Para juzgar el libro de un crítico que ha mostrado, a lo largo de una larga carrera, rigor y una suficiencia intelectual se pueden seguir dos vías no necesariamente excluyentes.
La obra poética del chileno Gonzalo Rojas (Lebu, Chile, 20 de diciembre de 1916- Santiago de Chile, 25 de abril de 2011), por fortuna, ha sido muy publicada y por lo tanto es bien conocida en el mundo de habla hispana.
Si tuviera que describir con una imagen —o mejor dicho con una metáfora explicativa— la poética que Jorge Ortega emplea en Devoción por la piedra propondría la de un hombre que camina con una cámara portátil por diversos lugares tomando registro de cuanto la realidad le ofrece.