Soñé que Georges Perec tenía tres años y visitaba mi casa.
Lo abrazaba, lo besaba, le decía que era un niño precioso.
Roberto Bolaño
La cámara oscura es un libro que contiene 124 sueños de Georges Perec, escritos entre mayo de 1968 hasta agosto de 1972, cuatro años de transcripciones oníricas sobre situaciones absurdas o banales. Tener acceso a los sueños de Perec debiera, en teoría, darnos un acercamiento a su vida –si pensamos en los sueños como metáforas de la realidad– o su psique –sería un error suponer que basta una mera comparación del sueño con la vida despierta para evidenciar la relación existente entre ambos, dice Freud en su canónica interpretación.
No. 52
Febrero de 1971
A la orilla del mar
Fue un relato rico en peripecias. Transcurría cerca de Niza, a la orilla del mar. Quizás en Menton. Era sobre Alain Delon, o sobre un amigo de Alain Delon. Cené en un restaurante cuyo dueño conocía a mi tío. Más tarde, quise volver; llamé por teléfono pero, finalmente, no reservé. Mi tío, recuerdo que de modo bastante seco, me lo reprochó, no sé por qué, quizás porque no le dije nada al respecto. He vuelto a París en un vehículo fantástico, ultra-moderno, muy de ciencia ficción. Me acuerdo de las ventanillas panorámicas. Velocidad vertiginosa.
Entonces, si juzgamos como génesis de los sueños las combinaciones entre realidad y psique, podríamos hablar de La cámara oscura como un lugar entre las situaciones y los símbolos y, por tanto, interpretarlo significaría buscar procurarles un sentido –sustituirlo por algo que pueda incluirse en la concatenación de nuestros actos psíquicos como un factor de importancia y valor equivalentes a los demás que la integran, escribiera Freud. Ya sea que los sueños tengan como propósito la manifestación de pulsiones ocultas del inconsciente (Freud), o que tengan una función compensatoria (Jung), lo cierto es que ambas visiones dependen del análisis de los símbolos –el vehículo fantástico, ¿qué representa? Y más aún: ¿qué representa en relación con el resto?
Si pudiéramos movernos en dicha dimensión, si fuéramos expertos en Freud y Jung o, al menos, estudiosos de la vida y obra de Perec, dicho marco nos permitiría concatenar signos, hablar entonces de la condición de ser judío para Perec, de su afición por los pechos lindos –Perec y la mujer–, del absurdo y un largo etcétera.
Esto, sin embargo, no es materia común para el lector –descifrar la fenomenología de la psique y los hechos–, por lo que el libro se convierte en material de estudio para los que sí son capaces de hacerlo. Para el resto de nosotros, el texto resulta en un ejercicio, otro de los tantos que Perec, junto con Queneau y Calvino, propusieron. Hay que ser honestos: ser lectores de un sueño es brutalmente aburrido.
Perec advierte en el prefacio que, al transcribir los sueños, quedaron demasiado escritos. ¿Habría que juzgarlos, entonces, como cuentos o breves relatos? No, dado que el acto narrativo es inexistente y uno se acerca al libro como se accede a un registro –¿qué tipo de interés me supone un texto a cuya lógica no tengo acceso? El autor responde: “mi experiencia de soñador se convirtió, de forma natural, en nada más que la experiencia de escribir: ni revelación de símbolos, ni ruptura del sentido, ni esclarecimiento de la verdad (aunque me parece que, muy en el fondo de aquellos textos, queda constancia del camino recorrido, de una búsqueda a tientas), sino el vértigo de poner lo que fuera en palabras, la fascinación de un texto que parecía producirse por sí solo”.
En la dimensión que corresponde –como experimento, como género híbrido– Cámara oscura es una lectura placentera, con notas propias del humor de Perec aquí y allá. No deja, sin embargo, de presentar retos: el texto conlleva una serie de instrucciones que permiten su recorrido –de ahí el epígrafe de Harry Mathews: porque el laberinto no conduce a ningún lado, salvo al exterior de sí mismo. Las primeras páginas dan la guía: el uso de la sangría determina un cambio en el espacio del sueño, los cambios tipográficos como las itálicas apuntan un elemento significativo, etcétera. Perec incluso señala las omisiones voluntarias con el signo “//”[1]. El apéndice, por su parte, permite la clasificación de los temas –u obsesiones– recurrentes a lo largo de esos cuatro años.
La contraportada señala que “Perec estaba convencido de que todo el mundo significativo está hecho de sueños”. Esta aseveración es difusa, si se contrasta con lo que el propio Perec dijo del libro más adelante:[2] “Ya casi no me acuerdo de que fueron sueños; no son ya más que textos, estrictos y turbios, enigmáticos para siempre, incluso para mí que no sé ya muy bien qué rostro asociar a qué iniciales, ni qué recuerdo diurno inspiró secretamente qué imagen desvaída, de la que las palabras impresas no volverán a dejar, ya fijadas para siempre, más que una traza opaca y limpia a la vez”.
Fuera toda metáfora e imagen, La cámara obscura se compone de cotidianidad y absurdo. Como tal, es una lectura prescindible entre tantas otras opciones que Perec tiene para nosotros.
[1] ¿Por qué? Tal recurso funciona para hacer hincapié en eso que no se comenta, lo oculto, lo –probablemente– importante, una manera más de hacer evidente que la idea de transcripción –por definición, una copia o registro fiel de un discurso o situación– es un artificio que, más bien, responde a la voluntad del narrador.
Este jueves 8 de mayo, a partir de las 19:30, inicia la quinta edición de La Feria del Libro Independiente en el Centro Cultural Bella Época. Aquí los detalles.
Para celebrar su primer lustro, la Feria del Libro Independiente ha decidido ampliar su catálogo editorial (ochenta casas) y sus actividades culturales (casi setenta), entre las cuales cabe mencionar la nueva serie de mesas de debate, talleres y diálogos entre autores y asistentes que se extenderá a lo largo de veinte.
Al festejo se suman el ya octogenario Fondo de Cultura Económica, LOM Ediciones (dirigida por Paulo Slachevsky, la primera editorial extranjera que participa en la FLI) y un amplio número de escritores reconocido, entre ellos Mario Bellatin, Tedi López Mills, Francisco Hinojosa y Sandra Lorenzano.
Bajo el lema de “Lo marginal al centro”, esta edición de la Feria del Libro Independiente busca dirigir la atención del público hacia casas editoriales perimétricas y divergentes. Sirva de ejemplo la presencia de la editorial Eloísa Cartonera, presidida por el poeta argentino Santiago Vega (alias Washington Cucurto).
Pueden checar el calendario de actividades por acá:
Fotografía de Pueblo Bicicletero, por Odvidio Reyna.
El Área Metropolitana de Nuevo León comprende los municipios de Monterrey, Guadalupe, Apodaca, San Nicolás, San Pedro, Santa Catarina, García, Juárez y Escobedo. En estos municipios se concentra la mayoría de la población urbana y las fábricas, empresas e instituciones gubernamentales, privadas y educativas más importantes en el estado. Las continuas “mejoras” y reparaciones de las vialidades (que al final son más bien los “cochinitos” de los gobernantes en turno), más el intenso tráfico que se vive casi a cualquier hora son factores de estrés y demás padecimientos citadinos. La ciudad es un caos que nada tiene que ver con el canto glorioso a la urbe que hacían los estridentistas a principios del siglo XX, con aquello de: “Oh ciudad toda tensa / de cables y de esfuerzos, / sonora toda / de motores y de alas”. En este escenario un Colectivo llamado Pueblo Bicicletero (mote que comúnmente expresa de manera despectiva que una ciudad no vive en desarrollo, pero que ahora, de manera ingeniosa, se le da una vuelta de tuerca) se ha montado en dos ruedas y ha salido a las calles para reclamarlas e integrarse en ellas, buscar vías alternas ante la desesperación urbanística de una ciudad que a gritos pide ser reestructurada.
Aquí presentamos una entrevista realizada al Colectivo Pueblo Bicicletero.
Odvidio Reyna: ¿Qué es Pueblo Bicicletero? ¿De dónde nace? ¿Quiénes están detrás del proyecto?
Pueblo Bicicletero: El origen de Pueblo Bicicletero se dio en el 2do Festival de la Tierra organizado por el Colectivo La Bola. Luego, integrantes del Colectivo Frontera Cero convocaron, el 26 de abril de 2009, a una Protesta Rodante con el fin de manifestarse contra la falta de áreas verdes en la ciudad, para conseguir reducir la contaminación, espacios libres de autos, infraestructura para peatones y ciclistas, educación ecológica… ¡por una ciudad sustentable! A partir de esta pedaleada nació el interés de formar un colectivo para promover la bicicleta como un medio de transporte sustentable, a hacer ‘bicibles’ a los invisibles en ciudades construidas para el automóvil. Pedalear por el respeto a la vida, por una ciudad incluyente, por una movilidad sustentable. Somos un colectivo ciudadano y trabajamos en diversas trincheras de forma voluntaria. Somos arquitectos, biólogos, mecánicos, maestros, estudiantes, diseñadores, madres y padres; detrás del proyecto nos encontramos ciudadanas y ciudadanos sensibles a la realidad de nuestro entorno, interesados en hacer de Monterrey una ciudad más accesible.
OR: ¿Cuáles son sus objetivos?
PB: Promover el uso de la bicicleta como medio de transporte y realizar acciones para tener una movilidad sustentable en el Área Metropolitana de Monterrey (AMM).
Generar reflexiones, aprendizajes colectivos y cambios en el uso del espacio público, particularmente de las vialidades.
Aprender a compartir y respetarnos entre todas las personas que nos trasladamos por el AMM, ya sea en vehículos motorizados y no motorizados.
OR: ¿Cómo ven la ciudad desde la bicicleta?
PB: Cuando uno anda en la bici se mantiene en movimiento, en equilibrio. Por lo tanto, se busca que esa inercia se transmita y sea inherente al espacio por el que se mueve. En bici vemos a un Monterrey activo, en proceso de regeneración, o podría decirse de “resiliencia”. Cambiamos de piel para evolucionar en una ciudad más sana, accesible e incluyente.
OR: ¿Qué necesita Monterrey para que haya una mejor convivencia vial?
PB: Como habitantes: sentirnos, escucharnos, acompañarnos. Necesitamos salirnos de nuestra burbuja de metal y concreto y vivir las calles, intercambiar lugares para comprendernos, ser en momentos automovilistas y en otros tiempos también peatones, bicicleteros, gente en transporte público. Cuando pensemos cómo cubrir dignamente el derecho y necesidad de movilidad de mujeres, hombres, familias, ancianos, niños, de todos, entonces aprenderemos a compartir la calle. Pero no podemos hacerlo si no va de la mano con mejoras integrales en nuestra ciudad. Es por eso que es preciso implementar programas de cultura vial, respetar el derecho al espacio público que es de todos y crear o adecuar infraestructura para diferentes formas de movilidad, implementar políticas públicas que repartan justamente el erario público y que beneficien al resto de la población, ese gran 70% que no se mueve en coche particular. Suscribimos precisamente a la campaña del ITDP (Instituto de Políticas para el Transporte y Desarrollo) y Bicired “#77Urbano: lana para la ciudad humana”, en la que se le exigió a la Secretaría de Hacienda impulsar una Política Nacional de Ciudad que permita mejoras en la calidad de vida, sin embargo, peatones, ciclistas y usuarios de transporte público fuimos olvidados en el PEF 2014 (Paquete Económico para el Ejercicio Fiscal 2014). Para una mejor convivencia vial, necesitamos “vivir” primero la ciudad.
OR: ¿Cómo se da la interacción entre ustedes y el resto de la comunidad?
PB: Nosotros somos comunidad, somos parte de esta ciudad. Somos personas moviéndonos. Supongo que el resto de la ciudadanía a la que te refieres es aquella que no usa la bicicleta. En ese sentido, por nuestra parte procuramos mantener una postura franca, reconociendo qué somos entre la marea de personas que también se mueven en coche, en camión, a pie. En ocasiones el camino nos obliga a tomar una actitud a la defensiva, pues es complicado lidiar con automovilistas o camioneros que no están dispuestos a bajar la velocidad. Sin embargo, en general, la velocidad tras el manubrio bicicletero es menor, por lo que es más fácil voltear a ver quién se desplaza a un lado.
OR: ¿Quién puede formar parte de Pueblo Bicicletero?
PB: Quien guste hacerlo. Somos diversos en cuanto a posturas, gustos, ideologías, contextos. Hay quienes usan la bici a diario, quienes sólo como deporte, otros que quieren aprender a pedalear en la ciudad. No hay edades para la bici, menos para el Pueblo Bicicletero. ¡Bienvenidas todas y todos!
OR: ¿Hay más grupos bicicleteros en la ciudad? ¿Cómo es su relación con ellos?
PB: Actualmente hay entre nueve y once grupos en el área metropolitana. La gran mayoría tiene sus inicios en Pueblo Bicicletero. Colaboramos con algunos grupos, tanto en actividades recreativas, culturales, pedaleadas o fiestas, como en gestión pública y relación/asesoría con instituciones educativas.
OR: ¿Cuáles consideran que sean los logros más importantes que hayan tenido a lo largo de su existencia como colectivo?
PB: El logro más grande es que seguimos pedaleando, que somos un grupo cada vez más fuerte y consolidado. Aprendemos constantemente, nos profesionalizamos. Además de las rodadas y las actividades culturales, trabajamos con gobiernos municipales e instituciones educativas para la implementación de acciones y programas de movilidad sostenible que contemplan a la bicicleta, al transporte público y a peatones; tales como el caso de la Ecovía, el proyecto del Distrito Tec, o la red San Pedro Gran Vía, las vías recreativas en San Pedro y Monterrey, y la oportunidad de poder subir la bicicleta al metro. Para más información, se puede visitar la página de Pueblo Bicicletero.
OR: ¿Cuáles son los obstáculos a los que se enfrentan con mayor frecuencia?
PB: La velocidad, la apatía, la ignorancia, el individualismo. Velocidad no sólo de los autos, si no del ritmo al que crece (o decrece humanamente) nuestra ciudad. Apatía por parte de la ciudadanía y el gobierno. Ignorancia que se rinde ante prejuicios y miedos al cambio. Individualismo que no permite ver a la otra forma de vida.
OR: ¿Ser parte de un grupo bicicletero significa una ruptura total con el automóvil o cómo ven al resto de los medios de transporte desde su perspectiva?
PB: Ruptura total sería caer en un juego sin sentido. Nosotros buscamos crear lazos, aprender a compartir. No estamos peleados con el uso del coche, más bien reconocemos que en ocasiones es necesario. El problema en todo caso es el uso desmedido del auto, que es lo que genera altos niveles de contaminación, tráfico, enfermedades. No estamos peleados con nada ni nadie, al contrario buscamos que seamos beneficiados justamente todos. Queremos medios de transporte sostenibles, intermodales, poder mezclar la bici con el metro o camión y tener vialidades de baja velocidad para movernos en coche y poder respetar al mismo tiempo a peatones. ¡Queremos ver calles completas, vivas y diversas!
OR: ¿Cuál es la frecuencia con la que se reúnen y dónde ocurre esto? ¿Organizan rodadas?
PB: Las pedaleadas domingueras de Pueblo Bicicletero son todos los domingos a las 6 pm. Nos reunimos en la Explanada de Colegio Civil, en Juárez, entre Washington y 5 de mayo, en el Centro de la ciudad. En Pueblo Bicicletero nos gusta vincular los recorridos con actividades culturales, musicales, de reflexión, sobre diversas temáticas como el medio ambiente, los derechos humanos, la salud. Nos gusta colaborar con otras organizaciones o colectivos e ir a lugares de interés.
Durante el 2004, Rubén García, sociólogo originario de la ciudad de Oaxaca, fundó Mundo Ceiba –asociación civil sin fines de lucro que tiene como objetivo “Cuidar el medio ambiente”–. En un inicio realizaron proyectos de reforestación, campañas para evitar la producción de residuos sólidos y, en la medida que esto fuese posible, evitar la quema de combustibles fósiles. Así, en el 2007 iniciaron con la promoción de la bicicleta como medio de transporte. Organizaron paseos dominicales. Por cada uno de éstos pegaron 500 carteles y realizaron una “muy ardua” campaña de difusión por medios electrónicos. Pelearon con las autoridades municipales para conseguir “cierto” apoyo. En un inicio llegaron entre 40 y 50 personas. Eran pocas. Muy pocas si las comparamos con las 200 que actualmente asisten, no sólo a los paseos dominicales, sino también a los nocturnos –paseos cuya periodicidad fue mensual, luego quincenal, después semanal y actualmente tres veces a la semana‒. Esto, asegura el sociólogo, es signo y síntoma de la vitalidad del proyecto. Porque no queda duda: tiene energía propia. Mucha.
Aquí, un fragmento de la conversación con Rubén García, ciclista y fundador de Mundo Ceiba, asociación que trabaja en la promoción de la bicicleta como medio de transporte: uno a escala humana, sin ventanas como intermediarios.
Saúl Hernández: ¿Cuál es el objetivo de los paseos en bicicleta?, ¿cómo se ha modificado con el paso del tiempo?
Rubén García: El objetivo inicial era cuidar el medio ambiente. Nos importaba que la gente dejara de contaminar y que utilizara la bicicleta como medio de transporte. Ése sigue siendo nuestro objetivo principal, pero le sumamos otros que tienen que ver con calidad de vida. Con el uso de la bicicleta deja de haber congestión vial y contaminación. Las personas tienen un beneficio económico y en su salud… Si invitamos a utilizar la bicicleta, adquirimos un compromiso para brindarle espacios a la gente. No nada más es hacer así: “Dale a la bicicleta y ocúpala como medio de transporte”. También trabajamos en el tema de infraestructura que el mismo programa nos exige. Hemos estado instalando bici estacionamientos. Estuvimos impulsando y se logró que, a través de un equipo de trabajo, se concluyera una parte de una ciclovía que ahora está por llegar al Tule. (Ciclovía que va de la colonia 5 señores a la del Tule). Antes era una ciclovía que no tenía un inicio ni un fin.
SH: Entonces, ¿los proyectos que han realizado han repercutido en políticas públicas?
RG: Exacto. Nos dimos cuenta de que existen otras organizaciones a nivel nacional, prácticamente en todas las ciudades de México, en las más grandes, las capitales, que fomentan el uso de la bicicleta. No necesariamente son asociaciones civiles (de éstas sólo somos dos o tres): son colectivos, grupos de chavos, con quien tenemos en común impulsar el uso de la bicicleta. Realizamos actividades simultáneas. Esto nos ha ayudado mucho, porque a través de dicha red hemos aprendido sobre la infraestructura ciclista. Hemos tomado diplomados, visitado otras ciudades, visto otras experiencias. Parte de esas vivencias las hemos aplicado en el programa que hacemos. Al principio no nos interesaba trabajar en la gestión de espacios para la bicicleta y actualmente es algo que tenemos agendado. A través de la bicired supimos qué tipo de diseño necesitaban los bici estacionamientos.
SH:Y, ¿a través de esta bicired han discutido sobre qué conversaciones tener con gobiernos locales?
RG: Discusiones locales no. Tenemos el respaldo. Más bien tiene que ver con políticas nacionales. Por citarte un caso: existe un fondo que se llama Fondo metropolitano, y nosotros estamos viendo que parte de ése esté totalmente etiquetado para infraestructura ciclista.
SH:En Oaxaca, por ejemplo, se han involucrado en las protestas contra la construcción de infraestructura carretera o en la promoción de otro tipo de transporte público: uno que mueva a más personas con menos costos ecológicos y sociales.
RG: Todo eso tiene que ver con las enseñanzas de la bicired. Ya estamos mirando con un lente que nos permite reconocer la ciudad de otra manera. Muchos tenemos el lema de “Una ciudad humana”. Si yo no estuviera en el fomento de la bicicleta o formara parte de la bicired no me hubiera dado cuenta. Pero ahorita con toda esta información sabemos que ese tipo de obras carreteras no benefician en nada al medio ambiente, a la calidad de vida, a que la ciudad sea para las personas. Hemos visto experiencias de otras ciudades en donde esa infraestructura solamente fomenta el uso del auto privado. Y lo que se tiene que hacer es desincentivar el uso de éste.
SH: ¿Cuál ha sido el mayor obstáculo para promover el uso de la bicicleta?
RG: El cambio de pensamiento. Vamos contra corriente haciendo paseos en bicicleta. Por ejemplo, ahorita pensamos hacer más paseos; prácticamente habría todos los días de la semana. Eso lo hacemos porque ha sido la herramienta que nos ha permitido crear una necesidad pública. ¿Qué es lo que piensa alguien cuando ve muchos carros? Dice: hay que hacer más carreteras porque ya hay muchísimos carros. Y nosotros vamos en esa lógica, pero con otro sentido: ya hay muchas bicicletas, entonces, ¿qué vamos a hacer?: crear infraestructura para que toda esa gente que tiene bicicleta la ocupe.
SH: ¿Podría correrse el riesgo de que toda esa infraestructura quede centralizada?
RG: Sí. Es muy delicado estar pidiendo y pidiendo infraestructura ciclista porque también estamos generando una diferenciación del espacio. Podríamos segregarnos y no convivir. Sí es necesaria la infraestructura pero hasta cierto punto. Es importante la infraestructura en vialidades de alta velocidad. Ahí sí es necesario, pero no en los espacios en donde la gente circula a 40 km/h, 20 km/h.
SH: ¿Qué hacer para no subutilizar toda esa infraestructura?
RG: Es muy peligroso hacer obras para bicicleta, porque pueden quedar como elefantes blancos. “No la ocupa la gente”, dicen. Siempre que se hace algo en la ciudad debe intervenir un consejo, urbanistas, sociólogos, antropólogos; un equipo de gente que diga en dónde es necesario construir. Tengo un mapa para crear infraestructura ciclista: solamente en avenidas grandes y de alta velocidad. En el centro de la ciudad estamos sugiriendo un carril a la derecha, solamente con pintura, y que diga: “Preferencia el ciclista”. Si viene un auto o una moto puede pasar, pero si viene un ciclista éste debe tener preferencia. ¿Por qué el ciclista debe tener preferencia?: porque es el medio de transporte más frágil. Por ejemplo, cuando tú como ciclista llegas a un crucero, tienes preferencia porque para volver arrancar haces un esfuerzo doble. También, es muy importante que la bici circule a la derecha porque es el carril de baja velocidad.
SH:Regresando un poco: hace rato dijiste algo muy interesante: una ciudad más humana. ¿Podrías hablar un poco más sobre esto?
RG: La bicicleta genera algo muy interesante: cohesión social. Cuando vas en el auto no puedes convivir con los demás. No puedes. No puedes ver a quien está a tu lado. En cambio, si vas en bicicleta, si alguien va junto a ti sí lo ves, la velocidad es muy parecida. […] Al menos en donde crecí, jugábamos en la calle futbol, y si pasaba alguien en bicicleta seguías jugando. No sentías miedo, ni peligro ni nada. Tú seguías en lo que estabas haciendo, pero cuando se convirtió en una calle en donde pasaban carros ya no te dejaban jugar en la calle, ya era peligroso, tenías que agarrar la pelota y quitarte hasta que pasara el carro. La gente deja de convivir en las calles. Entonces ya no se ve como se hacía antiguamente: la gente jugaba en las calles, las hacía suyas. Ahora son espacios peligrosos. La bicicleta no significa ningún peligro para nadie. Es como una cosa que te permite una mejor convivencia y tiene que ver con una cosa: nadie dice te atropelló una persona, todos dicen te atropelló el carro, como si el carro fuera como un ente extraterrestre, como si dejaras de ser una persona cuando te subes a un carro. Inconscientemente para la gente es así. Si logramos hacer que haya menos carros en las ciudades o en las calles, haremos que la gente conviva mejor: que camine, que utilice la bicicleta, que se sienta más cómoda, más segura. La gente deja de caminar en las calles porque son inseguras.
La tragedia de Macbeth, fotografía tomada del facebook del Teatro el Milagro.
un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario
y después no vuelve a saberse de él:
es un cuento contado por un idiota,
lleno de ruido y de furia, que no significa nada”
Acto V, escena 5.
“La obra durará dos horas con veinte, sin intermedio y una vez adentro, nadie puede salir” es la observación que se da antes de ingresar al teatro e inmediatamente se le sugiere al público dos cosas: ir al baño y no colocar bolsas o bultos en el suelo, todo debajo de los asientos, ya que “se corre el riesgo de obstaculizar los trazos de los actores”.
Al buscar el asiento, lo primero y lo único que el espectador tiene ante sí son las dos hileras de sillas en medio del escenario, una frente a la otra en una enorme caja negra, minutos después se da la tercera llamada y las luces se apagan…
Es así como inicia “La tragedia de Macbeth”, un espectáculo de Laura Almela y Daniel Giménez Cacho.
¿Con qué se va a encontrar el público en esta obra? Con un montaje interesante, arriesgado y una exquisita muestra de lo que es la Actuación, con mayúsculas.
Un Shakespeare enorme.
¿Y a qué me refiero con “enorme”? A que estos dos señorones toman a Macbeth en su versión original y deciden actuar ellos solos a todos los personajes, sin escenografía, y con un vestuario reducido a unos pantalones, una camisa y unas botas tipo militar en tonos completamente grises que buscan mimetizarse con el resto del escenario.
Desde el primer diálogo, es notorio que se divierten, disfrutan la misión casi heroica propuesta por ellos mismos, incluso se dan el lujo de jugar por momentos, como en una especie de partido de ping pong con los papeles: en una escena Laura Almela es Duncan, el rey de Escocia y al siguiente, toca el turno a Giménez Cacho.
Si bien es cierto que al principio cuesta trabajo a los presentes entrar en “la convención”, pues ésta exige toda su atención y por instantes hay desconcierto, inquietud y por qué no mencionarlo, uno que otro bostezo; en unas cuantas escenas, se les puede ver completamente inmersos en la historia gracias a los trazos necesarios y los elementos escénicos ―escuetos e indispensables, como una vela y una manta, entre otros―.
El diseño sonoro corre a cargo de Rodrigo Espinosa, quien consigue crear una atmósfera llena de fuerza y decisiva en escenas cruciales como la ya famosa aproximación del bosque.
La iluminación, a cargo del talentoso Gabriel Pascal, es intimidante y coloca al espectador en una tensión que complementa los ligeros “contactos físicos” que los actores tienen por instantes con el público.
Cuando el final se acerca, uno puede mirar hacia cualquiera de los ahí presentes y comprobar el éxito del montaje: rostros atentos, tensos por lo que será la resolución de esta historia, una de las más conocidas de Shakespeare en donde la ambición permea cada una de los acciones del protagonista y cuando el oscuro final se hace presente, los aplausos de pie no se hacen esperar.
“La tragedia de Macbeth”, un trabajo dedicado a los maestros Juan José Gurrola y Ludwik Margules, se presenta en el Teatro El Milagro ubicado en Milán 24, colonia Juárez, con los siguientes horarios:
Jueves y Viernes 8:30hrs.
Sábados 19 hrs.
Domingos a las 18 hrs.
Aplican los descuentos habituales y estará en cartelera hasta el 25 de mayo.
Sin duda una de las mejores puestas en escena que hay en estos momentos en la oferta teatral.
La telenovela de las cuatro no se detendrá porque alguien logró matarse, fotografía tomada de Ediciones Simiente.
Estos días de descanso los aproveché para avanzar con la lectura de libros que se habían acumulado en mi buró a lo largo de las últimas semanas. Entre ellos, el más reciente libro de poemas de Alfredo Espinosa Quintero (Culiacán, Sinaloa, 1969), cuyo título me intrigaba por su extensión pero sobre todo por el sentido lúdico que encerraba y que no logré descifrar sino hasta que leí el poema al que pertenecen ese par de versos, La telenovela de las cuatro no se detendrá porque alguien logró matarse.
A. E. Quintero, como abrevia su nombre, es autor de cuatro libros de poesía: Los postigos del verano, con el que ganó el premio de Poesía Enriqueta Ochoa en 1996; Cuenta regresiva (Era, 2011), libro por el que recibió el Premio Aguascalientes de Poesía en 2011; 200 gramos de almendras (Andraval, 2013) y éste, el más reciente. A ellos se sumará pronto El taxista saca su pene, que aparecerá bajo el sello de editorial Praxis. Quintero es un poeta que, como su obra hasta ahora publicada, nos depara gratas sorpresas.
La vida cotidiana, desde los griegos de la Antigüedad, ha sido materia prima para la poesía pues así se lo propuso, por ejemplo, Hesíodo en Los trabajos y los días. En su caso, A. E. Quintero vuelve la mirada a esa cotidianidad para verla con una sensibilidad que se aprecia mejor por su estilo sencillo y directo, en poemas escritos, la mayoría, con un tono melancólico y en cuya sencillez se concentran varias posibilidades entorno a un suceso diario.
La cotidianidad es esa diaria sucesión de actos sorpresivos que nos hacen olvidar el hecho anterior, así éste haya pasado apenas cinco minutos antes. “Diario alguien sucede a alguien. / Diario algo reemplaza a algo”, escribe Quintero. Por eso, la visión del poeta en estos casos es necesaria, para que su mirada esté atenta de las cosas que a los demás se nos escapan. En su poesía, pues, Quintero representa la vida diaria pero de una manera irónica y humorística que se agradece por el sentimiento de alivio que le sigue. Eso lo descubrí al leer al poema al que pertenecen los dos versos que prestan su nombre para el título general del libro, un poema, hay que decirlo, de una manufactura impecable que forzosamente hará releerlo para reírse abiertamente, no como si nos contaran un chiste que ya no nos hace reír la segunda vez, sino con la misma sorpresa de la primera.
Las cosas que creemos sin importancia demandan su protagonismo, y ese lugar privilegiado lo encuentran en la poesía de Quintero: el hombre al que a punto de dormirse le acechan las palabras del día como en la infancia nos infunden miedo los monstruos encerrados en el clóset, la monótona vida del vecino adivinada sólo por los sonidos que vienen de su departamento, lo triste que se vuelve la vida en pareja, la relación homoerótica que existe entre dos amigos que salen juntos por la calle a andar en bicicleta y patines o la relación lésbica que entablan una lámpara y una ventana:
Son muchos años
los que esa lámpara ha mirado a la ventana,
pienso que deben sentir algo una por la otra,
y es normal.
No todo el amor entre mujeres
debe ser lésbico
aunque yo lo sea. Pero sería hermoso
que esa lámpara y la ventana se amaran
lesbianamente, luminosamente.
Pero ¿en verdad tantas cosas pueden suceder en el día a día, de un minuto al otro, entre una hora y la siguiente? No pocas veces las pasamos por alto, en efecto, sin darnos cuenta, y para que eso no vuelva a sucedernos allí está la poesía de Quintero aconsejándonos que agucemos la mirada.
Fotografía del Julian Herbert, por Denis Longoria.
Miércoles treinta de abril, 2014. Siempre que estoy en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, ITESM, campus Monterrey, al sur de la ciudad, me da la sensación de estar en un exclusivo parque ecológico burgués, lleno de hipsters, ardillas, pavorreales y venados. Es un pequeño paraíso fresco gracias a la sombra de árboles grandes y frondosos. Se respira un aire de limpieza, paz y tranquilidad, nada que ver con las atmósferas mugrientas, hediondas y decadentes contenidas en Cocaína (Manual de usuario) (Premio nacional de cuento Juan José Arreola, 2006), que llevo para que me lo firme su autor, Julián Herbert, poeta y escritor norteño, quien fue invitado a una plática organizada por la Cátedra Alfonso Reyes y la Licenciatura de Letras Hispánicas del Tecnológico de Monterrey.
Esta Cátedra es un espacio de encuentro y reflexión con las voces más influyentes del pensamiento contemporáneo, según dice el folleto. De hecho, se pueden encontrar y escuchar a eminencias de distintas disciplinas en el campo de las humanidades gracias al acervo que comparten en línea. En esta ocasión, gracias a la publicación oportuna del evento en Facebook, logro asistir a la charla con Julián Herbert, programada para ese miércoles a las doce del día.
Por no sé qué manía o alineación de los planetas llego media hora antes del evento, y sin mucho qué hacer pregunto por la ubicación del Auditorio de Comunicación y Periodismo, que se localiza en el segundo piso del edificio de Biotecnología en el interior del campus. Entro y está casi vacío, pero Julián ya está ahí, cómodamente sentado en el piso del escenario, platicando con dos alumnas de la carrera de letras del ITESM. Todo él exhala buena vibra, su atuendo sencillo, su desenfado en el trato. Julián no tiene la pretensión pomposa típica en algunos escritores e intelectuales. Su presencia resulta muy agradable. Aprovecho la confianza que me inspira el contexto para acercarme a saludar. Me llama la atención el tatuaje que tiene en la mano, una vírgula que significa “palabra”, la marca del oficio, según comenta. Nos dice que cada diez años se tatúa, a los veinticinco, a los treinta y cinco y que ya mero le toca otro. En lo que platicamos acepta amablemente que le tome algunas fotos, a pesar de la ligera incomodidad que intuyo le provoca la intromisión de la cámara. Sobre su trabajo, nos dice que lleva casi un año trabajando en un libro de crónicas que espera salga muy pronto y otro proyecto en conjunto con reconocidos artistas mexicanos, del cual me pide no precise detalles en esta nota, pero adelanto que suena muy interesante, ojalá pronto esté listo para mostrarse al público.
Cercana la hora de dar inicio a la conferencia, Herbert se va a ocupar su lugar en el centro del escenario. Tras las obligadas introducciones, ronda de aplausos y presentación de la Cátedra Alfonso Reyes, que año tras año se luce con la calidad de sus ponentes, Julián Herbert da inicio con la charla, que de tener oportunidad se habría extendido por más tiempo.
Herbert comenzó hablando del contexto literario norteño, sobre todo a partir de los setentas y ochentas. Identificó la literatura periférica como un boom de la nueva Latinoamérica, el cual surgió a partir de un discurso editorial nacido en España. Habló de la importancia que tuvieron (y tienen) los talleres literarios y los suplementos culturales en la formación de autores característicos de una región, y esbozó a los personajes principales en la red de autores que forman o influyen el arte poética del norte del país. “Me da mucho gusto la movilidad estilística que se ha dado en las últimas generaciones de la literatura mexicana”, expresó, y extendió la invitación a leer el artículo de Guillermo Sánchez Cervantes: “La Golden Age coahuilense” publicado en la revista Gatopardo, en marzo del 2012, para ampliar el conocimiento del contexto y autores responsables de esta movilidad.
Habló de la división territorial imaginativa y estilística que agrupa al país en Norte, Centro y Sur, y de la diferencia significativa en los usos de lenguaje y temas dentro de la literatura, que a su vez marcan la diferencia entre la literatura del noroeste, influida por California donde el spanglish y los estudios culturales han tomado cada vez mayor relevancia, contrario al noreste donde esta influencia no late tan fuerte. También habló del branding literario e identificó la nueva crónica de Indias, precedida por autores como el periodista Diego Enrique Osorno, como género dominante gracias sobre todo al mercado editorial.
A pesar de que se considera a las ciudades del norte como zonas agrestes para la producción artística, a lo largo de la conferencia desfiló una mención de autores, la mayoría vigente y contemporánea, algunos por su carácter de autores norteños y otros como influencias de la identidad literaria en la región. Algunos de los mencionados, entre poetas, ensayistas, narradores, periodistas o editores, fueron: José Eugenio Sánchez, Elmer Mendoza, Eduardo Antonio Parra, David Toscana, Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Alejandro Almazán, Diego Enrique Osorno, Carlos Velázquez, Jesús Gardea, Daniel Sada, Luis Humberto Crosthwaite, Francisco Amparán, Jaime Muñoz Vargas, Jorge Humberto de Chávez, Yuri Herrera, y Mario Anteo. Me llama la atención la casi nula presencia de autoras entre los mencionados durante la charla. Más tarde encuentro oportunidad para preguntarle al respecto. Herbert menciona la relevancia literaria de escritoras como Patricia Laurent Kullick, que actualmente reside en la ciudad de Monterrey, y se disculpa por no haber ahondado en este tema aludiendo a la falta de tiempo. No lo digo, pero pienso que su argumento suena en realidad muy poco convincente. Aunque resulte incómodo aceptarlo, la realidad es que la literatura, incluso la literatura periférica, sigue siendo un territorio predominantemente masculino donde la relevancia femenina está en segundo plano. Ojalá esta situación pueda erradicarse para que las autoras en general, no sólo las del norte, tengan las mismas oportunidades de difundir su obra, aquella con calidad literaria, y que sea tomada en cuenta, a pesar de cualquier histórica exclusión que para estos tiempos resulta un lugar común ya muy oxidado.
La charla termina y se abre el espacio a preguntas, la primera de ellas es: ¿cuáles son los libros característicos de la Golden Age antes mencionada?, a lo que responde: Melamina de Daniel Herrera, publicada por Tierra Adentro; Las afueras, de Luis Jorge Boone; Canción de tumba (de su autoría), Funerales de hombres raros, de Wenceslao Bruciaga y Eros díler, de Nazul Aramayo.
Respecto a los rasgos distintivos de la literatura en el norte y el trabajo pendiente, el novelista Felipe Montes pregunta: ¿qué hace falta por hacer en lugares como Matamoros, Reynosa, Monterrey o Saltillo por nombrar algunos?, Herbert responde partiendo absolutamente desde su subjetividad, algo que según él se diluyó en el camino a la formación de una identidad literaria fue la perdida de una identidad de región. Actualmente uno puede brincar desde un contexto local a inmediatamente uno global, de tal manera que existen grupos informados de lo que se hace en Monterrey, por ejemplo, pero sin una identidad literaria regional, estos grupos no guardan una verdadera relación entre ellos. Estamos aislados, dice: “¿Qué tiene que ver por ejemplo La regia cartonera (editorial local e independiente dirigida por los poetas Nérvinson Machado y Laura Fernández) con los organizadores de esta Cátedra Alfonso Reyes?” Un breve silencio delator responde por todos. Probablemente nada o muy poco que ver, pienso, notando además la ausencia de estudiantes y escritores ajenos a la comunidad ITESM. Fernanda Reinert, joven promesa de la narrativa regiomontana, inquirió respecto a la relación que debían guardar jóvenes escritores y mercadotecnia. Herbert respondió que un escritor debe ser pragmático y concienzudo, saber qué está haciendo y hacia dónde va en su carrera literaria. Además enfatizó la importancia de saber tomar decisiones frente al mercado, no desde el mercado. Con esto se concluyó la charla, que se extendió poco más de una hora.
En realidad, la conferencia impartida por Julián Herbert ese día del niño es mucho más sustanciosa de lo que el tiempo y espacio aquí dispuestos me permiten expresar. Ojalá el video de la conferencia este disponible pronto en el acervo digital de la Cátedra Alfonso Reyes. En lo personal, la conferencia me deja con un buen augurio para las literaturas mexicanas del norte, centro y sur del país. Ojalá tome cada vez mayor impulso la labor de los escritores (hombres y mujeres), tanto de jóvenes insurgentes como de aquellos autores consagrados.
Como nota extra, ese mismo día en la tarde, debido a la premiación del 16º Concurso literario interprepas, Herbert una vez más tomó la palabra y compartió con la audiencia algunos de sus talismanes desde su pose de hombre supersticioso, pero también como alguien con principios estéticos. Recuerdo, de los que mencionó: el escudo de Perseo; el monólogo de Bill en la película Kill Bill; el oxímoron como prisma de todas las cosas; la angustia a la cuál un escritor jamás debe renunciar por ser el único afecto que nunca engaña, y la pregunta retórica: “¿Qué hubiera hecho Hemingway?”, ante cualquier dilema de oficio. Por último terminó su intervención deseando que cada uno de los presentes tuviera la oportunidad de encontrar sus propios talismanes, tras lo cual recibió un afectuoso aplauso por parte del público.
En su momento de mayor plenitud, Miles Davis (1926-1991) estableció que el jazz no debería tener limitantes, que era éste un territorio vastísimo al que no se le podían poner reglas ni restricciones. La gran imaginación del músico norteamericano (desplegada a tope desde los sesenta) colocó al género en la vanguardia musical. Pero pasaron los años y a sus herederos pareció olvidárseles todas aquellas enseñanzas y el espíritu aventurero. Una buena parte del jazz se ciñó a cánones establecidos, y donde hubo inventiva se impuso la repetición y el uso de estándares que poco exigen al ejecutante en términos de innovación.
Hay una parte del género que es muy conservadora, la cual terminó por ser asociada con restaurantes elegantes, bares para adultos adinerados o música de fondo en eventos sociales. Dejó de ser ese algo caliente que ponía los pelos de punta o hacía viajar hacia otras dimensiones. La obra de Miles Davis siempre tuvo esa capacidad de influjo. ¿Por qué las generaciones subsecuentes se mostraron complacientes y timoratas?
Era necesario retomar el brío y el instinto transgresor de antaño. Así lo ha entendido un trompetista noruego que se ha convertido en una de las figuras más visibles de lo que fue llamado Nu jazz. Nils Petter Molvaer es respetado no sólo por sus dotes con el instrumento, sino por su visión para renovar una escena afectada por la solemnidad y lo predecible.
Nació en la isla de Sula, un 18 de septiembre de 1960, actualmente reside en Bergen, una ciudad en la que también vivió el compositor Edvard Grieg, y cuyo entorno natural ha dejado huella en su trabajo. El músico estudió en Oslo, donde decidió perfeccionar sus dotes naturales que lo llevaron a tocar pop y rock en distintas bandas locales en su adolescencia. Durante sus años universitarios recibió influencias muy diversas que ya dejaban ver su eclécticismo: Don Cherry, Billie Holiday, Brian Eno, Joni Mitchell y Bill Laswell, pero especialmente Miles Davis.
No tardó en demostrar sus habilidades como trompetista, por lo que fue reclutado por respetadas figuras del jazz tradicional, como: Elvin Jones, George Russell y Gary Peacock; además de realizar algunos encargos para cine y televisión, como el score de L’Invention de l’amour (1998).
Aunque para entonces ya venía desarrollando una importante renovación desde algunos años atrás en colaboración con Manfred Eicher, productor y dueño del sello ECM. De hecho, un año antes publicaron un disco que representó un antes y un después alrededor del concepto de Nu jazz.
Hoy día, su disco Khmer (1997) es tomado como un punto de inflexión y un modelo a seguir. Dejó en evidencia que el jazz se podía juntar con la electrónica –incluso con una corriente ruda como el jungle– e incorporar también líneas sinuosas de guitarra al resto de la combinación. Y en un lugar de privilegio la elegante trompeta de Molvaer.
Con un buen trecho recorrido desde entonces, Nils recuerda parte del proceso creativo: “En aquel momento no estaba tan interesado en el sonido como en el concepto del disco”. Lo fundamental era que aun con la combinación de jazz y sonidos electrónicos no se perdiera un feeling orgánico; la sensación de un músico imprimiendo su sensibilidad a las imágenes sonoras que va creando.
El cambio de siglo y milenio lo reciben como una figura consagrada que forma parte de una escena estimulante, en la que figuran talentos como: Bugge Wesseltoft, Erik Truffaz, Marc Moulin y el danés Palle Mikkelborg, otro trompetista que en el disco Aura realizó un homenaje completo a Miles.
Por su parte, Molvaer se distingue por un trabajo constante que incluye los álbumes Solid Ether (2000) y NP3 (2002), y que este año se amplía con la llegada de un nuevo opus, producto de una entera madurez. Hay que tener en cuenta que apenas el año pasado publicó 1/1, un proyecto colaborativo con Moritz Von Oswald, muy respetado en el ámbito de la electrónica minimalista.
Lo importante es que el noruego sabe cómo ser imprevisible y seguir sorprendiendo. En Swtich regresan tres de los músicos que lo acompañaron en la grabación y extensa gira de Baboon Moon (2011): Erland Dahlen (percusiones), Geir Sundstøl (guitarras) y Morten Qvenild (teclados y programación), quienes le brindan la posibilidad de incursionar sobre terrenos inéditos. Este será el disco recordado por la inclusión de la guitarra con pedal Steel y por un acercamiento a las percusiones tribales, como se evidencia en “The kit”.
https://www.youtube.com/watch?v=C9cTSwlIikQ
Lo que permanece es esa variación de intensidades que lo distingue; pasajes largos de remanso que luego son difuminados por la acometida de texturas más intensas. Encima de todo, la trompeta parece flotar y conducirnos al ensueño. Switch se estructura a partir de “Intrusion”, que aparece 4 veces a manera de leit motiv y detonante de las siguientes piezas.
Esta producción marca la llegada de Nils Petter a un nuevo sello; Okeh ha decidido impulsar con todo al jazz y para ello ha fichado a talentos como Bill Frisell, John Medeski y Sonny Rollins. Con el noruego no sólo editan su reciente grabación sino siete discos más, entre los que se cuentan Hamada (2010) y Re-Vision (2008). El objetivo es hacerse de un lugar en el mercado norteamericano.
La idea de Switch se completa como un homenaje a la cantante Joni Mitchell, cuya figura se alude a través de los títulos de los temas que provienen de algunos de los textos de la norteamericana. Es así como el proceso de renovación del jazz que ha emprendido Molvaer no se detiene, todo lo contrario, se asoma al futuro con energías renovadas y nuevas ideas para mostrar al mundo.