Flavio Valerio Aurelio Constantino
Estaba naciendo en un momento preciso:
El astrágalo de una columna corintia se sacudía con los pasos del Restaurador del Este y las hojas de acanto soplaban con tanta,
Tantísima fuerza que se confundían con el aliento de un nabateo a punto de morir, ese que alzaba sus plegarias a un toro joven llamado Baal y no dejaba de mirar, con pena y amor, a su reina Zenobia y no dejaba de mirar tampoco, con pena y disgusto, a Vabalato, el joven desobediente que los llevó a la perdición.