Tierra Adentro
Gustavo Marcovich / Fotografía de Eugenia Montalván

Durango, Dgo. 2 de octubre de 2013. Gustavo Marcovich me concedió una entrevista sobre su novela Responsables en este momento (Ficticia/Universidad Autónoma de Nayarit, 2013) a pesar de saber que yo no la había leído. El libro llegó a mis manos un par de días antes de conocerlo a él, pero no pasé de la primera página porque ya había arrancado el Festival José Revueltas que lo convocó, y en el que también participé, aparte de estar atenta de los movimientos de Lasse Soderberg, Víctor Manuel Mendiola y Evodio Escalante, amigos de la sociedad de escritores de Durango, invitados a pasarla bien en un encuentro literario más, éste salpicado de dulces de almendra, corridos y mezcal.

Marcovich cuenta que vive aislado en un pedazo de bosque de Valle de Bravo, con su mujer y su hijo Camilo, el niño capaz de platicar con los policías y divertirse cosechando hongos, muy lejos de siquiera atisbar lo que a su padre hoy le preocupa tanto: la decadencia existencial de los adolescentes y su desesperanza. Muchos pasajes de la novela nos llevan a pensar en esto, desde luego, pero para Marcovich lo malo es que todo ese vacío le va a tocar a Camilo, aunque —aclara— ahí estará él para “ayudarlo en su entendimiento del mundo”. Dicho esto, sin dejar de pensar en su hijo, se impone la ironía: “con que aprenda las tablas de multiplicar —cosa que ya nadie sabe— soy feliz”.

No hay humo de cigarro que oculte el sarcasmo que caracteriza a este profesor de física y química en una prepa.

Empecemos por lo que significa para ti esta leyenda en la portada de tu libro: Premio Nacional de Novela Breve “Amado Nervo”.

—Primero debo aclararte que iba a ser una novela de 400 o 500 páginas, pero tengo un hijo como de tres años, y gracias a él mi novela fue breve (risas); paso mucho tiempo con él. Pero volviendo al tema, es mucha condensación escribir una historia con un límite de páginas y con muchos personajes; para mí, que soy químico era como una gran ecuación a resolver, y lo tomé así: plantear las incógnitas, ver cómo se entremezclan y resolverlo todo en pocas páginas. El hecho es que por mi formación química soy más bien parco y hosco. Los químicos somos muy huevones, así que no hacemos casi nada; no nos la pasamos largas horas en el laboratorio experimentando para ver qué va a pasar, más bien lo discutimos y lo planeamos y pensamos mucho antes de hacer cualquier cosa, así que yo tenía casi toda la historia en la cabeza y un día me tuve que sentar a escribirla.

Desde tu punto de vista, ¿qué méritos tiene Responsables en este momento para haber ganado?

—Eso habría que preguntarle al jurado, pero me concentré en que estuvieran bien resueltos todos los personajes y que todas las historias acabaran; algunas acabaron bien y otras mal para desgracia de los personajes (risas).

Ya que tuviste la idea en la cabeza largo tiempo, te pido que ahondes en la idea de lo que significa vivir con los personajes.

—Eso es divertido, en algunos momentos te sientes bastante potente pero en otros, harto. Yo básicamente tenía todo el asunto del estado de depresión general en que vivimos acumulado en la cabeza, pero a la vez, la novela trata de no ser depresiva ni muy descriptiva porque supongo-presupongo que la mayoría de la gente que lee ya está enterada de muchas cosas que me tomé la libertad de obviar, por ejemplo no especificar detalles de una tortura en cuarenta páginas, pues la mayoría ya sabemos cómo es una tortura, afortunadamente no en carne propia, pero mucho ya es relato escrito e historias en primera persona que cada vez nos cuenta gente más cercana. Entonces, la novela está ambientada en el pueblo donde yo vivo —aunque traté de que no pareciera— donde se mezclan todos los asuntos de hoy en día (como casi en cualquier pueblo del país), y la sensación más molesta a mi entender no es lo peligroso o lo sangriento de los hechos cotidianos, sino el nivel –por un lado, de que ya todos somos culpables o víctimas, de un segundo a otro, aun estando, como ahora, plácidamente sentados aquí– y el nivel de indiferencia que me recuerda mucho a lo que se vivía en Argentina, donde yo nací, y por lo cual dejamos el país. Yo era muy chiquillo pero pasé la infancia impregnada de la sensación de la indiferencia de la gente ante los desaparecidos; la frase normal era que si desaparecían es  porque algo habrían hecho.  En México ahora estamos en este punto: dar por hecho que si se llevan a los vecinos es porque seguro estaban metidos en el ajo.

 

Marcovich siguió la ruta de la docencia por recomendación de un profesor que, vislumbrando el desastroso declive de los jóvenes de nuestra época le dijo: “deja de chorear tanto, si quieres hacer algo da clases, y cuanto más pequeños los alumnos, mejor, agárralos chiquitos”.

A pesar del negro panorama social a la vista de todos, Marcovich concluye que ésta no es la peor época de México ni de la humanidad. El problema —rectifica— es que este camino en el que vamos, ni siquiera es un camino, sino más bien es como un estacionamiento, o una plataforma de carros chocones, y no se ve la solución.

 

¿Tus estudiantes te leen?

—No, no saben leer.

¿Saben de tu doble vida?

—Sí, pero les cuesta mucho leer. No tienen la capacidad de hilvanar una oración entera. No se pueden concentrar. Estamos trabajando mucho para que aprendan a leer, pero que me leyeran a mí sería lo de menos, me conformo con que lean cualquier cosa… Mi estadística personal indica que hasta los 18 años, entre todos, han leído medio libro en promedio. Eso sí es dramático. Lo mismo les pasa con las matemáticas: no pueden multiplicar y sumar con facilidad. Ya no les enseñaron en la primaria lo único importante: aprender de memoria las tablas de multiplicar y aprender a leer.

¿Qué tal te fue a ti? ¿Cómo fueron tus maestros?

—Unos ojetes todos. No, quizá tuve diez buenos en total —incluyendo los de las carreras de Química y Economía en la UNAM—, pero obviamente tuve de toda clase, incluyendo los que me golpeaban, no que ahora empujas a un alumno y ya te cae (la Comisión de) Derechos Humanos, pero como yo le digo a mis alumnos: los malos maestros, que somos la mayoría, somos un escollo en la vida que hay que brincar. ¿Antes cómo molestábamos a los maestros? –se pregunta el escritor–. Sabiendo más que ellos y humillándolos en público, lo cual los ponía realmente mal, pero así competíamos por la sobrevivencia y teníamos que chingar como podíamos.

Eres un ejemplo a seguir —le digo—. Y me convenzo de esto al leerlo y ver cómo encaró el valemadrismo de algunos personajes, esa actitud ruin de la que ciertas gentes se ufanan, como si la muerte no fuera capaz de sorprendernos en pleno despelote.


Autores
Es autora del libro Premio Casa de las Américas. 50 años – 11 entrevistas, investigación con la que se tituló como antropóloga con especialidad en lingüística y literatura por la Universidad Autónoma de Yucatán. Para 2014 prepara un libro testimonial sobre los contrastes culturales entre Yucatán y Durango, proyecto que surgió por iniciativa del programa Tierra Adentro.
Cartel exposición El rumbo de los días

Waldo Leyva nació en Remates de Ariosa, Cuba, en 1943. Además de
su labor como poeta, es pintor.

Fundo y dirigió las revistas Letras Cubanas y Del Caribe. Sus poemas han sido traducidos al inglés, ruso, alemán, francés, italiano, portugués, rumano, húngaro, serbocroata, búlgaro, polaco y árabe. Ha ejercido la docencia universitaria como profesor de Estética y de Literatura Cubana e Hispanoamericana.

Entre algunos de sus libros de poesía  están De la ciudad y sus héroes (Premio de poesía, Editorial Arte y Literatura, Cuba, 1976); Desde el este de Angola ( Angola, edición bilingüe –portugués-español, 1976); Con mucha piel de gente (Ediciones Unión, Cuba, 1982); La distancia y el tiempo (antología poética, Ediciones Unión, 2003 y Ediciones Verdehalago, México, 2006); Agradezco la noche (Ediciones Cálamus, México, 2005); Remoto adagio (Ediciones Unión, La Habana, 2008); Asonancia del tiempo (Fundación José Manuel Lara, Ediciones Vandalia, Sevilla, España, 2009); Los signos del comienzo (Monte Avila Editores, Caracas, 2009; El rumbo de los días por el cual obtuvo el X Premio Casa de América de Poesía Americana en 2010.

Este miércoles 2 de octubre se inaugura la exposición pictórica El rumbo de los días, donde Leyva desarrolla y presenta su otra faceta como creador.

La cita es en la Galería Fayad Jamis, de la Embajada de la República de Cuba.

Dirección: Presidente Masaryk #554, col. Polanco, Delg. Miguel Hidalgo,
México, D. F.

Teéfono: (01)(55)62366884

Horario: 18:30 hrs.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

En el blog de La Cifra Editorial, Carlos González Muñiz nos comparte nueve fórmulas para llevar a pique cualquier proyecto cultural:

1. Creer que nuestra maestría en humanidades basta para entender de finanzas. Lamentablemente es falsa la idea de que aprendimos a aprender sobre cualquier tema cuando nos enseñaron análisis del discurso o cuando comprendimos la lógica del capitalismo después de leer a Rius. Hay que decirlo pronto: si quieres que tu empresa cultural se vaya al agujero de las aspiraciones, piensa que puedes diseñar un esquema de negocios porque sabes cómo diseñar un soneto endecasílabo. Hay una lógica en todo aquello de la plata, la inversión, los activos y los pasivos y cosas de las que no sólo nos enseñaron a desconfiar como expresiones brutales de un sistema explotador, sino que a menudo tenemos la mala costumbre de asumir como algo que cualquiera puede hacer. Pero la verdad es que no, que siempre habrá gente que sabe pensar estos asuntos mejor que uno. La recomendación: encontrar a alguien que sepa, alguien que pueda explicar, alguien que le de robustez a nuestras decisiones financieras. Porque sí. Una empresa cultural maneja dinero, aunque no nos guste o no nos importe o lo odiemos con toda nuestra alma. No hay que persistir en la consabida actitud del intelectual que no pregunta lo que no sabe, porque nunca acepta que no sabe.

Para conocer las otras nueve, visiten el blog de La Cifra. Aprovechamos para recomendarles Todo era oscuro bajo el cielo iluminado y Las sombras errantes, de esa misma editorial.


Autores
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Fotografía de Ricardo Poery

[…] El tiempo rueda despacio, mi querida María, tan despacio que parece que no se mueve. Nadie me escribe y me siento como habitante de un lejano planeta.
Como mi juicio fue casi secreto y no hubo personas interesadas en informar a mis amigos de su curso, nadie sabe donde estoy ¡Así es la vida! Cuando estaba yo libre toda persona necesitada acudía a mí en busca de ayuda y tuve que sacrificarlo todo, trabajar a muerte, pelear contra mi propia gente, exponer mi libertad, para complacer las demandas de ayuda, y ahora que estoy atribulado nadie se acuerda de mí. Así ha sido siempre. El egoísmo es un veneno que permanece en la profundidad de nuestros huesos. Es el resultado natural de siglos y siglos de educación individualista y de entrenamiento de las masas en ese sentido. El instinto humano, primordial, de cooperación y ayuda mutua, ha ido suprimido por la educación individualista […]

Ricardo Flores Magón. Fragmento de una carta a María Brousse Talavera fechada el 20 de diciembre de 1920, en la prisión de Leavenworth, Kansas, Estados Unidos.

Desde el encierro, Ricardo Flores Magón describió cómo se ve el mundo cuando se está solo y tras las rejas. Esta separación física implica por fuerza levantar también muros sobre la imaginación. La penumbra del presidio configura un punto de vista único: el de quien ve pasar la vida frente a sí cuando le está vedada. En la poesía estos límites han determinado las coordenadas literarias y biográficas de muchos autores.

¿Hasta dónde el encierro es sólo una anécdota biográfica o la fuente de una poética? En la tradición iberoamericana puede hallarse la traza de una escritura carcelaria, que se remonta a sus primeros ejemplos.

La evocación del mundo profano en el Libro de buen amor, la cátedra suspendida de Fray Luis, el mar aún inexistente de César Vallejo, el niño perdido de Miguel Hernández, la patria que espera por Martí, el retorno de los vencidos de Cervantes, la justa herejía de San Juan de la Cruz, el hábito tendido de Lope, la última canción del condenado García Lorca y la resignación enfermiza de Leopoldo María Panero dan muestra de una posición ante la vida que se vuelve al mismo tiempo destino y literatura.

¿Cómo se concibe el mundo allá afuera y cómo se reconstruye en la lírica? Quizá los aciertos habitan en la urgencia de los días. La necesidad del testimonio y el después. Ver pasar por las rendijas el correr del tiempo cuando lo único tangible son los versos o las notas que se escriben.

Pienso en Flores Magón adivinando el eco de los pasos amigos allá afuera antes del final. La potencia de levantar la imagen de mundo cuando lo único que se conserva está en la memoria, porque la cárcel te tiene prohibido idear acerca de los avances en las ciudades, en la familia, en el trabajo, en las ganancias y las pérdidas. El mundo es adentro, porque afuera sólo permanece el día detenido, «Decíamos ayer…» según cuentan mencionó Fray Luis de León.

La serie de entregas esporádicas que formará parte de este blog, denominada “En capilla” dará cuenta del material poético escrito o comprendido en el universo de lo cautivo, revisitando la obra de estos poetas en busca de esa necesidad vital de mantener o regalarles un futuro.


Autores
(ciudad de México, 1984). Poeta, narradora y editora. Ha publicado en diversas revistas literarias como Casa del TiempoDédaloSíncopeEste PaísPalestraMaldoror (Uruguay); la revista digital Valderrama y el suplemento cultural Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Su primera obra poética Cosas que nunca dije antes de que estallaran las bombas fue publicada en 2012 por el sello editorial catalán Foc. Fue becaria en el área de narrativa por la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2010).
Carpa 45 / Fotografía Itzel Lara

No hay verdad más cierta que aquella dicha por  el etnólogo malí, Amadou Hampaté Ba,  cuando se  refería al conocimiento oral que nunca fue documentado: Cuando un hombre muere, una biblioteca arde, pero ¿qué pasa cuando lo que muere es un teatro? ¿Adónde van las anécdotas, la vida misma fuera y dentro de la escena? ¿Los aplausos? ¿Quién levantará la mano para decir aquí pasó?

El 24 de septiembre del presente año, algunos medios de comunicación, publicaron una pequeña nota en su sección “Ciudad” en dónde narraban una trifulca ocurrida en la madrugada, entre vecinos de la colonia Reforma Social por un predio denominado “Parque Reforma Social” que se encuentra en  controversia legal desde  2009. La nota también señalaba que alrededor de 200 hombres quisieron instalar bardas y que los lugareños trataron de impedirlo. El resultado, una confrontación que acabo alrededor de la una de la mañana.

Lo que ninguna nota narró, es que en dicho parque se encontraba la carpa itinerante de la Compañía de Teatro Carretera 45, una de las compañías más comprometidas que existe en el país, preocupada siempre por acercar el teatro al público que difícilmente tiene  acceso a él y que llevaba  poco más de un mes, dando funciones en esa colonia.

La carpa fue saqueada, quemada y reducida a un montón de fierros retorcidos.

Indignación y tristeza fue el común denominador entre los teatreros al saber la noticia. Indignación ante  la total indiferencia de los medios por  no “cubrir” el otro lado de la moneda y tristeza porque todos y cada uno de ellos, sabe lo que cuesta hacerse de un espacio, abrir puertas y llevar a la gente un espectáculo.

Ese 24, Antonio Zuñiga, dramaturgo, actor, director y fundador de Carretera 45, llegó a la carpa a recoger algunas cosas para la función del día y lo único que encontró, fueron los escombros y una parte fundamental de la historia de su teatro, convertida en cenizas.

Días después de lo acontecido, me di a la tarea de platicar con él  y por qué no, hacer un intento por recuperar a través de los recuerdos, algo de lo perdido aquella noche.

Antonio, cuéntanos un poco de dónde surge la idea de una carpa itinerante:

-En el 2003, con el programa de Teatro Escolar en los estados. Estaba yo pasando una temporada con mi hermano en la sierra, en el pueblo de Sisoguichi.  Me sentaba en las tardes, en la puerta de su casa para la resolana. Todos los días, a las seis, veía pasar a la gente del pueblo dirigiéndose a la telesecundaria. Iba prácticamente la mayoría. Entonces, le pregunté a mi hermano que si sabía para dónde caminaban. Al cine, me contestó. ¿Hay un cine? No. Es un cine itinerante que trae películas. Como en Cinema Paradiso, le dije. Pues sí. Pero aquí todavía está más ranchero. ¿Cómo? Pues, me dijo, aquí, el cine viene una vez, durante un mes al año, con una misma película. Y además, a veces trae la película del año anterior, así que suele pasar, que la gente va todo el mes a ver la misma película y muchas veces ve la película que ya observó el año pasado. Por lo que, como te puedes imaginar, la gente ya se la sabe.

Y remató diciendo

-Lo padre, no es ir a ver la película, sino ver a la gente que como público, al saberse la película, repite todos sus parlamentos. Aparte de la curiosidad inmensa que me dio el relato de mi hermano, pensé que si una película provocaba esa magia en la gente ¿qué les provocaría una obra de teatro? Entonces, se me ocurrió lo de la carpa y la posibilidad de llevarla a las regiones más apartadas de la sierra tarahumara, pero no sólo eso, no quería que fuera precisamente una carpa, sino que fuera un teatro rodante, con toda la técnica de una teatro: tramoya, telones, proyector, etcétera. Y además, quería que la carpa llevara una obra que la gente sintiera cercana, propia. Por eso escribí Una una de Pinole, obra basada en leyendas tarahumaras. La carpa fue a toda la sierra, y se presentó con esta obra, dando cien funciones en el estado de Chihuahua.

¿Cómo se dio el  crecimiento de la carpa itinerante a lo largo de diez años? ¿Cuál fue su trayectoria?

La carpa se presentó en la Sierra de Chihuahua, en Michoacán, en Guanajuato… Se presentó en dos muestras nacionales: Morelia y Pachuca; en un Festival Internacional Cervantino, en los patios del Centro Cultural del Bosque (CCB), en los pasillos del Bosque de Chapultepec, para el público paseante; en la delegación Miguel Hidalgo, en el Centro Deportivo Plan Sexenal; en esa carpa se estrenó Pancho Villa y los niños de la bola. Esta última, también se presentó en la Muestra Nacional de Teatro de Pachuca donde terminó dando más de 300 funciones.

Esta carpa, fue la base, por lo menos su infraestructura,  para la fundación de lo que es ahora, Carretera 45 Teatro pues cuando ya decidimos asentarnos como grupo en la Colonia Obrera, decidimos utilizar el equipo de la carpa para equipar, lo que ahora es el teatro. En estos meses, yo había vuelto a equipar la carpa para las funciones de Teatro útil y temporada de Carretera 45 en la delegación Miguel Hidalgo.

¿Tienes alguna anécdota en particular que recuerdes con cariño?

¡Tengo muchas! Pero si debo escoger una chistosa, por así decirlo, creo que fue en la gira por Chihuahua, cuando la carpa llegó a presentar la obra Pancho Villa y los niños de la bola. Yo soy de allí, así que obviamente mi familia fue a ver la obra. Mi tío Francisco, días antes de que estuviéramos allí, me interrogó: ¿cuando vienen? ¿Cómo se van a hospedar? ¿Dónde? ¿Quiénes vienen? Éste y éste otro y ésta otra, le contesté. Entonces, él, con premura, me dijo ¿viene Rodolfo? (Rodolfo, era el director de esa obra).  No, no va a ir Rodolfo.  Mi tío incrédulo, me imputó ¿no viene el director de la obra?  No. Y luego le expliqué que Rodolfo no podía ir porque tenía un compromiso.  Entonces, él con seriedad, volvió a preguntar  ¿no viene el director de la obra? No, le dije. Mi tío ahora realmente preocupado, terminó su conversación diciendo… ¿Entonces, cómo va a dirigir la obra si no está?

Tras lo acontecido ¿qué les han comentado las autoridades?

La cosa estuvo así. Yo hice un trato con la dirección de la delegación Miguel Hidalgo, con Juan Carlos Bonet, precisamente, pues ya había trabajado con él, durante  tres años para la delegación dando funciones en la carpa, para las colonias. Entonces, le dije a Bonet, que este año, quería que fuera especial. Le propuse que me comprara un número de funciones, que yo iba a equipar la carpa de nuevo y que de esa manera, la carpa se quedaría en la delegación para que ésta la usara siempre, pero que tal vez yo, por la carga de trabajo que tengo en Carretera 45 ya no podría manejarla. A Bonet le pareció buena idea, pues la carpa le iba a servir para, además de llevar teatro, también llevar algunas otras actividades a las colonias populares. Entonces hicimos ese trato firmado. Yo daría cincuenta funciones pagadas y al final les dejaría la carpa. Al momento de que la carpa fue destruida, yo llevaba la mitad de esas funciones. Bonet me dijo que el trato seguía. Lo cierto entonces es que, quién perdió la carpa, no fuimos nosotros, sino los habitantes de las colonias populares de la delegación, pues a ellos iba a servir.

¿Alguna persona se ha acercado a darte explicaciones?

En cuanto a las explicaciones, hay varias. Los vecinos tienen las suya, hay otras que se desprenden de lo que yo mismo analizo de la situación, pues estuve un mes ahí dando funciones y conociendo a los lugareños. Pero ninguna explicación es entendible cuando se mira el hecho concreto. Lo que yo no puedo entender —así me traten de explicar— es cómo hemos llegado a dejar que se cometa una acción así contra un bien cultural; un instrumento artístico. Lo que no cabe en mi cabeza es ser testigo de un acto tan cruel y tan horrendo. Un teatro como ese, no tenía más que nobleza para la gente. Es decir no hacía otra cosa más que llevar algo de agua a donde no lo había. Y aún así, se le destruye. Por las causas que sean, se le hace víctima de la rapiña. La pregunta entonces es: ¿a dónde hemos llegado como sociedad, cómo humanos? ¿Mañana o pasado vamos a quemar bibliotecas, o vamos a quemar escuelas o templos? No entiendo. Eso es lo que más dolor me produce. Los vecinos se han acercado a mí para darme una explicación, ellos culpan a las autoridades y las autoridades seguro tienen otra diferente. Incluso me mandaron a levantar una denuncia y la firmaron conmigo, pero eso no responde la pregunta fundamental, la que me pueda decir por qué ya hemos llegado a la desfachatada condición depredadora y miserable del pobre que se come al pobre.

¿Qué va a pasar ahora? ¿Hay planes para el futuro con la carpa?

La delegación va a recoger lo que quedó. Y la indicación es que, a futuro, se reponga; se vista de nuevo la carpa y se lleve a otras colonias, incluso a la misma colonia en que ahora estuvo. La gente, además, lo sigue necesitando y nosotros como artistas no debemos transigir. También lo necesitamos  porque un acto así en lo único que debe  servir es para acicate. Para insistir una y mil veces más. Ojalá y la carpa se levante de sus cenizas, pero si no lo hace, seguro el teatro encontrará los medios y las formas. El teatro finalmente tiene más vidas que un gato.


Autores
Ciudad de México, 1980. Dramaturga. Autora de Aún no recuerdo su rostro (FETA 2014). Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y de Jóvenes Creadores, FONCA, (2008-2009). Participó en los talleres de The Royal Court of London y realizó una residencia en la misma institución en marzo del 2013. Su obra Anatomía de la Gastritis, traducida al francés por David Ferré, fue editada por la editorial Le Miroir. Ha publicado Editorial El Milagro; Los Textos de la Capilla, segunda generación; Tierra Adentro, Buena tinta y la revista Este País. Su guion Distancias Cortas fue publicado en co-edición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.
Astronauta/Pixabay

Marco Antonio de la Parra, pilar de la dramaturgia chilena, afirma que cuando alguien  se dedica al “oficio de las tablas” es porque le duele el alma; si partimos de esa premisa, entonces podemos asegurar que el teatro es la casa dónde hombres y mujeres deambulan, conviven y cantan a la vida a través de su dolor.

Nos duele el alma,  es cierto, pero parafraseando a Müller, nos levantamos todos los días,  arrojamos al reloj que fue nuestro corazón fuera de nuestro pecho y salimos a la calle vestidos con nuestra propia sangre. Hacemos teatro y lo hacemos en cualquier lugar que se preste para ello, nuestra casa es el mundo.

Habitamos calles, casas, departamentos; adecuamos espacios, los “intervenimos” y el mundo es un teatro.

Este blog es un álbum fotográfico de nuestro hogar.


Autores
Ciudad de México, 1980. Dramaturga. Autora de Aún no recuerdo su rostro (FETA 2014). Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y de Jóvenes Creadores, FONCA, (2008-2009). Participó en los talleres de The Royal Court of London y realizó una residencia en la misma institución en marzo del 2013. Su obra Anatomía de la Gastritis, traducida al francés por David Ferré, fue editada por la editorial Le Miroir. Ha publicado Editorial El Milagro; Los Textos de la Capilla, segunda generación; Tierra Adentro, Buena tinta y la revista Este País. Su guion Distancias Cortas fue publicado en co-edición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.
Portada de Front Page News de Jen Hofer

I

El día 30 de agosto recibí el más reciente chapbook realizado por la poeta Jen Hofer. Comienzo esta nota subrayando que para recibir algo vía postal en esta ciudad, tengo que recurrir a la palabra “milagro”. La caótica numeración de las calles es un factor que impide la otrora fluidez —a la que en otra ciudad estaba acostumbrada— del servicio postal. Curiosamente, los recibos de agua, luz y cable, puntuales, llegan mensualmente sin excepción.

Por lo tanto, desde la última vez que aún con notificación de por medio, el envío de unos libros desde la Ciudad de México jamás llegaron, he tenido que optar por pedir el favor, —a algún amigo o amiga con residencia en San Diego— la gentileza de permitirme usar su dirección para recibir envíos postales. Y bien, esa es la manera transfronteriza de la que echo mano, para recibir la correspondencia. Por ello, la recepción en sí misma, se convierte en un acto celebratorio, para empezar.

II

Recibí, dentro del mismo paquete una carta de la editorial Little Red Lives Textile Series, donde especifican lo siguiente: “If this book intrigues, delights or angers you; we hope that you’ll write about it.”   Heme aquí pues, tratando de transcribir las ideas  y emociones que me provocó este pequeño libro desde hace un mes y que tenía pendiente.

He de decir también, que este es un libro que tuve la fortuna de conocer de manera visual, por vez primera, en el festival Enclave, febrero de 2012, dentro de las actividades del Palacio de Minería. Desde aquella ocasión, los poemas en Front Page News de Jen Hofer dejaron huella indeleble, coincidente y referencial.

III

Un chapbook corresponde en español a “libro de bolsillo” por sus medidas específicamente, pero el chapbook es una mezcla entre “plaquette” y “libro-objeto” dadas sus características estéticas y artesanales. En el caso de Front Page News, el cuidado desmedido de la edición y la delicadeza de su manufactura son más que notables: impecables. Esa fue la impresión que tuve al verlo y tocarlo por primera vez.

Jen Hofer elaboró, construyó y reescribió una serie de poemas a partir de las noticias de la primera página del periódico Los Angeles, diario de la misma ciudad donde ella vive y trabaja. Recuerdo que ella comentó que parte de la construcción de este libro consideraba también los periódicos del día, en las ciudades en que ella podría despertar. Específicamente en este libro, entre el 23 de abril y el día siete de mayo de 2011, la poeta, escudriñó en las notas periodísticas para a su vez, reescribir.

En esta serie encontramos quince poemas con los siguientes títulos: “shadow”, “home”, “predators”, “prision”, “borders”, “persistence”, “battlefield”, “security”, “diplomacy”, “kills”, “deads”, “necessity”, “pact”, “walls”, y “action”. Todos ellos fueron manufacturados de la siguiente manera: Sobre una hoja verde cuadriculada –como las que se usan para llenar datos contables–, la poeta colocó el cabezal del periódico incluyendo la fecha de cada página. Debajo del cabezal situó las palabras recortadas del periódico, sin separarlas, respetando entre ellas los espacios en blanco del papel, que de alguna manera funcionan como guías visuales entre una palabra y otra. Además de cortar, reordenar y reeditar, la técnica del cut-up permite en este libro una nueva lectura al receptor, una nueva noticia a través de los textos reordenados.

¿Cuál es el resultado? Un libro delicadamente reescrito, una serie de poemas puntuales, un puñado de noticias nuevas que con palabras recortadas, permiten leer la violencia en cada corte, cada tajo. He comprobado también que los poemas encontrados entre los periódicos suelen ser sanguinarios, aguerridos, tristemente mutilados. Atrapar el poema entre sus nervaduras, a partir de su origen periodístico, permite desde el comienzo observar que no hay muchas posibilidades para decantar el sentido del texto. Al mismo tiempo existen todas.

IV

Me tomé la libertad de hacer la traducción de uno de los poemas. Lo presento abajo del poema original:

Poema de Jen Hofer

Poema de Jen Hofer

 

Traducción de  Amaranta Caballero

Traducción de Amaranta Caballero

 

IV

Finalmente, luego de la lectura y el goce de tocar el libro, encuentro un contraste bastante conmovedor: el poema en su verde y natural sencillez, abarca una serie de conceptos que nos hablan del desastre humano en que nos hemos convertido: “prisión”, “borders”, “kills”, etcétera. Una secuencia inacabada como inaudita.

Tocar la tela de este libro, que también es una reproducción de la edición facsimilar, nos deja saber desde el inicio que este chapbook, va más allá de una sola frecuencia. Es un libro que finalmente intriga, deleita y enoja en cada una de sus múltiples posibilidades.

Front Page News  de Jen Hofer / Fotografía de Amaranta Caballero

Front Page News de Jen Hofer / Fotografía de Amaranta Caballero

V

Jen Hofer es poeta, traductora, intérprete de justicia social, maestra, editora, y ciclista urbana. Ha fundado, con John Pluecker, el proyecto “Antena”. Premios, reconocimientos y  publicaciones de diferente naturaleza siguen alrededor de ella, ya sea como pájaros o a veces como gatos. Su Front Page News fue editado por Little Red Leaves textile series, en Houston Texas, este año.


Autores
(Guanajuato, 1973). Realizó estudios de licenciatura en Diseño Gráfico y la maestría en Estudios Socioculturales. Ha publicado los siguientes libros: Libro del Aire (Editorial De la Esquina, 2011), Okupas (Letras de Pasto Verde, 2009), Todas estas puertas (Tierra Adentro, 2008), Entre las líneas de las manos (en el libro Tres tristes tigras, Conaculta, 2005) y Bravísimas Bravérrimas. Aforismos (Editorial De la Esquina, 2005). Participó en el Laboratorio Fronterizo de Escritores/Writing Lab on the Border (2006), participó en el Festival de Poesía Latinoamericana LATINALE 2007 con sede en Berlín. Recibió la beca del FONCA para escritores en 2007. En Mayo de 2012, participó en las jornadas literarias “Los límites del lenguaje” con sede en Moscú. Su trabajo escrito y gráfico ha sido incluido en varias antologías así como en revistas nacionales e internacionales. Desde el año 2001 vive en Tijuana. Ama la música y ama dibujar.
Tierra Adentro 184. Octubre de 2013.

Cine y periodismo son los dos ejes que vertebran este número, las dos bisagras sobre las que gira la puerta que ahora se abre para ti.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.