Discurso sobre las ballenas
Destrozada a golpes por los colores de la tormenta un pedazo de madera de junio emerge y extiende sobre el aire húmedo sus islas volcánicas no quema este ancho mar, no quema la espuma que brota de la espalda, busca sin embargo el silbo el canto el olfato el atisbo y luego el incendio bajo las aguas: así es su amor como cuando niños descubrimos lo poderosos que son los sonidos del mar amor que pesa en la nota que dejó hace días un ahogado y que ahora vuelve a su extraño país monocorde, amor la muchacha del muelle, preñada la boca de historias y cuentos sobre grandes peces y mandrágoras fue ella quien amó a todos extensamente en el lento flotar de diferentes luces y profundidades fue ella quien habló de las ballenas manchas de petróleo que se hunden y ensanchan las vocales del abismo en el océano, tierras sumergidas en una sola mirada una ballena, dijo mientras se vestía, una ballena es todo el Mar de los Sargazos, nadie sabe dónde habitan o qué lentitud gobierna el pesado canto que extiende el oído sobre la superficie para quien la divisa, la ballena es una casa en medio del camino entre dos mares, la tierra y la lengua no son hogar nido de pájaro en el mástil es este oficio de hundirnos en el olor de la marea; ahora que no escucho más, que no sueño los brazos de esa mujer de boca extensa sé que no existen las ballenas sé que esto que miro es sólo una enorme tabla del naufragio que es junio pero en cambio existe ella y sus muelles ella y su cuerpo y su costa preñada en la que anclábamos por sus historias, las ballenas no son casas en mitad del mar, ella sí: arpones, pedazos de un coral madreperla mascarones de proa, maderas de raros barcos, collares, oscuras riquezas había en su voz y sus labios como un húmedo y abierto almacén.
Armar el cuadro otra vez/ reconstruirlo como si una fuerza extraña lo hubiera fracturado como los evacuados como los exiliados como los que incendiaban sus propias casas como después de las guerras y de los desastres y también como cosas más sutiles como sobrevivirle al amor como después de esos finales como después de la muerte como después de los padres y después de los hijos y también como cosas más sutiles como cuando amanece
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es enorme el hibisco de mi infancia y es rojo como yo fui roja tan enorme que se niega a que lo piense tan rojo como un parto, madre, yo me hubiera agarrado de tus piernas no tendría que vivir en este nombre tengo a la muerte acomodada/ quieta y ciega / adentro de mis libros/ ordenada pero es enorme el hibisco de mi infancia quiébrate le digo dóblate como se dobla la memoria quédate en la grieta de mi mano yo corté raíces con tijeras de gigante enterré las plantas/el patio/ los huesos de mi madre hice un pozo para hijos que no tuve arrojé a mis hombres en silencio obstinado hibisco de la infancia crece desde abajo/ desde el centro se caen las paredes de mi casa
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No voy a hablar voy a hablar de otra cosa nunca es eso no te voy a decir basta voy a dibujarte este sutil paraíso de papel sin contarte los piojos ni los sueños la mirada que se abre hacia una infancia breve de las hamacas voy a hablar de los rosarios será que no rezás que no te hamacaste ayer mañana nunca no voy a retomar la cuenta moretones que se van pero hacia adentro para volver a estallar en el gesto de los hijos de tus hijos y ad eternum me olvidaré después cuando esté hablando a nadie de Picasso eso duele no tu mano firme como la rigidez de un loco le diste vuelta la cara y volvió otro de.
Para quien quiera acercarse a la obra de Guy de Maupassant, ciertamente será de gran utilidad conocer cierto poema que publicó en una antología licenciosa en 1881.
1
Arriban salvajes los distintos climas un pensamiento demasiado extenso como para vivir en él
De este lado del invierno mi propio condensario produce sal
Voy a pensar en esta línea como un pasillo escarchado encadenado y confinado
Y caminar en silencio el golpeteo de ganchos es el único sonido
Ahora aquí un paño para descansar tu cabeza mi aliento húmedo como una flama
3
Levántense alas o han sido oscurecidas
llegadas se empujan orgullosas.
Rey de la nieve
en aguas negras lavando naranjas hacia la cueva en una barranca seca los huesos hacen polvo naranja se perfila hacia la niña hacia sus niños dos elementos que forman una mano torcida .
la manera en que ese hombre usa la música mexicana para matar en un solo día lo que urdió en una vida
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la manera en que ese hombre usa a los negros la manera de usar un cáliz muy simple como un arma para matar ansío usar la excelsa poesía de los otros (nótese la gran congoja) que mi puñado de lectores no han leído aún para poner de moda mi propia temporada entre el agua y el manantial cubierto de escamas
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un hombre se paró frente a mí soy demasiado magnífico para ser conocido mejor dicho, des-conocido
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el sonido del cuerpo humano cayendo sin resistencia de cinco pies de altura sutil, es algo sutil
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los jornaleros viven cada día del año alrededor del tarro de cerveza en el que nuestro sindicato se desangra haciéndolo más difícil para ellos
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honestamente, el ser empujado por aquellos rapados es un honor, un verdadero honor notaste la desproporción en el número insólito de enormes individuos que son el cuerpo del policía
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somos afortunados de que conozcan el confucionismo y que nuestros grandes poetas universitarios sientan cara a cara la verdadera esencia de la pobreza y la violencia
cuando dios los bendice a la mierda la droga
las invasiones de Inglaterra instigaron una cultura de invasiones a la que le crecieron ramas
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y así los fantasmas en las casas de la política mundial esperando un pollo en el horno
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en el fondo del río tan lleno de peces es difícil alcanzar a entender el sentido los labios superiores ofendiendo accidentalmente
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mi enemigo es mi amor eso no tiene nada que ver con México con las coladeras humeantes de la ciudad seca y la riqueza
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es momento de poner a un lado los juguetes inofensivos y comenzar el truco visual de bajar las escaleras donde no hay escaleras porque esto es un ensayo para la tumba
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es aceptable mirar a una mujer en el vagón lleno .