Tierra Adentro
Reproducción de la portada de la primera edición de Luna silvestre, 1933.

Octavio Paz estaba a seis meses de cumplir dieciocho años de edad cuando se publicó Luna Silvestre, su primer libro —el único que firmó con sus apellidos paterno y materno: Paz Lozano— fue impreso en septiembre de 1933, según reza el colofón, que especifica: “Miguel N. Lira y el maestro don Fidel Guerrero imprimieron esta Fábula”.

Apenas un mes antes el poeta Miguel N. Lira había fundado, valido de una pequeña prensa de mano que adquirió en los portales de la Plaza de Santo Domingo (en el centro de la Ciudad de México) el sello editorial Fábula, Paz y Xavier Villaurrutia (con Nocturnos) fueron sus primeros autores.

Quizá no sea descabellado conjeturar que Villaurrutia presentó a Octavio Paz con Lira, aunque no existe indicio alguno de ello. En todo caso, cuando se le solicitó que evocara a Lira, Paz respondió:

Conocí a Miguel N. Lira cuando yo era muy joven; él era un poco mayor.Yo estudiaba en la Universidad, en la Escuela Nacional Preparatoria en San Ildefonso, y teníamos una pequeña revista, en la cual publiqué algunos poemas.

Lira, que era un hombre muy atento, leyó la revista; le gustaron algunas de mis cosas, y un año después, en 1933 (¡Imagínese usted! Hace ya más de… medio siglo) se le ocurrió publicar una plaquette, un pequeño libro mío, que se llama Luna Silvestre, con siete breves poemas; fue mi primera publicación. Lira hizo un trabajo de edición muy bonito.

No tuvo la menor nota, no se publicó ningún comentario; pero sí fue comentada por algunos amigos; era una edición limitada.

Lira es notable en la historia de la poesía mexicana, porque trató de asimilar las corrientes poéticas modernas al corrido, e hizo algunos poemas como corridos; pero también era editor; como editor hizo ediciones muy hermosas, de modo que tengo un recuerdo muy grato, de este hombre, generoso y cordial: un poeta de verdad.

En efecto, como recuerda Paz, no hay comentario alguno en la prensa de la época que refiera la publicación del libro (tal vez, entre otras razones posibles, porque su tiraje sólo fue de 75 ejemplares), aunque sí hay una noticia de su aparición que se vuelve especialmente importante por la falta de otros ecos. Es el escueto registro que hace Alfonso Reyes en el número XXX de su Correo de Monterrey, en noviembre de 1933.

Con un tamaño de 12 x 14 centímetros, Luna silvestre tiene 36 páginas entre las que se distribuyen las siete partes del poema:

 

1. “Como te recobre poesía…”

2. “En los azules ámbitos tu azul…”

3. “Con qué nombre llamarte…”

4. “Amor, jamás mi boca había tu nombre deseado…”

5. “De entre el silencio, tus palabras…”

6. “Qué móvil y que inmóvil, amada…”

7. “Amor, en soledad de estrellas,…”

 

“Los temas principales —escribe el poeta y crítico literario argentino Alfredo Roggiano—, la poesía, el amor, la mujer, se entretejen en unos románticos versos juveniles, donde hallamos ligeras resonancias de Juan Ramón Jiménez, Heinrich Heine y Rainer María Rilke. Aunque Octavio Paz asegura que en aquel entonces todavía no había leído los versos de Juan Ramón, el primer poema de Luna  silvestre toca y supera el mismo tema que escuchamos en la voz argentina del bardo andaluz que había llegado al cenit de su influencia en esos años.”[1]

Por suerte, Miguel N. Lira conservó los originales del pequeño libro. Siete páginas a las que el tiempo ha dado una pátina dorada. Cinco están mecanografiadas; dos, manuscritas. ¿Acaso Octavio Paz no disponía en esa época de una máquina de escribir propia? La familia, ciertamente, sufría algunas estrecheces económicas. ¿O se trata, quizá, de cambios realizados a última hora —ya no fue posible pasar otra vez todos los poemas en limpio; hubo que correr a la casa de Lira para entregarle la nueva versión en propia mano?

Resulta conmovedor tener a la vista —así sea a través de copias— las páginas a partir de las cuales Lira hizo la hermosa plaquette que conocemos hoy. El original se encuentra en el Museo Miguel N. Lira, en Tlaxcala, cuyo director, el escritor Rafael García Sánchez, ha tenido la extraordinaria generosidad de fotografiar para la elaboración de este número. A él también debemos el testimonio de Octavio Paz sobre Lira, grabado en el curso de una conversación radiofónica realizada en 1992.

 

 

[1] Alfredo A. Roggiano, Octavio Paz, p. 57. Editorial Fundamentos, Madrid, 1979.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
es poeta, traductor y ensayista. Entre los autores que ha traducido al español se encuentran Charles Simic, Ezra Pound, Malcolm Lowry, Charles Lamb y John Berryman. Es autor de Conversaciones, Pienso en el poema y Se ama tanto al mundo.
Imagen del especial El joven Paz, Tierra Adentro.

No estoy tan de acuerdo con lo que se afirma al declarar que la generación de Barandal “se extinguió como su efímera revista” y que “sólo habría un superviviente: Octavio Paz”. Es verdad que los alcances literarios del Nobel mexicano son inigualables, pero no puede desestimarse la labor que realizó a lo largo de su vida Julio Prieto, hombre de teatro.

Julio Prieto nació en la Ciudad de México el 29 de diciembre de 1912. Ilustrador y escenográfo, señalan pertinentemente las biografías disponibles.

La parte de ilustrador le vino desde la infancia. Hijo del pintor Valerio Prieto, acompañaba al padre a sus excursiones paisajísticas. Por imitación o quizá herencia fue que se interesó inicialmente en el dibujo. Su padre, junto con Francisco Díaz de León asesoró a Gabriel Fernández Ledesma en la creación de la revista Forma. En ese ambiente de efervescencia creadora creció Julio Prieto. Al inicio de los años treinta Prieto se inscribió para estudiar arquitectura en la Academia de San Carlos. Ahí conoció a los artistas de su generación. Participa en Barandal dando a conocer sus primeros y, quizás, únicos poemas. Y un óleo. Los números iniciales de tal revista no priorizan las artes plásticas. Su padre muere atropellado y Julio tiene que abandonar la carrera, trabajar. Como grabador y litógrafo, realizó viñetas en El Maestro Rural y en Tierra Nueva, esta última con Alí Chumacero; así como las portadas de la Biblioteca del Estudiante Universitario de la UNAM. El mismo Agustín Yáñez promovió la primera exposición de grabados de Julio Prieto.

Sin embargo, es fundamental enfocarse en Julio Prieto, escenógrafo. Siendo apenas un niño coloca un letrero dantesco a la entrada del cuarto de sus hermanas. La inscripción, naturalmente, decía: “Abandonad toda esperanza los que aquí entráis…” Quizá me aventure en afirmar que en esta sencilla y cándida travesura nace en Julio Prieto la inquietud de crear espacios. Espacios teatrales. Inquietud que posteriormente encontró dulce alimento en las tertulias hogareñas del grupo Ulises; formado, entre otros, por Villaurrutia y Salvador Novo. Consiguiéndole trabajos, Agustín Lazo y Julio Castellanos lo influyen a que se meta de lleno al teatro. Su primer montaje escenográfico fue en Vuelta a la Tierra de Miguel N. Lira en el Teatro Abreu. Así da inicio una carrera que involucra cientos de obras de teatro, todas las que uno pueda imaginar en una labor de 42 años dedicados a la escenografía.

Dos citas de Salvador Novo:

Cuando en 1947 se funda el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y con ello la necesidad de formar un teatro nacional, Novo dijo: “Había que hacerlo todo”. Es decir: “formar dramaturgos, actores, directores, escenógrafos y sembrar en el público el gusto por el teatro”.

La segunda cita es: “Ya hay teatro en México”.

Como un time lapse entre una sentencia y otra, está la empeñosa labor de Julio Prieto. Alejandro Luna la describe así: “En su trabajo vemos cómo la cámara negra (vacío simbólico) o el ciclorama (infinito continuo) como representación del universo desplazan a los fondos pintado […] La síntesis expresiva sustituye a la proliferación de detalles sin jerarquía. El actor adquiere volumen y espacio táctil a su alrededor, lo pictórico se vuelve escultura dinámica, la iluminación deja de ser alumbrado para empezar a ser lenguaje […] La escenografía deja de ser decoración […]”.

Julio Prieto recomienda añadir la carrera de Escenógrafo en la Escuela de Arte Dramático, donde sólo existían las carreras de Actor y Director. Trabaja en televisión, innovando con sus escenografías hechas con gis. Diseñó, junto con su hermano Alejandro, las instalaciones del Teatro de los Insurgentes, del Teatro Jiménez Rueda y del Teatro Ferrocarrilero. En los años sesenta, gracias al Patronato del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), crea teatros populares, los popularmente llamados en aquel entonces “Teatros del Seguro”. Aquel ubicado en la calle de Xola en la Ciudad de México hoy en día lleva su nombre. “Sus especificaciones influyeron enormemente en los proyectos de otros arquitectos, al grado de volverse la plantilla de lo que debería ser un teatro”, dice Luna. Participó en la innovación museográfica del Museo de Antropología e Historia y fue director de espectáculos en los Juegos Olímpicos de 1968.

Julio Prieto, el ser humano “era enérgico, hasta duro, pero siempre razonable”, cuenta Guillermo Barclay. Fue uno de los expedicionarios de Bonampak. Vestía como leñador canadiense. Antes de las funciones de estreno, él mismo barría todo el escenario como parte de una superstición. En una ocasión le regaló una torta a un borracho que se quedó dormido en una de sus escenografías y despertó asustadísimo sin saber dónde demonios estaba. Iluminó magistralmente a Coatlicue, resaltando sus terribles relieves. Le ponía motes a sus automóviles: Nave Cuauhtémoc I, Nave Cuauhtémoc II y así hasta llegar a Nave Cuauhtémoc V. Murió a los 64 años.

Reitero: no puede desestimarse la obra de Julio Prieto.

Para los que conocemos poco —o casi nada— acerca de Teatro, una vez aparecen los actores asumimos que el destino de la escenografía es desparecer, o al menos dejar de llamar la atención. Quizá por ello la labor de un creador como Julio Prieto se mantiene así: vedada, oculta, olvidada. Aprovechemos el año de Octavio Paz para celebrar a la par a sus coetáneos.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1980) ha publicado el libro de cuentos El demonio perfecto (BUAP, 2008), las novelas Balas en los ojos (Ediciones B-Zeta bolsillo, 2011) y El siglo de las mujeres (Ediciones B, 2012). Fue ganador del Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí con el libro Perros sin nombre. Es autor de Niños tristes (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2013).
Imagen del especial El joven Paz, Tierra Adentro.

El adolescente Rafael Solana (1915-1992) camina por San Idelfonso. Es un año menor que Octavio Paz y el grupo que publica Barandal. Ve admirado y con fascinación una revista de los muchachos de su edad. En sus palabras, se queda paralizado de admiración y estupor cuando Paz, amigo a quien tuteaba, publicó la revista: pequeña, de poco cuerpo, limpia, joven y, sobre todo, fresca. Confiesa que se deslumbró por la publicación: Paz, López Malo, Toscano y Martínez Lavalle pusieron al alcance de la generación siguiente sus sueños más caros.[1]

Solana nunca formó parte del grupo en la primera aventura editorial de Octavio Paz. Fue, eso sí, un lector privilegiado de “Ética del artista”, quizá el mejor de la camada que intuyó las semillas de El arco y la lira y Piedra de Sol. Solana, sin duda, discutió con los Barandales de San Ildefonso los temas de la revista, ayudó a planear sus protestas y se acercó también a las muchachas con la revista bajo el brazo (eran jóvenes).

Oriundo de Veracruz, Solana ejerce el periodismo a los 14 años y entra a la Escuela Nacional Preparatoria donde el destino y el azar selectivo lo convierten en compañero de pasillos, aulas y conversaciones de Octavio Paz, Efraín Huerta y José Maximiliano Revueltas, quien ya se había sacudido el Maximiliano.

Jóvenes autodenominados “de izquierda”, tenían hambre de palabras, de discutir ideas, de comentar lo hecho por los Contemporáneos. Así, con la revista entre las manos, la impaciencia y el ánimo revoltoso de Solana hicieron pronto amistad con la crítica voz de los Barandales, interlocutores ideales y compañeros de parranda. Juntos hicieron enojar a sus profesores y a las autoridades escolares y, más de una vez, se dirigieron a la Procuraduría de Justicia para solicitar una entrevista con el Procurador, Emilio Portes Gil, para exigir, una vez más, la libertad de José Revueltas. Pero no fue lo más arrojado que realizaron juntos: Taller poético, revista fundada en 1936 por Solana, fue la primera descendiente indirecta de Barandal (sin Paz al frente). En sus sólo cuatro números había una inquietud por dar cabida a la producción poética del momento.

En 1938, Taller Poético desaparece para dar paso a Taller, publicación en la que Solana reunió a Octavio Paz, Efraín Huerta y Alberto Álvarez Quintero como responsables, y no sólo se dedicaría a la poesía. A los avatares de Barandal, Taller y Taller poético se agrega la experiencia de Cuadernos del Valle de México y Hora de España, donde colaboraron creadores del exilio español. Nuevas plumas se suman a las del principio y el espacio se fortalece con las voces que prodiga la presencia de autores del mundo: Eliot  traducido por Usigli (fervoroso de Alfred Prufrock), celebrado por Paz como traducción memorable.

Lejos ya de su labor juvenil de editor, Solana fue crítico de teatro, cronista taurino (bajo el seudónimo José Cándido), dramaturgo, novelista y poeta. Su importancia es innegable. Pilar de la cultura mexicana, figura de la generación del Medio Siglo, promotor cultural ejemplar.

De aquella primera generación con Octavio Paz, desdibujada, Rafael Solana sobrevivió más allá de sus hazañas juveniles. En él se mezclan las esencias de Barandal y de Taller, donde difundió y promovió autores sin descuidar su obra propia. Solana vio, admirado, a un Paz capaz de materializar proyectos. En personas con esa voluntad descansa la tradición literaria en México, conjunciones y disyunciones con autores de distintas generaciones. En este centenario paciano, Solana perdura como legado vivo de los pasillos de San Ildefonso, en esa conversación que se prolonga.

 

 

 


[1] Rafael Solana, “Barandal, Taller Poético, Taller, Tierra Nueva” en Las revistas literarias de México, INBA, México, 1963.


Autores
(Nezahualcóyotl, 1990) fue editor de la revista Tierra Adentro.
(Juchitán, Oaxaca). Es poeta, ensayista y editor. Becario de Jóvenes Creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Oaxaca 2003 y 2010. Ha sido antologado en el libro Tres ventanas a la literatura oaxaqueña actual, así como en Los mejores poemas mexicanos (Editorial Planeta-flm, 2006). Es autor de los libros Oaxaca, la de los siete moles (2005) y Contiene material inefable (Ediciones Comité Melendre, 2006). Fue editor de la revista Tierra Adentro.

Una de las aficiones más divertidas que adquirí en la infancia fue leer minificciones. Mi abuelo materno Alfonso Prado Soto, anticronista de la ciudad, escritor memorioso, colector de historias, humorista negrísimo, especialista en árboles genealógicos y de oficio abogado, tuvo a bien un día prestarme una de las revistas otrora editada por don Edmundo Valadés, la famosa El Cuento, revista de Imaginación. Con ella me inicié en el gusto por la lectura de cuentos, relatos breves y minificciones, así como de la manufactura del diseño de viñetas. ¡Cuántas cosas aparecían en esa fabulosa revista! Las cartas de la audiencia, las respuestas del editor, los textos, las portadas, los dibujos e incluso los anuncios eran sorprendentes y sobre todo: divertidos.

Con el tiempo, la adicción era tal que comencé a escribir minis y relatos brevísimos. En fin, un divertimento que hoy en día agradezco. Sin siquiera sospecharlo, he tenido la suerte de participar en algunos proyectos y libros editados por especialistas en el tema: Javier Perucho, Marcial Fernández y José Manuel Ortiz Soto. Trabajar con ellos siempre ha sido un placer.

En esta nota presento un set de minificciones, algunas de ellas ya publicadas. Gentil y amable lector (a), pase usted y sin más, diviértase:

 

Telarañas

Sin pensar y sin querer, cada tercer día, comencé a recolectar arañas; debajo de la cama, detrás de las puertas, en las esquinas del techo del baño, bajo las cajas de papeles y libros, en la distancia que existe a veces entre las macetas. Busqué también atrás de los muebles pesados: roperos, libreros, cómodas. Tus pupilas. Cada vez que encontré una la bañé, la vestí, la maquillé, la perfumé, le cepillé el cabello, le di de beber un poco de café y le conté mis mejores historias. ¿Quieres saber qué obtuve a cambio?

 

Filosofía postcolonial

Luego de dos accidentes casi fatales: pérdida del oído en una oreja y fractura múltiple en la pierna izquierda, una vida entera de sufrimiento y trabajo, el viejo minero ríe porque ya sabe que sí se puede estar absolutamente solo.

 

Evil live

La chica más guapa, inteligente, sensible, audaz y divertida del mundo tiene una pata de cabra y otra de gallo.

 

La muerte de

El día en que las notas de pie de página iniciaron la estampida, murieron juntos el libro y el autor. Yo lectora, doy fe.

 

Poiesis

Hubo un griego que demoró en escribir versos, sin embargo abrió una pollería. Murió pobre.

 

La historia real

No fue precisamente un acto de fe la salvación de Jonás. Profeta al fin, sabía que las ballenas además de alérgicas a las algas marinas son ateas.

 

Lux interior

Siendo los peces abisales estudiosos de la filosofía oriental, de la tecnología de punta, así como del género musical denominado garage punk, esta noche anunciaron al público el título de su próximo libro.

Entre árboles y aves

Era tal su estridencia que entre el maple, el arce y el guajolote decidieron llamarlo: Manuel.

 

Papelería

Los hachazos fueron varios. No descansó hasta talar el último lápiz que antes fue árbol.

 

Sobre el Big Bang & el Little Pum

Ahora que vivo por mis fronteras, me alegra saber que cierto personaje aún no ha sido reclamado por los extraterrestres. La abducción aún no se concreta. Por medio del lenguaje de los delfines puedo volver a comunicarme con él. En alusión-alucinógena-alienígena a su mafufa teoría del Universo Fusilhawkingniana (según la cual el Universo en el que vivimos se está desarrollando dentro de un hoyo negro muerto) proclamo y confieso que en completo estado de conciencia pilotearé la Nave Nodriza con toda una comunidad abordo para desentrañar un poco de la carne podrida de nuestra Madre Galaxia, donde ‒embriones apenas‒ nadamos felices en la expansión de La Nada.

Ojalá no seamos parte del Legrado Universal, ni tampoco muramos ahogados en el algodón cósmico de un kótex galáctico.

 

El tiempo empaquetado

Mientras caminaba por las calles de un país vecino, me topé con varias cajas sobre la banqueta. Cajas medianas, rectangulares, de cartón café acumuladas unas sobre otras. Una de las cajas develaba el misterioso contenido. Decía en letras negras, grandes, mayúsculas y minúsculas trazadas por mano humana la palabra: Kronos.

Supe entonces que si me llevaba una de tales cajas tendría tiempo asegurado para después de la muerte. Supe también que ni Oscar Wilde hubiera imaginado esto para su Dorian Grey. Supe que el tiempo venía empaquetado en pequeños sobrecitos y que podría ser soluble, con sabores y listo para disolverse en agua. Se me antojó prepararme bebidas de tiempo incomprensible, tiempo improbable, tiempo invaluable, tiempo inamovible, tiempo imparable. Haciendo algunas mezclas podría obtener incuso bebidas con efecto déjà vu. En esas andaba cuando me robé al Tiempo en un segundo y lo guardé convertido en su imagen: una fotografía.

 

P. D.: Siempre pensé que los primeros en vendernos el tiempo empaquetado serían los japoneses, no los gabachos. Me equivoqué.

 

Revelación

Al borde del suicidio estaba cuando lo pensó mejor: ella, como la postmodernidad, tan sólo era un proyecto inacabado. Oronda, salió chiflando a dar un paseo para inspirarse.

 

Fulminante

El ataque comenzó de la nada. Tomó unos segundos para que se llevaran las manos al estómago. Iniciaron las convulsiones. A los dos minutos ella y él, entre lágrimas y gesticulaciones, hipaban. No pudieron más. La risa acabó con ellos.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Guanajuato, 1973). Realizó estudios de licenciatura en Diseño Gráfico y la maestría en Estudios Socioculturales. Ha publicado los siguientes libros: Libro del Aire (Editorial De la Esquina, 2011), Okupas (Letras de Pasto Verde, 2009), Todas estas puertas (Tierra Adentro, 2008), Entre las líneas de las manos (en el libro Tres tristes tigras, Conaculta, 2005) y Bravísimas Bravérrimas. Aforismos (Editorial De la Esquina, 2005). Participó en el Laboratorio Fronterizo de Escritores/Writing Lab on the Border (2006), participó en el Festival de Poesía Latinoamericana LATINALE 2007 con sede en Berlín. Recibió la beca del FONCA para escritores en 2007. En Mayo de 2012, participó en las jornadas literarias “Los límites del lenguaje” con sede en Moscú. Su trabajo escrito y gráfico ha sido incluido en varias antologías así como en revistas nacionales e internacionales. Desde el año 2001 vive en Tijuana. Ama la música y ama dibujar.

Las asociaciones mentales suelen ser extrañas. Suena Agent Cooper, el nuevo disco de la española Russian Red, y no puedo dejar de pensar en El extranjero, la espléndida novela del francés Albert Camus en la que su protagonista provoca la cólera e indignación de la sociedad francesa de la postguerra, debido a que comete “la infamia” de no llorar ante la noticia de que su madre ha muerto. La burguesía gala casi podía entender y justificar que alguien maté a un árabe con un pretexto nimio, pero jamás la indolencia ante el fallecimiento de la progenitora.

Trato de convencerme de que lo que ronda por mi mente es el tema de lo imperdonable. Y entonces voy hacia las condiciones y exigencias del pop más comercial. Pareciera que una obligación de sus personajes es poseer una belleza singular. No se puede llegar a lo más alto sin un físico superlativo. Luego llega el momento de contrastar esos modos con los usos y costumbres del mundo indie. Allí pareciera que la belleza fuera un demerito y un estorbo a la hora de aquilatar el talento de aquellos que pertenecen a tal circuito.

Agent Cooper (Octubre, 2014) es –y por mucho‒ el mejor disco en la carrera de esta sílfide posmoderna, pero creo que será juzgado con severidad –sobre todo por sus compatriotas‒ porque no le perdonan que sea una singer-songwriter inserta en el indie más comercial y que además sea notablemente hermosa. Por si fuera poco, dan visos de que hasta les parece mal que aunque de cuna hispanoparlante haya conseguido eliminar el acento a la hora de cantar con elegancia y suficiencia.

Por si fuera poco, la chica se marchó a Los Ángeles para registrar su trabajo más rockero a la fecha y con un robusto acompañamiento de grupo completo.  Muchos deberían aplaudir sus desplantes y ese alejamiento del cliché de cantante de folk que limita las posibilidades estilísticas. Ella sabe sorprender con regates inesperados; para Fuerteventura (2011), su disco pasado, fue a Escocia a grabarlo con el productor Stevie J y la ayuda de algunos de los miembros de Belle & Sebastian.

Lourdes Hernández ‒su nombre de pila‒ sabe cómo ir por todas las canicas; pero de nada hubiera bastado tener ahora de su lado a alguien como Joe Chiccarelli, acostumbrado a sentarse detrás de la consola lo mismo para Morrissey y The White Stripes que para U2 y The Shins, si lo que valiera, antes que otra cosa, no fuera el cancionero a defender. Russian escribió 10 temas dedicados a un igual número de figuras masculinas que le han dejado huella y en el periplo dio con algunas de las mejores piezas que se le han escuchado al día de hoy.

Agent Cooper es un disco lleno de épica y sentimentalismo, con un guiño rocker por haber sido grabado en los estudios Sunset y mezclado por Mark Needhan (Fleetwood Mac, Bloc Party), para culminar la ambiciosa estrategia dejando a  Emily Lazar, colaborador de Vampire Weekend, Björk y David Bowie en la masterización.

Y es que no hay tiempo para especulaciones. Abre con “Michael P.” desatando la magia. Un sonido más eléctrico, con bases percutivas algo ochenteras que soportan perfectamente a las melodías y la línea vocal. Ella canta con naturalidad y suena renovada; la conocíamos apegada al buen folk pero esto si es darle un vuelo total a la hilacha –como dijeran las abuelas.

¿Y cómo podría sonar forzado cuando es una revisión al catálogo de distintos hombres de su vida? Todos tenemos un amor adolescente y colegial al que dedicarle un arrebato enteramente romántico; en “John Michael”, el resabio de aquellos años le lleva a increparle con total desmesura: de tu estúpido encanto, de tu estúpida voz”.

Alguna vez nos emocionamos con The Bangles, The Cars y ‒duele aceptarlo‒ con Chris Isaac. Esas pasiones ochenteras son difíciles de explicar ‒hasta Morrisey sufre por ello‒ pero le quedan muy bien a Russian Red; ¿será que su subyugante belleza nos vuelve débiles? ¿Será qué podemos emitir un juicio respetable sin unir esa música a un cuerpo?

Las canciones se defienden por sí solas. “Casper” es un estupendo sencillo por su juego melódico, su cambio de ritmo, pero sobre todo, por la manera de cantar de Lourdes. La dama supo escoger bien a los hombres de su vida. Desde la figura de Neruda, como un poeta toral, o el fantasma de “…Xavier” –quizá otro de sus enamorados.

Agent Cooper es un disco que nos hace pensar en lo bien que ha asimilado las lecciones impartidas por Cat Power –mucho le debe en cuanto a sonido‒, aunque ella hubiera preferido ser discípula de una PJ Harvey –más fiera, más guerrera. Se trata de un disco en el que soplan aires desatados de renovación; un afortunado cambio de rumbo en el que también cabe una pieza dedicada, nada menos, que al líder de los Arctic Monkeys. “Alex T.” demuestra que las ninfas también crean su propia mitología y pueden susurrar anhelantes: “eres una estrella… ¿algún día serás mío?”.

La chica ha crecido, la artista se mueve a plenitud, incluso con un título que hace referencia a uno de los personajes de la serie Twin Peaks, surgida de la torva y siniestra mente de David Lynch. La televisión también le aportó algún fetiche sexual. En fin, que ha dado con una impecable decena de canciones con las que no cuesta imaginarla al volante de un descapotable y recorriendo las largas avenidas angelinas poniéndole un poco de savoir faire sexy al rock and roll.

 

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.
Fotografía por Eugenia Montalván.

Durango, 12 de marzo de 2014. Las anécdotas alrededor del mundo del cine hecho en Durango dan para un libro: por ejemplo, el abuelo de una amiga de un amigo de Andrés Meraz Salas, hijo de mi amiga Paty, ¡le dio hospedaje a Bob Dylan en su casa! ¡Wow! Bob Dylan viajó por nuestras carreteras, contempló el sol que aquí admiramos, madrugó bajo las mismas estrellas de los noctámbulos y, además, dice la leyenda que bajo la implacable luz lunar refulgente en este cielo compuso: Knockin’ On Heaven’s Door. ¿Será? ¡Sí! Dudarlo me resta puntos en la durangueneidad, término que le escuché por primera vez al propio Andrés esta mañana. Lo cierto es que Bob Dylan, ahora me entero, no sólo compuso el soundrack de la película Pat Garret and Billy the Kid, rodada aquí y estrenada en 1973, sino que también actuó en ella. Y gracias a Youtube es posible ver algunas imágenes:

Bob Dylan sublima el cine al estilo del lejano oeste: duelos, cielos rojos, adobes, carretas, campesinos desamparados, trotamundos valientes, hombres buenos, malos, feos y guapos… mujeres, sed y alcohol. ¿Dónde conseguimos esta obra? Aquí, según mis indagaciones, no hay quien la tenga, y es indispensable programarla en el ciclo Movieland que todos los martes proyecta la Cineteca.

Movieland es casi como sinónimo de Durango; este ciclo al que me refiero presenta exclusivamente películas filmadas aquí, ya sea completas o cuando menos una parte, y me parece muy loable esta propuesta del director de programación de la cineteca, Miguel Ángel Orona, para quien resulta indispensable que el público tenga el placer de ver los extraordinarios escenarios naturales del estado, magnificados en las producciones hollywoodenses: ¡de agasajo! Pero nos urgen espectadores, pues en la última de las tres funciones de ayer, por ejemplo, aparte de mí, sólo llegó un fisgón, quien –luego me enteré–nada más fue a inspeccionar las nuevas instalaciones de la cineteca. Según él.

Anoche vi Revenge (La Revancha) bajo una dulce advertencia en la taquilla: “es una película muy bonita”. ¡Ok! ¿Y qué la hace bonita –al menos desde la perspectiva de la boletera? Pues que los tres personajes principales viven al borde de la muerte a cambio de ver culminada su máxima pasión: el amor. Dirigida por Tony Scott y protagonizada por Kevin Costner, Anthony Quinn y Madeleine Stowe, es esencialmente romántica, pero con su natural toque de violencia encarnada en sangrientas acuchilladas y apoteósicas balaceras.

Luego de platicar con Miguel Ángel Orona supe que el objetivo de los Martes de Movieland es “rescatar y poner a la disposición del público las mejores cintas que se han filmado en Durango, de todos los géneros, sobre todo porque aquí vienen muchos chavitos que no tuvieron la posibilidad de verlas, ya que son muy difíciles de conseguir, y aparte aquí las tienen en pantalla grande”. En efecto, se nota orgulloso al ofrecer una alternativa real para que veamos este tipo de cine.

La noticia que quiero resaltar  y comentar es que este año Durango celebra los 60 años de la primera producción norteamericana realizada en nuestras tierras: White Feather (Pluma Blanca), “distribuida en México con el nombre de La ley del Bravo”, según la ficha informativa que presenta Antonio Avitia Hernández en La leyenda de Movieland Historia del cine en el estado de Durango (1897 – 2004), un libro publicado originalmente en 2006, y que es difícil de conseguir, sólo que hoy tuve suerte y lo hallé en la Librería Vargas, ubicada en la calle Zaragoza, a unos pasos de la Avenida 20 de noviembre, en el Centro Histórica; de hecho, era el último ejemplar en existencia.

Entonces, ojeando el libro, intento recapacitar en el inmenso haber cinematográfico que tenemos y que, sin embargo, prácticamente no conocemos, aun tratándose de películas mexicanas, como las de Juan Antonio de la Riva, realizador duranguense al que se refirió Christian Sida-Valenzuela, director adjunto del Nuevo Festival de Nuevo Cine Mexicano de Durango, en su columna “Reborujo” (El Siglo de Durango, 10 de marzo). De la Riva, nos guste o no, es un referente contemporáneo por: “Polvo vencedor del sol”, “Vidas errantes”, “Pueblo de madera”, “El gavilán de la sierra” y “Érase una vez en Durango”, que no se encuentran a la venta en ninguna parte. Y si me preguntan, yo solamente he visto “Pueblo de madera”. Pero desde luego a los duranguenses nos fascina el cine, y a algunos nos emociona especialmente aquel en el que identificamos escenarios, personajes, momentos históricos y, por supuesto, nuestro impoluto y resplandeciente cielo, del que gracias al cine o simplemente a la capacidad de ver, casi todos tenemos consciencia, y hoy lo constaté platicando con un grupo de estudiantes de octavo semestre de la licenciatura en Ciencias y técnicas de la comunicación (UNID). Diana Villarreal lo dijo claramente: “No existe un cielo más bonito que el de Durango”. Ella lo dice porque “por metiche” se acercó a ayudar en el rodaje de “La verdad sospechosa”, de Luis Estrada con Damián Alcázar como protagonista (abril del año pasado). Y sabe, por lo tanto, que los directores privilegian “estar en el centro y encontrar arquitectura colonial de cierto tipo; a media hora, un río, y a una hora, la Sierra, cascadas, pinos y escenarios muy diferentes en un sólo estado”.

Pero para seguir con las anécdotas, Bertha Rivera, maestra de periodismo y editora independiente, me cuenta que Lee J. Cobb, ganador del Oscar en dos ocasiones, estuvo en Durango filmando la película Macho Callahan a finales de los años sesenta. Ella era muy chiquita, casi no se acuerda, pero sí hace cara de “guácala” cuando menciona que el perro grande y lanudo del actor dejó sus pelos por toda la casa… Sin embargo, ella también me informa que la calle principal de Chupaderos, un set cinematográfico rodeado de montañas restaurado recientemente (se puede ir en taxi desde el centro de la ciudad y el viaje no cuesta más de 60 pesos), donde se recrea –a nivel de fachadas– un pueblo del lejano oeste con su hotel, iglesia, almacenes, casas, estación de policía, bar, tienda de ropa, etcétera, lleva el nombre de Howard debido a una familia de Texas con ese apellido que vino a hacer cine: “era un gringo y mi padre le hizo su rancho”.

En su libro, Avitia Hernández habla de otro gringo, éste mucho más famoso, que también vivió en Durango y construyó sus propios sets cinematográficos: John Wayne, artista estelar que definitivamente se impregnó del paisaje y el paisaje de él, a tal grado que aún asombra el brío con el que corre en su caballo por los cerros de Chupaderos, desde donde desciende a galope para abrir las puertas de una cantina de par en par, a unos pasos del patíbulo.

En el capítulo “El salvaje y barato oeste durangueño”, el historiador Avitia Hernández presenta una larga lista de películas tipo western realizadas por los norteamericanos y los “chili westerns”, que es la adaptación del género por compañías productoras mexicanas. Pero más que enumerarlas por ahora es preciso saber que de 1954 a 2009 suman 156, aunque la última que menciona es Bandidas (2004), con Penélope Cruz y Salma Hayek, una coproducción de Francia, México y Estados Unidos, dirigida por Joachim Roenning, por supuesto más famosa que muchas, ¿quizá por tratarse de heroínas de calibre femenino?

Pero en fin, esta nota es la antesala al libro que reseñaré la próxima semana: Durango. Filmes de la Tierra del Cine, motivo de un evento fastuoso reciente que, sin embargo, tuvo poca trascendencia por lo mismo: el volumen aún no se encuentra en las librerías de la ciudad, así que mientras ese objeto del deseo llega a mis manos me contento con volver a ver a Dylan en actitud Dylan en Movieland.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Es autora del libro Premio Casa de las Américas. 50 años – 11 entrevistas, investigación con la que se tituló como antropóloga con especialidad en lingüística y literatura por la Universidad Autónoma de Yucatán. Para 2014 prepara un libro testimonial sobre los contrastes culturales entre Yucatán y Durango, proyecto que surgió por iniciativa del programa Tierra Adentro.
30 Festival de México, Centro Histórico.

Hoy da inicio la 30 edición del Festival México en el Centro Histórico de la ciudad de México con un concierto en Bellas Artes a cargo del pianista Alexander Toradze y la Orquesta Sinfónica Nacional; quienes interpretarán el Concierto No. 2 de Dmitri Shostakovich. La gala iniciará con La Fundición de Hierro de Alexander Mosolov y finalizará con la suite del ballet Romeo y Julieta de Sergei Prokofiev.

El festival se llevará a cabo del 13 a 23 de marzo, en el cual podremos ver cerca de 200 eventos de danza, música, cine, gastronomía, artes visuales entre otros. Las sedes serán distintos recintos del Centro Histórico así como plazas públicas, calles y museos. Así mismo será el escenario de cerca de 55 artistas, de 22 países como Alemania, Argentina, Austria, Australia, Bélgica, Canadá, Chile, Estados Unidos, España, Francia, Italia, Japón, Líbano, México, Reino Unido, Siria y Serbia.

Dará cabida al estreno mundial en español de la obra “White Rabbit Red Rabbit” del escritor iraní Nassim Soleimanpour; Akram Kahn, una compañía de danza inglesa; el conjunto polifonético originario de Córcega, A Filetta; Ji-Hae Park, violinista coreana; Miguel Poveda, el cantautor flamenco que se presentará en el Palacio de Bellas Artes, y la cantante canadiense de origen esquimal Tanya Tagaq.

Para mayor información podemos visitar el sitio web del Festival, en él podemos encontrar los horario, precios, ubicaciones de los recintos donde se desarrollará cada evento e instrucciones para la compra de boletos.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
La grande bellezza, de Paolo Sorrentino.

Salir del cine y sentirse vampiro o asesino o lobo que cuenta monedas y serlo para siempre en un lugar oscuro de nuestra existencia. Eso es lo que se llama una experiencia estética transformadora. No se necesita mucho para hacerle eso al corazón humano, sólo una película con agallas. La Gran Belleza (2013) de Paolo Sorrentino lo es. La gramática desesperada de la pobreza, que sólo se puede mostrar a través de lo fastuoso: una Roma de carnaval, donde las viejas esculturas y palacios se ríen de la pequeñez humana. Una grande bellezza en la que domina el dolor del personaje: Jep Gambardella, el mundano, el escritor de una sola novela de juventud, con el dolor a cuestas de haber formado parte de Roma en toda su estridencia, en toda su fiesta. “Porque la fiesta también hiere”, podría ser el subtítulo de esta cinta. Algunos críticos −que nunca se habrán metido una línea y nunca salen de noche− han dicho que Jep (un Toni Servillo sublime) es un indolente de 65 años a quien sólo mueve el hastío. Se necesitan más años o volver a nacer, quizás, para entender esta película de otra manera, sin hacer psicología de revista femenina, sin darla por hecho. Sólo así se distingue la indolencia de la herida: la noticia de la muerte de una mujer que amaste hace 35 años y que, al casarse con otro, te ha dejado como un fantasma deambulando por las bacanales, al mismo tiempo triste y absolutamente feliz de estar vivo.

Pero en el vacío opulento de Paolo Sorrentino cabe además un existencialismo que nos pone a todos a bailar de horror: ¿cómo contar la historia de la pobreza si, como dice la Santa de Sorrentino con sus encías descarnadas, “la pobreza no se cuenta: se vive”? El director italiano escoge un road trip singular: los trenecitos que se hacen en las fiestas que, citando a Jep, son los mejores del mundo porque no van a ningún lado. Sorrentino escoge seguir al hombre anónimo que guarda en una maleta la llave de los edificios más lujosos de toda la ciudad. Es una visita de noche, fellinesca, cuando todo el mundo está dormido, a esos lugares que se construyeron para dejar clara la sentencia: “soy poderoso, mi vida vale más que la de otros humanos”. Jep y su novia transitan por esos lugares una noche de fiesta, como si se adentraran al otro lado del espejo de Cocteau. Y aquí está quizás uno de los grandes logros de Sorrentino: vamos a ese lugares extraños, hechizados, ubicados casi en el inconsciente humano, pero con una pequeña frase nos regresa al mundo palpable: su camino no es lyncheano, su intención no es visitar los sueños sino la muy real estancia en un mundo pobre y triste y feliz.

Hola. Soy yo otra vez, esa a quien una película arrolló y casi le rompe el cuello. En la historia de un cinéfilo hay películas dulces, estupendas, extraordinarias y cosas como La Gran Belleza de Paolo Sorrentino, que se sienten sagradas, donde la vida da un vuelco y nada vuelve a ser igual al salir de la sala. Sí, esta cinta acaba de ganar el Oscar a la mejor película extranjera, pero eso es lo de menos: Paolo Sorrentino estará allí cuando todo el mundo se olvide de Spike Jonze y muera de flojera con otra película-estilo de Wes Anderson. Su Gran Belleza estará allí para atestiguar el extrañamiento de las nuevas generaciones que nunca lograrán entender por qué Tarantino o Tim Burton parecían directores importantes en su época. Como todos, me pregunto qué dirá Fellini y qué dirá Mastroianni desde allá donde están viendo cada movimiento de Jep Gambardella. Qué dirán de cómo ha cambiado su Roma.

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Autores
nació en un hospital público de Av. Toluca (ciudad de México, 1973) pero creció en la Calzada de Las Águilas, lo que supone una infancia feliz aunque cuesta arriba y llena de topes. Le da un poco de pena decir que estudió Comunicación (pero se la aguanta porque no hizo la tesis en balde). Ha escrito algunos guiones y dirigió un cortometraje premiado por IMCINE. Escribe en muchas revistas pero su comentario mensual sobre cine aparece en Chilango. Este año publicará su primera novela en una editorial catalana. En su cabeza revolotean cómics y canciones de los Flaming Lips todo el tiempo.