Como sucede con el arte popular y las “bellas artes” o “artes liberales”, la distinción entre música popular y música clásica es estrecha, aristocrática y reduccionista.
René Girard asegura en su libro Mensonge romantique et vérité romanesque que los seres humanos somos incapaces de desear espontáneamente, que necesitamos forzosamente de otra persona que medie nuestro deseo.