Más allá de discutir los motivos profundos que justifican que se estudie literatura en la educación básica, me interesa cuestionar la manera en que tradicionalmente se enseña poesía en las escuelas públicas mexicanas.
La vida, de suyo, ya es un lugar miserable, terrible, angustiante; además de la dificultad de dotar de sentido la vida, de hacernos cargo de nosotros mismos, de sobrevivir al día a día, de salir del paso con la comida, los pagos, el trajín de nuestras necesidades más imperiosas y saber que al final lo único que nos espera es la muerte, una muerte solitaria e ineludible, además de eso, encima de eso, como si eso no fuera poco, también existen las tesis.