de misterio. Su prosa, siempre contundente como el galope de un semental, entrevera cada uno de sus cuentos, novelas y obras de teatro. Puede verse incluso en el guion que realizó para John Huston , haciéndose cargo de Moby Dick (1956).
No había distinciones para Bradbury ni rigurosidad en los géneros. La ciencia ficción dura nunca pareció importarle, pues no era el artefacto, la nave espacial sofisticada, la terraformación, los ejércitos, las fórmulas engañosas del tiempo. Era la especulación: ¿Qué pasaría si…?, Bradbury lo anuncia en la introducción de El hombre ilustrado . En realidad, lo que hace Raymond Douglas Bradbury es escribir . Y eso, lo tenemos muy claro, le ha dado el estatus de inmortal. De cierta forma lo ha logrado. No está muerto, nunca lo estará.
Como apunte final, quisiera decir que la obra bradburyana resulta especialmente importante para los lectores mexicanos, a pesar de las traducciones españolas, de la lectura en inglés, y de la condición “norteamericana” del autor. México siempre fue importante para él, y se nota, especialmente en obras como El árbol de las brujas (1972), o el seminal El país de octubre (1955). Lo mexicano aparece retratado en la forma del pueblo, a la manera de la visión hollywoodense, pero esa aparente simpleza simbólica (y quizá prejuiciosa) termina por dar paso al deslumbre.
En el relato “El siguiente en la fila” una pareja madura hace un viaje al lugar de las momias, a Guanajuato, que se muestra como un pueblo de nada, un villorrio de gente morena que nunca se despierta temprano y que de cierta manera peculiar adora a la muerte. La visión racista no falta, la mujer parece horrorizada, el país se mete en sus huesos y quiere sacárselos. La protagonista quiere huir de ahí, no soporta la idea de convertirse en un muerto en esta nación bárbara, una momia norteamericana en Guanajuato. Y trata, bajo todos los medios de escaparse. Nuevamente, es la ironía la que golpea con más fuerza.
México también aparece en el libro perfecto para el Halloween , y también para Día de Muertos : El árbol de las brujas , pues ahí, un grupo de niños disfrazados exploran las tradiciones que honran a los muertos, desde el Antiguo Egipto hasta México; la última parada fue Michoacán, donde el lago de Pátzcuaro hace presencia con todo su colorido, en el día más especial para los difuntos, en una de las celebraciones más folklóricas y vistosas del país. Bradbury parece alucinado, y nosotros también, pues sus personajes terminan abrazando al otro, no lo rechazan. “Su día de muertos es mejor que el nuestro”, dice uno de los niños, y esa melancolía infantil queda reverberando en el aire, junto con el sonido de la guitarra, o quizá con el cantar de alguna de nuestras tonadas seminales, “La llorona”.
Bradbury es el país de octubre, el del otoño y, principalmente, es el de la melancolía. Los dorados siempre son resplandecientes en su narrativa poética de sueños en la infancia, marcianos y venusinos. Todo eso, la proximidad de la muerte, el aceptar la condición transitoria, hace que después de terminar un libro del gran, gran Ray Bradbury, uno sonría y descubra que, después de todo, la muerte nunca ha estado del todo ausente.
Afuera, el aroma de las hojas caídas, del dulce de calabaza y chilacayote, aún puede percibirse, mientras nosotros miramos nuestros huesos y recordamos siempre a los muertos, incluido él, que ahora en Green Town, Illinois, canta Beautiful Ohio.
Autores
(Tlaxcala, 1988) es egresado de la licenciatura en relaciones internacionales de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (upaep). Ha colaborado en medios físicos y digitales como
Ágora ,
Letrarte y
Momento . Parte de su obra se incluye en las antologías
Seamos Insolentes (2011) y Sampler (2014). Ha sido becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA; 2013, 2018), del Fondo para la Cultura y las Artes (Fonca, 2016) y de Interfaz (2018). Asimismo, obtuvo el Premio Estatal Dolores Castro de Poesía 2016, el Premio Tlaxcala de Narrativa 2017 y una mención honorífica en el XXXIV Premio Nacional de Cuento Fantástico y de Ciencia Ficción (2018).
Ilustrador
Richard Zela
Ilustrador y narrador gráfico, nacido en la ciudad de México. Estudió diseño y comunicación visual en la ENAP. Ha recibido varios reconocimientos por su trabajo, como: Seleccionado en la beca de Jóvenes Creadores del FONCA, periodo 2012-2013 y 2017-2018 en la categoría de narrativa gráfica, Primer lugar en el 20º Catálogo de Ilustradores de la FILIJ, mención honorífica en el 16º catálogo de ilustradores de FILIJ, seleccionado en 18º Spectrum: The Best in Contemporary Fantastic Art, seleccionado en el Catálogo Expose 11 de Ballistic Publishing. Zezolla, su primer álbum ilustrado fue seleccionado para representar a México en la Bienal de Bratislava y es parte de la lista de honor de IBBY en la categoría de mejor propuesta de ilustración en 2015.
Patio de ‘agitados’ del antiguo Manicomio de Santa Isabel. Grabado publicado por “La Ilustración Española y Americana”. Extraída de Wikimedia Commons.
Capítulo XII
Deambulando con lunáticos
Nunca olvidaré mi primer paseo. Una vez que todas las pacientes se habían puesto sus sombreros de paja blancos, a la usanza de los bañistas en Coney Island, no pude evitar reírme de su apariencia cómica. No podía ni siquiera distinguir a una mujer de otra. Perdí a la Srta. Neville y tuve que quitarme mi sombrero para buscarla. Cuando nos encontramos, volvimos a ponernos nuestros sombreros y nos reímos la una de la otra. Nos formamos en línea de dos en dos y salimos a la banqueta por una vía trasera, vigiladas de cerca por los cuidadores.
No habíamos avanzado gran cosa cuando vi, apareciendo por todos los caminos, filas enormes de mujeres vigiladas por enfermeras. ¡Estaban por doquier! A donde sea que mirara podía verlas marchando lentamente en sus extravagantes vestidos, cómicos sombreros de paja y chales. La vista de aquellas filas pasando una tras otra, me hizo estremecerme de horror. Unos ojos ausentes adornaban sus caras indescifrables, y sus lenguas proferían una maraña de sinsentido. Un grupo pasó a mi lado y tanto mi nariz como mis ojos, me confirmaron que estaban terriblemente sucios.
—¿Quiénes son? —pregunté a un paciente cerca de mí.
—Los consideran los más violentos de la isla —contestó—, son de la Cabaña, el primer edificio de los escalones altos —algunos estaban gritando, algunos maldiciendo y otros tantos cantando, rezando o predicando, según les diera la gana; y juntos, formaban el más miserable ejemplo de humanidad que jamás haya visto. Mientras su estrepitoso andar se disipaba a la distancia, llegó otro espectáculo que jamás olvidaré:
Una cuerda larga atada a unos grandes cinturones blancos que estaban asegurados a las cinturas de cincuenta y dos mujeres. Al final de la cuerda había una carreta pesada de hierro, y dentro de esta, dos mujeres; una cuidándose el pie herido y la otra gritando a la enfermera: “Me golpeas y nunca lo olvidaré. Lo que quieres es matarme” y luego se ponía a sollozar. Las mujeres “en la cuerda”, como las pacientes lo llaman, estaban ocupadas en sus extravagancias particulares. Algunas gritaban todo el tiempo. Una que tenía ojos azules me atrapó observándola, se dio la media vuelta y se desvió tan lejos como pudo, parloteando y sonriendo, con esa apariencia espeluznante y terrible estampada en su rostro. Los doctores bien podrían juzgar su caso sin temor a equivocarse. El horror de ese episodio para alguien que nunca había estado cerca de una persona loca antes, era algo verdaderamente indescriptible.
—¡Que Dios se apiade de ellas! —susurró la Srta. Neville— No soporto mirar algo tan espantoso.
Y así continuaron con su procesión, solo para ser reemplazadas por más filas de mujeres. ¿Se puede concebir una cosa semejante? Según uno de los médicos, hay unas mil seiscientas mujeres en la Isla de Blackwell.
¡Demencia! ¿Qué puede ser más terrible que esto? Mi corazón se llenó de lástima cuando ví a una mujer anciana de cabello canoso, hablándole al aire sin propósito alguno. Una mujer tenía puesta una camisa de fuerza y otras dos mujeres tenían que traerla a rastras. Lisiadas, ciegas, viejas, jóvenes, modestas y bonitas; una masa de humanidad informe y absurda. Ningún destino podría ser peor que este.
Miré los bellos prados, que en algún punto imaginé como un lugar de consuelo y descanso para las pobres criaturas confinadas a la Isla, y me reí de mi propia ingenuidad. ¿Qué tanto podrían disfrutar un lugar así? No se les permite pisar el césped; tan solo existe para observarlo. Vi a algunas pacientes emocionadas recogiendo con mucho cuidado una nuez u hoja colorida que había aterrizado en el camino. Pero no les permitían quedársela. Las enfermeras siempre las obligaban a tirar el único consuelo de Dios que les quedaba.
Mientras pasaba un pabellón pequeño, donde mantenían encerradas a un montón de lunáticas desamparadas, leí una consigna en la pared, “Mientras viva, tengo esperanza”. Lo absurdo de aquella situación me golpeó repentinamente. Me hubiera gustado colocar un letrero sobre las puertas de entrada al manicomio: “¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”.
Durante la caminata me molestó la gran cantidad de enfermeras que habían oído mi historia romántica, llamando a los cuidadores a mi cargo para preguntarles quién era yo. Me señalaban constantemente.
No tardó en llegar la hora de la cena y tenía tanta hambre que sentí que podía comerme cualquier cosa. El mismo cuento viejo de esperar tres cuartos de hora en el pasillo se repitió antes de que nos sentáramos frente a nuestra cena. Los cuencos en los que tomamos el té ahora estaban llenos de sopa, y en otro plato había una papa hervida fría con un pedazo de res, que tras una inspección más minuciosa, resultó estar echado a perder. No había cuchillos ni tenedores y las pacientes se veían algo salvajes cuando tomaron la carne entre sus dedos y jalaron en dirección opuesta a sus dientes. Las que tenían pocos o ningún diente, no pudieron comer. Para la sopa solamente dieron una cucharada sopera y un pedazo de pan fue la última entrada. Nunca se permite acompañar a la cena con mantequilla, ni café o té. La Srta. Mayard no pudo comer y vi a muchas de las mujeres enfermizas rechazar su cena con repugnancia. Me estaba sintiendo muy débil por la falta de comida e intenté probar un poco de pan. Después de los primeros mordiscos, el hambre se despertó y pude comer todo excepto la corteza de mi rebanada.
El superintendente Dent atravesó la sala de estar, soltando un ocasional “¿Qué tal?” o “¿Cómo se siente el día de hoy?” por aquí y por allá entre las pacientes. Su voz estaba tan fría como el pasillo y las pacientes no hacían ni el más mínimo esfuerzo por contarle sus pesares. Les pedí a algunas que le contaran cómo sufrían de frío y poca ropa para abrigarse, pero me respondieron que las enfermeras las golpearían si decían algo.
Nunca había estado tan cansada como lo estuve sentada en esas bancas. Varias de las pacientes se sentaban sobre un pie o de lado para cambiar de posición, pero siempre las regañaban y les ordenaban sentarse derechas. Si platicaban, las regañaban y les ordenaban callarse; si querían caminar para estirar los músculos tiesos, les ordenaban sentarse y quedarse quietas. ¿Qué método, excepto la tortura, enloquecería a alguien más rápido que este tratamiento? Se supone que aquí se envían a las mujeres para curarse. Me gustaría que los médicos expertos que me condenan por mi acción (que ya de por sí prueba su incompetencia) tomaran a una mujer perfectamente cuerda y sana, le callaran la boca y la hicieran sentarse de 6 a. m. a 8 p. m. en bancas de respaldo recto, no le permitieran hablar o moverse todas esas horas, no le dieran nada para leer ni le dijeran nada de lo que acontece en el mundo, le dieran mala comida y un tratamiento hostil, y ver cuánto tiempo tardan en sacarla de quicio. Dos meses son más que suficiente para destrozarla física y mentalmente .
Ya he descrito mi primer día en el asilo mental, y como los otros nueve días fueron exactamente lo mismo en términos generales, sería tedioso contar cada uno a detalle. Al soltar esta historia, seguramente recibiré muchos reclamos y negaciones por parte de quienes quedaron expuestos. Yo simplemente cuento, en palabras comunes y sin exageraciones, sobre mi vida en un manicomio por diez días. Las comidas fueron una de las peores experiencias. A excepción de los primeros dos días después de mi ingreso, no había nada de sal para la comida. Las mujeres hambrientas, algunas incluso al grado de inanición, hicieron un esfuerzo por comer esa porquería que las enfermeras llamaban almuerzo. Le pusieron mostaza y vinagre a la carne y la sopa para darles sazón, pero solo lograron acentuaban su horrible sabor. Sin embargo, el hambre era tal que consumieron aquel platillo a lo largo de dos días, y después, las pacientes se vieron forzadas a tratar de engullir pescado fresco tan solo cocido en agua, sin sal, pimienta o mantequilla; carne de borrego, res y papas sin una pizca de condimentos. Las más locas se negaban a tragar la comida y las amenazaban con castigos. En varias de nuestras caminatas cortas, pasamos cerca de la cocina donde preparaban la comida para las enfermeras y los doctores. Allí vislumbramos melones y uvas y todo tipo de frutas, bello pan blanco y buenos cortes de carne; ante esta aparición, la sensación de hambre incrementaba diez veces más. Hablé con algunos de los médicos, pero no tuvo efecto alguno, cuando salí de ahí la comida aún estaba desabrida.
Mi corazón sufría de ver a las pacientes enfermas, enfermarse más en la mesa. Vi a la Srta. Tillie Mayard tan abrumada por un bocado rancio que tuvo que salir corriendo del comedor y recibió una buena regañada. Cuando las pacientes se quejaban de la comida, les decían que se callaran; que no recibirían tan buena comida en sus casas y que era un desperdicio dársela a personas mantenidas por la caridad.
Una chica alemana, Louise (olvidé su apellido) no había comido por varios días y finalmente, una mañana desapareció. Me enteré por las pláticas de las enfermeras que sufría de una fiebre muy grave. ¡Aquella pobre chica! Me dijo que había rezado sin cesar por una muerte rápida. Vi a las enfermeras ordenar a una paciente llevar al cuarto de Louise toda la comida que las pacientes sanas rechazaban. ¡Imagínense semejante atrocidad para tratar a alguien con fiebre! Por supuesto, la declinó. Luego vi a una enfermera, la Srta. McCarten, ir a tomar su temperatura y regresó reportando que estaba alrededor de los 66 grados. Me reí al oír su reporte y la Srta Grupe, al darse cuenta, me preguntó qué tan alta había llegado mi temperatura. Me rehusé a contestar. Entonces la Srta. Grady decidió probar su suerte. Regresó con un reporte de 37 grados.
La Srta. Tillie Mayard sufrió más que ninguna de nosotras por el frío, y aun así, intentó hacer caso a mi consejo de mantenerse positiva y tratar de aguantar la situación un tiempo más. El superintendente Dent trajo un hombre a verme. Tomó mi pulso, tocó mi frente y examinó mi lengua. Les dije que hacía mucho frío y que no necesitaba supervisión médica, pero que la Srta. Mayard sí, y que deberían de prestarle más atención. No me respondieron y me alegró ver a la Srta. Mayard dejar su lugar y acercarse a ellos. Les dijo a los doctores que estaba enferma, pero no le prestaron atención. Las enfermeras vinieron a arrastrarla de vuelta a la banca y después de que los doctores se fueron le dijeron “Después de un rato, cuando te des cuenta que los doctores no te harán caso, dejarás de molestarlos”. Antes de que los doctores se fueran, oí a uno de ellos decir (no recuerdo sus palabras exactas) que mi pulso y mis ojos no eran los de una chica loca, pero el superintendente Dent le aseguró que en casos como el mío tales pruebas no eran confiables. Después de verme un momento, dijo que tenía la cara más brillante que jamás hubiera visto en un lunático. Las enfermeras traían puestas varias capas de ropa térmica y abrigos, pero se negaron a darnos chales.
Casi toda la noche escuché a una mujer llorar por el frío y orar a Dios para que la dejara morir. Otra gritaba frecuentemente “¡Asesinato!” y luego “¡Policía!” a otras hasta que se me puso la piel de gallina.
La segunda mañana, después de que habíamos asumido nuestro “puesto” del día, dos de las enfermeras auxiliadas por algunos pacientes, trajeron a la mujer que había implorado a Dios que la llevara a casa la noche anterior. No me sorprendió su rezo. Aparentaba fácilmente unos setenta años y estaba ciega. Aunque los pasillos estaban helando, la mujer no estaba más abrigada que el resto de nosotras, que de por sí no era mucho. Cuando la trajeron a la sala de estar y la colocaron en la banca dura, clamó:
—Oh, ¿qué están haciendo conmigo? Tengo frío, mucho frío. ¿Por qué no puedo quedarme en la cama o por lo menos tener un chal?
Entonces se levantaba y tanteaba sus alrededores para salir del cuarto. Algunas veces los asistentes la empujaban de vuelta a la banca, y de nuevo la dejaban caminar para reírse cruelmente cuando se golpeaba con la mesa o el borde de las bancas. En una ocasión, dijo que los zapatos pesados que les daba la caridad lastimaban sus pies, así que se los quitó. Las enfermeras hicieron que dos pacientes se los volvieran a poner y cuando lo repitió varias veces, y batalló por quedarse descalza, conté a siete personas a la vez tratando de ponerle los zapatos. Luego la mujer anciana trató de recostarse en la banca, pero la volvieron a incorporar. El sonido de sus lamentos era tan penoso de escuchar:
—¡Oh, denme una almohada y unas cobijas, tengo mucho frío!
Tras esto, vi a la Srta. Grupe sentarse sobre ella y recorrer con sus manos frías la cara de la anciana y el interior del cuello de su vestido. Se rió salvajemente ante los lloriqueos de la anciana, así como también lo hicieron las otras enfermeras, y repitió su cruel burla. Ese día movieron a la anciana a otro pabellón.
Autores
(Pennsylvania 1864 - Nueva York 1922) fue una periodista, inventora y activista estadounidense. Viajó alrededor del mundo en 72 días, rompiendo las expectativas de Julio Verne. Sus artículos fueron publicados en el
Pittsburgh Dispatch ,
New York World y
Cosmopolitan , entre muchos otros.
Fotografía de Miriam Weston
Aquí puedes leer la primera parte
D: En tu conferencia sobre la sexta extinción hablas de la importancia de las Nature based solutions , ¿existen medidas así en México?
M: Esta tendencia es relativamente nueva así que hay pocos ejemplos internacionales y muchos menos nacionales pero sé que hay una iniciativa mexicana que se llama “Cultivo ”. Ellos buscan generar un puente para que empresas puedan invertir en la restauración de bosques, praderas y manglares (Soluciones climáticas naturales) para ayudar a revertir la degradación de la tierra, proteger la biodiversidad y capturar carbono con la ayuda del sector privado. También, en México, tenemos el ejemplo del Grupo Ecológico Sierra Gorda , ellos tienen un plan increíble de conservación, aprovechamiento sostenible, apoyo a las comunidades y generan un retorno de inversión para sus donantes. Aunque no están certificados internacionalmente son un gran ejemplo de nature based solutions .
A nivel internacional, Jeff Bezos, el CEO de Amazon, invirtió un billón de dólares en Nature based solutions , que todavía no sé a qué se van a ir pero hablan mucho sobre rescatar bosques y reforestar. Greta Thunberg está trabajando en una serie donde se van a enfocar en todos estos Nature based solutions , entonces estoy segura que pronto sabremos de muchos más esfuerzos con esta técnica.
Si quieres hablamos un poco más del concepto de Nature based solutions porque vale mucho la pena. Estudios nos dicen que las Soluciones basadas en la naturaleza pueden proporcionar más de un tercio de la mitigación climática necesaria entre ahora y el 2030, de manera rentable para evitar la producción de 10 gigatoneladas de CO2 por año.1
Esto es importante porque creo que todo el tiempo vemos las energías renovables o la tecnología como una solución muy a la mano, pensamos en poner muchos paneles solares o transitar a energía eólica. Desde la geoingeniería, se proponen todas estas soluciones bien locas como hacer máquinas que filtren el CO2 y hagan oxígeno, pero pues ya existen los árboles. ¿Por qué gastar tantos recursos en crear estas tecnologías?, que claro tienen muy buenas intenciones pero son como un parchecito a un hoyo de bala, o a una herida muy profunda.
Es bien importante que hagamos énfasis en que en el mundo de la sustentabilidad existen dos ramas o dos vertientes: la sustentabilidad débil y la sustentabilidad fuerte. La primera plantea que todos los problemas ambientales, derivados de la acción humana —cambio climático, pérdida de biodiversidad— se van a poder restaurar o mitigar por la creación de tecnologías, la implementación de ciencia o el desarrollo científico. Es una apuesta al desarrollo tecnológico, de la creencia que solamente a través de esto vamos a poder remediar el problemón. En cambio, la sustentabilidad fuerte, a la que yo soy fiel partidaria, se basa en un principio de precaución y de decir: no sobre-explotes, concéntrate en preservar la naturaleza. La naturaleza puede acolchonar todos estos problemas, si le dan chance y no abusan de ella. Los árboles pueden hacer su trabajo solo si detenemos la deforestación. Debemos enfocarnos en conservar los recursos que ya tenemos.
Yo creo más en eso porque la naturaleza es súper resiliente y no nos necesita. Es muy importante hacer hincapié en que debemos cambiar el chip mental de que nosotros vamos a cuidar a la naturaleza o que tenemos que protegerla. Cancelen eso porque la naturaleza no nos necesita, y se va a adaptar. Ya ha pasado, después de cinco extinciones sigue aquí: sobrevivió un 30%, un 10% de los seres que tenían que sobrevivir, pero está bien y se adapta. El problema es para nosotros, ¿qué va a pasar con nosotros cuando ya no haya agua limpia?, ¿qué va a pasar cuando en 30 años haya refugiados climáticos ? En realidad, ya está pasando, pero imagínate que el sureste se tenga que trasladar porque ya no hay playa.
Hace seis meses estaba viviendo en la reserva de la biósfera de Calakmul, e iba muy seguido a Playa del Carmen. Mi idea era una playa hermosa, un gran terreno de playa y el mar. Tenía como diez años que no iba, ¡y ya no hay playa! El mar llega a los hoteles. En Sian Ka’an hay un pueblo que se llama Punta Allen. Es una islita muy linda de pescadores y ellos platican que hace 20 años podías caminar todavía más o menos otros 20 metros hacia adentro del mar y ahorita ya no. Cada vez les llegan más fuertes los huracanes, les afectan más las sequías.
Todos estos son problemas que ni siquiera se hablan, problemas que van a afectar a las personas porque la naturaleza va a seguir. Qué mejor ejemplo que Chernobyl, decían que ya nada iba a existir en por lo menos 50 mil años y ahorita hay lobos, bosque. Todo está radioactivo, pero hay vida. Hay que deshacernos de esta ideología paternalista de abrazar a los árboles porque somos los seres superiores que necesitamos proteger a la naturaleza.
Todavía no tenemos este gusanito de gravedad. Ahora por el Covid-19 la gente siente ansiedad, o esta angustia de que las cosas están mal porque se ven los efectos, pero cuando les hablas de cambio climático, en conferencias, sobre todo cuando estamos en la normalidad lo ven muy lejano. Te dicen “sí hace un poco más de calor que antes”, pero no hay ese sentido suficiente de urgencia para tratar de salvar las cosas. Esto me preocupa porque tenemos una carrera contra reloj, eso sí es innegable.
Salió un reporte del IPCC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático) y nos cambiaron la jugada. Antes se creía que el peor escenario ocurriría si la temperatura global aumentaba 2ºC. El reporte nos dijo en 2018 que no, el peor escenario se va a presentar cuando haya un incremento de 1.5 ºC, es algo muchísimo mas próximo. Nos estamos acercando a ese límite, lo que pasará si llegamos a ese límite está para llorar. Es peor que cualquier película apocalíptica que se puedan imaginar: pérdidas de siembra, sequías masivas, efectos tropicales fuertísimos, monzones porque es un ciclo: si hay mucha sequía en algún punto habrá mucha lluvia. No estamos preparados para eventos extremosos.
A mí me sorprende que en Estados Unidos, por ejemplo, en Nueva York, hace unos meses ya empezaron con simulaciones para que, si hay inundaciones o efectos climáticos agresivos, las entradas para el metro se cierren como una plataforma hermética y ya no permita que se inunden. ¿Se imaginan qué tan grave debe de ser que estas ciudades primermundistas ya se están preparando para el peor escenario? Ni siquiera están dando esperanza de que tal vez no pase.
Es súper importante que nos demos cuenta y más si somos de países en vías de desarrollo porque nos va a pegar durísimo. ¿En qué momento vamos a tener los medios, los recursos para hacer una adaptación y cambiar todo los métodos de vida de las personas? Aquí es donde me pregunto, ¿quién está pensando realmente en las poblaciones vulnerables? Las poblaciones costeñas, comunidades que viven dentro de las áreas naturales protegidas o comunidades remotas, que apenas si les llega agua así como están las cosas.
En Calakmul tuvieron una sequía terrible, la gente se quedó sin agua y tenían que pagar por ella. Esas comunidades tienen que pagar las consecuencias de un colectivo y, ¿quién les va a ayudar a ellos?, ¿quién está viendo por ellos?, si ni siquiera hay una conversación de cambio climático o una conversación de estas sequías; todavía peor no hay una conversación sobre cómo vamos a solucionar estos problemas. Al contrario, estamos en un diálogo de hacer desarrollos urbanos, de infraestructura que no contemplan la parte de los problemas ambientales. Ahora sí que, ¿por qué nadie piensa en los niños?, ¿por qué nadie piensa en todo lo que va a venir en —digamos en el mejor de los casos— diez años? Nos hace falta preocuparnos más de esto y tomarlo en serio; lo vemos lejano y no está nada lejano de la realidad.
D: ¿Cuál es la importancia de la autonomía de ciertas comunidades indígenas en la preservación del medio ambiente?, ¿algunas de tus estrategias se relacionan con estas prácticas?
M: Hablando desde la perspectiva de la comunidad con la que trabajo en el Amazonas, realmente están en la primera fila que tenemos contra toda esta depredación masiva de la Amazonía, contra las petroleras que quieren abusar de los recursos, las industrias que quieren talar o construir. Sí tienen esta consciencia súper clara de la dependencia a la naturaleza, por eso lo defienden porque es su modo de vida, para ellos es sagrada. Hay una conexión espiritual. Lo que más deberíamos aprender es eso: la defensa.
Además tienen prácticas que no son tan nocivas, tienen técnicas de cultivo y de ganadería de autoconsumo. No consumen más de lo que necesitan y no producen de más, a menos que necesiten vender y producen para vender, pero no con estas técnicas de agro-destrucción —si le podemos decir así— donde tiran la selva de manera masiva, ni utilizan pesticidas ni fertilizantes. Ellos han heredado técnicas en donde pueden aprovechar la naturaleza sin lastimarla. No es este sistema de producir lo más que pueda a costa de todo para tener incrementar la ganancia. Es una vida mucho más tranquila.
Creo que, además, existe la idea de que estos modelos de vida tal vez no van a permitir que las comunidades puedan crecer o desarrollarse. Al contrario. Me parece importante escuchar a la gente y aprender, tener claro que nuestro concepto de desarrollo puede no ser el mismo para todos.
Muchas veces ya hay un trauma porque son comunidades que vivieron generacionalmente muchísimos abusos. Nos estamos perdiendo de muchísimo conocimiento. En un viaje a la Amazonía, conviviendo con las comunidades achuares, les pregunté por su medicina tradicional. Tienen muchos remedios de plantas y me contaron que los han visitado muchos científicos, recolectan las plantas, les enseñan qué hacen con ellas, después escriben papers, hacen medicinas, se vuelven millonarios vendiendo estas medicinas y a los achuares ni las gracias. Eso es tristísimo, ni siquiera hay una inclusión como autores de la información en los artículos.
Por el contrario, en Calakmul en la reserva de la biósfera tienen guardaparques, de comunidades originarias, que saben muchísimo de plantas nativas, su conocimiento es fundamental para los censos. A ellos les dan su lugar, los incluyen en los artículos científicos, ponen su nombre y les dan un un reconocimiento. Creo que es lo que tenemos que empezar a hacer porque no está padre esta dinámica donde una parte gana a costa de abusar del conocimiento originario y mucho menos padre esta imponer una ideología de desarrollo o progreso sin detenerse a preguntar qué opinan todas estas comunidades.
D: Mucho se ha hablado del mejoramiento de las condiciones ambientales que ha tenido nuestra ausencia durante la cuarentena, ¿cómo ves ese fenómeno?
M: Yo creo que hay un beneficio a corto plazo. La pregunta que es aquí es, ¿cuánto tiempo va a durar esto? ¿Vamos a regresar a lo mismo?, ¿vamos a regresar a sobre-explotar todo lo que no explotamos en estos seis meses de cuarentena? Vamos a regresar a volvernos locos y querer consumir más o existirá realmente un cambio de consciencia.
Tanto hay pros como hay contras. Sí ha habido avistamientos de animales en zonas donde eso no sucedía. En Tampico, pudieron ver una nutria bebé. Y así como esta nutria ha habido muchos casos de osos en California, osos negros en Monterrey. Gracias a que hay menos flujo vehicular tambien se reducieron los atropellamientos de algunas especies en Estados Unidos, como los pumas. Según un reportaje de la revista National Geographic, en marzo y abril, el tráfico en las carreteras disminuyó hasta en un 73%. Durante ese tiempo, las muertes por atropellamiento de ciervos, alces, osos, leones de montaña y otros animales salvajes grandes disminuyeron hasta en un 58 por ciento, si esa tendencia de tráfico se mantiene durante un año, se podrían prevenir 50 muertes de puma en California.2
Obviamente si los animales se sienten más seguros van a seguir saliendo, pero eso no quiere decir que sus poblaciones se van a reparar mágicamente de la nada, a menos que de verdad esto sea para siempre.
Este resguardo puede implicar no utilizar vehículos que producen CO2 o no consumir tanta carne roja, si pudiéramos conservar todos estos cambios a largo plazo tal vez sería mucho más sostenible. Al menos, darnos cuenta que la vida puede ser mucho más sencilla que lo que nos presenta el modelo consumista.
Cuando nos abran las puertas, vamos a querer conocer, estar en contacto con la naturaleza y salir a lugares paradisiacos pero, ¿cómo lo vamos a hacer?, ¿vamos a dejar las playas asquerosas como siempre? O vamos a estar conscientes de que todas nuestras acciones tienen una consecuencia.
Hace poco, tenía un debate con una amiga sobre lo que pasaría con las fábricas al terminar la cuarentena. Ella decía que en cuanto abrieran, iban a querer compensar el tiempo “perdido”. Se acabó la cuarentena en China, por ejemplo, y salió un encabezado en The guardian: la sobreproducción otra vez está afectando la calidad de aire.
¿A eso vamos?, ¿para eso nos pasan estas cosas? Tal vez parezca que podría haber una esperanza, pero si vamos a salir a hacer lo mismo pues no va a ser real. En la cuarentena sí se ha visto un beneficio a ciertas especies, pero no para todas. Hay especies que dependen completamente de la conservación o de la visita de turistas. El turismo sostenible ayuda a proyectos de conservación. La organización Save the rhino depende mucho de que haya literal un guardaespaldas para sus rinocerontes que los proteja de los cazadores. Por la cuarentena tuvieron que reducir su personal, lo cual tiene un impacto en las poblaciones de rinoceronte.
Hace poco también cerraron los parques para visitar gorilas y chimpancés en África, en Ruanda. Un cazador pudo matar a un gorila espalda plateada porque no hay suficiente personal que esté vigilando. Todas las especies que dependen de estrategias de conservación que, a su vez, dependen del turismo, sí están siendo afectadas. Por el otro lado tenemos otras especies que para ellas lo mejor es que no haya personas para que puedan salir a nuevos territorios a buscar presas o tener agua menos contaminada. Depende la especie. Pero hay tantos casos de cosas positivas como negativas. Aquí la cuestión es hacia dónde queremos ir y cómo vamos a regresar a la normalidad.
Un buzo subió una foto de cómo está el suelo marino, no me acuerdo en qué país pero está lleno de cubrebocas. Por otra parte, comprar en línea aunque puede ser muy fácil o muy efectivo, tiene costos extra que no consideramos: el empaquetado de plástico, el transporte que requiere para llegar a tu casa desde quien sabe dónde y la explotación de los recursos. Otra vez se vuelve importante el consumo consciente. Hay que darnos cuenta que tal vez solo estamos consumiendo porque no tenemos otra cosa qué hacer. Si ya lo estamos haciendo mínimo buscar que los residuos que estamos produciendo se separen y se vayan a plantas de reciclaje.
Es importante buscar alternativas, existen diferentes marcas mexicanas como Amai, que venden el shampoo o las cremas sólidas que no tienen bases y son fuentes responsables donde se le paga éticamente a los productores. Si alguien quiere educarse en consumo local, busquen a Enrique Cervantes. Tiene una iniciativa que se llama Mi bonito tianguis. Promueve el consumo local, por la pandemia no pueden hacer los tianguis, pero tienen una tienda, Agua bonita, donde venden estropajos, productos de limpieza de autorrelleno. Los estropajos son naturales, fabricados por artesanos que tardan días en trabajar el material. Él paga un porcentaje correcto y los vende también con un precio diferente para que también gane este tipo de comercio. La gente lo paga porque tampoco es un precio abusivo.
Buscar este tipo de comercio, es súper importante y, sobre todo, quitarnos esa idea de que todo lo que es verde u orgánico es más caro. Este mismo señor hace una comparativa de las manzanas que cultivan en el Estado de México y las manzanas que traen de Washington. Las del Estado salen en 20 pesos y son libres de pesticidas. Estás pagándole bien al agricultor y no hay tanta huella de carbono porque no lo tienes que importar de otro país; te cuesta menos que las que venden en el súper. El mercado sostenible puede estar al alcance de todos y todos podemos volvernos parte de un consumo responsable.
D: ¿A qué personas o medios de divulgación recomiendas seguir para estar al tanto del progreso o deterioro de la biodiversidad?
M: Recomiendo muchísimo Planeta insostenible de Luis Zambrano. De verdad que es una información muy buena, muy clara y da una perspectiva de cómo están las cosas y cómo se pueden abordar los problemas. También, La sexta extinción de Elizabeth Kolbert, si quieren deprimirse y darse un trip de cómo están las cosas en el planeta, este libro habla de muchos casos de cómo las actividades humanas le están dando en la torre a las especies, nos abre los ojos al problema.
Recomiendo mucho seguir a una doctora en sustentabilidad por la UNAM, Cristina Ayala, es una fregona y además es muy buena comunicando los mensajes, la pueden seguir en Instagram como @crisstagram . Si les interesa todo esto de mercados sostenibles pueden acercarse a Rainforest Alliance México , está haciendo un catálogo de todos los productores y empresas que tienen un manejo sostenible de los recursos y técnicas responsables. Obviamente les recomiendo seguir a Animal karma porque nosotros continuamente estamos sacando notas sobre la biodiversidad, tenemos un programa de noticias donde informamos sobre la conservación en México y el mundo todas las semanas. Realizamos entrevistas a expertos, por ejemplo, tuvimos una plática sobre cocodrilos, otra sobre tiburones, y ahí también pueden hacer mucho networking. Así pueden conocer personas que trabajan por la conservación en el país, en diferentes ámbitos.
Te podría dar una lista infinita de personas que recomiendo, Enrique Cervantes se llama @kiquecervantes. Todos los que estoy diciendo son mexicanos excepto el libro de La sexta extincion , para que se den cuenta que no es un asunto global del que México no sepa nada, al contrario hay un montón de iniciativas en el país. Enrique Cervantes sabe mucho de consumo local. @noseaswaste te enseña a reducir tus residuos y también es mexicana.
Para el consumo de ropa consciente y sostenible recomiendo seguir a Espacio vaivén o a Fashion revolution , que tienen una sede en México. Hay un índice que se llama el Fashion transparency index donde clasifican a las empresas o a las marcas de ropa por sus prácticas sostenibles, hacen un ranking y te explican quiénes son transparentes, tienen buenas prácticas de sustentabilidad, pagas responsables a sus trabajadores. Hay mil recomendaciones, si pueden dense una vuelta y también síganos en Youtube, Acción climática desde casa , todas las pláticas están grabadas, son muy amenas, son de máximo una hora y media, 20 min, 40 min, hay material para todo. Realmente es querer empezar y empezar a tomar acción para cambiar las cosas, se que todo puede sonar muy abrumador pero enserio que somos millones de personas luchando por vivir en un planeta mejor para todos, la gente, las plantas, los animales, todos. No estas solo y no es una lucha que este solo en tus hombros, de verdad que lo único que tienes que hacer es informarte, estar consciente de la situación, transmitir la información y empezar a hacer cambios aunque sean pequeños, pero eso, HACER es lo más importante y no solo enterrar el problema debajo del tapete.
Los dejo con una frase que me marcó mucho de Greta Thunberng: “Quiero que entres en pánico. Quiero que actúes como si tu casa estuviera en llamas. He dicho esas palabras antes y mucha gente me ha dicho que es una mala idea. Una gran cantidad de políticos me han dicho que el pánico nunca conduce a nada bueno. Y estoy de acuerdo. Entrar en pánico a menos que sea necesario es una idea terrible. Pero cuando tu casa está en llamas y deseas evitar que se queme por completo, requieres cierto nivel de pánico para que tomes acción.”
NUESTRA CASA ESTÁ EN LLAMAS, ¿qué vas a hacer para que no se queme hasta la raíz?
Autores
(Oaxaca, 1997) Escribe narrativa y poesía inspirada en su lugar de origen. En el 2019 fue parte del International Writing Program’s Women’s Creative Mentorship Project. Obtuvo el Master in Fine Arts in Spanish Creative Writing por la Universidad de Iowa, donde además fue parte del consejo editorial y luego jefa de redacción de la revista
Iowa literaria . Ha publicado en las revistas
Este País ,
Tierra Adentro y
Armas y Letras . Actualmente dicta clases de literatura y español en Coe College.
(Ciudad de México, 1995) Ingeniera en Desarrollo Sustentable por el Tecnologico de Monterrey con enfoque en manejo de recursos naturales, conservación de especies y desarrollo social. Mariam se ha formado en la Universidad de Curtin en Australia, en Durrell Conservation Academy en Inglaterra y en Animal Récord en España. Realizó su pasantía en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de México (PNUD) en el proyecto de Especies en Riesgo, donde diseñó un sistema de caracterización de lagunas someras en la Reserva de la Biosfera de Calakmul.
Cuenta con 5 años de experiencia como directora de proyectos en la Fundación Animal Karma donde promueve y desarrolla estrategias de conservación para la biodiversidad a través del uso de tecnologías para la generación de información técnica y científica de conservación así como del desarrollo de estrategias de educación ambiental.
Es miembro del Climate Reality Project y de la Comunidad Global Shaper del Foro Económico Mundial. Socia y fundadora de la consultoría ambiental CLIMA.