En su momento de mayor plenitud, Miles Davis (1926-1991) estableció que el jazz no debería tener limitantes, que era éste un territorio vastísimo al que no se le podían poner reglas ni restricciones. La gran imaginación del músico norteamericano (desplegada a tope desde los sesenta) colocó al género en la vanguardia musical. Pero pasaron los años y a sus herederos pareció olvidárseles todas aquellas enseñanzas y el espíritu aventurero. Una buena parte del jazz se ciñó a cánones establecidos, y donde hubo inventiva se impuso la repetición y el uso de estándares que poco exigen al ejecutante en términos de innovación.
Hay una parte del género que es muy conservadora, la cual terminó por ser asociada con restaurantes elegantes, bares para adultos adinerados o música de fondo en eventos sociales. Dejó de ser ese algo caliente que ponía los pelos de punta o hacía viajar hacia otras dimensiones. La obra de Miles Davis siempre tuvo esa capacidad de influjo. ¿Por qué las generaciones subsecuentes se mostraron complacientes y timoratas?
Era necesario retomar el brío y el instinto transgresor de antaño. Así lo ha entendido un trompetista noruego que se ha convertido en una de las figuras más visibles de lo que fue llamado Nu jazz. Nils Petter Molvaer es respetado no sólo por sus dotes con el instrumento, sino por su visión para renovar una escena afectada por la solemnidad y lo predecible.
Nació en la isla de Sula, un 18 de septiembre de 1960, actualmente reside en Bergen, una ciudad en la que también vivió el compositor Edvard Grieg, y cuyo entorno natural ha dejado huella en su trabajo. El músico estudió en Oslo, donde decidió perfeccionar sus dotes naturales que lo llevaron a tocar pop y rock en distintas bandas locales en su adolescencia. Durante sus años universitarios recibió influencias muy diversas que ya dejaban ver su eclécticismo: Don Cherry, Billie Holiday, Brian Eno, Joni Mitchell y Bill Laswell, pero especialmente Miles Davis.
No tardó en demostrar sus habilidades como trompetista, por lo que fue reclutado por respetadas figuras del jazz tradicional, como: Elvin Jones, George Russell y Gary Peacock; además de realizar algunos encargos para cine y televisión, como el score de L’Invention de l’amour (1998).
Aunque para entonces ya venía desarrollando una importante renovación desde algunos años atrás en colaboración con Manfred Eicher, productor y dueño del sello ECM. De hecho, un año antes publicaron un disco que representó un antes y un después alrededor del concepto de Nu jazz.
Hoy día, su disco Khmer (1997) es tomado como un punto de inflexión y un modelo a seguir. Dejó en evidencia que el jazz se podía juntar con la electrónica –incluso con una corriente ruda como el jungle– e incorporar también líneas sinuosas de guitarra al resto de la combinación. Y en un lugar de privilegio la elegante trompeta de Molvaer.
Con un buen trecho recorrido desde entonces, Nils recuerda parte del proceso creativo: “En aquel momento no estaba tan interesado en el sonido como en el concepto del disco”. Lo fundamental era que aun con la combinación de jazz y sonidos electrónicos no se perdiera un feeling orgánico; la sensación de un músico imprimiendo su sensibilidad a las imágenes sonoras que va creando.
El cambio de siglo y milenio lo reciben como una figura consagrada que forma parte de una escena estimulante, en la que figuran talentos como: Bugge Wesseltoft, Erik Truffaz, Marc Moulin y el danés Palle Mikkelborg, otro trompetista que en el disco Aura realizó un homenaje completo a Miles.
Por su parte, Molvaer se distingue por un trabajo constante que incluye los álbumes Solid Ether (2000) y NP3 (2002), y que este año se amplía con la llegada de un nuevo opus, producto de una entera madurez. Hay que tener en cuenta que apenas el año pasado publicó 1/1, un proyecto colaborativo con Moritz Von Oswald, muy respetado en el ámbito de la electrónica minimalista.
Lo importante es que el noruego sabe cómo ser imprevisible y seguir sorprendiendo. En Swtich regresan tres de los músicos que lo acompañaron en la grabación y extensa gira de Baboon Moon (2011): Erland Dahlen (percusiones), Geir Sundstøl (guitarras) y Morten Qvenild (teclados y programación), quienes le brindan la posibilidad de incursionar sobre terrenos inéditos. Este será el disco recordado por la inclusión de la guitarra con pedal Steel y por un acercamiento a las percusiones tribales, como se evidencia en “The kit”.
https://www.youtube.com/watch?v=C9cTSwlIikQ
Lo que permanece es esa variación de intensidades que lo distingue; pasajes largos de remanso que luego son difuminados por la acometida de texturas más intensas. Encima de todo, la trompeta parece flotar y conducirnos al ensueño. Switch se estructura a partir de “Intrusion”, que aparece 4 veces a manera de leit motiv y detonante de las siguientes piezas.
Esta producción marca la llegada de Nils Petter a un nuevo sello; Okeh ha decidido impulsar con todo al jazz y para ello ha fichado a talentos como Bill Frisell, John Medeski y Sonny Rollins. Con el noruego no sólo editan su reciente grabación sino siete discos más, entre los que se cuentan Hamada (2010) y Re-Vision (2008). El objetivo es hacerse de un lugar en el mercado norteamericano.
La idea de Switch se completa como un homenaje a la cantante Joni Mitchell, cuya figura se alude a través de los títulos de los temas que provienen de algunos de los textos de la norteamericana. Es así como el proceso de renovación del jazz que ha emprendido Molvaer no se detiene, todo lo contrario, se asoma al futuro con energías renovadas y nuevas ideas para mostrar al mundo.
Fotografía de Teatro Tacuate. Tutu siki raya ñu’u yuku chatuta, por Nidia Rosales.
En algún momento inevitablemente nos preguntamos por nuestro origen. No me refiero a una búsqueda de la identidad, la identidad es aquello que queremos decir frente a los otros, cómo elegimos representarnos y apelar a lo colectivo. Ahí se esconde una trampa que hemos de aprender a saltar. Autorepresentarnos, ¿existe tal cosa?, ¿o estaremos siempre condenados al juego de las apariencias, de las seducciones, intentando alcanzar un centro primigenio e inconcluso?
De ahí viene el mito, de aquella necesidad de poner en orden la existencia, el mundo, y darle sentido a la respiración. Pero hay otra forma de entender nuestro lugar sólo que esa se recorre siempre en solitario, recogiendo las piezas de una historia que nos contamos cada mañana al despertar. La cual a veces nos atormenta y quita el sueño. Clarice Lispector decía que iría sola y con horror al encuentro de sí misma, bajaría a sus profundidades únicamente de la mano del lector. Tutu siki raya ñu’u yuku chatuta es una obra de teatro que habla del peso de esa historia enmarcada en lo colectivo, en la voz antigua de los ancestros, de lo que despierta cuando nos abrimos al mundo y a las emociones.
Teatro Tacuate. Tutu siki raya ñu’u yuku chatuta está basada en el primer Lienzo de Santa María Zacatepec, una población relativamente grande de la sierra sur de Oaxaca donde conviven mestizos y tacuates. Como casi todas las lenguas indígenas del país, el tacuate ha dejado de hablarse y corre un alto riesgo de desaparición; es, además, una variante norteña del mixteco de la costa de este estado.
Los alcaldes tradicionales del pueblo se han encargado de cuidar generación tras generación estos lienzos, tutu ree en lengua tacuate, que describen la geografía e historia del lugar y que se remontan a los siglos XVI y XVII. Palabras de los antiguos que guardan celosamente en un altar. Lamentablemente, en Zacatepec se conservaba sólo la calca de uno de ellos, ya que a finales del siglo XIX los originales fueron extraviados en la Ciudad de México.
En el teatro, la oscuridad nos envolvía y nos llevaba al tiempo mismo en que fueron creadas las cosas. Fue en la oscuridad cuando el sol y la luna bailaron hasta formar los días y las noches, cuando la vida fue creada del sacrificio divino. En un rincón del escenario hay velas dispuestas bajo una copia del Lienzo como si formaran parte de un altar, una ofrenda emitida hacia los dioses y el pasado: voz, sabiduría, presencia de lo otro, respeto. De repente un tambor abre el espacio. El tacuate rompe el silencio con su hermosa sonoridad, lo desconocido tiene una peculiar forma de seducir. Todos permanecemos atentos, no es necesaria una traducción, hay lenguajes universales, formas de dejar abierta la puerta. Poner en escena el pasado, representar la historia de los ancestros, hablar la lengua de los abuelos, para decir algo del propio espíritu.
Días después de la representación, Óscar Tanat, director de la misma, me cuenta las vicisitudes de este proyecto. Cuando Rosalba Pérez Bautista, originaria de Zacatepec y quien tuviera la idea original, le comentó su intención, Tanat pensó en hacer un teatro auténtico, apegado lo más posible a formas de representación prehispánicas, un teatro que se engendrara a sí mismo. Así que comenzaron de cero, creando movimientos similares a los elementos pictóricos del lienzo. El lenguaje corporal en la obra tiene influencia de la danza butoh, (técnica japonesa donde se deja hablar libremente al cuerpo, desfigurándolo), pero sobre todo se basa en su investigación de la cultura tacuate y sus símbolos. Los actores son chicos entre los 14 y 17 años.
Óscar Tanat es antropólogo especializado en lingüística, Tutu siki raya ñu’u yuku chatuta surgió como su proyecto de titulación, para el cual realizó estudios pictóricos en torno a la cosmovisión de los antiguos tacuates. Para enseñar técnicas teatrales se preguntó cuestiones tan básicas como qué es una persona. En Zacatepec, para empezar, no existía ningún antecedente de teatro, menos uno basado en la palabra de los antiguos y donde participaran mujeres. Evidentemente no podía abordar este arte desde una perspectiva occidental, así que utilizó un elemento todavía presente en la cosmovisión de los tacuates de Zacatepec: el nahual. A partir de una interpretación de los nahuales pudo transferir lo que sucede en el cuerpo y la mente de los actores a ese contexto sociocultural.
Cada persona, me dice Tanat, puede tener uno o más nahuales. Los nahuales, a su vez, son animales, si estos mueren también las personas vinculadas a ellos. Los chamanes, por ejemplo, poseen cuatro o más nahuales, y por ello pueden transformarse en estos, salir al bosque y ejercer la curación. Al actuar, los actores estaban igualmente estableciendo un vínculo con sus nahuales, los dejaban hablar para conectar con sus emociones y con la tierra, el origen.
El lenguaje determina el pensamiento. La lengua, la viva, en gran medida refleja cómo articulamos el mundo. Por eso la diversidad lingüística es un asunto tan importante. Tanat utilizó sobre todo dos palabras en tacuate para explicar la base misma de la interpretación actoral: shitatati ‘respirar, jalar voz’ y ñande ‘energía’. La técnica que creó en el teatro tacuate está basada principalmente en el ñande, en impostar la energía, proyectarla hacia afuera por medio de la voz y la respiración. Sólo en Oaxaca un teatro en lengua indígena es posible, sólo aquí el público se queda y aplaude fascinado.
Tutu siki raya ñu’u yuku chatuta pudo presentarse gracias al apoyo del Programa para el Fortalecimiento de los Emprendedores Ciudadanos Artísticos y Culturales (C*13), que otorga el estado de Oaxaca cada año, y que obtuvo Tanat en el rubro de artes escénicas. Se presentó en el Centro Cultural San Pablo, de la Fundación Alfredo Harp Helú el pasado 25 de abril.
Sacrificio de un animal, principal fuente de carne. Vasija de barro, por Wikimedia.
Para diversas mitologías los crímenes impunes eran principio de desgracia. Recuerdo lo que refiere Plutarco en Cuestiones griegas, sobre la niña Carilla, quien se había colgado en el bosque tras haber sido despreciada por el rey cuando ésta le pidió un poco de grano para comer. En una situación de precariedad, Carilla se acercó a su rey para pedir, implorar por comida. A la vista de todos, el rey la abofeteó con un zapato. La niña fue enseguida —tal era la desesperación que el hambre le había otorgado—, a colgarse de un árbol a las afueras de Delfos.
Las malas cosechas ya habían menguado los graneros del pueblo y de su rey. Esa niña, ínfima para la jerarquía de la sociedad, se había ahorcado y nadie lo sabía. El rey había dejado un crimen impune: el de haber orillado a la niña al suicidio y el de haberlo ignorado, según interpreta Calasso en su libro Las Bodas de Cadmo y Harmonía.[1] Esto agravó la carestía. Entonces la sequía asoló toda la ciudad de Delfos. Como era costumbre en el mundo helénico, en una situación de precariedad y de carestía el oráculo debía ser consultado. Pitia, la sacerdotisa principal, vaticinó que la muerte de Carilla, la niña suicida, debía ser expiada para que Delfos volviera a la normalidad.
No es diferente para el califa Harun Al-Rachid, personaje de una de las primeras Mil y una noches, quien, tras encontrar una caja en un río y darse cuenta que dentro de ella había una mujer despedazada, dijo que no quería ser juzgado ni calumniado por traer desgracia a su pueblo al dejar ese crimen impune. Por lo que buscó al criminal con celo hasta encontrarlo y juzgarlo.
Para contar lo que viene me conviene más el ejemplo de Plutarco. Cerca de la casa de mi madre, en Durango, encontraron una fosa clandestina —cuando digo cerca me refiero a dos cuadras—. En cuanto a muertes las aproximaciones son ilusorias, por eso es preciso dar la cifra oficial: 89 cadáveres. Sólo en ese lugar. No distan en mucho de la mujer destazada dentro de una caja que el califa Harun Al-Rachid encontró junto a un pescador en un río. Sólo que era una sola persona la que había en esa caja. Tan sólo en Durango se han encontrado 331 cadáveres en fosas clandestinas, según la Fiscalía General de ese estado. Que se sepa, no han encontrado responsables directos: entre los presos y vinculados a los crímenes, destacan el M-10 y el M-14, miembros del Cártel de Sinaloa. Los pocos responsables que han sido adjudicados con los crímenes han recibido una sentencia, larga o corta, discreta a la sociedad.
Podría parecernos algo impersonal los crímenes vinculados o desatados por el narco, hasta que 89 cuerpos son desenterrados, traídos a la vista de la ciudad que los ignoraba. Si aún creyéramos en el oráculo de Delfos, por no decir en cualquier religión, al acudir a él para preguntar el porqué de la sequía que asola cierta región, o el porqué de la carestía o el porqué de la precariedad nos respondería que debemos expiar la muerte de Carilla, la niña suicida; o sea, debe ser expiada la muerte de todas esas personas. Expiar la muerte de los enterrados clandestinamente. Pero ¿cómo? ¿Qué significa expiar una muerte? Incluso de la palabra expiación hemos perdido una referencia cercana.
Cuando el rey de Delfos visita a la Pitia, ésta le responde: “Reconcíliate con Carilla, la virgen suicida” —Calasso es altamente lúcido al interpretar este pasaje—. Cuando recibe la sentencia de la Pitia no sabe de qué se trata. Primero, el rey debía recordar quién era Carilla. Su primer debilidad era no saber con quién reconciliarse pues no sabía que había cometido una falta. Era preciso que reconociese el gesto que tuvo para esa niña, aquella niña que se le acercó para pedirle unos granos, que debía recordar que la había abofeteado, que la había ofendido y debía, en suma, considerarlo un error. Luego debía encontrarla, allí, pendiendo del árbol que escogió para matarse. Luego darle una sepultura apropiada. E incluso así, pese a que hiciera todo lo anterior, eso no sería suficiente: aquello debía ser recordado a través de una ceremonia de expiación.
Para la cultura grecolatina la expiación es una purificación. Toda purificación implica un sacrificio, ora concreto, ora simbólico. “Al olvidar a los pobres en la distribución de la comida, el rey los había expulsado de la vida”, apuntala Roberto Calasso. El sacrificio de Carilla demostró la indiferencia del rey hacia Delfos, y su sacrifico (colgarse en un árbol) no había sido percibido, es decir, fue un sacrificio sin ceremonia. Los sacerdotes de Delfos son fieles de Apolo, el “dios que ama la verdad”. El sacrificio de Carilla, pues, para ser un sacrificio con ceremonia, debía ser efectuado conscientemente, debía ser completado a conciencia. Toda ceremonia eleva un sacrifico al conocimiento. El verdadero crimen del rey no era únicamente haber abofeteado a una niña huérfana con su sandalia sino no haberse dado cuenta que ella se había suicidado, que estaba muerta en cierto lugar, no haber tenido conocimiento de su desaparición.
Para expiar el crimen del rey, en suma, era necesario que fuera preparada una ceremonia simbólica. El rey dio de comer a todos en Delfos, para demostrar que no era indiferente al hambre del pueblo. Luego, frente al pueblo, abofeteó una muñeca vestida como Carilla y la muñeca fue enterrada apropiadamente junto al lugar en que Carilla se colgó. Aquella ceremonia marcó el final de la sequía. El crimen fue elevado al conocimiento, a la conciencia del crimen y se petrificó en una ceremonia que se conmemoró durante mucho tiempo en la ciudad de Delfos. Pocos ejemplos resultan tan pertinentes para explicar la expiación: de esa manera se extingue la impunidad, de esa manera el sacrificio adquiere ceremonia. Y la ciudad puede respirar sabiendo que un error se ha instituido en las prácticas sociales de tal suerte que sea recordado.
Los muertos que yacieron, y probablemente todavía yacen, en secreto debajo de nuestro país tienen mucho en común con esta cuestión griega que nos narra Plutarco y que Roberto Calasso rescata en su libro. La historia de Carilla empata una interpretación mitológica —que en definitiva es etnológica— con una práctica reciente de nuestra sociedad: el asesinato colectivo y la desaparición de los cuerpos. Son un sacrificio sin ceremonia. Se parecen a Carilla no en el acto suicida sino en la reacción indiferente del rey de Delfos. Los muertos de esta tierra fueron asesinados, y el asesinato, más que los asesinados, fueron ocultados, fueron hechos secreto. El asesino no sólo asesinó —un crimen de suyo inmoral— sino también ocultó sus actos del mundo, los alejó de la conciencia. Y lo que es aún peor, simbólicamente, no les dio un entierro digno.
Un oráculo vaticinaría, de preguntar la causa de las precariedades de nuestra tierra, y se lo diría una y otra vez, al rey de Delfos: “Reconcíliate con los sepultados en secreto”. Esa reconciliación, antes que nada, implica la aceptación de una falta. Lo primero que tiene que hacer el rey de Delfos es saber quiénes son los sepultados en secreto. Vemos que la única manera de expiar estos crímenes impunes es elevarlos al conocimiento. La indiferencia del rey permitió no sólo que los asesinaran, sino que fueran enterrados y que sus asesinos, tanto como los cuerpos, permanecieran al margen de la sociedad. No sólo bastaría con desenterrarlos y juzgar a los responsables, sino la sociedad tendría que elevar ese sacrificio a la ceremonia. La conciencia del crimen establecería el término de un sacrificio que no fue consumado.
Sin embargo, no es así. Nuestra realidad es muy distinta de una interpretación simbólica y actualizada de un acontecimiento grecolatino. Sin conceptos de ceremonias y sacrificios, el rey de Delfos no tiene un concepto de un oráculo y por lo tanto de leyes superiores a él. Por sepultar cuerpos en fosas clandestinas ya no creemos merecer sequías o catástrofes; a nuestra desgracia, damos otras explicaciones. Sí, quizá ninguna fuerza superior nos castigue, pero la desgracia y degradación como sociedad sí que la merecemos. Una vergüenza colectiva que debemos tener presente.
Los lugares donde los cuerpos yacían, donde seguramente yacen cuerpos todavía, desperdigados como misterios debajo de lo evidente, nada dicen de lo que son o lo que fueron; ese lugar cercano a casa de mi madre, donde encontraron 89 cuerpos, nada dice de lo que fue, nada dice de su naturaleza criminal. Es un terreno baldío sin basura y con pasto. Pareciera que los cuerpos siguen ocultos, como sus asesinos y los propios asesinados. Estas fosas clandestinas, en vez de ser desahuciadas de su clandestinidad pronto pasan a una mayor indiferencia, no sólo del rey de Delfos sino de todo Delfos. En vez de ser evidenciadas, ceremoniadas, recordadas simbólicamente (pues todo símbolo es un objeto consciente), las fosas clandestinas fueron cubiertas con cal. Con cal, que es otra forma del polvo. Polvo, que es otra forma del paso del viento. El viento, que es otra forma (y quizá la verdadera) del olvido.
[1] Roberto Calasso, Las Bodas de Cadmo y Harmonía, Anagrama, pp. 150-153.
Chris Marker (1921-2012) fue un director de cine francés que perteneció al Left Bank Group. Este movimiento, integrado por Alain Resnais, Agnès Varda y Marker, fue el lado menos famoso de la célebre Nouvelle Vague.
Uno de los puntos más interesantes del Left Bank Group fue que su interés artístico no se limitó al cine, sino a los vasos comunicantes que éste tenía con otras artes, principalmente con la literatura. De este pensamiento surgió una película extraña, rara aun para nuestros días, un documental incómodo, disperso: Lettre de Sibérie (Marker, 1957).
En 1958, André Bazin nombró a este filme un ensayo, denominación que tiene referencia directa con el género literario que inauguró Montaigne en el siglo XVII.
Lettre de Sibérie está formada por una serie de imágenes acompañadas de una voz en off que nos plantea qué es Siberia. Esos son los primeros minutos, después, como si Siberia no fuera más que una hoja en blanco, la voz aborda una serie de temas conectados sólo espacialmente. Pareciera que Siberia, más que el tema, fuera la excusa para pensar algo.
Entonces, Lettre de Sibérie no trata sobre la riqueza mineral de una región, ni sobre los yakuts (sus habitantes), ni sobre el gobierno soviético. Es más bien el despliegue de un “yo”, de una línea de pensamiento que tiene un encuadre mínimo: Siberia. ¿De qué va este “documental” entonces? De todo y nada: de diamantes, de mamuts, de ópera, de oro, de la URSS, de un oso mascota.
Laura Rascaroli, investigadora y especialista en cine y comunicación social, reconoce en esta película un tipo de montaje distinto. En la sala de edición del cine tradicional las escenas se montaban comunicándose unas con otras, en resonancia, para formar un continuo (véase el efecto Kuleshov, explicado por Hitchcock), a través una dialéctica que surge con la suma del antecedente, del medio y del precedente. Es un montaje lineal.
La película de Chris Marker está montada en paralelo. El liderazgo lo lleva la voz en off, que se desenvuelve sin un foco determinado o una tesis a comprobar. A partir de esta voz van apareciendo las imágenes. El montaje no se basa en una gramática visual, sino en una correspondencia con el discurso hablado: las secuencias apoyan la línea de pensamiento que expone la voz. Por esto, es posible montar juntas una secuencia de Laika —el primer ser vivo en salir de la atmósfera— y de un equipo de futbol de yakuts. La supuesta dislocación de las imágenes encuentra su razón de ser en el proceso de pensamiento y reflexión por el que nos guía la voz.
Una de las partes más célebres de Lettre es aquella en la cual se repite el mismo metraje tres veces, pero con distintos discursos. La secuencia se conforma por planos de Yakutsk (capital de la República de Sajá en Siberia oriental): un camión, un automóvil, un hombre tuerto, unos trabajadores que hacen un camino. El discurso es, primero, una oda al sistema soviético; el segundo, una condena; el tercero, un discurso neutro y descriptivo. ¿Cuál de los tres es el verdadero? Más que dar una respuesta, Lettre de Sibérie se vuelve autocrítica: una imagen vale más que mil palabras, si y sólo si esa imagen está enmarcada por una frase. Las tres secuencias, su repetición exacta y su reelaboración (como testimonio ora de triunfo de la justicia, ora de dictadura) muestran el elemento oculto del cine documental: la intencionalidad del realizador.
Otro aspecto de la película de Marker es la autoreferencialidad. La voz narrativa menciona una y otra vez lo que está sucediendo en pantalla. En una ocasión, anuncia lo que va a suceder y, no sólo eso, también lo define: es la escena de un tractor de alta tecnología (de entonces) y del tronco de un árbol antiquísimo, segundos antes de que aparezcan. Luego, dice la voz: “Y aquí está la toma que estaba esperando, la toma que ustedes estaban esperando, la escena ineludible de cualquier película que trate sobre un país en transformación: el contraste entre lo viejo y lo nuevo. A la derecha: un pesado camión de transporte: 40 toneladas; a la izquierda, un tronco de Telega, 110 kilogramos”.
Éste es un aspecto recurrente en el cine de Marker, por ejemplo, Sans soleil (Marker, 1983) empieza con lo que la voz denomina “la imagen de la felicidad” (unas niñas islandesas que caminan tomadas de la mano). La misma voz se declara impotente para montar la escena y concluye que la única toma que podría seguirle a esta perfecta representación sería un cuadro en negro. Entonces, la película pasa a negros.
Un tema lleva a otro sin mayor necesidad, no hay plan (o se quiere dar la sensación de que no lo hay), sólo un flujo de pensamiento, si no desordenado, sí digresivo, disperso, repetitivo. Todo se desenvuelve como una conciencia que expone públicamente su línea discursiva.
Publicidad, digresión, crítica y referencialidad se conjugan para crear otro aspecto de Lettre: el riesgo. El ensayista fílmico (dicho con toda justicia) establece un diálogo, no con una audiencia general, sino que interpela individualmente a cada espectador: “Te escribo esta carta desde una tierra distante” se repite como un mantra. Y con esta interpelación, el ensayista se arriesga.
La crítica al cine documental exige salirse de la película y hacer una investigación. Si se está recibiendo información y datos duros (aunque, recordemos, siempre hay una intencionalidad) no se pueden problematizar a menos que traigamos otros datos duros para contrarrestar lo que nos ofrecen.
El cine ensayo nos da los mismo elementos que ha tenido el realizador para crear sus preguntas y sus posibles respuestas, lo seguimos en su camino discursivo y, al ser tan abierto, al correr tan a tumba abierta por su argumentación, la hacemos nuestra y podemos reclamar que esa no es la mejor pregunta ni la mejor respuesta. Lettrede Sibérie es un diálogo y, como en cualquier conversación, podemos hacer caso omiso a lo que nos dicen, contradecir y jalar agua para nuestro molino.
Afortunadamente, Lettre de Sibérieestá completa en Youtube. La calidad es mala, aunque al ser una película tan potente, eso es lo último que importa.
Diana Martín, “En la ciudad sin ventanas, la gente sale a mirar”, Acuarela y grafito/Tela.
Escritoras para alimentar el #LeamosAutoras2014 #ReadWomen2014
Pedimos a los colaboradores del especial En reconstrucción: equidad de género que nos recomendaran obras, artistas de disciplinas distintas y heroínas varias para compartirlas con los lectores. El ejercicio entusiasmó a todos (se sumaron, además, algunos que otros voluntarios), porque en esta ocasión el placer es doble: referimos no sólo autoras y contenidos de muy buena calidad, sino también ideas, nuevos modelos y esfuerzos que contribuyen de forma gozosa a esta reconstrucción que propusimos con el especial, y que consideremos tan necesaria. Ojalá contagiemos el entusiasmo y ustedes también sumen las suyas a la conversación. Mientras tanto, ¡que disfruten las que aquí proponemos!
Magali Velasco Vargas: “Además de las autoras que se pasearon por el ensayo Por una política de ubicación. Canon femenino latinoamericano, ahora me son altamente significativas Annie Proulx (Estados Unidos, 1935) y Alice Munro (Canadá, 1931). Las novelas de Proulx, como Un as bajo la manga y Atando cabos, me impactaron por la selección de personajes y los paisajes donde ocurren estas historias de gente completamente común, despojados de magnificencia y a la vez iluminados por los instantes en los que la voz narrativa penetra y descubre lo bello y lo eterno. Proulx es de esta camada de narradores que se concentran en eso, narrar, contar historias que necesitamos seguir leyendo y que funcionan como espejos. Y Alice Munro es, oficialmente, mi maestra del cuento. Llegué recién a esta maravillosa canadiense que, dicho sea de paso, nació también el 10 de julio. Esta mujer de signo cáncer me tiene fascinada con el relato extendido, sostenido, interrumpido y retomado diez años después en la vida de sus personajes. Me interesa que esa gente de la que habla es contemporánea, vecina, sin grandilocuencias; me interesa de la prosa de Munro la continuidad en la narrativa, la sagacidad de su voz para comprender no ya el momento de un individuo y su situación, sino el tono de toda una vida. ¡Grandes ambas!”
Laura Lecuona:“La escritora británica Sarah Waters (Gales, 1926) es conocida sobre todo por su trilogía victoriana (Tipping the Velvet, Affinity, Fingersmith), novelas con algo de misterio, algo de humor y picaresca, situadas en la Inglaterra del siglo XIX y que, con una documentación histórica exhaustiva, giran alrededor de mujeres poco convencionales (en ellas desfilan desde una cantante y actriz de music-hall que se viste de hombre hasta una médium encarcelada). A éstas, convertidas las tres ya sea en miniserie de la BBC o en película, les han seguido The Nightwatch y The Little Stranger (de la primera ya hay adaptación televisiva y para la segunda hay planes). Son marca distintiva de Sarah Waters los giros absolutamente sorprendentes e inesperados de la trama. Sus seguidores más fieles llevamos cinco años esperando su siguiente novela, anunciada ya para el 4 de septiembre de 2014 con el título de The Paying Guests. Anagrama publica su obra en español”.
Verónica Murguía: “Mis gender benders favoritos son John Coetzee (Sudáfrica, 1940), por la creación de Elizabeth Costello, y Marguerite Yourcenar (Bélgica, 1903-Estados Unidos, 1987) por el emperador Adriano”.
Alejandra Espino:“Dorothy Parker (Estados Unidos, 1893-1967): Una autora que retrata con el humor más negro los dramas de los locos años veinte, Parker es capaz de capturar de manera deliciosa en sus cuentos pequeñas tragedias como la espera por la llamada telefónica de un romance o la ruptura de un liguero en plena fiesta. Una de las primeras escritoras con las que me identifiqué plenamente”.
Raquel Castro: “Elena Fortún, pseudónimo de Encarnación Aragoneses de Urquijo, (España, 1886 – 1952). Escritora especializada en literatura infantil y juvenil, en sus libros criticó sutilmente la asignación de los roles femeninos y masculinos, así como la manera en que se entendía la educación de los niños y niñas. Puede parecer poca cosa pero esta actitud “rebelde” escandalizó en su momento y, mejor aún, le sigue dando a sus libros un aire de frescura y actualidad que los vuelve indispensables todavía ahora, tanto tiempo después de su publicación inicial.
Poppy Z. Brite / Billy Martin (Estados Unidos, 1967). Narrador transgénero que explora en su obra diversas identidades sexogenéricas y preferencias sexuales sin caer en clichés o estereotipos”.
Brenda Navarro: “Elfriede Jelinek (Austria, 1946) escritora y feminista radical, Premio Nobel de Literatura 2004”.
Zazil Collins: “Mariana Bernárdez (México, 1964), poeta y ensayista. La primera poeta que leí a consciencia; su voz es cercana, en tanto su escritura va de la condición humana a lo oculto”.
Andrea López Estrada: “Kelly Link (Estados Unidos, 1969). Llegué a ella por recomendación de Verónica Murguía –lo cual ya dice mucho pues Verónica es maravillosa– y la amé. Me encantan los temas y las historias de Link y su lenguaje tan preciso. Para mí es, junto con Neil Gaiman, de los mejores escritores del género fantástico”.
Libia Brenda:“Ursula K. Le Guin (Estados Unidos, 1919), porque es escritora, humanista, feminista, muy inteligente, con un gran sentido del humor y un amor inmenso, y es también muy rigurosa, y le gustan los gatos. La llevo en mi corazón, muy profundamente”.
Alberto Chimal:“Aphra Behn (1640-1689), escritora británica, una de las primeras mujeres que se ganó la vida mediante la escritura. También se dedicó al espionaje para Carlos II de Inglaterra. Se sabe en realidad poco de su vida (aunque tiene una biografía apócrifa muy pintoresca, incluyendo viajes por mar y toda suerte de aventuras y vicisitudes), pero la obra que dejó prueba que fue, sin duda, una autora brillante. Escribió teatro, poesía y narrativa. Su novela El príncipe Oroonoko (1668), la historia de una pareja reducida a la esclavitud y llevada de África a América, es una maravilla.
Alice Sheldon (1915-1987), escritora estadounidense. Se dio a conocer con el seudónimo de James Tiptree, Jr., en revistas de ciencia ficción de su país en los años sesenta. Cuando sus cuentos comenzaron a volverse famosos, muchos, incluyendo varios colegas, insistieron en que no podían ser obra de una mujer (y se llevaron una gran sorpresa cuando ella reveló su identidad). Como Tiptree (y brevemente como Racoona Sheldon), escribió cuentos y novelas que introdujeron cuestiones de género en el mundo habitualmente machista de la narrativa especulativa.
Gabriela Rábago Palafox (1950-1995), escritora y periodista mexicana. Tuvo una muerte temprana pero alcanzó a publicar libros de cuentos, novelas, poesía y teatro. Entre ellos se destacan los cuentos de La voz de la sangre (1990) y Relatos de la ciudad sin dueño (1980), y las novelas Todo ángel es terrible (1981) y La muerte alquila un cuarto (1991). Es una figura de culto entre los interesados en la narrativa de imaginación y la policial, y en su obra se destaca, a la vez, una visión muy particular del mundo: lo extraño siempre revela los rasgos humanos más profundos”.
Óscar Luviano: “Creo que debe rescatarse la dolorosa narrativa de Katherine Mansfield, alias literario de Kathleen Beauchamp (Nueva Zelanda, 1888-1923), quien fue creadora en toda regla del cuento como lo entendemos en el Siglo XXI, del monólogo interior y de la saña con la que el siglo pasado castigó a las precursoras de la emancipación.
Verónica Murguía (Ciudad de México, 1960), ganadora del último premio SM España con su novela Loba, que reseñé en este mismo espacio, es una autora que ha hecho del amor por el lenguaje y la erudición minuciosa el centro de una propuesta sin igual en nuestras letras. Su narrativa es un continuo comentario sobre la nulidad de los roles de género, el rechazo a la violencia y el regreso al clasicismo como la única vanguardia que puede enfrentar estos tiempos de miseria y crueldad”.
Jazmina Barrera: “Recomiendo a Verónica Murguía, porque su narrativa histórica y fantástica es de un detalle y una dimensión emocional sorprendente. A Miranda July (Estados Unidos, 1974), por su sentido del humor y su prosa extraña. A Anne Carson (Canadá, 1950), porque es una verdadera orfebre del lenguaje y porque sabe traer mundos antiguos al presente con inteligencia y humor.”
Gabriela Damián: “Helen Oyeyemi (Reino Unido, 1984).Una narradora asombrosa, talentosa y sabia a pesar de su juventud (publicó su primera novela a los 18 años). Se ha caracterizado por reinventar su propia forma de narrar en cada libro, por superarse a sí misma. Es nómada incansable, tímida pero divertida, su narrativa es conmovedora, evocadora de los cuentos de hadas, pero muy moderna al mismo tiempo. Y se interesa por mantener una agenda anti sexista, novedosa y contundente, sobre todo con sus dos últimos libros: El Señor Fox y Boy, Snow, Bird”.
María José Gómez Castillo: “Selva Almada (Argentina, 1963), por su construcción de personajes en paisajes desolados, donde de pronto es posible el contacto. Inés Arredondo (México, 1928-1989), por su exploración de lo perverso, lo inaceptable, lo mórbido. Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria, 1977), por su sabiduría narrativa, capaz de lograr tanto la visión panorámica como el acento en lo minúsculo”.
Lilián López Camberos: “Josefina Vicens (Ciudad de México, 1911-1988). La descubrí recientemente y fue una revelación, no sólo por sus dos únicas y extrañas novelas, sino por lo que irradia sobre el oficio mismo de la escritura. Una escritora que entiende, que ilumina.
Katherine Anne Porter (Estados Unidos, 1890-1980). Una cuentista excepcional. Flowering Judas ha sido una de las experiencias más intensas que he vivido como lectora.
Nona Fernández (Chile, 1971). Nona es chilena y escribe ahora mismo, en esta época, pero su proceso de recuperación de la memoria histórica es admirable, punzante y de lo más pertinente. Además, es una de las escritoras más divertidas que hay”.
Erika Mergruen: “Mujeres queridas por ser grandes hacedoras de universos: Marguerite Yourcenar y Carson McCullers (Estados Unidos, 1917-1967)”
Miguel Lupián: “Haré trampa y daré no tres recomendaciones, sino tres clasificaciones donde quepan muchas más:
Las brujas: Inés Arredondo (1928-1989), Amparo Dávila (1928) y Guadalupe Dueñas (1920-2002) conforman un tridente obligatorio para todo aquél que quiera descubrir la literatura fantástica de nuestro país. Nunca lo terrible había sonado tan hermoso.
Las matrioskas: Liudmila Petrushévskaia (1938) y Anna Starobinets (1978) son dos autoras rusas que han transformado el cuento de hadas en algo más perturbador. Liudmila es considerada la madre de la literatura feminista rusa posmoderna por concederle voz y presencia a mujeres de diferentes ámbitos y estratos. Anna, por otro lado, es considerada “la Petrushévskaia de la nueva generación”, además de ser comparada con Stephen King, Neil Gaiman y Philip k. Dick.
Las autómatas: Muchas escritoras jóvenes mexicanas, incluidas en las antologías de Penumbria, me han sorprendido por su visión de lo fantástico y lo terrorífico. Iliana Vargas, Ana Martínez Casas, Nelly Geraldine García-Rosas, Paulina Monroy, Ana Paula Rumualdo, Mariana Esquivel, Alejandra Gámez, Libia Brenda, Gabriela Damián y muchas otras que mes con mes visitan la ciudad del otoño perpetuo”.
Historietistas
Alejandra Espino:“Powerpaola (Ecuador, 1977): La versión corta: esta historietista es una punk. La versión ligeramente más larga: esta actitud punk se traduce en un dibujo carente de complejos y en una honestidad abrumadora y envidiable. Virus Tropical, su novela gráfica, debería ser lectura necesaria”.
Laura Lecuona: “Feminista de la vieja guardia, humorista y dibujante sobresaliente, de 1986 a 2005 Alison Bechdel (Estados Unidos, 1960) documentó, a través de su divertidísimo cómic Dykes to Watch Out For, la vida (ficticia) de un grupo de amigas lesbianas en Estados Unidos, mucho antes de que nadie se atreviera a soñar con The L Word. Su gran salto a la fama, fuera de la cultura underground que la había admirado y celebrado desde un inicio, se debe a su multipremiada novela gráfica de memorias Fun Home. A Family Tragicomic (2006), dedicada a su padre, a la que siguió Are You My Mother?A Comic Drama (2012), centrada en su madre. En español se consiguen los libros de la tira cómica con el título Unas bollos de cuidado bajo el sello de Egales, y las novelas gráficas bajo el de Random House”.
Rafael Villegas: “Tres narradoras gráficas fundamentales en la actualidad. Las tres han abordado la memoria, la identidad y el discurso autobiográfico en al menos una de sus obras:
Alison Bechdel (Pensilvania, EUA, 1960) narra en Fun Home (2006) un doble descubrimiento: su homosexualidad y la de su padre. Vale la pena conocer el llamado Test de Bechdel para identificar historias machistas.
Marjane Satrapi (Rasht, Irán, 1969) irrumpió en el panorama de la historieta francófona con su afamada Persépolis (2000-2003), una autobiografía en la que cuenta su vida bajo el régimen fundamentalista de la república islámica de Irán.
Rutu Modan (Tel Aviv, Israel, 1966) publicó en 2007 seis memorias gráficas en el New York Times para un blog visual titulado Mixed Emotions. Modan narra en estas seis historias algunos episodios de su vida en relación con su familia”.
Raquel Castro: “Terry Moore (Estados Unidos, 1954) es un artista gráfico que, como muchos otros comiqueros, suele tener como protagonistas de sus historias a mujeres. Lo que lo hace especial es que sus personajes femeninos no sólo son protagonistas de las historias, sino que, además, son inteligentes, hábiles, rebeldes y, pese a ello, vulnerables”.
Andrea López Estrada: “Alejandra Espino. Que una mujer haga comics es notorio pues no hay muchas, pero el trabajo de Ale Espino es maravilloso por sus temas y sus trazos. Su estilo es ella totalmente: femenino, inteligente, estético y encantador”.
Conservacionistas
Verónica Murguía: “Las mujeres que son mi ejemplo de valor y generosidad son las tres primatólogas conocidas como Los ángeles de Leakey: Dian Fossey (Estados Unidos, 1932-1985), estudiosa de los gorilas africanos; Jane Goodall (Reino Unido, 1934), la protectora de los chimpancés y Biruté Galdikás (Alemania, 1946), la de los orangutanes. Tres vidas de trabajo en situaciones sumamente precarias: la selva y el aislamiento en países pobres y machistas. Una de ellas asesinada por su oposición a la caza furtiva (Fossey) y las tres con un legado científico y moral incuestionable”.
Crítica y medios
Laura Lecuona: “Anita Sarkeesian (Canadá, 1984) es una joven feminista que desde su videoblog, Feminist Frequency, se dedica a desmenuzar la cultura popular y denunciar la misoginia presente en el cine, los juguetes, la publicidad, los cómics, los videojuegos… Es famoso, por ejemplo, el video en el que muestra cómo Lego pasó de ser un juguete unisex a ser un juguete para niños (pero con una condescendiente y color de rosa versión para niñas). Por haber criticado la representación de las mujeres en los videojuegos, en 2012, Sarkeesian fue blanco de una violenta campaña de odio y acoso sexista por internet”.
Libia Brenda: “Maria Popova (Bulgaria, 1985), porque difunde y promueve contenidos que enriquecen la vida; porque entiende que lo colectivo es mejor que lo particular; porque es posmoderna, hace labor en internet y comparte sus pasiones”.
Alejandra Espino: “Janelle Monáe (Estados Unidos, 1985). La artífice de un universo afrofuturista que me tiene más que fascinada, Monáe es una de las artistas pop más interesantes que hay actualmente. Colaboraciones exquisitas, un sonido al mismo tiempo consciente de su linaje histórico musical y furiosamente contemporáneo, y una imagen que cuestiona los estereotipos de género, la Dama Eléctrica es alguien que tiene que escucharse. Muchas veces.”
Elssie Ansareo: “Recomiendo a Louise Bourgeois (Francia, 1911-2010) a través de algunas de sus ideas:
‘No es tanto de dónde proviene mi motivación sino cómo se las arregla para sobrevivir.’
‘Un artista puede mostrar cosas que otras personas están aterradas de expresar.’
‘Para ser un artista necesitas vivir en un mundo de silencio.’
Y también a Frida Kahlo (Ciudad de México, 1907-1954): ‘Qué haría yo sin lo absurdo y lo fugaz’.
Andrea López Estrada: “Liliana Ang (Ciudad de México, 1983). Una gran artista plástica cuya base es el mundo femenino, pero que también trabaja temas como la otredad a diferentes niveles (quizá porque su abuelo paterno emigró de China a México). En la obra de Liliana se pueden apreciar diversos aspectos de su vida, sus inquietudes, sus alegrías…”
Elizabeth Del Pino Otalora: “Annette Messager (Francia, 1943), artista visual. Los materiales que utiliza, telas, vestidos, juguetes, dotan de una mirada aguda el día a día. La infancia y el ser mujer se vuelven un viaje extraordinario e inquietante.
Sophie Calle (Francia, 1953), artista visual. A ella la admiro porque a través de sí misma construye todo su corpus artístico. Al exponer su vida la convierte en creación. Pone en relieve todos esos sentimientos humanos y al mostrarlos, yo sé que no estamos solos”.
Zazil Collins: “Anne Waldman (Estados Unidos, 1945), poeta beat. Su trabajo brota de la meditación, pero sobretodo de la oralidad popular, tan es así que fundó en Nueva York el sello discográfico Fast Speaking Music, donde experimenta con la electrónica, el noise y la voz, tanto en poética como con la de otros artistas. En los 80 fue un potencial ícono pop.
Mona Hatoum (Líbano, 1945), artista visual y plástica. Me impacta su trabajo con el cuerpo humano, sobre todo con el cabello y las fibras naturales, pues con ellos representa los indescriptibles desprendimientos vitales”.
Verónica Murguía “Mi artista plástica —pintora— viva favorita es Cecily Brown (Reino Unido, 1969)”.
Erika Mergruen: “Remedios Varo (España, 1908-1963), quien me mostró caminos nuevos por recorrer”.
Fotografía
Elssie Ansareo: “Cito a quienes han influido en mi trabajo:
‘Mucha gente cree que el arte de la fotografía es acerca de la manera cómo lucen las cosas, o sobre su superficie. No se trata de la forma. En realidad es acerca de relaciones y sentimientos… No es trata de un estilo, una mirada o la composición. Es acerca de la obsesión emoción y la empatía’. Nan Goldin (Estados Unidos, 1953)
‘¿Estoy en la foto? ¿Estoy saliendo o entrando en ella? ¿Podría ser un fantasma, un animal o un cadáver, y no sólo esta chica parada en la esquina?’ Francesca Woodman (Estados Unidos, 1958-1981)”.
Cine
Brenda Navarro: “Andrea Arnold (Reino Unido, 1961), directora de Fish Tank (2009), revisión sin concesiones del desarraigo adolescente”.
Ana Paula Rumualdo: “Marina de Van (directora francesa) y Claire Denis (cineasta francesa)”.
Ana Teresa Hernández: “La suerte de Emma (Sven Taddicken, Alemania, 2006) es una película acerca de la vida de una mujer de campo que vive sola en una granja porcina. Tiene un personaje principal femenino que muestra fuerza física y sensibilidad, es compasiva sin caer en los clichés de mujeres delicadas y tiernas”.
Dramaturgia
Elizabeth Del Pino: “Ximena Escalante (Ciudad de México, 1964). Quisiera oír más sobre dramaturgas mexicanas. La manera extraordinaria de Ximena Escalante de llevar un personaje a sus historias no dichas y tal vez aún no imaginadas. Abre mundos y percepciones nuevas. Para mí eso hace una artista, crear sensibilidades nuevas”.
Libros
Ana Teresa Hernández:“Kitchen, la famosa novela de la japonesa Banana Yoshimoto (Japón, 1964). En medio de una tragedia y del duelo que sigue a la muerte, Mikage Sakurai, la mujer central de la historia, logra desarrollar vínculos de amor con otras personas y consigo misma. Es una novela de la cotidianidad con personajes poco comunes dentro de la literatura más canónica.
The Group (El grupo), de Mary McCarthy (Estados Unidos, 1912-1989). La novela narra las vidas de ocho amigas recién graduadas de la universidad, en la década de 1930, poco después de la depresión en EEUU. Es interesantísimo ser testigo de sus procesos y conclusiones respecto a su transición hacia la vida adulta”.
Jorge Téllez:“Ensayos, deNatalia Ginzburg (Italia, 1916-1991), disponible en editorial Lumen; El baile, de Irène Némirovsky (Ucrania, 1903-1942), editorial Salamandra y Fiat Lux de Paula Abramo (Ciudad de México, 1980) publicado por Tierra Adentro”.
Óscar Luviano: “Neil Gaiman nos dio con su Un Juego de ti (quinto volumen de la monumental novela gráfica The Sandman) una de las apuestas más arriesgadas en el ámbito del cómic industrial sobre la identidad de género. Wanda es una de las heroínas que debe pervivir por los siglos de los siglos mientras exista carmín en el mundo”.
Heroínas varias
Libia Brenda: “Diana Kennedy (1957), porque es una excelente cocinera, a juzgar por sus recetarios; porque a pesar de ser de Inglaterra conoce México mejor de lo que cualquiera conoce su cuadra; porque promueve la gastronomía de verdad y tiene una vitalidad a toda prueba; porque defiende los ingredientes nativos y combate el consumismo la vacuidad en las cocinas profesionales. Porque guisa y la comida es, para mí, uno de los pilares del mundo”.
Ana Paula Rumualdo: “Pilar Pedraza (escritora española), Marjane Satrapi (historietista), Betty Friedan (feminista estadounidense)”.
Gabriela Damián: “Mary Beard (Reino Unido, 1955). Es una profesora de cultura clásica, erudita, divertida, amable, y toda una vieja sabia, y por lo tanto, una controversial figura mediática: no se pinta las canas, ni se esfuerza en aparentar que es más joven. Su perspectiva sobre el mundo antiguo, particularmente de la cultura griega y romana, es inédita, refrescante y cercana, interesada por encontrar un ángulo que involucre más en la Historia a las mujeres como parte de esa herencia universal”.
Andrea López Estrada: “Quiero y admiro el trabajo de Verónica Murguía y Jazmina Barrera como escritoras; Covadonga Bon en la locución; Renee Mooi, Elis Paprika y Mon Laferte en la música; a Cecilia Beaven, Camille Martin y Gimena Romero en la plástica; el trabajo de Paola Llanos como diseñadora y curadora; Cecilia Pego, ilustradora; Lucero Sáenz y Roxi como tatuadoras; Miss Pana como DJ… entre varias más”.
Paulina Rivero Weber : “Sor Juana Inés de la Cruz, Lou Andreas Salomé, Rosa Luxemburgo, Toni Morrison, Alfonsina Storni, Olga Chams (poeta colombiana)… entre muchas otras”.
El camino hacia el desamor está lleno de eternas promesas incumplidas entre dos personas que en algún momento pensaron que dichos castillos en el aire eran posibles. La culpa no es de uno, como pareja ambos se convierten en víctimas del ímpetu que provoca el enamoramiento y de la caída inevitable que se tiene cuando la única base de dicho embrujo es un plano inacabado de un futuro compartido.
De esto habla “De bestias, criaturas y perras”, obra de Luis Enrique Monasterio (LEGOM), quien con su característico humor negro abarca tres diferentes momentos de una relación que termina por disolverse. Si el texto es ya de por sí garantía de calidad teatral, la puesta en escena a cargo de “Le Mirror qui Fume” y “La bolita cie” es un deleite.
Se estrenó hace tres años en Francia y fue creada por artistas mexicanos residentes en dicho país, llegó hasta nosotros gracias al apoyo de CONACULTA y el FONCA, con una breve gira que incluyó a mediados de este mes a Yucatán, la semana pasada al Distrito Federal y culmina ―al menos en México― con dos presentaciones en Guadalajara, el día de hoy y mañana en el teatro Vivian Blumenthal, para continuar su camino hacia Portugal.
La dirección de Giovanni Ortega resulta, sin temor a exagerar, brillante: la elección correcta de la música en momentos decisivos del texto, la proyección en video de algunos instantes cotidianos de la vida en común y la imagen de La Sagrada Familia logran momentos verdaderamente emotivos. Pero sin duda las actuaciones de Paola Córdova y Manuel Ulloa Colonia destacan por la profundidad con la que logran adueñarse de los personajes, se convierten en un huracán que deja al público completamente conmovido ante lo que LEGOM describió como “…amor en sus términos originales, cuando todavía daba terror a un hombre sentir cómo el vientre se le volcaba ante la bestia amada…”
Es una lástima que tenga tan pocas funciones en nuestro país este tipo de teatro, comprometido, bello y capaz de revolver las entrañas, creado por personas talentosas y dignas representantes de nuestro quehacer escénico en Europa, a las que, me consta, les ha costado mucho trabajo abrirse camino en tierras tan lejanas. Un teatro que por cierto, no está de más señalar, ha sido acogido con éxito por los franceses, como Michel De Peyret, periodista del Nouvelle République, quien lo cataloga como lleno de elegancia, universal y entrañable.
Larga vida a esta puesta en escena es mi deseo, que llegue a muchos espectadores de México y Francia y que a todos toque.
Los boletos para las dos únicas funciones en Guadalajara están disponibles en taquilla.
$150 General, $120 descuento y $100 a grupos a partir de 5 personas.
Por otro lado, este año, por segunda ocasión, algunos dramaturgos, directores, investigadores y gente de teatro han recabado firmas para que se le otorgue a LEGOM el premio Juan Ruiz de Alarcón, reconocimiento que se da anualmente a un artista por su trayectoria en las letras y/o aportación a la dramaturgia mexicana. Para poder ser candidato es necesario que una escuela o institución postule al creador en cuestión y, claro, que tenga un trabajo de calidad que lo respalde.
De nueva cuenta, la polémica no se hizo esperar y surgieron posturas a favor y en contra de la iniciativa. ¿Por qué un sector del gremio teatral está tan interesado en que LEGOM reciba el premio?
La respuesta es muy sencilla: porque se lo merece, porque es un autor en toda la extensión de la palabra, traducido a más de tres idiomas, porque promueve arduamente a escritores jóvenes y porque es bien sabido que su salud es endeble y el monto que otorga el premio ayudaría a cubrir los gastos del trasplante de riñón que necesita para prolongar su vida.
Seamos honestos, LEGOM tarde o temprano será merecedor de tan importante reconocimiento, la cuestión aquí es que él no tiene tiempo para el “tarde” y sería un digno acto de compañerismo que todos ayudáramos para que se convirtiera en un “temprano”.
Aún sigo sin comprender cómo se puede caer en una discusión tan egoísta cuando la vida de un artista que ha aportado mucho al Teatro está en juego.
¿No se supone que todos tiramos del mismo lado de la cuerda?
Ojalá y en el mes de mayo cuando se publiquen los resultados tengamos una grata sorpresa.
La palabra contra el silencio. Elena Poniatowska ante la crítica
No son pocos, lamentablemente, quienes le escatiman méritos literarios a Elena Poniatowska (París, Francia, 19 de mayo de 1932). Varios salieron a relucir en cuanto se dio a conocer que ella había obtenido el Premio Cervantes y lo confirmaron la semana pasada cuando se le entregó en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, al norte de Madrid. Me parece que esa actitud de menospreciar la obra de Poniatowska se debe a múltiples factores: para empezar, a que es mujer y el prejuicio de que una mujer escriba y gane premios aún es lastre en nuestro machista ambiente literario, pues no recuerdo tal magnitud de protestas cuando le concedieron el mismo premio a un escritor tan menor como Sergio Pitol. Y por otra parte, a que es periodista y no “escritora”, a que el género preponderante en que se desarrolla no es literario, de manera que con eso quieren anular también su narrativa (un poco como quienes diferencian “escritor” de “periodista” como si los periodistas no escribieran también).
Otra razón de peso entre quienes le regatean a Poniatowska su lugar en la literatura mexicana, es que sus opiniones políticas, su declarada militancia de izquierda, su activismo en contra de las desigualdades e injusticias que viven muchas minorías pesan más que su obra literaria. Es por eso que para responder a esas críticas extraliterarias, circunstanciales y viscerales, es fundamental leer este libro compilado por Nora Erro-Peralta y Magdalena Maiz-Peña, La palabra contra el silencio publicado dentro de la colección de escritores ante la crítica en la que también se han preparado tomos sobre José Emilio Pacheco, Augusto Monterroso, Juan Rulfo, Carlos Monsiváis, Octavio Paz y otros. En este, dedicado a compilar ensayos sobre la obra de Poniatowska, escriben José Joaquín Blanco, Gabriela Cano, Margo Glantz, Sara Poot, Marta Lamas, Héctor Manjárrez, José Emilio Pacheco, Octavio Paz, Sara Sefchovich y con textos muy escuetos Sergio Pitol y Juan Rulfo, entre otros.
De esa manera, todos juntos, echándonos montón, como decimos habitualmente, nos develan en estas páginas los aciertos y virtudes de la obra de Poniatowska. En total son treinta y ocho ensayos los que componen La palabra contra el silencio. Las compiladoras los han dividido en cuatro apartados y afirman que en ellos hay “una pluralidad de modelos críticos” que muestran “una atrevida interrogación socio-cultural, política y literaria de su obra [de Poniatowska]”. Así, Blanco y Manjárrez escriben los mejores ensayos, el primero sobre cómo desde sus primeras obras ya se veía la obra futura de la Poniatowska que admiramos en este fin y principio de siglo, dice; el segundo, asegura que es “una escritora de primera línea” y cómo muestra al lector hechos sociales invisibilizados por la historia oficial. Por su parte, Lamas y Cano se enfocan en la parte feminista, fundamental aunque no única en la obra de Poniatowska. Se ha consensuado que en su obra existen diversos registros y tonos, propios de una narradora tan versátil, pues Poniatwska ha registrado el habla popular, con sus coloquialismos y su sintaxis característica, pero aún así se reconoce más en Juan Rulfo y Juan José Arreola, y se niega en los casos de las mujeres, como Elena Garro y Poniatowska. Por si fuera poco, el reciente reconocimiento de la crónica como género literario en parte se debe gracias a la obra de Poniatowska, junto con la de Novo, Monsiváis y José Joaquín Blanco.
También se ha dicho que Poniatowska les ha dado un lugar privilegiado a las mujeres en su obra. Lo cierto es que, contrario a lo que su detractores han hecho, ella ha escrito libros sobre las vidas y obras lo mismo de hombres que de mujeres fundamentales para nuestra cultura: sobre la primera esposa de Diego Rivera, la pintora Angelina Beloff, escribió Querido Diego, te abraza Quiela (Era, 1978); a Tina Modotti dedicó Tinísima (Era, 1992); sus Siete cabritas (Era, 2000) son Nellie Campobello, María Izquierdo, Rosario Castellanos, Nahui Ollin, Frida Kahlo, Elena Garro y su tía, la poetisa Pita Amor; así como en años más recientes se ha dedicado a la fotógrafa Mariana Yampolsky, al caricaturista Miguel Covarrubias y a la pintora Leonora Carrington. Sin embargo, los más recordados han sido Juan Soriano, niño de mil años (Plaza y Janés, 1998) y Octavio Paz, las palabras del árbol (Plaza y Janés, 1998). Recientemente, Poniatowska publicó El universo o nada (Seix Barral, 2013), una biografía de quien fuera su esposo, el astrofísico Guillermo Haro, quien ya había aparecido como personaje en su novela La piel del cielo, con la que recibió el premio Alfaguara en 2001. Y actualmente escribe la biografía de Lupe Marín, la segunda esposa de Diego, luego de Jorge Cuesta y musa de Juan Soriano.
Seguramente se recordará el capítulo del Quijote en que le roban el burro a Sancho y que por artes inexplicables reaparece capítulos más adelante, pues hasta el mismísimo Cervantes se perdió en el laberinto de su novela. Pues bien, nosotros lectores del siglo XXI ahora sabemos quién se lo robó. En su discurso de aceptación del premio Cervantes, Poniatowska se llamó “la Sancho femenina” y por esas palabras el caricaturista Pedro Sol de El financiero le hizo este cartón.
El viernes veinticinco de abril el Kúndul Café, ubicado en la calle Matamoros a espaldas del Teatro de la Ciudad, en la zona conocida como Barrio Antiguo, en Monterrey, fue sede del primero de cinco ciclos de lectura que se llevarán a cabo en distintos espacios culturales de la ciudad. El motivo de estas lecturas es la presentación progresiva de las autoras publicadas en el primer número de la revista independiente Cosmonauta, proyecto trimestral a cargo de la diseñadora, editora y poeta Ingrid Bringas.
Para esta primera edición, cuyo tiraje contó con el apoyo de CONARTE, sólo se publicaron a mujeres creadoras, “porque hace falta leer a las autoras…”, dijo Bringas. El evento estaba programado, según Facebook, a las siete de la tarde pero aprovechando que andaba cerca llegué una hora antes. Kúndul Café ya bien conocido por su apertura como espacio cultural cuenta con un amplio espacio aún en desarrollo. Se entra por un pequeño pasillo principal que diverge a la derecha en un cuarto con cojines y muebles repletos con libros de distintos géneros a disposición de los comensales. A la izquierda hay un cuarto más amplio con mesas en donde por lo general se lleva a cabo la periódica Noche Roja, un evento de literatura erótica donde los participantes pueden exponer obra propia o de sus autores favoritos. Por este cuarto amplio o siguiendo derecho por el pasillo principal se llega al patio abierto, que por sus dimensiones es apto para presentaciones frente a un público. Donde, de hecho se llevó a cabo la lectura de Cosmonauta. Adjunto al patio está otro pequeño cuarto delimitado sólo por columnas desde donde también se podía apreciar a la perfección la tarima de madera donde se colocaron cinco sillas y micrófonos para las participantes. Frente a la tarima se colocaron unas cuantas sillas (veinticinco o treinta) que poco a poco se fueron llenando. Como en cualquier lugar de Monterrey, los precios son altos, una limonada con hierbabuena cuesta treinta pesos, pero el bueno sabor y el buen tiempo hicieron valer el antojo.
La lectura comenzó aproximadamente a las siete y cuarto, en lo que se acomodaban las exponentes y llegaba más público. Fluyó amena, sin más contratiempos que una paloma bombardera que afortunadamente no infringió demasiado daño. Abrió el evento Ingrid Bringas. Agradeció la asistencia, el apoyo de CONARTE y explicó la dinámica: cada participante tendría diez minutos para leer. Entonces dio pie a la primera autora, la doctora Lorena Martínez, que leyó un capítulo de su novela Polaris, recientemente publicada. De corte juvenil y fantástico, la lectura se centró en la función que distintos tipos de hadas desempeñan en el mágico universo literario; la historia se desarrolla en la lejana estrella Polaris. La siguiente fui yo, mi participación consistió en la lectura de un breve ensayo sobre el arte, algunos poemas y una canción. Posteriormente, tomó la palabra Isadora Montelongo con dos cuentos: Iluminada que habla sobre la enajenación que recae sobre los individuos que buscan la trascendencia y Soy robot. Ambos cuentos satirizan algunos de los clichés implicados con el ser creador y mujer, los cuales provocaron agradables risas del público y demás expositoras. Luego siguió Nora Lizet Castillo que compartió con nosotros algunos “poemas cursis”, como ella misma los llamó, y para terminar leyó Laura Fernández, coeditora de la Regia Cartonera, editorial artesanal, ecológica e independiente que de hecho pronto cumplirá cinco años de haber nacido en este valle. Laura compartió su cuento titulado Escarlata, que fue muy bien recibido, como los relatos de Isadora, por su bien logrado humor que tentó el decoro de varios por no soltar la carcajada.
A eso de las ocho y treinta, todavía con algo de luz, se dio por finalizada la presentación. Ingrid agradeció a las expositoras y a los asistentes, y después de la obligada foto para el recuerdo cada quién intercambió felicitaciones y saludó colegas que formaban, como en casi todos los eventos culturales en la ciudad, la inmensa mayoría (por no decir absoluta mayoría) del público. Había otros comensales, después de todo el evento únicamente ocupaba el patio, pero no parecían muy interesados.
Asistir a lecturas y presentaciones de libros es necesario, no por el apoyo moral a los colegas (que también es bien recibido) sino como parte del trabajo y del interés por la vocación. También es necesario acudir a éstas con el fin de crear vínculos de trabajo y difusión, fundamentales sobre todo para solucionar la ausencia de puentes de contacto con el público en general. Después de todo, la literatura debería ser una herramienta/placer/divertimento útil y necesaria para todos y al alcance de todos. Afortunadamente existe el Internet, que si bien es un territorio aún restringido para la mayoría a nivel nacional, es la herramienta de uso cotidiano de un inmenso público en potencia y de muchos productores culturales contemporáneos. Como suelo repetirme a mí misma cuando la cantidad de asistentes a un buen evento cultural resulta un tanto desalentadora: existen público y obra que, parafraseando a Julio Cortázar, andan sin buscarse pero andan para encontrarse.
Sólo me queda decir: ánimo en el fomento y construcción de esos puentes de unión entre el público y el arte y suerte a Ingrid con la revista Cosmonauta, ojalá tengan un largo viaje.
Aquí el cartel con información de las siguientes lecturas y el facebook de Cosmonauta: