Tierra Adentro

Poesía

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Sobre el basketball El espacio es el mismo en Arizona, supongo, que en Michigan o en Ames, Iowa, luciérnagas indiferentes a los pases aéreos, enmarcadas por el altísimo emparrillado de maíz, listos para ser despanojados por la blanca estupidez sin camisa.
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    Me besabas en la columna y ahora apenas recuerdo tu cara.
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Detrás del amago sexo está mi nombre en zapatos de silesio mi luminosa arbitrariedad con el ánimo de un ladrillo azul olvidadizo permanezco bajo los garabatos de una santa y la gratuita enumeración de lo insano en el hogar de la sangre sobre el sexo de un pedazo de sol.
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Uruguay, aparece en los registros como el segundo país en el territorio más pequeño en Sudamérica.
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Hay un agua nocturna, un lejano desplome de pequeñas violetas, un reloj que regresa en medio de las calles: llueve la noche antigua de paredes borrosas, llueve, se está mojando el corazón del aire, se moja el corazón de este aire que ahora poco a poco se enfría y me entume los dedos; mi amor por la llovizna se parece a esta noche ruidosa de septiembre.

Conserva de chilacayota pasen a gustar, conserva de naranja, pasen a tomar.
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  Después de tanto ardor –tanto tratar de encontrar las palabras y de tocar la carne, la tibieza de ambas, o tan sólo una manera de lidiar con sus efectos–, después de tanto espacio que nos queda cuando lo buscamos, sin importar si lo encontramos o no, pienso, parada en la estación desierta de metro, mientras un cellista solitario munido de su arco hace que los armónicos graves retumben por la cueva, que debe ser deseo esto también: dirigirse no al músico (y sin nada de fuego), sino al tren: Sé lento, sé lejano.
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Vi una manada de sapos mirándose entre ellos discutiendo insectos en el cauce de mi reflejo No fue romántico Los trajes blancos apilados sobre el lago y una insignia dorada como el zancudo que distingue la sangre azul de una sustancia babosa deslizándose por las salinas rocosas del istmo nevado de Acapulco Fue mi más triste recuerdo estaba hecha pedazos me sentía grecorromana Una brisa hermafrodita agitaba las faldas de las sombras del estacionamiento Un olor a aceite me alejó de la escena y entré al cine negro encendí un cigarrillo La primera luz se encendió y por ley me echaron de este mundo.