Tierra Adentro

I. Anecdotas de Curaçao

 

No se sabe a ciencia cierta quién fue el descubridor verdadero de la isla. Algunos aseguran que Américo Vespucio y otros que Alonso de Ojeda. Lo cierto es que Alonso de Ojeda lideró expediciones alrededor de la costa de Venezuela y Vespucio estaba bajo su mando. Parece, sin embargo, que en algún momento del viaje se separaron y cada uno tomó un rumbo diferente.

El historiador holandés Johannes Hartog se queja de que, a pesar de que los documentos españoles le dan crédito por el descubrimiento a Ojeda, no hay pruebas que cumplan satisfactoriamente los estándares de la investigación académica contemporánea y que puedan probar el hecho. Se desconoce por cuánto tiempo en realidad navegó Ojeda bordeando la costa de Venezuela; el historiador holandés concluye que, aunque pudo haber visto la isla, “no se le puede llamar su descubridor, porque el descubrimiento es un proceso que implica que, al menos, se exploró el territorio”. A lo que añade una nota más personal acerca del “descubrimiento” que, para él, no existe si no se documenta: “si Ojeda desembarcó en la isla, es quien la descubrió, pero no tenemos manera de saber esto. Una persona que no ha dejado para la posteridad ninguna documentación acerca del territorio que se supone que descubrió, no puede ser llamado un verdadero descubridor e, incluso, si no hay prueba de que haya visitado y atravesado el territorio en cuestión, tiene incluso menos derecho de reclamar el título.” De acuerdo con el historiador, para ser llamado “descubridor” de forma casi legal, es necesario que se documente con rigor el trayecto o que haya un recuento más o menos fidedigno de lo que se observó.

Para el historiador francés François Hartog, que escribe sobre descubrimientos y viajes en la Antigüedad, la figura del viajero y el viaje mismo son operadores discursivos y recursos narrativos a través de los cuales se define la identidad. El viaje prototípico dentro de este esquema es el de Ulises y su regreso a Ítaca luego de su travesía fantástica llena de tribulaciones. Al final, tras ser reconocido por su cicatriz, Ulises recobra la identidad que perdió a lo largo de su periplo, en el que se había convertido en “nadie”. Recupera la certeza de su “yo” al encallar las naves en el puerto que es, también, el espacio perdido de su origen. La identidad se puede definir como llegar al punto de origen, atracar en la isla en la que se deja de ser mendigo para ocupar el lugar que a uno le corresponde en una estructura social, histórica y económica.

Por eso para François Hartog los libros de Heródoto, el primer historiador viajero, buscan impedir que se borren de la memoria los hechos y hazañas de los hombres, tanto bárbaros como griegos. De esta manera el tropo del viaje se transforma en un recurso histórico-literario por medio del cual es posible comprender y teorizar el mundo, trazar los mapas del conocimiento y lo explorado. O, quizás, explorar el conocimiento a través de los mapas que traza la experiencia.

Johannes Hartog tiene una visión que no por ser más tradicional que la de François es menos interesante: el descubrimiento implica no solo ver, sino también explorar. Pero, y he aquí la clave, no hay un descubrimiento verdadero si no hay un documento que avale o compruebe que hubo una exploración. Si el testigo no da fe de su hallazgo, no existe tal hecho. Incluso una mención más o menos incidental o libre bastaría para que el Hartog holandés estuviera tranquilo y le adjudicara el descubrimiento a Ojeda. Sin embargo sin evidencia no hay descubrimiento.

Es decir: si no se cuenta con un acta de nacimiento que determine el origen, no hay identidad, porque el hecho no puede ser probado y sometido al juicio de la historia. El descubrimiento, por eso, se consolida en un nombre, el nombre en un acta de nacimiento, el nombre que le da el descubridor al territorio que exploró y documentó. Se trata de reclamar el título y no meramente de ser “el primero”, el “descubridor verdadero”. En este sentido, Johannes es un historiador que busca esclarecer, con ciencia (histórica) y legalidad, alguna certeza de lo que es imposible determinar.

En todo caso, hay “evidencia” de que Américo Vespucio estuvo en la isla el 6 o 7 de septiembre de 1499 y de que, como al historiador holandés le gusta, sí documentó su visita. Entre sus varias aventuras, Vespucio describe, en una de sus cartas, sus peripecias en Curaçao de la siguiente heroica manera: “después de sanados volvimos a nuestra navegación y por esa misma costa nos sucedió muchas veces combatir con una infinidad de gente y siempre conseguimos victorias contra ellos. Y navegando así llegamos a una isla, que se halla distante de la tierra firme 15 leguas, y como al llegar no vimos gente y pareciéndonos la isla de buena disposición, acordamos ir a explorarla […] y hallamos una población obra de 12 casas, en donde no encontramos más que siete mujeres de tan gran estatura que no había ninguna de ellas que no fuese más alta que yo un palmo y medio; y como nos vieron, tuvieron gran miedo de nosotros […] y nosotros, viendo a mujeres tan grandes, convinimos en raptar dos de ellas, que eran jóvenes de quince años, para hacer un regalo a estos Reyes, pues sin duda eran criaturas que excedían la estatura de los hombres comunes: y mientras estábamos en esto, llegaron 36 hombres y entraron en la casa donde nos encontrábamos bebiendo y eran de estatura tan elevada que cada uno de ellos era de rodillas más alto que yo de pie. En conclusión eran de estatura de gigantes, según el tamaño y proporción del cuerpo, que correspondía con su altura; que cada una de las mujeres parecía una Pentesilea, y los hombres Anteos”. Por un lado, está la precisión geográfica y numérica del explorador y, por otra, la imaginación literaria y mítica en términos de las cuales concebía sus descubrimientos y viajes. Como protagonistas de una gesta heroica, Vespucio y sus hombres salen victoriosos de todas sus batallas e incursiones. Y, para describir la tierra incógnita a la que llegaron en su circunnavegación, Vespucio se vale de la tradición literaria de la época. Las mujeres y hombres son Pentesileas y Anteos, figuras míticas, amazonas y gigantes que habitan en islas remotas y de ensueño. De muchas maneras, se puede pensar que Vespucio es una especie de geógrafo en el sentido griego, como el que define François Hartog: sabe describir el espacio geográfico y a los actores principales en la trama de los acontecimientos y sabe nombrar cada sitio. Vespucio es un geógrafo que traza, dibuja o delinea la tierra a través de un recorrido o inventario que se circunscribe en la literatura de los periplos y los primeros mapas. Junto con las mediciones, la ubicación de lugares y la invención de nombres, se aprecia un vínculo experiencial en el que hay un tiempo de trayecto y de aventuras.

Quizás no es coincidencia que se haya nombrado América al continente: la geografía de Vespucio precisó y documentó no solo con medidas y números sus observaciones y descubrimientos, sino también su experiencia, filtrada a través de imágenes literarias que le dieron vida a sus relatos. Y solo así, con la imaginación anecdótica del descubridor, se nombran los territorios.

A la isla, tanto Ojeda como Vespucio, la llamaron Isla de los Gigantes.

 

 


 

 

En 1513, el virrey de La Española, Diego Colón, declaró que Aruba, Bonaire y Curaçao eran “islas inútiles”.

La isla de La Española, el primer centro de dominio español tras el descubrimiento, padeció desde el inicio una crisis económica, pues el oro y la plata del pequeño territorio no era suficiente para sostener el caudal necesario para la colonización. Otros espacios del Caribe comenzaron a explorarse, pero estas tierras resultaron ser improductivas y estériles.

Colón las llamó “islas inútiles” porque no tenían oro ni recursos como Puerto Rico, Jamaica o Cuba. Al proclamarlas “inútiles”, los españoles se granjearon el derecho de esclavizar a sus poquísimos habitantes, que eran en apariencia el único recurso que se podía explotar en esos territorios. Tras la resolución de Colón, Curaçao y el resto de las Antillas se volvieron tierras legales para la caza de esclavos indígenas. La mayoría de ellos fueron llevados a trabajar a La Española en las minas de plata. Ahí, en un Caribe más productivo, acabaron sus días.

Después de 1625, la inutilidad de las islas atrajo a otras naciones con ímpetu colonial, como Francia, Holanda, Dinamarca y el ducado de Curlandia, que no pensaban descuidar los territorios presuntamente yermos. A diferencia de los españoles, estas naciones suponían que la riqueza de un territorio no radicaba ni en sus recursos ni en su población, sino en su localización estratégica y en las posibilidades que brindaba el vacío.

Los holandeses, en su propio continente, son conocidos por robarle terreno al mar de manera sistemática: vuelven parte del reino el espacio menos habitable. A partir del siglo XII, se empezaron a construir los llamados “pólderes”, pedazos de tierra ganados al mar. La técnica consiste en aislar por medio de diques un espacio cubierto por el agua que luego se drena mediante una red de canales y la fuerza de molinos de viento. El resultado es un suelo muy fértil que se puede aprovechar. Una cuarta parte de lo que hoy es Holanda son parcelas en pólderes: la conquista y colonización más contundente. De la misma manera, en sus ambiciones de ultramar, los Países Bajos le robaron las inútiles islas a España para aprovechar así los espacios descuidados y casi inexistentes del Caribe.

La inútil Curaçao fue conquistada por los holandeses, “representados” por la Compañía de las Indias Occidentales, en tan solo seis días. En julio de 1634 los holandeses anotaron que había: treinta y dos españoles (diez hombres y el resto mujeres y niños), cuatrocientos veinte indígenas (ciento cinco hombres) y un sacerdote. No se anotó que habitara algún gigante.

Hay territorios que son lotes baldíos; territorios que se rehúsan a ser partícipes de los circuitos comerciales, de los sistemas de producción. La etiqueta de la inutilidad implica al menos dos cosas: el permiso de vaciar el territorio, de invalidarlo, y la suspensión de la producción de sentido, la exclusión de la estructura lingüística.

Lo que se retira violentamente de Curaçao es la fuerza productiva, el trabajo, los trabajadores: para que sea verdaderamente inútil e improductiva, es necesario expropiar el potencial de trabajo. Al cazar y trasladar a los indígenas caquetíos a islas “más productivas”, los españoles querían usar el mínimo potencial del territorio inútil: sus trabajadores vueltos esclavos. Una vez hecho esto, la isla se torna en verdad inútil, un mero territorio inhabitable.

Precisamente por su inutilidad es que Curaçao ha sido el centro de todas las figuras liminales o excluidas de los sistemas discursivos de la economía política de la modernidad: los delincuentes, los corsarios, los piratas, los locos, los judíos expulsados, los pobres, los esclavos, los conspiradores, los mendigos, los refugiados, los traficantes y los contrabandistas. E incluso los gigantes, excluidos por desmesurados, por rebasar el estándar métrico y por exceder la imaginación histórica, desbordándola hacia la literatura.

En Curaçao habitan anécdotas expulsadas de la historia y la economía moderna. No tienen uso, no tienen cabida. Se trata de fantasmas que siempre están fuera del dominio del discurso del capital y, a causa de eso, se resguardan en la isla inútil.

En la isla inútil se puede proyectar tanto la prisión como la utopía, lienzo en blanco. Por eso en ese espacio inútil se refugiaron tantos desterrados. En su refugio invisible, en su invisibilidad son, sin embargo, la “mano invisible” del mercado.

 

 


 

 

 

La Corona española le otorgó al conquistador Juan de Ampiés el “perpetuo gobierno” de las islas de Curaçao, Aruba y Bonaire. Al casarse con la hija del gobernador, Lázaro Bejarano heredó ese derecho y facultad. Por treinta y cinco años el tercer gobernador de las islas ejerció su cargo la mayor parte del tiempo desde España o desde La Española.

Bejarano era un poeta satírico que había tenido problemas con la Inquisición a causa de sus escritos panfletarios. Antes y durante su mandato en Curaçao fue condenado por herejía, junto con su amigo el fraile mercedario Diego Ramírez, por denunciar “la teología eclesiástica, haciendo burla de ella y de sus doctores”, por afirmar que las prácticas de la iglesia eran con frecuencia supersticiosas y vanas y por pertenecer a un grupo de “alborotados, indisciplinados e ideológicamente peligrosos”. Otra de las acusaciones que le hicieron fue que, a pesar de haber estado tres años en la isla de Curaçao, “no oyó misa ni se confesó ni él ni su mujer ni los habitantes del lugar”. A lo que respondió que deseaba establecer buenos cimientos cristianos, pero no siempre tenía disponible a alguien que pudiera administrar los sacramentos, por lo que a veces, en vez de celebrar una misa, le encargaba a los legos que adoctrinaran a la población.

Juan de Castellanos defiende a su amigo Bejarano; dice de la siguiente manera en sus Elegías de varones ilustres de Indias (1589):

 

Por Juan de Ampiés, después por Bejarano
se les daban cristianos documentos,
y cada cual con celo de cristiano
deseaba poner buenos cimientos;
mas no siempre tenían a la mano
quien les administrase sacramentos;
mas este si faltaba se suplía
con algún lego que los instruía…
Lázaro Bejarano, que ya digo
que como sucesor y como yerno
fue destos dichos indios gran abrigo.
Su musa digna fue de nombre eterno,
lo cual no lo digo por le ser amigo,
sino porque sus gracias y sus sales
no sé yo si podrán hallar iguales.

 

 

Para acallar los rumores y tras localizar una cantera de piedra caliza, en 1542 Bejarano construyó la primera iglesia de cal y ladrillo de la costa sudamericana en Curaçao. Por supuesto, a quien invitó a que fuera obispo de la pequeña isla fue a su amigo, condenado también por la Inquisición, Diego Ramírez. En Curaçao, espacio que Bejarano ni siquiera habitó de forma permanente, el gobierno es una mera casilla para mover peones y erigir iglesias como fachadas. Esto empeoró sus conflictos con el obispo de Venezuela, otro de los factores que dañaron a Bejarano en el juicio inquisitorial.

Desde los espacios de burla, de denuncia, de superstición, de alboroto y de indisciplina se vuelve legible lo absurdo de la heterodoxia. Se es “ideológicamente peligroso” cuando se está fuera de toda jurisdicción y lejos de la visión panóptica del monoteísmo y la monarquía. Esa es la ventaja poética: habitar un espacio vacío, desde la escritura, para volver legibles las prácticas de los centros ideológicos. La poesía como un peligro, como la máxima herejía.

 

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Autores
(Ciudad de México, 1989), doctora en literatura latinoamericana por Cornell University. Psicoanalista en formación. Ha publicado múltiples textos académicos y crónicas en revistas nacionales e internacionales. Su libro Curaçao: costa de cemento pueblo de prisión (FETA: 2019) fue ganador del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2019.
Ilustración por Isabel del Valle

Este año, la Redacción de Tierra Adentro está ansiosa por comer bacalao, pavo y ensalada de manzana rodeada de sus seres queridos. Por eso, cada editor ha ayudado a crear esta playlist navideña que elevará a sus oyentes a estados festivos nunca antes experimentados. Prometemos que al escucharla se sentirán en lo más profundo del Polo junto con Santa y el Niñito Dios. Desde el clásico All I want for Christmas is you, hasta el Burrito sabanero, nuestra playlist tiene algo para cada oído, son nuestras canciones favoritas de navidad desde nuestros corazones para los suyos.

Esperamos que todos nuestros lectores pasen unas muy felices fiestas rodeados de sus seres amados, mucho ponche, cena y recalentado.

“Machismo”, Flickr.

El recuento de los daños

 

Creemos que las noticias deberían ser objetivas e imparciales, o que más allá de informarnos sobre lo que acontece a nuestro alrededor, la redacción de titulares, los datos que se deciden publicar y los que se omiten, no afectan nuestra realidad. La verdad es que la forma en la que entendemos el mundo afecta nuestras decisiones y las del resto de la sociedad.

Mientras vivamos en una sociedad que nos repite una y otra vez que las mujeres mentimos, que no desaparecemos sino que nos vamos de casa por gusto, que somos asesinadas porque no sabemos escoger a nuestras parejas o  que somos acosadas por nuestros profesores porque no sabemos poner límites, seguiremos sin exigir políticas públicas, sin pedir que los ministerios públicos actúen de forma rápida y responsable; seguiremos viendo con apatía cómo aumentan los números de mujeres desaparecidas y de feminicidios; pensando que tal vez ellas hicieron algo para merecerlo, mientras sus abusadores y feminicidas continúan viviendo sus vidas en total impunidad.

Los medios son en parte responsables de la forma en que la sociedad percibe la realidad y es urgente que entiendan su papel y comiencen a hacer algo al respecto.

Por eso llamo a esto “el recuento de los daños”. Porque no son simples titulares mal escritos, son ideas que dañan a la sociedad y nos dañan a cada uno de nosotros. 

 

¿Perspectiva de qué?

Solemos pensar que hacer periodismo con perspectiva de género significa priorizar a las mujeres, en realidad no es más que hacer un esfuerzo por ser neutrales, objetivos y hablar de la mitad de la población como si fueran seres humanos. 

Durante el 2019, los medios no fueron neutrales, fueron machistas. Se siguieron refiriendo a las mujeres como objetos, como seres poco inteligentes, inmorales e inferiores a los hombres.

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Aún los medios más serios del país siguieron enfocándose en publicar futilidades de mujeres mientras evitaban entrevistar en paridad a expertas en política, arte o tecnología; siguieron ignorando los feminicidios como problema social y continuaron dando horario estelar a la idea de la mujer mentirosa que desaparece por irse de fiesta, a la mujer que “muere” por tomar malas decisiones, a las “vándalas” que osan manifestarse en contra de la violencia que el gobierno continúa ignorando o ejerciendo, y sin prestar mucha atención a las miles mujeres que aún siguen sin regresar a casa o que han regresado dentro de un féretro.

Esta es una selección de los titulares, en orden cronológico y temático, que visibilizan el machismo mediático que invade nuestro país. 

 

Dando voz a los feminicidas y agresores

Durante el 2019, continuamos leyendo las historias de violencia machista desde el punto de vista de los agresores y dando espacio a testimonios de feminicidas que logran que veamos los asesinatos no como la culminación de una serie de violencias o un problema social; sino como accidentes, como crímenes pasionales, locuras de amor o simples errores.

Los feminicidios no son accidentes; son crímenes de odio premeditados por personas que llevaban meses, años o hasta décadas ejerciendo distintos tipos de violencia.

 

[16 de enero] Cuando un hombre violó a una mujer en Mérida, Reporteros Hoy publicó “Se pasa de copas y viola a su compañera en Santa Rosa”

Titular de "Reporteros Hoy"

Titular de “Reporteros Hoy”

 

[15 de febrero] La madrugada del 14 de febrero, un hombre asesinó a su esposa y después quemó el departamento con el cuerpo de la mujer adentro. Inicialmente, Noticieros Televisa publicó el titular “Por infiel mata y le prende fuego a su esposa en CDMX”.

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[20 de febrero] Cuando un hombre salió del reclusorio después de haber cumplido una condena por homicidio y asesinó de dos balazos en la cabeza y uno en el abdomen a Vanesa, una joven dos décadas menor que él con quien había salido siete años antes, El Universal inyectó un poco de romance exculpatorio a su nota y publicó: “Sale de prisión y mata a su exnovia por decepción amorosa en Tlalpan”.

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[21 de marzo] Cuando un hombre de 21 años interceptó a su vecina de 13 años, la jaló a unas casas en construcción y la violó, el portal El Grillo, de Yucatán, publicó que “Con tan solo 21 años de edad, Tomás H. H, prácticamente echó a perder su vida, luego de ser detenido por violar a su vecinita de apenas 13 años”. 

 

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[9 de abril] Cuando Dana Lizeth fue acuchillada por su novio y tirada entre los matorrales de un parque público, el periódico digital Tiempo usó el titular “Dana comenzó agresión por boleto del Tecate Supremo, dice David”, explicando que el feminicida casualmente traía una navaja que usó para defenderse y “no se dió cuenta” dónde hirió a la víctima. Al parecer tampoco se dio cuenta que dejó su cuerpo tirado y desangrándose, ni que la dejó incomunicada al robarse su celular.

 

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[28 de abril] Cuando Sheila Marieli fue asesinada a golpes por su esposo, quien después de matarla se llevó a sus dos hijas, el periódico La Prensa publicó una foto del cuerpo de la víctima acompañado del titular “Joven enloquece y le quita la vida a su novia de 22 años en Neza”.

 

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[6 de mayo] Shaila Marielly, de 22 años, fue asesinada a golpes por su esposo en Estado de México, y el periódico Vanguardia usó el titular “Mató a golpes a su esposa, le encontró mensajes ‘sospechosos’ en el Whatsapp”. En el texto usan la frase “comenzó a golpearla hasta que perdió la vida”, (no la perdió, su esposo se la arrancó) y como nota final agregaron que el hombre había estado recluido en el penal Neza-Bordo, en el Reclusorio Oriente y en el Reclusorio Norte, y que también se le investiga por otros tres homicidios. Pero fueron los celos.

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[29 de mayo] Cuando el exdirector de Seguridad Pública de un municipio en Guanajuato fue detenido por ir a exceso de velocidad y los agentes encontraron armas, una de ellas ilegal, y a dos mujeres “maniatadas y amarradas de los pies con cinta industrial color negra”, a quienes iba amenazando con “matar y cortar en pedacitos”, Zona Franca publicó Ruptura sentimental habría llevado a exdirector de policía a ‘secuestrar’ a dos mujeres.”

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[30 de julio] Cuando Miguel Ángel pateó a su esposa América hasta dejarla inconsciente y huir, fue vinculado por feminicidio en grado de tentativa, Periódico Zócalo publicó “América no le concederá el perdón al padre de su hija”. Sí, porque la “malvada mujer” no perdonó a quien la había golpeado hasta casi matarla. Resulta interesante que el mismo diario suela criticar a las mujeres que han perdonado a sus abusadores y las señale como responsables de la violencia que reciben.

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[10 de septiembre] Después de que Sergio Armando Mitre, beisbolista de los Saraperos de Saltillo, golpeó brutalmente a su pareja “dejándola con huesos rotos y el rostro desfigurado” y la trató de estrangular, se le vinculó a proceso por violencia familiar. El abusador intentó pagar 400 mil pesos como reparación del daño para que se concluyera la causa penal en su contra y salir libre, pero la juez le comentó que así no funcionaban las cosas. ¿El titular que escribió Periódico Zócalo? “Víctima hunde a sarapero: rechaza acuerdo”. 

 

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[30 de septiembre] Cuando Giovanni asesinó a tres personas, El Universal escribió: “Giovanni nunca pudo soportar el desamor de Karen Daniela y, en venganza, desató una ola de ejecuciones”.

 

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[10 de noviembre] Cuando la antropóloga sonorense Raquel Padilla fue asesinada por su pareja Juan Armando, quien le “provocó 45 puñaladas en rostro y cuello” El Imparcial publicó “‘Raquel y Juan parecían una pareja feliz, pero a él le ganó la ira’: Vecina”.

Pero no fue ira. Para poderla asesinar, el feminicida le pidió al hijo de Raquel, un adolescente de 12 años, que esperara afuera, mintiéndole sobre un juego, y cuando este entró a ver qué pasaba, lo encerró en un baño. Fue un ataque premeditado de un hombre que los hijos de Raquel describieron como machista, celoso, peleonero y grosero.

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[1 de diciembre] Grupo Reforma publicó íntegra la carta del presunto autor intelectual del feminicidio de Abril Pérez en la que describe como “llegamos a los golpes y nos causamos daño“  el haberla golpeado en la cabeza con un bate mientras dormía, haber intentado degollarla con un bisturí y haberla asfixiado al punto de casi matarla, cosa que no logró gracias a la intervención de su hijo adolescente. La carta publicada no tenía aclaraciones al respecto.

 

[12 de diciembre] Terminamos el año leyendo el caso de la profesora del Ballet Folclórico de la UAEM Sonia Pérez, quien tenía una orden de restricción en contra de su expareja por violencia de género. Y aunque él ya la había agredido dentro de las instalaciones de la universidad, continuaba trabajando en el mismo lugar.

Así, la universidad inadvertidamente la estaba forzando a convivir con su agresor para mantener su trabajo. Pero mientras la publicación del caso y el análisis de la violencia en un ambiente laboral podría servir a la sociedad para examinar ese tipo de problemas y hacer cambios para evitar que algo así volviera a suceder, los diarios se enfocaron en lo que sintió el asesino cuando la vio bailando con “otro”.

Ese día leímos que Expareja de profesora de la UAEM confiesa que la mató por celos (López-Dóriga Digital), “‘La maté por celos, pero estoy arrepentido de lo que hice’: feminicida de Sonia” (Proyecto Puente), “La vi bailando con otro: exesposo mató a maestra por celos (El Debate). 

 

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Invisibilización de las mujeres y víctimas

 

[27 de abril] En un caso no violento, pero de invisibilización de las mujeres como estudiantes y profesionales exitosas, cuando cuatro estudiantes de la Universidad Autónoma de Campeche ganaron un premio de tecnología, la televisión local Tves Escárcega publicó una foto con los cuatro, pero solo escribió los nombres de los tres hombres y mencionó que eran tres jóvenes, ignorando a Marisol Escamilla, la estudiante cuyo nombre aparecía claramente en la publicación de la que copiaron la información y en la fotografía. 

 

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[1 de mayo] Cuando un hombre en Nuevo León atacó con una granada de gas el lugar en el que creía que se encontraba su expareja, a quien había intentado estrangular anteriormente, revista Proceso publicó el titular “Hombre ataca con una bomba de gas la casa de su exsuegra”. Rosa Patricia, de 62 años y madre de su expareja, estaba adentro y tuvo que salir corriendo, pero el titular se refiere a que una casa fue atacada, sin mencionar que la intención era atacar a la mujer. 

 

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[22 de mayo] Cuando cuatro profesores de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez violaron a una colega, La Polaka publicó “Orgía de Médicos en ICB” y dos días después, El Diario de Juárez usó el titular “El ‘inocente perreo’ con final trágico”. Ni fue una orgía ni fue inocente, fue una violación con saña, un ataque contra una mujer que no aparece en los titulares. 

 

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En 2019 las mujeres siguieron “apareciendo muertas”

 

Cuando una familia regresa a casa y la ve sin muebles, no exclama “¡Uy, desaparecieron los muebles!”. Aunque no sepan exactamente qué sucedió ni tengan pruebas de que alguien haya entrado a llevarse las cosas, dirán: “¡Nos robaron!”. Y todos estaremos de acuerdo. ¿Cómo puede ser que sí lo entendamos con objetos, más no con personas? ¿Cómo es que de repente olvidamos todo el sentido común para no entender que una mujer que ha sido apuñalada hasta la muerte fue asesinada y no “apareció” muerta? 

 

[2 de enero] Un hombre de 26 años raptó a una niña para abusar sexualmente de ella y la estranguló hasta matarla, pero Excelsior publicó: “Solo unos instantes de descuido y Camila de 9 años perdió la vida”.

 

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[7 de marzo] Cuando encontraron al feminicida fugitivo de Campira, Excelsior publicó el titular “No le importaron las apariencias, se enamoró y terminó muerta”. El artículo comienza explicando que el entonces novio de la víctima aparentaba llevar una vida normal, era chef en un restaurante y se ganaba la confianza de sus víctimas; pero termina diciendo que debido a que a Campira no le importaron las apariencias (el hombre tenía tatuajes, al igual que casi 12 millones de mexicanos y que algunos de los chefs más famosos del mundo), sus dos hijos quedaron en orfandad. 

 

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[26 de abril] La Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco publicó en Twitter que había iniciado una queja de oficio “tras los hechos violentos ocurridos este jueves, en los que una mujer perdió la vida a manos de su pareja sentimental”, refiriéndose al feminicidio de Vanesa Gaitán, de 25 años, quien después de haber denunciado a su marido por violencia y tener órdenes de protección contra él, llegó a pedir ayuda a la residencia oficial del gobernador, pero su esposo la embistió con su vehículo y después bajó a asesinarla con un cuchillo.

 

[19 de agosto] Cuando encontraron el cuerpo semidesnudo y con signos de violencia y huellas de ataque sexual de María Eugenia de 19 años en un camino de terracería en Zicatela, Puerto Escondido, Oaxaca, un portal local publicó: “Muere jovencita en Zicatela”. 

 

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[6 de mayo] Fanny Amarillas fue atacada por su expareja sentimental, quien fue a su lugar de trabajo y le roció gasolina para después prenderle fuego. Los médicos intentaron salvarla, pero murió en el hospital a consecuencia del ataque. De acuerdo al diario Radiza, de Chihuahua “Falleció mujer rociada con gasolina”. 

 

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[20 de mayo] Cuando miles de corredores aprovecharon una carrera para exigir justicia por los feminicidios de Ana Munguía y Luz Nallely en Puebla, La Jornada de Oriente escribió al respecto usando el titular “Siguen las muertas”. 

 

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Ellas hicieron algo incorrecto

 

[11 de julio] Daniela Ramírez fue raptada y no se supo más de ella hasta un mes después, cuando se encontraron sus restos óseos en una zona de difícil acceso, pero RT en Español publicó: “…Tomar un taxi incorrecto le costó la vida a una joven en México…”. Aunque ella no tomó un taxi “incorrecto”, tomó un taxi común como cualquiera de nosotros tomamos taxis todos los días. El problema no fue su elección, fue la persona que la raptó y quien o quienes la asesinaron. 

 

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[4 de agosto] Cuando Dulce fue estrangulada por su esposo, quien como muchos otros feminicidas la controlaba al punto de escribir o editar sus publicaciones en Facebook, Radio Fórmula publicó “…Presumía su gran amor en FB pero su esposo la estranguló”.

 

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[26 de agosto] Cuando el exnovio de Gabriela confesó haberla asesinado y desmembrado, Zócalo publicó “Pese a golpizas, Gabriela volvió con su asesino”. Culpandola de su propio asesinato.

 

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[7 de diciembre] Cuando Jonathan estranguló a Ana Daniela hasta matarla, Periódico AM León publicó la nota “Ana Daniela conoció a su asesino por Tinder”, aunque la forma en que se conocieron era irrelevante cuando habían salido durante 7 meses.

 

 

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Tal vez no eran tan santas. Y probablemente no eran tan guapas.

 

Este año no faltaron los artículos en los que se criticaba la vida de las mujeres asesinadas. Ningún titular lo decía abiertamente, pero las personas que comentaban lo entendían a la perfección: tal vez las asesinaron, pero probablemente lo merecían. A parte eran mentirosas, porque en sus fotos se veían más guapas que en la vida real. 

 

[21 de abril] Cuando sicarios en Veracruz asesinaron a trece personas, incluyendo a Santiago, quien acababa de cumplir un año, Sin Embargo publicó que “Los sicarios iban por ‘Becly Ryn’, una muy famosa transgénero de Minatitlán”. En el segundo párrafo se referían a ella en masculino y en el resto del texto escribieron suposiciones y versiones sin respaldo de razones por la que pudieron haber querido asesinarla. (“Amigos cercanos contaron… Aunque medios locales han señalado versiones…”, “Otra versión apunta…, incluso señalan…”).

 

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[8 de mayo] Un mes después del asesinato de Myrna, de 19 años, cuyo cuerpo encontraron “tirado sobre una calle sin pavimentar, semidesnudo y con una prenda íntima enredada en el cuello que presuntamente se utilizó para matarla”, el periódico digital Tiempo publicó: “Hallan alcohol en el cuerpo de Myrna tras examen toxicológico: FEM” ¿Cuál fue el propósito de ese titular? 

 

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[4 de agosto] Poco después de que presuntos integrantes de un grupo delictivo asesinaron a balazos a Araceli Jiménez, conocida como Keilanny Boo, 24 Horas. El Diario sin Límites, publicó “En redes sociales muestran a Keilanny Boo con sobrepeso, además señalan que su tono de piel es más oscuro y utilizaba filtros en apps para aclarar su color”. Un día después, Radio Fórmula publicó “La vida de lujos y excesos que presumía Keilanny Boo antes de ser ejecutada.”

 

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[23 de agosto] Cuando Laura Cristina fue asesinada de un tiro en la cabeza, Radio Fórmula publicó una serie de fotos de la mujer y agregó el texto “Laura Cristina ofrecía sus servicios como escort a través de Twitter y compartía provocativas fotografías”.

 

 

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[31 de agosto] Después de que Cheila Navarro sufriera un intento de asesinato en Guadalajara, Mural.com publicó un album con el título “Presume modelo venezolana vida de lujos”. 

 

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Desapariciones

 

Aunque los protocolos de búsqueda de personas hacen hincapié en la importancia de actuar lo más rápido posible para tener resultados efectivos, existe la idea de que si buscamos inmediatamente a alguien que resulta estar a salvo, solo habremos gastado recursos. Así, por el miedo a preocuparnos en vano, damos tiempo a quienes raptan o asesinan a mujeres, adolescentes y niñas de actuar y huir impunemente. Sí, por miedo a las mujeres mentirosas no se usan los recursos que existen para encontrar a las personas sanas y salvas en lugar esperar a encontrar sus cuerpos en algún camino.

 

[24 de octubre] Eso le sucedió a la familia de Jessica Jaramillo, la última víctima de Óscar, el feminicida apodado por los medios como el “monstruo de Toluca” (los monstruos no existen, Óscar es una persona que pudiendo haber sido detenida después de su primer feminicidio, siguió asesinando mujeres impunemente por la negligencia de las autoridades), a quienes la fiscalía les dijo que no se podía comenzar la investigación hasta que pasaran 24 horas. Los familiares sabían que Jessica estaba en la casa de quien llevaba meses acosándola y estaban seguros de que el feminicida la había llevado ahí en contra de su voluntad, pero la orden de cateo llegó seis días después, ya que Óscar la había asesinado y había tenido tiempo para salir de casa y huir. 

 

A principios de año, ZonaDocs publicó un reportaje sobre el Protocolo Alba en el estado de Jalisco, señalando que de 3 mil 938 mujeres y niñas desaparecidas de abril del 2016 a diciembre del 2018, solamente se habían publicado 47 Cédulas Únicas de Difusión. Y aunque el 66% eran menores de edad, el protocolo solamente realizó ficha oficial de búsqueda para ocho menores. Así, el 99% de las niñas y mujeres desaparecidas en Jalisco no tuvo acceso a la ficha oficial de búsqueda que se debe realizar de acuerdo a la ley.

 

Basándonos en esos datos, tenemos a 3,891 mujeres en un solo estado del país, quienes no salieron en las noticias, de cuyos casos no nos enteramos. Muchas seguramente habrán regresado sanas y salvas a casa, pero muchas nunca regresarán. Y oficialmente nadie las buscará. 

 

[4 de diciembre] En este contexto, en el que diariamente desaparecen 20 mujeres solo en CDMX y ni siquiera tienen una cédula única de difusión, vimos en horario estelar el caso de una mujer que le hizo creer a su mamá que estaba siendo secuestrada, los videos que la mostraban bailando en un bar y la entrevista en la que se disculpó. Durante horas y días las noticias nos recordaron que no vale la pena buscar a las personas en cuanto desaparecen porque tal vez están bien y es solo una confusión o peor, una mentira. Y así mientras veíamos una y otra vez ese caso en redes sociales, en programas mañaneros y en pláticas con amigos, compañeros y familiares, continuamos nuestras vidas sin enterarnos de todos los demás casos de desapariciones en los que no hay videos,  entrevistas, nombres, fotos, ni noticias de última hora. Así, la mañana del 5 de diciembre, el periodista Ciro Gómez- Leyva tuiteó #KarenEspíndola estaba en un bar, todo indica que no fue secuestrada por un taxista. #ImagenNoticias consiguió videos de las cámaras de seguridad del bar donde permaneció unas 10 horas, de ahí salió acompañada de un hombre”, y más tarde El Financiero publicó “Karen Espíndola habría estado en un bar, no desaparecida, según videos”.

 

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Estigmatización y morbo

 

En México se estigmatiza a las mujeres que han sido víctimas de un ataque sexual. Una mujer violada es vista como una mujer dañada. Y es por eso que cuando una mujer “aparece” después de haber sido raptada, exigimos nos cuente con lujo de detalles lo que sufrió, lo que le hicieron, y cómo se lo hicieron; y si no lo hace, asumimos que se fue por gusto y minimizamos lo que pudo haber sufrido. De una u otra forma, las volvemos a victimizar. Ya sea porque hablan y las cuestionamos, o porque deciden dejar ese abuso enterrado en el pasado e intentar regresar a su vida normal. Sí, las adolescentes y jóvenes abusadas tienen básicamente dos opciones: entretener nuestro morbo o ser juzgadas. Y como muchas familias optan por la tranquilidad del silencio, entonces seguimos creyendo que en México no pasa nada.

 

Las protestas

 

De acuerdo al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el año 2018 se registraron 861 carpetas por feminicidio en el país, y el mapa de Feminicidios de la geofísica María Salguero contabilizaba 3,607 casos registrados. 

 

Los reportes de la Comisión Ejecutiva de Atención a las Víctimas mostraron que anualmente se denuncian alrededor de 600mil casos de abuso sexual y se estima que el 94% no se denuncian, por lo que las cifras reales serían extremadamente alarmantes.

 

Las mujeres mexicanas terminamos 2018 hartas de tanta violencia. No solo de la que vimos en la tele o en redes sociales. La violencia nos ha afectado a nosotras y a nuestros seres queridos. Tenemos historias propias, de nuestras hermanas, nuestras amigas, compañeras y alumnas. Y gracias a las valientes voces de tantas mujeres que se atrevieron a contar sus experiencias, también logramos reconocer todas esas violencias que habíamos vivido o habíamos presenciado y comenzamos el año dispuestas a hacer algo para pararlas. A la violencia también se agregó la de grupos que intentan quitarnos derechos sobre nuestros cuerpos y buscan forzarnos a continuar embarazos no deseados, incluyendo a niñas y adolescentes que han sido violadas y a mujeres adultas que han decidido que no desean tener más hijos.

 

En ese contexto, en el que hemos entendido que la vergüenza no la deberían de sentir las víctimas, sino los agresores, hemos salido a las calles a gritar y exigir a nuestras autoridades que hagan su trabajo y dejen de revictimizar, ignorar y de poner en peligro a las víctimas de violencia machista. 

 

[8 de marzo] El Día Internacional de la Mujer, grupos en todo el mundo salimos a manifestarnos contra la violencia que vemos en nuestras casas, nuestras universidades, nuestros lugares de trabajo, nuestras calles y nuestras ciudades. Pero una vez más, los mismos medios que no consideran necesario publicar casos de feminicidio o dedicar recursos a analizar el contexto de estas violencias, se mostraron indignados al ver graffitis con frases como “Ni una más”, “Seguridad ya!”, “Nunca + la comodidad de nuestro silencio” o “Les jode ver paredes rayadas, pero no mujeres asesinadas” y publicaron titulares como “Mujeres embozadas realizan pintas en Reforma…” (El Heraldo de México), “Reprueba ciudadanía pintas feministas en el centro histórico de Zacatecas” (El Sol de Zacatecas). 

 

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[11 de marzo] Unos días después, Diario Cambio de Puebla publicó el titular “Feministas radicales vandalizan el centro, otra vez, durante marcha pro aborto”. El mismo texto describe que “Alrededor de dos mil personas marcharon para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Aunque demandaron equidad de género y justicia por feminicidios…” En el texto también se menciona que los graffitis eran frases como “Puebla Feminicida” y nombres de mujeres desaparecidas, pero la nota contenía citas de personas anónimas que repudiaban “el movimiento”.

 

[17 de agosto] “Vandalismo eclipsa la protesta por la violencia contra las mujeres” (Aristegui Noticias).

 

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[25 de noviembre]

“Vándalas empañan marcha contra la violencia de género” (24 horas), 

 

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Los policías

 

De acuerdo a un informe de la Procuraduría de la CDMX, entre diciembre de 2018 y noviembre de 2019, 120 víctimas denunciaron violaciones, abusos y acosos sexuales de 132 uniformados (87% de ellos elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana), 95 del total estando en funciones. Solamente en el mes de agosto se abrieron 18 carpetas de investigación. 

 

Ese es el contexto en el que, en agosto, una adolescente denunció haber sido violada por elementos de la SSC y las autoridades filtraron el caso y su información personal a los medios; también otra adolescente denunció haber sido violada por un agente de la Policía Bancaria e Industrial en los baños del Museo Archivo de la Fotografía. 

 

[12 de agosto] Las mujeres salimos a marchar de la SSC a la PGJ exigiendo, entre otras cosas, la creación de un protocolo estricto en el reclutamiento de cuerpos policiales, la investigación de abusos sexuales previos por parte del cuerpo policiaco, transparencia en el trabajo del cuerpo judicial, juicios a quienes resulten culpables de delitos y sanciones a los actos de filtración de información, usando la frase #NoMeCuidanMeViolan. Durante las horas que duró la protesta, una de nosotras aventó brillantina rosa al Secretario de Seguridad Ciudadana, varias mujeres pintaron frases con aerosol, y otras rompieron una puerta de vidrio. Tras ello, la procuradora, quien sigue sin tomar medidas suficientes para detener las agresiones sexuales por parte de sus agentes, mencionó que no caería en provocaciones y que se habían abierto diversas carpetas de investigación para investigar los hechos. La jefa de gobierno también comentó enfocar sus recursos en investigar los actos de las manifestantes. Ese día, Reforma publicó “Acaba en agresiones protesta feminista”, Excelsior usó el titular “Con violencia repudian violencia durante protesta en CDMX”, y Diario Cambio subió un video con el título “Feministas encapuchadas destrozan la Procuraduría General de Justicia”.

 

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[16 de agosto] Cuando ante la respuesta de las autoridades se convocó a una segunda marcha usando la frase #ExigirJusticiaNoEsProvocación los medios usaron titulares como “Vandalismo eclipsa la protesta por la violencia contra las mujeres” (Aristegui Noticias),  “Protesta feminista en CDMX plagada de vandalismo y violencia contra la prensa” (El Debate), “Marcha feminista en CdMx concluye en vandalismo” (Milenio ) y Forbes escogió un titular que confundía la verdad al publicar “Derechos Humanos respalda al gobierno ante protesta feminista”. En el cuerpo, explican que respaldó que se evitara el uso de la fuerza. 

 

Las ingenieras

Las estudiantes de la mayor casa de estudios del país llevan años quejándose sobre el acoso y hostigamiento sexual por parte de compañeros y profesores. Y aunque en el 2016 se logró instaurar un Protocolo para la atención de casos de violencia de género, todavía queda un largo camino para lograr una universidad justa y segura para sus alumnas.

 De acuerdo a Prensa CIMAC, del 9 de junio del 2018 al 7 de junio del 2019 la UNAM “recibió quejas de 436 estudiantes y trabajadores sobre 385 presuntos agresores en su campus” y solo se iniciaron procedimientos contra el 87% de los casos. De ellos solo 178 (el 46% de las quejas) concluyeron con una sanción, 7 “con un acuerdo a través de un procedimiento alternativo” y 96 están pendientes de emitir sanción. “En 19 no se encontraron elementos para sancionar, 9 fueron declarados improcedentes y 26 se declararon insubsistentes”. El 44 por ciento de los agresores son alumnos, el 22 por ciento académicos y el 17 por ciento es personal administrativo. 

En una protesta, una mujer cuestionó: “¿Por qué parecen insuficientes las más de 70 denuncias contra profesores y alumnos? Este espacio siempre ha sido para nosotras un peligro y no queremos que lo sea para las que vienen”.

 

Aunque las mujeres conforman el 50.7% de los estudiantes de la UNAM, los datos más actuales (2015) muestran que por cada 100 hombres estudiantes de Ingeniería, hay 28 mujeres. 

 

[8 de noviembre] En este contexto, fue que algunas alumnas decidieron salir a manifestarse en contra del acoso y la falta de respuesta de las autoridades. Cuando el día en que se reeligió el rector Enrique Graue, la protesta llegó a la facultad de ingeniería, sus compañeros les gritaron, las insultaron y llegaron a golpearlas. También las amenazaron por redes sociales, y aún así, Excelsior publicó el titular “Mujeres se manifiestan dentro de CU; agreden estudiantes, hacen pintas y rompen vidrios”, y el periodista Ciro Gómez Leyva publicó en Twitter “Armadas con tubos, palos y extintores, feministas que se dicen hartas de la violencia machista, se manifestaron ahora en Ciudad Universitaria de la #UNAM. Pero esta vez, estudiantes de ingeniería las confrontaron”. Imagen Televisión subió dos videos, uno con el título “‘¡Fuera!’ Así impidieron estudiantes que feministas destruyeran la Facultad de Ingeniería de la UNAM” y el otro con “Estudiantes corren a feministas tras dañar la facultad de ingeniería”.

 

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Cuando las adolescentes que están creciendo en un México extremadamente violento e inseguro para las mujeres tengan que decidir qué estudiar y en dónde pasar los siguientes años de sus vidas, probablemente un factor para elegir sea su seguridad y las posibilidades de poder estudiar tranquilas sin ser acosadas y violentadas por sus compañeros. Y cuando una vez más, por un conjunto de razones diversas eviten llegar a la facultad en donde manifestarse contra el acoso significa poder ser agredidas, la sociedad se volverá a preguntar por qué es que a las chicas no les interesan las ingenierías. “Macho no se nace, la facultad de ingeniería los hace”, leía un cartel el 12 de noviembre. 

 

[15 de noviembre] Varios planteles de la UNAM se fueron a paro indefinido exigiendo acciones frente a los casos de acoso sexual por parte de profesores y alumnos. Se pedía atender las denuncias interpuestas por violencia de género, transparencia de la información al respecto, creación de una comisión encargada de supervisar y reestructurar la Unidad de Atención a la Violencia de Género, acompañamiento psicológico para las víctimas, entre otras cosas. Diario de Yucatán publicó “Crisis en la UNAM: Entre encapuchados, feministas y acoso

 

[25 de noviembre] Cuando el Día Internacional de la Violencia contra las Mujeres, salimos a manifestarnos por la falta de acción de nuestros gobiernos ante el creciente número de mujeres violentadas y asesinadas, los titulares fueron “Feministas destruyen monumentos y pintan iglesias de la CDMX” (Siete24 Noticias), Milenio publicó la columna de opinión en la que un señor se lamentaba que “El vandalismo se impuso a la legítima protesta. Contra la violencia hubo práctica de más violencia”. El Periódico publicó “El vandalismo mancha el Día contra la Violencia hacia las Mujeres en México” y TV Azteca subió el video “Feministas realizan actos de vandalismo en marcha de violencia contra la mujer”. 

 

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El problema, obviamente, no es que los medios mencionen los actos de vandalismo, sino que las prioridades sean tan desequilibradas al punto de poder dedicar diversos artículos, videos y álbumes fotográficos a una fracción de la protesta de un día, y no tengan recursos para reportar el resto de los actos realizados continuamente en contra de la violencia de género, ni tampoco en publicar y analizar los constantes casos de ésta. 

 

Y sigue…

 

Mientras terminaba de escribir este texto, recibí una notificación en Facebook. Aproveché para revisar las publicaciones de mis amigos y vi que alguien en un grupo al que pertenezco había compartido la noticia de una mujer que fingió haber sido golpeada por su esposo. La publicación iba acompañada de una diatriba contra las mujeres y sus mentiras. El caso sucedió en Australia, pero aún así Excelsior lo publicó el 8 de diciembre del 2018 con un titular que ignora ese detalle: “Mujer se golpea para denunciar a su marido por violencia”. La nota, que no incluía el contexto que los diarios en otros países agregaron, había sido compartida más de 18 mil veces y el día en el que se publicará esto, ya ha aumentado a 23 mil. 

 

Un detalle que me interesa compartir es que, aunque obviamente hay medios más rigurosos con sus códigos de ética y la información que publican, no hay medios buenos y medios malos. Algo que no me deja de sorprender es que muchas veces los medios que publican los titulares más sexistas, son también los que publican titulares que podrían servir de ejemplo sobre cómo escribir algo respetuoso y neutral. 

 

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La violencia de género es un problema terrible en nuestra sociedad y es nuestra responsabilidad, desde el lugar en el que estemos y las herramientas que tengamos, trabajar para eliminarla. Los medios saben que cambiar la forma en la que nos comunicamos es cambiar nuestra percepción, pero también saben que la desinformación, las medias verdades y las publicaciones que reafirmen prejuicios son formas fáciles de atraer visitas a sus páginas y por lo tanto, dinero. La pregunta es ¿qué escogerán para este 2020, ayudar a mejorar nuestra sociedad a través de un periodismo ético, o continuar como hasta ahora, sin importar las consecuencias? 

 


Autores
Danae Silva es una diseñadora, ilustradora y arquitecta que dedica su tiempo a diversas iniciativas de justicia social. Administra la página de Facebook La Corregidora.
Remix de Luis Ham a partir de dos fotografías de Carlos Figueroa

 

Lo que está sucediendo

Una evasión masiva. Así comenzó todo. Cientos de personas saltando torniquetes de entrada al metro; evadiendo el saldo de viaje. El aumento de 30 pesos chilenos a la tarifa de Metro en hora pico aparentaba ser otra de las piedras que se sumaba a la espalda del costo de vida en Chile. Si bien este aumento no estaba dirigido ni a estudiantes ni a adultos mayores, la movilización fue encabezada por estudiantes de educación secundaria que cuestionaron la pertinencia de la decisión empresarial que, en promedio, significaría el consumo de casi el 10% del sueldo mínimo en Chile, llamando a una manifestación colectiva que declarara su descontento.

La paralización de metro impidió el traslado de cientos de personas que diariamente lo utilizaban para llegar a sus trabajos o centros de estudio, generando una especie de desacelero en la ciudad de Santiago. En apenas dos días, el caos parecía apoderarse de las calles, un frenesí que tensionaba el ambiente. La gente empezaba a preguntarse cosas, hablaba en las filas para comprar pan, hacía comentarios y publicaciones políticas en redes sociales y se asombraba por la evasión de la tarifa del metro, pero no la cuestionaron.

Carabineros, fuerzas especiales y policía de investigaciones llegaban a todo lugar donde se concentrara algún grupo de manifestantes, lugares en donde social e históricamente era extraño, terrorífico incluso, ver a la policía con carros lanza agua y lacrimógenas.

Dos días.

Eso bastó para que en la tarde del viernes 18 de octubre el presidente, Sebastián Piñera, a través de un comunicado por cadena nacional, anunciara el inicio del Estado de Emergencia debitado por considerar el movimiento como un riesgo para la seguridad ciudadana y del país.

Esta decisión situó un conflicto cargado de furia y violencia generalizada. Todo el país se levantó entre consignas de demanda por injusticias que escuchamos siempre: el sistema de servicio nacional de menores, las administradoras de fondos de pensiones, el sistema de salud pública, la educación desigual.

Circulaba mucha información, pero lo que más esparcía miedo eran los comentarios que aseguraban que los militares se encontraban acuartelados, listos para salir a las calles. Se hicieron bromas, mensajes con información exagerada y sarcástica, y sin darnos cuenta, al día siguiente se ejecutó la orden de toque de queda para la provincia de Santiago, abriendo así, una herida sin sanar que se había cubierto, infectado e intentado cicatrizar sin éxito durante 46 años.

Ahora la reacción de las personas se tradujo en desafiar el toque de queda. En cuanto comenzaba, salíamos a las calles a “cacerolear”, las familias se reunían con vecinos y amigos para expresar de forma pacífica su descontento; poco a poco la demanda desembocó en la exigencia de una nueva constitución. Paralelamente, situaciones de violencia y terror se esparcían a lo largo del país: incendios en las estaciones de Metro y sucursales de grandes tiendas, abusos extremos de uso de fuerza y armas contra manifestantes, detenciones ilegales y arbitrarias.

En menos de una semana se comenzó a hablar de desapariciones bajo circunstancias confusas y muertes a manos de agentes del Estado. La implementación del Estado de Emergencia y toque de queda se esparció hacia otras regiones, y las denuncias iban en aumento a través de videos y publicaciones en redes sociales. El terror se sembró en forma de rabia y poder, creciendo rápido como un shot de adrenalina que se inyectaba con cada foto y video publicado.

Las redes sociales tomaron un rol protagónico y fundamental para la manifestación y conservación de material de denuncia que pudiese resguardar la integridad jurídica de las personas, pero no fue suficiente.

¿Por qué el estallido?

Para comprender la situación sociopolítica de Chile, es necesario retroceder en el tiempo y revisar la historicidad de la exclusión y la desigualdad en América Latina que, bajo la premisa de los trabajadores sociales e investigadores Giannina Muñoz y Cristian Leyton, se basa en un proceso de múltiples dimensiones que perjudica la participación de las personas en la vida económica, social, cultural y política.

Este proceso tiene cuatro cauces principales: el primero nace del trauma colonial y la monopolización de los canales de influencia -es decir, el control de las redes de poder que dan sustento a una sociedad, como empresarios, líderes políticos, miembros de la religión o iglesia dominante, entre otros. Más allá de la violencia, masacre e invasión territorial, este primer cauce abarca también la desposesión y dominación económica de los grupos étnico-raciales, se trata del poder concentrado en el colonizador asumido por las élites criollas y reforzado por regímenes autoritarios heredados en dictaduras o formados durante la transición a la democracia en la época posmoderna.

El segundo corresponde a la fragilidad de los sistemas de bienestar y sus limitaciones. De esta forma se revela la desprotección por parte del Estado en los ámbitos de educación, salud o previsión social, por nombrar algunos. Esta desprotección termina por facilitar la brecha entre quienes puedan acceder de forma privada al bienestar y quienes no.

En tercer lugar se encuentran los déficits de ciudadanía y la debilidad de los sistemas democráticos, refiriéndose a la constitución de los Estado-nación latinoamericanos como un híbrido entre democracia y autoritarismo, y de cómo se ha formado una tradición clientelar que profundiza y refuerza la exclusión de ciertos grupos sociales a la vez que inhibe su ejercicio de ciudadanía.

El cuarto y último cauce hace referencia a las brechas de desigualdad de ingresos, acceso a servicios, al poder, a la influencia, la justicia, entre otros, y de cómo estos altos niveles de desigualdad condicionan la vida política y cultural de los grupos sociales.

A nivel latinoamericano, es posible identificar estas características que originan la exclusión y la desigualdad. Chile, sin embargo,  tiene una historia propia y un contexto que le distingue de otros países de la región, debido a una promoción histórica de acumulación de capital, mezclada con componentes de intervención política irrumpida por el proyecto socialista de Salvador Allende, el primer presidente de izquierda electo de forma democrática en América Latina, caracterizado por instaurar un sistema planificador, potenciando la participación ciudadana y el rol empresarial del Estado, disminuyendo el mercado a modo de impulsar la industria propia del país.

El modelo neoliberal comenzaba a apropiarse de los países dominantes y, sin querer, como se dice en Chile, salimos escogidos como el lugar ideal para pilotear las propuestas que este nuevo sistema tenía para ofrecer. En septiembre de 1973 comenzó el golpe militar en donde políticos y ciudadanos con poder e influencia social sintieron la obligación de resguardar “los intereses de la nación” ante las condiciones de emergencia (¿suena conocido?) que se venían dando desde los años 60.

Luego de intervenir en la crisis económica, no había un camino claro que seguir, por lo que se comenzaron a estudiar diversos proyectos que dieran objetivo al régimen. No fue hasta 1975 que los Chicago Boys, un selecto grupo de estudiantes chilenos que obtuvieron conocimientos del economista Milton Friedman representando visiones monetaristas-neoliberales, escribieron un proyecto sólido llamado “El Ladrillo”, que parecía tener la solución a los problemas económicos presentes en Chile.

De esta manera, Chile pasó a adoptar un modelo que se caracterizaba por su liberación extrema de muchos mercados, con un débil rol regulador por parte del Estado y que entregaba aún menos importancia a la política social: un modelo que se implantó con miedo, muerte y desapariciones por 16 años.

Una de las huellas más potentes que dejó el régimen militar fue la Constitución, realizada únicamente por el abogado Jaime Guzmán, caracterizada por ser sumaria, rígida y autoritaria, protectora del libre mercado y con limitaciones de política social acotadas a los sectores de pobreza y extrema pobreza, los marginados y excluidos.

Pero no eran tantos los que se consideraban marginados y excluidos. Chile se convirtió lentamente en una sociedad neoliberal avanzada y triunfante, la mayoría de las fuerzas sociales y políticas habían adoptado el neoliberalismo. Esto se tradujo en chilenos y chilenas -ahora y entonces- políticamente desvinculados, pasivos, disciplinados y enajenados del mercado, quienes adquieren la “membresía de ciudadano” en la medida en que participan dentro del mercado, accediendo a tarjetas de crédito casi instantáneas, servicios privados de alto costo y una vida social dentro de centros comerciales, potenciando el consumo y el endeudamiento de miles de personas.

La acumulación de un estilo de vida consumista, la cantidad de servicios privados de alto costo, la vergüenza de la desprotección del Estado a niños, niñas, adolescentes, adultos mayores y personas con enfermedades complejas, la administración de fondo de pensiones por parte de privados, el trauma colonial reflejado en el conflicto Estado-Mapuche que continúa desde hace más de 200 años, se fueron acumulando, aunándose a una lista inmensa que evidenciaba una bomba de tiempo que, si bien parecía preocuparnos a todos, era ignorada entre reuniones en los Malls y palabras de ánimo cargadas de incertidumbre, molestia y desencanto. Mientras tanto, cada día salía en los noticieros asesinatos de niños y niñas en la red de protección a menores, parejas mayores de edad suicidándose por sentirse una carga para sus familiares por el alto costo que significaba mantenerse con salud, políticos engañando y robando una y otra vez. Nuestras conversaciones se caracterizaban por intentos vanos de darnos ánimo mutuo y desafíos a llevar la pesada mochila que suponían los problemas del país a dondequiera que fuéramos. Y mientras tanto, el tiempo de la bomba seguía corriendo.

Remix de Luis Ham a partir de la fotografía de Davidlohr Bueso

Remix de Luis Ham a partir de la fotografía de Davidlohr Bueso

¿Qué sucederá ahora?

Es difícil saberlo. Ante la incompetencia de los medios de comunicación hemos elegido el uso excesivo de redes sociales, las cuales se están saturando de realidad, especulación, miedo o empoderamiento, pero una cosa es clara: al salir a la calle la gente sigue hablando del tema, sigue enojada y con nuevas historias de las injusticias sufridas por vivir en un país en donde el Estado no invierte en sus ciudadanos, sino en quienes tienen el poder.

Cesó el toque de queda en menos de una semana, Piñera pidió la renuncia de sus ministros, lo que resultó como una burla a las peticiones demandadas. Se han hecho modificaciones respecto al sueldo mínimo y otras medidas parche que no terminan de cerrar el daño que el neoliberalismo les hizo a las personas, y mientras tanto, las manifestaciones continúan en las calles bajo la represión de carabineros y fuerzas especiales.

Las movilizaciones continuarán porque las personas se están dando cuenta de que pueden hacer algo más que visitar un mall, que pueden abastecerse sin las grandes cadenas de supermercados y que pueden trabajar menos horas siendo igual o más productivos. Continuarán porque las instancias de discusión que podían darse entre amigos, familiares, en las filas de compra y en redes sociales, se está transformando en la convocatoria a cabildos abiertos y asambleas constituyentes en diversas comunidades.

Esta vez es el pueblo hablando por el pueblo.

Si bien el Estado hace lo posible por “volver a la normalidad”, cada vez son más las personas que desean instaurar y se pronuncian por un pacto social que se manifieste en un cambio de constitución porque entienden que volver a la normalidad significaría volver a la vida precaria y desigual, volver a la normalidad sería ignorar a las 232 personas que han sufrido daños oculares por perdigones y las 2.808 personas heridas en hospitales acometidos por carabineros.

Finalmente, Chile ha despertado.

Remix de Luis Ham a partir de dos fotografías  de Carlos Figueroa

Remix de Luis Ham a partir de dos fotografías de Carlos Figueroa


Autores
(1997, Santiago de Chile). Estudió trabajo social en la Universidad Andrés Bello. Participante activa de organizaciones sociales, gestionando proyectos educativos y de prevención de violencia.

Cuento para pagar una endodoncia

 

Así no, dice el dentista. Su yema recorre mi mandíbula y me empuja la quijada para recostarme el cráneo. En mi espalda, entre omóplato y cadera, queda un vacío fastidioso que resuelvo con un falso estornudo que me devuelve a la posición original. A mano izquierda tengo la escupidera y el detalle de un manubrio que no me atrevo a tocar. No estás en una máquina del tiempo, oigo el susurro detrás del tapabocas.

Y es que yo quería morirme a los veinticuatro años, antes de que mis dientes se pudrieran, antes de que tuteara a los taqueros, antes de que mi contador me invitara a sus cumpleaños. Bien, a bocajarro, cuento doce caries; me parece que esto, indaga con el gancho, es sarro, pero hay que revisar a fondo, dice el dentista. Concluyo, se rasca con el dedo la nariz o el bigote detrás del tapabocas, que no sabes lavarte los dientes. Verás, toma una dentadura de juguete y me indica tallando con un cepillo miniatura, hay que lavar por fuera, de arriba abajo, y por dentro, también de arriba abajo. Los molares, en cambio, debes tallarlos en círculos, uno por uno, como si fueran peldaños o ventanales.

Hagamos algo: figúrate que son ventanales, o plataformas, digo, como una superficie con relieve, ¿qué tal? A lo mejor lo que sucede es que tú eres Dios y bajas una mano al mundo para limpiar una montaña, o en tu caso un volcán, porque sin duda tienes cavidades hondas. Por ejemplo, entierra el garfio y me jala la mandíbula hacia su rostro, aquí hay una caries consagrada, espero por tu bien que no se haya infectado.

Bien, haz de cuenta que eres Dios limpiando una cordillera, que es tu dentadura, porque yo no sé de religión, pero Dios, al menos el de siempre, es el creador y el cuerpo; él mismo es el cosmos y se reconfigura en su creación. De modo que la materia, en cierta forma, dice el dentista, también es Dios, así que Dios puede bajar a limpiar su mundo y, a la vez, lava su cuerpo, la prisión a la que nos trajo para desinfectar la carne. Pero yo no sé nada de religión, dice el dentista.

Nunca me acostumbraré al taladro chillón ni al inyector de líquido que no es agua, pero te aseguran que es agua, o uno cree que es agua, y en verdad es un desinfectante que disparan a la encía, luego de lo cual, el aire, que sí es aire y se siente como un silbido, petrifica el derredor del diente, lo esmerila, lo aísla en sinsabores ácidos.

Escupe, me ordena el dentista y me habla de sus cinco hijos, de una universidad en Londres, de un chef con muchísimas probabilidades de ascender en un restaurante bistro, gourmet, folclórico, prehispánico, fusión, molecular. Me hace preguntas que sabe que no puedo responder con tres pinzas en la boca. ¿Eres casado? ¿Consideras al fascismo una derivación natural de todo rol protagónico? ¿Padeces insomnio? ¿Lloras al recordar los amores que perdiste a causa de tu mal aliento? Qué tonto, ¡cómo me vas a contestar así!

Retira los instrumentos, prepara una aguja del tamaño de una flauta y me hace otra pregunta, aunque la expresa como si estuviera repitiendo la última, o quizá se trate de la misma que creo que ha hecho desde que entré al consultorio. ¿Eres feliz?, señala mi labio inferior con la aguja burbujeante y desliza solo un poco los dedos índice y medio al presionar la base de la jeringa con el pulgar.

Contrólate, me digo, menciona elementos familiares y sustrae de ellos un juicio no comprometedor, habla del mar, hay un cuadro del mar en la recepción; habla del color turquesa que te recuerda al día en que tu madre se sentía muy guapa en una boda y tú, niño de cinco o seis, te escondiste bajo su vestido y gritaste que no querías vivir nunca sin su compañía.

No sabes convivir, ¿verdad?, imagino que dice el dentista, o lo dice, pero pronuncia con tal sutileza las consonantes que podría tratarse de una banalidad. ¿Te gustan los perros? ¿Sabes karate o taekwondo? ¿Ya te titulaste? No tolero, me dice el dentista, que mis pacientes se crean superiores al hilo dental ni que me pregunten qué marca de pasta de dientes es mejor. Bien podría contestar, lo sé, como con los vinos, el mejor es el que más te gusta, ¿no? Sin embargo los artículos de higiene bucal no funcionan de la misma manera, no sería riguroso aseverar que funcionan así porque, déjame contarte algo de todos los artículos de higiene personal, esto incluye los cepillos de dientes, jabones y cremas para el pie de atleta. Parece que el dentista está a punto de confesarme un secreto, aunque es posible que me esté hablando de la caída del Imperio romano.

Los mejores productos higiénicos, presta atención, son los que se usan con regularidad. Re-gu-la-ri-dad. Ya sé, no descubrí el hilo negro, pero esa es la verdad. No sabes cómo me carga que me lo pregunten, ¿qué es mejor? Porque, mire, doctor, el otro día en la tele vi un comercial en el que aparecía otro doctor, uno como usted, igual de sabio y generoso, que decía que tal o cual marca era superior, entonces, doctor, ¿la compro? Golpea con el puño la bandeja donde están los instrumentos y entreveo una lágrima en el contorno de su párpado.

Me rindo, dice el dentista, si no quieres usar hilo dental, no lo hagas, ¿quién tiene el tiempo? Solo te voy a pedir una cosa, haz buches. No me mires así, no vayas a preguntarme de qué debes hacer los buches, que si de enjuague con alcohol o sin alcohol, o con aroma a cerezas o con perfumes bucólicos. Haz buches, te aseguro que Dios hace buches de huracanes, y los huracanes purifican su creación, lavan el cuerpo de su creación, que también es su cuerpo, como ya te había dicho. Haz buches, me ruega el dentista y se quita los guantes.

¿Terminamos?, le pregunto, pero pronuncio otra palabra debido a la anestesia. Levántese, ya es tarde, siempre será demasiado tarde, me está robando el tiempo, dice el dentista, quítese el babero. Hago el ademán de sacar mi cartera y él exclama la palabra honorarios y menciona otras tres universidades privadas y a una exesposa que toma frapuchinos de setenta pesos. Hablemos, me ruega el dentista, no hay que perder el contacto.

Me pasa también en las peluquerías. La sensación dolosa de querer, más que nada en el mundo, acurrucarme y dormir bajo la falda de mi madre. Doy un paso al frente. Tengo vértigo. La odontología, me explica el dentista, no es un ritual ni un pasatiempo, tampoco es una diligencia exclusiva ni una experiencia trascendental; la odontología es un tratamiento prolongado, y yo, por más que lo desee, no puedo darlo de alta, ¿entendido?

Saco la cartera y elijo los billetes, pero en un arranque tomo todo y se lo ofrezco, tarjetas de crédito y de metro incluidas, foto de novia incluida, credenciales incluidas, membresías de tiendas especializadas incluidas.

Vamos a ver, distingue una a una mis posesiones. De acuerdo, acepto el trato, dice guardándose los billetes y las credenciales en la bolsa frontal de la bata. Lárguese y no vuelva, pero no por eso crea que lo daré de alta, usted está podrido, su boca es una bacteria, usted es una bacteria, el mundo y las cordilleras son también bacterias, Dios, perdóneme que lo diga, es también una bacteria, tal vez una bacteria lingüística, y la lengua, oh, sí, no me vea de esa manera, la lengua está en la boca y la boca es mi especialidad, así que no pienso darlos ni a usted ni al mundo y ni siquiera a Dios de alta. Todos ustedes tienen cita con su putrefacción, se lo aseguro, y si le duele haga el favor de tomarse un ibuprofeno cada ocho horas.

 

SONAMBULOS_PORTADA


Autores
(Ciudad de México, 1991) Narrador, poeta, editor, traductor y ensayista. Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la UNAM, la maestría en la Universidad Complutense de Madrid y el doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha publicado los libros Los designios del imaginero (2012) y Agenbite of inwit (2018). Ganador del Premio Nacional de Novela “José Revueltas” por Nuestro mismo idioma (FETA, 2015) y el Premio Nacional de Cuento “Julio Torri” 2019 por Sonámbulos. En 2023 publicó su tercera novela Mundo anclado (NitroPress, prólogo de Enrique Vila-Matas). Ha colaborado en diversas antologías como Covid: Narrativa mexicana joven, desde y contra la pandemia (FCE, 2021) y La lectura al centro: 55 autobiografías lectoras (UNAM, 2022), así como en la revista Quimera, Barcarola, El Universal, Excélsior,Tierra Adentro y Luvina. Como editor ha elaborado las antologías narrativas Lo fantástico no existe (Ediciones Periféricas, 2020), De narcos a luchadores (Contrabando, 2019) y El misterio de los seres espaciales (Deliria, 2023). Es profesor de literatura en la UNAM y en Literaria: Centro Mexicano de escritores.
Fotografía por Pies cansados, extraída de Flickr.

 

 

Muy a menudo la gente no sabe lo que quiere, o no quiere lo que sabe, o simplemente quiere algo que está mal. (…) ¿qué ocurre con la democracia cuando la mayoría se siente inclinada a votar por, pongamos, leyes racistas y sexistas?

Slavoj Zizek

 

La migración es un proceso natural de movimiento, un hecho inherente a la vida misma. Los pájaros, las ballenas y los renos migran en busca de alimento, refugio o de un clima ideal para dar a luz. Además de un mecanismo de supervivencia, su movimiento garantiza el equilibrio del ecosistema, el orden secreto en el flujo de las cosas. Quizás las migraciones del homo sapiens desde África hacia el resto del mundo, acontecidas en el paleolítico, guardan algo de esa naturalidad.  En cambio, las migraciones masivas propiciadas por las expediciones de Cristóbal Colón o Marco Polo, así como el éxodo rural de la Revolución Industrial, responden a un interés material y quizás epistemológico. Sin embargo, desde el siglo XX la cuestión se ha tornado un tanto más compleja, acaso por los giros sociales derivados de los conflictos armados, del intervencionismo y de la globalización de la economía. Este fenómeno ha provocado que los migrantes se hayan convertido en el nuevo proletariado de Occidente, como anota Zizek[1].

"Migrants" por Jeanne Menjoulet. Extraida de Flickr.

“Migrants” por Jeanne Menjoulet. Extraida de Flickr.

Hay factores de expulsión que establecen diferencias enormes entre un migrante y otro. No es lo mismo hablar de un refugiado de guerra que de un funcionario internacional o del mal llamado “migrante económico”. Incluso, dentro de estos grupos, hay distinciones que complejizan aún más el problema: ¿acaso es semejante la situación del refugiado sirio en Europa quien, con suerte, encontrará un trabajo precario en condiciones desfavorables, que la situación de los refugiados europeos de la guerra civil española que se asentaron en Latinoamérica como empresarios y amasaron grandes fortunas? (no olvidemos que la mayoría de refugiados añora volver a su patria) O, peor aún, ¿acaso un emprendedor venezolano, que arrastra los pesados estigmas de su nacionalidad, recibe el mismo trato que uno francés en un país como México?

Pareciera que la efervescencia migratoria en Estados Unidos, Francia o Alemania con respecto a países como Cuba, Argelia o Siria es la prueba reina de que existe un Espíritu de la Historia, tal y como lo pretendía Hegel. ¿O si no, cómo podría explicarse que las mismas naciones, antiguos verdugos del colonialismo y el intervencionismo, se vean ahora ocupadas por las “hordas de bárbaros” que provienen de los países colonizados e invadidos en el pasado?

 

***

 

En La ética de la migración, el filósofo y exsecretario de estado alemán Julian Nïda-Rumelin confronta dos tendencias generales bastante claras: por un lado, están quienes predican una apertura total de las fronteras, un cosmopolitismo o universalismo que recuerda el proyecto humanista del renacimiento. Por el otro están los nacionalistas, aquellos que legitiman la defensa de las fronteras y la absoluta soberanía de los estados. No obstante, ambas posturas resultan insostenibles si las aplicamos al sistema democrático. No es posible vivir en estados sin restricciones políticas respecto al mercado laboral porque eso pondría en duda el poder de decisión y los derechos de los ciudadanos que integran ese estado. Además, como afirma Nïda-Rumelin, la migración transcontinental “empobrecería aún más a las regiones más pobres del mundo, ya que su mano de obra calificada emigraría a las regiones más ricas”[2]. Por otro lado, adoptar un modelo hermético y nacionalista atentaría contra las bases de solidaridad y buena fe que cimentan, por lo menos en principio, nuestra sociedad. Sería también un acto hipócrita en la medida en que muchas de las olas de migrantes a ciertos países fueron provocadas por la política intervencionista de esos países. Esa encrucijada es lo que Noam Chomsky describe como la “crisis humana”[3].

"Mirando los sueños", fotografía por Pies cansados, extraída de Flickr.

“Mirando los sueños”, fotografía por Pies cansados, extraída de Flickr.

 

En definitiva, controlar la migración termina siendo un derecho inalienable para un país, pero asimismo la ayuda humanitaria constituye un deber inevitable (por la Convención de Ginebra) que se desprende de los principios éticos de la política global. Lo más problemático del asunto es que la miseria de la migración económica no se resolvería en ninguno de los dos sistemas. Fenómenos como el braindrain (la fuga de jóvenes con estudios en busca de oportunidades en el extranjero)  y la migración en masa en países como El Salvador, Nicaragua y México ha implicado la pérdida de un tercio de su población juvenil entre 2005 y 2010. Por otra parte, es evidente que “los más pobres de los pobres no tienen la posibilidad de emigrar atravesando continentes”[4].

 

***

 

Personalmente, mi experiencia de la migración me ha mostrado dos aristas bastante significativas del fenómeno social. Tuve la fortuna culminar una licenciatura en Colombia (menos del 15% de la población joven puede decir lo mismo) y gracias a una beca de estudios en Colombia y a las subvenciones del gobierno francés para estudiantes extranjeros obtuve mi grado de maestría. Sin embargo, la inserción laboral no fue nada fácil. Tuve decenas de pequeños trabajos o “Jobs” que poco o nada tenían que ver con mi formación académica (letras y literatura francesa). Fui mesero, recreacionista, profesor de español, de francés, chofer y finalmente obrero en una agencia de trabajos varios (limpieza, construcción y maniobras). Recuerdo particularmente esa época porque tuve que aprender oficios que desconocía por completo y me vi confrontado a una situación de precariedad similar, tal vez, a la de los jornaleros en las áreas rurales: cada día debía esforzarme al máximo para darle un rendimiento considerable a la agencia y me llamaran de nuevo al día siguiente. Competía con otros jóvenes de origen árabe, gitano y africano, que deseaban en secreto que alguno de los demás llegara tarde o no diera el rendimiento suficiente para que uno de sus familiares o amigos tomara ese lugar. Lo más curioso es que durante la pausa de la comida teníamos momentos de fraternidad: nos reuníamos, contábamos chistes y recordábamos nuestros lugares de origen o el de nuestros padres. Por supuesto, la remuneración, así como la incertidumbre, era diaria.

Fotografía por Pies cansados, extraída de Flickr.

Fotografía por Pies cansados, extraída de Flickr.

Afuera del trabajo, la tensión social con otros jóvenes franceses (que difícilmente consideran un extranjero no-europeo como un igual), suscitaba muchas dudas con respecto a mi estadía y futuro.

En cambio, mi vida profesional en México tuvo un vuelco considerable. Después de algunas prácticas profesionales no remuneradas en Francia, algunas incursiones en el mundo de las revistas literarias y en la traducción (igualmente no remuneradas), tuve la fortuna de encontrarme con un anuncio de servicio social de la Embajada de Francia en la Ciudad de México. Tras la entrevista laboral, el viaje, y algunos meses de trabajo, mi diploma internacional y mi experiencia me permitieron acceder a una esfera mucho menos marginal de la sociedad. Comencé a escribir en distintos medios culturales, luego trabajé como profesor universitario y finalmente como consultor pedagógico en una casa editorial francesa instalada en México. Para ese entonces, no solamente muchos me consideraban como un igual, sino que en realidad demostraban su admiración, respeto, y a veces su envidia. Por supuesto, mi origen colombiano no deja de evocar el problema del narcotráfico y también una sincera fraternidad por las profundas semejanzas que hermanan a Colombia y México.

 

Así pues, esas dos caras dispares de la migración me han mostrado hasta qué punto puede ser complejo el espectro de prejuicios, estereotipos e ideas que tiene una sociedad sobre la nacionalidad y los migrantes. Pero sobre todo, he entendido que el contacto humano sincero y profundo solo se construye en medio de una lucha constante por despojarse de esos nocivos fantasmas.

 


 

 

[1] En La Nueva Lucha de clases: los refugiados y el terror, Zizek realiza una serie de reflexiones en torno a cuestiones diversas como el feminismo, el conflicto de Estados Unidos y Europa con ISIS, la ola de los refugiados en Siria y Afganistan, y las nuevas implicaciones del enfrentamiento entre Israel y Palestina.

[2] Fragmento tomado de la entrevista “Filosofía y migración”, disponible en: https://www.deutschland.de/es/topic/politica/filosofia-y-migracion

[3] Tras el juicio de Scott Warren, un norteamericano condenado a 20 años de prisión por ofrecer agua y refugio a dos inmigrantes indocumentados que atravesaron la frontera de Estados Unidos y México, Noam Chomsky se pronunció al respecto. Artículo disponible en: https://www.infobae.com/america/eeuu/2019/05/29/es-una-crisis-humana-dijo-chomsky-sobre-el-juicio-que-enfrenta-un-profesor-que-dio-agua-a-migrantes/

[4] Ibídem, “Filosofía y migración”.


Autores
Lector. Escritor. Traductor de literatura francófona. Twitter: @Cajme

 

Si bien considero que los libros que enlistaré a continuación son los que más me interesaron, me conmovieron, me cuestionaron o me divirtieron en el 2019, debo indicar que a mí los rankings, cuando se trata de literatura, me parecen detestables, reduccionistas, caprichosos y siempre injustos. En especial si se habla de “los mejores”, como si la literatura funcionara de manera aislada y el lector estuviera a la búsqueda del libro único que lo prive de cualquier escritura diferente. Por eso esta lista no pretende ser determinante ni infalible, tan sólo se trata de una propuesta acorde a mis predilecciones lectoras, la cual le da prioridad a proyectos narrativos arriesgados y renovadores.

 


 

 

 

10

 

10  8:38 – Luis Rodríguez (Candaya, España)

8:38 es una breve enciclopedia obsesiva que compendia parábolas literarias a manera de rompecabezas en torno a la hora exacta en la que murió Dostoievski. Luis Rodríguez teje la historia de un crimen remoto a través de experimentos narrativos que le permiten reinventar las formas convencionales del género. Ya lo dijo Alberto Olmos y lo suscribo: “El escritor más moderno de España tiene 60 años y se llama Rodríguez”.


 

 

 

9

 

DEGENERADO – Ariana Harwicz (Anagrama, Argentina)

Si hay una escritura arriesgada en la actualidad, una que mete las manos al fuego, que se juega la vida en el lenguaje, la podemos encontrar en la obra de Ariana Harwicz. Ninguno de sus libros es cómodo ni complaciente, Degenerado no es la excepción, se trata un soliloquio laberíntico sobre un presunto pedófilo al que, antes de que lo condene la justicia, lo condenan las ansias de sangre de una sociedad que confía en rumores y verdades convenientes para cimentar un discurso aborregado, predispuesto a dañar al desconocido sin responsabilizarse de las consecuencias.


 

 

 

 

MATEN A DARWIN – Franco Félix (Caballo de Troya, México)

Jamás imaginé que disfrutaría tanto una novela de 600 páginas narrada por una jirafa. ¿Spoiler alert? ¿Demasiado pronto? Es que no hallo otra forma más concisa de aproximarme al universo que nos propone Franco Félix: ecos de Sterne, Pynchon y Foster Wallace dialogan con un repertorio de personajes carnavalescos, como un hombre con dos cabezas, dos genios filósofos con síndrome de down, un dios impotente, Joseph Ratzinger, el Subcomandante Marcos, Bruce Willis y hasta el niño predicador. Una novela tan compleja como divertida que presenta una fatídica rebelión de inadaptados por la geografía mexicana.


 

 

 

7

 

7 CUÁNTAS AVENTURAS NOS AGUARDAN – Inés Bortagaray (Criatura, Uruguay)

Conocí este libro a través de una amiga que creo que lo sabe todo de literatura uruguaya, me lo recomendó como lo mejor que se había publicado en el año. Me bastó leer la mitad para darle la razón, la prosa honesta y reflexiva de Bortagaray, después de 10 años de silencio, me recordó por qué me gusta la literatura; ahí están todos los elementos de una gran narración localizados en una pequeña voz que se reconstruye en cada párrafo.  Lo que más disfruto de la literatura uruguaya es su extrañeza, que le permite jugar con el artefacto literario en fondo y forma. Cuántas aventuras nos aguardan es un libro que le hubiera fascinado a Mario Levrero, una suerte de Novela luminosa a la inversa, que radiografía a manera de viñetas los conflictos de vivir en pareja, de la maternidad, de la vida familiar, de la situación laboral, todo con un humor agridulce y una delirante obsesión supersticiosa.


 

 

 

6

 

6 ESTA BRUMA INSENSATA – Enrique Vila-Matas (Seix Barral, España)

Dr. Vila y Mr. Matas nos presenta una nueva obra colmada de intertextualidad, la cual metaforiza los neurasténicos conflictos de Cataluña mediante dos escritores que conciben la literatura desde posiciones diametralmente opuestas; ambas encaminadas a la extinción. La pregunta que acecha cada página es la misma que deberían formularse diariamente todos los escritores del mundo: ¿Deben los artistas divulgar sus opiniones políticas? En esta era de slogans, en la que adherirse a una causa (aunque sea superficialmente) puede significar consolidarse en el mundo de las letras, Vila-Matas se pregunta sobre esta función pública del escritor en contraposición a las nociones de obra abierta, “el arte por el arte” y la novela como una suma de discursos modernos y antiguos que dialogan en busca no de la respuesta correcta, sino de la pregunta enmarañada que le siga dando cuerda al mundo.


 

 

 

5

 

5 SEROTONINA – Michel Houellebecq (Anagrama, Francia)

Uno de los conflictos más profundos e irreconciliables en este siglo polarizado es el que confronta los pensamientos del campo y la ciudad. En esta novela profética, el controversial Houellebecq nombra las causas económicas y culturales que depauperaron a la provincia francesa, las cuales, más tarde, desatarían el levantamiento de los chalecos amarillos. Serotonina, como todos los libros de este autor, es protagonizada por un nihilista desesperanzado que rememora, a la manera de High Fidelity, el fantasma de sus relaciones fallidas para entender el fracaso de Occidente y la crisis sexual que nos ha vuelto adictos a la felicidad en píldoras.


 

 

 

4

 

4 LOS ERRANTES – Olga Tokarczuk (Anagrama, Polonia)

Antes que cualquier editorial en lengua española, el gran Sergio Pitol ya apuntaba en su prólogo al Elogio del cuento polaco que “era urgente la traducción de toda la obra de Olga Tokarczuk”. No es coincidencia, con Los errantes la recién galardonada con el premio Nobel firma una obra que hubiera maravillado al veracruzano. “El arte de la Fuga” desde el punto de vista de una mujer de Europa del este, un cuaderno de viaje que tiene como tema central el viaje mismo, pero también narraciones magníficas como el traslado del corazón de Chopin a Varsovia o la historia de un vendedor de nombres. Un libro para leer viajando, un libro para revisitar los lugares más hermosos y terribles del pensamiento occidental.


 

 

 

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3 LA PARTE RECORDADA – Rodrigo Fresán (Random House, Argentina)

Culminación del que tal vez sea el proyecto narrativo más ambicioso de la década, después de La parte inventada y La parte soñada, este tercer y último volumen nos instala en los terrenos del recuerdo como principio esencial del quehacer literario. Fresán asume aquella idea de Peter Handke según la cual uno no existe en el tiempo presente sino en la memoria de un ayer remoto o inmediato que, a fin de cuentas, nos termina de construir como seres humanos. En un escenario más apocalíptico que los anteriores (el cual se representa como el cerebro de un creador y recuerda a la tercera parte de Mantra) el argentino nos devuelve a sus obsesiones recurrentes: Kubrick, Pink Floyd, The Beatles, Nabokov y un sinfín de posibilidades distópicas sobre el inenarrable futuro que ya nos alcanzó.


 

 

 

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2 LECTURA FÁCIL – Cristina Morales (Anagrama, España)

Que esta novela ganara el Premio Nacional de Narrativa causó controversia. A los que admiramos la arriesgadísima apuesta narrativa de Cristina Morales (novela a cuatro voces con cruce de géneros y estilos de temática anarquista) nos pareció sospechoso, como si las autoridades quisieran neutralizarla. A sus detractores les pareció precipitado premiar a una autora tan joven y una obra panfletaria. Lo cierto es que los que más se quejan de esta novela son aquellos a los que Morales destina su crítica. No la derecha ni el fascismo extremo, sino los izquierdistas bien portados, que han construido una retórica hipócrita para quedar bien política, social y culturalmente sin cuestionar de raíz las condiciones crueles del capitalismo heteropatriarcal. Lectura fácil no es una lectura fácil, pero sí una lectura indispensable para entender de qué se trató la segunda década del siglo.


 

 

 

1

 

1 DESIERTO SONORO – Valeria Luiselli (Sexto Piso, EUA-México)

En cuanto terminé de leerlo en inglés, idioma en el que fue escrito, pasé a la versión mexicana solo para comprobar que esta obra maestra conserva su esencia en todas las lenguas. Un libro perfecto para clausurar una década oscura y malograda. Desierto sonoro es la historia de una familia en vías de extinción, pero también es un canto herido a la destrucción de la memoria tal como la conocemos, un angustiante road trip embalado en cajas de mudanza, que ilustra por medio de voces íntimas e intertextuales la gran metáfora de la migración, la condena de las nuevas generaciones y los malentendidos lingüísticos. Sin ser una novela panfletaria, Desierto sonoro aborda todo los grandes conflictos del nuevo milenio, los cuales, quizás, en un futuro voltearemos a ver avergonzándonos de nosotros mismos y lamentándonos por todo aquello que pudimos hacer mejor.


Autores
(Ciudad de México, 1991) Narrador, poeta, editor, traductor y ensayista. Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la UNAM, la maestría en la Universidad Complutense de Madrid y el doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha publicado los libros Los designios del imaginero (2012) y Agenbite of inwit (2018). Ganador del Premio Nacional de Novela “José Revueltas” por Nuestro mismo idioma (FETA, 2015) y el Premio Nacional de Cuento “Julio Torri” 2019 por Sonámbulos. En 2023 publicó su tercera novela Mundo anclado (NitroPress, prólogo de Enrique Vila-Matas). Ha colaborado en diversas antologías como Covid: Narrativa mexicana joven, desde y contra la pandemia (FCE, 2021) y La lectura al centro: 55 autobiografías lectoras (UNAM, 2022), así como en la revista Quimera, Barcarola, El Universal, Excélsior,Tierra Adentro y Luvina. Como editor ha elaborado las antologías narrativas Lo fantástico no existe (Ediciones Periféricas, 2020), De narcos a luchadores (Contrabando, 2019) y El misterio de los seres espaciales (Deliria, 2023). Es profesor de literatura en la UNAM y en Literaria: Centro Mexicano de escritores.

Pirófita: adj / s. f. BOTÁNICA. Se refiere a la planta que es resistente al fuego o que revive después de un incendio.

 

En 2018, el colectivo Fárrago Nómada pasó unos días viviendo en el terreno de Joana Medellín, poeta, activista y sembradora. Pirófita es el producto de esos días, así como de varios retornos al lugar y de noches enteras de colaboración creativa con Joana para dar edición al documental. El resultado: una nueva forma de retratar la poesía, como se lee y se presenta ante la cámara en la época digital y al mismo tiempo, un retrato íntimo de la poeta y de una época específica de su vida. Conformado por entrevistas, poemas y experimentos, en Tierra Adentro confiamos en que el video que se presenta aquí abajo servirá a muchas y a muchos para seguir pensando en nuevas formas de hacer poesía y de generar un cambio. 


 

 

 

 


Autores
Establecido en la Ciudad de México, el colectivo Fárrago Nómada se interesa por buscar nuevas alternativas y medios para seguir hablando de arte y de literatura. Sus proyectos van desde el documental y el podcast hasta el afiche y fanzine.