Hace veinte años se publicó La virgen de los sicarios (1994), tal vez la novela más conocida de Fernando Vallejo (Medellín, Colombia, 24 de octubre de 1942).
En una reciente expedición que hice por algunas librerías de viejo buscando un libro que al final no hallé encontré, en cambio, un ejemplar de La segunda Celestina, la comedia que dejó inconclusa Agustín de Salazar y Torres y cuyo final es erróneamente atribuido a Sor Juana Inés de la Cruz.
Guillermo Fernández (Guadalajara, 1932-Toluca, 2012) era un entusiasta, un vitalista: podría sonar a lugar común, pero en verdad era un ser humano lleno de vida.
La semana pasada, en esta columna escribí sobre bibliotecas personales y excluí inconscientemente a las bibliotecas públicas, de manera que ahora me gustaría abordarlas brevemente.
La semana pasada, dos contactos a través de sus redes sociales preguntaron a los demás sobre cómo les recomendaban organizar sus respectivas bibliotecas.
En el primer semestre del CCH, la maestra de Taller de Lectura y Redacción (no entiendo por qué le llaman pomposamente así y no simple y llanamente “literatura”) nos dejó leer dos noveletas: Aura (1962), de Carlos Fuentes (Panamá, 1928), y La tumba (1964), de José Agustín (Acapulco, Guerrero, 1944).
José Martínez Sotomayor tuvo una carrera más fructífera como funcionario público que como literato pues fue Procurador de Justicia del Distrito Federal, Secretario de Gobierno del D.