Cuando a un artista se le pide englobar su obra en un concepto, un género determinado o una tendencia, siempre acaba diciendo que eso es “trabajo de los críticos y los investigadores” y que a él solamente le corresponde crear.
Miembro del Sistema Nacional de Creadores desde el 2011, Agustín Meza, director, dramaturgo y docente, un día decide meter su vida en una maleta y mudarse a Querétaro para empezar desde cero su actividad teatral allá.
Conocí a Verónica Bujeiro por correo electrónico en los tiempos remotos en los que aún existía Infosel, estoy completamente segura que ella no recuerda que le escribí pidiéndole su obra “La tristeza de los cítricos” para que el Teatro La Capilla la publicara en aquella primera edición de su taller.
En Monterrey empieza a sonar un nombre: Iván Domínguez Azdar, quien de unos cuatro años a la fecha ha ido ganando terreno con montajes de dramaturgos como Verónica Musalem y el mismísimo David Olguín.
La dramaturgia y el hecho escénico querámoslo o no, dependen en mucho del lugar donde se lleven a cabo, el centralismo es una triste verdad, pero el empuje de muchos creadores en el interior de la República provoca movimientos y fenómenos artísticos interesantísimos.
La vida de una obra de teatro es muy incierta, se escribe con todo el corazón dispuesto para la escena, pero el camino del texto hacia el escenario es una carrera de resistencia en donde la fe y el amor a veces no es suficiente.