Tierra Adentro

poesía

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  Desde la orilla miraron, sostenidos en dos patas, el predicho elástico charol noctívago que figuró malabares con brillos ajenos (reflejos de reflejos de otra luz fuera del mundo).
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  Para Federico D-G.
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Kè-ní ré tá díɁztèɁ*   Prássá; prás mbèɁz men díɁztèɁ prássá; prás mb-ròɁ thîb ndzět prássá; prás mblà yìz lo diɁzteɁ prássá; prás an=ta štil de=díɁz mbèd CháɁs, cháɁs mbèɁz thîb ngwè’s CháɁs, cháɁs ná làt zó lè-zùɁ CháɁs, cháɁs pšék lûd mbòl mbèz CháɁs, cháɁs díɁz goš nazuɁ Górrá; gòrr díɁz dá lô yêts Górrá; gòrr ndé rŏɁ wìz Górrá; gòrr ndé=y-ăl mbîzɁ kè-ní ré tá díɁztèɁ=ná Or yénɁ dá lô šíɁn m-bì~rè lô lè-zùɁ=ná   Baila el zapoteco dicen los zapotecos salió un tlacuache le cayó la enfermedad al zapoteco puro español habla el bebé llama a los más sabios triste está el corazón aguanta un poco hombre, dije la palabra antigua esta tibia la palabra va al papel está saliendo el sol está naciendo la semilla Bailando esta mi lengua zapoteca Los jóvenes van a trabajar Regresa a mi corazón.
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La primera imagen: un niño mirando detrás del cristal de pecera gigante, dentro de ella un hombre-buzo.
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Flavio Valerio Aurelio Constantino Estaba naciendo en un momento preciso: El astrágalo de una columna corintia se sacudía con los pasos del Restaurador del Este y las hojas de acanto soplaban con tanta, Tantísima fuerza que se confundían con el aliento de un nabateo a punto de morir, ese que alzaba sus plegarias a un toro joven llamado Baal y no dejaba de mirar, con pena y amor, a su reina Zenobia y no dejaba de mirar tampoco, con pena y disgusto, a Vabalato, el joven desobediente que los llevó a la perdición.
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La termita no come cemento.