Tierra Adentro

Ensayo

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ojos claros, cabello rizoso y oscuramente rubio, fina tez con saludables colores de altiplanicie, algo nórdico en el ensueño de la mirada y otro poco de mediterráneo en la pasión de la palabra y la estampa apolínea, llovido de cielo y mexicano de la tierra, prodigioso injerto de lo mejor de fuera y lo mejor de dentro, arquetipo de la élite joven de entonces y de la madura de nuestros días.
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Ana Teresa Hernández es una de las voces feministas más jóvenes de nuestro país.
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No sé cuál de mis amables lectores —pero alguno(a) habrá— comparta mi pasión por la poesía de López Velarde en general y por el adjetivo lopezvelardiano en particular.
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Una familia se reúne frente a una pantalla.
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La idea del patrimonio nacional y los programas encaminados a su protección, estudio y difusión, han estado relacionados al menos con cuatro factores cambiantes y complejos: primero, cada época rescata de manera distinta su pasado y realiza una selección de los bienes que posee; segundo, la selección y el rescate de los bienes patrimoniales se realiza de acuerdo con los particulares valores de los grupos sociales dominantes, que por fuerza resultan restrictivos y exclusivos; tercero, el patrimonio nacional no es un hecho dado, una entidad existente en sí misma, sino una construcción histórica, producto de un proceso en el que participan los intereses de las distintas clases que conforman a la nación; y cuarto, el patrimonio nacional es una realidad que se va conformando a partir del rejuego de los distintos intereses sociales y políticos de la nación, por lo que su uso también está determinado por los diferentes sectores que concurren en el seno de la sociedad.
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En este ensayo, Magali Velasco revisa las influencias literarias en las nuevas voces femeninas latinoamericanas.
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Autor prolífico y de múltiples preocupaciones, José Emilio Pacheco se distingue como una de las figuras más destacada de la cultura mexicana.
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  Vehemente dios de una raza de acero, Automóvil ebbrrrio de espacio, Que piafas y te estrrremeces de angustia  Tocando el freno con estridentes dientes… Filippo Tommaso Marinetti   Conservo buenos recuerdos de los automóviles que he tenido: la primera vez que cruce la frontera de los 200 kilómetros por hora –en un Chevy—; la primera vez que tuve sexo estacionado en una calle desierta —en un Jetta—, o aquel viaje a Estación Catorce para conocer el peyote —en un Mazda 3—.