Tierra Adentro

Como una de las disciplinas artísticas más antiguas, la arquitectura está en constante evolución, no sólo por sus entrecruces con el arte sino por la necesidad social de la construcción. En el siguiente ensayo, Christian del Castillo traza la genealogía de la arquitectura nacional para ofrecer un plano, que brinca de Puebla a Chiapas y de Veracruz a Nuevo León, de los mejores despachos y arquitectos jóvenes en la República mexicana.

Contexto

¿Qué función cumple la arquitectura actual? ¿Es utilitaria, es espectáculo, es interdisciplinaria, es social? ¿Para qué sirve o desde dónde aborda las problemáticas actuales? ¿Hay compromiso del gremio arquitectónico o sólo es fachadismo común? Para abordar y definir el concepto de arquitectura hay múltiples aproximaciones. Le Corbusier, teórico, diseñador, pintor, y uno de los máximos exponentes de la arquitectura moderna del siglo xx, dice que la disciplina está más allá de los hechos utilitarios.

La arquitectura es un hecho plástico. Su significado y su tarea no es sólo reflejar la construcción y absorber una función, si por función se entiende la de la utilidad pura y simple, la del confort y la elegancia práctica. La arquitectura es arte en su sentido más elevado, es orden matemático, es teoría pura, armonía completa gracias a la exacta proporción de todas las relaciones: esta es la «función» de la arquitectura.[1]

Así, entendemos que las relaciones plásticas podrían comprenderse a partir de la geometría, la materia y el espacio, y que los hechos utilitarios no son los únicos con presencia en la misma, hay armonía y confort al servicio del «ser humano». Mathias Goeritz comenta que «El arte es un servicio y, si el arte no tiene una función espiritual, todos nuestros esfuerzos están condenados a llevarnos a una clase de arte egocéntrico hecho por intelectuales para intelectuales». El egocentrismo se sitúa perfectamente en la contemporaneidad arquitectónica, lo espiritual y divino de la disciplina queda a un lado, mientras que la parte del espectáculo, la falsa fachada y las luces, giran en torno a la presencia del fingido arquitecto.
Si lo citado por Le Corbusier y Goeritz es pertinente, ¿por qué en la mayoría de las escuelas de arquitectura se enseña aún desde términos autoritarios, estrictos y racionalistas? Lejana del campo de trabajo, del campo de acción, lejos de la periferia, donde no hay contacto con el contexto inmediato, ni con el material, ni con el «usuario», término ambiguo que se usa para referirse al «cliente», que en realidad es el habitante.
Las artes plásticas siempre quedan alejadas de la propia arquitectura; lamentablemente, estas desaparecieron del plan de estudios original de la entonces Escuela de Arquitectura de la UNAM, así como la cátedra de Educación visual que el propio Goeritz impartía basada en los cursos de Johannes Itten y Lászlo Moholy-Nagy de la escuela Bauhaus. Te hacen pensar que el arte sólo se imparte y proviene de las escuelas de dicha enseñanza, aun cuando la historia y la revisión de vanguardias europeas vinculan estas a la arquitectura, lo que hace pensar que no hay un dominio o conocimiento total de la misma historia. Persisten, además, profesores con ideas y métodos de enseñanza decimonónicos, proyectos autoritarios que hacen que el alumno no indague más allá de lo planteado en el salón de clases.
Por fortuna se ha gestado un grupo de arquitectos; una generación que, por suerte, destino, interés o coincidencia, tiene una nueva forma de percibir, pensar, sentir y, sobre todo, vivir en carne propia la arquitectura; una manera de abordar un todo: gesamtkunstwerk (la obra de arte total), partiendo de lo micro a lo macro, referido esto en concepto y repercusión positiva eventual, y no en escala, ya que esta sólo refleja el ego de determinado grupo de arquitectos, quienes no han entendido que lo monumental no tiene que ver con el tamaño y mucho menos con «el gusto y el tacto».
Dicha generación ha planteado bases y procesos interdisciplinarios, correlaciones y participaciones sociales, acciones hermenéuticas, y un vínculo más cercano y directo a las artes. Esta misma habita, propone y trabaja a lo largo de toda la República Mexicana, y a escala internacional, no sólo considerando a la Ciudad de México como punto focalizador de ideas.
Formaciones diversas, intereses comunes y opuestos, experimentación in situ y, lo más tangible de esto: el atrevimiento a transgredir el espacio físico, a apropiarse de narrativas, conceptos e ideas potentes, con un fin positivo y puntual, abordando proyectos que van desde la intervención para un sitio específico hasta la de blocks de arena, generando un espacio habitable y sutil para el ser humano, proyectos de una naturaleza sensible, lejos de los reflectores y del espectáculo citadino.

PLANOS PARA LA NUEVA ARQUITECTURA MEXICANA[2]
S-AR
Monterrey | s-ar.mx

Taller colaborativo de arquitectura alternativa con base en Monterrey, fundado en 2006. Su trabajo se enfoca en el diseño y desarrollo de proyectos de arquitectura de diversas tipologías y escalas, incluyendo diseño urbano, así como mobiliario y otros objetos o proyectos editoriales independientes sobre temas de arquitectura.

■ Módulo 10×10. Prototipo de vivienda emergente. Sistema constructivo experimental basado en el aprovechamiento de cimbras industriales de reuso. Proyecto desarrollado en conjunto con el programa 10 casas para 10 familias del ITESM

Módulo 10 x 10. Imágenes tomadas del sitio: http://s-ar.mx/home/modulo-10x10/

Módulo 10 x 10.
Imágenes tomadas del sitio: http://s-ar.mx/home/modulo-10×10/

 

JAPI
Guadalajara | japi.mx
Estudio de arquitectura con base en Guadalajara. JAPI es un equipo interdisciplinario integrado por arquitectos, diseñadores, ingenieros y urbanistas dedicados a la práctica de la arquitectura, la investigación y el activismo en la ciudad. El estudio utiliza la memoria histórica para crear espacios conscientes a su entorno. Su «elegancia divertida» es producto de la reinterpretación de las cualidades espaciales y materiales de otras épocas, dándoles un lugar en la arquitectura actual, de forma lúdica y más allá de cualquier tendencia. Su hacer diversifica y «arquitecturiza» procesos. JAPI se rige por metodologías de colaboración y autogestión que relacionan personas, economías, culturas e ideas.

■ Casa-habitación Marsella 380. Adecuación de casa habitación. La finca fue construida en la década de los años setenta; para su reestructuración se planteó como premisa utilizar una paleta de materiales característicos de la modernidad tapatía y de la arquitectura popular del oriente de la ciudad que han venido desapareciendo con el paso del tiempo. Celosías prefabricadas de concreto, mosaico de pasta, herrería tradicional y vitroblock son los materiales que integran dicha paleta.

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Casa-habitación Marsella 380, Guadalajara, 2007 Imagen tomada del sitio: http://japi.mx/obra/marsella-38

Casa-habitación Marsella 380, Guadalajara, 2007
Imagen tomada del sitio: http://japi.mx/obra/marsella-38

 

Intersticial arquitectura

Querétaro | intersticial.com.mx
Taller multidisciplinario dedicado a diseñar experiencias en espacios que sirvan a la gente y su entorno. La calidad y poder en el diseño son la premisa que exige al taller a actuar de acuerdo a las necesidades reales, sensibilidad y problemática que cada ejercicio requiera. Trabajan de manera detallada y meticulosa para resolver el ejercicio en cuestión. Consideran que no se debe marginar ningún ángulo del diseño, puesto que el proyecto debe funcionar como un todo cuyas partes estén íntegramente engranadas, tanto al exterior como al interior. El diseño debe ser honesto para que el lugar posea esencia única, sin pretensiones, pero asumiendo sus limitaciones. Les interesa explotar la creatividad en cada oportunidad sin importar la escala a lidiar.
Desde un objeto, mueble o casa, hasta un planteamiento urbano. Los detalles expresan lo que la idea fundamental exija. La arquitectura que proyectan está plantada en el sitio con fuerza y pertenencia, considerando siempre lo existente para «entretejer ciudad» desde el sitio, su inmediatez y contexto de manera responsable e integral. Actúan por tectónica: un entendimiento técnico y sensible del comportamiento de los materiales al momento de unirlos en un determinado lugar.

Espacial, 2012. Ejercicio de exploración espacial y composición, una línea estrecha entre arte, escultura y arquitectura.

Espacial 2012. Imagen tomada del sitio http: //www. intersticial.com.mx/ espacial.

Espacial 2012. Imagen tomada del sitio http: //www.intersticial.com.mx/espacial.

Rogelio Sánchez
Puebla | metodosalgari.com
Rogelio Sánchez es arquitecto y maestro en historia. Su actividad profesional se ubica entre la obra arquitectónica, la investigación y el arte contemporáneo, en los límites entre la construcción, la escultura, la instalación, el site specific y la arquitectura experimental. Es fundador del colectivo artístico ítalo-mexicano El Método Salgari con el que ha realizado proyectos y exposiciones en Europa y México. Cuenta con una distinguida trayectoria académica de más de quince años. Es coautor del libro Lecturas de historiografía antigua y renacentista (2004) y compilador del libro Recordar la historia (2007), ambos publicados por la BUAP. De enero de 2010 a diciembre de 2015, dirigió el Departamento de Arquitectura en el Tecnológico de Monterrey en Puebla.

■ Gritario, 2014. Arquitectura experimental con alumnos del ITESM campus Puebla.

Gritario.  Imagen cortesía Rogelio Sánchez.

Gritario.
Imagen cortesía Rogelio Sánchez.

G+G ARQUITECTOS
Veracruz | @jaimarq
Experimentando desde fuera de lo «arquitectónico» como disciplina, el despacho G+G Arquitectos busca responder a las condiciones particulares de cada proyecto arquitectónico, entendiéndolo como un acontecimiento único, sin la intención de encontrar una constante en cada obra. En este sentido, conciben a la arquitectura como un esquema cognitivo vivo transitorio en el tiempo. Jaime García Lucia se ha enfocado en la búsqueda de metodologías alternativas teóricas y plásticas, al tiempo que introduce diferentes métodos de enseñanza en su labor como investigador y académico de la Universidad Veracruzana. Coeditor de la revista ARQ con vaivén de hamaca, Jaime García Lucia trabaja con amigos arquitectos en Basement Instituto de Arquitectura, un organismo no lucrativo que intenta fomentar la educación en la arquitectura a través de otras dinámicas. Recibió mención honorífica en la VIII Bienal de Arquitectura Mexicana y ha sido becario del FONCA y del PECDA.

■ Contenedor, 2010. Reciclaje de un contenedor siniestrado, muestra itinerante sobre los primeros tres años de la revista ARQ con vaivén de hamaca.

Contendor, 2010.

Contendor, 2010.

Hans Kabsch
Tapachula | hanskabsch.com
Hans Kabsch arquitectura surgió como despacho independiente. Su manera de trabajar es por medio del networking, el proyecto nace y se desarrolla a través de una nube donde se cruzan todas las ideas. La base está en Tapachula, Chiapas, pero los colaboradores de determinados proyectos pueden estar en la Ciudad de México, Pachuca o Vancouver.
Otro detalle importante es que combinan el aspecto de diseño con el de investigación, paralela del legado de arquitectos del movimiento moderno chiapaneco; muchas de las soluciones para un clima tropical de los años cincuenta y sesenta, descubiertas y documentadas por la oficina, se analizan con el fin de reutilizar soluciones en sus proyectos.

■ Casa Roja. La propuesta se sitúa en un terreno de diez metros de frente por veintiséis de largo con una planta distribuida de suroeste a noreste con el fin de regular la temperatura y la luz natural en la vivienda; ambos aspectos auxiliados por los dos árboles relevantes en tamaño y existentes del entorno: un ficus al sur y un cedro al extremo norte.

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Casa Roja, Tapachula, 2014. Imagen cortesía de Hans Kabsch. Fotografías: Onnis Luque R.

NUEVOS DESPACHOS EN LA CIUDAD DE MÉXICO

La Ciudad de México se posiciona fuerte ante el mundo en el tema arquitectónico, generando así una simbiosis y un diálogo con el resto del país; hay relaciones e influencia entre los respectivos estudios interdisciplinarios, cimientos fuertes sobre una nación histórica. Destaco las siguientes propuestas discursivas:

Alberto Odériz
Ciudad de México | albertoderiz.com
Además de la arquitectura y el urbanismo, Alberto Odériz trabaja con la fotografía, la pintura, el collage o la escultura con las que ha participado en exposiciones en España y México. Recientemente ha sido ganador del concurso de urbanismo oppta con un proyecto para Chimalhuacán (2012), premiado en el concurso Jóvenes Artistas de Pamplona (2011), segundo lugar en el concurso para el Pabellón de México en la Bienal de Venecia (2014), mención honorífica en el concurso de urbanismo para la Merced en la Ciudad de México (2013); también ha obtenido mención en el concurso para intervenir el patio de El Eco (2015). En 2014 construyó la instalación El Zócalo, un ágora de ladrillo que estuvo en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México.

■ El Zócalo. Con motivo de la Feria de las Culturas 2014, en lugar de construir un monumento (todo significado y ningún uso), se propone un zócalo para que las personas estén en él (todo uso y ningún significado). Un pequeño foro de veinte metros de diámetro levantado con el material pétreo más barato del mercado (tabicón de 24 x 12 x 7 cm) y pensado para recuperarlo una vez finalizada la feria.

 

Zeller&Moye
Ciudad de México | zellermoye.com
Zeller & Moye es un estudio conformado por Christoph Zeller e Ingrid Moye que trabaja en la intersección de arquitectura, arte, diseño y nuevas tecnologías a través de una cultura de trabajo experimental, multidisciplinaria y colaborativa. Habiendo colaborado con SANNA en Tokio y con Herzog & de Meuron en Basilea y en Londres, ambos se consagran al diseño de la más alta calidad y a la habilidad en la manufactura.

■ Troquer, México, 2016. El nuevo espacio para la empresa online de comercio de Moda Troquer se ubica en Polanco, en la Ciudad de México. Se ha transformado una residencia existente en una casa de moda con un área de almacén visitable en planta baja, un estudio de fotografía y espacios de oficinas en el nivel superior.

Troquer, México, 2016.

Troquer, México, 2016.

DEAR
Ciudad de México | dear.mx
DEAR es una agencia creativa que interviene en proyectos de diseño, dándoles sentido, coherencia y mezclando diferentes campos y sensibilidades. DEAR se implica en proyectos arquitectónicos y comerciales; es decir, en todo lo que toca al diseño y la dirección de arte, del espacio al objeto, del 3D a la imagen, crean y llevan a cabo conceptos artísticos que se vuelven ambos ejecutados y eficaces.

■ Germinal niños, 2015. Instalación en Casa del Lago durante el festival pcip Germinal Niños. Se trata de una intervención arquitectónica que cambia la percepción de la escultura del poeta León Felipe. La plataforma alrededor de la escultura tiene una doble función paradójica: esconde e invita los niños a subir y a enfrentarse con el poeta.

Germinal niños, 2015.

Germinal niños, 2015.

Francisco Elías
Ciudad de México | Elias-architecture.com
Oficina de arquitectura, diseño y construcción bajo el nombre de ELÍAS ARQUITECTURA, con sede en la Ciudad de México, desde donde atiende proyectos privados y públicos con la filosofía de crear una plataforma de pensamiento, análisis e investigación donde las colaboraciones con especialistas de diferentes campos del conocimiento se integran para realizar proyectos personalizados que atienden de forma estricta los requerimientos que cada proyecto demanda. Cuenta con obras en varias ciudades del país, así como en Miami, San Antonio y París.

Penthouse en la colonia Roma, México, 2016.

Penthouse en la colonia Roma, México, 2016.

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FUNDAMENTAL
Ciudad de México | fundamentalmx.com
La constante participación en concursos de arquitectura consolidó al equipo y amplió el horizonte de su profesión. En la disciplina encontraron la confrontación de ideas y la exploración de procesos de trabajo, la posibilidad de probar estrategias de diseño en temas como el espacio público, el diseño arquitectónico y la arquitectura de paisaje: trabajar con el vacío como con el espacio construido, porque en él está todo potencial de articular la vida pública de la ciudad a través de las dinámicas urbanas, el arte y la gente. Sin embargo, no han dejado de observar las posibilidades que tiene la arquitectura para participar de forma transversal con otros medios y disciplinas. Sin duda, sigue siendo una de las principales rutas de exploración y lo hacen con proyectos personales tanto como con su obra, sumando la experiencia particular de cada uno de sus integrantes y su vínculo con la docencia, la impartición de talleres y la exploración o análisis de temas urbanos.

Barrio Chino-Mercado de Artesanías. Plaza del Buen tono, 2014.

Barrio Chino-Mercado de Artesanías. Plaza del Buen Tono, 2014.

CONCRETANDO

El quehacer del arquitecto no sólo es de orden funcional; implica valores, esencia y espíritu. La arquitectura contemporánea en México y su marco internacional, aportes, metodologías, conceptos, acciones y hechos. Materiales, forma, detalles y ligereza se manifiestan intrínsecamente. Espacios contenidos y contenedores, sumados al entendimiento de un contexto y un objeto, traducido en interdisciplina y provocación, binomio perfecto en las ecuaciones contemporáneas creativas.
Si bien el gran legado de las propuestas arquitectónicas del siglo xx en México persisten aún con fuerza y presencia, debido a una serie de cualidades y características de época, las actuales comienzan a hablar por sí solas; basta dejar pasar el tiempo y la experiencia del habitante: estos serán los jueces finales en la decisión formal de la creación arquitectónica actual en nuestro país. Ya lo dijo Octavio Paz: «la arquitectura es el testigo insobornable de la historia porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él, el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones».

 

 

 

 


 

[1] http://www.arquine.com/en-palabras-de-le-corbusier/
[2] La información de cada despacho o arquitecto fue tomada de las páginas de los respectivos proyectos. Las fotos fueron cedidas para ilustrar este texto con permiso de los despachos.


Autores
(Ciudad de México, 1981) fue becario del programa Jóvenes Creadores del FONCA en la categoría Diseño Arquitectónico. Es coautor de La guía Goeritzy curador del programa MicrourbanismoCH de Casa Vecina.

Los jóvenes creadores están en constante renovación y (re)construcción. Pocas ideas resisten el paso del tiempo y aun menos son coherentes con la actualidad. Por esta razón, en Tierra Adentro decidimos enfocarnos en la arquitectura para desentrañar a una disciplina artística que, por su materialidad, responde a intereses sociales y económicos. En este dossier, los jóvenes especialistas Christian del Castillo, Georgina Cebey, Marianne Bautista y Carlos Ortega discuten sobre las posibilidades artísticas de la arquitectura, las desventajas de estar atados a intereses económicos y las fallas del sistema social, a la vez que trazan una genealogía y lanzan propuestas de lo mejor de la arquitectura nacional. Ilustra este dossier el trabajo de los fotógrafos Aglae Cortés, Gustavo Ruiz Lizárraga, Rosario Kuri y Tonatiuh Cabello Morán. Para complementar de manera temática, dedicamos el portafolios de esta edición a Andrea Tejeda Korkowski, quien a través de su trabajo visual hace preguntas sobre lo efímero y lo eterno del cuerpo-paisaje.
Complementamos este número con cuentos y ensayos de Nazul Aramayo, Rogelio Pineda Rojas y Andrea Garza Garza, y con poemas de Miroslava Rosales, Eduardo Padilla y Fernando Trejo.

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Dossier

«Ficción arquitectónica»

Planos para el futuro 

por Christian del Castillo

Construir la nada 

Por Georgina Cebey

Arquitectura, ¿social? 

Por Marianne Bautista

Prisioneros voluntarios

Por Carlos Ortega

Cuento

La monalilia y sus estrellas colombianas

Por Nazul Aramayo

Ensayo

Bitácora de una pussylánime

Por Andrea Garza Garza

CUENTO

Canchas adoptivas

Por Rogelio Pineda Rojas

POESÍA

Dos poemas 

Por Miroslava Rosales

La lección de canto 

Por Eduardo Padilla

Pobre Anamar

Por Fernando Trejo

PORTAFOLIOS

Paisajes

por Andrea Tejeda Korkowski

CRÍTICA: LIBROS

Sobre Caja negra

que se llame como a mí

Por Patricia Arredondo

CRÍTICA: ARTE

Metinides y los Witkin 

Por Vera Castillo

FORMAS BREVES

Confesión 

por Lola Ancira


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Recuerdo que a las fiestas de la universidad (esas que tenían lugar en departamentos o en casas de amigos, donde se bebía cerveza caliente y que terminaban a las 5am porque a esa hora volvían a abrir el metro) asistía un misterioso compañero, desaliñado y torpe, que no sabíamos realmente por qué iba. Llegaba sin saludar, no platicaba con nadie, hurgaba todas las conversaciones de la fiesta y finalmente se iba, sin más.

Después de haber comenzado a escribir en este blog de Tierra Adentro como quien llega a una fiesta en la que no se divierte, y haber escrito casi cincuenta textos en un año y medio, creo que es hora de irme sin más. Ni siquiera quiero que esto parezca un texto de despedida: es, en todo caso, el sonido del portazo que escuchamos cuando alguien ya se fue.
Me invitaron a colaborar en Tierra Adentro porque, además de tener dos cualidades —ser menor de 35 años y no ser de la Ciudad de México—, presentaba la ventaja de estar muy dispuesto a escribir por ser un editor de casa. Agradezco mucho el espacio y agradezco a todos los lectores que me leyeron en el blog. Agradezco especialmente a aquellos que se burlaron de mi prosa, que cuestionaron radicalmente mis argumentos y que incluso me llamaron idiota a secas.
He decidido dejar de escribir en el blog porque considero que, al ocupar un cargo público —es decir, al ser un funcionario— no debería ocupar los espacios, tan pocos que son, destinados a los escritores. Mi opinión sobre muchos temas —y no lo digo decorativamente— importa menos que la de otras personas. Si se trata de traducción, de literatura francesa, de historia literaria, puede ser que tenga algo que decir y algo digno de ser tomado en cuenta, pero ha de ser en otro espacio donde lo publique.
Por último sólo quisiera dar una explicación que nadie me pidió. Elegí los temas sobre los que escribí porque los conocía. En fin, porque sabía de eso más que de otras cosas. Sé que tengo una especialidad, la literatura francesa del siglo XIX, porque eso estudié y porque traduzco, escribo y edito mejor este tema que otros. Sin embargo, también debo decir que muchos textos los escribí desde el cansancio y otros más desde la ansiedad, por lo que no estaría mal dosificar las dosis de verborrea de vez en cuando y ahorrarme la fatiga de escribir por compromiso.
Después de todos estos meses, creo que lo más cómodo para mí hubiera sido pensar que el lector es un conformista. Yo prefiero pensar, y espero que se note, que el lector es la persona más inteligente que conozco. Por eso tengo la certeza de que sabe que, al dirigirme a él con estas palabras, me estoy mordiendo la lengua.


Autores
(Durango, 1988) es editor y traductor. Estudió Lengua y Literatura Francesas en la UNAM. Actualmente trabaja para el FCE.

1) Afuera del cuadro: Necesitas un mirador para pintar un cuadro de la naturaleza. Siglo XIX, Edo. Mex.:

Se paró en medio del camino. Bajó del caballo sin decir algo al niño que lo acompañaba. El niño, que caminaba desde hacía horas detrás de él, no preguntó tampoco nada. En realidad no iban juntos. Es decir, estaban juntos en ese viaje, pero no se conocían. Al salir de Temascalcingo, el hombre volteó hacia atrás y se percató de que lo seguía. Vio al niño ahí, andando con huaraches rotos y suciedad en la piel. No le dijo nada que lo invitara a seguir; no hizo nada tampoco por dejarlo atrás.

Y ahí estaban ahora, en medio del camino. El valle hacia abajo, la bruma en la distancia con rieles e indios construyendo el nuevo tren. Eligió un lugar donde el pasto estuviera suficientemente mullido. Abrió el ánfora y sacó sus materiales. Una hoja, pequeña, amarillenta, y un carbón; una libreta fina y una pluma de ave, tinta. Vio las líneas que el paisaje pintaba en el aire. Iba a estar toda la tarde ahí. El niño, parado a unos metros, lo veía fijamente sin emitir sonido alguno.
Comenzó por la pluma. Cerró un momento los ojos y de un respiro profundo inhaló el aire del monte. Describió capas, describió hojas y peces, aunque ahí no había ninguno. Describió también algunos pájaros que vio en sus sueños. Un bestiario crecía en cada viaje. Una obra genial, un tributo a la imaginación refinada de la época, a las posibilidades. Su mente se exaltaba ante los elogios por venir. Y a su espalda, el niño lo veía. Se habría olvidado ya de él, de no ser por un olor a sudor que le parecía detectar cuando un refilón de viento le tocaba la nariz. Ligero, agrio.

Después de un par de horas de delinear cimas y animales hermosos, el hombre tomó un pedazo de pan y bebió vino hasta sonrojarse. Comió queso y jamón y, para terminar, una magdalena: «una malena», como le decía la nana ya viejísima que rondaba aún por la hacienda. Satisfecho y feliz, comenzó a reclinar la espalda para tomar una siesta cuando una visión desagradable turbó su paz. El niño seguía parado en el mismo lugar, en silencio. Ni siquiera su respiración fuera perceptible. La imagen alejó la modorra e incluso le revolvió un poco el estómago. El hombre no le dijo nada, para qué.

Un poco turbado aún, tomó la pluma y comenzó a describir un ajolote. Un ajolote en primera fase en un río. Los caminos de la pluma siguieron su propio rumbo y, además de una historia hermosa, dibujó con detalle cada parte del animal. Una disección científica hecha sólo con la memoria. Recordó entonces a un muy querido amigo que alabó, tan solo un día antes, su multiforme ingenio. Con el pecho henchido, miró hacia el valle.
El sol comenzaba a tomar la dirección de sus ojos y tuvo que voltearse para evadir su luz. Allí estaba de nuevo la figura pero, ¿por qué no se movía? Llevaban horas en el lugar. Tenía que sentir algo: cansancio, hambre, algo. El hombre se encolerizó. No podía entender por qué lo miraba. Le dedicó un segundo: no, no lo reconocía. El niño lo veía sudando, ahí mismo, sin acercarse, sin decir nada. Más cólera: por qué no se sentaba, por qué no limpiaba el sudor de su sien y, de paso, cómo podía recorrer los caminos con los huaraches rotos, tan rotos que no eran más que jirones de cuero.

No tenía intención, ni finalidad. La luz disminuía pero quedaba tiempo aún para un cuadro más. Quiso volver a uno de sus elementos favoritos: el Iztaccíhuatl. Tomó la pluma y comenzó a detallar con voz exaltada la elegancia de las capas de aire acariciando la suave piel del volcán. El carbón bailaba a la par de las palabras con trazos lentos y rotundos. El vals del arte, la luz crepuscular, el aire puro… No, el aire no era puro. Ahí estaba el olor. Ahí seguía la figura.

Se levantó de un brinco, esta vez determinado a acabar con la situación. Ya enfrente del niño, sin decir palabra alguna, lo tomó de las axilas y lo alzó con asco. Estaba a punto de lanzarlo, cuando lo vio de frente, a los ojos. Algo en su memoria se activó. Algo lejano y difuso. Su estómago se agitó violentamente y el cuerpo se le arqueó hacia adelante, autónomo. El niño cayó al suelo con un sonido sordo, como de bulto. El contexto empezaba a teñirse con un cariz de irrealidad. Ante el recuerdo, cada vez más claro, el tono rojizo del valle se difuminaba rápidamente.

Despertó. No sabía cuánto tiempo había pasado. Posiblemente poco, a juzgar por la luz. Se irguió con dificultad y constató que sus preciados objetos aún estaban ahí. Tenía un poco de sangre en una mejilla, pero aparte de eso, todo parecía estar bien. El aire recuperaba su fragancia a hierba y polvo. Montó su caballo y miró por última vez el valle. Entre penumbras se percibía poco, pero el artista notaba aún la belleza. Sensible como era, cada poro se exaltó pensando las líneas por crear. Su ánimo se llenó de felicidad renovada y comenzó el camino a casa, dispuesto a seguir creando obras maestras.

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2) Primer plano. También hay detalles que resaltan, por ejemplo, las serpientes. Principio del siglo XX. Edo. Mex.:

El día está lleno de furia. Sol furioso y tierra volando en el aire, en torbellinos. «No se puede confiar en las mujeres. No se puede. Un minuto y ya estaba hablando con él. Vi en sus ojos rastreros el brillo. Lo negó todo pero yo sé que el maldito brillo estaba ahí».

Con la rodilla en el suelo, Tifón tiembla en medio de un camino de piedra y hierbajos. Ya la tiene. Toma la serpiente por debajo de la cabeza, aprieta con la otra mano la cola. Oprime, la estrangula con todas sus fuerzas. «El tintineo en su voz y su coquetería de puta». Lleva la cabeza de la serpiente a una roca. Con la mano libre coge una piedra y pega con fuerza. Luego remata triturando los sesos. El cuerpo acéfalo se sigue moviendo en el suelo y el polvo dibuja curvas bajo la línea zigzagueante.

Tifón recuerda en sus movimientos a la mujer, cada vez más débil bajo sus manos. Ve sus ojos inyectados de sangre. El cadáver deja de moverse. «Yo te vi, puta, te vi. A mí no me haces pendejo». Tifón transpira por cada poro, el cabello se le pega a la cabeza en líneas saladas. Entre sus temblores cree ver el cadáver que empieza a perder densidad. Escalofríos. La recuerda de nuevo ya con el cuerpo como de víbora, suelto y extendido sobre el suelo. La cabeza le palpita y los ojos se opacan con manchas de luz. Hace un esfuerzo por abrirlos y entrevé entonces plumas, plumas blancas, plumas que flotan y se desprenden. Zonas de claroscuro, dolor intenso en la cabeza y luces. Ve el cuerpo manchado: ahora se desintegra y se dispersa en el aire. Luego, el aire mismo desaparece. El paisaje se extingue bajo sus ojos cerrados. No queda nada más sobre el suelo que las huellas que la muerte ha dejado detrás, y Tifón, recostado en forma de ovillo, respirando cada vez más suave.

velasco 23) Segundo plano. Y en medio el vacío.

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4) Tercer plano. Atrás, los volcanes: La mujer dormida. Siglo XXI. Edo. Mex.

Lerma hierve a esta hora. Lázaro toca la pierna con sus manos callosas. Los últimos años le ha dado por acariciar algunos lugares en especial. Le encantan las axilas y las piernas, pero lo que más le gusta es el ombligo. No sabe por qué, pero no se puede resistir al ombligo chiquito y redondo de una mujer. Para allá suben sus dedos cuando escucha el grito. «Ándale, cabrón, échala ya al río. Viene el jefe de regreso y todavía faltan tres más».

 

 

 


Autores
(Ciudad de México, 1988) Escribe narrativa y ensayo, y es traductora. Ha colaborado en revistas y en proyectos de investigación sobre literatura clásica y medieval. Fue becaria del FONCA y la Fundación para las Letras Mexicanas. Su primera novela, “Anticitera, artefacto dentado” fue publicada en 2019 por el Fondo Editorial Tierra Adentro.

La buena improvisación siempre ha sido un tema nuestro. Aunque veces se nos olvida que carecemos de grandes jazzistas y estamos saturados de seudoactivistas, en las actividades nacionales siempre hemos podido componer bien a la hora de la hora: un cuchillo en el pasto para que no llueva, una cartulina a unos minutos de la clase, una pastilla azul para callar lloriqueos prematuros. Tristemente, nuestras improvisaciones de última hora, si resultan, es porque no estaban planeadas. Eso no lo supo Juan Carlos Osorio a la hora de presentar una alineación sin sentido: una improvisación planeada.

En el mismo estadio donde México enfrentó a Uruguay dando una muestra muy aceptable de lo que venía a futuro y donde los Broncos ganaron el Super Bowl, el sábado los chilenos perpetuaron el arte poética de su mejor poeta: Neruda. Alexis Sánchez, Eduardo Vargas y Edson Puch acumularon goles como Neruda acumulaba imágenes poderosas. Enumeraron goles y goles como Neruda versos y versos. Mientras los seleccionados mexicanos obedecían a su programación casi sanguínea del «así es aquí»; los chilenos aprovechaban una distracción perfectamente evitable.

Osorio nos había convencido por una elegancia y una cierta discreción a la hora de enfrentar a la prensa. Si José María Jiménez hubiera enfrentado al Piojo después del Uruguay/México estaríamos hablando de una golpiza segura o al menos de una enumeración de insultos tan amplia como el repertorio en verso del Canto General. Pero nuestro técnico cafetalero nos había convencido por sus normatividades a la hora de jugar en lo extra cancha. No abundan los comerciales, no hay polémicas con periodistas, no hay escenas de hijas endemoniadas. Ya en el campo, vimos actuaciones sorpresivas y muy eficaces de sus seleccionados. Jesús Corona traía un ritmo de juego tan bello como la musicalidad de Residencia en la tierra; Héctor Herrera recibía el balón, salía jugando y daba pases como si hubiera plagiado a un Iniesta despistado. La media y el ataque comenzaban a florecer como nunca. Canadá/México, creo, es la mejor muestra de los nuestros en este tránsito del colombiano. Un 3-0 potente, donde Hernández logró liberarse de sus propias trampas y Lozano funcionó mejor: de revulsivo. Las redes rivales brillaron ese día y también contra Uruguay. ¿Por qué? Porque teníamos un diseño de plataforma y jugamos bien. Nos faltaba evolucionar ese diseño y concretarlo para las competiciones posteriores (Olimpiadas y Mundial). Para ello, necesitábamos al mejor Layún, al mejor Héctor Moreno, al mejor Guardado y por supuesto: al mejor portero.

El México/Chile me recordó mucho el cuento del guardagujas de Arreola. En esta narración, un viajero llega a una estación donde existen los rieles pero no los trenes. Algo así nos pasó: teníamos once jugadores pero nada de futbol. Osorio quiso hacer rotaciones de porteros durante la copa sabiendo que uno de ellos es mejor que los otros dos por el liderazgo y la continuidad en su equipo. Banquearlo fue inaceptable y novato. Ninguna selección rota porteros como la nuestra y lo han hecho varios directores no por inseguridad, sino por otro mal mexicano tan desnudo en el ambiente empresarial: la soberbia. «Los tres son tan buenos que cualquiera puede», han dicho algunos técnicos. Los amantes saben que sólo esa persona es quien mejor sabe hacerlo. ¿Por qué no aplicarlo con los porteros? Ochoa no tuvo la culpa de la goliza nerudiana: fue quien escogió a Ochoa. Fue quien improvisó una alineación en la que Guardado, Layún, Aguilar, Herrera, Lozano y Dueñas involucionaron terriblemente. El peor Guardado es el que defiende; el peor Layún es el que es culpable de su imagen y su torpeza en la banda y no de su juego; el peor Herrera es el que tocó el balón como 5 minutos en todo el partido sin concretar sus pases; el peor Aguilar es el que sigue haciendo apología de la teatralidad dejando un pasillo amplísimo para 3 goles chilenos y el peor técnico es el que cree que un portero que sólo jugó 11 de 49 partidos en toda la temporada va a responder como Neuer. Corona venía de sufrir la depresión casi obligada que es pertenecer a Cruz Azul y de dar partidos muy por debajo de su mismo nivel; necesitábamos a ese Corona olímpico que ya no está, que sólo va a regresar cuando su equipo regrese a ser imponente. Mientras tanto, Talavera, guardián de infiernos dantescos, venía de ser un buen líder en su equipo y de dar una actuación tremenda contra Uruguay. Incluso Cavani se acercó a rumorearle algo después de esa atajada: Talavera funcionó como el gran cancerbero de Dante. Si vienes de dar tu mejor partido contra una potencia futbolística, ¿para qué la necedad de las rotaciones? Contra Venezuela, Corona no funcionó como debería y Ochoa contra Jamaica… Bueno, ¡es Jamaica!

Encuestas facebookeras y demás lo dejaban como el mejor para el partido contra Chile. Mucha afición funciona mejor a partir de lo que la mayoría rumora: así pasó con Fox para el 2000 y con Mancera para el DF. Nuestra democracia es así: empeoramos mejor en grupo sabiendo que la tragedia puede evitarse. Igual con el amor o con la alineación de la selección. Planeamos decisiones sabiendo a qué estación van a llegar. La estación a la que tiene que llegar el viajero del cuento de Arreola es «T.», pero, como le dice el guardagujas, «podría darse el caso de que creíste haber llegado y sólo fue una ilusión». Democracia y éxito futbolístico: la llama doble que nunca prende de verdad. Nuestra afición cae en ese espejismo: aunque veíamos que el paisaje iba quedando atrás y que el tren llevaba moviéndose semanas, siempre estuvo detenido.

La cruda siempre dura más que la fiesta. En la zona donde la felicidad está lejos y el dolor nos invade como una hiedra por todos lados, hacemos el intento por tomarnos en serio el acto de la reflexión aunque después acabemos en las mismas. Los amantes y los que cedieron por la ebriedad nunca han dejado de ser «el peor es nada». Nuestra afición funciona de una forma casi gemela: después de un 7-0 frente a una selección mal dirigida (sí, Chile venía de ser mucho más mal dirigido que México), la afición nacional celebrará en unos meses un 3-0 molero contra cualquier selección caribeña o el equipo B de una europea. Engañada por sí misma, la afición también tiene su «ya no voy a tomar», «ya no le voy a escribir».

La selección funciona como la empresa ferrocarrilera del cuento: «una empresa que sólo es fama, taquillas, boletos y publicidad, pues en realidad nadie sabe cuándo pasa el tren, a dónde va, dónde se detendrá o si avanzará». Los seleccionados nos pidieron perdón como los peores enamorados: después del engaño. Por más que se responsabilicen el daño permanece. La guía metafórica de usar el medallero y las selecciones de futbol como termómetro social, político y económico sigue siendo bastante fiel. Ahí está Brasil y ahí está Alemania; ahí está Estados Unidos y ahí andamos nosotros.

Hemos guardado miserias durante años, ya no sólo en nuestro futbol: como ciudadanos, como amantes, como amigos, como enamorados y como individuos.

Esa misma noche, se preparaba una goleada trágica de México hacia México en la ondulada tierra oaxaqueña.

 


Autores
(Toluca, 1991) estudió Comunicación Social y escribe crónica. Fue becario en el área de poesía de la Fundación para las Letras Mexicanas

No son cactáceas sino cajas los objetos que salpican un desierto claustrofóbico y desolador durante el arranque de Los gatos de Schrödinger (LGDS de aquí en adelante), segundo libro, pero primera novela (al menos publicada) del autor sonorense Franco Félix (1981). En este volumen Franco favorece una prosa profundamente filosófica e hipnótica, pero también jocosa y lenguaraz. El lector queda advertido: la brevedad de sus 93 páginas esconde una amplitud donde tienen cabida una serie de inquietudes metafísicas que a todos conciernen.
Leí la novela hace un par de semanas a más de 30,000 pies de altura, en un vuelo de la ciudad de Los Ángeles a Bogotá, es decir, en un no-espacio, justo el tipo de contexto donde inicia LGDS y hasta, pudiera decirse, en un no-tiempo, porque todo ahí existe de manera suspendida, la delicada tela del espacio-tiempo se vuelve irrelevante.

Luis Panini: Franco, jamás había leído un inicio similar, pero no puedo decir que tal detalle me sorprendió, porque eres uno de los autores más originales que he leído en los últimos años (no me importa si los halagos te incomodan). La historia comienza justo antes del amanecer. Todo permanece inmóvil, excepto un pequeño reptil que desvía la ruta porque una caja obstaculiza su trayectoria. Una de tantas cajas que de inmediato establecen una atmósfera «ionescana» y que, de alguna manera, pueden ser asimiladas como huevos, porque enseguida sus frágiles cascarones se resquebrajan para permitirle a la vida asomarse en la anchura desértica. Es, en cierto modo, el nacimiento filosófico de un Nuevo Hombre. Una nueva forma de vida o, siguiendo la cháchara de Schrödinger, de una no-vida. Elabora sobre este alumbramiento geométrico. ¿Por qué una caja? ¿Por qué el desierto? ¿Por qué una caja en el desierto?

Franco Félix: Querido Luis, me agrada bastante que hayas reparado en el reptil. Casi nadie me ha preguntado por esa alimaña. Me parece que ese animalejo es como el primer latido en el progresivo avance del amanecer. La aparición del reptil es la primera pista sobre el futuro del texto, ya que su destino es desgarrador (es devorado por otro animal mucho más grande). La sangre en la arena es como un despertar, un tambor fúnebre que retumba y se mezcla con la primera palpitación de la vida emergiendo, o a punto de emerger. Son como pequeñas señales de lo que viene: una bestia más amenazante nos tragará más adelante. Porque, pienso, hermano, que hay un darwinismo brutal que no claudica a pesar de la profunda mediatización del mito del progreso en nuestros días. Se supone que alcanzamos un ápice de civilización, pero diariamente debemos, como en cualquier entorno salvaje, estar con los ojos abiertos, cuidándonos de que el sujeto frente a nosotros no nos secuestre, no nos viole, no nos asalte, no nos liquide. El hombre nuevo es el Homo Paranoide que ha sido aislado en su propio espacio personal (una caja, digamos) y que sólo se siente cómodo en ese pequeño recinto de privacidad, porque el exterior es demasiado peligroso. Y es el nuevo hombre, el que teme de la exterioridad, del espacio abierto, el mismo gran arquitecto, el que contribuye al engranaje. Porque cada paso que damos como civilización renovada, se corresponde con dos o tres hacia atrás. Cada propuesta de prosperidad social es retribuida con otros vicios y otros defectos colectivos. Por ejemplo: Cada vez hay más mujeres que adoptan el feminismo y parece que esto agrava las cosas, despierta un instinto más visceral en la cuota del género opuesto: hay más noticias de brutalidad contra las chicas, hay muchos más listillos opinando, hay más misoginia descarada, mayor número de comentarios antagónicos y un sinnúmero de grupos de oposición. No hay consenso. Somos una especie horrible, Luis. Si avanzamos o no, siempre habrá un detractor. No importa que se trata de proteger los derechos más básicos del ser humano. Por eso, Rábano y Doc están convencidos de que están moviéndose, aunque aquello parezca una ilusión. ¿Nos quedamos o seguimos? No hay nada claro y conforme van avanzando en la historia, tienen que ir armando una mitología que soporte la irracionalidad de estar vivos o estar muertos. Esta confusión me domina a mí también. Diariamente. Y voy por ahí, con mi caja, con la esperanza de que nadie se siente sobre ella o que nadie destroce sus costados. El desierto, sin abundar en que me parece que la Naturaleza es perversa, como al buen Lars von Trier, creo que es el espacio más abierto que hay. Es un contraste sobre lo que menciono atrás: Persona/Asilamiento vs. Espacio/Apertura total.

LP: Uno de los elementos más seductores de la novela es la facilidad que tienes para el diálogo postizo, aquel que no necesariamente emula la forma de hablar del personaje común y corriente favorecido hasta el cansancio en tantas obras de ficción. Tú y yo hemos tenido a un maestro excepcional: Thomas Pynchon. Nadie escribe mejores diálogos que Pynchon. ¿Cómo abordas la escritura de los diálogos, ese mecanismo narrativo ampliamente descuidado en la prosa?

FF: Es verdad, Luis. Papá Pynchon. Siempre veo en las redes sociales, a los amigos escritores que lanzan frases categóricas de este vuelo: “Raymond Carver, el papá de todos ustedes”. Y yo, la verdad, es que no me siento identificado con su literatura ni con su familiaridad. Si acaso es tío de un primo del mejor amigo de mi papá. Pero hasta ahí. Me apena muchísimo, además, decir que no soy su mejor lector, apenas he leído un libro suyo. Lo mismo pasa con otros autores. Siempre me acusan de, sin prueba de ADN en mano, ser hijo de todos ellos. Supongo que tiene que ver con una enseñanza muy apropiada de la Literatura. Creo que la mayoría de mis amigos escritores han tenido una gran educación literaria, bastante apropiada, han leído a los grandes maestros y coinciden en nombres y libros que a mí, por otra parte, no me vuelan la cabeza. Yo no sé cómo es que caí con Pynchon. Fue accidental. Pero de ese hoyo negro no puedo salir y no podré salir jamás. Creo, hermano, que la literatura de este tipo es simplemente magistral, porque no ofrece ningún mensaje directo, a diferencia de muchos otros escritores que en sus libros capturan el reflejo de una sociedad, de un pensamiento imperante, de una época, etcétera. Los libros de Pynchon giran sobre sí mismos y no hay una anécdota final. Sin embargo, este vacío sí produce un diagnóstico en El arco iris de gravedad: las decenas y decenas de tramas que se extienden a lo largo de las mil páginas conforman un puzzle que derrama la histeria de una cabeza enorme que piensa como una hidra, disparos narrativos y personajes sin piedad para contarnos la absurda historia de Slothrop, un soldado que experimenta erecciones con la activación de misiles alemanes. Nadie había exigido tanto a su lector. Pynchon modifica las reglas de la escritura, como lo hiciera más adelante, Foster Wallace con La broma infinita. Así, como a Pynchon no le interesa acariciar una trama reveladora para la humanidad, se concentra en el registro de sus personajes y sus narradores. Yo he aprendido eso de nuestro maestro, Luis. No soy un tipo muy listo. Soy más bien idiota y no creo que mis libros puedan brindar al lector una experiencia reveladora o que puedan escanear la grieta de nuestra sociedad, o emular la naturaleza del hombre. Jamás le apuesto al contenido, sino al proceso de la realización. No hay nada que deteste más que la famosa “psicología del personaje”. Ese bobo precepto académico. Como bien has dicho tú antes, ¿por qué un panadero no puede hablar como un caballero del siglo XIX? Esa desarticulación de axiomas son los que me interesan. Me vuela la cabeza desmontar los paradigmas lingüísticos y las personalidades estamentarias. Porque yo mismo he visto panaderos hablarme con mayor iluminación sobre el marxismo que cualquier activista o maestro de economía. Esta mierda es real, aunque parezca una fantasía o ciencia ficción. Hay soldados mesmerizados que si bien no se empalman con la activación de un misil, seguro que los hay quienes sufren excitación con imágenes o palabras. Yo he visto esa mierda con mis propios ojos. Nada es lo que parece hasta que ocurre y lo normalizamos. Un oso saluda a la cámara en YouTube y nos sorprende y nos dobla de la risa. El siguiente oso capturado en cámara saludando nos aburre. Nos parece un oso predecible. Mis diálogos buscan atrapar eso, ese asombro sobre el mundo. Me interesa que el lector se pregunte y se cuestione sobre un personaje, para bien o para mal de la novela. ¿Por qué un sicario habla tan correctamente en Los gatos de Schrödinger? Si el lector se hace esa pregunta, ya iniciamos un diálogo entre él y yo. Y ésa es una gran ventaja.

LP: Todo el tiempo lidiamos con circuitos invisibles que transportan códigos entre dos personas. Así es como tratamos de averiguar el contenido cerebral de nuestras contrapartes, por medio de figuras mentales y lingüísticas. Y creo que ahí radica la gran tensión de LGDS, en ese constante vaivén entre Doctor Existencialista y Rábano, sus protagonistas, aunque interrumpidos por una tercera voz que pudiera, o no, tener cuerpo, una voz que hace las veces de globo ocular gigantesco flotando encima de los personajes, que cuestiona, reprende, opina y que junto con los dos protagonistas, forma una especie de Santísima Trinidad. ¿Cómo defines los dogmas que gobiernan a los personajes, cuál es tu proceso para crearlos? ¿Eres el Doctor Existencialista y Rábano, o son cien por ciento artificio?

FF: Al Doctor Existencialista lo diseñé basado en mi propio doctor de cabecera. Así lo llamo yo: “Doctor de cabecera”, sólo para no sentirme tan alejado del mundo y de la salud. En realidad es un amigo que es médico y que suelo consultar en mensajes de texto. Él, muy amablemente, siempre me dice qué es lo que tengo y qué debo tomar para aliviarme. Habitualmente está fuera de la ciudad, trabaja en otra parte, pero cuando llegamos a coincidir, pues nos juntamos para tomar algo. En una ocasión, yo estaba experimentando un dolor intenso en el pecho, del lado izquierdo. Uno es imbécil, y lo primero que piensa es que se trata del corazón. Me encargó que me hiciera unas radiografías. Obedecí. Cuando me visitó para echar un vistazo a las placas se sorprendió porque había algo en ellas que lo desconcertaban. Así que me dijo que le preguntaría a un maestro suyo, especialista en esos casos. “Pero será mañana”, me comentó, “ahora vamos a tomarnos unas cervezas”. Yo me escandalicé: “¡Pero cómo! ¡Puede ser que mañana sea demasiado tarde! ¡¿Y si me muero?!” El tipo, destapando una cerveza me responde: “Todos nos vamos a morir”. Esto aparece en LGDS. No sabía si esta frialdad la había adoptado en su escuela de Medicina o si era simplemente un pesimismo generalizado por ser mexicano. Y es cierto. Todos nos vamos a morir. Cuando empecé a escribir este texto necesitaba contrastar el desaliento y concebí al buen Rábano para que dialogara y marcara mucho más la decepción humana. Me imagino que los dos tienen algo de mí. Soy igual de pesimista que el Doc y también un ingenuo como Rábano. Al final, soy yo tratando de comprender algo sobre todo esto, la muerte, la soledad, el abandono, la crisis existencial de radicar en un país donde pueden volarte la cabeza sólo por caminar en la calle, donde pueden secuestrarte por cinco mil pesos, desaparecerte por manifestarte en contra de una administración. Quería pensar los límites de todo esto, la última fase de la violencia, sin caer en las posturas mesiánicas de nuestros jóvenes escritores, ni andar cargando con banderines ni camisetas grupusculares que hablan más del selfie social que de una preocupación real. Hemos agotado nuestras certidumbres en este país. El Homo Paranoide se levanta todos los días y espera que no sea su último día sobre la Tierra. Dice Georges Perec: “Todo está ya preparado para tu muerte: la bala que acabará contigo se fundió hace mucho, las plañideras ya han sido designadas para tu ataúd”.

LP: En la novela aparecen “zombis”. Debo confesarte que los zombis nunca me han provocado gran interés. Prefiero a los vampiros. Los zombis son, en mi opinión, la entidad sobrenatural menos interesante del imaginario colectivo. Sin embargo, en LGDS resultan una elección muy acertada porque representan un eco perfectamente audible de Erwin Schrödinger. Un zombi es un muerto viviente, el único posible habitante de su famosa caja. ¿Qué piensas?

FF: Sí, la elección de los zombis me preocupaba mucho porque se pusieron de moda y además podría pensarse que me interesaba instalar la novela en un mundo postapocalíptico en el que los personajes debían sobrevivir al ataque de seres monstruosos que desean comer cerebros. En la novela esto sólo es un mito de fundación. Doc trata de inventarle un mundo a Rábano. En realidad los zombis son el Otro. Esa bestia que canibaliza todo y que sólo desea devorar y devorar para saciar un apetito insaciable. Porque los zombis, los verdaderos zombis de ficción, se reconocen por eso, por su intensa y absoluta entrega al deseo. No hay más. Su focalización es perfecta, no hay nada que interrumpa su apetito. Son máquinas de satisfacción, están programadas para intentar saldar el antojo. Esa naturaleza se reconoce en los hipsters, por ejemplo, que quieren descubrir un asesinato para consolidar sus sueños de detective, o los amantes, que quieren fornicar sobre las cajas. Esto es una analogía. El deseo del Otro que termina por lesionar nuestro espacio de privacidad que, por otro lado, está constituido por un deseo. Y aciertas totalmente, Luis. El tratamiento de los zombis encaja, finalmente, con la teoría de Schrödinger. Los programas de televisión tocan este asunto, desde otra perspectiva más bien religiosa o ética. ¿Los zombis son personas? ¿Deben ser eliminados? Ahí hay un Ethos. Mientras que en LGDS hay un Pathos muy evidente: Todos deseamos algo y en algún momento las órbitas del deseo puede colisionar ocasionando una experiencia terrible. Amor, amistad, compañerismo, llámalo como quieras. Siempre alguien saldrá lastimado.

LP: Creo que nuestra cultura tiende a patrocinar, cada vez más, la presencia sobre la ausencia. Respondemos de manera muy favorable a todo aquello que nos ofrece gratificación instantánea. Dedicamos muy poco tiempo a reflexionar sobre cada una de nuestras decisiones. Preferimos resolverlo todo en cinco minutos porque de otra forma nuestro sagrado “tiempo libre” sería transgredido. Hay una ausencia muy especial en los personajes que desfilan en LGDS. Están ahí, pero a medias, y eso me parece destacable. Tu novela transmite una visión de la realidad que fácilmente podría estimarse como corrupta porque coquetea con el absurdo y eso me hizo pensar en algo que dijo Picasso, cuya obra encuentro la mar de irrelevante, pero en fin, el viejo pronunció algo que me estremece. Dijo que no pintaba lo que veía, sino lo que sabía que estaba ahí. Y para mí, eso es, precisamente, LGDS. No estás narrando lo que se presenta ahí, sino lo que sabes que está ahí. El simbolismo que impera en la novela es constante, nos estás diciendo tantas cosas, aunque sin obviarlas, desde una ausencia. ¿Cómo armas un proyecto de novela tan compacto y ambicioso?

FF: ¡Qué observación, hermano! Déjame confesar que tu lectura me ha hecho pensar la respuesta. Creo que sí, que hemos privilegiado la presencia, sin lugar a dudas. Hay una sustancia en todo, como la materia negra, que sostiene el mundo, el universo entero. Es eso, sobre lo que no hablamos lo que termina por ser, a veces, más importante. Somos hijos también de Foster Wallace, Luis y aquí hay una convergencia en “Esto es agua”. Lo verdaderamente fundamental e importante se desdice no porque no tenga valor (dile a un físico que la materia negra no importa porque no puede verse), sino porque hemos absorbido todo de manera automática. Todos los fenómenos a nuestro alrededor los familiarizamos y apagamos una posible dialéctica con ellos porque aceptamos su naturaleza. El tema de fondo de LGDS es la violencia. Me he permitido desarrollar un espacio absurdo en el que dos cuerpos asesinados tienen derecho a darse una última oportunidad para experimentar el delirio de vivir, la profunda y eterna incertidumbre de la realidad. Quería escribir sobre todo esto, sobre el miedo y el momento desafortunado que nos ha tocado, sin obviar, precisamente el origen de la violencia, el edificio de la violencia. Si hay un cuerpo abandonado en el desierto, podemos intuir su periplo. ¿Pero qué hay más allá de eso? ¿Por qué no se le permite a un desaparecido, a una víctima del podrido narco-estado, al menos en el plano de la ficción, una última brevedad? La muerte es un viaje bastante oscuro y el libro busca conversar con este punto final. La presencia es todo aquello que vemos en las noticias. Un cadáver, un número, un cuerpo engusanado. La ausencia es ésta: no sabemos nada sobre la muerte y sobre el dolor que han experimentado quienes son asesinados y depositados en el desierto, pero podemos darles un nombre a todos ellos, podemos modificar su itinerario hacia la nada. Unos eligen una luz que cae sobre los muertos y los aspira hacia el cielo. Yo elijo su permanencia infinita y su reanimación cada que un lector pone sus ojos sobre ellos.

LP: Ambos somos escritores del norte del país, pero no somos escritores del Norte. El Norte no es una geografía relevante en nuestra escritura. Desierto Limítrofe, donde transcurre tu novela, no es el desierto al que el Norte nos tiene acostumbrados. Sabes que el espacio me obsesiona, ya sea íntimo, arquitectónico, urbano o geográfico. ¿Qué representa para ti situar la historia en un lugar que fácilmente puede vincularse con cierto tipo de literatura y cierto tipo de autores? Es una apuesta arriesgadísima, pero funcionó.

FF: Yo siempre detesté las novelas que tenían el desierto como escenario, porque vivo en el desierto. Siempre me dije que jamás caería en eso. Y mira, terminé escribiendo una novela así. Pero intenté desvincular toda imagen santificada del desierto de mi escritura. Por el contrario, me gusta la idea del desierto como una dimensión diseñada para el mal. Me inclino por la contaminación de la ciudad que por la falsa idealización de la naturaleza. Soy un ser odioso y despreciable, odio la playa y me encantaría darle un puñetazo en la cara a la famosa Madre Naturaleza. Aunque eso, me podría costar el linchamiento mediático en las redes sociales. Bueno, me gustaría darle un puñetazo al Padre Naturalezo. Aborrezco todo tipo de evangelización. No me gusta que me quieran convencer de comer mariscos o de adoptar un amor por la vida que no corresponde con mi personalidad. Al situar LGDS en el desierto quería modificar ese paradigma del personaje que mira al saguaro como si fuera su hermano y que se alimenta de flores y frutos silvestres y que mantiene una conexión mística con la atmósfera. Quería edificar un escenario beckettiano en el desierto, que se desarrollara en él una historia incoherente. No sé si lo he logrado, pero la intención era ésa, matar esa idea hippie y regionalista sobre el ecosistema norteño. Sé que hay una preponderancia por resignificar la Literatura del Norte como una república propia de las Letras, donde la identidad del ranchero aventurero, o el cholo romanticón o el señor interesante de cantina o el asesino meditabundo o el joven marxista de provincia, se localizan como un punto trascendente en la narrativa y tiene sus propios códigos. Sé que hay muchos autores que apuestan por nutrir esta idea de la identidad y la sustancia del Norte como un espacio que puede competir contra el centro o el sur del país (aunque en el sur sólo hay poetas). Constantemente, veo que hay discusiones sobre generaciones o sobre espacios literarios en México, pero nunca me han interesado estos temas. Y tampoco me ha importado coincidir en coyunturas literarias, si es que las hay. Somos, hermano, como autistas en pleno debate literario. Si es literatura lo que estamos haciendo, no tiene nada que ver con el Norte porque no tiene nada que ver con nada, ni con el país. Hace unos meses le comentaba a mi queridísimo Jaime Mesa, en una charla en Zacatecas, que era posible que autores como tú o como yo, que estamos lejos del centro, pero a la vez, lejos del Norte, sufriéramos del mismo nomadismo porque no tuvimos un tutor literario, un escritor que nos diera un taller y nos encaminara por temas o cuestiones menos arbitrarias como las que nos gobiernan. Somos huérfanos, silvestres con monóculo. En el centro somos unos bárbaros y en el Norte unos desarraigados. Somos apestados, hermano. Ni hablar. De cualquier forma, desde el purgatorio seguiremos tecleando obsesionados con la forma, tratando de imitar a nuestros grandes maestros, los autores que no dicen nada en mil páginas, nuestros verdaderos padres.


Autores
(Nuevo León, 1978) es escritor y arquitecto. Autor de Mala fe sensacional (FETA, 2010). Fue incluido en Cuentos desde el Cerro de la Silla. Antología de narradores regiomontanos (Anagrama/UANL, 2010) y Lados B. Narrativa de alto riesgo (Nitro/Press, 2012).

ARTE NUESTRO

Nos odiamos. Con canciones folk tristes y golpes duros con piedras de sonido, nos damos. Toques bajos, en la cara. Nos gusta lo que hacemos. Estamos aquí para odiarnos, para escupirnos y sacarnos por la cara. Con agujas en el pecho, corazón. Centro, cetro. Bailamos. Juntamos de tal manera las cabezas, que podemos oírnos: arte nuestro. Construimos un refugio, un altar con retratos: nosotros hablando sinsentido, bailando a empellones, recio. Después vemos las fotos daguerrotípicas, quemadas y amarillas, y lloramos casi. Juntos. Con agujas en los ojos, corazón, construimos lo nuestro: canciones tristes, golpes duros que proyectan y pueden leerse, un polvo fino posándose apenas en la piel. En esas fotos hay niños en formol. Engendros diluyéndose en la imagen. Aberraciones de dos cabezas diciéndose al oído arte. Las vemos e imploramos por nosotros, por los hijos de los hijos y así. Acabamos pronto riendo. Es conmovedor. ¿De qué manera una cosa lleva a otra?, ¿de qué manera un extremo queda atrás y nos arrastra hacia otro extremo? Reírse de lo que somos, con las agujas ya cediendo. Sedación. Contracciones de alegría. Empellones de alegría juntos. Entonces, sentimos un nuevo impulso por crear. Algo que llamamos nuestro, que no es tuyo ni mío. Algo heredado, fundamentado, ligado a una historia, pero que no es historia. Algo ajeno no-original, que nos quema y debemos decirlo. Algo flagrante sin su autor. Una performance que acierte en el no-centro de lo creado. Tu cabeza junto a la mía (percusiones, casi no puedo oírte). En secreto me cautivas hay que bailar. Algo efímero, aciago y fraccionado. Azaroso. Led, golpes duros contra la piedra. Estamos aquí para odiarnos. Hay una canción cuya letra dice (no soy bueno traduciendo): nos quitaremos la ropa en la oscuridad y con los dedos, ellos repasarán los huecos de tu columna.

GRANADAS

Los árboles estaban peligrosamente
entremezclados con la imagen del hombre

Hay un campo. Como en un sueño bucólico, las granadas se inclinan hacia mí. Extiendo un brazo y las tomo. A veces escucho sus cuerpos estallar contra las losas, en mi patio. La gravedad no tiene que ver con ese estallido. Lo seco del golpe, lo sordo. Hay erizos, cabezas contrahechas, contra el suelo. Campos. Me inclino para verles el rocío sobre la piel, en la mirada: labios, esferas pequeñas a punto de estallar. Algunas granadas arrojan una leche densa y azul. Leche de almendras por las bordas del corazón. Olor a muerte en los hilos de la savia, olor a muerte, aire cargado de carne. Zumbidos sobre el tejido de la sábana, debajo de mis párpados. Insectos, frutos calcinados. En un mensaje lento parecen decir: Tienes el nombre de un pastor. Tu nombre corto para repetirlo en la muerte. En otro sueño, las granadas jamás caen. Se abren y desfloran en las ramas. Sus granos se pudren. Los picos de las aves penetran. Delirio: su mirada ensangrentada. Por las noches yo estoy mudo. Veo la fuerza de la sangre, bebo la leche. A veces extiendo un brazo para tomar una granada intacta. La siento arder entre las manos. A punto de volar, su centro. Cetro, savia oscura.

Estos poemas fueron publicados en el libro Maremágnum. Figura de dos cabezas : 3 de Alejandro Tarrab, bajo el sello editorial Stomias•Boa.


Autores
(Ciudad de México, 1972). Es autor de los libros: Siete Cantáridas (2001); Centauros (2001); Litane (2006); Degenerativa (Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, 2009); Caída del búfalo sin nombre. Ensayo sobre el suicidio (20015), y Ensayos malogrados. Resabios sobre la muerte voluntaria (2016). Parte de su obra ha sido traducida al inglés, portugués, checo, francés y serbio.