Tierra Adentro
Fotografías cortesía del autor
Fotografías cortesía del autor

Era cerca de la medianoche del 2 de enero cuando los que tuvimos la mala suerte de seguir despiertos nos enteramos del bombardeo en Caracas por parte de Estados Unidos. Quienes vimos los videos ya no pudimos dormir pasando de canal entre medios alternativos y oficiales. Pocas horas después se supo de del secuestro el presidente Nicolás Maduro, mal llamado en los medios oficiales como captura o apresamiento.

Hubo poco tiempo para reaccionar, las consignas no tardaron en salir en las redes sociales, las condenas las advertencias, la solidaridad cibernética. Por eso fue tan corta la capacidad de reacción. Algunos comenzaron a convocar con carteles mal señalados a una concentración en protesta en la embajada estadounidense.

Yo salí de mi casa temprano rumbo a la embajada que conozco, donde uno tramita su visa, en Reforma, solo para enterarme de que esa embajada ya se mudó hace no sé qué tanto y ahora está situada en Angostura 225, en la Colonia Irrigación. Sin saber cómo llegar, ya que está en un lugar ligeramente inaccesible, tuve que ir por una ecobici en un trayecto entrecortado por los puentes.

Encontré alrededor de unas doscientas o trescientas personas con banderas de Venezuela gritando consignas en contra de la invasión norteamericana. “Fuera yankees de América Latina”, se leía en las pancartas. Por turnos, diferentes oradores dieron su perspectiva de la amenaza. Gente venezolana, gente de México e incluso algunas personas de partidos comunistas enfrentados que aprovecharon para hacer reclamos a la política local. Comenzaron algunos enfrentamientos, a partir del reclamo de que el verdadero interés de la manifestación era la soberanía de los pueblos de América Latina y no concentrarnos en las detalles de la política local.

Poco a poco llegaron más personas, algunos rostros familiares como Rafael Barajas El Fisgón, con quien hablé y me dijo que los estadounidenses no necesitaban petróleo pues ya tenían mucho petróleo con el fracking, lo que quieren es la dominación especulativa del petróleo y el monopolio del narcotráfico. Yo le propuse que quizá los estadounidenses no buscaban el petróleo porque lo necesitaran inmediatamente, sino que porque buscaban desestabilizar aquellos países a los que Venezuela les da petróleo, como Cuba y Nicaragua, los cuales podrían ser los siguientes en la invasión. Y el me sorprendió con una vaticinio aterrorizante: el que sigue es México.

Los camaradas de acción directa lanzaron huevos y a grafitearon la embajada de Estados Unidos. Todos los periodistas se movilizaron del centro de la glorieta hacia la valla. Activistas jóvenes les gritaban que no grabaran, pues los ponían en peligro, a lo cual pocos periodistas hicieron caso.

A la pregunta “¿cómo estás?” que le hice a cada persona que me encontraba, la mayoría contestaban encabronados, un sentimiento de impotencia de corría el aire de la Colonia Irrigación.

Poco a poco se sumaron más personas pero otras se iban. Debimos ser medio millar en algún momento.
Un joven llegó a cantar una versión alternativa de “Dicen tus jefes que a mí no me quieren” versión antiimperialista que movió al baile y a un pequeño sentimiento de esperanza. Mientras escribo esto, las protestas continúan, la concentración se moviliza en una marcha hacia el metro Río San Joaquín. Por ahora, hasta aquí mi reporte, Joaquín.


Autores
(Ciudad de México, 1991) Narrador, poeta, editor, traductor y ensayista. Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la UNAM, la maestría en la Universidad Complutense de Madrid y el doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha publicado los libros Los designios del imaginero (2012) y Agenbite of inwit (2018). Ganador del Premio Nacional de Novela “José Revueltas” por Nuestro mismo idioma (FETA, 2015) y el Premio Nacional de Cuento “Julio Torri” 2019 por Sonámbulos. En 2023 publicó su tercera novela Mundo anclado (NitroPress, prólogo de Enrique Vila-Matas). Ha colaborado en diversas antologías como Covid: Narrativa mexicana joven, desde y contra la pandemia (FCE, 2021) y La lectura al centro: 55 autobiografías lectoras (UNAM, 2022), así como en la revista Quimera, Barcarola, El Universal, Excélsior,Tierra Adentro y Luvina. Como editor ha elaborado las antologías narrativas Lo fantástico no existe (Ediciones Periféricas, 2020), De narcos a luchadores (Contrabando, 2019) y El misterio de los seres espaciales (Deliria, 2023). Es profesor de literatura en la UNAM y en Literaria: Centro Mexicano de escritores.