Tierra Adentro

Es por todos sabido que Roma no se construyó en un día —aunque eso es lo que se había prometido en un principio—, y que el proyecto estuvo plagado de irregularidades desde sus inicios, específicamente cuando durante el turbio proceso de licitación, Rómulo terminó asesinando a su hermano Remo para quedarse con el contrato.

Ahora, nuevas investigaciones revelan que Roma no sólo no se construyó en un día, sino que costó el triple de lo que se había anunciado y se entregó incompleta al momento de su inauguración. Documentos y testimonios recabados por arqueólogos e historiadores de la Universidad de Bolonia indican que, tan sólo tres semanas después de su inauguración, la ciudad se encontraba en tan mal estado que fue calificada como “insaqueable” por la Asociación Europea de Tribus Bárbaras.

Inflación en los precios de construcción, desvío de recursos, acueductos con fugas, estatuas y monumentos de plástico, arcos construidos con materiales baratos y un primer proyecto de Coliseo sin salidas de emergencia, son sólo algunas de las irregularidades que las nuevas investigaciones han sacado a la luz, y que en su momento fueron ocultadas por la constructora encargada del proyecto en colusión con las autoridades de la ciudad.

De acuerdo a las crónicas de Flavio Postronio, celebrado periodista de investigación que murió accidentalmente apuñalado por un grupo de guardias pretorianos a la entrada de su casa, la mal llamada Ciudad Eterna había sido además erigida sobre terrenos ejidales en los que estaba prohibido construir, y presentaba una capacidad de albergue mucho menor a la que se había proyectado. En otro de sus reportajes para el acta diurna, Postronio denunció a las autoridades romanas de haber sobornado a múltiples empresas constructoras extranjeras para conseguir que todos los caminos que construyeran llevaran a la ciudad.

«Si en aquella época se hubiera llegado a saber habría sido un escándalo» asegura el historiador Andrea Abruzzo, «estamos hablando de miles de kilómetros de carreteras y caminos desviados de sus destinos originales hacia Roma, que en ese entonces no estaba terminada y no tenía el espacio suficiente para albergar a la enorme cantidad de visitantes que pretendían llevar».

En cuestión de dos años, la inacabada y mal planeada ciudad estaba saturada de viajeros que no encontraban sitios para hospedarse y que, para empezar, ni siquiera querían estar ahí.

«Todos los caminos conducen a Roma» escribió Alarico el Viejo, cronista visigodo —y eso, cuando uno lo único que quiere ir a la tienda de la esquina, es bastante inconveniente.

El escándalo nunca explotó en gran parte gracias al emperador Nerón, que gustaba de cocinar en anafre a altas horas de la noche y que durante uno de sus antojos nocturnos provocó un incendio que destruyó gran parte de la ciudad, y con ella cualquier evidencia de los desfalcos en el proyecto original. Roma fue entonces reconstruida con nuevos materiales y mejores técnicas, y tan sólo tres años después fue proclamada Ciudad del Año por una horda de vándalos que posteriormente procedió a saquearla.

Hoy en día, las ruinas del Coliseo son el único vestigio que permanece de aquel desastroso y fraudulento proyecto. Aunque eventualmente fue proclamado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, los descubrimientos arriba mencionados serán sin duda factores que le restarán prestigio, y que lo pondrán en desventaja con otras construcciones como las pirámides de Guiza o la Gran Muralla que, para ser de fabricación china, ha durado ya bastante.

 


Autores
(Ciudad de México, 1985) es autor de Y, sin embargo, es un pañuelo (Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2014). Estudió la Licenciatura en Comunicación en la Universidad Iberoamericana, donde no ha regresado y quedó a deber varias cuotas de estacionamiento. Es apasionado del cine, de Monty Python y de escribir semblanzas biográficas en terecera persona. Tuitea como @emedebaena

La chica de rulos y lentes de pasta negra levantó la mano. En el escenario, listos para responder preguntas, estaban los representantes de bibliotecas, editoriales y organismos culturales del Estado. Palabras más, palabras menos, la pregunta fue así: «Tengo un año viviendo en Monterrey y nada más no veo apoyo concreto para los universitarios que nos queremos dedicar a la escritura. ¿Qué puedo hacer?». El evento se realizó a fines del 2014 y hacía un frío terrible. El aire olía a ponche y tamalitos regiomontanos.

Quizá en otro foro, quizá en otra época del año, la pregunta no hubiera trascendido. Pero ese día la pregunta de la chica de rulos y lentes de pasta negra provocó una alineamiento de estrellas que sólo sucede cada ciertos millones de años. Exagero, pero lo que ocurrió fue muy significativo. El nombre de la chica es Lorena Valdivieso y estudia Letras en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Lorena es de Oaxaca y dice que allá el sol pica más que en Monterrey. Ese día, hace cinco meses, su voz se convirtió en la de todos los jóvenes que buscan ser escuchados con sus textos.

Le llovieron ofertas. Influyó la manera en que formuló la pregunta: «¿Qué puedo hacer?». Hay un «yo» implícito que implica compromiso. Al terminar la sesión nos acercamos algunos a conversar con ella: Reyna Ramírez, representante de la Casa Universitaria del Libro; Armando Ruiz, organizador de la Feria Internacional del Libro de Monterrey; Antonio Ramos Revillas, director de 27 Editores; y yo, representando al Colectivo Resortera. En cinco meses Lorena ya publicó un cuento en resortera.mx e impulsó la organización del Laboratorio-Convocatoria de Novela Breve 2015, en conjunto con 27 Editores.

El esfuerzo de Lorena se consolidó este sábado con la primera sesión del taller de novela breve, resultado de la convocatoria ya mencionada. Asistió como oyente; decidió no participar este año para tener más tiempo de planear un proyecto. Eso me gusta: no creó una oportunidad para ella destacar, la creó para que otros se beneficien. El taller será el último sábado de cada mes, con duración de ocho horas por sesión. Cada día de trabajo contará con un escritor diferente como tutor. Tuve el honor de ser invitado para dirigir la primera sesión. Los próximos meses los jóvenes tendrán como guía a Hugo Valdés, Patricia Laurent Kullick, Luis Jorge Boone, Orfa Alarcón y el mismo Antonio Ramos Revillas. Además, la mejor novela producida en el taller será publicada por 27 Editores.

Quizá lo único decepcionante de todo esto es que se esperaban al menos diez participantes y sólo cinco respondieron a la oportunidad. El sábado conversamos sobre esto y llegamos a la conclusión de que muchos jóvenes no se toman la escritura en serio. «Yo dizque escribo», es el lema de algunos. Lo dicen medio en broma y medio en serio. También afectó que el taller tiene un costo, sin embargo, lo vale por el premio y los talleristas. Otros son muy inseguros de su obra y no creen que sea suficientemente buena; quizá se les olvida que el taller es un espacio de aprendizaje. Hay también los que, de plano, no tienen la disciplina que se requiere para terminarla.

Cualquiera puede empezar una novela, pero pocos pueden mantener el ritmo de trabajo requerido para llevarla hasta las últimas consecuencias. Y son todavía menos los que verán publicado su esfuerzo.

Al taller asisten Fernanda Reinert, Priscila Palomares, Isaac López Reyna, Aracely Estrada Dávila y Brenda Belinda Trejo Perales.

Fernanda Reinert presentó las primeras seis cuartillas de su novela breve. En ellas alterna dos puntos de vista: un narrador en segunda persona presenta a dos mujeres que se conocen en el metro de la Ciudad de México. Se sugiere que más adelante surgirá una relación entre ellas, una relación problemática por los contextos individuales de cada una. La narración es fluida, limpia y rítmica.

Priscila Palomares leyó cuatro cuartillas y se llevó buenas recomendaciones sobre cómo cambiar al narrador. El texto estaba narrado en primera persona, el personaje es un hombre joven de unos treinta años. Sin embargo, la mirada del narrador se fijaba en detalles que un hombre no les prestaría atención. El texto promete por la caracterización del personaje femenino: Regina, una chica rara al borde de ser una Manic Pixie Dream Girl, pero que mantiene su fortaleza como personaje femenino sin depender de un hombre.

El tercer proyecto presentado fue el de Isaac López Reyna. Su texto parte de la oposición de principios que realiza el filósofo presocrático Parménides. En particular, Isaac rescata la oposición peso/levedad y admite que ha leído el libro de Milan Kundera más veces que ningún otro. Isaac también admite su obsesión por la estructura, por planear la novela con precisión y después ejecutar. Hasta ahora, confiesa el autor de 25 años, todavía no ve cuál será el final de la novela y, de momento, ese es su mayor obstáculo.

Aracely Estrada Dávila trajo al taller el primer capítulo de su novela con título tentativo «2069». El texto tiene un corte más juvenil que los otros, pero es difícil apreciarlo con tan sólo cinco o seis cuartillas. En el México de 2069, la sobrepoblación es el principal problema, por lo que el gobierno (no se dice de qué partido político) crea una institución llamada Maternal con el fin de regular los nacimientos. El experimento es exitoso en un inicio, sin embargo, pronto se corrompe por el poder y la importancia central que cobra en el desarrollo social. Suena interesante. El reto inicial de Aracely es eliminar la «contextitis» que padece, es decir, quitar del primer capítulo la sobre explicación del contexto; por ahora dice mucho, muestra poco y la narración se vuelve lenta.

El trabajo de Brenda Belinda Trejo Perales está inspirado en la novela Camanchaca, del chileno Diego Zúñiga. Belinda es poeta y este taller marca su incursión en la narrativa. Está utilizando la novela de Zúñiga como base para construir a partir de ella su historia y encontrar una voz propia. El experimento está dando frutos, pues el diálogo que crea con Camanchaca es bueno y ya se comienza a dilucidar el potencial de la poeta regia como narradora.

En Monterrey hay talleres de cierta fama que son coordinados por personas sin obra publicada. Me pregunto si los discípulos dan el salto y superan a los maestros consolidando el trabajo con algún tipo de publicación. O quizá estos esfuerzos no pasan de cultivar la escritura como hobby y su intención no es llegar a la profesionalización. No lo sé. Lo impresionante es que Lorena Valdivieso y 27 Editores han creado una iniciativa integral que ya inició con el pie derecho. Integral porque con la rotación de tutores se asegura la variedad en las maneras de abordar el texto y el acto de escribir. También porque el seguimiento es continuo a través de la duración del curso y la exigencia es clara: en octubre el taller debe de producir cinco primeros borradores de novelas. No hay medias tintas: aquí se verá quién se toma la escritura en serio y quién la enfrenta como un pasatiempo adolescente. Se acabaron las excusas. Y todo porque una chica de Oaxaca se atrevió a levantar la mano y hacer una muy buena pregunta.


Autores
(Monterrey, 1982) es autor de las novelas El polvo que se acumula en los objetos (Editorial Acero, 2012) y La ilusión del caos (edebé, 2015). En 2014 fue becario del PECDA Nuevo León. Actualmente es profesor de literatura en Prepa Tec y director de Resortera.mx, una iniciativa para impulsar la escritura de autores jóvenes.

Benjamin Clementine toca el piano con un estilo personalísimo y suelta un torrente al cantar. Tiene apenas venticuatro años y posee gran personalidad. Es el 25 de octubre de 2013 cuando se transmite una emisión más del influyente programa de la televisión británica Later with Jools Holland. No sólo los asistentes al estudio quedan maravillados, sino que al día siguiente los telespectadores lo convirtieron en el artista más compartido en redes sociales de la semana.

Su interpretación de «Cornerstone» es tan demoledora como incipiente es su carrera. Apenas va comenzando y su impacto es tan inmediato que en el estudio de grabación, un muy emocionado Paul McCartney le pide: nunca dejes esto. Se trata pues de un intérprete excelso que en un tremendo afán por definirlo, me atrevería a apuntar que semeja ser un «bola de nieve» para el siglo XXI. Hice la prueba mostrándole un par de temas a un avezado pianista de música clásica y sin problema encontró viable mi comparación (además de sorprenderse con la música). Algo hay en la obra de Benjamin similar a las interpretaciones tremendas de Ignacio Jacinto Villa Fernández (1911-1971), aquel impresionante negrazo cubano que falleciera en la Ciudad de México y cuya música llenó de pasión y sentimentalismo noches enteras.

Pero antes de seguir con las conexiones francesas de Clementine, hay que señalar que esta historia tiene otro antecedente televisivo importante. En 2005 vio una presentación en vivo de Antony & The johnsons, en ese momento le sobrevino la revelación de lo que quería ser en la vida. Dejó a su conservadora familia de origen ghanés (que se conducía bajo estrictos principios religiosos) para marcharse a buscar fortuna. Durante un tiempo se alojó en casa de un amigo pero un pleito lo hizo emprender un viaje de renovación; buscando opciones en internet dio con un boleto casi regalado a París y allá fue a dar.

Con muy poco dinero en el bolsillo anduvo a salto de mata entre hostales, estaciones de metro y calles que se convirtieron en sus primeros escenarios. Arrancó a cantar por puro instinto, sin estudios formales. A los ocho meses de presentaciones públicas juntó para su primera guitarra. No es la primera vez que las aceras de la «Ciudad de la luz» aportan a un gran artista. Ocurrió que dos productores de música electrónica se toparon con él. Lionel Bensemoun y Matthieu Gazier decidieron firmarlo y crearle un sello propio: Behind. Apareció su primer Ep Cornerstone y se sucedieron presentaciones en Hoteles. Mucho se habla de un concierto en Cannes donde se impuso a una audiencia indiferente para dejarla petrificada al final.

Con un futuro encaminado y algunos contactos, regresó a Londres donde provocó espectacular impacto durante el programa de Jools. En breve le llovieron propuestas para presentaciones y un contrato rumbo a un Lp debut: At least for now (Barclay-Universal, 2015).

El tipo se vuelca sobre el piano, toca fuerte y en instantes suaviza su lamento. Tiene pequeños detalles contemporáneos de producción en los temas y se acompaña de una sección de cuerdas. Tal vez no sea un pianista que sorprenderá al mundo de la música clásica, pero en el pop actual es un verdadero acontecimiento. Además, modula su voz a manera de recurrir a agudos casi en falsete para luego saltar a pasajes graves, casi cavernosos.

El disco comienza con «Winston Churchill´s Boy» a piano y voz; una estructura sencilla que deja toda la importancia a la interpretación, a la manera de cantar. Las cuerdas entienden su papel de acento y matiz. Cuando todo parece calmo surge una percusión electrónica que nos coloca de golpe en un presente intenso.

Se muestra como si fuera un veterano y apenas va por la mitad de la veintena; de él también se exalta la parte narrativa y no faltan las fuentes que lo consideran incluso un poeta a carta cabal. Y es que sus historias impactan, así como su dicción y acento. Impresionante en «London» y «Adiós» (¿quién interrumpe una canción para dar una explicación y luego continua?).

Cuando se coloca ante el piano, Benjamin se dice admirador de Erik Satié; pero donde aquel era tan sutil, el inglés imprime gran fuerza y a veces toca al límite de lo formalmente correcto. En medio de un exabrupto mediático las comparaciones abundan; dado su estilo y color de piel, algunos lo han llamado «el nuevo Nina Simone» y por su manera de cantar y el desbordado amor por París que muestra, aparece ese genio llamado Serge Gainsbourg como referente.

At least for now es un álbum generoso, las buenas canciones no se escatiman; bien podemos recurrir a «Nemesis» (con otras maneras de vocalizar y cuerdas emotivas) o a «The People and I». Es un álbum con mucho aire bohemio que funciona mucho mejor de madrugada, y mientras se persiguen amores furtivos. Tiene también un tufo etílico —sin duda se disfruta mucho más con un trago en mano—.

Siempre quedaran noches por gastar y juegas por emprender; este disco es una compañía de ensueño. No deja de extrañar que Clementine cite a Luciano Pavarotti como su modelo; aquí lo que suenan son canciones en la tradición de Rufus Wainwright, Scott Matthew y Patrick Watson. Siempre con Antony en lo más alto del recuerdo.

Benjamin Clementine ofrece una experiencia sobrecogedora y una interpretación desbordada; tal vez no sea perfecto técnicamente, pero la autenticidad de su propuesta nos mantiene con los nervios de punta y en el filo de lo emocional. La tradición musical de la negritud ha encontrado a uno de sus heraldos con mayor capacidad para proyectarse al futuro. El soul no morirá jamás.

 

 


Autores
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.

Abril fue el mes de la danza en Morelos. Todos los colectivos, los ballets, los grupos profesionales, las bailarinas, los coreógrafos, invadieron los rincones del estado con presentaciones, montajes, obras, talleres y mesas de reflexión. Precisamente en una mesa reflexión a la que fui invitado y que los organizadores titularon Jornadas de reflexión sobre el quehacer artístico «El gozo, la vida y erótico del arte», Marcos Rossi, talentosísimo coreógrafo y mente creativa detrás de Foramen, una de las compañías de danza más importantes en México dedicadas a la modalidad contemporánea, develó para mí varios de los misterios de la danza. Mi mente analítica siempre busca una explicación concisa de mi experiencia estética pero Marcos Rossi habló sobre la esencia animal del baile, la importancia de la improvisación, la conexión del bailarín con el momento en que toca el escenario: todas cosas intuitivas, inmateriales, incluso impronunciables. Durante la mesa de reflexión se habló desde diferentes perspectivas del papel de la danza. Toda esa invasión reflexiva me hizo pensar en la escena local y en el enorme vacío que deja Beatriz Dávila al partir a Buenos Aires en busca de nuevas aventuras.

Antes de que Beatriz Dávila (una de las más grandes bailarinas que ha dado Morelos) se marchara, logré platicar con ella sobre su trabajo, su trayectoria, sus sueños, sus recuerdos sobre la danza y sobre sus proyectos futuros. Esto es lo que platicamos.

¿Cuál fue tu primer contacto con la danza y cuál es tu primer recuerdo en torno al baile?

Mi primer recuerdo de bailar es en las fiestas en mi casa, cuando yo era niña. En mi casa había muchas fiestas con la música a todo volumen, y se bailaba. Los sillones se corrían hacia los lados y todos bailábamos como mejor podíamos, nadie intentaba bailabar especialmente bien, mi papá y algunos tíos sabían bailar rock & roll y cumbia de pareja, de ahí en fuera era más bien una improvisación libre. Mi recuerdo de esos momentos es de mucha felicidad. En mi casa siempre había música de todo tipo. Mucha música clásica, mucho rock “viejito” como Pink Floyd, The Beatles, también algo de rock en español, algo de Silvio Rodríguez, algo de Juan Luis Guerra. De todo un poco. Pero yo diría que música inspiradora, no digo buena porque no soy quién para saber cuál es buena. Pero si esa música que te hace sentir cosas muy profundas y muy fuertes que se desbordan del cuerpo. Hablo de la música porque para mí fue el primer impulso para interesarme por la danza, bailo porque no sé que hacer con lo que siento cuando escucho música. La danza contemporánea tiene una relación muy abierta con la música. Esto quiere decir que la danza no necesita a la música para existir, puede surgir de otros estímulos. Coincido con esta sentencia, pero lo que más disfruto es bailar  bajo es estímulo de la música.

¿Exploraste en otras danzas antes de llegar a la contemporánea? ¿Cómo fue esa evolución-exploración de la danza clásica a la contemporánea?

Sí. A los siete años entré a una academia de ballet, y me comprometí mucho; de chica me gustaba mucho la disciplina, el orden, la claridad. Yo quería ir diario. Estuve en ballet de los siete a los 15 años, y cuando estaba en la adolescencia me desencanté y me salí, creo que me di cuenta que no iba a llegar a ningún lado. Me metí a competencias de porras y luego de intercolegial. En ese lapso de tiempo estuve en clases de jazz, pasé por la danza árabe y africana, todas me gustaban pero no me enamoré de ninguna. Hasta que entré a una escuela (CODAM, ahora ESDAM en Cuernavaca) que ofrecía una carrera de bailarín, ahí conocí la exigencia de la danza, y eso me atrapó. En realidad el clásico no lo he dejado, me encanta, me parece como una meditación en movimiento, hay que estar tan consiente de todo el cuerpo para poder controlarlo que uno se ve forzado a generar estrategias mentales y emocionales para lograr algo. La danza contemporánea la conocí primero por el Graham, que tiene cosas maravillosas integradas en la enseñanza de la técnica como el uso de la respiración, la contención y liberación de energía; los motores de movimiento, direccionar el flujo de energía dentro del cuerpo, uso de fuerzas opuestas, el uso de la animalidad y sensualidad en el movimiento. Todos estos conceptos eran nuevos para mí y me asombraba que hubiera tanta profundidad en cuanto a la técnica de la danza. Esta escuela fue muy importante porque ahí empecé un camino de autoconocimiento a través de la danza, independientemente de lo que pudiera lograr como bailarina, este es un camino que una vez iniciado no pude dejar, cuando dejo de bailar es como si dejara de comunicarme conmigo.

Hablas de la danza contemporánea como medio para la exploración del alma humana ¿cómo funciona eso? ¿Qué te interesa reflexionar sobre el alma humana?

El cuerpo y su movimiento son una sola cosa, lo que mueve al cuerpo, su vida, su voluntad, sus ideas, es a lo que me refiero con la palabra alma. El cuerpo y su movimiento son la expresión física de todo lo intangible que le pasa al ser humano. Al movernos evidenciamos la relación que tenemos con nosotros mismos y con el entorno, nuestra forma de percibir, de sentir, de pensar y de actuar en consecuencia. La danza es ese proceso al desnudo, es estar existiendo, en presente continuo.

¿Cómo es trabajar con la coreografía del alguien más (Marcos Rossi, Beatriz Madrid, etc.) y cuál es el proceso que transitas para las piezas individuales que tú has creado? Platícame sobre las piezas que armaste para el PEDCA-FOECA.

Trabajar con un coreógrafo es sumergirte en su imaginario. Hay que realizar un esfuerzo por comprender qué es la danza para esa persona, qué es lo que está buscando para poder ponerlo en el propio cuerpo.

Con Beatriz Madrid el trabajo fluye de forma natural, ya que ella es muy clara en lo que busca y utiliza distintas maneras de transmitirlo, ya sea a nivel de imagen, emocional, metafórico o práctico. Algo que ella hace y que me parece un gran acierto es que sabe expresar en términos de realidad tangible qué es lo que quiere ver, es decir, traduce la idea en algo visible, y lo hace con su cuerpo. En el proceso creativo, empieza por compartirte su lenguaje de movimiento, es como si primero te enseñara a hablar su idioma. También te platica de qué va la obra completa y la divide en escenas. Va trabajando las escenas una por una con los bailarines que participan. Al principio ella monta algo de movimiento y a partir de ahí nos brinda libertad para que los bailarines propongan (lo cual es muy rico porque se genera un diálogo entre danza) imágenes y sensaciones.

Mi proceso creativo personal ha ido evolucionando mucho, yo creo que con esos proyectos lo que hice fue que empecé a desarrollar un método de trabajo que en un principio no tenía. Algo que me ayudó fue dar clases, ya que aprendí a ordenar mis ideas para transmitirlas y comprender que cuando se trabaja con otra persona, ésta tiene su propio proceso y tiempo. Mis procesos han sido temporalmente extraños, cuando monto una coreografía con otros bailarines llego rápido a una idea, en parte porque los bailarines y espacio los he tenido por lapsos muy limitados y tengo que aprovechar el tiempo y la energía de la gente lo mejor posible. Llego a algo y un tiempo después vuelvo a verlo, y lo continúo, lo sigo trabajando, y así voy acercándome a algo que se parece más a lo que busco.

Me gusta estimular mentalmente a los intérpretes, crear una coreografía me recuerda mucho a cuando jugaba de niña con mis amigos. Inventábamos un mundo entre todos que tenía sus propias características y reglas. Para mí el trabajo del coreógrafo se trata de plantar la semilla para que ese mundo se genere entre todos los que participan, encontrar formas en las que los intérpretes puedan identificarse con la motivación, puedan involucrarse y se sientan con ganas de proponer. Lo que busco es encontrar esos «momentos» durante el proceso y también en las funciones. Momentos en los que nos estamos comunicando en otro plano.

¿Cómo es tu proceso creativo y de disciplina? Cómo es un día contigo.

Mi disciplina es por necesidad. Necesito tener una clase de danza al día, como decía antes, si no la hago, es como si pasara un tiempo sin hablarme, sin saber de mí; me voy alejando y cuando regreso a un salón de danza no sé qué va a pasar, no sé cómo voy a reaccionar. En realidad soy algo floja para hacer ejercicio por mí misma, ese lo hago porque me obligo y me siento bien después de hacerlo. Definitivamente también me encanta descansar, tener vacaciones y olvidarme de todo, pero me sabe mejor si siento que, como dicen «me gané el descanso».

En cuanto al proceso creativo, busco algo que me emocione hacer, cuando pienso en lo que voy a hacer y me da flojerita mejor dejo ese tema y busco otra cosa. Siempre colaboro con algún artista, ya sea bailarín, músico, plástico y/o visual, ya que me es indispensable la retroalimentación. Para generar movimiento me ayudo mucho de la música, aunque después la cambie. La uso para que me dé el tono y la intención que busco en el movimiento. Cuando estoy en un proceso creativo, todo el tiempo estoy buscando pistas. Es como si estuviera resolviendo un acertijo: las pistas pueden estar en los lugares más inesperados. Eso es algo que me parece muy valioso para hacer, entrar en un estado de asombro y búsqueda, es como si al mundo le aparecieran puertas secretas.

¿Qué otras disciplinas o creadores te inspiran?

En México, la primera compañía que vi y gracias a la que supe que quería bailar danza contemporánea, fue Contempodanza, y cuando conocí a los Delfos y la Escuela de Mazatlán me gustó aún más. Definitivamente me inspira la música, me encanta ver grupos en vivo. Suena cursi pero me gusta cerrar los ojos al escuchar música e imaginar. La música se comunica en otro plano. Me encanta el cine, la literatura, la pintura, las artes plásticas. Me gustan las cosas que me rompen esquemas.

¿Cómo experimentaste y percibiste el movimiento dancístico en Morelos? ¿Crees que existe un movimiento con fuerza? ¿Cómo lo comparas con lo que viviste en Mazatlán con Delfos?

Si hay un movimiento dancístico muy fuerte, con vertientes hacia lugares muy distintos, hay danza contemporánea, clásica, afro, árabe, folklor, salsa, etcétera. Como en todos lados hay escuelas muy buenas y otras no tanto. En Mazatlán la danza contemporánea está centrada en la Escuela dirigida por Delfos, me parece que en Morelos no es así. Con la Licenciatura en danza que está iniciando en el Centro Morelense de las Artes crecerá mucho más.

¿Cuáles son tus planes a corto y largo plazo en torno a la danza?

A corto plazo seguiré bailando, con o sin público, ya que ahora no formo parte de un grupo que se presente. Me estoy involucrando con grupos independientes de teatro y danza-teatro. Esto me interesa mucho y tengo poca experiencia. Quiero hacer una maestría, todavía no tengo totalmente definido en qué. Para estudiar me interesa la docencia, la danza terapia y el aspecto teórico de las artes escénicas. A largo plazo quiero dar clases, colaborar en proyectos artísticos diversos, escribir algo relacionado con la danza.


Autores
Escritor, crítico de cine y co-director del Festival Grotesco. Forma parte del Grumo de Escritores de la Barba Naranja. Se interesa por las películas de terror, el vegetarianismo, las bicicletas, los perros, la música con guitarras distorsionadas, las mujeres que cantan, la literatura, la filosofía y el punto de encuentro entre todas esas cosas (véase: Hora de aventura).

Las nuevas rutas a seguir del rock mexicano reciente se bifurcan en ese sendero borgiano de lo indefinido. No hay caminos signados por lo preciso, y las guías que podamos ofrecer para intentar dar brújula del rumbo, son insuficientes.

Este mapa es apenas una sugerencia. Nos gustaría que fuera visto como treinta y cuatro diferentes aproximaciones a la música hecha hoy en México. Pero no queremos pecar de tibios. En colaboración con Tierra Adentro, Juan Carlos Hidalgo abre la conversación —siempre plural y crítica— acerca del trabajo de las bandas que aquí se presentan. Breves semblanzas armadas con el hilo conductor que es el gusto por la música expresada por jóvenes talentos menores de treinta y cinco años de edad. Postales de los diversos estilos, de las atmósferas discursivas que las bandas provocan al escuchar sus canciones.

Da click aquí para conocer a los integrantes de nuestro mapa sonoro. 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

El cuerpo es un espacio de representaciones, epicentro que no escapa de su propio grado de indeterminación. Donde quiera que miremos, nos sorprende un mundo desbordado en significado, ficción y deseo. Cuando las cosas establecen diálogo con su entorno y colocan palabras sobre la complejidad de ser, hablamos de arte. Utilidad que va más allá de lo práctico o inmediato. No hay nada superior en él, sólo quizás aquello que no comunica directamente y puede así conectarnos con otro tiempo, alguna forma de ver y entender al otro (sobre todo al otro donde habitamos). Hoy en día, el arte es también la no-obra, el contexto de enunciación, la vía interpretativa que construimos con múltiples lenguajes.

Edith Chávez es una artista joven egresada de la primera generación de la licenciatura en Artes plásticas de la UABJO. En 2010 ganó la Bienal Nacional de Artes Gráficas Shinzaburo Takeda, llamada así en honor al profesor y artista japonés que desde los setentas ha contribuido con el desarrollo de la gráfica y el arte en Oaxaca. En abril viajó a un encuentro de gráfica en Cuba con Rosa espino, título de su más reciente serie en gran formato. Edith es de las pocas mujeres de su generación que permanece activa y se ha destacado no sólo por su talento, sino por su arduo trabajo. Realiza principalmente autorretratos, indagando en los límites del cuerpo dentro de su espacio representativo.

En este tiempo, los modos de ver se han multiplicado hasta crear comunidades interpretativas divergentes. Como técnica de impresión, desde hace décadas la gráfica ha formado parte medular de exploraciones artísticas en esta pequeña ciudad. Pintores consagrados como Rodolfo Morales, Rufino Tamayo y Francisco Toledo, también han trabajado gráfica sobre diferentes soportes para obtener impresiones de la misma imagen.

A pesar de su popularidad, resulta extraño que la gráfica no suela exhibirse en galerías del centro, tampoco es frecuente en museos, a menos que lleve la firma de quienes ya son reconocidos como pintores. Como si los pintores formaran parte de una categoría superior, canon donde no sólo se dicta lo que se dibuja sino qué técnica se utiliza. En realidad, quienes prefieren la gráfica también lo hacen por una cuestión práctica, de sustentabilidad: los materiales utilizados para pintar son mucho más caros, y si uno no se dedica a dibujar tehuanas, árboles o vírgenes de Guadalupe, resulta difícil vender y recuperar lo invertido. Esto representa una problemática del arte actual en Oaxaca.

Edith comparte su taller con Iván Bautista, artista de su generación para quien además suele posar. El taller es una casa de dos pisos alejada del centro de la ciudad e inmersa en un paisaje rural. En la planta baja tienen una prensa de grabado que recientemente adquirieron a cambio de obra (el trueque y el pago en especie son prácticas comunes en el ambiente artístico oaxaqueño). En este piso, Edith también guarda las placas de madera que utiliza para grabar y que a mi parecer, son piezas de arte por sí solas. La madera entintada tiene el encanto de ser vestigio y agente de un proceso antiguo. La planta alta se ocupa para trabajar la madera, proceso que va desde trazar y cortar, hasta quemar con soplete la superficie para resaltar los diseños naturales del árbol, técnica que Edith e Iván aprendieron del maestro Pedro Ascencio en el taller de grabado de la ENAP.

Existen diferentes procesos para obtener la imagen que el artista desea sobre papel. Edith me explica que emplea varias placas para conseguir los colores que quiere en la pieza final. Primero escarba la madera de pino, material que prefiere para grabar porque los cinturones y nudos de este árbol altamente resinoso dan a la pieza una textura especial y alta definición al imprimir. Después entinta el dibujo en relieve, lo cubre con papel y pasa con cuidado por la prensa para sacar pruebas, volver a la pieza y trabajar más en el detalle. El fondo suele hacerlo aparte, recortando la madera a la medida del dibujo, escarbándola y entintándola con otro color para después unir las placas en una última impresión.

Las piezas de Edith narran un aspecto no prototípico de lo femenino. Pollos que cuelgan destazados y cuyas cabezas ofrece en un plato, adornan sus autorretratos para construir otra cara de lo que comúnmente asociamos con este género. Edith me dice que cuando era niña su madre vendía pollo en el mercado, a ella le fascinaba la textura y el color de esta carne. Advierto que como sucede en la vida cotidiana, en un plano alejado de cánones e ideas en torno a lo que suponemos es una mujer, Edith elige sus propios significados en torno al cuerpo como espacio de representación. Quizás en su obra traza una versión ficticia de su madre, matizada por el ideal de quien alimenta y protege, pero también de quien ama con crueldad, eso también significa tener familia.

La pintura se ha posicionado como la principal manifestación artística en esta ciudad. Sin embargo, lo que generalmente se exhibe en galerías resulta tener la misma estética que hemos visto una y otra vez, maquillada con algunos apuntes nuevos, de los grandes pintores oaxaqueños. ¿Eso es lo que quieren los compradores de arte o más bien es lo único que se ofrece? A mi modo de ver, aquí coexisten, sin mezclarse, dos mundos distintos de creación plástica y exhibición: pintura y gráfica. Ambos campos culturales poseen sus propios exponentes, espacios de exhibición y públicos.

La gráfica ha sido denostada por la industria cultural actual por varias razones. Diría que una de ellas radica en su origen popular y en su utilidad versátil: se ha empleado para muchas cosas, para ilustrar corridos, carteles, libros, para hacer invitaciones o folletos (Posada, por ejemplo, realizaba su labor casi como obrero e imprimía en papel barato centenares de copias); otro punto está justamente en su facilidad de reproducción: el mercado se muestra fascinado por el sello de lo auténtico y el estatus que esta ficción confiere a quien compra, pero lo cierto es que los artistas suelen ahondar en un puñado de tópicos y repetir una misma idea hasta el cansancio. No existe lo auténtico en términos específicos, el arte actual navega entre la tradición y el diálogo.

¿Por qué, entonces, numerosos artistas siguen prefiriendo trabajar con prensa, tinta y papel en esta ciudad?, ¿qué hay de especial en esta forma de crear que los hace elegirla sobre la pintura, una venta casi segura en el mercado oaxaqueño? El amor a la gráfica radica quizás en su proceso de producción, el contacto con diferentes materiales y la posibilidad de experimentar con ellos al imprimir; además del sentido de colectividad que impera en los talleres. El trabajo de Edith Chávez es una muestra de la complejidad de este proceso artístico, el talento de sus exponentes y su naciente reconocimiento.


Autores
Es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas, por la UNAM. Junto al artista plástico Pavel Acevedo, dirige Espacio Centro, un lugar independiente de exhibición y producción artística ubicado en la periferia de Oaxaca. Trabaja lentamente en su ficción y en un pequeño huerto.

Sólo porque la peluca está ubicada sobre la cabeza, tendemos a calificarla, injustamente, como un objeto real. Es asumida con la simpleza del esmalte para uñas o las propiedades sintéticas de la tóxina butolínica. La peluca asocia las ideas de plasticidad, ocultamiento y superficialidad. Como todo postizo es, en sus propios términos, un reemplazo, un paliativo para la carencia y también, como si la medida real del asunto fuese la dicotomía entre falso/verdadero, un constructor de realidades aparentes.

Los términos de la apariencia y la simulación no están negados a los escrutinios hechos a profundidad, no son ajenos al análisis y mucho menos escapan, aun a sabiendas de su propia falsedad, al lente del pensamiento. Este último está íntimamente ligado a la cabellera. El hombre que sistemáticamente se rasca la cabeza no necesariamente está pensando, pero la imagen de los dedos hurgando entre las hebras de pelo casi siempre evoca la duda, la contemplación y el cuestionamiento, en fin, el discurrir de las ideas.

Desconozco el número de ocasiones que Luigi Amara debió rascarse la cabeza durante la escritura del libro que ahora tengo en las manos y aunque no estoy seguro de que exista una postura correcta para pensar, considero que al escribir un ensayo uno siempre debe rascarse la cabeza. Con suerte, alguna idea quedará atrapada entre uña y carne.

El ensayo, como la cabellera, suele ser maleable y difuso. Un territorio que se recorre con los ojos del tanteo y la inquietud. De ahí que sea preferible evitar los manuales que codifican las hechuras del género ensayístico, y los instructivos diseñados para dar orden y normativa a los cuidados del cabello. Desde luego, ni el ensayo ni el cabello escapan a ciertos cuidados superficiales, necesitan su forma y brillo, y claro, es preferible que tengan cierta vitalidad y no vayan por ahí soltando caspa, manchando con suciedad los dedos de sus lectores o dando una imagen malograda resultado de frases orzuelísticas o resequedad léxica.

Amara reconoce que la labor del ensayista siempre ha sido la provocación, la mutación y el embuste; pero con ello viene también la metamorfosis del escritor en un ejercicio de ida y vuelta entre su escritura y su persona. Historia descabellada de la peluca muestra a un autor disponiendo su inteligencia, disciplina e irreverencia ante un asunto que por ser considerado baladí se permite ahondar con relativa agilidad en las prácticas de simulación y efectismo propias de la cultura occidental.

Así leemos que la peluca de Andy Warhol, más que elusiva pieza contra la calvicie, puede leerse como la perfecta maquilación de una identidad artística que es a la vez mercancía y postura;  el autor además descodifica el lugar que la peluca ocupa en las cabezas de filósofos como Kant y Leibniz, argumentando que la posición de la peluca en el canon de la filosofía occidental no se reduce únicamente a una impostura de la moda, sino que se trata de «nada menos que la cabellera sofista. La cabellera sin más fundamento que la impresión que despierta. Sin raíces pero ufana de su fronda. La cabellera máscara. [Colocada] allí, en la coronilla de los más insignes filósofos».

Pero el cabello no sólo es atisbo de la identidad, también es una provocación. Como las melenas de James Dean o los Beatles, el cabello fundamenta su estilo en un espíritu transgresor porque se encuentra insatisfecho con los discursos y modelos establecidos. Luego Amara remata con la ayuda de Dusty Springfield, esa figura transgresora y a la vez establecida que «encarnó la crítica al binarismo social, a las divisiones tajantes con las que se articula la lógica de la exclusión, comenzando por la de blanco y negro, nativo y extranjero, genuino e impostado, homo y hetero», es decir, Dusty como crítica y reconsideración de la identidad.

Más que ironía, la peluca puede ser vista como una mofa, y desde esa postura –la verdaderamente falsa– se nos revela como una mentira, por lo tanto puede desafiar todo lo que entendemos como verdadero.

Los episodios recogidos aquí fluctúan entre la disertación humorística y lo fascinante de la tragedia, posiblemente porque la cultura que ha dado origen a la peluca suele comportarse de esa manera: prisionera de sus propios chistes, brutalizada por la idea de quedarse calva y, en última instancia, simulada incluso en la peor de las sequías. Me resulta inevitable recordar otro título capilar: Historia del pelo del argentino Alan Pauls, el cual desarrolla, también a partir de una fruslería tan simplona como el corte de pelo, una historia brutal, irónica y profunda sobre la época más descollante para la sociedad argentina. El pelo, más que servir de pretexto para la escritura del relato se convierte en el hilo conductor a través del cual el relato encuentra su forma.

Mención aparte merece la prosa con la cual Amara ha decidido abordar el tema del pelo. Estiliza, acicala y ondula el texto como le viene en gana. Lo cual hace de su lectura no sólo una compilación inteligente de episodios funestos sobre la falsificación, la impostura o la mentira, sino una lección precisa del ensayo como una entidad que puede leerse según la mentalidad que lo peine. Lo que Amara hace tiene poco —o realmente poco— que ver con la idea más neutralizada del ensayo como exposición de argumentos y ese rastreo, siempre inestable, de la objetividad. Sostiene otro principio, el principio de que las ideas de verticalidad y objetividad son tan ajenas al ensayo que éste podría, si así lo desea, no ocuparse de ellas, y en cambio, continuar minando las posibilidades de la escritura hacia una actitud más vital. Porque la escritura es así, más cercana a un laboratorio de la experiencia que a una ficha bibliográfica.

Historia descabellada de la peluca puede ser leído como una reconsideración de la identidad del ensayo, y en este sentido, es más que notable, es soberbio. El ensayo quizá habría de ser siempre así, difuso y ajeno a la imposición como lo hace el pelo, que lo mismo se deja mover por el viento que por la mano que lo estiliza; más que una exhibición de juicios y tesis, a ratos inconexas, una inquietud, una provocación, una postura.


Autores
(Ciudad de México, 1989) es escritor y publicista.

Tom Brady es el mariscal de campo de los Patriotas de Nueva Inglaterra, un héroe y hoy, también, un ciudadano puesto en entredicho por la sociedad norteamericana, y por qué no, por el mundo anglosajón. El llamado DeflateGate es analizado por Manuel Dávila Galindo en un contexto de narrativas fabricadas e instituciones perfectas.

 

We just need to go out there and do our jobs, just as you professionals do your jobs. No… All you guys lied. All of y’all. In a story or whatever, have lied. Should you have asterisks behind your name? All of you have lied! All of you have said something wrong, all of you have dirt. All of you. When your closet’s clean, then come clean somebody else’s. But clean yours first. “

Barry Bonds 

“Una libra de cadera no es cadera,<
dos libras de cadera no es cadera,
tres libras de cadera no es cadera.” 

Edgardo Franco

 

Jimmy es un chico de Illinois, jugó football en Illinois, estudió en Illinois, se hizo una leyenda en Illinois. Ser un mariscal de campo en Eastern Illinois puede no ser tan sexy como jugar en Alabama o USC, pero probablemente tiene mucho más impacto en la comunidad, en las noticias locales y por supuesto en el nombre y calificaciones que se vuelven necesarias al momento de ser considerado como un jugador elegible para el Draft. [1] A pesar de ser considerado un prospecto de tercara ronda, Jimmy Garoppolo fue elegido por los New England Patriots en la segunda ronda del Draft de 2014. Suponiendo que fueras un mariscal de campo en el Draft, ser elegido por los New England Patriots probablemente es lo peor que te puede suceder porque dormirás, calentarás, soñarás y comerás banca durante un largo tiempo. Al menos hasta que Thomas Edward Patrick Brady Jr. decida retirarse y convertirse en una de las más grandes leyendas que jamás han jugado football.

Aclaremos algo importante, detesto a Tom Brady como detesto a todos los hombres que parecen vivir el cuento de hadas que te convierte en Capitán América. Nadie es más Capitán América que Tom Brady.

En el minuto 9 con 17 segundos del segundo cuarto, abajo en el marcador por 14 puntos, D’Qwell Jackson[2] se adelanta a Rob Gronkowsky[3] en la yarda 6 de su propio campo  e intercepta a Tom Brady durante la final de la Conferencia Americana el 18 de enero de 2015. Después de la intercepción Jackson entregó el balón a un miembro del staff de su equipo en la banca que inmediatamente notó que el balón no estaba propiamente inflado[4]. Los reportes sobre el análisis de los balones y sobre todo este asunto probó que los balones estaban una libra debajo del reglamento en la NFL. ¿Cuál es la ventaja deportiva que se obtiene al desinflar un balón una libra? Ninguna, en realidad lo único que permite es que en ciertos tipos de clima el mariscal de campo tenga mayor agarre al momento de lanzar, o al menos eso cree Thomas Edward Patrick Brady Jr. ¿Cuál es la importancia de si un balón en un partido, que terminó siendo una paliza a favor de los Patriots, está una libra por debajo de lo reglamentario? Nada, absolutamente nada, los Pats hubieran destrozado a los Colts con balones o melones. La realidad es que Tom Brady es uno de los mejores mariscales de campo de la historia.

Entonces, si la libra perdida no tuvo ninguna injerencia en el resultado del partido, ¿Por qué comentaristas, entrenadores, jugadores, cómicos, presidentes, trolls, tuiteros y periodistas están obsesionados con el DeflateGate? Simple: porque ocurrió en la NFL y la NFL es la narrativa cultural norteamericana por excelencia. No por nada le llaman DeflateGate en franca referencia al afamado Watergate, la relación que conservan estos dos eventos de la historia americana son por demás similares, por ridículo que esto le parezca a cualquier persona. Tom Brady es el nuevo Nixon, aunque probablemente Nixon y una buena parte de los americanos considerarían que lo que hizo Brady fue mucho peor.

¿Qué fue lo que hizo Brady? Pedirle a dos asistentes de su equipo que desinflaran una libra los balones que usarían los Pats a la ofensiva. Brady no es el primer mariscal de campo en hacer esto. Desde el año 2006 cuando la liga permitió que los equipos manipularan los balones que usarían durante el partido, distintos mariscales de campo han pedido que se inflen o desinflen conforme sus preferencias. Algunos consideran que el agarre es mejor con balones sobre inflados y otros piden que se les quite un poco de aire para poder lanzar mejor. Este es el mejor ejemplo de novela negra que se puede encontrar, porque las mejores historias negras que se pueden encontrar siempre tienen el arma a la vista de todos, aunque nadie pueda verla hasta que el desenlace sigue su camino natural.

Ahora Tom Brady está suspendido durante cuatro partidos, por “más probablemente sí que no estar enterado o haber solicitado que los asistentes desinflaran los balones”. Quien redactó estas líneas que cito es Ted Wells, fiscal de distrito y uno de los abogados más respetados en Estados Unidos. Wells ha defendido gobernadores, soplones, congresistas y corporaciones, y un buen día fue llamado por el comisionado de la NFL para hacer una investigación independiente sobre lo que ocurrió ese 18 de enero. Ted entregó un reporte de 294 páginas donde analiza a detalle declaraciones, correos electrónicos, mensajes de texto, entrevistas y todo el material posible para decidir quién tenía o no responsabilidad en el DeflateGate. ¿Millones de dólares? No quiero ser exagerado, pero un abogado como Wells y un equipo completo de investigadores pudo haber cobrado esa cantidad de dinero por la investigación, una investigación que no resuelve nada trascendente, que no aclara asesinatos o crímenes de lesa humanidad. Probablemente se ha dedicado más análisis, estudio, polémica y declaraciones al DeflateGate que a Guantánamo, izquierda y derecha norteamericana se han involucrado en este tema mucho más de lo que jamás se involucraron en Irak o Afganistán. ¿Por qué? Porque la NFL es mucho más importante para Estados Unidos que cualquier guerra, conflicto, fraude, esquema Ponzi o mentira que jamás se haya dicho, porque lastimar a la NFL es lastimar el sueño americano.

Official game balls for the NFL football Super Bowl XLIX sit in a bin before being laced and inflated at the Wilson Sporting Goods Co. in Ada, Ohio.

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Tom Brady apelará la sentencia, no porque necesite el sueldo que le pagarán durante esos cuatro partidos (ocho millones dólares) o porque crea que los Patriots no pueden ganar sin él (la última vez que Tom Brady estuvo fuera los Pats ganaron 11 partidos); lo hará porque el Capitán América no puede ser puesto en entredicho. Porque todo lo que Thomas Edward Patrick Brady Jr. es depende de no ser involucrado en un escándalo como el DeflateGate, porque cuando tuvo la oportunidad de ser abierto y transparente decidió “no cooperar”[5] con la investigación y eso, ante los ojos de los espectadores y el mundo, te acerca más a ser culpable que a ser inocente. Nixon no renunció a la presidencia de los Estados Unidos por la intrusión a las oficinas del partido demócrata, renunció porque mintió a los norteamericanos y automáticamente se convirtió en el villano por excelencia. Barry Bonds no fue destrozado por haber usado esteroides, fue destrozado porque cuando tuvo la oportunidad de arrepentirse no lo hizo. Mucho se habla de que en Estados Unidos lo único mejor a tener héroes es ver a esos héroes caer. Esto es falso, a los americanos no les gusta que sus héroes caigan, les gusta que se equivoquen y después, en un acto de arrepentimiento, confiesen y puedan convertirse en el hijo pródigo que vuelve a casa después de un oscuro pasado. Desde los Amish que envían a sus hijos a vivir el mundo para hacerlos después renunciar a él, hasta Bill Clinton aclarando que no tuvo relaciones sexuales con Monica Lewinsky, la historia americana depende constantemente de los giros de tuerca narrativos que a la larga hacen que la reivindicación sea el camino más puro, más honesto.

Tom Brady lo tiene todo, la historia de haber sido una selección de séptima ronda en el Draft y llegar a convertirse en el mejor de todos los tiempos. Tiene cuatro anillos de Súper Bowl y dos más que perdió en momentos narrativos insuperables, tiene una esposa súper modelo que lo ama tanto que vive para él, juega para los Patriotas de Nueva Inglaterra, el equipo que en aquel terrible 2001 se levantó con el Súper Bowl logrando por primera vez borrar la imagen de las Torres Gemelas en la mente de los americanos, Tom, pinche, Brady es el maldito Capitán América, es la bandera en carne y hueso, es la prueba de que el sueño americano sigue vivo y que a pesar de todas las dificultades puedes cambiar el curso de la historia trabajando duro. Tom Brady es infranqueable, indestructible, ha logrado convencer a todos de lo bueno que es, porque realmente es bueno, aún a los que lo detestamos y disfrutamos cada una de sus derrotas como un grito desesperado desde la periferia social, intelectual, deportiva, lo que Brady ha logrado en la cancha es inapelable, no hay forma en la que se pueda desestimar una carrera que no sólo lo pondrá en el Salón de la Fama si no que además lo coloca en la discusión sobre “el mejor de todos los tiempos” en un deporte donde cada mes hay un nuevo héroe.

Pero a esos balones les faltaba una libra de aire. Esos balones no eran legales, no estaban en las reglas, no cumplían con el código inquebrantable de la justicia deportiva en un país que no cree muy firmemente en otro tipo de justicia. Tom Brady es corrupto, es mentiroso, es un tramposo, es la personificación de los esteroides en un deporte donde realmente no se persigue el uso de esteroides; es el que apuesta sobre sus propios partidos, es un monstruo que no debe hablar jamás con los niños, es el ciclista que después de ser el héroe del cáncer se descubre que hizo trampa en todas sus carreras. Tom Brady pende de un hilo como jamás pendió en su vida. Ni siquiera los meses que pasó en la banca detrás de Drew Bledsoe[6] pudieron ser peores, no me imagino un solo momento en su vida que pueda ser peor a este donde el mundo le exige que devuelva el escudo y cuelgue la máscara. Pero la NFL es perfecta. Es el sistema democrático social perfecto. Porque mientras Brady se prepara la batalla de su vida, un chico de Illinois suelta el brazo, esperando que esos cuatro primeros partidos de la temporada le permitan ser el próximo Capitán América.

 


[1] Proceso de selección de jugadores colegiales para la NFL. El peor equipo elige primero.

[2]Apoyador de los Indianapolis Colts.

[3] Ala cerrada de los New England Patriots.

[4] En la NFL los balones deben estar a 13.5 libras.

[5] Tom Brady se negó a entregar su teléfono personal para revisar los mensajes de texto.

[6] Primera selección del Draft de 1993 para los Patriots.


Autores
ciudad de México, 1980. Editor y traductor. Fundó de la editorial Uno de Tres y desde el 2006 se dedica de lleno al libro electrónico. Ha publicado en revistas como Lenguaraz , Dónde ir , Tierra Adentro , Lee + , Hermano Cerdo y Texturas 17 .