En 1999, en la entrevista que Roberto Bolaño dio a la periodista María Teresa Cárdenas, al preguntársele sobre objetivo de la Literatura, respondió: Y en mi vida, que ha sido más bien nómade y de una pobreza extrema en ocasiones, el leer ha contrapesado esa pobreza y ha sido mi soberanía y ha sido mi elegancia.
En el libro, siempre a mitad de camino entre el producto cultural y el objeto mercantil, se entrecruzan las supersticiones del coleccionista, las necesidades del estudiante, los placeres del lector, los campos de batalla del editor y los procesos personales del escritor.
El género de terror no ha parado de evolucionar: aquello a lo que el ser humano le teme no ha sido siempre lo mismo y, aunque algunos miedos se han mantenido consistentes, otros nuevos han surgido en la mente de las personas.
Resulta interesante que, desde hace algunos años, uno de los temas que ha acaparado la atención sobre el patrimonio cultural es la intervención de grupos o movimientos que se manifiestan en los espacios públicos y utilizan monumentos, muros y otras estructuras para exponer sus problemáticas.
Todo comienza por el deseo, el sentido del tacto es la puerta a cualquier clase de historias donde el protagonismo lo mantienen las sensaciones placenteras.