Tierra Adentro
Ilustración realizada por Jal Reed
Ilustración realizada por Jal Reed

Soy, de profesión, escritor de ciencia ficción.

La fantasía es mi empresa.

Mi vida es una fantasía.

Horselover Fat1

En la mañana del domingo 16 de diciembre de 1928, Dorothy Kindred aún desconocía que iba a convertirse en mamá de una pareja de gemelos. Estaba en casa con su marido, Edgar Dick, esperando a que llegara la asistencia médica al 7812 de la Emerald Avenue, en Chicago. Un mes antes de lo previsto, el medio día anunció el nacimiento de un niño rubio, un poco más de cuatro libras, pequeñísimo: Philip Kindred. Para sorpresa de sus padres, apenas veinte minutos después, Jane Charlotte vio el mundo a través de sus pupilas morenas, con sus tres libras y media de peso. Las primeras seis semanas de sus vidas, ambos sufrieron hambrunas porque su madre no producía suficiente calostro. Jane murió en un hospital el 26 de enero de 1929; Phil sobrevivió los siguientes cincuenta y tres años lamentándose por haber bebido él solo toda la leche de su madre.

Nunca supo con certeza si en aquel invierno murió Jane, su hermanita, o Phil, el niño que creció leyendo historias de hombrecitos verdes y que muy temprano conoció las adicciones por las grandes dosis de efedrina que tomaba para el asma. A lo largo de su vida se encargó de documentar la peculiar circunstancia de su natalicio: en cartas, con sus decenas de terapeutas, a cada una de sus cinco esposas, prácticamente a todos a quienes conocía les contaba la anécdota de Twain con la que se identificaba: Mark y Bill, su hermano mellizo, se parecían tanto cuando eran niños que, para identificarlos, les ataban cordones en las muñecas. Cierto día mientras se bañaban, uno de los dos se ahogó, pero sus padres encontraron las cintas desatadas y nunca supieron quién murió. Como en el caso de Jane y Phil, el trauma quedó instalado, más allá de la memoria heredada y el carácter vicario del recuerdo, en una paranoia recalcitrante.

Para principios de 1970, Philip K. Dick llamaba por lo menos tres veces a la estación de policía del condado de Marin. Se había separado de Nancy Hackett, su cuarta esposa, y creía que alguien o algo lo espiaba. En más de una ocasión encontró desacomodado su archivero. Escondía armas. Se drogaba. Participante activo de la contracultura, su casa en el barrio de Santa Venetia se convirtió en el escenario de la paranoia phildickiana más oscura: químicos clandestinos, tranquilizantes, marihuana, alcohol, cigarros de importación, alucinógenos, todo tipo de pastillas. Siempre había rock, speed y caos. A expensas de las anfetaminas, Dick podía escribir una novela en seis días y muchas semanas con síndrome de abstinencia. Los momentos más sombríos de su vida los vivió en el 707 de Hacienda Way en San Rafael, California, en donde siempre estuvo rodeado por un séquito de fans enardecidos, dílers, freaks, drogadictos, hippies, otrxs. Una turba disociada, todos mucho más jóvenes que él, cuya admiración nacía del carácter paranoico y súper yonqui del famoso escritor de ciencia ficción que declaraba al presidente de los Estados Unidos como su némesis espiritual.

Por entonces, Philip K. Dick ya había publicado The Man In The High Castle, Do Androids Dream of Electric Sheep? y Ubik, entre algunas otras novelas que posteriormente incluiría en su catálogo la prestigiosa editorial Library of America, anfitriona de autoras como Shirley Jackson, Úrsula K. Le Guin y Octavia E. Butler. PKD había encontrado la fórmula phildickiana por excelencia: observar su vida privada encarnada en personajes y tramas de ciencia ficción. La mayoría de sus biógrafos —Lawrence Sutin, Anne Rubenstein y Emmanuel Carrère, por ejemplo— coinciden en que A Scanner Darkly es probablemente una de las novelas con mayor sesgo autobiográfico en la obra de Philip K. Dick.

La historia presenta un pacto de ficción fundamental representado en un gadget arquetípico de la sci-fi: el scramble suit o traje de combate que utilizan Robert Arctor y los demás agentes encubiertos del Programa de Toxicología de un distópico condado de Orange, en la California del futuro 1992, cuyo mecanismo oculta la identidad en hasta un millón y medio de representaciones fisionómicas de muchas personas. Una silueta borrosa como sustantivo aleatorio: el hombre corriente por excelencia en cada individuo. Vestido con su uniforme de poli, Bob Arctor se llama “Fred” y tiene que informar a “Hank”, su superior, sobre las fechorías que traman una horda de paranoicos enganchados a la Sustancia M, también conocida como Muerte Lenta, y que provoca la Mors ontologica: fulmina el espíritu y trunca las decisiones individuales de los adictos. Entre ellos, anormales como Jerry Fabin, Charles Freck, Jim Barris, Donna Hawthorne y Bob Arctor, sospechoso y encargado de vigilarse a sí mismo por medio de un sistema de escáneres que la Oficina del Sheriff instaló en su casa.

En una carta escrita en 1977, Phil le cuenta a su hija Laura que la novela describe una época mala y triste en su vida, pero que le encantará leerla. En The Search of Philip K. Dick, Anne Rubenstein entrevista a varias de las personas que convivieron con el escritor durante esos momentos. Bajo seudónimo, todos coinciden que el retrato es nítido, pero que aquella realidad fue mucho más tenebrosa que como aparece en la ficción. Incluso en la vida real, como Robert Arctor en A Scanner Darkly, Philip K. Dick terminó aquella temporada de su vida recluido por iniciativa propia en X-Kalay, un centro de rehabilitación canadiense que le sirvió de base para el New Path en el que “Bruce” —ni Bob ni “Fred”— cultiva sin identidad la Mors ontologica.

Winona Ryder y Keanu Reeves protagonizan A Scanner Darkly, un film homónimo de Richard Linklater en el que la rotoscopia, un sistema híbrido de animación 3D y live action, permite observar la estructura primordial de la novela: casi sin darse cuenta, Bob Arctor termina por convertirse en un adicto a la Sustancia M y su identidad comienza a fracturarse: “Tal vez solo sean imaginaciones mías, los «ellos» que me vigilan. Paranoia. O más bien el «ello». El impersonal «ello». […] Espero que sí, pensó, que vea claramente, porque en estos días ni yo soy capaz de ver dentro de mí. Solo veo tinieblas. Tinieblas fuera; tinieblas dentro”. Un hombre dentro de un hombre, como muchas veces sospechó Phil en sus especulaciones más desquiciadas, y que plasmó en la novela inspirada por la leyenda del 707 de Hacienda Way: ¿quién es y qué hace Bob Arctor?

Philip K. Dick dedica A Scanner Darkly a todos los compañeros que tuvo en el mundo de las drogas —“Los amaba a todos”—, pero también escribe en memoria del Phil que fue y que le obsequió lesiones pancreáticas permanentes, disociaciones, esquizofrenia y soledades profundas: “No soy ningún personaje de la novela. Soy la novela”. Su propia experiencia del mundo fue en sí misma una grabación en cintas magnéticas en bucle, un loop infinito de ondas que se repetían, hologramas. En la convención de septiembre de 1977 en Metz, Francia, Dick desquició a fanáticos e intelectuales con un discurso sobre realidades alternas, presentes distintos y otras imaginaciones phildickianas.  Hacía el final de su vida emprendió el proyecto de escribir The Exegesis of Philip K. Dick, un diario psiconauta que explora las especulaciones, paranoias y universos que habitó PKD, escrito a dos voces: Amacaballo y Phil. Eran sus últimos años. Probablemente nunca comprobó si era Phil o Amacaballo o el cristiano antiguo que habitó su cabeza luego de aquel rayo de luz rosa que lo cegó de pronto y sin misericordia. 

Conozco a Bob Arctor: es una buena persona. No está metido en nada. Al menos no en nada desagradable. Podría decir casi lo mismo de Hawthorne Abdensen, escritor avecindado en El Castillo y autor de una polémica ucronía. Richard Philips y Jack Dowland también son, ocasionalmente, más que un par de parásitos curiosos. Con Amacaballo Fat no me arriesgaría tanto. Barney Mayerson le compró Chew-Zi a Palmer Eldritch. Rick Deckard se enamoró de un Nexus-6. Glimmung convenció a Joe Fernwright de emerger Gestarescala. Nadie sabe quién es Jason Taverner. Joe Chip sigue en semivida… ¿Philip K. Dick? Probablemente él sí esté vivo y todos nosotros, muertos.

Lo cierto es que sufrió un derrame cerebral el 18 de febrero de 1982. Al cabo de unos días entró en coma y tuvo varios fallos cardiacos. Salió del lenguaje. Para el martes 2 de marzo, ya no estaba ahí: llevaba cinco días sin registrar actividad cerebral. Su mente se convirtió en una recta infinita. No tuvo últimas palabras, pero desde mucho antes del día en que dejó inconsciente su casa en Santa Ana, California, Phil sabía que en la Sección K, Bloque 1, Lote 47 del Riverside Cemetery en Fort Morgan, Colorado, había una tumba doble con la inscripción «twins» tallada en el mármol y su fecha de nacimiento envejeciendo al mismo tiempo que él.

O Jane…


Autores
(Torreón, 1994), hispanista por la UNAM y lector. Literaturas contemporáneas y de ciencia ficción, crítica literaria, escritura creativa y archivo. Escribo en la aldea global desde el western y la distopía. Posnorteño. Doppelgänger: @lagunauta.

Ilustrador
Jal Reed
Ilustrador, diseñador, soñador y amante de la ciencia ficción radicado en la Ciudad de México. Estudió diseño en la Universidad Nacional Autónoma de México. Como ilustrador ha trabajado para diversas revistas, editoriales, webs y marcas como: revista GQ, La Peste, Tierra Adentro, Chilango, Marvin, La Mole, Blush Design, Creativooos, entre otros.
Imagen realizada por Mildreth Reyes
Imagen realizada por Mildreth Reyes

Somos los renegados, somos la juventud salvaje,

persiguiendo visiones de nuestro futuro.

Algún día revelaremos la Verdad:

que uno morirá antes de siquiera alcanzarla.

Daugther

Uno. Crecí mirando televisión y me ha dado la impresión de que cada generación parece tener sus ideales y cruces. De niño me tocó mirar muchas series viejas americanas en la que los adolescentes siempre son bien portados y, a veces, se tuercen del camino recto; pero siempre parecía haber una, en específico, que englobaba todos los sufrimientos de la generación en conjunto. En los noventas se habla mucho de Dawson’s Creek o Gossip girl; cuando iba ingresando en la universidad, algunas amigas estaban obsesionadas mirando la emisión de la primera temporada de una serie inglesa Skins, y me decían que no me iba a gustar porque era muy ‘hedonista’. A veces me gusta dar la contraria, así que me puse a ver la serie en línea. La realidad es que me gustó: aunque los primeros capítulos son puras aventuras de adolescentes saliendo de juerga, poco a poco vamos centrándonos en las vivencias de Tony, Effy, Michelle, Cassie, Sid, Anuar, Jal, Chris y Maxxie, ocho personajes que van viviendo la adolescencia cada uno con sus problemas y con situaciones vitales distintas lo que genera que, como espectador, cada uno pueda empatizar con algún personaje en específico, o con rasgos de diversos. Una técnica clásica de las series de adolescentes, las cuales parecen trabajar desde la premisa de que hay un catálogo de personajes para que uno se refleje en el que desee, en el que encuentre aquellos rasgos que marcan su propia vivencia.

Dos. En internet hay un choque real entre dos generaciones: los millenials y los centenials. Los puntos de discusión se centran en que los millenials, que son la generación que ya está en el mercado laboral y nació a finales de los ochentas o a principios de los noventas, suelen quejarse de los más jóvenes que aún viven con sus padres y apenas están saliendo de la Universidad. Se burlan de su ‘debilidad’, y hasta les llaman generación de cristal. Les reclaman que ellos no saben de la vida y que están arruinando todo con sus cancelaciones, sus movilizaciones y reclamos sociales. Exigen que dejen tranquilas sus franquicias de películas o de series. Los millenials, en definitiva, somos una generación que quiso relevarse en situaciones como lo relacionado con la caída de Megaupload pero que al integrarse a la vida adulta reprodujo las mecánicas de generaciones más grandes.

Tres. Los centenials, la generación que nació después de los dosmiles, acusan a los millenials de haber sido una generación cobarde que se rindió. Estos terminaron por juntarse para hacer ataques organizados como los que los millenials hicieron en su momento. Pero tienen ahora más herramientas. Por ejemplo, desde TikTok, se organizaron para solicitar todos los pases a un evento de campaña de Donald Trump, de manera que el evento se quedara vacío. También le brindaron una mayor importancia a la salud mental, aunque todo el tiempo se la vivan en los extremos del exceso (cosa que los millenials solo soñaban).

Cuatro. Con el tiempo me di cuenta que muchas personas de mi generación tenían un recuerdo alegre de Skins. Aunque esta no lo es más que en momentos. Para esta primera generación de personajes, las cosas terminan muy mal: Chris fallece en una sobredosis, Jal queda embarazada de él, Cassie deja todo y escapa a Estados Unidos, Syd corre a buscarla, Max y Annuar se fugan hacia Londres buscando el sueño artístico, y Tony y Michelle tienen que solucionar sus problemas de codependencia que, a lo largo de todas las primeras dos temporadas, han sido el eje que ha alterado de una u otra manera la vida de los demás personajes. La serie parece mandar este clásico mensaje de que crecer duele y como las cosas se ponen más oscuras. Que el momento histórico que a mi generación le tocó vivir fue uno en el que estábamos por entrar a un limbo en el que los límites y las respuestas serían cada vez más difíciles de encontrar. El mundo que le tocó a la generación que está por debajo de nosotros cambió radicalmente y ahora son los que están creciendo al lado de los personajes de Euphoria.

Cinco. Euphoria empieza con una premisa similar a Skins. Un grupo de actores que no siempre pasan por adolescentes, entre los que destacaban Zendaya, interpretan a un grupo de chicos que viven en un pueblo americano en el que parece que las cosas están por caer, en cualquier momento, por el barranco. Nate, Cassie, Maddie, Fezco, Lexi, Cat, Rue y Jules acuden a las mismas fiestas, aunque en este caso los personajes pueden dividirse fácilmente entre los inadaptados y los populares, contrario a Skins pero más cercano a otras series como Sex Education y Elite. Solo que mientras la serie dosmilera solía ser más naturalista (pasando a veces por el absurdo y en ocasiones por la tragedia), en Euphoria todo es artificial. Lo es el glitter que usan las protagonistas en la serie. Lo son los filtros utilizados en escenas importantes. Lo es el falso lenguaje adulto con el que hablan sus protagonistas. Los momentos en que Rue habla a la cámara para explicar cómo clasificar los nudes, o cómo hacer gaslight a tu familia para que no se de cuenta que volviste a recaer en las drogas.

Seis. El episodio de Euphoria que se emitió este 21 de febrero se llamó “El teatro y su doble”, igual que el texto de Antonin Artaud. En este Lexi, un personaje que en la primera temporada se mantuvo de fondo, ha escrito una obra sobre las vivencias de sus compañeros y amigos, y la montan en la escuela cual escena salida de Hamlet. A Lexi no le interesa hacer confesar a nadie. Pero los personajes en el público ven sus vidas actuadas en ficción y empiezan a reaccionar con risa, con empatía o furia ante lo que ven en el escenario; al mismo tiempo que, fuera del teatro, se está jugando el futuro y la vida de Fez, el vendedor de droga del vecindario y quién está enamorado de Lexi. Esta estructura narrativa varia de la utilizada por la mayoría de los capítulos de la segunda temporada, y no se parece en nada a la primera temporada en su totalidad: la serie, en general, ha roto el molde que tenía en su inicio en donde, generalmente, cada uno de los capítulos se centraba en relatar el contexto vital de los protagonistas, mientras las historias alternas de sus vidas iban cruzándose, hasta un episodio en que todos asisten a un carnaval organizado en el pueblo y, como espectador, sabes que algo va a ocurrir mal, pero no sabes qué es lo que será. Hay muchas situaciones en el aire.

Siete. A Skins no le interesaba, como serie, experimentar con la forma narrativa ni con la fotografía o con la actuación. Lo que movía a los espectadores, quizá, era el morbo: yo también soy un adolescente y quisiera también ir a fiestas y acostarme con muchas personas y consumir muchas drogas; fiestas en cuevas oscuras con luces de colores que me hagan olvidar la escuela, los desamores, y todo lo que me llega a preocupar. Aunque a veces rosaba en lo absurdo, como lo del vendedor de droga con el bigote ridículo, se mantenía en lo realista y sus personas, salvo excepciones, usualmente hablaban como jóvenes. Hubo unos cortometrajes que eran como historias breves entre los mismos capítulos donde se asomaba una oscuridad más latente: en uno de ellos, Effy, la menor de los personajes y que después, en la tercera y cuarta temporada tomaría el protagónico, habla por primera vez en la primera temporada. Tiene el maquillaje corrido y va caminando por un muelle en un vestido que parece maltratado. Cuenta una historia sobre dos hermanos, un hombre y una mujer, quien esta última vivía en una jarra de limonada. Sobreprotección. Relata la historia de daño emocional que su familia le provocó al convertirla en una fábula infantiloide.

Ocho. A veces parece que a Euphoria solo le gusta ver el mundo arder. Quizá por eso muchas personas creen es una serie que busca ‘romantizar’ la adolescencia problemática o la mala relación con las drogas. El episodio Quédate quieto como el colibrí parece más cercano a Chilling adventures of Sabrina que a Skins: es decir, parece más una historia de terror que un típico relato de maduración adolescente. En él, Rue, quien ha recaído en las drogas, es descubierta por su familia gracias a la denuncia de sus amigos, y tiene que enfrentarse a la abstinencia mientras recorre todo el pueblo buscando dinero, alguna otra droga, o cualquier cosa que termine su predicamento. La cámara va detrás de ella mientras aparece por los caminos de todos los demás personajes: Fez la corre de su casa no queriendo darle drogas, les informa a todos que Cassie está acostándose con Nate, busca refugio en la casa de la vendedora de droga a la que le debe miles de dólares.

Nueve. La codependencia adolescente es parte de las adicciones que las series comparten. En el episodio del colibrí, Rue en plena abstinencia le reclama a Jules, quien hasta ese momento era su pareja: “Tu me abandonaste cuando te necesitaba”, antes de decirle que Jules no ama a nadie, sino que ama que la amen. En una escena similar de Skins, Syd le reclama a Cassie que tras la muerte de su padre: “¿Por qué te fuiste?” Yo te necesitaba, y tú te fuiste”.

Diez. El capítulo del final de la segunda temporada de Euphoria, “Toda mi vida he ansiado algo que no puedo nombrar”, parece acercar a un punto donde las dos series, y las dos generaciones, se parecen más: la tragedia es parte de la vida. Aunque en Skins lo moralicen más, las primeras dos temporadas de ambas series tienen puntos en común: la primera temporada pone en un predicamento grave al protagonista (Tony al ser atropellado, Rue al recaer en las drogas) mientras forma parte de un número musical (“Wild world” en Skins, “All for us” en Euphoria); y la segunda temporada es el cobro de la factura de ese hecho que modifica todo. Además, en ambas series es una pareja de personajes secundarios la que toma control de la narrativa: Chris y Jal en Skins, Lexi y Fez en Euphoria; ambas parejas son las relaciones más honestas y sanas de toda la serie y como el cliché andante en que se han transformado, son las que caerán en tragedia. Chris muere de una sobredosis, Fez es presuntamente arrestado. Lexi es atacada por su hermana, Jal queda embarazada del hijo de Chris. Y aquí en donde las series se separan, porque la segunda temporada y sus resoluciones en Skins son el punto y aparte que da paso a una segunda generación de personajes, comandados por Effy; mientras Euphoria aún continúa dejándonos algunos misterios que aún pueden ser respondidos. Esta es la parte de la que el personaje nunca se recupera, menciona Rue en la lectura del funeral de su padre. Esta es, también, la parte donde los espectadores se preguntan: ¿cómo se continúa viviendo cuando se sabe que se han hecho tantas cosas terribles? ¿Existe el perdón? ¿Se puede iniciar de cero? En la adolescencia, parecen responder ambas series, quizá no.

Once. La mayoría de los personajes tanto de Skins como de Euphoria son de lo que llamaríamos la clase media, y ninguno de ellos vive de manera cotidiana situaciones de pandillas, crimen organizado, racismo, segregación, de manera que estas marquen su vida. Sin embargo, mientras Skins responde ante la vida adolescente con la fundamentación de un mundo tranquilo donde jóvenes, que difícilmente representan a la gran cantidad de televidentes que los veían, se la viven en fiestas que en la realidad serían millonarias; en Euphoria, las historias están inmersos en diferentes técnicas narrativas que hacen que los problemas adolescentes se magnifiquen y ambicionen parecerse a arquetipos del cine y del arte clásico. Ambas series son productos de consumo, y ninguna refleja a detalle la población objetivo a la que dirigen. Sin embargo, parece ser a través de las diferencias donde los espectadores se acercan a ellas.

Doce. Fue una amiga diez años menor la que me recomendó ver Euphoria. Durante mucho tiempo solíamos tener discusiones sobre cómo había sido el cambio generacional en nuestra ciudad del norte. Una ciudad donde la división siempre ha sido simple: los que adoran a la narcocultura y todos los demás. Cuando yo tenía veinte años existían los “podris”, que estaban compuestos por los chicos emos, los chicos punks, los góticos, los metalebrios y toda disidencia que pudiera haber; eran grupos de jóvenes que se la pasaban tirados en la plazuela central mientras compartían cigarros o costeñito mezclado con agua de sabor; a mi me tocó acudir ahí e ir a las fiestas y acompañarlos a los conciertos. No llegaban, tampoco, a ser como los protagonistas de Skins. Y yo pensé que esas estructuras sociales habían terminado, que la interminable guerra de las tribus urbanas tuvo un punto de paz. Pero mi amiga me relató que aún existen los “podris” pero ahora están formados por skatos, por e-boys o e-girls, que tienen sus nuevos y propios problemas, y que en general se contactan por internet. Me habló de cómo ella misma, a los 11 años, ya estaba entrando a los rincones oscuros de la red para acercarse a libros y a películas que yo no conocí hasta los veintes; que, así mismo, muchos de sus amigos crecieron aprendiendo demasiado del internet. Que por eso no dejan mangonear por cualquier jefe explotador. Que conocen sus derechos. Que quieren cambiar al mundo. Y aunque se la pasan de fiesta loca y usan muchas drogas, tampoco se la viven en el glitter. Lo que entiendo de nuestras charlas, en definitiva, es que hablar de generaciones siempre parece una respuesta provisional e incompleta, en especial si lo hacemos desde los estereotipos que nos pone enfrente la televisión.


Autores
Sergio Ceyca (Culiacán, 1990) ha publicado la novela No tendrás perdón (ISIC, 2018) y el libro de cuentos Magia moribunda (Ediciones del Olvido, 2021). Estudió leyes en la Universidad Autónoma de Sinaloa y se ha desempeñado como reportero en diversos medios electrónicos. Participó en el primer Curso-taller para jóvenes creadores de la Fundación para las Letras Mexicanas, con sede en Xalapa; y ha sido beneficiario del Programa de Estímulos para la Creación y el Desarrollo Artístico de Sinaloa durante 2018, así como de la beca de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en el periodo 2019-2020.

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Eric Huybrechts, Twosday, Flickr, CC 2.0
Eric Huybrechts, Twosday, Flickr, CC 2.0

La caída del Muro de Berlín significó el fin del orden geopolítico surgido después de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Pero la reunificación alemana también fue el golpe final a la Revolución de Octubre, que dio origen al complejo Estado-nacional que fue la URSS, fundada formalmente en 1922. En la URSS cohabitaban múltiples grupos étnicos en una región similar a la que durante dos siglos ocupó el Imperio Ruso, pero que nunca tuvo límites claros o definidos.

A la caída del Muro, la URSS ya estaba metida en un tremendo caos interno debido a las reformas económicas (Perestroika) y políticas (Glásnot) que había introducido Mijaíl Gorbachov. Un intento de golpe de Estado en agosto de 1991 fue el tiro de gracia para el experimento político más importante del siglo XX, que en los meses subsecuentes vio cómo se iban independizando los territorios del Báltico, del Cáucaso, de Asia Central, etc.

La conformación de Ucrania se definió en 1991 en lo que históricamente y en los atlas de geografía desde el siglo XVI se conocía como la “Rusia Menor” o la “Pequeña Rusia”. Estos espacios, como la mayoría de los Estados-nacionales, no han estado exento de polémicas entre lo que es el territorio legalmente constituido y la disputa por lo que se consideran los territorios históricos. Una querella similar al caso más conocido y conflictivo: la cuestión Israel-Palestina.

La caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS fueron un golpe muy fuerte y una orfandad ideológica para toda una generación a nivel mundial que creció definida por la Guerra Fría y el conflicto constante entre Estados Unidos y la URSS. Esa orfandad ideológica hizo que a lo largo y ancho del planeta la gente buscará nuevos significantes. En Europa se dio un crecimiento de los movimientos ecologistas mientras que en Latinoamérica y de cara a los 500 años de la Conquista hubo un reagrupamiento alrededor del indigenismo.

En el caso de las antiguas federaciones soviéticas hubo un resurgimiento de las cuestiones étnicas en las que cimentaron sus derechos nacionales e internacionales. Por otra parte, desde la perspectiva rusa había un sentimiento de una pérdida. Ese vacío empezó a llenarse poco a poco con la nostalgia de la grandeza imperial que durante los siglos XVIII y XIX forjaron los zares. El Imperio Ruso se volvió el nuevo referente para una generación que solo habían conocido el esplendor de la URSS y que súbitamente se quedaron sin ningún norte.

Un personaje de esta generación es Vladimir Putin. Desde su nacimiento en San Petersburgo (cuando era Leningrado), la antigua capital del Imperio Ruso, Putin estuvo familiarizado con ese histórico y glorioso pasado. Esta infancia se combinó con su formación y sus primeros trabajos en la KGB como miembro de las redes de inteligencia y espionaje, laborando incluso en Alemania Oriental hasta la caída del Muro. Cuando regresó a Moscú, abandonó la KGB y empezó su carrera política en medio de la anarquía que se vivía en el país en ese momento.

En menos de diez años, Putin pasó de espía a presidente de Rusia en 1999. Algunos de sus biógrafos señalan que tiene la obsesión de que Rusia recupere ciertos territorios que fueron parte del Imperio Ruso. Aunque cabe decir que en realidad, como en todos los imperios de la época, no contaban con regiones fijas ni definidas.

La primera década de Putin en el poder tuvo como principal objetivo lograr una estabilidad política y económica que Rusia no encontró bajo el gobierno de Boris Yeltsin y provocó que la población rusa viviera en condiciones muy precarias durante ese periodo de transición. Una vez que logró ciertos niveles de certidumbre y seguridad económica al interior y que logró consolidar un liderazgo indiscutido en el terreno político y militar, Putin empezó a mirar hacia afuera. Pretendía reclamar para Rusia la centralidad que había tenido la URSS y que perdió por algunos años.

La primera acción relevante en el escenario internacional fue con Georgia, una antigua república soviética que desde 2003 estaba bajo la zona de influencia de Estados Unidos y la Unión Europea. Después del resquebrajamiento de la URSS, Rusia siguió manteniendo “fuerzas de paz” en Osetia del Sur, que formalmente era parte de Georgia hasta que declaró su independencia en 2008. Georgia calificó al movimiento separatista de ilegítimo y trató de contenerlo pero la respuesta vino desde el ejército ruso que lanzó una ofensiva de cinco días contra Georgia y que terminó por el reconocimiento de Osetia del Sur como nación independiente por varios países, Rusia en primer lugar, evidentemente. Y aunque la ONU, Estados Unidos y la Unión Europea no reconocen a Osetia del Sur, en los hechos funciona como una región autónoma con todo y sus gasoductos bajo el control de facto de Rusia.

Varios analistas internacionales consideran que a Rusia le bastaron esos cinco días tras casi dos décadas de dificultades políticas y económicas, para aparecer de nuevo en la arena internacional como un actor de peso y con capacidad de emprender ciertas acciones militares de manera unilateral sin consecuencia alguna, como lo han hecho Estados Unidos y Europa en Medio Oriente, China en Asia o Israel con sus vecinos árabes.

En el caso concreto de Ucrania, lo que estamos viendo ahora tiene un antecedente directo en 2013-2014 cuando a raíz de las manifestaciones y protestas conocidas como el Euromaidán o “Revolución de la Dignidad”, el pueblo ucraniano logró el derrocamiento del gobierno prorruso de Víctor Yanukóvich, quien se negaba a cumplir un acuerdo de asociación entre Ucrania y la Unión Europea. Después de la destitución de su protegido en Ucrania, Putin decidió anexar Crimea a Rusia y darle un fuerte apoyo a los separatistas de la región de Donbás —al Este de Ucrania— donde están las ciudades mineras e industriales de Donestk y Lugansk, y lugar de paso para Crimea.

Así, entre los sueños imperiales de Putin, la pelea por el control de recursos naturales y la disputa entre Rusia, Estados Unidos y Europa por controlar ciertas zonas fronterizas con todo y la instalación de bases militares han hecho de Georgia y Ucrania (y otros lugares) puntos de conflicto y disputa militar, tal y como sucede en otras regiones del mundo.

La situación actual es de pronóstico reservado y aunque la importancia geopolítica del Donbás es mayor a Osetia del Sur, es poco probable que Estados Unidos y Europa participen en una escalada militar por este tema. Rusia no es ni Siria ni Palestina o Afganistán. Es una potencia nuclear a la que podrán imponer sanciones económicas y financieras pero es difícil que se avance militarmente. Sobre todo cuando Putin está decidido a responder, algo que no sería bueno para nadie.


Autores
Historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y McGill University, Canadá. Candidato a doctor en Ciencia Política por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), Francia.
Imagen de Arturo Espinosa tomada de Flickr. CC. https://www.flickr.com/photos/espinosa_rosique/7738654716/in/photostream/

Todo ocurre dos veces en la historia; primero en forma de tragedia y luego en forma de farsa.

Marx

La vida está llena de momentos irrelevantes. Esperar en la fila del banco, viajar en el transporte público o cepillarse los dientes suelen ser actividades insípidas que, si no fuera por los ratos de esparcimiento, placer e intensidad, harían de nuestro paso por el mundo una diligencia tediosa. A propósito, decía Schopenhauer que existir es un incesante oscilar entre aburrimiento y sufrimiento —aunque su noción de sufrir, distinta a la nuestra, se acercaba a la de “sentir”; para él goce y dolor eran ambas afirmaciones de la vida, muestras irrestrictas del pathos.

Cualquiera que pueda contar un buen relato sabe que lo trágico, lo atractivo y lo importante son caras de una misma moneda. No es casual entonces que literatura e historiografía coincidan: lo que Hegel llamó “Espíritu de la historia” [Geschichte geist], una especie de Dios creador que escribe los grandes eventos del mundo en el libro de la memoria humana, se enlaza con la noción niezscheana del “eterno retorno” ya que todo lo importante sucede y vuelve a suceder de otra forma, bajo un velo distinto. El paralelismo en los destinos de seres como Julio César, Napoleón y Hitler conjura esta misteriosa geometría y quizás por ello los sucesos históricos merecen una versión ficticia que ilumine lo trascendental con el prisma del arte literario, como lo creyó Stefan Zweig, un genio de la microscopía y la profundidad psicológica obsesionado con el intersticio donde se encuentran lo biográfico y lo imaginario.

 

El fracaso del sueño europeo: 22 de febrero de 1942, Petrópolis, Brasil.

Son casi las tres de la tarde. Afuera el viento corre libremente, pero en la habitación se siente el bochorno a pesar de la frescura que despiden las vigas, las ventanas y el mobiliario de madera. Las palmeras de Petrópolis se mecen en una danza voluptuosa que solía reconfortarlo en los días calurosos en que trabajaba con esmero frente a la Olivetti M40, tecleando a ritmo frenético. En un cestillo de caoba hay un cúmulo de bolitas de papel mecanografiado o manuscrito –acaso los intentos fallidos del testamento fatal y las cartas de despedida.

Las celosías tiemblan, a través de los postigos una tímida luz blanca horada el centro de la habitación y la mitad inferior de la cama. Sobre ella yacen los cuerpos sin vida de Stefan Zweig y Charlotte Elisabeth Altmann. Están tendidos, abrazados el uno al otro en una posición que todas las parejas han adoptado alguna vez: él medio recostado sobre la cabecera de la cama, la cara ligeramente inclinada. Ella contra su cuerpo, la mejilla recostada entre el hombro y el brazo, y su mano sobre el pecho de él, delatando lo que horas antes había sido un abrazo. Él tiene una camisa azul de manga corta, unos pantalones y una corbata oscura; ella un vestido de tela blanco de macramé bordado con pequeñas hojas. Ambos tienen la boca abierta y cualquier diría que duermen profundamente, pues eso ocasiona la ingesta de veronal en dosis normales, incluso se usa para tratar fuertes angustias o crisis psicóticas en enfermos debido a sus propiedades hipnóticas, pero en dosis elevadas conduce a una muerte segura.

El médico forense sería el primero en descubrir la hoja blanca en la mesa de noche, junto a la lámpara, el frasco del sedante y el vaso de vidrio:

DECLARAÇAO

Antes de dejar esta vida por voluntad propia y con las ideas claras siento que he de realizar una última tarea. Mostrarle mi más sincero agradecimiento a Brasil, este maravilloso país que le dieron a mí y a mi obra un descanso acogedor. Día tras día aprendí amarlo más, ahora que mi querida tierra natal se ha desvanecido para mí y ahora que Europa se está destruyendo a sí misma.

Pero a la edad de sesenta años es imprescindible que uno tenga una gran fortaleza mental para empezar de nuevo. Y se me han acabado las fuerzas tras tanto deambular. Por lo que pienso que es preferible poner fin a mi vida, una vida en que mi actividad intelectual me ha concedido sumo placer y libertad personal, el mayor lujo de este mundo

Les mando mi apoyo a mis amigos. Que vivan para ver el amanecer tras la larga noche.

Soy tan impaciente que me marcho antes que ellos.1

S.W.

Vuelta atrás: agosto de 1901

Solo una mezcla excepcional como el judaísmo progresista podía acunar un carácter tan libertario y sensible como el de Stefan Zweig. A imagen y semejanza de sus padres, Zweig se perfiló desde niño como un laico: no aprendió a hablar yiddish, no frecuentó la sinagoga y en lo posible no reprodujo las tradiciones culturales del judaísmo. Eso no le impidió sufrir la opresión intelectual ejercida a las juventudes semitas en la Viena de final de siglo XIX. Ya nos trataban como prisioneros, repitió cada vez que lo interrogaron sobre su primera educación en los glamorosos patios empedrados del Gymnasium Wasagasse.

Quizás fue ese clima de tácita hostilidad psicológica, o quizás su fascinación por los detalles pintorescos de la historia literaria, pero el motivo de su primer cuento selló para siempre su camino. En la nieve, publicado en el periódico sionista “El mundo”, no es tan solo el hipnótico relato de un pogromo —brutal linchamiento y expropiación de una comunidad cultural distinta, sobre todo de origen judío— sino una asombrosa predicción a destiempo. Un puñado de sefarditas se aprestan a festejar un ritual en una rica sinagoga medieval cuando un jinete exhausto irrumpe en la sala y les avisa de un inminente peligro: hordas de flagelantes germánicos armados de algo más que látigos se acercan y amenazan con aniquilarlos. Horripilados, los practicantes emprenden una fuga en medio de la nieve invernal que tornará su búsqueda de paz en una muerte lenta y dramática.

¿Cómo es que un judío laico habría de adelantarse a la historia escribiendo en 1901 la historia de una invasión alemana en tierras polacas que culminaba con una cruenta masacre antisemita?

La errancia judía y el encuentro: 1903-1911

En los diarios que lo acompañaron hasta el día de su suicidio Zweig se quejaba de su debilidad por el viaje. Una inquietud interior que me carcome el alma, no hace más que aumentar y se vuelve intolerable, escribiría. El imaginario romántico de viajeros que admiró y sobre los cuales escribió libros enteros como Michel de Montaigne, Federico Magallanes y Giacomo Casanova lo acompañó en sus largas travesías por lugares tan dispares como India, Estados Unidos, Argentina o Bélgica.

Al llegar a un país desconocido, Zweig se fijaba en los intersticios sociales, en los puntos neurálgicos donde se rozaban mundos dispares. Acaso su condición de apátrida y la distancia que tomó con respecto a lo judío afilaron esa óptica. Siempre le fascinó un fenómeno que, con el paso del tiempo, tomaría relevancia en los estudios de Spengler bajo el nombre de Decadencia de occidente y casi medio siglo después sería denominado en términos sociológicos como “choque de civilizaciones”: el encuentro de culturas distintas en un mismo espacio y las reacciones marcadas por riñas o muestras de cooperación que para él era, de alguna manera, el rumbo que dictaba la historia mundial en sus anales.

Asimismo sus cuadernos de viaje consignaban una recurrente solidaridad por los migrantes, por todos aquellos que lo dejaban todo para probar suerte en lugares recónditos y desconocidos —sin saberlo, sus palabras retumbarían años más tarde en su propio sino de caminante. En especial le fascinaba la valentía de las comunidades que no solo se adaptaban a su nuevo norte sino que además lograban conservar la quintaesencia de su ethos cultural. Para un lector de hoy sus reflexiones pueden pecar de simplistas o lineales2, pues al igual que muchos pensadores de la historia en el siglo XX, la entendía como un proceso lineal y jerárquico. Sin embargo, la agudeza de sus observaciones sigue siendo notable como señalamiento de la fractura cultural: Los franceses de Quebec comparten hoy, ciento cincuenta años más tarde, la suerte de los indios que fueron los primeros en expulsar de sus hogares, sacándolos de los bosques sagrados para empujarlos hacia las estepas hasta que estuvieran arruinados, disueltos en naciones extranjeras, dispersos, rotos. Ahora, es el turno de ellos de, presionados por los nuevos ocupantes del país, tener que abandonar una cultura (sin ninguna duda superior), la de Francia, para entrar en la esfera estadounidense, escribió en un francés impecable hacia 1911 tras su viaje por la Canadá francesa.

Por esos ajetreados días sus pasos vieron puerto en una amistad decisiva. Romain Rolland era un carácter solar cuyo encanto brillaba sin pasar desapercibido en ningún lado. “Yo soy europeo de corazón, y usted también lo es”3, cejó el francés la tarde de febrero en que se encontraron en un concurrido salón de recepciones en el séptimo distrito de París. Cultivado en las ideas de la no-violencia de Gandhi, enérgico admirador de la obra de Tolstoi –en especial de Guerra y Paz– cuyos motivos humanistas y antibélicos detonaron en su propia literatura, y convencido de que los pueblos deben hermanarse por encima de todo y que el único arte que vale la pena es el que sirve para congregarlos, Rolland sería un mentor y un aliado infatigable en la vida de Zweig.

Juntos, los amigos emprendieron una cooperación franco-germánica de la cual brotaron decenas de traducciones –Verlaine, Baudelaire y Émile Verhaeren, entre otros– y un libro de Zweig dedicado a la obra de Rolland, quien poco después recibiría el premio Nobel. Tristemente, el ideal de unión cultural europea a través de los constructos culturales y artísticos quedaría destrozado con los disparos del joven bosnio Gavrilo Princip al coche donde iba el archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía, pocos metros más adelante del puente latino que conecta a Sarajevo, Bosnia y Herzegovina. El estallido de la primera guerra mundial fue sin duda el primer golpe a los anhelos pacifistas de artistas como Zweig y la antesala de la obra donde retrató la decadencia del viejo continente, El mundo de ayer: recuerdos de un europeo (1941).

El antibelicismo a ultranza: de julio de 1914 a los años veinte

La fortuna quiso que Zweig fuera juzgado inapto para ir al frente de guerra por sus problemas de miopía y espalda. Pese a ello, decidió alistarse en los servicios de archivos militares, desde donde se mantuvo al tanto de los nacientes barrios bajos destinados exclusivamente a los judíos y los horrores que se cometieron en el campo de batalla y de los pueblos que fueron reducidos a la nada en Italia, Austria, Bélgica y el nororiente de Francia. Pocas voces se alzaron a favor de un armisticio, pero fueron acalladas o mal recibidas.

Entonces llegó a resoluciones tan ingenuas como sensibles sobre el respeto y fraguó sentencias de corte antibelicista que habrían de retumbar entre letrados animosos y jóvenes entusiastas del comunitarismo: “La intolerancia lleva a la guerra y la tolerancia, a la paz”, repetirían con aire dogmático sus cófrades en cafés y cenáculos antes de las primeras muestras de represión militar, que no tardarían en llegar de lado y lado.

El impacto de los hechos en su estilo es fácil de rastrear después de tanto tiempo: el realismo de Balzac y Stendhal que dominó sus estudios comparativos y biográficos también permeó su escritura. Muestra de esto es Jeremías, pieza de teatro abiertamente pacifista que creó cuando aún estaba en el ejército y solo pudo representar en Suiza (único país neutral cercano) y tres veces en Austria antes de que fuera prohibida. La obra ofrece una reinvención de la figura del profeta trágico Jeremías, que llamó al arrepentimiento de los poderosos y advirtió sobre las invasiones de las hordas del norte sobre el mundo:

Jeremías: (…) Los necios no dejan de hablar de paz, pero no por ello van a tener paz; los incautos se echan a dormir y pretenden descansar, sin saber que el sueño que duermen es el de la muerte. (…) Muy pronto, los vivos envidiarán a los muertos que yacen en la tumba, porque ellos tienen paz, y los que ven envidiarán a los ciegos, porque ellos viven en la oscuridad.4

 

Nuevamente el poder profético de su verbo, esta vez motivado por el acaecimiento de los imperantes sucesos históricos, le empieza a revelar las disposiciones del peligro antisemita. Tras el armisticio de 1918 Zweig y su esposa Frederika, a quien conoce poco antes del comienzo de la guerra, deciden instalarse en Salzburgo, donde el escritor ve los abundantes frutos de su trabajo biográfico: Tres maestros (1921), El combate contra el demonio (1925), Tres poetas de su vida (1928), y La cura por el espíritu (1931), consagrado a Sigmund Freud, a quien conocía como parte de la pléyade de intelectuales vieneses de comienzos de siglo.

Durante esa década concretaría su idea de la historia como un entramado perfectible y semejante al arte. Según él, así como los artistas pueden pasar años o décadas sin producir nada valioso pero de pronto dan rienda suelta a un huracán de creatividad y genio. Asimismo, la historia tiene sus “momentos de inspiración” en los cuales escriben páginas memorables en los pergaminos de la historia universal. Aunque de esta idea podría esperarse una visión optimista y positiva de la historiografía, nada más lejos de la realidad. En Momentos estelares de la humanidad (1918), Zweig noveliza las vidas de personajes tan emblemáticos como Cicerón, el orador y filósofo romano; Vasco Núñez de Balboa, el primer navegante del océano pacífico del que se tiene memoria; o Tolstoi, el escritor ruso que habría de morir en tan lamentables condiciones en la estación de tren de Astápovo, luego de huir de su esposa, su modus vivendi aristócrata y contraer una neumonía fatal.

Esta visión del sentido de la vida vinculado a la intensidad dramática o, como diría Milán Kundera, al “peso metafísico de la existencia”, que se siente en Momentos estelares de la humanidad, recuerda las espectaculares sinfonías de Beethoven y, en materia literaria, se equipara al proyecto de Jorge Luis Borges en Historia Universal de la infamia (1935) que, en modestísima síntesis, define como “el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias”5.

 

El vals del exilio: Londres, Nueva York y Brasil

Las explosiones de los años treinta en la vida de occidente han sido relatadas muchas veces. Para Zweig, como judío “por el azar de las circunstancias”, el ascenso de Hitler y el partido nazi trajo numerosas y devastadoras consecuencias. Amigos cercanos desaparecidos, encarcelados, despedidos y posteriormente torturados, muertos o enviados a los primeros campos de concentración. En principio trató de sostenerse en la neutralidad y lo consiguió durante un año, pues contaba con el apoyo de figuras como Richard Strauss, pero conforme se van intensificando las medidas de control, los artistas son los primeros en perder sus libertades. Su obra de teatro La mujer silenciosa se presenta tres veces en Alemania antes de ser prohibida bajo el naciente epíteto de “arte degenerado” que se sumaba con desvergüenza al de “obra judía”. Para completar, una de sus noveletas llamada “Secreto ardiente” es adaptada al cine en 1933 y conoce una gran difusión por toda Europa y Estados Unidos, detalle que aumenta la rabia de los reguladores del nazismo en su contra. Un buen día de febrero de 1934, al percibir las intrigas de sus vecinos y ver su casa vigilada por agentes uniformados y de civil, decide darse a la fuga a Londres.

Esos años en la Inglaterra de Churchill están cargados de cambios, miedos y una fuerte crisis depresiva que, contrariando cualquier lineamiento lógico, encuentra un contrapeso creativo. Su interés por figuras controversiales fuertemente oprimidas por la situación política conoce un punto culminante con la obra acerca de María Estuardo (1933) y María Antonieta (1932-1934). La renuencia de su esposa de venir a Londres con él porque juzga “exageradas” sus sospechas, le trae meses difíciles en donde acaricia la idea de volver a Europa pero desiste a último momento. Sin embargo, se acerca cada vez más a su secretaria, Charlotte Elisabeth Altmann, hasta conducirlo a las nupcias. La declaración de la guerra civil en España trae un caos que se disemina junto con el ascenso del Fascismo en Italia y los avances del Nazismo en Alemania. Después de 1936 la vida de Zweig se transforma en un incesante ir y venir entre Brasil e Inglaterra, con una profunda decepción por la humanidad y las ideas que abrigara en su temprana adultez. La utopía de una Europa unida por la cultura y el arte se tiñe de oscuridad con las bárbaras invasiones del ejército de Hitler, que en 1938 declara la anexión de Austria y traza los preámbulos de la segunda guerra mundial. Ni la naturalización como ciudadano inglés, ni los cuidados prodigados por “Lotte” son un bálsamo suficiente para Zweig, que cada vez vive con una paranoia más grande, imaginando el triunfo definitivo del nazismo sobre la faz de la tierra, y con el cual se va, triste y dramáticamente, a la tumba.

Su existencia transcurrió como la antítesis de que los seres humanos aprenden de sus errores y quienes no conocen su historia están condenados a repetirla. En su caso, el hondo y apasionado conocimiento del relato universal fue más una sentencia de muerte que de redención.


Autores
Lector. Escritor. Traductor de literatura francófona. Twitter: @Cajme
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

Tlajkoiuan

 

Tlayouisyotl no se ojtsintle, ueye kauitl kampa uele noteixpantilia tonakayotl niman atlatsiochiualyotl. On tonajle, koskaxochimej, ichkatonakayotl niman se kech cigarro kalaktsiaya ipan notanajtsin uan onechmamaltikej. Otikiskej kuak ye nisi tlajkoiuan. Otsiajkej otikintlajpalotoj on yeualajakamej. Totlakeual otechtomilej kampa cigarrito iuan meskalito, tikoniskej niman tikpokiskej ne kuak yotasikej iyelko Topiltepetl, kampa kuak kanaj tasis kipiya ika timoteixpantilis kanon tiualeua niman tleka tiuajlo.

Okseke tetlayokoliltin yayaj ipan ilomo notajtsin. Ijtik itanajtsin yaya se ome litro meskalito, achijtsin atsintle, ome kilo velitas, ome casillero totoltemej niman se naue manojo xochitl uan sa yejyektle, uan xotla ken sitlalin ipan ueyeyeuajle. Kuak yenisij Tlajkoiuan totlakeual opej kinnojnotsa ajakamej. Kimiliaj kualtsin matechsele kampa tajuamej ika kuajle tiuajlouej, tiuajchipajtiuej niman amo teka otokayauakoj. Achtopa okinots uan chanej kemaj kuak tlatlajkoiuan okiteixpantilej noche totetlayokolil. Kuak yokitlaonitej uan chanej, tajuamej tej no otikonikej achijtsin maske amo otikitakej. Nikan tej opej in ojtsintle kampa ye yolik oniueltsia onikasojkamat akinonomej tlayekanaj ipan se yankuik tonajle.

 

Media noche

 

La noche es el camino. Diálogo sacro para la entrega de nuestro cuerpo y el agua a la tierra. En ese sol oscuro, los collares de flores, maíz algodón y cajas de cigarro, iban depositados dentro del morral de plástico colgado en una de mis alas. Partimos antes de la media noche para ir a conocer a los vientos de ese tiempo. Nuestro curandero dijo: el tabaco y el mezcal, son para fumar y tomar al llegar al pecho de Topiltepetl1 una de las tantas formas de presentarse ante estos seres.

La otra ofrenda iba posada sobre la espalda de mi padre. En su morral, dos litros de mezcal, un poco de agua, dos kilos de velas, dos casilleros de huevo y cuatro manojos de flores-estrellas que brillan en la noche. Minutos antes nuestro guía lanzó las primeras palabras hacia los vientos. Dijo, nosotros venimos puros y limpios y así debemos de ser recibidos. Dirigió su palabra hacia el dueño de la casa y en punto de la media noche, cuando a lo lejos se escuchó el canto de un gallo presentó la ofrenda. No sin antes darle de tomar el agua sagrada al ser poderoso, dejando en el plástico solo la medida de dos dedos para nosotros.

El encuentro con los dos tiempos es el camino hacia la otra vida, la casa donde permanecen los seres del más allá, donde uno puede invocar para los otros y para sí.

 

Tlaneskayotl

 

La madrugada

 

I

 

Tlaneskayotl tlacha ken tlatlatsinalistle ixtololojtsin.

Kauitl kampa uelis tiknojnotsas sitlaltlaltipak,

kampa uelis tikimelteketsas moixtololojtsitsiuan,

kemaj, peuas tiknojnotsas sitlalkouatsintle.

Tikaamatlakentis ixayak ipan in tlaltipaktle,

tikchijchiuas itlakayotsin ika xochikoskatl.

 

I

 

Relámpago de luz.

Sitio para invocar al universo,

sentar los ojos en la cima más alta

y comunicarse con la serpiente de estrellas.

Después, vestir su rostro sobre la tierra,

trazar con flores los contornos de su cuerpo.

 

II

 

Tlaneskayotl,

kaltlamauisojle istakatsintle

kan uajlixmejmetsijtok sitlalkoros uan kechtejtepoltik,

kampa chikaualistle kiyolchikaua se toknij uan noyej kualo,

kampa uelis tikimpakisxotlaltis itsontsitsiuan movelitas,

kampa uelis tikxochimatlalos motetlayokolil

niman itlakojtsian ueyekoskatl sempoalxochitl,

tiktlalis se totoltetl

uan ipan iyoltsin salijtij

xochitlajtojle.

 

II

 

La madrugada,

ventana transparente

donde se asoma la cruz de cuello cortado,

renace la fortaleza en el enfermo,

instante para iluminar los cabellos de las velas,

apalabrar a la ofrenda

y en medio de ese collar de veinte pétalos

poner la piedra más fina del guajolote,

ella llevará en sus adentros

la esencia de la palabra.

 

III

 

Kemaj kuak yotikuekatsajtsijle,

kuak yeuajtoponti se tonalmeyotsin,

ika moyekma tikasis se totoltetl

niman tikixtemotlas on tonaltsintle,

niman on totoltetl kipiya ika nochijchiuas

ipan tlajko ajakatl, okse tonaltsintle pitentsin.

Tla kuajle nochiua on tlamantle,

toknitsin uan ache kualo kiselis miyak chikaualistle

tla on totoltetl xo tlajtlapan ipan ajakatl niman ouetsiko ipan tlajle

kijtosneke, kampa in ueyetonaltsintle xmo kimakixtis.

 

III

 

Después del uekatsajtsilistle2,

al primer ojo de luz y con la mano derecha,

se aventará el huevo al primer mirar del astro,

en su vuelo se volverá

un sol minúsculo,

estrella de viento.

Si acontece lo dicho,

el aquejado recibirá oxígeno para caminar la vida,

si cae entero y se desparrama,

querrá decir que ese sol

no meterá las manos para impedir el viaje a lo eterno.


Autores
(Guerrero, 1983) es profesor de lengua náhuatl y ha publicado los poemarios: Tlalkatsajtsilistle/ Ritual de los olvidados (2016) e Istitsin Ueyeatsintle/ Uña Mar (2019)

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

AK’OBAL

 

¿K’usi ti chk’a’ ta jbakiltale…?

¿Mi ja’ jna’ li abi ta jok’ ka’i lok’el buy mukul ta ch’aybil o’ontonal,

mi ja’ jna’ ti ta jlok’esot tal ka’i ta ts’ijetale…?

 

¿K’usi xu’ jpas k’alal chvul ta jol ko’onton li asate

ti chkil avokol k’alal ch’inot to’ox e…?

Ta jkoltaot ka’i,

mu xu’ ku’un:

yu’un li abek’tale jun xa xokol osil, jepelul, yalobaltik.

 

Mu’yuk amukinal ti bu xu’ xkok’itaote.

Mu’yuk sbelil bu xu’ jnupot, bu xu’ jtaot.

Mu’yuk akajonal, acha’biel, mu’yuk stijik vob yu’un chbein o ach’ulel,

mu’yuk sk’oponel kajvaltik ta alajele.

Ch’ayemot ta yut jbek’tal jtakopal,

chaxanav ta sbelel jbek’tal,

chatsik’esbun jbakiltak,

jkuchoj li alajele,

mu jna’ bu chkok’ita li abek’tale.

 

OSCURIDAD

 

¿Qué es esta oscuridad que camina por mis huesos…?

¿Será la angustia por desenterrar tu nombre del olvido,

o el no saber si podré salvarte del silencio…?

 

¿Qué hago cuando tu recuerdo se filtra en mi memoria

y veo tu infancia desgarrada…?

Quisiera sostenerte,

pero no puedo:

tu cuerpo es ahora un baldío, un escombro, un barranco.

 

No existe una tumba dónde recordarte.

No hay camino, no hay dirección para encontrarte.

Yaces sin ataúd, sin funeral, sin música que te encamine, sin ritual que te salve.

Yaces extraviada, no te encuentro, te has oscurecido dentro de mí,

te esparces entre las líneas de mi cuerpo,

fracturas cada parte de mi ser,

y yo cargo el recuerdo de tu muerte

sin saber donde rezarle a tu cuerpo.

 

ALAJEL 

 

¿K’usi xu’ xkut yo’ jch’ay ta jol li alajele…?

¿K’u yelan ta jbul lok’el ta jbek’tal li alajele…?

Yu’un li’ oyot ta yut jbek’tal xchi’uk

mu xlaj xk’a’ li avokolile,

snak’ sba ta jbakiltak…

 

Albun…¿K’u yelan xu’ xi kuxi xchi’uk li vokole?

¿K’u yelan ta jkomtsan li sna’el syayijemal abek’tale?

¿K’usi xu’ xkut yo’ chijatav batel skoj to j-chopol chka’i li alajele

xchi’uk k’u yelan xch’ay ta jol ko’nton li sat buch’u la smilote…?

—¡yu’un li buch’u la smilote, ja’ no’ox li jtote!—

¿K’u yelan xkuch ku’un li alajele, kuni me’?

Yu’un mi li-och ta yut nae stekel k’usitik oy ta yut noj ta yik’ ti alajele.

Chvul ta jol li akajonale yich’oj batel spatobil ko’onton:

yayijem xchi’uk t’anal chich’ batel abek’tal.

 

TU MUERTE

 

¿Cómo olvidarme de tu muerte…?

¿Cómo arrancar tus restos de mi cuerpo…?

Si toda tú vagas en mí y

tu sufrimiento no termina de podrirse,

se esconde entre mi vértebra…

 

Dime… ¿Cómo vivir con esta tragedia?
¿Cómo olvidar tu cuerpo destrozado?
¿Cómo escapar de tu muerte atroz
y olvidar el rostro de tu asesino…?
—¡Si tu asesino es mi padre!—

¿Cómo soportarlo, madre mía?

Sí entro a la casa y un olor fúnebre se esparce dentro de mí.

Recuerdo tu ataúd llevándose mis esperanzas:

llevándose tu cuerpo desnudo y desgarrado.


Autores
Poeta, traductora maya tsotsil de San Juan Chamula, Chiapas, 1995. Licenciada en Lengua y Cultura por la Universidad Intercultural de Chiapas 2013-2017. Cursó la Maestría en Estudios E Intervención Feministas en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, UNICACH-CESMECA, 2019-2021. Asistió al Programa de Escritura Creativa del Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa E.U, en 2021. Premio Estatal de la juventud 2021 en la categoría Fortalecimiento a la Cultura Indígena.

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

U Ka’a-síijil maaiaso’ob

 

.

Utsi’ ile’ex

in yajkunaje’ex…

 

U’uy a wu’uye’ex

u junjumk’ayt’ani’

in ik’ t’aanil:

 

Yakunajil Its,

beet

bey ma’a ta

wu’uyik

u ki’ichkelemk’aayilo’ob

ti’ le ka’ano’obo’,

ba’ale’,

ichi’ a náaye’,

u’uy

a wu’uy

u mina’an xuuli’

t’aan

yéetel

u samalche’e’

junjunabk’uj.

 

..

Yakunaj XTe,

meent

bey

ma’

ta

wilik mixba’al

ichi’ u jiit’ilkáak’nab

ti’ in mina’anilo’obe’,

ba’ale’

ichi’ a

náaye’

utsi’ il

yéetel

ch’ikóol

u

samaljaajil

patjo’oli’

tu sáasili’ ti’ junjunabk’uj.

 

Teech túune’

yajkun

Ab,

meent

bey ma’ ta

t’aan yéetel u ch’e’ench’enkil

ti’ u yéets’t’aanilo’ob áak’abe’,

ba’ale’ ich a náaye’,

t’aanen yéetel jaabe’ensaj t’aan

u pixa’ani’ kili’ich ti’ junjunabk’uj.

 

….

Je’elo’,

teen yakunaj JLi’en,

yaan in beetik bey ma’ tin xíimbale’

ich’ u tu’ubsajil ti’ chéeme’,

ba’ale’, ich in wayak’e’,

bíin xíimbalnaken

ichi’ u samilp’e’ech’ako’ob

ti’ junjunabk’uj

ku binsiko’on

ti’ u ka’apuul kuxtal

ch’i’iba’chíikults’íibil

ti’

éet

ch’i’ibalo’ob

-maaias-.

 

Re-surrección de los maaias

 

.

A ver

mis amores…

 

Escuchen

los sonsonidos1

de mi poesia:

 

Adorada Its2,

haz

como que no

escuchas

las sinfonías

de los cielos,

pero,

en tu sueño,

escucha

atenta

la eterna

voz

y

sonrisa

de dios.

 

..

Amada XTe3,

haz

como

que

no

miras nada

en el tejemar4

de mis ausencias,

pero,

en tu

sueño

mira

con

atención

la

apariencia

creativa

de la luz de dios.

 

Y tú

amado

Ab5,

haz

como que no

hablas con el silencio

de los ecos de la noche,

pero, en tu sueño,

habla con la absoluta voz

del espíritu santo de dios.

 

….

Y,

yo amadísimo JLi’6,

haré como que no camino

en el olvido de la barca,

pero, en mi ensueño,

caminaré

en las huellas

de dios

que nos conduce

a la resurrección

jeroglífica

de

nuestros

ancestros

-maaias7-.

 

Tene’ aj ts’íiben

 

Teen

le yáax máak

ku ts’aikubáaj te’e tu chúumukil

u yiik’ a kuxtalo’,

u xik’naal ik’t’aani’péepen

ken a’alik máaxeni’,

yaan in ja’ajatik in nook’

tak ken p’áatken chaknuuli’

ichil u ts’u’ u tuukul jajaldios,

tumen leti’ wach’k’esik

u juumpatjo’oli’ in wayak’o’ob

tu paach a náayken

tin juunal.

 

Áaktáan u yich yóok’okab

ku xíimbal in xóoxot’ t’aano’ob

utia’al in wa’alik máaxeni’,

je’elena’, chen chan j t’u’ul ts’íiben

ti’ u yokil a wenelo’ob

t múul patjo’oltajo’.

Ka k’ubik a t’aan

ti’ u wayak’ in t’aan,

chan aalak’ máaken

ku bin u xíimbal

tu náaka’ani’ ka’an

yéetel tu jáanpik’e’eni’ k piixanil.

 

Wey yanene’

áaktáan ti’ teech

yéetel áaktáan ti’ u asab wóolisi’ uj.

Bey mixba’alene’

ba’ale’ iik’en

ku samalk’ayik a wóol iik’i’.

 

Yaan k’iine’

paaxilen,

uláak’ k’iine’

boonilen,

yaan k’iino’obe’

báalts’anilen

wa óok’otilen,

ba’ale’ mix bik’iin

ma’a u p’áatal ik’t’aanilen

ku bonik

u neek’ icho’ob

tin wich.

 

Te’e súutuka’ kin wajal

yéetel in ts’unu’unilo’ob

ich in ki’ki’t’aano’ob’ yéetele’

wey tu ts’u wóolkabil lu’uma’

tin iik’ts’íibtinbáaj

yéetel mina’an xuul t’aanilo’ob

ku je’ek’atik u joonaji’

u jaabe’ensajil ti’ in-kuxtali’.

 

Soy creador

 

Soy

la primera persona

que se pone en el centro

de tu universo,

el vuelo de la mariposapoesía8

dirá quién soy,

voy a rasgar mi ropaje

hasta quedarme desnudo

en el interior de la mente de dios,

porque él es quién desata

la creación de mis sueños

de que me sueñas

solo.

 

Frente al ojo del mundo

caminan mis palabras

para decir quién soy,

aquí estoy, solo soy un conejito escribidor

en el principio de tus sueños

que creamos juntos.

Entregas tu palabra

en el sueño de mi voz,

soy el animal humanito

que va caminando

en la cúpula del cielo

con los umbrales de nuestra alma.

 

 

Estoy acá

frente a ti

y frente a la luna más redonda.

Pareciera que no soy nada

pero, soy el aire

que decanta tu respiración.

 

A veces

soy música,

otras veces

soy pintura,

hay veces

que soy teatro

o danza,

pero, nunca

dejo de ser poema

que dibuja

el fruto de las miradas

en mi rostro.

 

Ahora despierto

con mis colibríes

entre mis versos y

aquí en el centro de la tierra

me he poetizado

con tus palabras etéreas

que abren las puertas

de mi in-realidad.

 

Pa’ataj ti’ jats’uts k’u’uk’mel

 

CHICHANCH’ÍICH’kapa’ataj

p’at ten

jump’éel k’u’uk’um

utia’al in ts’íib

ich a jats’uts’ k’u’uk’meli’,

jump’éel k’ayt’aan k’uk’melk’uk’um

ti’ u xik’naal u sojole’i’JAAT

ku ja’aja’atpajal ich u yaal in k’abo’ob.

 

Cita de Plumaje

 

AVEcita

déjame

una pluma

para que escriba

en tu pluma belleza,

una poesía emplumada

al vuelo de las hojasRASCAS

que se deshojan entre mis dedos.


Autores
Nació en Sihó, Yucatán el 23 marzo de 1973. Estudió la Licenciatura en Educación Artística en el Instituto Campechano y la Maestría en Educación Intercultural en la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo (UIMQRoo). Actualmente trabaja como Profesor Investigador de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo y es miembro actual del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA).

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Ilustración realizada por Laura Velázquez

Celebre novela en prensa, tantas veces

prometida que la vez que sale el autor

no le ha jugado un boleto.

Macedonio Fernández

He sido testigo de cómo el final de El club de la pelea altera a las personas. Cuando estudiaba la universidad solía visitar a una amiga que vivía cerca de la casa, quién también era hija única como yo, para echar la plática o pasar las tardes viendo películas; en una de esas ocasiones hurgamos el librero de devedés de su padrastro y encontramos el de la película de David Fincher. Yo la había visto poco tiempo atrás y sentí un arrebato de rebeldía adolescente que, en ese momento, quise compartir con mi amiga. Así que le propuse mirarla. Siempre que veo una película que ya he visto en compañía de alguien que no, me gusta observar sus reacciones: a cómo la trama se iba deslizando a su desenlace, mi amiga se sorprendió de que el protagonista, interpretado por Edward Norton, descubriera que tiene otra personalidad llamada Tyler Durden, interpretada por Brad Pitt, quien el espectador pensó que era un personaje independiente que quería tumbar al Sistema.

Tras el descubrimiento, el protagonista es amordazado y controlado por su personalidad alterna y, para liberarse, acaba disparándose a sí mismo. Entonces, obtiene una herida en la mejilla y el personaje interpretado por Helena Boham Carter se acerca y le pregunta por qué se hirió a sí mismo, a lo que Norton responde que todo estará bien. En ese momento se escucha una explosión. Como los personajes están frente a un ventanal con vista de un valle nocturno que tiene grandes edificios de oficinas, miramos un par de construcciones explotar y colapsar sobre sí mismas. “Me conociste en un momento muy extraño de mi vida”, dice Norton antes de agarrar la mano de Boham Carter y que ambos admiren, en primera fila, el colapso del resto de los edificios del valle empresarial.

Mi amiga se puso a brincar de la emoción. Quería tirar golpes, quería organizarse y hacer explosivos con jabón. Y es que el final de El club de la pelea cumple la función de satisfacer al espectador al proponer que Norton se deshizo de su personalidad parásita, al mismo tiempo que se liberó del sistema que, quizá, la generó en primer lugar.

Sin embargo, la mayoría no conoce el final de la novela. El narrador se queda a la merced de un psiquiátrico, al cual llama el cielo, donde es cuidado por personas que forman parte del proyecto de insurrección planteado en la historia. Es un final más cercano a la literatura clásica como en Crimen y castigo, cuando Dostoyevski se toma la molestia de informarnos que Raskólnikov logra encontrar la sanación al estar internado en Siberia, donde purga sus culpas; o en Orgullo y prejuicio, de Jane Austen, cuando averiguamos qué ocurre con las hermanas Bennet después de la serie de enredos y problemas en los que se han visto envueltas.

De hecho, en estas semanas, el final original del libro ha llegado a ser más conocido porque, en China, una plataforma de streaming añadió un mensaje final en el que se cuenta que la policía abatió al proyecto de insurrección y encarceló a Tyler Durden para terminar el movimiento de sedición. Como si Tyler Durden, de inicio, pudiera ser encarcelado. Como si su naturaleza no fuera estar, de inicio, encerrado.

Todo esto viene a colación porque Chuck Palahniuk se ha abocado estos años a hacer dos continuaciones de El club de la pelea, en esta ocasión en formato de cómic. En ambos casos se apoyó en los grotescos e inocentes dibujos de Cameron Stewart; así como en las artísticas pinturas de acuarelas que son el sello personal de David Mack para las portadas. La primera, El club de la pelea 2, narra el inevitable regreso de Tyler Durden a la vida del protagonista y de Marla Singer diez años después, cuando son el clásico matrimonio americano que vive en una casa de los coloridos suburbios con un hijo y un perro. Sebastián, que es como ahora se identifica el protagonista, cree tener dormido y amordazado a Durden en el fondo de su mente gracias a la ayuda de su psiquiatra y del medicamento que le receta; pero la realidad es que Marla ha estado cambiando sus medicamentos para que Durden aparezca de vez en cuando y llevárselo a la cama; al mismo tiempo, el psiquiatra de Sebastián es un miembro del proyecto de insurrección quien despierta a Durden durante sus terapias para que siga organizando a las tropas. Hay apariciones extrañas y bizarras tanto de Chloe, la chica con leucemia que solo quiere sexo en la historia original, como de Robert Paulson, una especie de zombie-mastodonte que es utilizado como una fuerza brutal y sobrenatural. En esta historia, las líneas entre ficción y autor se desdibujan y hasta Palahniuk aparece como personaje, formando parte de uno de los grupos de autoayuda, en este caso a través de la escritura, que forman parte del proyecto de insurrección.

Todo en la historia, sin embargo, escala muy rápido y para el cuarto capítulo ya estás viendo ataques políticos, secuestros y personas masacradas, haciendo que las mecánicas de la historia original queden olvidadas con rapidez.

Un poco más cercana la mecánica original de triangulo de personajes, El club de la pelea 3 plantea otro escenario en que, después de los hechos del segundo capítulo. En esta ocasión, Marla está embarazada de Durden y la familia espera que nazca el niño. El proyecto de insurrección original, y otro que Durden ideó después, han sido desarticulados y, para generar avances y sostener a la familia, el protagonista y Tyler Durden tienen que hacer equipo para enfrentarse a una nueva organización secreta abocada al caos a través de un marco de pintura por el cual puede pasarse a un mundo fuera del tiempo, y un virus de transmisión sexual que las personas se van compartiendo (el cómic fue apareciendo ya durante la pandemia).

Aunque las ilustraciones grotescas y sus efectos son disfrutables en el formato –como la sobreposición de imágenes reales sobre la viñeta de cómic, ya sea sangre, moscas u otras cosas–, la realidad es que al final de los dos tomos, uno como lector puede sentirse un poco defraudado. La ilustración a lo Jhonen Vazquez no contrasta con la seriedad que se tenía tanto en el libro original como en la adaptación cinematográfica, todo se enrarece demasiado y no necesariamente para bien. Aunque al inicio la continuación de El club de la pelea pueda emocionar, entre más van ocurriendo cosas que dejan patente lo que en televisión se llama el ‘salto del tiburón’, el lector del cómic puede desmotivarse a continuar con la lectura. Al menos a mí me pasó. De inicio, al no existir un primer cómic de El club de la pelea, los puentes que llevan a la locura y a lo grotesco parecen infranqueables. De pronto esta continuación se vuelve un poco una parodia de lo que una continuación real pudo haber sido como las series de animación noventera que se hicieron de Bettlejuice y de Volver al futuro, al ponerlas a un lado de las películas.

Basten dos ejemplos. Cuando en un giro metaficcional Chuck Palahniuk, en algún punto del segundo tomo, tiene que encontrar un final que salve a los protagonistas del destino apocalíptico que Durden les ha reservado. En ese universo, además, existe la película de David Fincher y se habla de que Tyler Durden no es una personalidad alterna de Sebastián, sino una entidad que tiene cientos de años alterando al mundo y pasando de persona en persona, y que espera pasar (en ese momento de la trama) al hijo del protagonista y a Marla; es decir, Durden pasa de ser un desdoblamiento de personal a transformarse en una entidad mágica y sobrenatural.

Otro. Al no encontrar un escape posible para la trama, Palahniuk es llevado por los fanáticos de la historia (casi todos de la película) hacia el lugar del conflicto quienes quieren motivarlo para encontrar una mejor resolución al conflicto; y entre todos, salvan a los personajes principales. Poco después Tyler Durden, derrocado, se acerca a disparar en la cabeza al novelista de bestsellers. Es decir, Palahniuk como personaje en realidad no tiene ninguna injerencia en la trama.

Si aquella tarde hubieran existido ya las continuaciones de El club de la pelea, y fueran películas, y mi amiga y yo hubiéramos corrido a ponerlas en la pantalla, me pregunto si la emoción de mi amiga hubiera sobrevivido a la primera historia. Quizá si hubiéramos hecho lo contrario (haber visto las continuaciones primero), sí, en la que la película original fuera el cierre final. Pero parece que, como parafraseaba Bolaño, todo lo que comienza como comedia acaba como monólogo cómico, pero ya no nos reímos.


Autores
Sergio Ceyca (Culiacán, 1990) ha publicado la novela No tendrás perdón (ISIC, 2018) y el libro de cuentos Magia moribunda (Ediciones del Olvido, 2021). Estudió leyes en la Universidad Autónoma de Sinaloa y se ha desempeñado como reportero en diversos medios electrónicos. Participó en el primer Curso-taller para jóvenes creadores de la Fundación para las Letras Mexicanas, con sede en Xalapa; y ha sido beneficiario del Programa de Estímulos para la Creación y el Desarrollo Artístico de Sinaloa durante 2018, así como de la beca de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en el periodo 2019-2020.

Ilustrador
Laura Velázquez Hernández
Nacida en la Ciudad de Puebla, México en 1992 Estudió la licenciatura en Diseño gráfico en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, con especialización en Artes permitiéndole así explorar varias disciplinas como la pintura, dibujo, ilustración análoga, digital, y fotografía. Mientras que su contacto con el muralismo llego ya en la etapa laboral, se convirtió poco a poco en una de las actividades que más disfruta y su fuente de trabajo más frecuente.