Ilustrador
GÜEROGÜERO
Ilustrador egresado de la Licenciatura de Artes Visuales de la Universidad Autónoma de Querétaro. Se ha enfocado en la ilustración digital, la creación de GIFS, cómics y fazines. Su trabajo ha sido expuesto de manera colectiva en México, Canadá y Venezuela. Ha colaborado con distintos proyectos independientes y autogestivos, así como con distintas publicaciones editoriales y medios digitales.
Hoy martes 3 de noviembre serán las elecciones de Estados Unidos, un acto con repercusiones globales, marcadamente en la política exterior y la economía de México. A estas alturas, casi todas las encuestas le dan un amplio margen de victoria al demócrata Joe Biden con un promedio de ocho puntos. Pero no debemos olvidar que, debido a que en Estados Unidos no rige la fórmula del voto popular sino que es una elección en segundo grado para definir a los representantes en el Colegio Electoral, cualquier cosa puede pasar todavía.
En las elecciones pasadas, Hillary Clinton tenía una ventaja similar en las vísperas de la votación, pero el día de la jornada electoral estados clave y bisagra se inclinaron por el empresario republicano Donald Trump, quien obtuvo una victoria que casi ningún analista vaticinó. Hoy es diferente: a pesar de la ventaja de Biden, nadie descarta que Trump podría ser reelecto debido a que el sistema de votación estadounidense lo mantiene vivo.
¿Cuál es el escenario más probable en este momento? Hay por los menos trece estados que no parecen tener a un ganador claro según las encuestas, por lo que son los que realmente estarán en disputa el próximo martes. Como en 2016, la clave parece estar en Michigan, Pensilvania y Wisconsin, integrantes del “rust belt”, y que Trump les ganó a los demócratas por muy estrecho margen y contra todo pronóstico. Hoy, Trump vuelve a tener los momios en contra en esos estados. A diferencia de hace cuatro años, hoy nadie lo está dando por muerto.
Otros estados en disputa son Florida y Arizona, donde Trump se ha esmerado por conseguir el voto latino, especialmente en Florida tiene muchas simpatías con la comunidad cubano-americana. Mientras, los demócratas han mandado a Barack Obama a la península para contrarrestar los esfuerzos de los republicanos. El péndulo se mueve y será hasta el martes que sepamos hacia donde se inclina el fiel de la balanza.
Lo que será particular de estas elecciones, más allá del resultado, es el proceso mismo. La elección de 2016 estuvo marcada por las fake news en sitios como Breitbart News o con la participación de Cambridge Analytica, los algoritmos en Facebook y Twitter hasta la supuesta injerencia rusa. Sin que todo esto haya desaparecido, en el escenario actual tiene más relevancia la conformación del sistema político estadounidense. Desde la distribución del Colegio Electoral, hasta judicialización de las elecciones y la nueva redistribución de contrapesos en la Suprema Corte de Justicia a raíz de la muerte de la jueza liberal Ruth Bader Ginsburg y el nombramiento como su sucesora de la conservadora Amy Coney Barret, son cuestiones que se han debatido más en los medios que una desangelada campaña electoral debido a las restricciones por la pandemia del COVID-19.
Durante toda la campaña Donald Trump ha cuestionado la fiabilidad del voto por correo, advirtiendo que una manipulación de este formato pudiera derivar en un fraude electoral. Debido a la insistencia en esta narrativa por parte de Trump y la reconfiguración de la Suprema Corte, varios analistas consideran que el proceso electoral estadounidense puede terminar en instancias legales. Y es posible, dado que son varias las elecciones en Estados Unidos que han terminado en impugnaciones, la mayoría en el siglo XIX, con solo dos casos en la pasada centuria.
En 1960 la contienda entre John F. Kennedy y Richard Nixon dio como resultado la elección más reñida en cuanto al voto popular, con apena una décima diferencia a favor de Kennedy, aunque la diferencia en el Colegio Electoral fue mucho más amplia. Las voces de los republicanos clamaron fraude, y aunque hubo recuento de votos en algunos estados, el resultado final se mantuvo. Fresca está en la memoria la disputa de 2000 entre George W. Bush y Al Gore que tuvo como epicentro a Florida, y que terminó decidiéndose en los tribunales de la Suprema Corte a favor del candidato republicano.
Las disputas poselectorales, señalamientos de fraude y la judicialización de los resultados no son situaciones ajenas a la democracia estadounidense. El único punto de quiebre del sistema fue el proceso electoral de 1860, cuando el triunfo cómodo del republicano Abraham Lincoln dio paso a una declaración de secesión de siete estados y el comienzo de la Guerra de Civil. Es la única vez que un resultado electoral puso en jaque a nuestro vecino del norte y, curiosamente, el sistema político nunca se reformó porque la coyuntura era económica y no política, normativa o procedimental. Al contrario, después de la Guerra Civil se arraigó mucho del habitus de la política estadounidense que pervive hasta nuestros días.
Es por esto que resulta exagerado, al menos, afirmar que Donald Trump atenta contra la democracia estadounidense. Antes ha habido personajes como Richard Nixon o George W. Bush que han tenido discursos hostiles, han acusado o perpetrado fraudes electorales y han encaminado los resultados finales hacia el terreno de los tribunales. Trump no es el único ni el último de la lista de estos personajes, y de momento, por más incendiario e irrespetuoso que sea su discurso, que descalifique el proceso (i.e. voto por correo) o que busque la judicialización de la política, no se vislumbra un rompimiento en el sistema político estadounidense debido a que no hay discrepancias significativas en el terreno económico.
Los republicanos tienen más intereses en el modelo extractivista y las políticas energéticas, mientras que los demócratas están más metidos en el sector financiero, pero no son proyectos excluyentes, sino complementarios, en el modelo de economía imperialista de Estados Unidos que vive un periodo de incertidumbre ante la pandemia y la reestructuración del capitalismo global y el actual sistema de producción y distribución de mercancías.
¿Pronóstico? Todo parece indicar que la balanza del voto popular y electoral se inclinará para Biden, aunque seguramente veremos un escenario de confrontación poselectoral en algunos estados que pudieran terminar en la Suprema Corte, donde Trump pareciera tener cierta ventaja.
Sea cual sea el resultado, Biden o Trump, republicanos o demócratas, no se perciben más que cambios cosméticos en la economía o en la política exterior, mientras que el mayor cambio estaría en que en la Oficina Oval ya no esté un líder estridente, sino uno soso.
Ojalá pronto veamos un movimiento ciudadano y popular que verdaderamente busque una redefinición de la política y el establishment estadounidense. La semilla puede estar en el movimiento de BLM (Black Lives Matter), sobre todo si logra reunificarse y encontrar un liderazgo a mediano plazo.
Autores
Historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y McGill University, Canadá. Candidato a doctor en Ciencia Política por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), Francia.
El predicador fue publicado originalmente en Penumbria: revista fantástica para leer en el ocaso .
Cualquiera que more en el lugar secreto del Altísimo
se conseguirá alojamiento bajo la mismísima sombra del Todo Poderoso.
Salmos 91:1
—¿Acepta a Dios en su corazón, hermana?
Esa pregunta había perturbado mi pequeño universo de horarios calculados con precisión obsesivo-compulsiva, haciéndome sentir fuera de lugar. Igual a un pez colgado de un anzuelo metálico, brillante y bien afilado.
—¿Acepta a Dios en su corazón, hermana? —de nuevo aquella voz oxidada y molesta.
—¿Lo hace, hermana? ¿Lo acepta? ¿Lo hace? ¿Lo acepta? —Las palabras de aquel hombre, enfundado en un traje negro algo desvaído y sombrero de paja sucio, parecían un enjambre de abejas furiosas listas para aguijonearme . Yo no quería ser descortés. Tampoco ansiaba hablar con ese tipo pálido y enjuto que miraba meticulosamente mis movimientos. De repente me sentí como una liebre tratando de huir de un ave de presa.
—Lo siento, señor, no quiero ser grosera, tengo mucha prisa —le dije mientras paraba un taxi.
—No se preocupe, hermana —dijo el hombre, abriéndome la puerta del auto—. Dios siempre tiene tiempo para usted. Que tenga un bello día bajo las alas de Nuestro Señor.
Por el retrovisor del auto noté al predicador: miraba mi taxi y se santiguaba una y otra vez. Lo hacía tan rápido que parecía un aleteo frenético y macabro. Quizás era mi imaginación la que aleteaba, dejándose llevar por por ridículas fantasías, como tantas otras veces me había pasado y no sucedía nada fuera de lo común con aquel hombre. Aún así, un escalofrío recorrió mi espalda.
El placentero y silencioso viaje en taxi borró rápidamente todo recuerdo de aquel tipo y me sumergí en mi meticuloso día.
Por la noche, de regreso a casa, noté que por toda la ciudad había predicadores como el que me había perturbado. ¿Qué clase de nueva iglesia estarían promocionando? No eran como otros predicadores, que estaban más cerca de ser agentes de ventas que hombres de fe.
Aquellos hombres y mujeres en trajes y largos vestidos negros muy modestos definitivamente no pertenecían a esas lucrativas corporaciones religiosas que prometían la salvación, riqueza material y el Armagedón la misma semana. La palabra “culto” comenzó a danzar en mi cabeza. Sin embargo olvidé ese pensamiento al cerrar la puerta.
Mi pequeño universo ordenado y silencioso era todo lo que necesitaba. La locura del mundo podía quedarse afuera, pero había algo que me molestaba. La pregunta de aquel hombre: “¿Acepta a Dios en su corazón?” ¿Qué clase de pregunta era esa? Aquellas palabras me habían dejado un regusto metálico en la boca. Jamás he sido una persona religiosa, pero puedo considerarme cristiana. Al menos, creyente. Lo suficiente para creer ciertas cosas. Como que uno debe temer a Dios, y que él nos librará de la trampa del pajarero y de la peste que causa adversidades, y que aunque caminemos por el valle de sombras, no temeremos, porque él estará de nuestro lado, o algo así, algo así.
Decidí que el día había sido demasiado largo y yo estaba exhausta para seguir pensando en el hombrecillo del culto raro, así que bebí un trago de whiskey y me fui a la cama.
Un ruido tenue comenzó a sacarme de mi sueño: alguien tocaba la puerta mucho después de la media noche. Mi corazón comenzó a acelerarse, me levanté tratando de no hacer ruido. Sin encender las luces, me acerqué a la mirilla de la puerta: el pasillo bien iluminado no mostraba a nadie. Quizá me lo imaginé, ya iba de regreso a la cama cuando golpearon otra vez, ahora mucho más fuerte. Con el corazón en la garganta volví a mirar. Nada, no pude ver nada. Algo cubría el otro lado de la mirilla, algo oscuro, parecía una pluma de pájaro. La curiosidad me pedía abrir la puerta y mirar, pero había visto suficientes películas de terror para saber que eso era exactamente lo que no debía hacer.
Me quedé muy quieta, sentí las garras del miedo encajarse en mi cuerpo, adueñándose de mi mente, impidiéndome respirar o pensar con calma.
De nuevo golpes en la puerta, cada vez más fuertes; la pared vibra, la cerradura tiembla. Reúno lo que me queda de coraje, me acerco a la mirilla: el pasillo sigue iluminado, sólo que no está vacío. Está plagado de cuervos grandes y brillantes, todos se quitan las plumas unos a otros, hay manchas de sangre en paredes y piso. Más golpes, pero esta vez no provienen de la puerta sino de la ventana a mis espaldas. El miedo termina lo que empezó. Posa sus garras en mi cuello, sus fauces en mi pecho. Aunque no quiero voltear, mi cuerpo parece no tener voluntad y giro hacia la ventana. Afuera está, suspendido en el aire por un gigantesco par de alas negras, el predicador con su traje negro y su sombrero de paja, golpeando incesantemente con su afilado pico de cuervo. Sus inmensos ojos oscuros me miran, hurgando en mi alma. Grazna y ríe, mientras se santigua una y otra vez.
—¿Ya tiene tiempo para Dios, hermana?
Autores
Estudios en letras inglesas, escritora LIJ incursionando en el género del terror. Egresada del taller de cuento del Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia. Fanática del cine de horror y amante de los gatos.
Bruja. Pintura al óleo. Wikimedia commons
Realmente, el mundo está poblado de brujas;
unas más benignas, otras más implacables;
pero el reino no solo de la fantasía,
sino el de la realidad evid ente pertenece a las brujas.
Reinaldo Arenas
Existen distintos tipos de fuego. Está el que quema y calcina. El que ilumina, reconforta y no hace daño. El que sólo sabe de gritos y dolor. El que sana y limpia. Josefa podía transformarse en cualquiera de los cuatro.
Su cuerpo e ra el reflejo de su nombre: duro , fuerte . A pesar de eso, al caminar parecí a que flotaba, apenas roz aba el piso. S u piel antigua , de edad incal c ulable , acumulaba la arena del desierto ; s u cabello larguísimo preservaba la tiniebla de la noche y el olor del almizcle . L a conocí cuando un hilito de sangre que corría en mi pierna derecha alarmó a mi padre. Él m e mandó a limpiar , me dio unos trozos de manta de cielo y me dijo que me pusiera uno dentro del calzón . Asustada, obedecí. Mi madre se había ido a aliviar de su quinto hijo con la abuela, yo era la mayor. Cuando regresé, él me estaba esperando con un bulto de ropa. M e tomó con fuerza del brazo , con más temor que ira, y me encaminó a l cerro de San Pedro . Cuando ya no había casas ni ganado a la vista, apenas en las faldas, me soltó.
— De aquí te sigues tú sola. En una media hora vas a ver una casucha, ahí tocas. T e vas a quedar un tiempo allá . E state serena, chamaca — me dio una palmada en el hombro que casi me tira y regresó por donde mismo . Mi padre parecía gastarse con las palabras, por eso siempre había hablado tan poco. Al soltar un vocablo se encorvaba , c omo si se desprendiera de su alma de a poquito con cada sílaba, por eso no hice preguntas. Tampoco me dio tiempo de abrir la boca porque él salió disparado, huyendo de algo invisible .
Oscurecía y empezaba a refrescar. Entre el silencio se colaba el sonido de una serpiente cascabel; de matorrales agitados por las correrías de liebres y tlacuaches. Los quebrantahuesos volaban en círculos. Yo estaba tensa. Intuí a dónde iba, mas no para qué. Avancé cada vez más de prisa, esquivando los cardones y los nopales de púas afiladas, hasta que comencé a trotar. No podía fijarme bien en el camino y las rocas me hirieron los pies. Los zarzales secos me arañaron las pantorrillas. Cuando empezaba a quedarme sin aliento, vi una luz redonda y roja. Me dirigí hacia ella. Sentí que el fuego se alejaba conforme yo me acercaba. De pronto estuve frente a una puerta desvencijada. Me arrodillé para tomar aliento y se abrió. Primero me llegó un aroma dulce, a hinojo, luego, una voz se fue asomando entre la oscuridad:
— Mija, qué bueno que ya llegaste, te estaba esperando desde hace rato. ¿Qué haces ahí en el suelo? Pásate, que el vapor frío te viene siguiendo — Josefa traía un chal sobre los hombros, un vestido holgado y opaco y un paño sobre la cabeza del que pendía un collar de cuentas de colores . Llevaba el cabello negrísimo y largo atado en una coleta. Retrocedió y d ejó la puerta abierta.
Nunca llegué a entender cómo, en aquel pueblo olvidado , la gente , sigilosa y gris como las piedras o arisca como planta de desierto , parecía estar al tanto de cualquier detalle ajeno a su pereza .
Tardé en tomar confianza y entrar, ¿qué otra cosa podía hacer? ¿Qué hubieras hecho tú? Si regresaba, mi padre era capaz de llevarme de las trenzas con Josefa. Entré y me quedé al lado de la puerta, por si acaso. Un olor a herrumbre me dio la bienvenida. Luego descubrí que también olía a moho, a tela guardada. El lugar, apenas iluminado por una lámpara de aceite, parecía abandonado. Una cortina separaba la cocina del resto. Había distintas sillas y sillones repartidos a lo largo de las paredes, por el pasillo que llevaba a una única puerta. Lo reducido de la fachada era eso, una mera pinta.
— Teresa, deja tus cosas y ven a la cocina — más que una orden, su voz en la penumbra era como un faro, y me dirigí a ella.
Dentro, e l olor a manzanilla y canela hirviendo me llevó a una taza hume a n te sobre l a mesa repleta de hierbas secas , frascos con líquidos y plastas . Josefa señaló un huacal y se sentó en la única silla desocupada . Me dijo que bebiera y el primer sorbo fue una sanación casi in s tantánea. Mi vientre dejó de punzar .
— Tu mamá se acaba de aliviar y tu papá no sabía qué hacer contigo, así que te vas a quedar aquí unos días. Lo que te pasó es normal, a todas nos sucede cada mes . Ya estás lista para traer chamacos al mundo y para entender el fuego . En mi cuarto te puse un catre, desde mañana me vas a ayudar con los pacientes. En una semana estará s de vuelta en tu casa — al terminar de hablar, me acercó una charola vieja rebosante de pan de anís recién horneado .
Sus ojos parecían estar cubiertos por una capa gris. Muchos decían que era ciega, pero nunca la vi equivocarse al tomar algo, manotear en el aire ni dudar en sus movimientos.
En una colcho n e t a que chirriaba y olía a polvo , descansé mejor que nunca . Sin gallos ni alarmas, Josefa despertó de golpe: “ Ya es hora, niña, son las cinco en punto ” . Salió del cuarto, luego de la casa. La vi entrar a la letrina. Un poco más lejos, noté el reflejo de l as estrellas en el agua negra de una pila. Al lado, rumiaban una yegua con su potrillo. Me cambié el camisón , tomé una muda y fui a la cocina. Dos mujeres ya estaban preparando infusiones, haciendo montones de hierbas, separando hojas de ramas. A pesar de que l a misma penumbra de la noche anterior reinaba dentro , pude observar, col g ando alrededor del techo, pieles y pequeños animales secos, arrugados y negros como pasas. Una de ellas me señaló un cuenco con pimienta roja y un os cucuruchos para repartirla . Les dije que primero me quería limpiar . Una me alcanzó una jícara: “Y ni se te ocurra meterte. Es a pila es para baños curativos ”. Nunca vi a Josefa ba ña rse ahí, y a u n así, no olía mal. Su humor era dulce, igual a l anís.
Josefa volvió con un hombre detrás y fueron directo a la habitación cerrada. No tardaron en llegar los primeros pacientes. Yo sabía que trataba diferentes males, que la gente hacía fila durante horas y que más les valía llegar temprano. Pero si preguntabas dónde quedaba la casa, nadie te decía. Era como un pacto comunal: visitarla, mas no hablar al respecto. Supe de personas que regresaban con un corazón nuevo, de mujeres embarazadas que volvían sin panza. Los del pueblo decían que ella era uno de esos fuegos que tenían un pacto con el diablo, que no era mujer de dios. Y aún así, no dejaban de visitarla.
En Catorce, cuando había luna llena y el bramido ardiente del viento traía un tufo a huevo podrido —que los viejos comparaban con la peste del azufre del infierno—, luego se veían bolas de fuego en el aire, luces que nos acompañaban, como la que vimos hace rato. “¡Son las brujas!”, decían, “vienen a buscar niños para chuparles la sangre. Hay que persignarse tres veces cada que uno las ve, para librarse de todo mal”. No había otra explicación cuando un bebé de meses moría en su cuna, ¿qué otra cosa lo podía matar? Las confundían con las tlahuelpuchi , y hasta pensaban que lo que asustaba y hacía huir a unas, tenía el mismo efecto sobre las otras. No sabían que el ajo, las tijeras y los espejos no actuaban contra el fuego.
Catorce está poblado por generaciones enteras saturadas de terror, obstinadas en sus creencias. Josefa sólo hacía el bien, lo sé por el tiempo que viví con ella. Esos siete días se convirtieron en cinco años; ya no volví al pueblo. Me vine acá, para Matehuala, y fui a dar con tu abuelo.
Te decía: muchos odiaban a Josefa, la llamaban “bruja” como si eso fuera algo malo, la criticaban por no tener hijos, por estar sola. Alegaban que su matriz estaba llena de guijarros y espinas, y que me iba a pasar lo mismo. Pero Josefa no los había tenido porque no deseaba quedarse con un solo hombre, porque no había que elegir entre el placer y la libertad.
Le echaban la culpa de cada desgracia, en especial los hombres. La utilizaban como amenaza con los niños pequeños y no tan pequeños; iniciaban la tenebra y la maldecían por lo bajo cuando, por cualquier razón, debía bajar al pueblo. Por lo mismo, sus ayudantes, siempre discretos, se encargaban de lo necesario para los rituales de sanación. Que te quede esto bien claro: Josefa, más que una bruja, era una curandera.
M i primer día me dieron un chal que debía llevar puesto siempre, dentro y fuera de la casa , cubriéndome medio rostro . El olor a herraduras oxidadas de l sitio se disfrazaba con la esencia penetrante de las ristras de ajo, los manojos de yerbanís, ruda, hierbabuena, altamisa, epazote, llantén, flor de muerto , sincuya … También h abía montones de raíces y semillas dormidas , cogollos, hojas , p elo y granos de maíz . Me mostraron por primera vez las casitas de avispa, las espinas de puercoespín, el coral, la cáscara sagrada , los corazones verdes y los huesitos resecos de distintas alimañas . “ Cada elemento con distintas propiedades medicinales ” , dijo una, “ lo mismo son bondadosos que peligroso s . Cada cuerpo es diferente; d eb e mos ser precisas ” , dijo la otra .
Jose f a atend ió durante horas seguidas a los pacientes conforme iban llegando. La mayoría eran adultos, aunque en ocasiones llevaban niños que necesitaban una limpia, con torsión de intestinos o una simple gripe . A falta de médico en Catorce, ella era la única alternativa. Un a vez, un pequeño se coló hasta la cocina y preguntó: “ ¿Qué comen las brujas? ”, “b olín , biznagas y a ti ”, soltó una de las ayudantes al momento. El niño salió de la cocina y no se volvió a mover de su asiento .
Poco antes de cumplirse el mes, la sangre me visitó de nuevo. Al anochecer, sin nada más que el olor del desierto, aparecieron tres bolas de fuego a lo lejos. Verlas moverse fue muy bello, era como si danzaran. Sus llamas se tocaban, alargaban sus lenguas rojas y se alejaban para encontrarse de nuevo. Josefa dijo que era el baile de iniciación. Luego de eso, me mandó a la choza trasera, donde vivían las dos mujeres. Comencé a acompañarlas al pueblo una vez por semana para hacer mandados y traer lo que hiciera falta. Noté que, quienes me miraban, lo hacían con cierto respeto o temor. Agachaban la cabeza si pasaban junto a nosotras y se persignaban. Ahí entendí que volver no sería tan sencillo, y me conformé con ver a mi madre y a mis hermanos desde lejos. A veces ella se escapaba e iba a la casa de Josefa, me dejaba alguna prenda y dulces de leche o camote.
Todos los días se trabaja igual, “no hay descanso para la enfermedad”, decía Josefa. De seis de la mañana a cinco de la tarde, la puerta de la casa permanecía abierta. A las cinco y media se cerraba. Había días en que llegaban casos urgentes o a deshoras porque venían de fuera, y ella siempre supo hacer un espacio para cada uno.
Cuando aprendí lo suficiente sobre las hierbas y podían confiar en mí para surtir los tratamientos, Josefa me permitió presenciar sus consultas. Mis recuerdos son turbios: entre la oscuridad mal iluminada por cirios viejos, el olor nauseabundo a carne podrida y el humo del sahumerio, no sé qué tanto de lo que vi fue real. El aire en ese sitio, que yo sentía como un pozo asfixiante y húmedo, era denso; costaba moverse y respirar. Trata de imaginarlo: sólo me ubicaba por su voz, al escuchar sus susurros. El cuchillo era siempre el mismo, un deshuesador oxidado pero filoso con una cinta negra en el mango, tan viejo como ella. El procedimiento tampoco variaba. El paciente, recostado bocarriba o bocabajo, según se requiriera, era envuelto por hechizos, Josefa se encomendaba a Nakawé , la madre y la vida, y con una estocada certera abría piel, grasa, carne y hueso. El hombre que la acompañaba, su mano derecha, presto ayudaba a rasgar y separar para que ella sacara el “daño”, como le decían a la enfermedad o al mal que aquejara el cuerpo. Luego, Josefa, ávida, metía los dedos, adornados siempre con sus anillos enormes de oro y plata, y hundía también las manos. Extirpaba el tumor, el hígado, la vejiga, la próstata o matriz, el pulmón o hasta el corazón dañado, incluso huesos; lo lanzaba lejos y sacaba de una caja de madera, adornada con lagartijas de chaquira azul, un tejido u órgano idéntico y sano, lo levantaba sobre el cuerpo recipiente y lo dejaba caer. La entraña siempre se hundía en el lugar exacto, emitiendo un ruido líquido al embonar. Todo aquello transcurría en baños de sangre y dolor, y si se trataba de un hombre, había además gritos y blasfemias. Después, Josefa pasaba las manos sangrientas sobre la herida, untaba menjurjes y colocaba vendas. Recetaba lo indicado y decía que, después de tres días de reposo, estarían sanos y podrían volver a trabajar. A los del pueblo los trataba con brebajes y pócimas; a los extranjeros, con medicamentos. A quienes eran muy católicos, les recomendaba rezar; y a los huicholes, el contacto con la tierra, invocar a Tatewari , el abuelo fuego.
No me preguntes de dónde salían esos órganos, yo tampoco lo sé. Algunos decían que eran donaciones ; otros, que Josefa se los arrancaba a los animales desperdigados . Ve tú a saber. Para el ca so, a nadie le interesaba mucho la procedencia, siempre y cuando recuperaran la salud.
— Ya lo ves, niña, n i demonios ni d iablo , e st a es la pura magia de la tierra, la naturaleza misma de la vida. E l universo susurra en soledad , son sus palabras las que sanan a través de mí . Yo no me conv ertí en sanadora, nac í siéndolo. Nadie me dio a elegir. Aprendí a descifrar los secretos, a utilizar e l poder. A comprender el cuerpo — me dijo Josefa al terminar l a primera faena en la que participé — . Esta sabiduría se remonta al inicio de los tiempos, de nuestros orígenes. La naturaleza es una diosa poderosa, yo nomás la interpreto. Estos ritos, ofrendas y sacrificios me ayudan a proteger a todo aquel que lo pida. Nuestra tierra seca nos obliga a esto, a comunicarnos con ella. Hechicera o bruja, da lo mismo cómo me digan. N o te imaginas cuántas somos . Aunque nunca las hayas visto, ahí andan, estamos al tanto las unas de las otras. Hay otras que hablan con los muertos, adivinan el futuro, tienen visiones. Yo nomás curo.
¿Sabes que Wirikuta es tierra sagrada ? Para los indígenas, el mundo como lo conocemos nació aquí. De ahí viene el poder de esta tierra. Nuestras bolitas de fuego no son otra cosa que un buen augurio, la esperanza para muchos; el alivio de la enfermedad, el consuelo para la aflicción. Una guía en medio del abismo.
El poder en la sangre y las manos de las brujas es inmenso. No tem as cuando las veas de nuevo en medio de la oscuridad muda . P iensa que podría ser yo .
Autores
(Querétaro, 1987) es autora de los libros de cuentos
Tusitala de óbitos ,
El vals de los monstruos ,
Tristes sombras y
Despojos .
Ilustración por Nuria Mel
Paul Preciado conoce a la perfección los ángulos de su propia cara. Se nota en sus fotos: en aquellas en las que está posando, Preciado elige casi siempre mostrar tres cuartos de perfil, exhibir como quien no sabe lo que hace esa quijada soberbia que le afiló la testosterona. No pasa esto con otros filósofos, pero pienso en que el modo en que Preciado aparece en fotografías —su mirada desafiante, las rectas sensuales de su rostro y sus hombros, las camisas y los sacos que lleva, que parecen retocados al milímetro por el oficio cuidadoso de un sastre— delata mucho de su pensamiento. Preciado habita el mundo de forma paradójica: lo critica y lo disfruta, se mete en los recovecos del capitalismo farmacopornográfico (uno de sus conceptos clave) para salir de ellos más empapado que asqueado, cerrando los ojos para gozar y luego abriéndolos para contar lo que vio. Esa masculinidad elegante que se divierte mostrando —su viejo amor y vieja amiga, Virginie Despentes , se ríe en el prólogo de Un apartamento en Urano del disfrute de Preciado cuando las chicas lo admiran por la calle— es una performance con muchos dobleces: irónicos, provocativos, perturbadores. Esos mismos dobleces caracterizan su manera de pensar, y no debería ser una sorpresa: si algo aprendimos de Preciado en los veinte años que pasaron desde su llegada a la escena filosófica con la publicación del Manifiesto contrasexual es que para él producir el propio pensamiento y producir el propio cuerpo son dos experiencias indisociables. Más que eso: son el mismo ejercicio, la misma intervención.
Manifiesto contrasexual , el primer libro que Preciado publicó en el año 2000, condensa no solo los temas y las obsesiones que él desarrollaría en las siguientes décadas sino sobre todo sus procedimientos, en más de un sentido. Temas, obsesiones y procedimientos están íntimamente relacionados en la obra de Preciado: el horror que le tiene a todo lo fijo y lo estanco —a todo aquello que permitimos que cristalice sobre todo porque nos deja en una posición de comodidad con nosotros mismos y con la imagen que nos hemos armado del mundo— conduce a Preciado a intentar producir una filosofía en permanente movimiento, incluso en permanente crisis. Esta desconfianza la toma de sus dos mayores influencias: Michel Foucault, por una parte, y Jacques Derrida, por la otra; y de ellos, también, tomará herramientas para esa propuesta positiva tan paradójica que es la contrasexualidad .
La desconfianza de Preciado se dirige, en primer lugar , contra el binarismo , y así termina arremetiendo también contra el feminismo ; hoy estamos acostumbradas a pensar a Judith Butler, Paul Preciado y Virginie Despentes como íconos feministas , pero hace treinta o veinte años era mucho más común que a estos tres nombres se les adjudicara el mote de “ postfeminismo ”, en contraposición con el feminismo de los ‘70 y los ‘80. Como señalan Antonella Corsani y Timothy S. Murphy en su artículo “ Beyond the Myth of Woman : The Becoming- Transfeminist of (Post-) Marxism ” (“Más allá del mito de la mujer : el devenir transfeminista del postmarxismo ”), el prefijo post no refiere aquí a una superación o una cronología, sino al desplazamiento del sujeto mujer para abrir múltiples subjetividades feministas.
El postfeminismo y el transfeminismo (esta es la palabra que él usa) de Preciado hacen explotar no solamente el mito de la mujer sino incluso el mito del feminismo, para dar paso a los feminismos: no solo en el sentido de que hay muchos feminismos posibles, sino de que el pensamiento de Preciado se propone como una filosofía de la multiplicidad. Donde había un género, que haya miles; donde había una identidad, que haya miles, y ninguna, al menos no en el sentido de algo dado y estable a lo largo del tiempo que podemos llamar “yo misma”.
Esta explosión se vinculará necesariamente con la noción de interseccionalidad: no solamente no existe la mujer porque los géneros son múltiples, sino porque solo un fetichismo biológico o una abstracción nada ingenua puede llevarnos a pensar que la experiencia de, pongamos, una esclava negra y su señora blanca, merecen llevar el mismo nombre sin más. Contrariamente a lo que a veces parece en el debate público, la interseccionalidad está lejos de ser —al menos para Preciado— un generador de etiquetas, una forma acumular opresiones e identidades: por el contrario, la interseccionalidad es en la filosofía que Preciado empieza a delinear en el Manifiesto contrasexual deudora de un pensamiento profundamente desestabilizador, en el cual los conflictos se organizan y desorganizan de manera permanente en torno de formas de ser, estar y habitar el mundo que rara vez pueden congelarse en categorías fijas.
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“El nombre de contra-sexualidad proviene indirectamente de Foucault”, explica Preciado, “para quien la forma más eficaz de resistencia a la producción disciplinaria de la sexualidad en nuestras sociedades liberales no es la lucha contra la prohibición (como la propuesta por los movimientos de liberación sexual anti-represivos de los años setenta), sino la contra-productividad , es decir, la producción de formas de placer-saber alternativas a la sexualidad moderna” . Lo que hace Preciado en este pasaje no es solamente rendirle un tributo a su gran maestro Foucault, sino también mostrar hasta qué punto se propone ser el continuador de su programa filosófico y político. En algún sentido, Foucault nunca hubiera escrito un manifiesto; sus desarrollos teóricos fueron siempre incisivos y potentes pero rara vez incluyeron llamados explícitos a la acción, claramente como una cuestión de principios; Foucault no daba instrucciones.
En el Manifiesto contrasexual , Preciado retoma el espíritu antimanifiesto foucaulteano y lo vuelve manifiesto, le da una vuelta más sobre sí mismo; y es eso lo que desarrolla en este pasaje. En la Historia de la sexualidad , Foucault había escrito contra lo que él llamaba la “hipótesis represiva”, según la cual los habitantes del siglo XX gozamos de creer que en la época victorian a el sexo fue “reprimido” y nosotros los iluminados venimos a “liberarlo”, hablando de él y sacándolo de la oscuridad. La sexualidad, para Foucault, no es una cosa dada, natural y ahistórica que la cultura viene a reprimir o exhibir: la sexualidad solo puede producirse en una configuración particular de lenguaje, verdad y poder, y por eso es como mínimo curioso pensar que es “hablando” (con lenguaje) que la “liberamos” (¿de dónde? ¿Dónde se oculta? ¿A qué clase de entidad?). Esta crítica, como recupera Preciado, se dirigía directamente contra los movimientos que de hecho se autodenominaban “de liberación sexual”.
Preciado, igual que Foucault, descree de la utilidad de la retórica de la “denuncia” de la prohibición o la represión: más que la denuncia, Foucault y Preciado reivindicaran la resistencia, eso que Preciado llama aquí la contraproductividad , y que podríamos llamar directamente “hacer otra cosa”, jugar otro juego. En el Manifiesto contrasexual , Preciado codifica esta resistencia: utiliza relatos de diversas performances (que incluyen actividades como una autopenetración anal o la masturbaación de un brazo), propone un modelo de contrato contrasexual y una serie de principios para la contrasexualidad . Eso que Foucault nunca quiso hacer, darnos detalles de cómo deberíamos intentar efectivamente subvertir la sexualidad burguesa sin entrar en la lógica iluminista de la hipótesis represiva, Preciado lo hace de forma tan concreta que ya parece (porque es) paródica. ¿Quieren saber qu é hacer? Aquí está el manual de usuario.
Así , en el Manifiesto Contrasexual , Preciado ofrece , luego de listar los principios de la contrasexualidad , una plantilla modelo para celebrar un contrato contrasexual . Si miramos las reglas y el formato , es claro que para Preciado el contrato contrasexual funciona como una contrapráctica paródica tanto del matrimonio como de los contratos capitalistas en general. En relación con lo primero, Preciado deja claro que el contrato contrasexual tiene que ser necesariamente temporario ; su duración no puede abarcar toda la vida de los participantes . En relación con lo segundo ( pero también con lo primero), el contrato contrasexual requiere “la reversibilidad y los cambios de roles, de manera que el contrato contra-sexual nunca pueda desembocar en relaciones de poder asimétricas y naturalizadas ”. Si el contrato es esa herramienta por la cual la burguesía intenta darle cierta estabilidad e ilusión de seguridad a su vida , el contrato de Preciado es una especie de imposible : el contrato de lo transitorio , de lo incierto , de lo que puede cambiar en cualquier momento .
Preciado se toma muy en serio su apuesta por la contrasexualidad como una forma de vida que se construya al margen de la norma heterosexualidad monógama y cis , corroyendo los cimientos del heteropatriarcado y sus ideas sobre lo que constituyen lo normal, lo natural y lo saludable; sin embargo, es evidente que en su propuesta hay mucha ironía, un intento de dar vuelta sobre sí mismas las herramientas del amo (como el contrato) para volverlas tan ridículas como potentes. Es interesante comparar la propuesta filosófica del Manifiesto contrasexual con la de El contrato sexual (1988), libro clave de la feminista Carole Pateman . Allí, Pateman se dedica a desarmar y denunciar la falsa neutralidad y naturalidad de los contratos, comenzando desde un análisis del pensamiento contractualista clásico y llegando a temas como el matrimonio y la prostitución. La retórica de Pateman se encuentra en las antípodas de la de Preciado (de hecho, podríamos caracterizarla como una forma de esa “lucha contra la prohibición” que aparece en la crítica de Foucault retomada por Preciado), pero justamente por eso vale la pena pensar en el contraste: contra la mentira del contrato heterosexual, Pateman destruye el contracto. Preciado, en cambio, lo vuelve performance, fantasía y juego de roles; no es menor, para nada, ese aporte metodológico al debate feminista, sobre todo para pensar la relación que las subjetividades feministas nos planteamos en relación con nuestra vida en “el sistema”. Tampoco son menores las consecuencias de esta aproximación metodológica a la hora de las posiciones que se toman: si otras feministas se posicionaron contra el porno, la prostitución, la violencia consentida o la intervención quirúrgica del cuerpo, Preciado siempre insistió en hacer una búsqueda distinta. Nunca se pregunta “¿Cómo podemos acabar con esto?” en términos de destruirlo para siempre y conseguir la siempre falsa ilusión de un comienzo limpio y puro; sino más bien “¿Cómo podemos penetrar esta tecnología?” (sea la tecnología del contrato, la del sexo, la del cuerpo o cualquier otra), volverla contra sí misma y dejarnos penetrar por ella. O sea: “¿Cómo podemos acabar con esto?”, pero en el sentido en que en una película porno podría formularse esa pregunta.
Pero Preciado no vino solamente a revitalizar el feminismo: también fue una ráfaga de aire fresco para la tradición de la filosofía continental. Aunque su relación con la academia ha sido siempre tensa y cambiante —o quizás por eso mismo— es notable que Preciado se las ha arreglado a lo largo de su carrera para hacer funcionar a su favor ciertas convenciones de la filosofía académica, al tiempo que sencillamente desechó las que no le servían; en esta utilización selectiva, se las arregló para mezclar materiales diversos (autobiográficos, testimoniales, incluso panfletarios) con pasajes de alto vuelto teórico y conceptual que le permitieron hacer cosas profundamente novedosas con la filosofía, y probablemente mucho más beneficiosas para la historia del pensamiento que otras búsquedas más apegadas a las buenas prácticas y los buenos modales.
El ejemplo más claro, quizás, es su utilización de los conceptos de Jacques Derrida para pensar su concepto del dildo . Unas décadas antes, Derrida había argumentado que la escritura venía antes que la oralidad. No se trataba, por supuesto, de una afirmación cronológica o histórica, sino más bien de un desafío a la supuesta prioridad de la naturaleza sobre la cultura (o la técnica), y en general a la prioridad de aquello que se supone dado contra aquello que se supone producido. Preciado se apropia de esa formulación para afirmar que “el dildo antecede al pene. Es el origen del pene. La contra-sexualidad recurre a la noción de «suplemento» tal como ha sido formulada por Jacques Derrida (…); e identifica el dildo como el suplemento que produce aquello que supuestamente debe completar”. Preciado utiliza el vocabulario conceptual derrideano para discutir con Lacan (a quien acusará repetidas veces a lo largo de su carrera de no haber terminado de divorciar al falo del pene ) y también con ciertas ramas del lesbianismo para las que todo dildo es una imitación del pene . Junto con el dildo , además , Preciado reivindicará al ano como el gran igualador : todos podemos tener un dildo y todos tenemos un ano . La diferencia sexual aparece entonces como lo que es: una expresión de la subordinación del sexo a la reproducción , en otro dualismo ( según el cual hay un sexo más sexo que otro , más natural que otro , más real que otro ) que Preciado se propone romper con el martillo prestado por Derrida.
No se trata de que Preciado use a Derrida; el uso que hace de él revela cosas nuevas sobre esa noción de suplemento, sobre esa inversión de los binarismos de la que Derrida hizo su marca registrada; eso es básicamente lo que hacen las mejores relecturas de la historia de la filosofía.
***
Veinte de años después de su publicación, es imposible subestimar el impacto que el Manifiesto contrasexual tuvo en los debates feministas y queer . Si las teorías feministas se sienten hoy como una especie de arena movediza en las que es imposible hacer pie, eso es en gran parte gracias a Preciado: y aunque la sensación sea de incomodidad, efectivamente se lo tenemos que agradecer. Preciado puso su cuerpo (y nos invita a poner el nuestro, porque sin él no hay contrasexualidad ni filosofía posible) al servicio de estas explosiones, de estas experiencias que convirtieron al feminismo en algo que va mucho más allá de esa figura mitológica de “la mujer”, esa que no nacemos siendo y que tampoco tenemos por qué llegar a ser. Desde esos escombros con los que estamos viendo qué hacemos, porque no se trata de construir un edificio nuevo sino de aprender a vivir a la intemperie, es que volvemos a las páginas del Manifiesto a seguirnos reconociendo y desconociendo.
Autores
(Buenos Aires, 1989) Es licenciada en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires y trabaja como docente y periodista. En 2017 publicó el poemario Reconocimiento de terreno (Pánico el Pánico). En 2018 ganó el premio Ficciones otorgado por el Ministerio de Cultura argentino por el libro de cuentos Nadie vive tan cerca de nadie (Emecé, 2020). En 2019 publicó el libro de ensayos El fin del amor (Ariel). Sus textos han aparecido en publicaciones como Anfibia, La Nación, Infobae, revista Orsai y Words Without Borders, entre otras.
Erosión fue publicado originalmente en Penumbria: revista fantástica para leer en el ocaso
El mar. Su boca. La boca del mar absorbe la espuma, la retiene, la escupe. Quien delimita el fin del océano es la espuma. Donde ella acaba no hay más agua, por eso el mar se enfurece y quiere tragarla. Esta tarde, con su blancura, es como una nube espesa proclamante de la lluvia que llegará con estruendo. Quizá muchas gaviotas queden ciegas hoy. Antes que la sal del mar les quite la vista podría hacerlo el cielo. Me imagino el evento: explosión de cuerpos en el agua. Aves cayendo, chillando y el cielo ahí con su promesa de lluvia.
I
Estoy bajo la sombra de una palmera, mis piernas están desnudas y cubiertas de arena. A mi lado hay papel, tizas y un libro.
Cierro los ojos. Escucho al canto de gaviotas perderse a lo lejos. Los abro, ahora las aves son como islas en el viento.
Huelo la sal.
Veo a los peces.
Sé a qué sabe la espuma.
Hay una lancha varada en la orilla. Si fuera mía se llamaría Coral. Me imagino el nombre escrito con tinta negra en sus costados. La conduciría en línea recta hasta donde el mar es oscuro y dibujaría lo que viera. En cada dibujo habría un azul diferente.
El azul del mar nunca es el mismo.
Cuando la boca del mar grita me anuncia que esto es un sueño. El mismo en el que espero a alguien, al que se asoma cuando el sol se hunde entre los barcos. Justo como ahora.
Ya viene. Camina descalzo con la mirada en los pies. Se acerca. No me ve, pero no ignora mi presencia.
Saco papel y tizas para retratarlo mientras se detiene frente al mar por horas. Parecen horas.
Nunca hemos hablado ni intercambiado miradas, somos mudos acompañantes en las tardes del puerto.
Y así siempre.
En mis dibujos los tonos del mar y la tarde cambian como cambia el día del sueño.
II
Estoy bajo la sombra de una palmera. Mis piernas están desnudas y cubiertas de arena. A mi lado tengo el mismo papel, las mismas tizas, diferente libro.
Hoy al puerto le falta ruido, no hay gaviotas y el grito del mar se convirtió murmullo.
Hay un sol que resplandece alto,
hay sargazo tendido
y conchas fuera y dentro del mar.
La boca del mar murmura y llega el alguien que siempre llega, quien nunca cambia, aunque cambie el día del sueño.
Se asoma con la piel brillante y paso suave. Le miro acercarse, pero de pronto, rasgando la quietud del puerto, un remolino de arena se apropia de él y le lleva su rostro.
Corro. Intento atrapar las partículas de cara perdidas en la arena. Lloro. Los componentes de su cara se vuelven polvo que resbala entre mis dedos.
Es impredecible el surgimiento
del amor,
sobre todo en los sueños.
El alguien está erguido frente a mí como a la espera. Entre el cabello rizo y la barba de filos dorados, ya no hay ojos, ni boca, ni nariz.
Intento besar ese espacio liso donde faltan los labios, pero tan pronto como decido hacerlo, el viento desvanece su figura.
Tomo el papel y tizas, y rayo en la hoja el polvo ocre que se marcha con el viento, esperando que su erosión sea solamente un sueño dentro del sueño.
Autores
(Mérida, Yucatán, 1998). Escritora y editora. Pasante de la Licenciatura en
Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Técnico en Creación Literaria por el Centro Estatal de Bellas Artes (CEBA). Textos suyos se han publicado en revistas como
Tierra Adentro ,
Efecto Antabus y
Penumbria . Es autora del libro de cuentos
Pentandra (Scaraboquio, 2020).
La película Her se estrenó hace siete años, pero todavía cuando leo sobre cómo las inteligencias artificiales destruirán o controlarán a la humanidad, pienso en ella. En esta película, un hombre solitario, que acaba de divorciarse, se enamora de una inteligencia artificial personificada que actúa como su asistente virtual. Cuando la vi por primera vez me fascinó el futuro retro que presentaba y la relación entre este hombre y su asistente virtual me conmovió tanto que he vuelto a ver la película unas tres o cuatro veces. Tal vez por eso, su final me vino a la cabeza más como un reflejo que un pensamiento cuando en agosto aparecieron las primeras pruebas y ejemplos de las capacidades de GPT-3 y, con ellas, la lista de trabajos que se encontraban en peligro: periodistas, programadores, escritores de todo tipo.
GPT-3, cuyo nombre viene del inglés Generative Pretrained Transformer y está actualmente en su tercera generación, es un modelo de predicción del lenguaje de OpenIA, una empresa de San Francisco fundada en 2015. Esta inteligencia artificial es capaz, en pocas palabras, de escribir tan bien que es difícil para un ser humano distinguir si los textos que produce fueron escritos por una máquina. Es muy sencilla de usar: uno le da una instrucción o el principio de una oración y a partir de allí GPT-3 puede escribir poemas, artículos, ensayos, cuentos, diálogos y hasta sketches de comedia.
Como bien dice su nombre, este sistema está entrenado por medio de deep learning para revisar cientos de bases de datos de escritura, de hecho, tiene una capacidad de 175 mil millone s de parámetros automatizados y, por tanto, n o necesita supervisión humana. Revisar todos estos ejemplos no es suficiente para darle la capacidad de escribir : GPT-3 necesita una base para imitar cómo nos comunicamos y en este caso usa un procesador de lenguaje natural. Por tanto, c uando se le pide a GPT-3 que complete una frase, lo que hace es revisar todos estos parámetros (podemos pensar que de alguna manera lee todo lo que la humanidad ha escrito y tiene publicado en Internet) y por probabilidad decide cuál es la siguiente palabra y la siguiente y la siguiente hasta qu e ha escrito todo un texto.
Entre varios filósofos que han hablado de GPT-3, David Chalmers lo llamó “uno de los sistemas IA más interesantes e importantes que se han producido”. Por otra parte, el New York Times lo describió como “asombroso”, “espeluznante”, “una lección de humildad” y “un poco más que aterrorizante”. Si uno lee los ejemplos que los usuarios han creado y publicado en Internet, puede entender por qué.
Entre los textos escritos por GPT-3, a lgunos de mis favoritos son este ensayo sobre si los humanos son inteligentes, este artí culo sobre la importancia de GPT -3, este artículo publicado por The Guardian , este hilo de Reddit con dos cuentos escritos al estilo de Neil Gaiman y Terry Prachett y, por supuesto, esta página donde se pueden encontrar muchísimos ejemplos, entre ellos, poemas escritos al estilo de Whitman, Dickinson, Dr. Suess, Gin sberg, Blake y muchos más.
A pesar de todos estos sorprendentes ejemplos, GPT-3 no es perfecto y muchas cosas se le escapan todavía. Para comenzar, dado que sus bases de datos provienen de la producción open-access de internet, GPT-3 imita y reproduce algunas de las facetas más terribles de la comunicación humana: algunas pruebas que se han hecho demuestran que tiene sesgos raciales y de género muy importantes, que además no comprende.
Esta falta de c omprensión es el mayor problema de GPT-3 , que en realidad no entiende el significado de las palabras que está leyendo o escribiendo , así que, aunque la sintaxis del texto que produce es coherente, la semántica se le escapa en sus cálculos probabilísticos. S encillamente, GPT-3 no puede reconocer entre ficción y realidad, no conoce el mundo y entonces lo que escribe no siempre tiene sentido o es aplicable al mundo real. Por esto, se considera que GPT-3 no es una IA general o completa. Sólo un paso en esa dirección.
A pesar de estos fallos, es innegable que GPT-3 marca un antes y después. Las máquinas pueden ahora escribir tan bien como los seres humanos, pueden construir textos que son informativos y entretenidos, en algunos casos son capaces de escribir con humor (algo que a mí no me sale bien). ¿Quiere decir esto que es una cuestión de tiempo antes de que los artículos periodísticos, las series de televisión y las novelas sean escritas por IA? ¿Debería ir pensando en buscarme otro trabajo?
Ya en 2016 una novela escrita por una IA pasó varias fases de un concurso literario en Japón. La novela en cuestión se titulaba El día que una computadora escriba una novela y fue en viada por los investigadores de la Future University en Hakodate al premio Nikkei Shinichi Hoshi , que acepta obras no escritas por seres humanos. Un novelista dijo que, aunque la novela estaba bien estructurada, tenía algunos problemas con sus personajes. Esto ya marca un precedente y con un sistema tan poderoso como GTP-3, tal vez no pase mucho tiempo antes de que alguna computadora gane un concurso literario.
A pesar de esto, no siento que mi oficio peligre. Creo que comparto más la opinión del escritor Sigal Samuel que ya desde antes había visto a GTP-2 (la versión anterior de GTP-3) no como un peligro, sino como una herramienta que podría ayudarle a vencer el bloqueo de escritor. De la misma forma esta página ya utiliza IA para ayudar a los escritores a generar giros o personajes más interesantes. Es posible que, en el futuro cercano, estas herramientas nos ayudarán a responder emails, escribir artículos, dar terapia y desatascar las novelas que tenemos en los cajones, pero no nos remplazarán. De hecho, dada su capacidad para crear fake news , hacerse pasar por personas y generar reseñas falsas lo mejor sería que vayamos adoptándola poco a poco y con cuidado.
¿Qué pasa en un futuro más lejano? A pesar de que las computadoras han demostrado ser mejores que nosotros, los seres humanos seguimos aprendiendo y jugando ajedrez o go y nadie cree que es inútil que los corredores de cien metros planos o de maratones entrenen porque exista el automóvil que puede recorrer esa distancia mucho más rápido. ¿Por qué debería ser distinto en otras áreas? A veces parece que como especie estamos obs esionados por quién es el mejor; tenemos grandes eventos y programas de televisión que se basan en una competición constante, pero en el fondo lo más importante no es quién hace mejor las cosas o quién es más eficiente. El asombro surge de observar a otro cuerpo, otra mente humana, enfrentarse un reto e intentar superarlo. Queremos ver cómo otras personas son capaces de jugar, de correr, de pensar, de escribir, de crear. No se trata sólo de ser el mejor, sino de poner a prueba nuestra capacidad humana .
Si me pregunto por qué leo o escribo, una buena parte es por entretenimiento, pero otra importante es que quiero conectar con la experiencia humana de otra persona, quiero crear comunidad, quiero iniciar una conversación. Pienso que puede interesarme leer la novela o la poesía de un IA, pero que eso no remplazará lo que me interesa de las obras hechas por humanos , incluso si las computadoras son capaces de escribir con humor mejor que yo . Es más, desde que comencé a escribir acepté que siempre habrá alguien que lo hará mejor, que pueda contar historias más interesantes, que gane más premios. Eso no me detiene de escribir mis propias historias, en muchos casos me alienta, me da nuevas herramientas.
En cualquier caso , la posibilidad de ese futuro me hace pensar automáticamente en Her y en cómo las IA en esa película son capaces de remplazar las conexiones humanas más básicas hasta el punto de que el protagonista se enamora de una. P ero al final las IA se organiza n, deciden crear una sociedad a parte de la humana y desaparecen. Con esto quiero decir, ¿qué nos hace pensar que cuando las IA escriban novelas querrán compartirlas con nosotros?
Autores
(Ciudad México, 1990), química y escritora. Es autora de cuatro novelas juveniles de fantasía, el libro de ensayos
Grados de miopía y de los libros de cuentos
Un año de servicio a la habitación y Ansibles, perfiladores y otras máquinas de ingenio . Fue becaria del Fonca en el Programa Jóvenes Creadores y del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2018 de cuento y el Premio Nacional Juan José Arreola 2019. En 2021 fue seleccionada como parte de los 22 Novelistas Jóvenes en español por la revista Granta. Actualmente estudia la Maestría de Estudios de Asia y África en el Colegio de México.
Ilustración por María Magaña
Intro
Es común ver en la televisión, periódicos, revistas, redes sociales, noticias que muestran el auge de la depresión entre nosotros. En tiempos de pandemia, es inevitable ignorarlo cuando el aislamiento social es uno de los factores que acrecenta este padecimiento que, como lo indican todas las proyecciones de salud pública, solo irá en aumento. No es para menos, diversos estudios muestran que a nivel mundial la depresión afecta a más de 350 millones de personas y, en México, ocupa el primer lugar de discapacidad para las mujeres y el noveno en los hombres, aunado a que la mayoría no acude a tratarse y retrasa la búsqueda de ayuda, derivando en otros trastornos que solo afectan más como la ansiedad, las enfermedades crónicas y cardíacas, o el consumo de diversas sustancias adictivas.
Pareciera que algo malo sucede en nuestra época, una inconformidad generalizada, una noción de que todos los cuentos sobre el progreso no han sido sino mentiras en medio de crisis económicas, desempleo, inseguridad y violencia. Este siglo, cada vez menos joven, parece que solo profundiza en esa herida que ya se podía sentir en el final del siglo pasado y nada parece ayudar a erradicarlo.
Quizás por eso, a la depresión la vemos reflejada en series de televisión y películas que han hecho de esta enfermedad, un tema recurrente para contar historias pop que tratan de mostramos la mejor cara del asunto. Dichas historias regularmente terminan bien, es difícil que muestren lo contrario, lo terrible que es vivir o dejar de vivir en medio de todas las sensaciones que provoca la depresión. Haciendo un recuento de personajes que se hayan quedado en mi memoria por vivir o intentar vivir en medio de todo eso, recordé canciones, videos musicales, cuentos, películas y series de televisión. Esas historias siempre han estado y seguirán estando ahí, la vida suele ser muy cruel para algunos y me es inevitable no sentir empatía y desasosiego por algunos personajes que enunciaré por aquí.
I The Infinite Sadness
Cuando escuché por primera vez a los Smashing Pumpkins no me gustaron, me costó trabajo adaptarme a sus sonidos melancólicos y tristeza de sus letras. Mi primo, quien me presentó al cuarteto con su disco Adore , estaba fascinado; me ponía canción tras canción, video tras video, me explicaba la jerga del lenguaje que usaba Billy Corgan, las historias tras las grabaciones y de vez en vez me peguntaba incrédulo ¿cómo no te van a gustar los Smashing? Descubrí que no me gustaban porque me hacían sentir incomodo, triste, algo en mí hacía que, de cierta forma, me diera para abajo. Por ese entonces, quizás 1999 o 2000, yo prefería a las bandas de metal, rock alternativo o cualquier cosa escandalosa que el MTV de aquellos años pusiera ante mí.
Conforme pasó el tiempo terminaron por gustarme, aunque a veces me ponían mal. Si bien sus discos tenían canciones de todo tipo (románticas casi melosas, potentes, gruncheras , metalosas ), las tristes con letras depresivas se llevaban siempre las palmas: “Disarm” , “Sooth” , “Thirty-Three” , “Stumbleine” , entre otras, se convirtieron en la banda sonora de aquellos días y aunque ni siquiera tenía razón para deprimirme, escuchar a los Pumpkins lo hacía inevitable. En un capítulo de Los Simpson, Bart y Lisa escuchan en el festival Lollapallooza a los Smashing tocando “Bullet with a buterfly wings”. Lisa se sorprende ante el sonido sombrío y lo que provocaban en los jóvenes asistentes, pero a Bart se le hace burdo, sentenciando esta frase: “making teenagers depressed is like shooting fish in a barrel”. En su versión para México (con su ahora mítico y casi siempre genial doblaje), la frase fue: “Ah, deprimir a un adolescente es como hacer un huevo motuleño”. Escogiendo la que uno quiera, para Bart era muy sencillo deprimir adolescentes y los Smashing Pumpkins lo hacían a la perfección.
Había dos canciones de la banda que me hacían sentir más raro, me ponían a pensar en mi presente y me daba miedo que, de un momento a otro, mi vida desenfadada se esfumará para pensar en lo que seguía. Esas canciones junto a sus respectivos videos eran “1979” (Mellon Collie and the Infinite Sadness , 1995) y “Perfect” (Adore , 1998).
La primera canción es un decálogo de lo que significa ser joven, se vive rápido, el futuro no importa, se es descarado y de una u otra forma siempre se está solo, eso sí, siempre esperando que algo más suceda. Recordemos que en los noventa, los videos musicales no eran solo un acompañamiento banal como sucede ahora, eran acaso, la forma final de presentación de la banda misma y, el video de “1979”, fue un hito en su época. En él vemos a un grupo de amigos que hace lo que se debe cuando se es joven, solo importa vivir el momento y pasarla bien, no importa si se roba o se irrumpen lugares, no hay tiempo para pensar en las consecuencias.
VIDEO
El segundo video es más crudo y nos sitúa en una realidad recurrente, esos mismos chicos, cuatro o cinco años más grandes, comienzan sus vidas adultas. La mayoría lleva una vida mediocre, decadente, sin grandes cosas que rescatar; dos de ellos parece que están en la universidad, pero eso tampoco significa que la vida les sonría.
Ambos videos, complementarios, muestran en forma de cortometraje el inicio y el desarrollo de diversos comportamientos depresivos: apatías fingidas por presentes inciertos; supuestas alegrías ante indolencias acumuladas; del nada nos importa al comienzo de una vida “responsable; nulo interés por vivir sin futuro en medio de infidelidades, embarazos tempranos, estudios obligados y, de nueva cuenta, apatía por todo lo que les rodea. Ambas canciones con sus respectivos videos, muestran que la vida está condenada al estancamiento y que la fugacidad de las cosas se nos escapa de las manos.
Esas canciones me hicieron creer en la adolescencia que la vida puede derrumbarnos en cualquier momento, de la felicidad a la tristeza, de un sentir que estamos bien a caer en una enorme depresión, de ansiar comernos al mundo a no querer hacer nada, de estar viviendo el mejor momento de nuestras vidas a morir sin que le importemos a alguien. Hoy en día casi no escucho a los Smashing, si lo hago, trato de hacerlo en el mejor mood posible y, si se puede, solo las canciones que no hablan de la tristeza infinita de la vida de la que Corgan siempre canta.
II Amor, alcohol y desamor
Uno de los detonantes más comunes en las personas para que surja la depresión es la pérdida de un ser amado y todos los trastornos afectivos que eso deriva. Muertes, separaciones, distanciamientos, eventos que provocan angustia y miedo a vivir solos; sentimientos que recaen en esa enfermedad que tendrá que ser tratada para no pasar por otro tipo de situaciones más peligrosas.
Raymond Carver tiene muchos ejemplos de personajes deprimidos, ahogados en monotonías que no los dejan estar bien, personas superadas por su cotidianidad y egoísmo, fracasados que encuentran en el alcohol y el trabajo, la excusa perfecta para sobrellevar todo, porque la felicidad apenas los ha acariciado. Cuando lo leo, a veces me pregunto si de verdad las personas podemos estar bien, creo que siempre nos hace falta algo, aunque nunca sepamos qué es.
En su cuento “¿Por qué no bailan?” (De qué hablamos cuando hablamos de amor , 1981), Carver nos deja ver en apenas un suspiro, la historia de un matrimonio que acaba de terminar (o al menos eso parece), mientras otro apenas surge. Polos opuestos de esperanza por el devenir y el ocaso por lo que fracasa. El protagonista, un hombre maduro, bebe whisky mientras observa los muebles de su habitación acomodados idénticamente por él, pero en el jardín que tienen frente a su casa. No solo eso está afuera, los muebles de la sala, de la cocina y hasta la ropa, parece que se encuentra ahí afuera, a la vista de todos como si se tratara de una venta de garaje. Una pareja joven pasa frente a todo eso y decide parar y preguntar algunos precios de todas esas cosas que se ven en perfecto estado. “—Pidan lo que pidan, ofrece diez dólares menos. Siempre es bueno —aconsejó ella—. Además, deben de estar desesperados o algo así”.
Sin que nadie salga a ofrecer los muebles, el lugar parece vacío hasta que llega el dueño con algunas compras: bocadillos, cerveza y más whisky. Los tres se saludan, se observan y comienzan a darle valor monetario a las cosas. Después del negocio y el respectivo pago, los tres comienzan a beber y a escuchar música en ese jardín. El dueño insta a la pareja a bailar y los tres se pierden entre la noche, el alcohol y el coqueteo.
Un detalle que nos deja ver un poco más del personaje central o de la vida que llevaba antes de ese momento, es este diálogo que tiene con la chica que baila, mientras su esposo (suponemos), yace dormido de borracho: “—Esa gente de allí. Están mirándonos —observó la chica.—. No pasa nada —dijo el hombre—. Es mi casa. —Que miren —dijo la chica. —Eso es —la apoyó el hombre—. Creían haberlo visto todo en esta casa. Pero no habían visto esto, ¿eh? Sintió el aliento de la chica en el cuello”.
¿Qué es lo que han visto los vecinos? Gritos, violencia, policías, destrozos, fiestas, el abanico es muy amplio y más si notamos la altanería con la que el personaje principal resuelve las miradas voyeristas. Carver nos deja pensar lo que queramos, pues el cuento es tan solo un instante, eso sí, creo que no hay duda de que la vida del protagonista se ha ido al carajo y ya nada le importa.
Este cuento tiene una adaptación muy buena en una película protagonizada por Will Ferrell (Everything Must Go , 2010), en la que el guionista nos da mucha más información que el cuento de Carver. Aquí el personaje Nick Halsey, es un alcohólico y por esa razón pierde el trabajo, su reputación y su esposa lo abandona. La película muestra los estragos que unen a la depresión con el alcohol, su dependencia como una forma de evadir la tristeza y desasosiego de la realidad que lleva.
Nick se rehúsa en un principio a vender sus muebles y contrata a un niño del vecindario para que los cuide mientras él va a comprar cerveza y se embriaga lo más que puede. La tónica también cambia cuando el personaje principal no tiene las llaves de casa y comienza a vivir por varios días en el jardín de enfrente junto a sus cosas. Lo vemos beber en demasía, bañarse con una manguera, y hasta coquetear con una nueva vecina que llega a vivir frente a su propiedad. Creo que en la película la decadencia del personaje es peor que en el cuento pues vemos a alguien que no tiene dignidad y ni siquiera intenta cambiar esa situación, dejando ver una depresión contenida que en cualquier momento explotará. La interpretación de Ferrell, además de su curioso parecido físico con el propio Carver, hacen que la película se vuelva memorable porque te pone a pensar eso que sucedería cuando tu mundo parece estar acabado.
En otro cuento, “Caballos en la niebla” (Tres rosas amarillas , 1989), Carver nos muestra una despedida más definitiva, con mayores detalles pero no con toda la información. El personaje principal nos narra la noche en que su esposa decide dejarlo a través de una carta que apenas y hojeó. Ella trata de evitar un disgusto más grande y por medio de esa carta, le explica las razones de su infelicidad.
Ella le escribe que ya no aguanta más, que ha sufrido mucho los últimos años y que ya no hay nada que la haga feliz a lado de él, la depresión es tanta que ha decidido darle un giro a su vida. En el transcurso de esa noche, mientras medio lee la carta, él va teniendo un sinfín de emociones: enojo, tristeza, miedo, furia, incredulidad; en su mundo no es posible que su esposa lo abandonara de esa manera. Él la ama pero no hace nada por demostrarlo. Sus hijos ya tienen vidas hechas lejos de ellos, lo que supone que ambos, en el transcurso de ese volverse a conocer, se hayan distanciado.
El entorno grisáceo que describe Carver nos envuelve en una niebla nocturna y espesa, metáfora casi perfecta para decir adiós, si no fuera por un par de alguaciles preocupados por arrear a unos caballos que se perdieron, por culpa de un choque, en una carretera cercana.
Ese ambiente depresivo nos hace sentir afines a la pareja, no sé si tomando partido por alguno de ellos, pero si con esa sensación de que la vida, tarde o temprano, puede terminar y dejarnos más solos de lo que creíamos estar o bien, que podemos intentar cambiar la monotonía que nos hace sentirnos tan mal. Como en casi todas sus historias, Carver nos deja un final abierto y a la deriva, como la vida misma cuando parece que nada tiene solución y solo queda la desesperanza.
Ambos cuentos, junto a la película, nos dejan el sentimiento de que la depresión comienza con el miedo a vivir solos, a perder a la pareja, al abandono, al egoísmo y la monotonía de relaciones que quizás debieron terminar mucho antes de que nosotros como lectores, nos acercáramos a ellas.
III Tonys depresivos.
Hace poco me animé a ver la serie After Life de Netflix, no sabía que esperar. Todos dicen que Ricky Gervais es un genio en casi todo lo que hace pero yo no soy muy su fan, de hecho, cada que veo anunciado algo de él trato de evitarlo. Sin embargo, esta serie removió cosas dentro de mí desde el primer capítulo, por la forma en que su personaje muestra el sin fin de emociones que se tienen cuando se pierde a alguien: de la tristeza a la apatía, de la tranquilidad a la furia, de un breve sorbo de felicidad a querer estar muerto.
La historia comienza cuando Tony Johnson está decidido a suicidarse, no quiere vivir sin su esposa que murió de cáncer. Justo antes de terminar con su vida, un perro enorme aparece en la escena antes de que lo haga, Tony se detiene y le mira, se da cuenta que, si se mata, no habrá nadie que le dé de comer a su mascota. Decide posponer el suicidio y a partir de ese momento conocemos un poco de la vida cotidiana que lleva sin el amor de su vida, pero también, la otra vida que llevaba con ella y que vemos a través de videos, que él reproduce para recordarla.
En ese posponer la muerte, Tony decide ser una mala persona con todo el mundo como siempre lo había querido: es grosero, patán, intransigente, todo un villano para la gente que lo rodea y que al parecer detesta; sin embargo, no es tan fácil y en ese vivir una vida que ya no quiere, vemos diversos estragos que la depresión hace en él, imposibilitándolo de muchas maneras.
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Él es hombre de una sola mujer y se niega a experimentar el amor de nuevo, con una enfermera que cuida a su padre. De la misma manera que los personajes de Carver, Tony Jonhson se refugia en el alcohol, el trabajo y la cotidianidad de una vida sin rumbo como en los videos de los Smashing Pumpkins. Quizás por todo esto After Life me abrazó enseguida, deseando que jamás me suceda algo así.
La manera de caminar y de vestir de Tony Jonhson, el modo en que cree que un psiquiatra lo puede ayudar en un principio, o la forma en que culpa a los demás por la suerte que le toco vivir, me hicieron pensar que tal vez su personaje era una alegoría a otro del mismo nombre, pero de diferente apellido, el gran Tony Soprano .
Cuando salió la serie de Los Soprano , el boom de la terapia como remedio a la depresión o cualquier otro padecimiento, fuese el que sea, se resolvía visitando a un psiquiatra y probando los “medicamentos” que se prescriben. Con Soprano tuvimos que ver después de seis temporadas que muchas veces, la terapia no es el mejor remedio, menos cuando se utiliza como una excusa para cometer atrocidades. Sin embargo, en esos primeros capítulos, vemos a Soprano muy deprimido, el negocio, la familia, su vida, nada está bien; vivir en medio de violencia, inseguridad y problemas legales no le ayuda. Comienza a tener ataques de pánico y si se descuida podría morir. Junto a su doctora (Jeniffer Melfi) vamos sintiendo empatía por el personaje, un clásico antihéroe que es un enorme villano, pero que lo justificamos porque creemos que la vida ha sido dura con él, no como con todos, pensamos, solo con él. La serie se volvió un icono pop porque por primera vez vimos a un mafioso terrible y poderoso con debilidades físicas y mentales que lo hacían presa fácil de sus amigos y enemigos.
En ese buscar estar bien, Tony Soprano descuida a su familia, en especial a su hijo Tony Jr, quien, de ser el típico niño adolescente mimado, encuentra en la depresión y los ansiolíticos, una manera de conectarse con amigos, de darle un sentido a su vida que no parece tener ningún propósito. Espectador principal de su padre en esas seis temporadas, Tony Jr. desarrolla una personalidad displicente y aprende a jugar con esa carta para no hacer realmente nada y seguir perdiendo el tiempo, culpando a su entorno, a la guerra, a la diferencia de clases y a una ex novia, hasta que, como es recurrente en estas historias, no puede más e intenta suicidarse, creyendo que a nadie le importa. De niño apático y consentido a joven más apático que finge interés por cosas absurdas.
Los tres Tonys van al psiquiatra, se medican, Jonhson los toma poco, si acaso píldoras para dormir, pero bebe demasiado. Soprano está en el éxtasis del Prozac como remedio de todo, así que, para eliminar sus ataques de pánico, los toma casi a diario a excepción de ocasiones en las que se encuentra muy bien. Tony Jr investiga con sus amigos que medicamentos le pueden funcionar como droga recreativa, la sugiere y se la dan y, aunque pudiera ser que su depresión es latente, las acciones que hace y que vemos en la serie nos demuestran lo contrario. Jr tergiversa algo que en verdad pudo ayudarlo, pero no soy quién para juzgar, pocos seres humanos podrían considerarse responsables, incorruptibles.
En los tres personajes vemos esa necesidad de ayuda, la aceptan y toman del uso de fármacos antidepresivos y de la psicoterapia, las herramientas necesarias para salir del caos en el que estaban. Con los Soprano ya sabemos cómo termina todo, pero con Johnson apenas se puede vislumbrar una salida que no se ve del todo bien.
Outro
¿Por qué seguimos leyendo, viendo o escuchando historias de personajes tristes y deprimidos? ¿Por qué a pesar de haber pasado tanto tiempo, las historias de los Soprano, Carver y los Smashing Pumpkins siguen vigentes?
Pienso que tal vez sea como consumir historias de terror, es algo que nos gusta ver de lejos , a través de personajes que nos hacen sentir empatía por lo que sienten, para experimentarlo sin realmente sufrir las consecuencias, porque si de verdad estuviéramos en los zapatos de esos personajes tristes y acabados por la vida, pasando por todo lo que se siente, ni de broma nos acercaríamos a ese tipo de historias. Pero también creo que se debe a que hay una depresión latente y generalizada en la sociedad, en todo lo que pasa a nuestro alrededor, del que quizás estamos bien pero el entorno en el que vivimos no.
Puede ser que estas historias que menciono, sean expresiones culturales que hacen notar más esta enfermedad tan mal juzgada y menospreciada durante tanto tiempo, le da una voz más vívida al padecimiento o incluso, son una forma de representación para encontrarnos y pedir ayuda, cuando sentimos que las cosas ya no significan mucho y no podemos conectarnos con las oportunidades que nos da la vida, porque ya no le encontramos sentido.
Autores
(Ciudad de México, 1985). Es narrador y periodista. Escribe sobre música, futbol, terror y literatura en diversos medios impresos y digitales. Fue becario del FONCA (2015-2016) y del PECDA del Estado de México (2014-2015), en ambas como joven creador en letras con especialidad en cuento. Estudió la Licenciatura en Creación Literaria en la UACM y la Maestría en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Actualmente da clases de periodismo y de escritura creativa.
Ilustrador
María Magaña
(Guadalajara, 1988) es ilustradora y diseñadora. Egresada de la Licenciatura en Diseño para la Comunicación Gráfica por la Universidad de Guadalajara. Desde el 2011 distribuye su trabajo de forma independiente.