Desde la orilla miraron,
sostenidos en dos patas,
el predicho elástico
charol noctívago
que figuró malabares con brillos ajenos
(reflejos de reflejos de otra luz fuera del mundo).
Kè-ní ré tá díɁztèɁ*
Prássá; prás mbèɁz men díɁztèɁ
prássá; prás mb-ròɁ thîb ndzět
prássá; prás mblà yìz lo diɁzteɁ
prássá; prás an=ta štil de=díɁz mbèd
CháɁs, cháɁs mbèɁz thîb ngwè’s
CháɁs, cháɁs ná làt zó lè-zùɁ
CháɁs, cháɁs pšék lûd mbòl mbèz
CháɁs, cháɁs díɁz goš nazuɁ
Górrá; gòrr díɁz dá lô yêts
Górrá; gòrr ndé rŏɁ wìz
Górrá; gòrr ndé=y-ăl mbîzɁ
kè-ní ré tá díɁztèɁ=ná
Or yénɁ dá lô šíɁn
m-bì~rè lô lè-zùɁ=ná
Baila el zapoteco
dicen los zapotecos
salió un tlacuache
le cayó la enfermedad al zapoteco
puro español habla el bebé
llama a los más sabios
triste está el corazón
aguanta un poco hombre, dije
la palabra antigua esta tibia
la palabra va al papel
está saliendo el sol
está naciendo la semilla
Bailando esta mi lengua zapoteca
Los jóvenes van a trabajar
Regresa a mi corazón.
Flavio Valerio Aurelio Constantino
Estaba naciendo en un momento preciso:
El astrágalo de una columna corintia se sacudía con los pasos del Restaurador del Este y las hojas de acanto soplaban con tanta,
Tantísima fuerza que se confundían con el aliento de un nabateo a punto de morir, ese que alzaba sus plegarias a un toro joven llamado Baal y no dejaba de mirar, con pena y amor, a su reina Zenobia y no dejaba de mirar tampoco, con pena y disgusto, a Vabalato, el joven desobediente que los llevó a la perdición.