Monstruo o prodigio Cómo la IA está transformando la escuela, el trabajo y la vida
Prefacio del autor
Crónica de la gestación de un fenómeno
Estás a punto de embarcarte en un fascinante recorrido, como fascinante fue para mí escribirlo. Es un recorrido que desemboca en un libro sobre dos inteligencias: la humana y la artificial. No es una obra sobre la historia de ambas inteligencias, sino del enfrentamiento entre ellas. En esa contienda, muchas cosas suceden que habrán de cambiar las formas en las que los humanos nos relacionamos entre nosotros y con las máquinas. Muchas de esas cosas son nuevos eventos, empresas, jugadores y productos que tejen, poco a poco, una nueva normalidad. Mucho de lo que leemos u observamos hoy, como modelos innovadores de inteligencia artificial generativa a través de chatbots o versiones recientes de dichos modelos, serán obsoletos en poco tiempo, pero las versiones anteriores son como los escalones de una escalera que se construye peldaño tras peldaño. Documentar las formas, las razones y la evolución de esos eventos o modelos, es escudriñar en las entrañas del nuevo fenómeno tecnológico que una vez más, como sucedió otrora con la imprenta, la radio, la televisión, el teléfono, las computadoras, el internet, los teléfonos inteligentes, cambiará la forma en la que los seres humanos nos relacionamos y los hábitos para una nueva vida cotidiana.
Por ende, este libro narra la historia del presente y del futuro, un oxímoron. Es un relato sobre la forma en la que las coyunturas (nuevos eventos, modelos, productos) tejen patrones, los patrones, tendencias y las tendencias, proyecciones. El libro, entonces, es una crónica de un nuevo fenómeno que algunos predicen como la gestación de un monstruo, que destruirá a la humanidad, y otros, como la gestación de un prodigio, que la catapultará.
Vivimos un momento particular en la historia de la humanidad. Por primera vez nos cuestionamos si el ser humano es capaz de crear una máquina con una inteligencia superior a la suya, con mejores habilidades para el análisis, las decisiones y la creatividad. Ya sabíamos, antes de esta era, que las máquinas superaban algunos rasgos de la inteligencia humana, pero justo nos enfrentamos, de manera sorprendente, con máquinas que entablan conversaciones con los humanos, como si también ellas lo fueran, y cada día lo hacen mejor, al grado de confundirnos si la interlocución es con una máquina o con otro humano.
Esta evolución tecnológica ha volteado de cabeza las cabezas de todos nosotros, con preguntas que solo el tiempo resolverá, pero que al hilvanar las coyunturas podemos visualizar por dónde irá el cauce, y qué funciones y estructuras cambiarán en todos los niveles de la vida humana, como la familia, la escuela, la universidad, la empresa y la sociedad. Después de una revisión a profundidad de la gestación de este fenómeno y de los hallazgos de unos, los epítetos de otros y los efectos de tecnologías similares, la tesis que enarbolo es que la máquina, por maravillosa que sea, nunca superará a la inteligencia humana, no al menos a la inteligencia humana vista en su completa dimensión. Para ciertas definiciones o rasgos de inteligencia como acumulación de datos, memoria exacta, rapidez y magnitud de cálculo, etcétera, la máquina ya ha superado al humano y lo seguirá haciendo, pero en una definición que comprenda todas las dimensiones de la inteligencia humana como la incertidumbre, las emociones, la versatilidad, la autonomía total, la autogestión, la consciencia, y la combinación de dimensiones que juegan al mismo tiempo en el cerebro y la mente humanas, no. Como veremos a lo largo del libro, parte de la respuesta se finca en la esencia biológica de la inteligencia humana. Mientras la inteligencia artificial sea, esencialmente, fierros, plásticos e impulsos eléctricos, sin carne, hueso y sangre, le será imposible saltar del mundo de las cosas al mundo de los vivos.
Dicho eso, la IA, en muchos formatos, pero en especial la generativa, que ocupa la mayor parte de este libro, ha impresionado a propios y extraños; expertos y novatos. No es para menos. Cualquiera de nosotros puede hacer, con la ayuda de la IA, una síntesis de una cuartilla, a partir de un libro de 100 cuartillas o más, en el espacio de un minuto; cualquiera de nosotros puede encontrar la información que antes nos llevaba días o semanas recopilar, en menos de un minuto. Dentro de muy poco tiempo, ya ni siquiera necesitaremos navegar en internet con cientos de opciones y páginas web que visitar, sino que la inteligencia artificial —en su forma de asistente artificial y portátil, quizá en forma de lentes, de reloj de mano o de un dije— lo hará por nosotros. Pero en todo esto hay un costo.
Al igual que tú, yo también me sorprendí, desde diciembre de 2022, cuando realicé mis primeras consultas en ChatGPT, y luego, en muchos otros modelos de lenguaje extenso como Gemini, Andisearch, Copilot, Perplexity, DeepSeek, de las “acertadas” respuestas a preguntas o comandos de toda índole. Con el tiempo, muchos de nosotros nos dimos cuenta de que no en todos los casos las respuestas eran correctas. Entonces, empezaron a proliferar los informes de alucinaciones, falsedades e improperios de la IA, que levantaron las antenas de expertos y organizaciones mundiales para darle un sentido teleológico a la nueva incursión tecnológica, para no dejarla a la deriva. Empezó una vorágine instigada tanto por las empresas encarreradas en una feroz competencia como por los usuarios demandando más y mejores productos, y los gobiernos buscando una brújula para trazarle el camino al nuevo invitado para la fiesta digital del siglo XXI. Justo el fenómeno de la IA está animado o encauzado por esas tres fuerzas: el ímpetu de las empresas, la curiosidad de los usuarios y la regulación de los gobiernos. Los próximos años o décadas viviremos una danza de unos que empujan, otros que invitan y otros más que limitan. La fiesta no terminará, como no ha terminado desde que en el siglo pasado inició con la gestación de otros fenómenos como la computadora, el internet, la World Wide Web (WWW) y, en este siglo, con el teléfono inteligente. Lo que ahora vivimos es una consecuencia lógica de lo que nació hace casi cien años.
Con la incursión de los teléfonos inteligentes nos hemos acostumbrado a que cada año se anuncia un nueva versión de iPhone u otro teléfono inteligente. Ahora nos tenemos que acostumbrar a que cada par de meses o menos se anuncie una nueva versión de chatbot, de aplicación de chatbot, de tecnologías inteligentes como la que está en ciernes y se le conoce como Inteligencia Sintética, que a veces se empalma con la inteligencia general artificial y con los cíborgs, pero que va más allá.
En esta vorágine, decidí seguirle la pista al nuevo fenómeno, sobre todo a la inteligencia artificial en su forma de chatbots y a otras tecnologías similares o adyacentes y a sus creadores. Me entregué a la tarea de buscar las mejores fuentes de información, de leer cientos de artículos académicos, de divulgación, de difusión y periodísticos, que de alguna manera me permitieran entender qué pasaba, cuáles eran los pasos pequeños y los grandes saltos en el movimiento universal de la tecnología de la IA. ¿Con qué propósito? Ubicarnos a todos en la nueva era de la inteligencia artificial y sus acompañantes, y hacer sentido de lo que ocurre y ocurrirá. Saber qué es, conocer sus límites, sus alcances y poder tomar decisiones de cómo usarla, de qué leer, de dónde buscar información certera, de quiénes son y serán los principales jugadores de este súper juego, nos permitirá vislumbrar, antes de que ocurran las grandes transformaciones funcionales y estructurales, lo que sucederá y cómo prepararnos y preparar a nuestros hijos y estudiantes para la nueva realidad o la nueva, futura, normalidad. Sí, eso es, estamos viendo el nacimiento de una nueva normalidad que transcenderá generaciones. Es, pues, ubicarnos, para darle un sentido profundo a las miles de interacciones, promesas y frustraciones que se desprenderán de una fascinante y, a la vez, preocupante tecnología.
Durante meses y meses me abstraje del mundo cotidiano, me alejé de los medios, de las charlas, de los viajes, para retirarme a un mundo de lectura y escritura en un tema que cruza la vida de todos nosotros, pero sin duda, la vida de las escuelas, las universidades y las empresas, que tratan de entender qué pasa, para discernir qué hacer. Entonces, al cabo de algunas semanas de leer las primeras literaturas especializadas, empecé a ordenar los temas. Primero dejé que la mano, con pluma y papel (teclado y pantalla), llevara la batuta. Luego acudí a mi departamento de organización de conceptos y ordené los párrafos en secciones y después en capítulos. En muchos casos le solicité ayuda a diferentes modelos de inteligencia artificial, cosa que fue nueva para mí, y lo será para todos nosotros; así como antes acudíamos a los buscadores de internet y a los inmensos repositorios de datos, ahora le pediremos ayuda a la inteligencia artificial generativa para localizar, sintetizar y organizar más rápido y quizá mejor lo que antes nos llevaba horas, días, semanas y meses hacer. Pero todo esto siempre con la idea de aprender de lo que ocurría, en el momento que ocurría, en ese mundo de la IA y otras tecnologías que le acompañan, para, finalmente, verter en un formato clasificado y secuencial las decenas de relatos que brotaban en mi escritorio cada día. Así, le di teleología a mi proyecto, para alumbrar mi propio camino y compartir contigo, amable lector y lectora, la historia intertemporal (otro oxímoron) de la IA: ¿de dónde viene?, ¿en dónde está? y ¿adónde va?, con un lenguaje sencillo y ameno, sin perder acuciosidad ni profundidad. Por ello, encontrarás cientos de fuentes bibliográficas, unas académicas, otras periodísticas y otras más anecdóticas que les dan sustento a mis narrativas pero que también te permitirían pausar y profundizar en temas específicos para tu interés o mayor elucubración.
Inicié este periplo con la intención de revisar el mundo de la IA generativa (IAG). La verdad es que lo que está sucediendo, y sin duda cuajará, es una fusión de varias tecnologías, por ello, he incursionado también, de forma paralela, en el derrotero de otras, como las de la realidad virtual y aumentada, la robótica y automatización, los robotaxis y los drones inteligentes. Todas estas tecnologías están desatadas y están llegando a los hogares, las escuelas y las empresas empacadas de forma muy atractiva y manejable para despertar el apetito de todos nosotros. Bueno, mi interés es presentar este fenómeno de una forma que nos permita tomar decisiones de qué y cuánto consumir de manera educada.
Espero, sinceramente, que las páginas que siguen te sirvan de arranque para incursionar en lo que será la nueva cotidianidad de los años y, quizá, décadas por venir.
Introducción
Objetivo
¿Qué es la inteligencia artificial? En pocas palabras, se entiende por IA al “conjunto de tecnologías que hacen que las computadoras hagan cosas que se cree que requieren inteligencia cuando [esas cosas] las realizan las personas” (Heaven, 2024a).1 Precisamente de ahí, se deriva, quizá de modo no acertado, el nombre de este campo tecnológico: inteligencia artificial.
Dicho eso, la tesis de este libro es que la inteligencia artificial no es superior, y nunca lo será, a la inteligencia humana. Sin embargo, hay rasgos de la inteligencia artificial que desde hace tiempo han igualado y superado, con creces, a la inteligencia humana. Pero los rasgos no son inteligencia en sí misma, son mecanizaciones; por ejemplo, almacenamiento y memoria, conteos, cálculos, repeticiones, predicciones, probabilidades. Como el ser humano, con todo y su inteligencia, no puede hacer este tipo de labores con total exactitud, prontitud, repetición y sin cansancio, inventó máquinas (y sus programas) para potenciar y liberar su cerebro, precisamente en las partes que necesitaba hacerlo: tareas repetitivas y mecánicas. Con ello podría dedicarse a otro tipo de actividades como descansar, divertirse, relajarse, jugar, inventar, crear, y muchas más que las máquinas no pueden hacer. El ser humano creó a las máquinas y no al revés.
Para colocar la misma idea con otras palabras:
Uno de los factores diferenciadores más importantes [entre los humanos y las máquinas] tiene que ver con nuestras habilidades particulares. Si bien las máquinas tienden a sobresalir en cosas que a los adultos les resultan difíciles (como jugar al ajedrez a nivel de campeón mundial, por ejemplo, o multiplicar números muy grandes), les resulta difícil (o imposible) lograr cosas que un niño de cinco años puede hacer con facilidad, como atrapar una pelota o caminar por una habitación sin chocarse con las cosas. (Gardiner, 2025) 2
Digamos que una gran demostración de inteligencia es inventar una máquina que ayude a multiplicar la capacidad de logro de la inteligencia humana. Por esa razón, el primer capítulo del libro se dedica a enfrentar la inteligencia humana contra la inteligencia de la máquina.
Aprendemos en la escuela y en la vida. La escuela nos ayuda a transitar del capullo del hogar a la rigidez de la sociedad. Ahí, en la escuela, podemos fallar de manera segura. La mejor escuela nos entrega herramientas para aprender toda la vida y ayudar a nuestras 3.7 trillones de células a vivir mejor, durante más años, con más salud y bienestar. Cuando damos el último paso de la escuela a la vida en sociedad, en realidad pisamos, por primera vez, el camino de la vida de los adultos. Una vida que avanza apresuradamente, que nunca descansa, que combina tanto elementos fáciles como difíciles, sencillos como complejos, y que nos recibe con apertura, siempre y cuando aportemos nuestros mejores esfuerzos, productividad y creatividad. Quienes salieron de la escuela hace 100 años enfrentaban entornos radicalmente diferentes a los nuestros, pero para su época eran igual o más desafiantes. Para empezar, no había acceso universal a la educación básica; los automóviles apenas llegaban a las élites, las escuelas eran básicamente convencionales y la sociedad estaba fuerte y totalmente segregada, tanto a nivel de los hechos como de la retórica y de las leyes.
Por tanto, este libro resalta y documenta los cambios en las escuelas, las universidades, las empresas y la vida cotidiana con la llegada del más reciente invitado a la fiesta de la era de la digitalización, la inteligencia artificial generativa (IAG) y otras tecnologías que le ayudarán a inmiscuirse para potenciar el crecimiento de todas ellas; por ejemplo, la de los teléfonos inteligentes, los robots, las máquinas autónomas como los robotaxis y muchas otras, los relojes y lentes inteligentes, y, por supuesto, los artilugios y programas de las realidades virtuales, aumentada y mixta. Por ahí también llegarán los drones inteligentes. En fin, es un juego de fusiones y sinergias como en su momento ocurrió con el nacimiento y evolución del iPhone y otros teléfonos inteligentes.
Uno no puede analizar de manera aislada a las escuelas y a las universidades sin tocar y trastocar lo que sucede y probablemente sucederá con todos nosotros fuera de los recintos educativos en el camino de la vida. Uno de los grandes avances de las ciencias educativas es que, en el aprendizaje, la línea divisoria entre las escuelas y el hogar, la universidad y la empresa, se diluye, quizá hasta desaparecer.
Para muchos de nosotros, quienes crecimos en las escuelas, las universidades y los andares de la vida del siglo XX, el contexto cultural y digital del siglo XXI es apabullante y sorprendente a la vez, en ambos sentidos, positivo y negativo. Solo un puñado de países, quizá los cinco nórdicos del norte y los nórdicos del sur (Australia y Nueva Zelanda) más Suiza, Luxemburgo y algunos pocos más, pueden presumir altos niveles de bienestar, democracia auténtica, paz y desarrollo social. Para el resto, la vida es un desafío cotidiano.
Por supuesto, la población humana se ha duplicado en 50 años al pasar de un poco más de 4 mil millones de habitantes en 1975 a un poco más de 8 mil millones en 2024 (World Bank, 2024). Esto, sin duda, entraña una demanda excesiva de bienes públicos que a todos impactan, como son el medio ambiente y la salud. Todos los habitantes de la tierra fuimos testigos de la primera pandemia global con el COVID-19, que cambió nuestros modos de vida de la noche a la mañana de manera temporal. Sin embargo, otras “pandemias” silenciosas y menos agresivas han modificado los hábitos de todos nosotros de manera definitiva. Me refiero a los cambios culturales que ha provocado el avance de las tecnologías digitales. Todos, sin importar origen, estatus social o color ideológico, nos comunicamos e informamos, compramos y vendemos, divertimos y enviciamos, engañamos o nos engañan, robamos o nos roban, con los artilugios y sus pantallas. Cuando al mundo llegaron el internet y la World Wide Web, cambiamos de forma paulatina pero radical muchos de nuestros hábitos, tanto en las escuelas como en las universidades y en las empresas. Esos cambios que empezaron de manera esporádica crearon un patrón, mismo que crecerá con las nuevas tecnologías.
La pandemia del COVID-19 modificó drásticamente nuestros hábitos por un par de años, cuando mucho. En el momento que la situación mejoró y la pandemia terminó, regresamos a la normatividad anterior. Sin embargo, las “pandemias” tecnológicas llegaron para quedarse. No hay forma de regresar al fax cuando tenemos el correo electrónico y los PDF; no hay forma de regresar a la televisión de tubo de rayos catódicos cuando tenemos las pantallas de cristal líquido (LCD) o pantallas de diodos emisores de luz (LED); como tampoco a los teléfonos fijos cuando hoy tenemos teléfonos móviles inteligentes que nos acompañan a todas partes durante las 24 horas del día y hacen muchas cosas más que un simple teléfono fijo o un teléfono celular; o a las Guías Roji contra las aplicaciones de Maps o Waze de Google; o las cámaras fotográficas populares de rollos de 35 mm contra las cámaras de los teléfonos inteligentes. Por ello, y ante la nueva escalada tecnológica de IAG, vale la pena pausar para entender su significado e impacto en la vida actual y previsible de todos nosotros, pero, en especial, de los niños y jóvenes que se forman en las escuelas y universidades.
Advertencia
Este libro no versa sobre la ciencia, la ingeniería o la tecnología de la IA, pero sí sobre la forma en la que sus productos crecen, se usan y afectan la vida en las escuelas, los hogares, las universidades, las empresas y la cotidianidad de todos nosotros. Por tanto, este libro es testigo de dicho cambio y del nuevo pulso en la vida escolar, universitaria y hasta empresarial alrededor del mundo. Mi intención es ofrecer a los usuarios de la IA y otras tecnologías un panorama de lo que ocurre, con visión académica o informada. Como la pandemia del COVID-19, la IAG en forma de chatbots3 nos tomó por sorpresa. El tsunami llegó sin aviso para la mayoría de nosotros y, al mismo tiempo que debíamos continuar con los quehaceres de la vida apresurada, presionada y angustiosa del siglo XXI, también teníamos que “reparar” nuestras naves (hogares, escuelas, universidades y empresas) para la nueva marcha tecnológica, más que por un prurito de mejora en la calidad de servicios y aprendizajes, por un temor de quedarnos atrás, desplazados, obsoletos. Con ese estado mental, el de ayudarnos a navegar en aguas turbulentas, escribí este libro, que, entre otras cosas, pretende apaciguar las aguas para nadar de manera más serena y visionaria, sin prisas ni ansiedades innecesarias, y tomar decisiones pertinentes para mejorar tanto la calidad de los servicios escolares y universitarios como para conocer en lo personal, fuera de la avalancha publicitaria, los alcances de la IAG y otras tecnologías.
Contenidos
El primer capítulo devela los conceptos de inteligencia humana (IH) e inteligencia artificial (IA). Todos, en el mundo de las escuelas, las universidades y las empresas, habíamos escuchado de la IA, pero muy pocos esperábamos el tsunami que se detonó en noviembre de 2022 cuando la empresa de IA, OpenAI, introdujo al mercado su modelo de IA a través de ChatGPT. El mundo quedó impactado. Las inversiones fluyeron hacia las empresas que estaban en la carrera de la IAG. Como todos los capítulos lo documentarán, la cascada de nuevos productos diseñados para los gustos de un número creciente de clientes reales y potenciales de IA creció sin límites. Sin embargo, como también lo veremos, para finales de 2024 y principios de 2025, algunos observadores y expertos empezaron a resaltar un estancamiento del entusiasmo inicial. Cualquiera que sea el devenir de esta nueva incursión, me parece que una forma amable de iniciar el tema de la vida en la IA es precisamente hurgando sobre el concepto de inteligencia, colocando frente a frente a la humana con la artificial. El capítulo empieza con una narrativa sobre el ajedrez, que ha sido el juego que, por excelencia, ha desafiado a la IH durante siglos. Este inicio es importante porque marca la visión que hace 50 años se tenía sobre el devenir de las máquinas inteligentes. Cierro el primer capítulo con unas reflexiones sobre la inteligencia y las escuelas en el mundo, que solo me servirán de plataforma para lanzarnos hacia un nuevo periplo en el mundo del aprendizaje.
El segundo capítulo no podría versar sobre otro tema sino por el que representa lo que muchos han designado como “el producto más exitoso en la historia de la humanidad”. Le pregunté al nuevo ChatGPT-4, en su momento, enriquecido con la capacidad de navegación y herramientas multimodales (texto, imagen, navegación y expedientes), cuál era el producto más exitoso en términos de ventas, y me respondió que el iPhone “con más de 2.2 mil millones de unidades vendidas globalmente desde su lanzamiento en 2007” (OpenAI, 2024b). Así que este dato, más el irónico clamor mundial y escolar de limitar su uso en las escuelas, parecen un buen punto de partida para los siguientes capítulos, amén de que la forma más conspicua en la que la IAG está llegando a las personas es con las aplicaciones de los teléfonos inteligentes y otros artilugios. ¿Tendrá la IA el mismo derrotero que los teléfonos inteligentes? ¿Cambiará la IA las culturas de todos nosotros en todas partes como sucedió con los teléfonos inteligentes? La respuesta está, primero, en los capítulos que siguen, pero, después y con más certeza, en el irremediable paso del tiempo.
El capítulo tercero entra de lleno al tema de la IAG en la forma de chatbots y hace un breve recorrido del origen y crecimiento de esta fantástica tecnología que a todos nos tiene sorprendidos, y de la forma en la que la IA nos hipnotiza haciéndonos creer que “el interlocutor” de chatbot es una persona de carne y hueso, inclusive superando la famosa prueba de Turing. El capítulo también relata el explosivo crecimiento de los modelos de LLM (Large Language Models por sus siglas en inglés) y de la forma y variedad con la que se presentan, tratando de superar lo insuperable: los errores, alucinaciones, falsedades e imprecisiones. A pesar de lo anterior, el capítulo también expone las virtudes de los nuevos invitados.
El cuarto capítulo presenta concisamente el debate ético-filosófico sobre la IA, en especial la generativa. Las opiniones están divididas y polarizadas. Hay quienes defienden que la IA, como un dios en gestación, ampliará las capacidades humanas al liberarnos de tareas rutinarias, repetitivas y complejas, como en su momento lo hicieron tanto la regla de cálculo como la calculadora, después las computadoras y luego los programas y aplicaciones. En el otro extremo, se ubican los pesimistas que, en síntesis, sostienen que con la IA se ha abierto la caja de Pandora, y que la ven como un monstruo en gestación, mucho antes de que las organizaciones y gobiernos estén listos para prevenir, controlar y erradicar los efectos perversos, perniciosos y hasta catastróficos de su uso y mal uso. Yo me ubico en un justo medio, no tanto porque adopte la posición cómoda de los promedios, sino porque, al final del día, la fuerza del avance tecnológico es imparable y debemos encontrar la fórmula de adaptarlo al mayor beneficio ético y humano.
El capítulo quinto hurga sobre el fascinante debate sobre la concienciación de las máquinas. ¿Son las máquinas capaces de pensar como piensan los seres humanos?, ¿o simplemente las máquinas pueden hacer ciertas cosas, como registrar memorias infalibles, hacer cálculos a velocidades extremas o predecir palabras que son probabilísticamente adecuadas de acuerdo con las palabras que les anteceden? ¿Son las máquinas capaces de sentir y sufrir? La computación cuántica impulsará a las máquinas, pero ¿las hará sentir y pensar como lo hacen los humanos? El capítulo quinto termina con una breve reflexión sobre la respuesta humana ante el renovado ímpetu de las máquinas.
El capítulo sexto intitulado “Los vaivenes de la IA: ¿Qué hacer?” repasa la literatura sobre el mal uso de la tecnología artificial y revisa el papel de la IA que quiere acercarse a las formas humanas, como los cíborgs, robotoids y humanoids. Para entender el tema del mal uso, se repasan, brevemente, algunos esfuerzos internacionales para mantener la euforia controlada, y se proporcionan ejemplos de los fracasos de la ia para ubicarnos a todos en sus alcances y límites. En este capítulo, acudo a la ayuda de la pedagogía del aprendizaje sobre algunas de las acciones que las escuelas y las universidades realizan para encauzar el papel de los maestros e investigadores, potenciar los procesos de enseñanza y aprendizaje, y lidiar con las conductas humanas de plagio, engaño, mentira, falsedad que han acompañado a los seres humanos durante toda la vida y que, a la Fausto de Goethe, describen la inevitable naturaleza del ser humano. Este capítulo sexto también resalta la forma en que las organizaciones internacionales o nacionales especializadas en IA o las escuelas y las universidades están tomando medidas regulatorias o normativas para mitigar, reducir o eliminar las conductas antisociales o antimorales.
El capítulo séptimo recorre las páginas de la actualidad y describe lo que está sucediendo en el mundo de la IA, principalmente la generativa, y otras tecnologías como la realidad virtual, la realidad aumentada, los asistentes portátiles de IA, los robots, los robotaxis e, inclusive, los drones. En ese recorrido se observa una carrera por nichos y liderazgo que anuncia una tendencia por donde las aguas se asentarán. Uno de esos nichos, y de los más grandes, es el de la educación. En este capítulo, expongo un ejemplo de mi propio aprendizaje, o cómo de forma autónoma, uno puede motivar, afinar y mejorar el entendimiento con la ayuda de la IA generativa. Este ejemplo sirve de línea de la forma en la que la IA y la IH hacen sinergia, no fusión, para potenciar diversas cosas, entre ellas, el aprendizaje.
El capítulo octavo se ocupa del futuro de la IA y otras tecnologías relacionadas. Empezará con una visión futurista sobre el devenir de estas tecnologías, pero continuará con los pies sobre tierra firme, es decir, menos futurista pero más realista, con lo que los expertos esperan para 2025 y los años subsecuentes. La realidad del siglo XXI es muy diferente a la del siglo xx. Las tecnologías están avanzando a pasos agigantados y con nuevos productos que abren y cierran puertas. Pero las diferentes tecnologías no solo tienen sus propios derroteros, sino que se unen entre sí para crear fusiones de tecnologías diferentes y entregarnos productos que ahora unen a la IA con la robótica, o que tratan de unir a la biología, es decir seres vivos, con las máquinas para producir nuevas “cosas”, que ahora se les denominan cíborgs. Además de hablar sobre la siguiente Gran Cosa en IAG, i.e., los agentes —por encima de los asistentes actuales— este capítulo introduce el tema de la inteligencia general humana o AGI (Artificial General Intelligence) por sus siglas en inglés. Es una literatura que también se describe como superinteligencia y la capacidad de la máquina de superar a la inteligencia humana. Aprenderemos que una cosa es lo que dicen los productores de estas máquinas, cuando anuncian o venden sus hallazgos, invenciones o mejoras, y otra cosa mucho más moderada es lo que dicen cuando se les entrevista para medios especializados o participan en discusiones académicas o en ambientes regulatorios. En esta contradicción nace la confusión del mensaje de la IA. Por ello, he dedicado muchas páginas, en diferentes capítulos, a dilucidar con cuidado el mensaje mercadológico del mensaje académico, es decir, lo que realmente pueden hacer y hasta dónde se vislumbra que pueden llegar. Como todo, la fuerza de la mercadotecnia es, en el corto plazo, superior a la voz de la academia.
El capítulo noveno se intitula “La máquina contra el humano”, el cual cuenta con una perspectiva cotidiana y no de inteligencia, como lo vimos en el capítulo primero. Se aborda, principalmente, el desplazamiento del humano por la máquina, tanto en las fábricas como en las oficinas, hospitales, universidades y escuelas; en los servicios y en las consultas. ¿Quiénes ganan y quiénes pierden? ¿Por dónde va el mercado? ¿Qué habilidades demandan hoy las empresas y qué habilidades se prevé que serán las más demandadas en el futuro cercano? Cierto, las cosas pueden cambiar, nuevos empleos surgen y desaparecen con las recientes tecnologías y las nuevas formas de hacer las cosas, hasta los nuevos gustos de los consumidores pueden cambiar. Pero la información vertida en este capítulo documenta lo que los expertos dicen sobre lo expresado por las empresas de todo el mundo con respecto a la generación y desaparición de empleos, tal y como está sucediendo hoy y se prevé que suceda para los próximos años. De estos datos coyunturales que se repiten, se derivan, como dije antes en el prefacio, patrones, tendencias, proyecciones y cambios estructurales. Hoy somos testigos del nacimiento de dichos cambios y el capítulo noveno lo documenta.
El último capítulo es el de las lecciones. Toda esta historia o relato sobre la inteligencia artificial aterriza en aprendizajes para la vida, la crianza en el hogar, la enseñanza en las escuelas y los hogares, y algunas recomendaciones también para las empresas y los gobiernos. Termino con unas sugerencias sobre la forma en la que deben cambiar los programas educativos, a la luz de la llegada y el rápido crecimiento de la IA, y con una reflexión de lo que nos espera, a todos nosotros, en el futuro.
El tema álgido es que la forma tan sorpresiva en que llegó la presentación comercial de la IA, pero, sobre todo, la forma tan rápida en que ha evolucionado provocó que, literalmente, el futuro nos alcanzara antes de lo esperado. De modo similar y análogo, cuando de la noche a la mañana tuvimos que adaptarnos a trabajar, estudiar y comerciar a la distancia con la pandemia del COVID-19 a partir del 11 de marzo del 2020 y durante dos años; así, ahora, las escuelas, universidades y empresas, y los hogares también, se adaptan a una nueva realidad. ¿Cuál será la normalidad de la cuarta década del siglo XXI y después? Es difícil saber con precisión, pero mi intención con esta obra es la de abonar el terreno para que cualquiera que sea la nueva normalidad, que aquí se vislumbra y traza, la recibamos de manera más suave y fluida.
Por ello, este último capítulo cierra con varias reflexiones que van más allá del mercado laboral per se. Van hacia algo más importante para el futuro de todos nosotros, que es la formación de los niños y jóvenes. En este sentido en el capítulo décimo se pregunta si las escuelas y las universidades de hoy deberían cambiar sus programas, su pedagogía y su didáctica para el mundo de mañana. Por ejemplo, ¿cómo compaginar las mejores y más apropiadas tareas de los maestros con la llegada del tutor artificial? O, también como ejemplo, si debemos seguir resaltando contenidos o más bien enfocarnos en habilidades suaves y competencias.
Este cambio vertiginoso de las primeras tres décadas del siglo XXI también afectará la crianza y la forma en que mamá y papá buscarán la educación de sus hijas e hijos. Por tanto, cierro con algunas elucubraciones sobre el futuro de los hogares, las escuelas, las universidades y las empresas, y el de la humanidad en general.

- Nota del autor: Cuando en las citas textuales aparezcan corchetes, estos son del autor y se utilizan para dar un mejor sentido o comprensión a la cita, sin modificar su intención o esencia.
- Las traducciones a lo largo del libro son generadas con la ayuda Google Translate y revisadas por el autor para consistencia, corrección de significado y eliminación de errores.
- ¿Qué es un chatbot? “Un chatbot es un software construido artificialmente que utiliza el lenguaje natural como entrada y salida para hablar con humanos. Los chatbots pueden actuar como un asistente personal en dispositivos móviles para brindarles a los usuarios información personalizada, habilitar medios de interacción social en tiempo real e incluso pueden usarse en consultas de salud” (Wang et al., 2021). Como puede deducirse de lo anterior, la expresión chatbot es anterior al arribo público de los chatbots, que empezó con ChatGPT en noviembre de 2022.




