Escribo con pleno conocimiento de que la mayoría de los analfabetos del mundo son mujeres, de que vivo en un país tecnológicamente avanzado donde el 40% de la gente apenas puede leer y el 20% son analfabetos funcionales.
La cuestión de si el humano primitivo, aquel que poseía unas cuantas artes rudimentarias y una capacidad de lenguaje extremadamente imperfecta, merece o no ser llamado humano, debe depender de la definición que empleemos.