Al salir de la reunión lo único que pude pensar fue: ¿para qué hablar de la casa de un poeta y no de su poesía? La incasable búsqueda por los detalles baladíes a los que nos aferramos con un compulsivo morbo de escudriñar en la vida de los otros, principalmente de aquellos famosos o casi famosos resulta una especie de compartir una vida ajena, casi vivirla, casi usurparla.
I
“Cumbia esquimal no está tan mal, ponte los guantes, ponte las botas, ponte orejeras, ponte manoplas; cumbia esquimal no está tan mal aunque no es tropical”.
El detonador creativo siempre es un misterio; muchas veces una frase, una canción o el encabezado del periódico toma por sorpresa al artista y en un momento de inspiración surge el arte.
La versión que hizo el médico y literato yucateco Fernando Marrufo (1924-2001) de los Sonetos de Shakespeare fue difícil de encontrar durante un tiempo: recuerdo haberla buscado afanosamente por varias librerías de la Ciudad de México, incluidas todas las de la UNAM, hasta que perdí las esperanzas, entonces recurrí a un poeta meridiano para conseguirla y, por si las dudas, le pedí que me consiguiera dos ejemplares.