Traducción de Hiram Barrios
La sangre de mi bestia
Exprimo la sangre-médula de mi bestia-cerebro, para destilar unos centímetros de néctar vital a mi ser.
Desde ya hace un tiempo las opciones para estudiar y profesionalizarse en materia de teatro comenzaron a ampliarse, escuelas como la Universidad Anáhuac abrió la carrera en Actuación, sin olvidar las materias de Dramaturgia impartidas tanto en la SOGEM como en la Escuela Activa de Escritores y, por último, también podemos encontrar la serie de talleres que proliferaron en la Ciudad de México, impartidos por gente de prestigio y renombre.
Escribí este epílogo para la tercera edición de mi libro de poemas que aparecerá próximamente en edición limitada publicada en coedición por Indetil, Ameicah y Eternos malabares.
Al examinar el trabajo de dos poetas (Efraín Velasco Sosa y Omar Pimienta), Diana del Ángel da cuenta de una serie de prácticas que desbordan la página y ocupan otros espacios, generando una poética que se inserta en la vida cotidiana con obvias implicaciones políticas.
“Ruda, brutal, coqueta, irónica, terrible…”, así comienza el texto de la crítica en danza Anna Kisselgoff (The New York Times, 1987) refiriéndose a la pieza What The Body Does Not Remember (Lo que el cuerpo no recuerda), con la cual debutó la recién creada compañía belga Última Vez del coreógrafo, director, actor y fotógrafo Wim Vandekeybus.
A veces no basta con que una cantante tenga una voz excelente; en ocasiones no es suficiente que aquella posea una técnica solvente ―lo que se gana con lecciones―, uno, como espectador, lo que desea es encontrar sobre un escenario a una mujer que interprete sus canciones como si le fuera la vida en ello, que sobre la tarima consiga cantar con absoluta verdad en ese preciso instante.