Ilustrador
Richard Zela
Ilustrador y narrador gráfico, nacido en la ciudad de México. Estudió diseño y comunicación visual en la ENAP. Ha recibido varios reconocimientos por su trabajo, como: Seleccionado en la beca de Jóvenes Creadores del FONCA, periodo 2012-2013 y 2017-2018 en la categoría de narrativa gráfica, Primer lugar en el 20º Catálogo de Ilustradores de la FILIJ, mención honorífica en el 16º catálogo de ilustradores de FILIJ, seleccionado en 18º Spectrum: The Best in Contemporary Fantastic Art, seleccionado en el Catálogo Expose 11 de Ballistic Publishing. Zezolla, su primer álbum ilustrado fue seleccionado para representar a México en la Bienal de Bratislava y es parte de la lista de honor de IBBY en la categoría de mejor propuesta de ilustración en 2015.
Me enamoré perdidamente de su mano izquierda. Ya sé, ya sé, pero… ¡la derecha era tan distinta!, del estilo de las recatadas. Izquierda era una fiera. El día que nos conocimos, la miré embolsándose un puño de dulces mientras la cajera se distraía con el cabello de Amanda. En el estacionamiento del supermercado se me apareció de nuevo y me acerqué de prisa. Le pedí que me dejara ayudarla con el mandado. Ella aceptó ofreciéndome las bolsas que cargaba con la diestra e intercambiamos teléfonos.
Amanda comenzó a fragmentarse luego del divorcio de sus padres. Tenía alrededor de trece años. El acuerdo fue pasar los fines de semana con Manuel y el resto con Catalina, lo que provocó que oscilara entre desayunar crepas en casa de su papá, desvelarse y dormir toda la tarde; al huevo con nopales de su madre, prohibido ver la tele más de una hora y “a las nueve de la noche te quiero en cama con la luz apagada”.
¡Cómo adoraba, Derecha, las visitas a Catalina! Su momento favorito era la hora del rosario, donde acompañaba la dulce y maquinal voz de Amanda con el frotar silencioso de las cuentas de madera. Entretanto, Izquierda se cerraba en puño sobre su regazo, negándose a colaborar con la señora que odió desde que tuvo memoria. No le perdonaba haberla azotado cuando Amanda era niña y acorde con su naturaleza, escribía, señalaba o recortaba con Izquierda, signo inconfundible de la presencia del diablo a ojos de su mamá.
Por otro lado, en ningún lugar se sentía tan a gusto Izquierda como en casa de Manuel, pues el padre de Amanda también era zurdo, y no escatimaba en materiales para que ella hiciera los dibujos que tanto adoraba. Lápices para claroscuro, de acabado metálico, de colores, acuareleables, carboncillo y plumones: todo estaba a disposición de Izquierda, que se movía en el lienzo como una artista del patinaje, dejando en ridículo a la mano contraria, cuyos trazos parecían garabatos infantiles comparados con los suyos.
A Derecha todavía le quedaba el consuelo de portar los relucientes anillos que Catalina regalaba a su hija en cada cumpleaños, siempre que no le hubiera faltado al respeto y saludara a las visitas con la mano adecuada.
El resultado fue la caótica Amanda que conocí, una los sábados por la noche y otra distinta los domingos por la mañana. Es más, cuando daban comienzo las cenas familiares, podía escuchársele defender que el fin natural de la mujer es el sagrado matrimonio, tener hijos y llevar una vida decorosa, y a la hora del postre criticar los cánones machistas que se imponen desde la infancia, calificando de retrógrada la pretensión de traer hijos al mundo. Los comensales no apartaban la mirada de sus platos y solo abrían la boca para zamparse un trozo de cheesecake .
Luego de nuestro primer encuentro, llamé a Amanda y la invité a Barrio Alegre. Al principio no decía mucho, pero al calor del alcohol Izquierda se hizo presente. Fue ella quien se alzó en el aire para pedir otra ronda de cervezas, la misma que me condujo hasta el baño de hombres, me tomó del mentón y comenzó a besarme. Fue Izquierda quién acarició mis mejillas y bajó tanteándome el abdomen hasta posarse sobre mi entrepierna. A la semana le pedí que fuéramos novios y Amanda, entusiasmada, aceptó.
Para ser feliz me bastaba contemplarla mientras leía, simulando peinar las páginas con el cariño que peina la espuma a las olas del mar. En ocasiones, cuando Derecha no se oponía y Amanda se quedaba a dormir, yo me pasaba toda la noche mirando soñar a Izquierda, fascinado por sus leves espasmos, y sentía que por fin había vencido el temor a morir.
Sin embargo, Amanda ocasionalmente se levantaba de humor derecho, y para muestra están las misas dominicales. ¡Con qué espontaneidad ―me acuerdo―, con qué gusto la acompañé cuando empezábamos a salir! Acabada la ceremonia pasábamos invariablemente cerca del mendigo (siempre hay uno afuera de las iglesias), que nos ofrecía las manos vacías y grasientas. En ese momento, Amanda me señalaba cualquier detalle del paisaje: el empedrado, la casa victoriana de enfrente, sus tejas ¿verde albahaca o verde esmeralda?, la cúpula con campana o el cielo gris. Mientras le digo que sí, que ya vi qué bonita la torre blanca de marfil, la diestra pone con suavidad un par de monedas de cobre sobre las palmas del mendigo, asegurándose de rozar disimuladamente las yemas de sus dedos, provocando que Amanda entorne los ojos y se estremezca, segura de que ni yo ni su mano izquierda nos enterábamos de lo que hacía con la derecha.
En ese perpetuo vaivén estuvimos once meses, hasta que ocurrió el acabose en la fiesta de Laura. Ya desde el camino, orquestamos una sinfonía de ideas que se antojaba estival (eran planes a largo plazo). En el asiento trasero del taxi, Izquierda jugaba con los caireles de Amanda, mientras Derecha me tomaba con ternura sobre el regazo cubierto de falda beige.
Durante la fiesta subimos de intensidad, intercambiando miradas burlonas, mordiéndonos los labios mientras los otros hablaban.
Por medio de un acuerdo silente, jugamos a desconocernos. Le pregunté si tenía novio y me dijo que no importaba. Me jaló al cuarto de Laura mientras se quitaba el sostén y de un empujón me hizo caer sobre un territorio suave y desconocido.
Mirándonos con ternura, entrecruzando las manos, arremetimos frenéticamente el uno contra el otro, luego suave, luego frenéticamente otra vez. Y así estuvimos jadeando, palpándonos, ensayando todas las posiciones que el ardor febril nos concedió y muriendo en cada contacto profundo. Los dedos de Izquierda en mi boca: imposible olvidar el sabor de sus dedos de luna.
En algún punto alguien tocó la puerta violentamente. Supimos de inmediato que se trataba de Laura y nos apuramos en salir, con la sonrisa que ponen los novios que acaban de darse el “sí” por primera vez. Pedimos un taxi.
Nadie sabe en qué estadística estará al minuto siguiente. Esa noche nos tocó ser uno de los ciento treinta y nueve mil percances viales que ocurren diario en el mundo. El otro, que venía alcoholizado, se brincó uno de los seis semáforos que hay de la casa de Laura a la mía. Impactó en el costado izquierdo, lugar de Amanda en ese momento. Al sentirlo venir, su instinto la obligó a protegerse el rostro con la siniestra y la diestra en puño sobre el pecho, como apretando al corazón. Se sumió la puerta y el vidrio de Amanda voló en mil pedazos, dejándola tapizada de esquirlas.
El susto duró lo que tenía que durar, pero el diagnóstico de Izquierda no fue favorable. La fiera mano que amé cayó en un estado de lasitud y estupor del que no volvería. Amanda interpretó el accidente como una señal que confirmaba las ideas de su madre. “Si no hubiéramos andado tan noche en la calle”, decía sentenciosamente. A partir de entonces, se volvió taciturna y mesurada, alegre como siempre, pero mesurada. Me tomó un par de semanas comprender que aquella noche Amanda fue por última vez su lado izquierdo, cuya forma más viva, la mano ahora lánguida, se ofuscaba en su propia tumba de carne.
La última noche que pasamos juntos me soñé bailando con Izquierda, que flotaba delicadamente. Abrí los ojos y miré la mano que no dormía, pero tampoco estaba despierta. Daba la impresión de ser un mero instrumento de Amanda, empalmada con Derecha, sosteniendo su rostro durmiente. Entonces, me acerqué y le di un beso, me levanté de la cama, me vestí sin hacer mucho ruido, y no volví a buscarla jamás.
Autores
(Coahuila, 1990). Licenciado en filosofía por la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha colaborado en revistas electrónicas, en fanzines y en las antologías impresas: "Perros" de Ediciones Sherezade (Chile) y "Obsesivos" de Infinita Editorial (México).
“Montevideo e la repubblica dell’Uruguay. Descrizione e statistica, etc” por Bordoni, Giosuè. Extraida de Flickr.
Capítulo XIV
Algunas historias desafortunadas
Para este momento ya había conocido a la mayor parte las cuarenta y cinco mujeres en el Pabellón 6. Permítame presentarle a algunas de ellas. Louise, la bonita chica alemana quien, como había mencionado anteriormente, padecía de fiebre; estaba bajo el delirio de que los espíritus de sus padres muertos la seguían.
—La Srta. Grady y sus asistentes me han dado varias palizas —dijo— y no puedo comer nada de la porquería que nos sirven. No debería de tener que morir de frío por la falta de ropa adecuada. ¡Oh! Todas las noches rezo para que me regresen con mi papá y mamá. Una noche, cuando estaba presa en Bellevue, el Dr. Field vino; yo estaba en cama y cansada de la examinación. Por fin dije: ‘Ya estoy cansada de esto. No diré nada más’. ‘¿Ah, no?’ contestó enojado ‘Eso ya lo veremos.’ Dicho esto, recargó su muleta al lado de la cama y, recargándose en esta, me picó las costillas con fuerza. Me incorporé de un brinco en la cama y le dije: ‘¿Qué le sucede?’ ‘Quiero enseñarte a obedecer cuando te estoy hablando’ contestó. ¡Si tan solo pudiera morir y regresar con papá!
Cuando me fui ella estaba confinada en cama con fiebre, y tal vez para este momento su deseo ya se cumplió.
Hay una mujer francesa recluida en el Pabellón 6, o por lo menos lo estaba durante mi visita, quien creo que está completamente cuerda. La observé y hablé con ella todos los días, excepto los últimos tres, y me fue imposible encontrar en ella algún tipo de manía o delirio. Su nombre es Josephine Despreau, si no me equivoco en la escritura, y su esposo y todos sus amigos están en Francia. Josephine resiente mucho su situación actual. Sus labios tiemblan y se rompe en llanto cuando habla de su caso, incapaz de hacer algo al respecto.
—¿Cómo llegaste aquí? —le pregunté.
—Una mañana, cuando estaba intentando conseguir algo de desayunar, me enfermé gravemente y la señora de la casa llamó a dos oficiales que me llevaron a la comisaría. No podía entender sus procedimientos y le prestaron poca atención a mi historia. Las usanzas en este país eran nuevas para mí y antes de que me diera cuenta, ya estaba registrada como una mujer loca en este manicomio. Cuando recién llegué, me lamenté por estar aquí sin esperanza alguna de salir, y por mis lamentos la Srta. Grady y sus asistentes me estrangularon hasta lastimar mi garganta, que sigue adolorida hasta la fecha.
Una bonita y joven mujer hebrea hablaba tan poco inglés que no pude entender su historia excepto por lo que contaban las enfermeras. Dijeron que su nombre es Sarah Fishbaum y que su esposo la puso en el manicomio porque sentía afecto por otro hombre. Dando por hecho que Sarah estaba loca, es decir loca por los hombres, permítanme decirles cómo las enfermeras trataron de (¿)curarla(?). Solían llamarla para decirle:
—Sarah, ¿no te gustaría tener un agradable jovencito?
—Oh, sí; un hombre joven estaría bien —contestaba Sarah con las pocas palabras de inglés que sabía.
—Bueno, Sarah, ¿te gustaría que habláramos con alguno de los doctores de tu parte? ¿No te gustaría tener a uno de los doctores?
Y luego le preguntaban a cuál doctor prefería y le aconsejaban coquetear con él cuando visitara el pabellón, entre otras cosas.
Estuve observando y hablando con una mujer de tez clara por varios días y fallé en encontrar un motivo por el cual había terminado ahí, estaba tan cuerda.
—¿Por qué viniste aquí? —le pregunté un día, después de tener una larga conversación.
—Estaba enferma —contestó.
—¿Estás enferma mentalmente? —le insistí.
—Oh, no; ¿qué te hizo pensar eso? Estuve trabajando demasiado duro y colapsé. Tenía algunos problemas familiares y ya que no tenía ni un centavo ni un lugar a donde ir, apliqué para que los comisionados me enviaran a una casa de caridad hasta que pudiera regresar a trabajar.
—Pero no envían a gente pobre aquí a menos de que estén locos —le dije—. ¿No sabes que aquí tan solo envían mujeres locas, o mujeres supuestamente locas?
—Me enteré que la mayoría de estas mujeres estaban locas después de llegar, pero luego les creí cuando me dijeron que este era un lugar a donde envían a los pobres que aplican por ayuda, como yo lo hice.
—¿Cómo te han tratado? —pregunté.
—Bueno, hasta ahora me he librado de los golpes, pero me enferma ser testigo de tantas palizas habidas y por haber. Cuando me trajeron aquí, intentaron darme un baño, cuando era imperativo que no me bañara debido a la naturaleza de mi enfermedad y por la cual necesitaba hospitalizarme. Pero me metieron en la bañera de todas formas y sufrí por semanas después de eso.
Una Sra. McCartney, cuyo esposo es un sastre, se ve completamente racional y no tiene ni una sola idea delirante. Mary Hughes y la Sra. Louise Schanz no mostraron ningún rastro evidente de demencia.
Un día, dos caras nuevas se unieron a nuestras filas. La primera era una idiota, Carrie Glass, y la segunda era una atractiva chica alemana: bastante joven a primera vista y cuando ingresó, todas las pacientes hablaron de su aspecto agradable y aparente sanidad. Su nombre era Margaret. Me dijo que había sido una cocinera y era extremadamente limpia y ordenada. Un día, después de que había tallado el suelo de la cocina, las mucamas bajaron y lo ensuciaron a propósito. Esto la hizo enfurecer y comenzó a reñir con ellas; llamaron a un oficial y se la llevaron a un manicomio.
—¿Cómo pueden decir que estoy loca simplemente porque me dejé llevar por mi temperamento? —se quejó— Otras personas no son tachadas de locas cuando se enojan. Supongo que lo único que me queda por hacer es mantener la cabeza baja y evitar las palizas que veo a otras recibir. Nadie puede decir ni una mala palabra sobre mí. Hago todo lo que dicen y todo el trabajo que me dan. Soy obediente en todos los sentidos y hago todo lo posible por probarles que estoy cuerda.
Un día trajeron a una mujer loca. Era bastante ruidosa, así que la Srta. Grady le dio una paliza y le dejó un ojo morado. Cuando los doctores lo notaron y preguntaron si se lo habían hecho antes de llegar, las enfermeras les dijeron que así había sido.
Cuando estaba en el Pabellón 6 nunca escuché a las enfermeras hablarle a las pacientes a no ser que fueran a regañarlas, gritarles o molestarlas de alguna forma. Pasaban la mayor parte de su tiempo intercambiando chismes sobre los médicos y sobre las otras enfermeras de una manera poco edificante. La Srta. Grady casi siempre salpicaba su conversación con palabras vulgares y, por lo general, comenzaba sus comentarios invocando el nombre del Señor. Llamaba a las pacientes con los nombres más mundanos y vulgares. Una tarde, tuvo una disputa sobre el pan con otra enfermera mientras cenábamos, y una vez que salió la enfermera, le puso nombres ofensivos e hizo algunos comentarios malintencionados.
En las tardes una mujer, quien supuse que era la jefa de cocina para los enfermeros, solía salir y darles a las enfermeras pasas, uvas, manzanas y galletas. Imagínese lo que sentían las pacientes mientras se sentaban y veían a las enfermeras comer lo que en sus ojos era un banquete de lujo.
Una tarde, el Dr. Dent estaba hablando con una paciente, la Sra. Turney, sobre un problema que había tenido con una enfermera. Más tarde nos llevaron a cenar y la mujer que había golpeado a la Sra. Turney, y de la que habló con el Dr. Dent, estaba sentada por la puerta del comedor. De pronto la Sra. Turney tomó su tazón de té y, mientras pasaba por la puerta, se lo lanzó a la mujer que la había golpeado. Hubo un griterío y regresaron a la Sra. Turney a su lugar. Al día siguiente la transfirieron a la “pandilla de la cuerda[1] ”, que supuestamente está formada por las mujeres más peligrosas y suicidas de la isla.
Al principio no podía dormir y tampoco quería hacerlo si eso significaba enterarme de alguna novedad. Tal vez las enfermeras del turno nocturno se quejaron al respecto. En fín, una noche entraron a mi cuarto e intentaron hacerme tomar de un vaso una dosis de una mezcla extraña para “ayudarme a dormir” según dijeron. Les dije que no haría nada por el estilo y me dejaron en paz por el resto de la noche, o por lo menos eso esperaba; pero mi esperanza fue en vano, pues regresaron a los pocos minutos acompañadas por un doctor, el mismo que nos recibió cuando llegamos. Insistió en que debía tomarla, pero estaba decidida en no perder la conciencia, aunque fuera por tan solo unas horas. Cuando se dio cuenta que no lograría convencerme, su actitud se volvió áspera y cortante, y dijo que ya había desperdiciado suficiente tiempo conmigo. Que si no tomaba la medicina, la insertaría en mi brazo con una aguja. Caí en cuenta de que si me administraba la medicina en el brazo, no podría deshacerme de ella, pero que si la tragaba aún quedaba una opción, así que dije que la tomaría. Olía y sabía como láudano[2] y era una dosis sobrecargada. Tan pronto como se fueron del cuarto y echaron seguro a la puerta, metí mi dedo en la garganta y probé qué tan profundo llegaría; por suerte, el cloral no logró cobrar efecto sobre mí esa noche.
Me gustaría mencionar que Burns, la enfermera del turno nocturno en el Pabellón 6, parecía ser amable y paciente con las personas pobres y afligidas. Las otras enfermeras hicieron varios intentos por platicar de amantes y me preguntaron si no me gustaría tener uno. Pronto se dieron cuenta que no tenía mucho interés en (lo que ellas consideraban) el tema en boga.
Una vez a la semana le dan un baño a las pacientes y esa es la única ocasión en la que pueden ver un poco de jabón. Una paciente me pasó un pedazo de jabón del tamaño de un dedal. Me pareció un gesto muy noble, pero seguramente ella apreciaría más el jabón barato que yo, así que le di las gracias y se lo devolví. En el día de baño llenan la bañera con agua y lavan a las pacientes, una tras otra, sin cambiar el agua. Repiten este proceso hasta que el agua se vuelve espesa, luego la drenan y rellenan la bañera sin siquiera lavarla. Usan las mismas toallas para todas las mujeres, sin importar si tienen sarpullido o no. Las pacientes sanas luchan por conseguir un cambio de agua, pero se ven forzadas a someterse a la voluntad de las enfermeras flojas y tiranas. Los vestidos rara vez se cambian más de una vez al mes. Si la paciente tiene una visita, he visto a las enfermeras apurarse para cambiar su vestido antes de que llegue el visitante. Esto mantiene viva la ilusión de una administración buena y dedicada.
Las pacientes que no se cuidan de sí mismas, acaban en condiciones bestiales y las enfermeras nunca cuidan de ellas, sino que le ordenan a otras pacientes que lo hagan.
Nos ordenaron sentarnos en el cuarto por cinco días. Nunca había invertido tanto tiempo en algo. Todas las pacientes estaban tiesas y doloridas y cansadas. Solíamos juntarnos en pequeños grupos en las bancas y torturar a nuestros estómagos platicando de lo primero que comeríamos en cuanto saliéramos. Si no hubiera sufrido y pasado hambre con ellas, la conversación probablemente hubiera sido bastante divertida. Pero dadas las circunstancias, solo me entristecía. Cuando se hartaban de hablar de su tema favorito, la comida, solían dar su opinión sobre la institución y su administración. El repudio hacia las enfermeras y los alimentos era unánime.
Conforme pasaban los días, la condición de la Srta. Tillie Mayard empeoró. Casi siempre estaba helada y le era imposible comer la comida provista. Día tras día cantaba para intentar conservar su memoria, pero finalmente una enfermera hizo que se detuviera. Yo hablaba con ella diario y me dolía verla empeorar tan rápido. Por fin, tuvo su primer delirio. Pensó que estaba tratando de hacerme pasar por ella y que todas las personas que pedían ver a Nellie Brown eran amigos suyos que acudían a buscarla, pero que de alguna manera, yo estaba intentando hacerles creer que era ella. Traté de razonar con ella, pero fue imposible, así que mantuve tan alejada como me fue posible, para que mi presencia no alimentara su fantasía y empeorara su situación.
Una de las pacientes, la bella y delicada Sra. Cotter, un día pensó que había visto a su esposo subiendo por la vereda. Dejó la fila en la que estaba marchando y corrió a saludarlo. Por este simple acto la mandaron al Retiro[3] . Después dijo:
—Me hierve la sangre de solo acordarme. Por haber llorado, las enfermeras me golpearon con un palo de escoba y brincaron sobre mí, causando daño interno para que nunca me recupere. Luego me ataron las manos y los pies, y me pusieron una sábana sobre la cabeza, la enroscaron alrededor de mi garganta, para que no pudiera gritar, y me echaron en una bañera con agua helada. Me sostuvieron debajo de la superficie hasta que abandoné toda esperanza y perdí el conocimiento. Otras veces me agarraban de las orejas y estrellaban mi cabeza contra el suelo y contra la pared. Luego me arrancaban el pelo desde la raíz, para que jamás volviera a crecer.
La Sra. Cotter me dio pruebas de su relato, la cicatriz en su nuca y los espacios calvos donde le habían arrancado el pelo a mechones. Cuento su historia de la manera más fidedigna que me es posible:
—No me trataron tan mal como he visto que tratan a otras allá adentro, pero sí arruinó mi salud e incluso si logro salir de aquí, seré un desastre absoluto. Cuando mi esposo se enteró de los maltratos que recibí, los amenazó con exponerlos si no me sacaban, así que me trajeron aquí. Ahora estoy bien mentalmente. Dejé ese miedo en el pasado y el doctor prometió dejar que mi esposo me llevara a casa.
Conocí a Bridget McGuinness, que parece estar sana hoy en día. Dijo que la habían enviado al Retiro 4, y la pusieron en la “pandilla de la cuerda”.
—Las palizas que me dieron allí fueron verdaderamente atroces. Me jalonearon del cabello, sumergieron mi cabeza en agua y me sostuvieron hasta casi ahogarme, y también me estrangularon y me patearon. Las enfermeras siempre colocaban cerca de la ventana a una paciente sumisa para que vigilara y les avisara cuando se acercaba alguno de los doctores. No tenía caso quejarnos con ellos, pues siempre alegaban que no era nada más que las lucubraciones imaginarias de nuestros cerebros enfermizos; además de que las enfermeras nos darían otra paliza por acusarlas. Solían sostener a las pacientes bajo el agua y las amenazaban con dejarlas morir a menos de que prometieran no decir nada a los doctores. Todas lo prometíamos, porque sabíamos que los doctores no nos ayudarían y haríamos lo que fuera con tal de escapar sus castigos. Después de romper una ventana me transfirieron a la Cabaña, el peor lugar en la isla. Todo está espantosamente sucio y el hedor es insoportable. En el verano un ejército de moscas invaden el edificio. La comida es aún peor de la que recibimos en otros pabellones y solo la sirven en platos de estaño. Incluso los barrotes, en lugar de estar afuera como en este pabellón, están adentro. Hay muchas pacientes sumisas que han estado ahí por varios años, pero las enfermeras se las quedan para que hagan su trabajo. Además de las múltiples palizas que me dieron, una vez las enfermeras me brincaron encima y me rompieron dos costillas —continúo con su relato—. Mientras estaba en ese lugar trajeron a una muchacha bonita. Había estado enferma y se manifestó en contra de que la pusieran en ese lugar tan sucio. Una noche, las enfermeras se la llevaron y, después de golpearla, la desnudaron y la sujetaron en una bañera helada, y la arrojaron de vuelta en la cama. Al llegar la mañana, la chica estaba muerta. Los doctores dijeron que murió de convulsiones y eso fue todo lo que se hizo al respecto. Les inyectan tanta morfina y cloral a las pacientes que pierden la cabeza. Yo he visto como se vuelven locas por un trago de agua debido a los efectos de la droga y las enfermeras se niegan a dárselos. He escuchado a mujeres rogar la noche entera por una gota de agua sin conseguir nada. Incluso yo pedí agua hasta que mi boca ya estaba tan seca como un pergamino y no podía hablar.
Vi la misma cosa con mis propios ojos en el Pabellón 7. Las pacientes solían rogar por un trago antes de retirarse, pero las enfermeras (la Srta. Hart y las otras) se rehusaban a abrir los baños para que pudieran saciar su sed.
[1] La “rope gang ”, descrita en el capítulo XII, consistía en una cuerda larga de cincuenta y dos mujeres atadas por medio de cinturones de cuero alrededor de sus cinturas; cada una gritando, llorando o riendo, dependiendo de su delirio privado.
[2] Láudano: tintura alcohólica de opio mezclada con otras especias, cuyo ingrediente activo es la morfina, aunque también contiene trazos de codeína y narcotina. Se utilizaba en jarabes medicinales a lo largo del siglo XIX en Europa para tratar una sarta de malestares, desde dolor de dientes, tos y ansiedad, hasta tratamiento para cáncer y otras enfermedades terminales.
[3] The Retreat se refiere a la sección del instituto con celdas de confinamiento solitario.
Autores
(Pennsylvania 1864 - Nueva York 1922) fue una periodista, inventora y activista estadounidense. Viajó alrededor del mundo en 72 días, rompiendo las expectativas de Julio Verne. Sus artículos fueron publicados en el
Pittsburgh Dispatch ,
New York World y
Cosmopolitan , entre muchos otros.
Nick Cave, imagen promocional. Matt Thorne
Un muerto no es lo mismo que un fantasma.
Christian Peña
No quería mirar por la ventana. No tuve el valor, creo. Necesitaba concentrarme en algo que me ayudara a sobrevivir en estos tiempos de incertidumbre, y se me hizo buena idea recurrir a los ídolos que, en el pasado, me enseñaron a enfrentar la vida. Así que pensé en la música de Nick Cave y los Bads Seeds , esas canciones cargadas de letras barrocas y rasgueos industriales de sintetizadores analógicos; aquellas que hablan sobre personas a punto de arruinar su vida, o la de alguien más. Los temas que eran cantados a gritos hacia un público aterrorizado para elevar su adrenalina. Esas letras siempre me parecieron las de un hombre que bailaba alrededor del cráter de un volcán activo, sorteando las llamaradas.
Me interesó echar un vistazo a sus últimas producciones, por eso del diablo y la vejez, así que reproduje el álbum de 2016, Skeleton Tree , y descubrí que en las canciones no se encuentran ni la rabia ni la habilidad melodramática para lanzar voces que disfruté en otros de sus discos, como si su música se hubiera disuelto en el aire y solo quedara dolor y confusión; y por encima de ambas cosas, mucha desesperanza. No parecían las melodías de un demonio, sino las de un hombre deshecho .
¿Qué le ocurrió a Nick Cave, en el transcurso de estos años, que lo dejó igual que un animal herido, el cual busca un rincón para esperar la muerte? Ni la adicción lo detuvo al abandonar su natal Australia para salir hacia Berlín junto a The Birthday Party ; tampoco evitó que luego se mudara hacia Inglaterra, donde llegó a tocar junto a las bandas emergentes que cantaban en bares peligrosos: como Bauhaus , ellos dejaban el sarcófago por unas horas para acercarse al público; o como Siouxsie Sioux , quien invocaba magia muerta desde los escenarios.
Nick Cave fue un hombre que acabó tirado, en una ocasión, en un cuarto de hotel de una de las ciudades más peligrosas en nuestro país: Tijuana; y que contaba haber sido adorado como un dios, en un pueblo mexicano, por traer una camisa de lamé verde .
Cave se enamoró, recayó en las drogas y volvió a surgir indemne. Hasta usó un bigote ridículo. En algunos discos como Tender Prey (1988) o Murder Ballads (1996), las canciones de Cave parecen postales que exponen el peor lado del ser humano: homicidios, suicidios, amenazas.
Internet respondió rápido a mis preguntas: Arthur Cave, uno de los gemelos que tuvo con Susie Bick , falleció al caer por un barranco tras consumir LSD. Arthur tenía, apenas, dieciséis años. Fue una muerte que, en su momento, pudo haber tenido el mismo Cave en una de sus peores épocas.
Entonces sentí que en Skeleton Tree , Cave miraba hacia un abismo en el que todos, muchas veces, nos hemos encontrado: ¿con qué sintaxis podríamos intentar describir el agujero que queda cuando nos ha sido arrebatado alguien que formaba parte de nosotros, o de la manera en que nos relacionábamos con el mundo? Es por eso que, en los funerales , me dije, cuando se acercan nuestros amigos y compañeros de trabajo a brindarnos el pésame, sentimos que sus palabras no tienen peso, parecieran silenciosas. De la misma forma que cada ausencia de un ser amado señala el vacío desde el cual nos construimos, y nos formamos como personas; el que intentamos enterrar con mensajes de texto, con música, con alcohol o con trabajo; o, simplemente, al hacer planes sobre un futuro donde imaginamos que no habrá dolor.
Necesitaba fuerza, energía, no vulnerabilidad. Y si Cave no salió ileso de dicha pérdida, ¿cómo iba a poder hacerlo una persona común y corriente, como yo, ante lo que estamos viviendo?
De igual manera, me adentré en los discos esperando descubrir, aun así, una gota de fuerza escondida en algún compás. Me sorprendió lo que encontré: una oscuridad mayor a la que denotaba antes, con sus canciones sobre crímenes, una desesperanza más insondable. La primera canción (“Jesus alone ” ) del álbum Skeleton Tree dice: You believe in God/ but you get no special dispensation for this believe now (crees en Dios/ pero no obtienes especial dispensación por esta creencia ahora).
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Lo anterior contradice una línea de la canción “Into my arms ”: I don’t believe in an interventionist god (no creo en un dios intervencionista).
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Esto me pareció el giro de timón de un hombre que ha sufrido un impacto tan duro que en el fondo ya no le importa si cree o no en la divinidad, pues esta no estuvo cuando fue necesario. La composición, además, abre diciendo: You fell from the sky,/ crash landed in a field/ near the river Adur (caíste del cielo/ golpeando con un campo/ cerca del río Adur), y esto habla de un accidente aéreo ocurrido semanas después del fallecimiento de Arthur Cave, en el que 11 personas murieron tras la caída de un avión militar cerca del río Adur, en Inglaterra.
Cuando uno está envuelto en pesares (ahí entiendo a Cave) siente que puede empatizar con cualquier dolor que aparezca en el camino. Por ejemplo, ¿cuántos sentimos, en estos días de irresolución, que nuestros problemas se encuentran amplificados en los cientos de noticias que nos bombardean?
Retrocedí en la discografía de Cave y escuché el disco anterior (Push de sky away , 2013). En este, encontré que su música ya se había vuelto más atmosférica, más cadente, como si flotara hacia un territorio donde la batería no marca el tiempo, y ni siquiera las letras parecen tener significado o sentido. Mas no era el fondo del pozo enmohecido desde donde cantaba en el Skeleton Tree : ahí solo se ve un círculo de luz, hacia arriba, una esperanza ajena, mientras se escuchan “Magneto ”, canción que parece hablar sobre la fragmentación de la memoria ante el dolor o el trauma; o “Girl in amber ”, que parece puntualizar lo mismo que dice Roberto Juarroz : “no tenemos lenguaje para los finales,/ para la caída del amor”.
Un par de tracks después, en “Distant sky ”, el artista que años atrás exaltaba las emociones de su público a través de gritos guturales, de la misma manera que en un ritual pagano, se sentaba frente a un piano para decir: They told us our gods would outlive us, they told us our dreams would outlive us. But they lied (nos dijeron que nuestros dioses nos sobrevivirían. Nos dijeron que nuestros sueños nos sobrevivirían. Pero nos mintieron).
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Entonces creí que no tenía caso pasar a Ghosteen (2019), el disco más reciente en la producción de Cave. Solo continuaría hundiéndome en el fango. A pesar de eso, entré en él esperando un segundo camino de canciones hirientes, filosas, de hiedra, como si necesitara sumergirme en lo más profundo para resurgir; sin embargo, el álbum me ayudó a encontrar una cuerda, en medio de la oscuridad húmeda del pozo, que servía para subir hacia la luz.
“Ghosteen” significa, según todas las páginas que consulté, “fantasmita ”; yo, de inicio, pensé en un fantasma adolescente. Arthur Cave caminando entre las canciones. Este es un álbum doble, donde el primer disco, compuesto por piezas cortas, son los hijos; mientras el segundo, compuesto por dos muy largas (y de puente, una recitada) son los padres.
Hay dos imágenes que aparecieron, originalmente, en el Skeleton Tree y que acá regresaron: los niños elevándose hacia el sol (“Distant sky ”) y la canción que gira (“Girl in amber ”); mas también hay otras: caballos en llamas, Jesucristo yaciendo en los brazos de su madre, por ejemplo. En este trabajo, Cave rememora momentos en que bien pudiera estar hablando con su familia, en especial con su esposa, y, de pronto, el fantasma adolescente posee el cuerpo del padre en la canción “Ghosteen Speaks ”: I am besides you. Look for me. Well, I think they’ve gathered here for me (Estoy a tu lado. Búscame. Bueno, creo que se han reunido aquí por mí).
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Sin embargo, en las últimas tres piezas del segundo disco, Cave hace las paces, de alguna manera, con la pérdida: en el tema “Ghosteen ” habla sobre la presencia y el recuerdo del hijo; hasta usa palabras que solo podría utilizar un padre para hablar con su pequeño, antes de decir que se puede amar algo que no puede sostenerse en la mano.
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Después, en “Fireflies ”, sentencia que solo somos luciérnagas encerradas en el frasco de un niño, donde no hay orden ni hay terreno medio, nada se puede predecir y nada puede ser planeado.
Finalmente, en “Hollywood ”, hace el recuento de daños al hablar sobre un incendio en que animales huyen por un bosque hacia la playa y, para concluir, quizá en un momento de aceptación doloroso, narra la historia de Kisa , la mujer que corrió hacia Buda para pedirle que salvara a su hijo moribundo.
Buda le dijo que lo haría, si ella le llevaba una semilla de mostaza de algún hogar donde no hubiera muerto nadie. Kisa corre desesperada a buscar, pregunta en las casas del pueblo. En todos lados hay familiares perdidos. Finalmente se decide a enterrar a su hijo. “Es un largo camino para encontrar la paz mental ”, susurra Cave con voz de falsete, en “Hollywood ” .
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Puedo imaginar a la familia tras la pérdida. El mundo continúa y uno no sabe hacía donde caminar: ¿en quién convertirse ahora que las cosas han perdido el orden que nos permitían avanzar?
Earl, el gemelo de Arthur, se volvió un individuo sin reflejo; Susie, ya solo era madre de una persona, y no se pudo mover de la cama durante varias semanas. Nick no terminaba ninguna de sus canciones. El fantasma adolescente continuaba a su lado, pidiéndoles que no superaran la situación, que continuaran sintiéndose mal, que no restructuraran sus emociones. Las exigencias de los Muertos suelen ser atroces: ya no forman parte de la vida, así que no tienen piedad. Pero quién habla no es el ser querido, con todas sus ideas y sus emociones, sino la sombra que imprimió en los recuerdos que, como música tocada sin auditorio, giran en la cabeza de los sobrevivientes: las charlas que quedaron a medias, los debates en los que nadie tuvo la razón.
Los fantasmas –más allá de su existencia real– embrujan a los vivos, convirtiéndolos en casas arrumbadas, llenas de recuerdos, que continúan en decadencia. Ya pasada la catástrofe, las emociones se quedan despedazadas en el suelo y uno se cansa de la lamentación.
Tras terminar de escuchar el disco, me quedé pensando en lo que ocurre en todas partes, en las personas que han muerto en las últimas semanas. Me dije que Cave tiene razón: nada puede ser predicho y nada puede ser planeado. No puede vivirse toda la vida en una casa embrujada, no podemos hacerle caso, con fervor, a los Muertos . En algún punto hay que trascenderlos. Esa es la esperanza del álbum Ghosteen : ni todo lo bueno lo es por siempre, ni tampoco lo malo: solo somos fotones lanzados de una estrella moribunda, dice Cave en “Fireflies ”, luciérnagas atrapadas en la mano de un niño; y entonces, al pensar en esa frase, caigo en cuenta que tengo mucho sin ver una, y recuerdo que la última vez fue junto a una persona con quien ya no comparto mi vida; con quien, durante meses, cada noche antes de dormir, tenía una conversación imaginaria en la que le reprochaba todo lo que quedó al aire.
Abro la ventana y observo la calle: los coches ya empiezan a circular por la avenida, hacen fila en el semáforo, y la llenan de pitidos, de insultos, de smog . Las personas que alcanzo a ver caminan con vacilación, como si fueran escuchando a sus Muertos ; sus mundos han estado en constante ebullición, no saben qué hacer. No sabemos, más bien. Ninguno de nosotros, en estos días, puede entregar una semilla de mostaza.
Autores
Sergio Ceyca (Culiacán, 1990) ha publicado la novela No tendrás perdón (ISIC, 2018) y el libro de cuentos Magia moribunda (Ediciones del Olvido, 2021). Estudió leyes en la Universidad Autónoma de Sinaloa y se ha desempeñado como reportero en diversos medios electrónicos. Participó en el primer Curso-taller para jóvenes creadores de la Fundación para las Letras Mexicanas, con sede en Xalapa; y ha sido beneficiario del Programa de Estímulos para la Creación y el Desarrollo Artístico de Sinaloa durante 2018, así como de la beca de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en el periodo 2019-2020.
1. Se necesita mucha fe para creer que fundar la capital de un imperio sobre un lago es una buena idea. Con los siglos, el asentamiento devendría capital de un país (en aquellos tiempos inimaginable, cabe mencionar, en descargo de los involucrados), y los problemas no harían sino acumularse. Confianza en los dioses, la humana interpretación de sus mensajes, los recursos tecnológicos, la dominación de los elementos, la modificación impune del ecosistema. El antiguo Distrito Federal, la más antigua Tenochtitlan, es una suma de obcecaciones, microuniverso que en poco menos de 1500 kilómetros cuadrados ofrece un muestrario de maravillas y horrores, cimas y abismos. Mezcolanza, caos, centro, distendido Aleph.
A estas alturas de los discursos que hacen hincapié en lo regional, lo comunitario, la naturaleza híbrida de las identidades, es oneroso afirmar que alguna de las representaciones estéticas de la Ciudad de México retrata la totalidad del ser mexicano; lo menciono porque casi siempre que se habla de la gran novela mexicana, se piensa más bien en la gran novela defeña. También a estas alturas, el sueño de la gran novela nacional suele parecernos un deseo que perteneció a otra generación, y que, hechas las cuentas de las propuestas actuales, resulta inoperante. Prácticamente nadie sueña con escribir la novela que abarque, en quinientas páginas de apretada tipografía, el país entero. Sostenían este ideal necesidades literarias y extraliterarias —la crítica, la industria editorial, la sociología, la Historia— y personajes a quienes les hubiera venido bien anunciar, reconocer en primer lugar o construir un discurso totalizador alrededor de una simplificación como esa: la identidad completa de un país que, deslindado de sus áreas adyacentes, centrifugado de sus hibridaciones, se presentara de forma sencilla, portátil, y se pudiera individualizar, para entenderlo completo y de una vez.
Hoy reconocemos en la Ciudad de México una región literaria más de las que conforman el mapa actual de nuestras letras. Hay libros que han tomado a la capital como personaje, motivo principal o estrategia narrativa. Desde la fundacional La región más transparente , de Carlos Fuentes, narración coral que cuenta el paso de la urbe a la modernidad, pasando por Los detectives salvajes , colmena de historias que se sostienen y se generan unas a otras en el hacinamiento urbano, hasta la saga policiaca de Bernardo Esquinca —compuesta por La octava plaga , Toda la sangre , Carne de ataúd e Inframundo — que da cuenta de los sustratos temporales que conviven en el presente de la ciudad. La novela chilanga, defeña, del centro —el adjetivo para designarla es elusivo, lo que me lleva a pensar en que durante mucho tiempo la concebimos como la parte que definía el todo— cuenta con narradores que la han tomado como el gran y caótico escenario de sus historias: Guillermo Fadanelli (¿Te veré en el desayuno? ) y Juan Villoro (El vértigo horizontal ), como ejemplos puntuales.
2. Desagüe , primera novela de Diego Rodríguez Landeros (Mazatlán, 1988), despliega una nómina de historias que tienen como hilo la presencia del agua en la región donde coinciden la cuenca y el valle de México, así como la lucha, que dura ya cinco siglos, de la civilización que se asentó ahí por domesticar los ríos y lagos.
Dividida en dos partes, “El kilómetro cero” y “La historia de Dios”, la novela participa de los materiales del ensayo (crónicas históricas, datos científicos, biografías, reflexiones en torno a problemas hidráulicos) y de la ficción narrativa (relatos, atisbos de estructura novelística, estampas, personajes).
Cuidándose de establecer un centro inapelable que le permita al lector rastrear sin margen de error sus derivaciones, su estructura coincide con su tema: la trama de la novela fluye, cambia de apariencia en varias ocasiones, se desdobla en afluentes secundarios, pequeños ríos que contribuyen con el agua de su narrativa a ensanchar un cauce principal. De esta manera, los capítulos no tejerán tanto una ceñida celosía como un sistema subterráneo de vasos comunicantes, en donde se confundirán poco a poco las temperaturas de la Historia con la invención, hasta ofrecer un paisaje natural repleto de deshielos, manantiales, lagos.
Desagüe se presenta como una novela de tema, en la que caben variaciones y deslizamientos, para contar la historia de una ciudad que, desde sus avatares fundacionales, sobrevive a la terquedad de sus gobernantes y habitantes, olvidadizos de la furia de la naturaleza, empeñados en demostrar que la raza humana está dispuesta a todo con tal de no darse por vencida, incluso perder y no reconocerlo. El libro de Rodríguez Landeros, aunque podría leerse como la lucha de la humanidad por abrirse paso y establecerse, me parece en realidad una historia parcial de la necedad humana, retrato fragmentario de su ego conquistador y urbanista.
Por el lado de la crónica histórica y el ensayo encontramos la vida de Adrian Boot, ingeniero holandés que arribó a México en 1614 para inspeccionar las obras del desagüe del Valle de México, y que murió loco, seguro de que en el mapa hidrográfico de la región se delineaba la silueta de la Bestia del Apocalipsis. A Porfirio Díaz, “el Fausto mexicano”, quien luego de más de una década de empeño inauguró en 1900 el kilómetro cero del sistema de canales de desagüe. A Enrico Martínez, alemán nacido en Hamburgo, cosmógrafo del rey de España, que tras su llegada al Nuevo Mundo ganó, en 1608, una batalla contra las aguas del valle, y quien a raíz de su posterior y definitiva derrota cayó en desgracia, en la cárcel y en la ignominia. La lectura del Danubio de Magris, de cuyas páginas se entresaca la irónica parábola que propone que el manantial de donde nace el río homónimo es, quizá, una vieja llave de tubería que no cierra bien.
Por el lado de la ficción tenemos la historia del duelo de Indra, cuya novia, Ixtab, se suicidó en el kilómetro cero, aventándose al caos de las aguas negras; Indra recorre la ciudad y analiza la historia y construcción del gran canal, mientras intenta decidir si seguir o no los pasos de Ixtab. El doctor Winfried Georg Austerlitz, profesor de la UNAM, que además de impartir un seminario sobre las reacciones que producen los edificios en las personas, fuera del aula dicta cátedra a bocajarro sobre el tema que le pase por la cabeza. La historia de Dios, habitante lumpen de la periferia que pasa sus días entre la molicie y las drogas, y cuya vida de aventuras empieza cuando es encerrado en la cárcel, después de rescatar heroicamente a los sobrevivientes de un accidente de tren. El escandaloso fulgor y la anónima muerte de un sicario de Zumpango. Las historias del Murciélago y del Plástico, reos con el don de narrar anécdotas y mitos inesperados. La aparición de Agustín, “filósofo y confesor de la ciudad”, quien en una cantina del Centro Histórico confronta a Indra con su propia pena mientras conjetura el fin de la ciudad que se hundirá bajo las aguas.
3. Al referirse a la diferencia entre información y narración, Ricardo Piglia afirma que es necesario suspender la información, pues está no ofrece sentido en sí misma, dado que un dato o hecho se conecta con otro y la cadena puede extenderse hasta el infinito. Es sólo cuando la información se suspende que una narración específica aparece y luego termina, dotando de sentido la dispersión de la realidad, proponiendo un inicio y un final (es decir un sentido, en sus acepciones de dirección y de significación). La apuesta de Desagüe por una noción de caos, una forma híbrida, falla al no lograr homogeneizar los fragmentos que la conforman. El exceso de datos y fichas suspende la confección de la ficción. La información que no se asimila salta a la vista y rompe el ritmo. Esto se percibe en los discursos forzados de los personajes, la falta de ilación de los episodios, y en el hecho de que incluso los sueños y los fantaseos derivan en una descarga de información que quizá en otro sitio, con otra presentación, resultaría interesante, pero aquí detiene el avance del relato.
La importancia de dominar un tema es relativa en comparación con la trascendencia de la búsqueda formal. El saber no es lo central, sino la técnica. Y Desagüe adolece de una falta de rigor para dejar fuera materiales que no terminan de embonar. Además, el trazo de la mitad de los personajes resulta tenue, sus historias son ofrecidas de forma esquemática, repetitiva (Indra en realidad no termina de volverse presente, ni de conmover); su historia no avanza, pues consiste únicamente en un ritornello al kilómetro cero, el puro patetismo de un duelo no superado. La información, de nuevo, suple a otros desarrollos de personajes, como el doctor Austerlitz, que funciona apenas como un dispositivo de exposición, y no como un ente de acción y pensamiento singulares.
Sin embargo, es en la segunda parte donde noto que la ficción remonta, se hace más presente, con la picaresca historia de Dios como base, en cuyos alrededores los elementos discordantes logran armonizar. Cuando se plantea como forma estética, el caos necesita revestirse de encanto o terror, y ofrecer un rostro, y en esta parte la narración lo consigue. En ella, la voz narrativa incursiona con más acierto en disquisiciones y cuestionamientos, y los vuelos líricos abonan al paisaje.
Quizá la ambición de la novela no alcanza a cumplirse porque lo que resalta en la primera parte son los tumbos de la investigación, y esto retarda la entrada a las minucias de las historias particulares (Indra, al final, es un testigo mudo, y una excusa para el coleccionismo expositivo de fichas, pero no consigue mostrar la naturaleza de la decisión de Ixtab). Quizá en la segunda parte la narración sale mejor librada, luego de poner en orden las referencias, ensayarlas, y finalmente desatar las posibilidades narrativas de algunos personajes.
La lectura resulta irregular, pues el ritmo desaparece por momentos. Para ofrecer una experiencia estética, lo caótico necesita hacernos presentir su diseño. Dejando de lado el exceso de información, me parece que Desagüe ofrece un recorrido interesante por las necias y espectaculares batallas entre urbanismo e hidrografía que han sucedido y suceden en la Ciudad de México; además, podemos encontrar entre sus páginas algunas historias con encanto y misterio, de personajes que ven en el horror del caos urbano el dibujo de su destino.
Autores
(Monclova, 1977) Ha sido becario del Programa de Jóvenes Creadores del Fonca en tres ocasiones, y de la Fundación para las Letras Mexicanas durante dos periodos. Ha recibido siete premios nacionales, entre ellos el de Poesía Joven Elías Nandino 2007, el de Ensayo Carlos Echánove Trujillo 2009 y el de Poesía Ramón López Velarde 2009. Es autor de
Las afueras , entre otros libros.
Chalino. Imagen de Mariana Martínez
No puedo decir cuándo fue la primera vez que escuché una canción de Chalino Sánchez. Digamos, por conveniencia, que ocurrió en el mercado donde acostumbraba a comer con mi abuelo. Al fondo de un pequeño local, sobre un refrigerador verde y cuadrado, la televisión celebra un rostro joven y una pistola al cinto. Lo recuerdo así: la mano derecha sosteniendo un micrófono, sobre un escenario, acompañado de tres o cuatro músicos con quienes intercambia miradas. Luego, el sudor y el brillo y contraste de una grabación del siglo pasado, una espesa franja de salitre reptando por debajo de la tejana hasta alcanzar la nariz. Mientras canta, a ratos, utiliza la manga izquierda para limpiarse el rostro.
No puedo decir cuándo fue la primera vez que escuché a Chalino, sin embargo, sí puedo, al menos, intuir que debió ser en los 2000, cuando por razones ligadas a mi fecha de nacimiento, la radio, la tele y los discos de tianguis eran responsables de mi formación intelectual.
Un recuerdo de este tipo, para mucha gente, podría quedar en lo anecdótico solo porque ignora la manera cómo el descubrimiento de algo marca la relación con ese algo. No culpo a nadie, ni yo lo entiendo del todo. Sostengo, personalmente, la existencia de un antes y un después al escuchar La Canción; en mi caso, fue el punk, el rock urbano, algunos sonideros, el bafle en mochila, los que marcaron mi experiencia como adolescente creciendo en el Edo. Mex. de finales del s. XX.
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Como era de esperarse, ni mis amigos ni yo éramos los únicos en vagar por colonia. Había de todo, y había música para todos. Había tanto que no existía necesidad de elegir y cualquiera podía rechazar todo a diestra y siniestra: al emo por flecudo, a Big Metra por dejar la VG y hacer reggaetón, o a los rucos jipis de los discos por jipis, o los skins porque sí, o al reggaetón por reggaetón. Yo mismo, en algún momento, le entre al tema. ¿Qué tenía que ver el punk con buscar pleito en los perreos en las canchas bajo el puente a un lado del Clandestino de Avenida Central? No sé. Incluso a través de una pregunta retórica la cuestión me parece ridícula.
Pese a todo, no me arrepiento ni me justifico. La música es un gusto adquirido.
Lo cual me lleva a preguntar, ¿en qué consiste la idea del gusto culposo, del placer reprochable?
He pasado los últimos dos meses buscando el video de la escena que dije recordar.
Pregunto aquí y allá. Asumo que internet es tan listo para completar los vacíos de mi búsqueda. Tecleo: chalino fiesta ; chalino fiesta de cholos ; chalino baile cholos coachela , etc. Insisto en la búsqueda. Puedo asegurar lo siguiente: viste saco rojo, camisa negra y tejana de un tono entre el hueso y el blanco sucio. Al fondo hay gente bebiendo, parejas bailando. No diría que se trata de un concierto, sino de un baile. Quizá una fiesta. Debió ocurrir en algún lugar de la frontera entre México y Estados Unidos antes de 1992.
De la vida de Rosalino Sánchez Félix se sabe poco, y de lo que se sabe, se sabe poco. O quizá no haya necesidad de saber más. En 1977 llega a Los Ángeles, California, para vivir con su tía, huyendo de la gente bravía y los ajustes de cuentas ligados al hacerse justicia por mano propia. Durante el mismo año, a los pocos meses, él y Armando, uno de sus seis hermanos, comienzan a trabajar de polleros.
¿En qué consiste la idea del gusto culposo, del placer reprochable?
Desde el punto de vista de la Ética, los deseos y los actos son buenos o malos y elegimos lo bueno y rechazamos lo malo. Esto significa que tener un sentido del pecado implica sentir culpa porque hay una elección ética por hacer, culpa que no importa cuán bueno me vuelva, no cambia.
Al final, eso no resuelve nada.
Si no hubiera conocido ley, no hubiera conocido culpa , dice Auden.
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Hacia finales de los 70 el movimiento chicano ya cargaba veinte años de lucha por el reconocimiento de los derechos civiles y la erradicación de los estereotipos negativos acerca de la comunidad hispana. Sin embargo, en un plano paralelo, o seguramente anterior, la cultura heredada por los colonos de los antiguos territorios del norte de México, sumada a la propia de los nuevos migrantes, había echado raíces profundas; con esto no solo me refiero a la apropiación de ciertos elementos de la cultura afroamericana y occidental, sino aquello que Lalo Guerrero describe mejor: “ya que el destino me puso tan lejos de México, canto a esta tierra/ Los Ángeles, que es la capital del México de afuera”.
Cada quien canta desde su propio pico.
En el 84 Armando es asesinado en el hotel Santa Rita de Tijuana. Para Chalino, la muerte de su hermano fue, también, el comienzo de su carrera como cantautor de corridos. Para muchos migrantes e hijos de migrantes, Chalino significó tanto el reencuentro con la vida del otro lado de la frontera, como el primer encuentro con la vida que nunca se conoció. De cualquier forma, aun siendo terriblemente popular, “Nieves de enero” no tuvo lugar en los aparadores donde se ubica el gusto refinado. Al contrario, el salto sucedió de los recitales clandestinos, a las canciones pagadas por toughs locales, a las peticiones en la radio, a los éxitos de ventas en autolavados, tiendas de paso, puestos en la calle.
Yo no canto, yo ladro , dicen que decía Chalino.
Si me esfuerzo un poco más, afirmo que el video se presta para los remixes. Una caja de ritmos. A lo mejor el dembow no va. Por decir algo, “Cruisin’ X Chalino ft Lil Rob”, “Alma enamorada chopped & screwed” . Y no es difícil, las preguntas adecuadas dan las respuestas adecuadas, casi de inmediato encuentro una lista de reproducción llena de este tipo de joyitas.
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Los señalamientos negativos siempre han rodeado a Chalino. Hay tela donde cortar. La vieja guardia de mafiosos hereda un rastro que seguir, de modo que los enanos puedan subir a la espalda de los gigantes y crecer, eventualmente, en una figura propia. Es cierto, puede que no sean las mejores enseñanzas, aunque considero difícil juzgar su practicidad.
Nos enfrentamos a los males sistémicos lo mejor que podemos; en raras ocasiones lo que podemos es lo mejor o si quiera es suficiente. Con seguridad, nos hace falta tiempo para ser capaces de repensar al bandido. Y aunque estoy de acuerdo con la premisa de acabar con los ídolos en favor de los referentes, la iconoclastia no es un talento de la crítica emanada por el buen gusto y los modales de las tiendas ni de la mass media . Todo lo contrario. Ajeno al mundo, desde un estudio de televisión, el comentarista de la hora anuncia, o mejor, arma una retahíla de amenazas no tan veladas acerca de jóvenes de piel oscura invadiendo las calles con armas, violencia, prostitución y drogas. Poco más adelante, durante el mismo verano, el comentarista recibe en el estudio de T.V. al dichoso grupo de jóvenes. Un éxito polémico. Podríase reclamar el descubrimiento de un nicho de mercado. A partir de ese momento —finales de los 80, principios de los 90— el gangsta acapararía los tops, llegando a estelarizar contenido de pago por evento en canales de televisión especializados en comedia, y tan solo hizo falta representar la vida callejera de los barrios negros, la mayor parte del tiempo, compartidos y disputados por otros sujetos marginales.
Así es cómo el espectáculo, el capital, crea leyendas. A mediano plazo N. W. A. se separa dejando a su paso evidencia de una rencilla más bien ideológica entre sus ex miembros. Los consecuentes lanzamientos de Ice Cube, repletos de contenido político, no tuvieron tanta suerte en comparación a la carrera de Dr. Dre o Snoop Dogg.
While y’all muthafuckers moved straight outta Compton / Living with the whites / I never had dinner with the president , sentencia en “No Vaseline”.
Siendo tal, Chalino Sánchez fue interceptado y ejecutado la noche del 16 de mayo de 1992, tras haber concluido un baile en el Salón Buganvilias.
Doce años después, Adán Sánchez, cantante, hijo heredero del rey del corrido, muere en un accidente de carretera —accidente o persecución de circunstancias sospechosas, nunca esclarecida por las autoridades mexicanas—.
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Por supuesto, no puedo encontrar el video de la fiesta de cholos porque estoy buscando a la persona equivocada. En realidad, se trata de Flaco Jiménez. Precisamente, viste saco oscuro sobre camisa oscura, brillantina sin necesidad de sombrero. Según la versión, el baile sucede en algún momento entre 1975 y 1976. Aun cuando se trata de una grabación, me reprocho el confundirlos. En mi defensa, apenas conservo una pequeña imagen alojada al fondo de mi cerebro, además, parafraseando a Little Joe, el alma de la música chicana fluye a través de ellos.
¿Por qué, con el tiempo, uno se llega a avergonzar de lo que escucha?
This is for la raza . Siempre habrá quien esté dispuesto a no parpadear los oídos y atender.
No hace falta buscar demasiado para dar con papers sobre la tradición de la música popular, el habla, la versificación, el narco-corrido, etc. Aunque valioso, el acercamiento es árido. Quizá, para el caso, sea más interesante sopesar las consecuencias históricas de habitar los mismos espacios, aunado al relevo entre generaciones, para caer en cuenta que tal como sucediera con el northern soul, swing, R&B, las oldies but goodies , la cultura chicana hizo patente, una vez más, la apropiación de ciertos elementos urbanos ya no del todo ajenos. Del corrido a la cultura Hip-hop; del rancho a los traspatios enrejados de la célebre Suburbia , lowriders y los frescos representando la historia chicana en los bajopuentes y muros de L. A. y San Diego. A nadie debería parecerle coincidencia, en torno al mismo año del asesinato de Chalino —poco antes, poco después— se lanzaron los primeros álbumes de Kid Frost y Lil Rob, indiscutibles representantes de la música mexicana del otro lado.
A partir de este punto la genealogía es bastante dispersa:
Liz [entrevistadora]: Are any of you gangsters?
Mad Ralphie [Manic Hispanic]: I’d like to say it’s a front, but it’s not. We all grew up in the barrio, with the exception of two guys. We all grew up in that culture, but not all of us lived the life, you know. We’ve looked the way we’ve looked for years when we were growing up. We’re not cholos or gangsters, but we come from that heritage and we’re proud of it.
Liz [ entrevistadora ]: ¿Alguno de ustedes es gangster ?
Mad Ralphie [Manic Hispanic]: Me gustaría decir que solo se trata de nuestra apariencia, pero no lo es. Todos crecimos en el barrio, con la excepción de dos de nosotros. Todos crecimos en esa cultura, aunque no todos hemos elegido esa vida. Nos vemos tal como nos hemos visto durante años, mientras crecíamos. No somos cholos ni gangsters , pero esa es nuestra herencia y estamos orgulloso de ella.
Nadie debería esperar el mismo sonido habiendo pasado tanto tiempo. Chalino Sánchez se convirtió en el símbolo de una forma de vida que hoy día persiste, a la vez que representa una época pasada. A los nombres de los compositores clásicos pueden añadirse Delinquent Habits, Cali Life Style, Brownside —presentada como la versión chicana de N.W.A., donde Eazy-E participó como fundador— e, incluso, bandas de la efervescente escena latina del hardcore noventero como Manic Hispanic o Union 13; el chologoth sandieguino; en fechas más recientes suenan el trap y los corridos tumbados de Ivonne Galaz, Nataniel Cano, Herencia de patrones.
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Opioides en forma de lean . Pacas en vez de cogollos. Malverde, La Santa, San Judas, ya todos los conocemos. Mafiosos, toughs , chacas y perreo. Morros polémicos a quienes, afortunadamente, los opinólogos no ignoran. Esas personas ya tienen su espacio, por lo que no vale la pena dar cuenta de sus opiniones. Sirva operativamente decir que la violencia no es nueva ni crece en el aire, al mismo tiempo, hablar de ella no implica, necesariamente, glorificarla. Al contrario, quienes la niegan o solo buscan señalar culpables hacen evidente la mezquindad personal.
Ahora me pregunto, ¿cómo ver la culpa desde afuera? ¿De qué forma estar al margen, ya no de la música, sino de los cambios, del mundo?
Según Auden, la fórmula mágica consiste en una inocencia en la que se descubre un contenido de culpa; luego, la sospecha de que uno puede ser culpable; y finalmente, una inocencia real de la cual ha sido expulsado el culpable, efectuándose una cura, no por intervención mía o de mis vecinos, sino por la intervención de un genio venido de fuera que elimina la culpa y otorga conocimiento sobre ella .
Por un lado, es difícil no alcanzar un tono pedagógico para contradecir a la crítica del autonombrado buen gusto. Por el otro, generalmente no hay mejor forma de interpretarla si no es a manera de berrinche.
Escondida entre las recomendaciones encuentro un trap bastante interesante en honor al compa Chalino. Creo que los Raprimal Boyz son defeños.
Ahora mismo pienso en un párrafo escrito por Sōseki, a propósito de la restauración Meiji: “los más viejos se quejan porque ven cómo su mundo está en proceso de extinción, pero esa es la tendencia de la civilización moderna, y uno no puede por menos darle la bienvenida. Por ejemplo, en los tiempos que corren ya no hay necesidad de que alguien te golpee en la cabeza como si fueras un melón para comprobar si mereces la pena de ser comprado”.
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Autores
(CDMX, 1992). Es autor de
Usted está aquí (Ed. Mantarraya, Mx, 2016) y
Sin nada detrás (Periferia de escribidores, MX, 2019). Ha sido publicado en distintas revistas y sitios web como
Letras Libres ,
Oculta Lit ,
Dolce Stil Criollo ,
Digo.palabra.txt ,
Low-fi Ardentía ,
El Humo, Al-Araby ,
Angel City Review , entre otros. Forma parte del
Lhabloratorio Colectivo . Fue becario del programa Jóvenes Creadores del FONCA en el periodo 2017-2018.
Nieves de enero. Imagen de Mariana Martínez.
Chalino superestrella DIY: la ruta del inmortal
El señor de los punks
El 24 de enero de 1992, en Coachella, California, un hombre subió al escenario del restaurant bar Plaza Los Arcos y encañonó a ‘Chalino’ Sánchez mientras cantaba. El intérprete sacó el arma que siempre traía en el cinto y no dudó en tirar balazos. Bueno, un balazo. La escuadra se trabó como si se tratara de un western en el que, en pleno duelo, los segundos corren lentos para los pistoleros. Dos hombres se van a batir a muerte, salvo que en esta ocasión uno de ellos no sabía que iba a ser atacado. Algo como aquella historia que es pura mitología, la del tiroteo por la espalda a Jesse James y su transformación en una superestrella póstuma del cine del Oeste, muy parecido a lo que al poco tiempo le ocurriría a ‘Chalino’ Sánchez.
Luego de diez días en el hospital y con su rival en prisión (dos balas habían atinado al cuerpo del cantante), Sánchez continuó con su gira y esta se colmó de sold outs por todos lados. ‘Chalino’ fue un punk y así son los punks: resisten, son necios y, por ende, constituyen una imagen a veces mitificada, un producto ofrecido con una honestidad que no siempre despunta por su amplitud de registro ni por su calidad, y que a pesar de eso le termina dando identidad a quienes se forjan al otro lado del camino cargados de rabia; a los marginados, a los forajidos.
Quince años atrás, en 1977, a ese mismo lugar, los campos de Coachella, llegó siendo un plebe Rosalino Sánchez Félix, nombre completo del cantautor sinaloense, ayudado por “polleros”. Se dice que escapó de Sinaloa después de ultimar a balazos a un mafioso de la localidad luego de que éste violara a su única hermana. Como dice otro gran compositor; Julián Garza: “en los pueblitos del norte siempre ha corrido la sangre”.
https://www.youtube.com/watch?v=McFWkmKKJ0w
En True Tales From Another Mexico (University of New Mexico Press, 2001), el libro del periodista norteamericano Sam Quinones, se menciona que el incidente se menciona ocurrió a mediados de los setenta y no difiere mucho del murmullo popular. Aunque también hay quien asegura que es una farsa similar a la historia en la que Pancho Villa en la cobra venganza contra un cacique que abusó de su consanguínea y el Centauro; otros se van por el lado heroico, donde llegó a impedir el acto matándolo para así rescatar a su hermana. Pero de Villa se sabe que fue un ladino, muchas veces llegó a mentir y a manipular para salvar el pellejo o para conservar su liderazgo. Sobre todo nos parece inverosímil pensar que Villa o Sánchez siendo tan jóvenes sobrevivieron después de atentar contra figuras como las antes mencionadas.
Sinaloa siempre ha sido una tierra brava y peligrosa, tarde o temprano aquel muchacho o alguno de sus siete hermanos se iba a llenar de sangre o sería la víctima. Al escapar, Rosalino se aventó una temporada en la pisca y después con trabajos pequeños de jardinería o como ayudante en la construcción. Otro adolescente indocumentado más buscando una vida -ya no se diga mejor- en Los Angeles.
La reflexión en torno al castigo
Luego del asesinato de su hermano Armando, con quien coyoteaba en la frontera de Tijuana, Chalino pasó unos meses tras las rejas por crímenes menores, y fue ahí donde empezó a componer corridos de manera autodidacta. La creatividad nace, se consolida o muere, en medio de la relación que el hombre tiene con el espacio que habita, si no, todos podemos preguntarnos hoy qué hemos estado haciendo en estos tiempos de encierro. En la ejecución todo se vuelve comunicativo, y las historias vienen solas cuando hay tiempo para escucharlas. Imagino al genio del sombrero ladeado rodeado de delincuentes, cargando el pesar por la muerte de su hermano y como antecedente aquel crimen cometido y una vida de pobreza sembrando maíz en “El Guayabo”, sindicatura de Las Tapias, de Culiacán. Siempre rodeado de plomo y sangre. ¿Qué hace el artista si no es narrar lo que ve y vive?
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Ya lejos de casa y mejor conectado que nunca, el sinaloense siguió componiendo corridos por encargo, algo común en el mundo de la narcocultura, que, debemos aclarar, no existía como tal. Hay una contribución significativa del mexico-americano que recibe los trazos de su tierra y las convierte en algo propio. Él, por medio de sus obras inyectó un nuevo estilo al corrido tradicional mexicano, supo cómo narrar historias del día a día desde un punto de vista cargado de intensidad, lleno de folclor y casi anulando la metáfora. El contrabando, los robos y las ejecuciones ya no solo eran algo que “cuentan que en aquel pueblo”, cada suceso lo volvió un fiel retrato y al mismo tiempo lo desmembró hasta sus lugares, fechas, nombres y claves.
Como paga a veces dinero, otras veces joyas y algunas otras armas o droga. Todo fine .
The boy’s a time bomb (Time Bomb – Rancid)
La vida para alguien que haya estado en prisión no debe ser sencilla afuera. Muchas puertas se cierran, los amigos desaparecen y en ocasiones todo lo que queda son pedazos de familia y el recuerdo de algo que te hizo feliz, como la música.
Chalino, cargado de composiciones, optó por el DIY (hazlo tú mismo), contrató a un grupo norteño para que grabara sus temas y poder darlos a conocer, pero el destino hizo su juego y no lo permitió: el vocalista tuvo complicaciones de salud y así fue como terminó él mismo cantando, sin ensayos previos, nada, con unas cuantas horas de estudio por delante. La misma historia de todas las bandas que surgieron de ensayos en garajes, condición que hizo que tuvieran tiempo para experimentar con sus instrumentos, lo que trajo consigo un estilo musical mucho más crudo, pero en este caso con botas y sombrero.
Entre las primeras composiciones que grabó están “Armando Sánchez”, un homenaje a su hermano, “Los sinaloenses”, “El sapo”, “Beto López” y once canciones más con las que armó apenas un puñado de cassettes, mismos que salió a dejar en manos de sus clientes, los protagonistas de las historias, y a los tianguis locales, repletos de mexicanos. Para el segundo tiraje también fue él quien se encargó de la distribución. Eran cassettes sin nombre ni portada con la carátula completamente blanca. Para la tercera ocasión fueron más las personas que comenzaron a pedirle cassettes y así fue que para dicha edición se hicieron trescientas copias. Chalino aprovechó muy bien algo que nada más las calles te pueden dar o, en algunos casos, retirar: la reputación.
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Con ése modelo de distribución, la música del sinaloense alcanzó más de trece estados entre México y Estados Unidos. Al poco tiempo, con un público cada vez mayor y la necesidad implicita de todo artista de llevar su música todavía más lejos, hizo su propia marca: RR Records. Un plebe que no había terminado más que el sexto de primaria, que se había ido para salvar su vida, para perderse, escondido, se había vuelto una figura. Comenzaba ya a sonar el mote de El Rey del Corrido y la bomba exploto. Cada concierto que ofrecía se abarrotaba en minutos, pronto se volvió una de las principales figuras de la música mexicana y, como ícono que era, volvió tendencia elementos que estaban siendo ignorados de la cultura del norte de México, y mucho hijos de mexicanos que vivían en Estados Unidos dejaron de ser cholos y ahora querían andar “enchalinados”. El corrido volvió a sonar con otro estilo. Todavía hay negocios de sombreros que ofrecen Texanas Hormadas estilo Chalino.
Todo lo consiguió él mismo. Por eso ‘Chalino’ Sánchez no sólo es El Rey del Corrido, también es el verdadero antihéroe de la música mexicana. Si bien es cierto, hay muchas historias en torno a su figura que no conoceremos su veracidad, lo que no debemos olvidar es que fue ilegal y que el 90% del contenido de sus letras nunca fue comercial, prácticamente su carrera sucedió en el underground, sin el apoyo de la radio y mucho menos de la televisión. Sam Quinones dice que ‘Chalino’ Sánchez fundó, sin saberlo, un movimiento que con los años se volvería una de las tendencias DIY más importantes en California: el corrido. Algo nada más comparable con el punk angelino y el gangsta rap de la costa este de Estados Unidos.
Todo poema aspira convertirse en mito (Galway Kinnell)
No todo era armas y violencia en las composiciones o interpretaciones de Chalino, entre sus temas de amor más famosos (y desgarradores) está “ Me persigue tu sombra ”, que se presenta como una bomba de humo en el pensamiento y nos regala una línea cargada de un dolor más real y menos poético.
/ he llorado al pensar que mi vida te sobra, /
Totalmente emo, las pocas canciones que tiene en el contexto son extraordinarias pero sí, muy tristes y prácticamente hechas nada más para su voz. Chalino también pudo sacar provecho de su desfachatez campirana y poca calidad vocal, llevó la imagen del cantor a cualquier sitio, un tipo normal con una escuadra fajada al cinto, que se destroza por un amor perdido mientras brinda y en seguida manda saludos o lanza sillas contra alguien, dispara. Todo en el mismo escenario. Punk.
Bien, digamos que en su faceta más sad recurrió a otro emo famoso, el poeta saltillense Manuel Acuña. El “ Nocturno a Rosario ” pertenece hoy al imaginario colectivo en gran parte gracias al sinaloense. El poema era el favorito de la suegra del cantante, así que no dudó en versionarlo. “Un saludo a San Marcos, Jalisco, a la señora Rosario Bolaños de Vallejo”.
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En la película Bayoneta (Kyzza Terrazas, 2018), una producción México-Finlandia, “ Nieves de enero ” aparece casi como protagonista, pero toma verdadera relevancia cuando el ex boxeador Miguel Galíndez “Bayoneta” (Luis Gerardo Méndez) la interpreta prácticamente como un rezo previo al sollozo, con frío y la mirada de una ilusión efímera que más que abrazarlo, lo destroza y a mí también. “Se ha llegado el momento, chatita del alma, / de hablar sin mentiras. / Esperé mucho tiempo pa’ ver si / cambiabas, y tú ni me miras. / Al principio dijiste que ya que / vinieran las nieves de enero / ir a ver a la Virgen, y luego el casarnos sería lo primero…”. ¡Sin llorar!
La voz de Chalino, además de una infinidad de corridos, hizo populares temas como “Alma Enamorada”, “Desilusión”, “Carta de luto”, “Prenda del alma”, “Cuéntame tus penas” y, por supuesto, “Nieves de enero”.
Las flores de mayo
Las vidas tormentosas suelen contribuir con la fama del portador. La violencia estuvo presente en la vida de Chalino Sánchez prácticamente desde que nació. Cuatro meses después del tiroteo al que sobrevivió en Coachella, California, la muerte, al fin lo alcanzó.
Todavía hoy, para los cantantes de corridos residentes en los Estados Unidos, es peligroso tocar en algunas plazas de México, incluso en ciudades que podrían creerse seguras. La fama de Chalino tenía ese error desde la fuente, lo había puesto en el mapa. Regresó a presentarse a Culiacán, Sinaloa, a pesar del riesgo. En el baile del salón “Las Bugambilias” había poco más de 2,000 personas y aún así, como se puede ver en el video del evento , el intérprete recibió una nota en el escenario, una amenaza que consiguió cambiarle completamente el semblante. Al salir del concierto, civiles vestidos como agentes federales lo interceptaron para llevarlo secuestrado en una camioneta. Por la mañana apareció asesinado.
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Sobre la muerte no hay tanto que decir. Vivir “la vida recia” implica que cualquier día también se te arrebate. Se dice que la inmortalidad se consigue a través de la memoria de las personas, que uno puede seguir vivo hasta que muere la última persona que lo conoció.
La música norteña no sólo perdió a uno de sus mejores exponentes que apenas estaría llegando a los sesenta años. Imagínense su obra con todo el alcance que tiene la vida moderna. En general, la música mexicana dejó de contar con un gran cantautor de la talla de Juan Gabriel o el mismo José Alfredo Jiménez. ¿Y luego? Sesenta años y no hay nada, algo así le pasó a Juan García Esquivel hace un par de años. Es quizás la partida temprana de la patria que niega el crecimiento o quizás es aún ese desdén que se le tiene al corrido y por el cual les es más sencillo ponerle motes como “narco” o “verde” o lo que sea que quieran vender o censurar. El corrido es el corrido, no es un tema menor.
A Chalino Sánchez lo enterraron junto a sus padres y su hermano en el panteón de “Los Vasitos” en Sinaloa. Cada mayo en su aniversario luctuoso las flores llegan hasta ahí, la gente se sienta junto a su tumba a cantar con él, le vacían latas de cerveza para que la tierra absorba y de alguna manera sientan que comparten algo con él, todos enchalinados, con la alegría que nos deja cantar llenos de dolor.
Autores
Es narrador, cronista y artista visual. Autor del libro de cuentos "La casa púrpura" y la novela "Por este cielo jamás dejan de circular aviones".
Autores
Ciudad de México, 1988. Estudió en la Facultad de Artes y Diseño (UNAM), ha trabajado para el mundo editorial y la creación de interactivos digitales, actualmente trabaja como freelance y en sus tiempos libres dibuja cómics personales que autopública.