Vehemente dios de una raza de acero,
Automóvil ebbrrrio de espacio,
Que piafas y te estrrremeces de angustia
Tocando el freno con estridentes dientes…
Filippo Tommaso Marinetti
Conservo buenos recuerdos de los automóviles que he tenido: la primera vez que cruce la frontera de los 200 kilómetros por hora –en un Chevy—; la primera vez que tuve sexo estacionado en una calle desierta —en un Jetta—, o aquel viaje a Estación Catorce para conocer el peyote —en un Mazda 3—.
Desde mediados del siglo pasado, han existido intentos por organizar la historia y el desarrollo de distintas vertientes de la música mexicana, como la música electrónica, la electroacústica y el arte sonoro.
La versión oficial es que en México la literatura realista es el canon, que hay un puñado de escritores que insisten en salirse de este; que son una minoría; que hay un grupo bien ubicado que se dedican a la literatura fantástica (o de la imaginación, insiste Alberto Chimal esperando con el cambio de adjetivo quitarse de encima la idea de los elfos y los duendes) y que están tan bien ubicados que uno puede saltar el renglón y no verlos.