Tierra Adentro
"Montículos detectados", Ismael Glaf. La tinta del silencio, México, 2025.
“Montículos detectados”, Ismael Glaf. La tinta del silencio, México, 2025.

Sinopsis

Las minificciones de este libro forman tres montículos. Al primero lo integran cuentos fantásticos que remiten a Las ciudades invisibles de Italo Calvino; el segundo reúne las crónicas de Eva Sal, versión cósmica de La mujer de Lot bíblica, en torno a un viaje sincrético-surrealista; el tercero se compone de ocho historias de Cromala, pastiche de la Comala rulfiana, y protagonizadas por personajes homónimos a los de su novela Pedro Páramo.

GRÁNULOS DE INVISIBILIDAD

Ghosting

Él me enamoró con mensajes escritos en el paño del espejo. Me pidió que fuera su novia con un poema rasgado en la pared. ¿Cómo me pediría matrimonio?, solía preguntarme desde mi balcón, como hipnotizada por la ciudad invisible.

Una noche ya no hubo más notas asentadas en el cuero del perro. En adelante, mi amor dejó de escribirme en el cochambre de los trastes.

Entonces el frío de mi departamento envejeció.

Hace poco volví a coquetear con fantasmas extraños del otro lado del espejo. El último acaba de marcharse porque encuentra ordinaria mi forma de escribir con las uñas, y al revés.

Ruta alterna del efecto mariposa

El taxista soltó el volante cuando en el espejo retrovisor se descubrió a sí mismo en el asiento trasero, con el semblante desencajado. Su taxi, a más de noventa kilómetros por hora, salió del carril y chocó contra la parte trasera de otro vehículo idéntico. La expresión del taxista afectado se encajó en el espejo retrovisor. Su estridencia aún orbita, lenta, en la ciudad invisible donde nunca hay tráfico.

GRÁNULAS SALINAS

La nada se condensó en un ave

con el poder de narrar en omnisciente omnipresente.

En un principio.

El cuerpo de Lilith evanesció.

Como una brisa volvió al paraíso, al sitio exacto donde había arrancado la lengua de Adán de un mordisco. Junto al árbol del conocimiento del bien y del mal estaba un huevo estacionado, del triple de sus dimensiones. Era La Nave Reptórica. Vibraba desde que detectó a Lilith. El polvo neón que desprendían sus escamas dotó de habla a la céfira. También la persuadió de abordar. Estas son sus crónicas.

I

Gn 19:26. Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal.

Y cuando la mujer de Lot se quedó sola, La Nave Reptórica atravesó las humaredas sobre Sodoma y Gomorra.

Por obedecer a Dios, Lot y sus hijas se perdieron el aterrizaje del huevo. La ventisca abdujo a la cuarta persona de su familia a punto de desmoronarse: la mujer sin nombre condenada a ser una estatua sin nombre.

La nave volvió al espacio. 

En la cabina de los monitores fibrosos, Lilith esculpió gránulo a gránulo un rostro de sal. Cuando terminó de definir los labios, los acarició con el hálito que equivalía a los suyos.

Muac.

La Nave Reptórica se estremeció sin alterar la velocidad de su curso. En su interior ocurrían millones de metamorfosis. Los cristales se convertían en tejidos. Renacía una mujer adulta en un cuerpo a imagen y semejanza del que Lilith fue despojada.

Desnuda, la nueva tripulante se presionó las sienes para recuperarse del mareo. Sus primeras palabras fueron: “Yo soy Eva”.

“Eva Sal”, precisó Lilith con un sonido de ráfaga, de orgullo, porque al fin la mujer de Lot pronunciaba su nombre.

GRÁNULOS CROMÁTICOS

***

Justina Díaz, mi prometida, me leía el tarot en una mesita exterior de nuestro café preferido. Señalaba la carta de cinco de copas, cuando percibí el perfume [amarillo, narciso, precisan los murmullos] que dejé de usar hace décadas. Levanté la vista. El aroma provenía de la mujer que acababa de pasar a mi lado: Susana San Juan: mi cónyuge: aún. Habíamos aplazado el divorcio y ahora concurrían nuestras senilidades. Tan rápido como me distraje, devolví mi atención a la mesa. Di un trago a mi asqueroso vainilla latte para hacerme el idiota. Justina Díaz era una joven sin un pelo de estúpida. Encantadora, me repitió el significado de la carta de Los enamorados: la que había abierto la tirada.

***

Luna enferma.

Un cocodrilo le arranca el pie a Damiana Cisneros, quien logra huir del río [verde, musgoso, dicen los murmullos] y refugiarse sobre una peña, donde se desmaya. 

Luna y hierba.

Eduviges Dyada surge de la maleza. Se arrastra, presa de la fiebre. Está desnuda y a punto de dar a luz.

Damiana Cisneros vuelve en sí. Aúlla de dolor. Avista el cadáver de Eduviges Dyada, a quien amaba más que a cualquier parte de su cuerpo. 

El sol y la recién nacida están hambrientos. Los cocodrilos, atraídos por el llanto, un poco más. 

"Montículos detectados", Ismael Glaf. La tinta del silencio, México, 2025.
“Montículos detectados”, Ismael Glaf. La tinta del silencio, México, 2025. Disponible aquí
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