Tierra Adentro
Ilustración de Aricollage

 

Lhtukit

Likuchun lhtukit, wankgokan,

xlakata makuchiy kintlaminkan

cha natlan likuchunkan

akxni kgawa katsan kilaknikan

chu kianimakan.

 

Lipaksa lhtukita talipuwan,

kintalipuwankan,

xtalipuwan kintlaminkan,

xtalipuwan kimpuchinakan,

xlakata xlistakna katuxawat litatlaway

chanchu kin

kaapakgtsu tiyat pakhtakinitaw

chu lakgachinin

kinkataxpulataktaniyan

kianimakan.

 

 

Atole de maíz

El atole de maíz

tapa los poros del barro seco

pero también sirve de medicina

cuando andamos con la cabeza

y el corazón lleno de hoyos.

 

Con atole de maíz

se cura la tristeza,

la tristeza nuestra,

la de nuestras ollas,

la de nuestros santos,

porque está hecho de maíz:

corazón del mundo.

Nosotros somos pedazos de tierra

y a veces se nos desmorona

el corazón.

 


 

Kgachii papa’

Kgaxii latama papa’

likgachilh xkilhpinin

xanat xalak kkinkachikin

nima kxtikat stakkkgoy.

 

Kilakglakamilh

lakgpuwa kinchixit

nima jaxma kintampulakgni’

chu lilhkawililh

xmakgaxkgakganat

xa tsitsokgo chuchut

kxtampin kilhakgat.

 

Luno ebrio

Luno deambula por la noche

para beber los labios

de las flores que brotan

en los petates del pueblo.

 

Su rostro vino hacia mis ojos,

admiró las trenzas

que descansan en mi cintura

y con su opaca luz

trazó cascadas rojas

bajo mi falda.

 


 

 

Nialh kiakstu klama

Nalakachin

aktsu chichiní’ kkimpulakni’,

akxni laa nina chachin

nawan Santujni’,

chu lhmutulun yakgolh

nawani laxux.

Akxni namakgaxkgakganan

kimakni’

lakgatum katuxawat.

Natachixkuwi

xasasti chichini’.

 

 

Embarazada

Un sol pequeño

brotará de mi vientre

antes de que llegue Santujni’[1]

y los naranjos

se arrastren por tanto fruto.

Entonces mi cuerpo

inundará de luz

la piel de la milpa.

Se hará hombre

el nuevo sol.

 

[1] Día de muertos


Autores
Tuxtla, Zapotitlán de Méndez, Puebla, 1997. Poeta tutunakú. Es voluntaria en el Centro de Estudios Superiores Indígenas Kgoyum (CESIK), de Huehuetla, Puebla, donde imparte las materias de Lengua originaria totonaco, Literatura, Taller de lenguas y Taller de creación literaria, a jóvenes totonacos y nahuas de educación media superior. Ha participado en varios recitales, en los que ha representado la lengua tutunakú, como el recital de poesía en lengua tutunakú, en el Primer Encuentro Artístico, Político, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan, celebrado en el Caracol Morelia Zona Tzotz Choj, Chiapas (2018), y la lectura de poesía tutunakú, en el marco del Día Internacional de la Lengua Materna, en la Universidad Pedagógica Nacional Ciudad de México (2018).

Ilustrador
Aricollage
(Cuernavaca, 1988) Collagista e ilustradora con residencia en la Ciudad de México. Desde el 2010, en el área de visuales, ha colaborado en revistas como “Letras Libres”, “Tierra Adentro”, “Armas y Letras”, "Antidogma" y en revistas electrónicas de arte y collage en diversas partes del mundo; así como en editoriales como Paraíso Perdido, en la Dirección General de Publicaciones de CONACULTA y el Fondo Editorial Tierra Adentro. Ha expuesto de manera individual y colectiva en las ciudades de Ciudad de México, Guanajuato, León, Cuernavaca, Pachuca, Barcelona, Norwich (UK), Kranj (SI) y Bogotá (CO). En el 2016 colaboró con Adidas Originals en el relanzamiento de los tenis gazelle en la Ciudad de México y en 2017 fue talented neighbor en la Flagship Store de la Condesa. Ha colaborado con músicos como Illias Asterion (MX), Herbsun (DEU), Swing Atoms (MX) y Fausto Leonora (MX). Desde el 2017 ha incursionado en el collage en gran formato inaugurando murales en sitios públicos como el mercado gourmet San Genaro, en Hostal Gael y en We Are Todos (en la Ciudad de México) y en Casatinta en la ciudad de Bogotá.
Ilustración de María Magaña

La idea de la alfabetización generalizada como símbolo de progreso y civilización es bastante reciente. Las personas que insisten en que las lenguas indígenas no tienen abecedario ni tradición escrita olvidan que, hacia principios del siglo XX, en México, la mayor parte de la población era analfabeta. Analfabeta, esa palabra que ahora es un insulto y que equivale a tratar a alguien como ignorante, aunque la evidencia demuestre que no es así necesariamente. Durante la mayor parte de la historia de la escritura, las personas que podían acceder a esa habilidad y conocimiento eran pocas, se trataba de un conocimiento especializado. La escritura y los escribanos estuvieron concentrados durante mucho tiempo en monasterios en los que se transmitía ese conocimiento al que no podía acceder toda la población.

La idea de que las lenguas indígenas, por serlo, carecen de escritura es también falsa. Muchas cuentan con una sólida tradición escrita y otras no, como sucede con el resto de los idiomas del mundo. Mesoamérica fue un lugar en el que la escritura jugó un papel importante, donde también se crearon espacios determinados para ello y surgieron especialistas en este oficio. Durante una buena parte de la época colonial, las imprentas produjeron libros escritos en lenguas indígenas utilizando caracteres latinos. La escritura ha tenido una gran importancia y forma parte de la tradición mesoamericana. Esta tradición desapareció con el establecimiento del Estado nacional; con la Independencia de México, el nuevo país privilegió el idioma de la minoría para utilizarlo en la administración gubernamental. Por otro lado, la escritura no hace que una lengua sea más completa; la escritura es una entre varios métodos de transmisión de conocimiento entre los que también destaca la tradición oral.

En todo este proceso, al ser un conocimiento especializado durante mucho tiempo, a pocas mujeres se les ha sido permitido aprender a escribir, pero son más de las que pensamos. Como en muchos otros aspectos, la presencia de las mujeres y su función en la tradición escrita ha sido borrada. La historia de Aurora, que llegó a mí por medio de las narraciones de mi abuela, representa una de las excepciones. Aurora fue escribana en una comunidad mixe de la Sierra Norte de Oaxaca hacia mediados del siglo XX; como escribana, una función generalmente reservada a los hombres, llevaba asuntos y registros públicos además de redactar y leer asuntos personales. Esta función implicaba no solo hablar español, saber leer y escribir, sino también entender las complejidades de la vida comunitaria y las del funcionamiento del estado con el que muchas veces tenía que interactuar. Más que una escriba era una mediadora. Lamentablemente la violencia que llegó a la sierra le arrebató la vida. Fue asesinada en circunstancias no esclarecidas en su escritorio mientras estaba redactando un texto. Esta historia siempre me impresionó. La existencia de una mujer escribana en la sierra abría a mis ojos muchas posibilidades, pero la manera en la que le arrebataron la vida parecía un acto aleccionador.

Una vez que la alfabetización masiva se volvió uno de los principales objetivos de la política posrevolucionaria, la diversidad ligüística se mostró como un obstáculo a un noble objetivo necesario de cumplir. En este proceso las mujeres eran las que menos estuvieron bajo el proceso de la castellanización forzada. Aún ahora, los índices más altos de analfabetismo se reportan en mujeres indígenas. Esta situación implica distintas lecturas. Por un lado, las campañas y programas de alfabetización rara vez consideran la alfabetización en lenguas indígenas y, en muchos sentidos, hablar de alfabetización significa castellanización forzada. Los procesos de alfabetización, para adultos o población infantil, pocas veces consideran la diversidad lingüística y la implementación de procesos de aprendizaje del español como segunda lengua. Por otro lado, los reportes sobre analfabetismo en mujeres pertenecientes a estas comunidades se utilizan como una prueba más de la vulnerabilidad en la que habitan sin matizar o dar cuenta de que estas mujeres, en muchísimos casos, son expertas en diversos conocimientos muy valiosos: resguardan las narraciones tradicionales de su comunidad, son expertas en medicina tradicional o en otros conocimientos que no están atravesados por la escritura.

En este contexto, la existencia de mujeres indígenas que escriben literatura en sus lenguas maternas es desafiante. A pesar de la estructura que pesa sobre ellas, las escritoras han tomado ese mecanismo para expresarse frente al largo silencio que se les ha impuesto. Estamos en un momento en el que surgen cada vez más mujeres que escriben literatura en sus propias lenguas y traducen contenido literario activamente. Nombres como el de Briceida Cuevas Cob, Irma Pineda, Enriqueta Lunez, Celerina Sánchez, Natalia Toledo o Sol Ceh Moh, por mencionar solo algunos, forman parte de un movimiento cada vez más potente de escritura femenina en las lenguas originarias de este país. Los retos a los que esta literatura se enfrenta son muchos; los espacios de publicación, las posibilidades de traducción, los mecanismos para distribuir sus creaciones todavía necesitan abrirse a la diversidad de las mujeres indígenas que escriben.

Estas mujeres retoman en sus creaciones los conocimientos que las mujeres de su comunidad han resguardado en la memoria, pero también utilizan sus letras para denunciar la violencia estructural que los pueblos enfrentan, así como la violencia particular que las mujeres indígenas sufren por la estructura colonialista y el régimen patriarcal. Leerlas es necesario porque muestran una subversión de lo esperable, una negación elocuente a las voces y estructuras que han dicho siempre que las lenguas indígenas no se escriben y peor aún, que las mujeres indígenas no escriben.

 

 


Autores
Lingüista mixe. Colabora semanalmente con la columna llamada E’px, en el blog de la revista Este País.

Ilustrador
María Magaña
(Guadalajara, 1988) Ilustradora mexicana multidisciplinaria enfocada en creación narrativa. Ha participado en proyectos que van desde ilustración editorial, cómics, libros infantiles, escenografía, exposición en galerías y pintura mural.
Ilustración de Aricollage

Según la ONU, cada dos semanas desaparece una lengua. No es algo que suene extraño hoy en día, con la globalización, los medios masivos de comunicación y la idea de ir hacia un mundo mejor; nos inculcan que conviene aprender lenguas que sean de habla generalizada, como parte de un sistema en donde puedes “trabajar hasta llegar a tu meta”. Esta cuestión es preocupante y desalentadora en un país que se destaca por su heterogeneidad cultural y los distintos pueblos que lo componen, cada uno con su lengua, cada uno con su forma particular de apropiarse del mundo por medio del lenguaje.

El caso mexicano es algo particular, donde las lenguas maternas pertenecen a un grupo social que amamos y repudiamos al mismo tiempo, que encuentra sus raíces en la época prehispánica y es uno de los pilares para la construcción de nuestra nacionalidad.

La dicotomía se hace en el presente donde pocas veces hay cabida para este grupo, fuera de algunos intentos por parte de políticas integradoras que intentan rescatarlos de la inminente extinción causada por el sistema “progresista” en el que vivimos. Se dice que en cada individuo o en cada institución podemos ver reflejada la sociedad a la que pertenece, así que hablaré del caso específico de mi familia que, sin afán de generalizar, creo que ejemplifica el proceso de desaparición de nuestras lenguas.

En mi familia, el zapoteco es un elemento esencial que se encuentra esparcido en detalles grandes y pequeños de nuestra vidas: la mayoría de sus miembros, incluyéndome, lo tenemos impreso en nuestros nombres; de vez en cuando, en alguna ocurrencia, decimos palabras altisonantes en este idioma como para suavizarlas o darles un tono carismático; para contar historias y referirnos a la gente de los barrios donde vivían mis papás, utilizamos sus apodos zapotecos; a veces cantamos versos de canciones como la Zandunga. A pesar de esto estamos contribuyendo a silenciar una manera distinta de concebir el mundo.

Las últimas generaciones en hablar el zapoteco fueron las de mis abuelos y bisabuelos, aunque recuerdo más la parte materna. Durante mi niñez, en mis visitas al Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, convivía con mi abuela y mi bisabuela, quienes se negaban a migrar y dejar su vida en ese lugar. Verlas juntas era vivir el zapoteco: la lengua predilecta entre ellas.

Escucharlas cuando era niña, me causaba gran curiosidad. No podía dejar de imaginar de qué estarían hablando: si era del día; de la comida; de alguna persona o incluso de mí. Lo curioso de esos momentos era que se sumergían en una intimidad que yo no podía penetrar; pareciera que creyeran que nadie las estaba viendo o escuchando. Generalmente lo hablaban cuando estaban solas en alguna habitación, cuando se molestaban entre ellas o cuando no había más que una persona acompañándolas; si nos descubrían mirándolas cambiaban el zapoteco por el castellano, tal vez para no hacernos sentir apartadas de ese mundo o para no confundir nuestra mente de niñas.

Algunas veces, las frases solo se les escapaban de los labios. Supongo que se decían entre ellas: “abre la puerta”, “apaga la luz”, “ayúdame a poner la mesa”, “ve a comprar a la tienda” y posteriormente seguía la acción. De vez en cuando, me dejaban a mí y a mis primos ser espectadores de sus conversaciones y es ahí donde les preguntaba cómo se decían palabras simples como “hola”, “día”, “amor”, palabras que se quedaron fugazmente en mi memoria y después en el olvido.

En mi curiosidad de niña y en algún intento por parte de mis padres de inculcarme esta lengua, se decidió que asistiría a clases con mi bisabuela donde me enseñaría a hablar y entender el zapoteco. No resultó tan bien como esperaba, pues en mi concepción occidental de enseñanza pensé que comenzaríamos por las palabras y después por frases compuestas, acompañadas siempre de la escritura. Lo que sucedió fue que empezó por conversaciones que me parecían venidas de otro planeta. Decía: “Pa diux. Gudidí gurí (Hola. Pasa y siéntate)”, mientras hacía señas con las manos para que me sentara frente a ella. “¿Xhi noo xha lu? (¿Cómo estás?)”, de mi parte solo silencio mientras esperaba la traducción al castellano con cara de no entender nada. “¿Biene lu la? (¿Entendiste?)”, “…” y yo me quedaba callada.

Las clases consistían en sentarme y escucharla hablar; me preguntaba cómo iba a aprender algo de esa manera. Ahora entiendo que, en comparación con nuestro sistema de educación, las lenguas originarias se transmitieron oralmente a través de la vida cotidiana. Esto implica, también, una concepción del mundo, en la cual no estaba pensado un alfabeto como el que tenemos ahora.

Así decidí que era muy difícil y preferí dejarlo para después, no sin antes grabar en mi mente algunas palabras que me parecían simpáticas, en su mayoría inapropiadas para niñas de mi edad, pero que podría decir sin que nadie me entendiera. Así como hacían mis abuelas a la hora de conversar, mis palabras iban a ser un secreto entre el zapoteco y yo; así por fin me sentía un poco perteneciente a este otro mundo tan desconocido y cercano.
En la generación de mis padres se comenzó a sentir la ruptura con la lengua materna. Mis abuelos, influidos por la época en la que crecieron, decidieron que inculcarles el castellano les haría la vida más sencilla: con esto podrían acceder a la superación tan deseada, basada en la cultura del esfuerzo y la educación. Así estarían preparados para una sociedad en la que el uso de las lenguas originarias no tenía razón de ser, donde tenía un papel secundario.

El siglo XX, en el cual crecieron mis abuelos y mis padres vivieron su niñez, fue una época importante para la cuestión indígena moderna. Se buscaba acoplar a las comunidades con la nación mexicana; de la mano de intelectuales como Manuel Gamio se esparció la idea de “tratar de entenderlas” con el modelo de escuelas rurales en el que participó mi abuela paterna. Lo que sucedió en realidad fue un intento de aculturación, en el que se trataba de adaptarlas al modelo general del país. Dentro de este afán se encontraba la necesidad de imponer el castellano para acceder a la educación y al mundo globalizado, minimizando la importancia de aprender la lengua materna, hasta el grado que mis abuelos decidieron cortar el lazo con el zapoteco, a favor de la prometida prosperidad que se veía en aprender el castellano: así decidieron dejar de transmitirlo directamente a mis padres.
En casa de mi mamá, el zapoteco estaba restringido a mi abuela, su hermano y mi bisabuela. De esas conversaciones ajenas, ella pudo aprender a entender la lengua, pero la falta de práctica y el entorno escolar, que era castellano en su totalidad, le impidió conseguir hablarlo.

El caso de mi padre es parecido, la transmisión fue sesgada y aprendió la lengua ya cuando iba a la universidad, en alguna materia propia de la licenciatura de antropología. Cuando regresaba a su pueblo aprendía fuera de casa con conocidos cercanos que preservaron esa parte de su cultura, lo que le hizo sentir desprotección por parte de mis abuelos que decidieron no transmitirle ese conocimiento, pues en ese momento había tomado una gran importancia para él. Así, ambos aprendieron el zapoteco por piezas que no han llegado a completar hasta el día de hoy.

Desde que era pequeña aprendí a identificarme con mi nombre. Después de aprender a pedir las necesidades básicas como comida, para mí, lo más importante fue saber cómo decir mi nombre y su significado: “me llamo ´Biaani´ y significa ´luz´ en zapoteco del Istmo de Tehuantepec”, eso era lo que me repetía a mí misma. Posteriormente, a los seis años, para no confundir mi poca compresión del lenguaje me enseñaron que mi nombre completo era otro, Biaani solo era mi nombre ante la ley. Mi nombre ente la iglesia es Biaani Bizalua, que significa “luz de mis ojos”. Cuando lo aprendí me emocionaba saber que incluso en mi nombre estaban estos secretos del lenguaje, me sentía especial al saber el significado de, por lo menos, esas palabras. Es ahí donde radica mi relación principal con el zapoteco, desde mi nombre viene un empuje para querer aprenderla y un toque de añoranza por recuperarla.

Ciertamente, al tiempo que fui creciendo y entendiendo lo importante que pudo haber sido para mí que me enseñaran el zapoteco, se le reproché a mis padres. Ellos contestaron con las historias sobre su relación con esta lengua materna, sobre cómo el zapoteco llegó a mi generación: como pequeños restos, algunas migajas que he podido recoger.

He aprendido palabras sueltas con pésima pronunciación y nula capacidad de comunicar mis ideas: “guié” significa flor, “sicarú” es bonito, “nisa” es agua, “bi” viento, “gola” antiguo o viejo; “xa” atrás; “dani” cerro o monte; “roo” es grande. La unión de estas palabras da vocablos nuevos como “guiedani”, literalmente flor de monte o flor silvestre; “biniza” significa literalmente viento y agua, pero denota brisa. Cada una de ellas las trato de memorizar por algunos días. Trato de aprender como los zapotecos el zapoteco, y posteriormente las anoto para no olvidarlas como es necesario para una persona educada en un sistema occidental, puesto que me es complicado unir estas ideas. Son palabras que segmentadas quieren decir una cosa y juntas son la suma de los significados de las palabras segmentadas, algo a lo que mi mente no está acostumbrada.

Mientras mi bisabuela vivía, me asombraba escuchar las conversaciones que sostenía con mi abuela en esa lengua tan cercana y desconocida para mí. En su momento nunca pensé que fuera posible dejar de escucharlo o que dejara de sorprenderme, así dejé pasar el tiempo siendo solo una espectadora de tales escenas.

Cuando mi bisabuela murió, murió con ella ese universo, mi abuela se quedó sin alguien con quien poder hablar zapoteco, se quedó callada y así enmudeció casi por completo la lengua materna en mi familia. Ahora solo lo escucho de vez en cuando en mi nombre, el cual entiendo como una manera de no perder la esencia de donde viene mi familia. A pesar de haber migrado a la ciudad, mi lengua madre viene conmigo: en las bromas y en mis torpes intentos por aprender algunas cosas que mis padres pueden transmitirme. Sin embargo, más torpe aún me parece mi desidia, dejar pasar el tiempo para aprender con mi abuela antes de que se haya extinguido totalmente.

Ahora, a parte de causarme ese asombro y curiosidad, me causa temor y dolor perder esta carrera contra el tiempo, dejar que estas palabras sueltas suenen huecas al no encontrarles una razón de ser y que pasen a ser parte de los recuerdos. No quiero seguir con este sentimiento de añoranza y culpa por no convertirme en ese alguien con quien mi abuela pueda volver a hablar el zapoteco.


Autores
(Oaxaca de Juárez, Oaxaca, 1997) Estudia la Licenciatura en Historia en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa. Sus líneas de investigación se relacionan con la historia cultural, historia de género e historia de cine.

Ilustrador
Aricollage
(Cuernavaca, 1988) Collagista e ilustradora con residencia en la Ciudad de México. Desde el 2010, en el área de visuales, ha colaborado en revistas como “Letras Libres”, “Tierra Adentro”, “Armas y Letras”, "Antidogma" y en revistas electrónicas de arte y collage en diversas partes del mundo; así como en editoriales como Paraíso Perdido, en la Dirección General de Publicaciones de CONACULTA y el Fondo Editorial Tierra Adentro. Ha expuesto de manera individual y colectiva en las ciudades de Ciudad de México, Guanajuato, León, Cuernavaca, Pachuca, Barcelona, Norwich (UK), Kranj (SI) y Bogotá (CO). En el 2016 colaboró con Adidas Originals en el relanzamiento de los tenis gazelle en la Ciudad de México y en 2017 fue talented neighbor en la Flagship Store de la Condesa. Ha colaborado con músicos como Illias Asterion (MX), Herbsun (DEU), Swing Atoms (MX) y Fausto Leonora (MX). Desde el 2017 ha incursionado en el collage en gran formato inaugurando murales en sitios públicos como el mercado gourmet San Genaro, en Hostal Gael y en We Are Todos (en la Ciudad de México) y en Casatinta en la ciudad de Bogotá.

 

En diciembre del año pasado Tierra Adentro publicó Recuento del machismo del año de Danae Silva, La Corregidora, que exponía el machismo con el cual los medios abordaron las notas de feminicidios, violencia hacia las mujeres y desapariciones en 2019.

Si algo dejó claro esa minuciosa selección y crítica de titulares fue la evidente falta de perspectiva de género y empatía con la cual los medios trataban casos desgarradores; las mujeres no eran asesinadas, sino que “aparecían muertas” por andar de fiesta, por fugarse con el novio o porque de alguna manera lo merecían.

Para los medios el sufrimiento de las mujeres es un escalón más hacia el anhelado contenido viral, a pesar de que en 2019 el país registró 976 feminicidios, un incremento del 137% respecto a 2015. El delito se normaliza y las muertas son revictimizadas.

Después de una pelea, el esposo de Ingrid Escamilla la acuchilló, desolló, descuartizó y tiró algunos de sus órganos por el drenaje. Tras su detención se filtraron fotos del cuerpo mutilado de Ingrid, que fueron publicadas en las primeras planas de periódicos como La Prensa (del consorcio mediático Organización Editorial Mexicana) y compartidas en redes sociales.

El cuerpo de Ingrid se hizo viral, la brutalidad de su muerte es pública y de fácil acceso.

Crónica 2

 

Que Ingrid no sea una más

Las protestas surgieron en Twitter, donde cientos de usuarios subieron fotos de flores o de paisajes con los hashtags #IngridEscamilla, #IngridEscamillaCuerpo o #IngridEscamillaChallenge, para que cuando se buscara su nombre no apareciera su cuerpo violentado. 

Pensamos en nuestras amigas, mamás, tías, familias, en nosotras mismas y nuestros cuerpos, en el horror que supondría para nuestros seres queridos que nuestros restos mutilados dieran vueltas por internet; escogimos las fotos más bonitas que encontramos y se las dedicamos a Ingrid. No podíamos borrar de internet las fotos filtradas de su asesinato, pero sí hacer todo lo posible para floodear la búsqueda y que no fuera recordada así.

Se hacía necesario salir a las calles una vez más, gritar de nuevo con la voz de las que no pueden gritar y permitirle a nuestros pies que fueran los de miles de mujeres que ya no pueden exigir justicia. 

Surgieron varias convocatorias para el 14 y 15 de febrero: marchas para exigir a los medios que no exhiban los cuerpos violentados de las víctimas de feminicidios, ofrendas en el antimonumento de Bellas Artes y en la casa de Ingrid. 

¿Qué muestra de amor más grande podía haber en ese día, 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, que recordar y gritar los nombres de aquellas que nos fueron arrebatadas, asesinadas por quienes decían amarlas? Era necesario marchar para decir que el amor de verdad no mata ni descuartiza.

 

Mujer consciente / se une al contingente

Llegamos al Caballito y esperamos que la marcha comenzara. Sentadas en una banca nos dimos cuenta de que la mayoría de los reporteros que la cubrían eran hombres. La situación nos indignó: ¿no hay reporteras que puedan cubrir estos eventos?

A las 5:00 de la tarde comenzó la movilización. Algunas manifestantes se cubrieron la cara, otras organizaron cómo sostener una lona con el rostro de diferentes víctimas. Los gritos de reprobación no se hicieron esperar, algunos hombres intentaron callar a quienes se manifestaban, unos motociclistas se detuvieron para gritar “machorras”, “feminazis” y “pinches locas”.

Avanzamos junto con el contingente hasta el periódico La Prensa, en la calle Doctor Basilio Vadillo, una calle estrecha de un solo carril donde también está la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Nos esperaban las mujeres granaderas que protegían el edificio.

Crónica 4

 

Resonaba en la calle la consigna Van a volver, van a volver, las balas que disparaste van a volver. La sangre que derramaste la pagarás, las mujeres que asesinaste no morirán. ¡No morirán! mientras el contingente se agrupaba frente al periódico y demandaban que alguien saliera a hacerse responsable de haber publicado las fotos de Ingrid.

Al no recibir respuesta por parte de la dirección de La Prensa, el contingente avanzó a la Escuela de Periodismo Carlos Septién, donde algunas encapuchadas recordaron las denuncias de acoso que han recibido directivos de la escuela y aprovecharon la poca vigilancia para pintar y destruir la puerta. Cuando las policías aparecieron frente a la escuela, las manifestantes entrelazaron los brazos tratando de impedir el paso de las uniformadas. 

Durante su esfuerzo por dispersarlas, terminaron por acorralar a una de las manifestantes, pronto los camarógrafos de prensa se sumaron al tumulto haciendo aún más difícil que la mujer pudiera salir de ese encierro. 

Se formó una masa de escudos, luces, pintura en aerosol y cámaras y de la que solo se escuchaban los gritos de la manifestante atrapada entre los escudos de las policía y la puerta cerrada de la escuela.

Los fotógrafos y periodistas superaban en número a las manifestantes y dificultaron el forcejeo con los policías en su intento por captar la mejor toma. Algunas chicas atacaban a las policías con sus carteles, gritando suéltala

 

Algunas pidieron que los hombres se alejaran, pero hicieron caso omiso, no fue sino hasta que una de ellas comenzó a empujarlos que retrocedieron. 

Cuando liberaron a la mujer atrapada, el contingente aprovechó la atención de los medios para exigir justicia. Esta escuela encubre violadores, la prensa debería informar la realidad de la masacre que está siendo México para las mujeres.

Al estar rodeadas de tantas personas y de tantos medios, en esa calle estrecha, se decidió que era mejor salir hacia Paseo de la Reforma, fue entonces cuando una de las mujeres se enfrentó a las policías: Aunque seas policía, esta es tu lucha. De pronto más se sumaron. 

Cuando llegamos a Paseo de la Reforma, el grupo se dividió. Algunas buscaban llegar a Bellas Artes, otras se dirigieron al Ángel de la Independencia, el resto volvió a La Prensa. En la avenida algunas manifestantes se sentaron con las piernas cruzadas y el puño arriba. En medio de las conversaciones acordaron permanecer frente al edificio lejos de las granaderas, aunque otro grupo volvió a plantarse frente a la puerta del edificio. 

Bastaron unos minutos para que una gran nube verde captara nuestra atención. Alguien gritó que las estaban atacando, pero esa nube de gas pimienta no era un llamado para quienes se manifestaban, sino para el resto de las policías que rodeaban la avenida, pues querían refuerzos.

Se formó rápidamente una cadena humana para impedir el paso a todo aquel que tratara de acercarse a las instalaciones de La Prensa. Las policías formaron su propia cadena que envolvía a la de las manifestantes, lanzaban miradas de desprecio, algunas incluso eran burlonas. 

No supimos si todo terminó bien para aquellas que atacaron con gas, no tuvimos tiempo de hacer más que correr hacia el Ángel de la Independencia, a donde todas parecían ir. Una fila de policías nos siguió en todo momento, seguidas por policías hombres listos para dispersar la manifestación con extintores si era necesario.

Si van a ser parte de ellos, destrúyanlos desde dentro, gritó una joven detrás de nosotras, después de ella la mayoría gritó: Yo también abortaría por si sale policía.  Comenzaron las burlas, esta vez del contingente a las policías, jugaron con ellas, cambiaron de dirección una y otra vez para burlar sus intentos por seguirles el paso. Pero comenzó a llover y el contingente se dispersó más y más.

Crónica 3

 

Los peatones que se refugiaban de la lluvia seguían el paso de la manifestación con la mirada, otros mostraban señales de apoyo a los gritos y consignas.

El grupo que llegó al Ángel de la independencia se tomó de las manos rodeando a las policías que protegían el monumento. Les dieron la espalda, algunas se mostraron temerosas, incluso preguntaron si no era mejor mirarlas de frente. Otro contingente las alcanzó y se les unió. La poca prensa que quedaba fotografió las cadenas humanas: una de policías y otra, delante de ellas, de manifestantes que sostenían pancartas y letreros.

Aún cuando se dispersaron, los cuerpos de seguridad seguían a las manifestantes. En más de una ocasión les gritaron que ya habían terminado, que podían dejar de seguirlas.

 

Lo que queda

Tras las marchas del 14 y 15, los medios jugaron un papel importante. Era su oportunidad de redimirse, de no distorsionar el mensaje de los contingentes feministas. Pero algunos medios reincidieron en el amarillismo, juzgando al movimiento con titulares como “encapuchadas hacen pintas a nuestros monumentos”.

Terminó la marcha, regresamos a nuestras casas, regresamos a un lugar seguro, pero es imposible olvidar que hay miles de mujeres que ya no regresan. Ahora que los reflectores están puestos sobre la violencia machista que se vive en México, es momento de salir a exigir lo que por derecho debería ser nuestro: la tranquilidad de vivir sin miedo y la seguridad de que nuestra muerte no será exhibida impunemente.

 


Autores
(Ciudad de México, 1995) Es dramaturga y editora. Estudió Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana.
(Ciudad de México, 1996). Novelista y editora. Egresada de la Universidad del Claustro de Sor Juana en la carrera de Escritura Creativa y Literatura.
Sol Ceh Moo, ganadora el Premio de Literaturas Indígenas de América,. Mateo Peraza

Sol Ceh Moo, la primera escritora en ganar el Premio de Literaturas Indígenas de América (PLIA), busca que otras personas se reflejen en su vida: que se animen a escribir en sus lenguas originarias y vislumbren que más allá del peso del racismo y la discriminación, está la trascendencia.

Desde un café en la ciudad de Mérida, Yucatán, la escritora cuenta que se siente cansada, pero feliz. En poco más de un mes, viajó a Tokio y Los Ángeles para impartir ponencias sobre su obra. Además, el pasado 10 de septiembre le notificaron que ganó el PLIA, el cual recibió por su novela Sa´Atal Maan/Pasos Perdidos.

Sol (Yucatán,1968) novelista y poeta nacida en el municipio de Calotmul, paradójicamente repudia la luz solar; trabaja desde hace décadas durante la madrugada, de 2:00 a 4:30 a.m.

Bajo este ritmo, que define como “militarizado”, publicó las novelas X-Teya, u puksiikal koolel/ Teya, un corazón de mujer (2009, Conaculta), T’ambilák men tunk’ulilo’ob/El llamado de los tunk’ules (2011, Conaculta) y Hen tumeen x ch’úupen /Solamente por ser mujer (Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas 2014).

Sus libros se caracterizan por desmitificar un canon establecido en las literaturas indígenas; se alejan de la cosmovisión, la oralidad y las costumbres tradicionales relacionadas con el campo. Recupera la reinterpretación de leyendas, para abordar la represión, el rechazo a la identidad y la violencia de género que viven las mujeres en los pueblos originarios.

Mateo Peraza: En una columna de Milenio Novedades mencionó que escribe por las madrugadas.

Sol Ceh Moo: Así es. Trabajo de dos treinta a cuatro de la mañana. Después de obtener el PLIA, amplié el horario a tres horas y media. Pero cuando decidí hacer mi primer proceso metodológico de escritura fue antes de sufrir un accidente automovilístico que me dejó incapacitada, y mi tiempo de media hora, en que hacía ejercicios físicos de rehabilitación, ahora se lo dedico solo a escribir a un ritmo militarizado. Antes del premio pensaba tomarme un año sabático, pero es imposible: tengo un orden. Mi próximo objetivo es el Premio Casa de las Américas.

Mateo Peraza: Hay una idea que me resulta interesante, usted la ha retomado en diversas entrevistas para criticar la forma en que crean algunos autores en lenguas indígenas. Me refiero a contar las problemáticas actuales y alejarse de lo arcaico. Un ejemplo es su novela X-Teya, u puksiikal koolel/ Teya, un corazón de mujer (Conaculta, 2009) donde aborda la desaparición de un líder revolucionario perteneciente al movimiento estudiantil del 68; mientras que en otras, se enfocó en las adversidades que enfrentan las mujeres mayas en Yucatán. ¿Qué la motivó a narrar estos temas y no otros?

Sol Ceh Moo: Tuve una vida conflictiva. Crecí con padres buenos, en el sentido de hacerte una persona mejor en el ámbito cívico, sin saber el significado ni la forma. Con ese actuar generaron en nosotros, sus hijos, incomprensión social, limitaciones. No nos escuchaban ni nos dejaban expresarnos en nuestro idioma y solo imponían órdenes. Una vez —no recuerdo el motivo— tuve la mala suerte de cruzarme con mi padre mientras estaba enojada y nos enfrentamos. “Tú naciste para ser mujer”, me dijo categórico, “no puedes compararte conmigo ni con ningún hombre”. Le respondí: “usted se equivoca, le voy a demostrar que puedo compararme con cualquiera”. Era una época en la que una ni siquiera se podía vestir como quería. Todo estaba prohibido.

Mateo Peraza: ¿Entonces comenzó a escribir?

Sol Ceh Moo: Eso fue accidental. A principios del 2000, en mis tiempos libres, redactaba una novela sobre Víctor Jara. El único objetivo era tener un libro: escribirlo, engargolarlo. No pensé si deseaba ser escritora, pero supe que debía ser mejor que quienes estaban en mi casa; ser un ejemplo y no quedarme en mi pueblo. Porque, si bien algunas personas de mi familia y la comunidad me dijeron que no valíamos nada por nuestras facciones y apellidos, yo quería demostrar que lo importante iba más allá de eso. Así que me inscribí en una convocatoria para becas en lenguas indígenas, y una vez ahí, me cuestioné: ¿sobre qué escribo?, ¿cuáles son los temas? Me daba pena publicar algo limitado. El campo, el maíz, la población, eso, que era lo que abordaban todos, me pareció demasiado burdo, sin imaginación. En mis términos no se trataba de creación sino de apropiarse de la historia del otro, la del pueblo, y tomarla como tuya. Eso, en síntesis, era convertirse en un mercenario cultural. Y con esa motivación escribí un cuento que se llama “Samuel dijo” acerca de un hombre, mi tío, que va a cazar venados y recolectar miel. Generé una trama que se relacionara con estos elementos tradicionales, pero desde la actualidad, en primera persona, algo que, si eres escritora, resultaba raro en esa época.

Además, presenté un texto diferente. En ese hablé al respecto de la sumisión de las mujeres delante de una piedra, una virgen en la iglesia de Calotmul, frente a la cual ellas iban inclinadas, sosteniendo velas, a la procesión. Me pareció una situación terrible de sometimiento: subordinación en tu casa, ante tus padres por ser indígenas; subyugación por tratarse de pobres, empleadas domésticas o lo que sea; y a parte se abniegan ante una roca, que fue lo que más me llamó la atención. En fin, escribí sobre eso. Luego envié las dos obras y tuve buenos resultados. Esa fue mi primera beca FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes) en lenguas indígenas(2003).

Sol Ceh Moo, ganadora el Premio de Literaturas Indígenas de América

Sol Ceh Moo, ganadora el Premio de Literaturas Indígenas de América

Mateo Peraza: Dijo en una entrevista para Los Angeles Times que por haberse negado a sí misma en dos ocasiones, ha tenido tres identidades: Marisol Ceh Moo, Soledad Castro y Sol Ceh Moo. ¿A qué se refirió con esto?
Sol Ceh Moo: Hubo un periodo de mi infancia en el que usé ropa de hombre como una forma de libertad. En una ocasión mi padre reaccionó mal; me miró y con pasividad, hasta con amor, me dijo: “¡Ja, con que quiere ser niño!” Y se fue, al volver, me tomó del brazo y me llevó bajo un árbol de toronjas y con esos filos que sirven para afeitarse me cortó el cabello hasta que pareció el de un niño. “Listo, ahora tu nombre es Ananías”. Quizá creyó que me castigaba, pero yo adopté el nombre sin problemas.

Luego pasó algo con una de mis hermanas, que siempre ha sido sensible a la discriminación. En primero de secundaria la molestaron mucho por nuestro apellido, Ceh, que significa venado. Eso nos obligó a mí y a ella a cambiarlo. Yo tomé el de Soledad Castro y lo mantuve muchos años vedando mi personalidad. Cuando me preguntaban si entendía o hablaba maya, lo negaba. Intentaba ser lo que no se podía ocultar. Mientras, mi primera identidad y mi nombre de pila, Marisol Ceh Moo, nunca la asumí.

Mateo Peraza: ¿Cómo llegó a su tercero y último nombre?

Sol Ceh Moo: Fue una persona ajena a mí, que me hizo activar mi inconsciente y confesarme. Él, un médico, me cuestionaba si hablaba maya, yo le contestaba, aunque en el interior sabía que era una vergüenza lo que estaba haciendo: “Mi familia no es maya. Soy Sol Castro”. Ahora me entiendo. Era demasiada la discriminación. Quería ser blanca como me inculcaron. Rehuía de la luz solar, compraba cremas para aclarar mi piel. Aspiraba, pues, a convertirme en alguien como ellos. Por eso hoy el sol me desagrada, porque tenía en mi mente la consigna de evitar considerarme parte de una comunidad originaria. El doctor me preguntó sobre mis orígenes hasta que le avisé que no iba a volver. Y me dijo en nuestra última cita médica: “¿Ni una sola palabra sabes en maya?” Después, citó una palabra chontal, la lengua de su pueblo. Ahí no sé qué pasó, fue como si mi inconsciente y mi alma se abrazaran; le respondí inmediatamente: “Eso se parece al maya”. Él sacó unos libros sobre la lengua y me reclamó: “Hazme el favor de ir a aprender”. A partir de eso soy Sol Ceh Moo.

Mateo Peraza: ¿Esta lucha por la identidad, que va más allá de un concepto romántico, también se refleja en su obra?

Sol Ceh Moo: Es un mensaje para que la gente se reivindique y se asuma como lo que son: indígenas. Mis facciones, mi estatura, mi lugar de procedencia, eso es lo que soy. También quiero inspirar a las personas para lograrlo. Los premios para mí han sido retos, me dieron un peso mayor de responsabilidad y solo me queda aceptarlo.

Mateo Peraza: ¿Qué piensa del puritanismo de algunos escritores en esta literatura que no reconocen haber negado su idiosincrasia, ven esto como una debilidad o una afrenta contra su imagen?

Sol Ceh Moo: Lo que muchos escritores de México hacen, me parece un folclor. Una falta de respeto en ocasiones. La ropa, la vestimenta, el cabello, no definen a nadie. Lo que no termina de entender la sociedad contemporánea es que somos una dualidad: el indígena puro no existe, y quien lo piense, está confundido. A veces te dicen: “Sol rompe con los esquemas y escribe tonterías”. Esto porque para ellos es absurdo abordar la violencia, el maltrato, el incesto. Situaciones reales que se viven en las comunidades hace muchos años atrás; desde el derecho de pernada, por ejemplo, las haciendas, o que te casaban contra tu voluntad. Hoy en día persiste, es algo de lo que no se habla. Y si confrontas el problema, te responden: “Sí, te pasó, pero eres mujer, naciste para ello. Mala suerte que te tocó”. A nosotras nos culpan por desear ser libres, por menstruar, por “agusanar la fruta”. Serlo incluye, de forma inherente, un abuso constante y es algo que he querido poner sobre la luz, evidenciarlo en mi obra.

Mateo Peraza: En un ensayo sobre su trabajo, publicado en la revista Letras Libres, se menciona que las obras en lenguas indígenas deberían dejar de ser separadas de las demás. Es decir, que su recepción, producción y difusión editorial sea la misma que la de otros libros catalogados como literatura mundial.

Sol Ceh Moo: Sí, coincido. Mi apuesta es la universalidad y que mis libros, junto con el resto de esta literatura, figuren como los textos de García Márquez, Rulfo, Rosario Castellanos, Friedrich Nietzsche, Bauman, por mencionar algunos. Ellos además fueron medulares para mí: me ayudaron a abrir mi capacidad de pensamiento.

Mateo Peraza: El modelo occidental se basa en un prestigio generado a través de la acumulación sistemática de galardones, publicaciones, reconocimientos, etcétera. Desde su perspectiva, ¿la literatura en lenguas indígenas debe alejarse de esta dinámica? ¿De qué forma le han servido los reconocimientos?

Sol Ceh Moo: No creo que deba alejarse. Los premios, claro está, son un impulso. Importa la fuerza que te proporciona, el estatus que te otorga para que les sirvas de ejemplo a los demás. Lo vergonzoso es perseguir las condecoraciones para formar parte de un sistema de reconocimientos sin ninguna clase de valor estético. Sin embargo, creo que es válida la búsqueda del posicionamiento, que reparen en que, aunque hayas venido de debajo de la tierra, puedes ocupar este lugar. Eso es lo que tenemos que demostrar. Es imperante hacerlo.


Autores
(Mérida, Yuc., 1995). Periodista y narrador. Ha colaborado en medios impresos y digitales. Becario del PECDA en la especialidad en crónica (2023-2024). Ganador de premios estatales y nacionales. Fue seleccionado para cursar el taller Periodismo de Investigación auspiciado por la Casa Estudio Cien Años de Soledad-Fundación para las Letras Mexicanas; y el curso “Cartografías de la crónica contemporánea en América Latina” como parte de la Catédra Extracurricular Carlos Fuentes. Su trabajo se encuentra compilado en la antología Crónica 5 publicada por la UNAM.
Ilustración de María Magaña

 

YU’UN BALAMIL

    Li pome svol te yik’ li iklimane

  xpomomet te sjol te’etik

     Xtoymuel nuk’ulaletik,

te chk’otik k’alal te stojol ch’ul k’ak’al

 

       Li jch’uviletike snijan sjolik tech’ul  balamil,

    Epal te tos k’exolal sjelevesik te motonil

yu’un sts’unik te syajemal banamil jp’ej ach’ na.

 

Li ch’uvile te skapsbaik te ik’,

xcholchun ch-ochik te xchikin ch’ul banamil.

Sak jol viniketik yakil xch’uvilaj

   sk’oponik ch’ul balamil.

 

 

A LA TIERRA

  Emanación del incienso perfuma la mañana,

abraza la copa de los árboles.

Se elevan voces,

llegan en el sol.

 

        Las palabras acarician el corazón de la madre,

  ofrendan aves multicolores,

enraízan refugio en la herida .

 

Las palabras se entrelazan en el aire,

entran a los oídos de la madre tierra.

Hombres canosos invocando

   en el núcleo de la orbe.

 


 

VABAJOM

        Chanav te osil balamil,

           ch-tajin te sat o’,

skapsba te yik’ sob ik’liman,

  xmuk’ubaj yonton jteklumetik.

 

         Xjimjun slametel xchi’uk li nichimetike.

snichimtasbe  yonton yaxal pepentik

xjoyetik muel te vinajel.

 

Xchi’inoj te anil stsatsal k’inibal,

xniknun yu’un  yaxinal toketik.

 

   Li te’etike xjiimlajet

chak’ik te a’yel yaxal k’ejoj.

  Spokbe sat lametel,

          xk’ataj te anil  tumtunel on’tonal

ch-ochyalel  te yonton balamil.

 

 

REQUINTO

Se expande en el infinito,

     juega en el ojo del agua,

     abraza el perfume de la mañana,

   retumba el corazón de los pueblos.

 

    Susurra y baila con las flores

despierta la alegría de mariposas azules

    que vuelan en espiral hacia el cielo.

 

Corre con la fuerza del huracán,

mueve la sombra de las nubes.

 

   Los árboles se agitan,

 anuncian el canto celeste.

Limpia el rostro de la tranquilidad,

 se convierte en latidos fugaces que bajan

penetrando el corazón de la tierra.

 


 

YON’TON K’AK’AL

Spix te skevanel yelob yik’al osil.

        Xpixtal te xojobal

    yaxinal vitsetik.

 

Li syol sate sts’iletaj te sjamlejal osil

sts’uts’unbe yab yok  ik’al osil.

  Xtil xch’ich’el  te jujun ik’liman.

 

 Xchopesbe slu’bel li ts’ujul

   xt’elt’un yu’un sk’uxul muk’ta sik.

 

Sk’iantal k’unchamen stse’oj

k’elanbil yu’un unen sob ikliman.

    Te xch’ayelbatel k’ak’al

skux yon’ton te spat xokon ak’bal.

 

 

PALPITACIÓN DEL SOL

     Envuelve con su resplandor el oscuro rostro.

   Con sus rayos cubre

   la sombra de las montañas.

 

    Brillan sus pupilas al infinito

  absorbe pisadas oscuras.

   Arde su pulso en cada amanecer.

 

     Sana fatiga del rocío

    tiritando por los dolores del frío impávido.

 

                  Riega la tibia sonrisa

   ofrendada por la joven matutina.

   Y en la consumación del atardecer

descansa detrás de la noche.

 

 


Autores
Chiapas, México. Educadora popular, escritora, antropóloga, traductora, y actriz Maya Tsotsil. Autora de: Xojobal Jalob te’ / Telar Luminario (México, 2013); Realtà non necessaria (Italia, 2009); Xchamel Ch’ul Balamil / Eclipse en la madre tierra (2008); Ch’iel k’opojelal / Vivencias (2003); y coautora de Palabra conjurada, cinco Voces cinco Cantos (1999); e Indigenous children: We are not to blame. Sus obras forman parte de las antologías: Chiapas Maya Awakening. Contemporary Poems and Short Stories (U.S.A, 2017); antología de poesía de mujeres indígenas de América Latina (Ecuador, 2011); Jaime Sabines 83 aniversario, 83 poetas (CONECULTA, 2009); Poètes indiens du Chiapas (París, 2007); Los abismos de la palabra (UNICH, 2005); y en Red Rock Review (Community College of Southern Nevada Canadá, 2003). Dos de sus poemas están musicalizados: Jtij vobetik (Tamboreros) y Jsa’ ch’ulelal (Buscadora de Alma). Algunos de sus escritos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, catalán, portugués y sueco.

Ilustrador
María Magaña
(Guadalajara, 1988) Ilustradora mexicana multidisciplinaria enfocada en creación narrativa. Ha participado en proyectos que van desde ilustración editorial, cómics, libros infantiles, escenografía, exposición en galerías y pintura mural.
Ilustración de Isela Xospa

Se acerca el Día Internacional de la Lengua Materna y en Tierra Adentro decidimos celebrarlo la semana entera. Del 17 al 21 de febrero podrán encontrar textos de autoras increíbles que tienen en común el compromiso con la vida de una lengua. Inauguramos la conmemoración con la escritora, traductora y actriz maya tsotsil Ruperta Bautista, quien participa con Yon’ton k’ak’al y otros poemas.

No podía faltar Sol Ceh Moo, ganadora del Premio de Literaturas Indígenas de América 2019, quien, a través de una entrevista, nos habla de su compromiso social como escritora, así como la lucha en contra de los prejuicios que envuelven la literatura indígena. El zapoteco, por su parte, aparece desde la experiencia personal de Biaani Garfias y la dinámica familiar en la que se instaura el conocimiento o desconocimiento de esta lengua en el ensayo ¿Y si nos quedamos sin alguien para hablar?.

Por supuesto nos interesa introducir voces jóvenes como la de Alejandra Lucas, quien participa con Tres poemas en lengua tutunakú, donde las transformaciones corporales son uno de los focos principales de sus metáforas.

Yásnaya Elena, lingüista mixe, en Mujeres indígenas y escritura, ensaya alrededor del acto de escritura como subversión, mientras problematiza, también, las implicaciones de una alfabetización no incluyente con respecto a las lenguas originarias.

Más adelante podrán encontrar un ensayo de Susana Bautista, Levantar la voz con la palabra, que aborda la relevancia de proyectos editoriales especializados en la publicación de mujeres escritoras en lengua originaria, tales como Pluralia y Originaria; además, hace un recuento de los esfuerzos editoriales e institucionales por visibilizar la escritura indígena. Al tiempo que Adriana López nos regala la belleza de la poesía en tseltal en Ants te ajk’ubal / La noche es una mujer.

Por último, cerramos esta celebración con Yavanel jbats’i k’op / El grito de mi lengua y otros poemas, de Angelina Suyul. El grito de su lengua, el tsotsil, es un grito metonímico de la gran diversidad lingüística mexicana. Es ese grito, a través de la poesía, del ensayo, de la escritura como forma de resistencia, el que esperamos que nos acompañe toda esta semana de celebración. Sabemos que para la supervivencia de las lenguas se necesitan muchos más esfuerzos continuos, así que es un grito que espera convocar más ecos.

No olvidemos reconectar con la celebración del año pasado, para que los nuevos lectores, o aquellos asiduos releer, puedan visitar la trayectoria histórica de Tierra Adentro en la celebración de la diversidad lingüística mexicana. Aquí pueden encontrar el número de la colección La Ceibita, titulado Lenguas de América (2016) (2016) y compilado por la académica Luz María Lepe Lira. Así como los textos Yuilal Mak abejk’ajon / Fui parto en mes Mak, de Adriana López, Bicéfalos, de Nadia López García y Cinco poemas de Judith Santropiero.

Antes de enviarlos por este camino de la riqueza lingüística, cabe dar un agradecimiento especial a Susana Bautista Cruz por su genuino interés y apoyo a la difusión de la obra de escritoras en lengua originaria, y en la elaboración de este especial.


Autores
(Oaxaca, 1997) Escribe narrativa y poesía inspirada en su lugar de origen. En el 2019 fue parte del International Writing Program’s Women’s Creative Mentorship Project. Obtuvo el Master in Fine Arts in Spanish Creative Writing por la Universidad de Iowa, donde además fue parte del consejo editorial y luego jefa de redacción de la revista Iowa literaria. Ha publicado en las revistas Este País, Tierra Adentro y Armas y Letras. Actualmente dicta clases de literatura y español en Coe College.

Ilustrador
Isela Xospa
Originaria de la Alcaldía de Milpa Alta, es ilustradora, archivista y editora independiente de origen nahua. Ha trabajado para el Fondo de Cultura Económica como diseñadora gráfica, en el ILCE México como diseñadora editorial y en el David Bowie Archive como archivista. Actualmente dirige Ediciones XospaTronik (2014) proyecto que surge como una editorial autogestiva e independiente que aborda temas y personajes de Milpa Alta, región nahua del sur de la ciudad de México.
Antonio a color. Ilustración por Herenia González

Con las letras fenicias, los griegos registraron el conocimiento del Mediterráneo, y la historia se encargó de transmitirlo al presente. A la humanidad le costó siglos superar esta proeza. Fue con YouTube, creado el 14 de febrero de 2005, que se fundó un canal cuyo lenguaje audiovisual puede ser comprendido y emitido al mundo en un instante.

Millones de usuarios entran a la plataforma para instruirse, y Antonio García Villarán, (11 de julio de 1976. Sevilla, España) doctor en Bellas Artes, autor, profesor y pintor ve una oportunidad para enseñar arte. Actualmente, su canal tiene 724 mil suscriptores.

Al ser uno de los youtubers con más participación en foros españoles de comunicación cultural, se podría suponer que Antonio García siempre ha conocido la mejor opción para cumplir su labor; sin embargo, su presencia en la red fue una conclusión tras una trayectoria como divulgador en distintos medios.

“Bueno, yo no he dicho nunca que YouTube sea el canal adecuado, pero me parece uno de los más completos porque trabajamos con imágenes en movimiento y sonido; podemos meter contenido de otros videos.

Para difundir el arte vale cualquier canal, desde una charla en una clase hasta las demás redes sociales: Twitter, Facebook, Instagram, pero YouTube me parece una de las mejores. Por eso yo al final, que tenía una editorial, mi conclusión fue que, para llegar a más gente, debía conseguir algo así, hacer videos que los viera todo el mundo. Decidí meterme ahí”.

De la pantalla a las aulas

En 2020 se cumple el decimoquinto aniversario del nacimiento de la plataforma; Antonio creyó que “había llegado tarde” hace cinco años, cuando subió sus primeros cursos básicos de dibujo. Aún recuerda su carrera como docente, que comenzó en el 2000 y finalizó en el 2012. Mira con atención el techo de su casa, busca las experiencias de esa década para responder mi pregunta:

¿Cuál es el modelo comunicativo ideal para enseñar arte y en qué clasificación de tu video “Los youtubers del futuro. La 4ta generación” lo pondrías?

Lo ideal, y yo lo practico, es un modelo híbrido. De hecho, intuitivamente se hace porque diario me llegan mensajes de que mis videos se ven en universidades, institutos y facultades de Bellas Artes. Unas clases presenciales ayudadas de este material audiovisual es lo idóneo.

También yo recomiendo ‘el aula invertida’, que consiste en que los alumnos obtengan los elementos de su aprendizaje a través de videos, documentos en su casa, que estudien las horas que hagan falta; y el salón sea un espacio de experimentación, donde el profesor los guíe hacia ciertos objetivos. Pero que no sea la clase magistral donde está el señor lanzando su cátedra, que eso ya se puede hacer en una videograbación.

Mejoramos la realidad con el video. Si yo me equivoco en algún dato y me doy cuenta, puedo editar o ponerlo en comentarios. Un académico puede cometer errores y el estudiante así lo capta en sus apuntes. Cuando yo fallo, la comunidad lo comenta y lo corrige. Me ve mucha gente, de eso se trata.

En un futuro no muy lejano puede haber animaciones que enseñen en YouTube cierta temática, pero que ni siquiera sean personas reales. O bien algo que no estaría mal que hicieran las instituciones es que empiecen a contar con youtubers de cierto éxito en la plataforma, porque ellos ya saben cómo hacerlo y eso puede ayudar a las escuelas”.

Antonio sabe que el adoctrinar alumnos en las universidades es deficiente para la enseñanza, pues en más de una ocasión ha admitido que se enfrentó a ellas durante su formación académica; lo cual me llevó a una cuestión: ¿qué limitaciones identificas en YouTube y cómo podrían afectar a los youtubers cuya labor es generar arte?

Yo más que limitaciones solo le veo ventajas. A mí no me ha limitado en nada, al contrario. Lo que ha hecho es hacer llegar mi obra a un público que, en el sistema de antes, de ninguna manera hubiera podido.

Han llegado mis ideas al mundo entero, cuando en el sistema escolar me hubiese sido casi imposible, ni siquiera escribiendo artículos; es decir, tú escribes un artículo, pero ¿quién lo lee? Es complicado, y mucho más acercar el arte a gente que en principio no le interesa. Creo que esa la grandeza de mi canal, su misión; es lo que todos estamos consiguiendo, no solo por mi parte al hacer los videos, sino las personas que los comparten, que les gustan y hablan con sus amigos sobre las cosas que enseño en mi canal. Yo digo: esto tiene absolutamente ventajas.

A nivel profesional, yo como pintor para logar que mi obra se vea, antes tenía que hacer muchas exposiciones porque no podía enseñar mi boceto en papel. Hoy en día, gracias a las redes sociales, tú subes ahí tu pintura y a quien le interese, podrá alcanzarla fácilmente. Me parece un gran progreso”.

Un diálogo con el pasado

YouTube consolidó a cantantes como Justin Bieber y demás creadores, ¿cómo se podría usar la plataforma para establecer un diálogo generacional con artistas que no han dependido de la plataforma y los que nacieron en ella?

Lo que veo es que la gente que decía que no le interesaba YouTube está entrando, abren sus propios canales. Hay artistas que me han dicho “yo no consumo la plataforma, no veo tus videos”, pero saben lo que digo en ellos, lo que es el Hamparte, es decir, aseguran que no ven mis videos, pero lo hacen y no quieren admitirlo; es muy sintomático.

Yo pienso que YouTube es un tsunami y si no están preparados, se los va a llevar, les ha pasado a muchos. Si no vas con el progreso, te va a comer. Lo observo en cantantes; has hablado de Justin Bieber, pero hay otros que no nacieron en esta plataforma y hacen videos para YouTube, no pueden hacer otra cosa que unirse.

Los que hemos emergido aquí, somos muy asequibles, localizables. Si hay interés por ambas partes: artistas que reniegan de la plataforma y los que vimos la luz ahí, pueden contactarnos fácilmente. Antes, esta entrevista hubiera sido imposible. La red propicia esto, y los que no se quieran enterar, desde mi punto de vista, están completamente equivocados”.

Es inevitable pensar en los modelos verticales de comunicación que algunos recintos cultuales conservan, donde un ser superior arroja un mensaje e ignora los medios necesarios en la retroalimentación del receptor.

Estas instituciones han escuchado campanas, pero no saben dónde; tiene canales sin conocer la importancia de esto… y se enterarán. Las universidades y museos abrieron cuentas, pero son muy pobres porque no ven la fuerza que posee; es como tener un coche que corre a 220 km/p, y ellos van a 20 por hora. Tienen que invertir y llegar a más gente.

No me explico cómo las grandes colecciones, que deben conseguir acercar el arte a la gente, no invierten más en esos canales. Alcanzarían a las personas que no pueden desplazarse físicamente al recinto y podrían difundir sus actividades a través de buenos videos, con quienes ya han tenido cierta repercusión en el tema de la divulgación en la red. La tienen muy fácil. Todo llegará, será muy pronto.

Yo el año pasado hice el proyecto Harco 2019, en el que fui a seis ferias de arte contemporáneo; los visité con mi equipo e hice un video. Ellos (en Harco) se vanagloriaban de haber conseguido 100 mil visitantes; en mi video tengo más de 285 mil visitas. ¿De qué va el asunto? Si quieren hacer llegar las galerías a la gente, tendrían que contar con alguien que ya sabe hacerlo.

Planeo sacar Harco 2020, como el año pasado. Quiero que, en lugar de lanzar siete videos, sean el doble. Trabajaré con mi equipo para logar la misión”.

Antonio a color. Ilustración por Herenia González

Antonio a color. Ilustración por Herenia González

Hamparte, el vicio de las élites

Tu concepto Hamparte[1] ya es utilizado en las cuentas de Twitter de las galerías, pero lo hacen de manera errónea, ¿cuál piensas que sea la razón por la que las élites no asuman sus objetos en venta como Hamparte, de la forma en que lo defines?

Si las galerías aceptaran el Hamparte, la gran mayoría de las obras que tienen no valdrían nada. Sería como hacerse el harakiri, se hundirían al decir que el Hamparte es un concepto real. Otros no, los artistas supuestamente de calidad subirían.

Por otra parte, muchos no han visto el video del manifiesto, tampoco han leído el libro, entonces hablan de oídas. No les interesa, pero el Hamparte también es un tsunami. Quien está en el mundillo del arte ha oído hablar de eso, ¿saben lo que significa o no? Yo creo que sí, aunque no les guste porque claro, es como decirte: ‘oye, lo que haces no vale nada, además te digo por qué no’. Hay un montón de gente que piensa lo mismo que yo, por eso no les gusta.

En Harco, me llegó un hampartista y comenzó a insultarme. Yo en mis videos no ofendo a nadie, solo opino; pero las cosas pueden llegar a ese extremo porque no tienen otra herramienta contra la noción. Cada vez la gente fuera del mundillo del arte, la que lo consume, me envía muchas capturas de pantalla señalando lo que hay de Hamparte en los museos.

Decir Hamparte es muy fuerte: estas personas están ahí porque su obra, que no tiene ningún valor filosófico ni técnico, existe gracias a su elevado costo. Es arte, uno llamado Hamparte, una idea común y no vale nada de dinero. ¿Qué rico va a querer una obra que valga cero? Ellos quieren tener cosas costosas; y estos hampartistas tendrán que buscarse otro trabajo o hacer creaciones artísticas de verdad”.

En la contemporaneidad, la gente mucho ha consumido y criticado las obras novedosas, como las pinturas de Mikail Akar comparadas con las de Jackson Pollock, ¿de qué manera el Hamparte podría ser considerado una nueva corriente y gracias a quiénes?

Antonio tensa ligeramente la mandíbula como si algo lo incomodara, junta las yemas de sus dedos en los que sostiene algo pequeño e inaccesible a mi vista, alza ese objeto ilusorio y comienza a formar círculos hacia la cámara, similar a un saludo o el vaivén de un pincel.

“No podría ser una corriente artística. Es la definición de ciertas prácticas, algunas de ellas se vienen haciendo desde principios del siglo XX, entonces no puede ser una corriente porque sería como decir: ‘aquí hay muchísimos tipos de plátanos y estos son amarillos’, eso sería el Hamparte; el amarillo no es un plátano sino una definición de lo que es. Se trata de quitar ese valor económico que se le ha dado a este tipo de obras facilonas.

Las notas, en las que venden Hamparte, nos están llegando porque a los medios de comunicación les da igual el arte; lo que quieren es algo viral. El hecho de que un niño haga cuatro chorreones (que los encuentras en cualquier feria de arte porque repiten la fórmula de Pollock) y se vendan en 11 mil euros es noticia.

Ya ni siquiera investigan. Encontré que el padre de Mikail Akar ha estado intentando desde hace cuatro años promocionar a su hijo con sus videos de YouTube, fue hasta que dio con un futbolista que llamó la atención. ¡Un niño que vende cuadros! Eso no es cierto, además nadie se va a acordar de él.

Esto es sensacionalismo, pero para los amantes del arte como yo, nos interesa denunciar ese tipo de cosas para que la gente vea que eso no es el arte de hoy, es una nota vacía.

Es igual que Bansky, que metió una obra a una trituradora y se quedó a la mitad. Cuando vi eso repetido en los medios ‘que Bansky es un héroe porque ha intentado destruir…’ pregunto: ¿no te das cuenta de que esto es una estrategia comercial?, ¿por qué se ha quedado a la mitad?, ¿cómo ha conseguido meter una máquina dentro de un marco? Eso es imposible y si no lo es, estaría en problemas porque cualquiera podría colar una bomba.

Hacen esas cosas para que el cuadro valga más dinero y ganen los que siempre se enriquecen. Por eso yo me veo en la obligación de denunciarlo, dar una voz crítica respecto a estas malas prácticas en el mundillo del arte”.

Los pasos de un buen pintor y la tarea del divulgador

Gracias a YouTube, yo he tenido ofertas de galerías porque me ven; si no te conocen no te pueden proponer nada. La plataforma es un escaparate muy bueno para que te vean. Antes no era así; si no eras primo o cuñado de tal, difícilmente podías entrar a esas exposiciones de prestigio.

Lo que recomiendo es que trabajen mucho, no solo en la obra, sino en su buena difusión en las redes. Ya no basta con pintar un cuadro y exponerlo”.

De nuevo Antonio invoca a ese pincel suyo, sigue los trazos circulares en un lienzo que nos ha acompañado durante nuestra entrevista; ese movimiento de su mano derecha le ayuda a comunicarme sus ideas. Crea los bocetos de los consejos que dará a los pintores en su audiencia, lecciones avaladas por los seis premios en su trayectoria desde 1984.

“Primero: intenta pintar el mejor cuadro del mundo;

Segundo: la imagen que tú vayas a subir a la red debe ser buena, porque he visto muchos cuadros que en principio están muy bien; pero por una mala foto, al final no parece tan bueno;

Tercero: una vez que tienes eso, trata de posicionarlo. He dicho que para mí el barrio de Montmartre del siglo XX, donde estaban los artistas, ahora es Internet en el siglo XXI. Los que destaquen ahí serán los notables en el arte de nuestra era. Yo apuesto por la red, y sé de mucha gente que, aunque no son mega conocidos, tienen su comunidad en redes sociales, así se ganan la vida, viven de lo que les gusta. Se puede vivir de esta manera más libre”.

De las actividades del humano, el arte es la que mejor lo define. Hay una paradoja si se piensa que en nuestra época es devaluado o, en el caso del Hamparte, convertido en un discurso diseñado a las exigencias económicas de una élite. Antonio me recuerda la valía del divulgador, quien puede ofrecer una solución al artista y a la audiencia:

Tienes que difundir algo que a ti te guste y te apasione de verdad, porque eso se transmite. Después esfuérzate por hacerlo digerible.

En el caso de los videos, que sean divertidos, no vas a hacer conferencias aburridísimas que costaría ver. Deben ser videos que a ti te gusten; yo cuando termino uno, actuó de joven y me pregunto: ¿este video yo lo vería?, ¿me divierte? Si respondo sí, lo subo. A través de un pensamiento muy crítico se valora si eso que tú muestras a las personas es de calidad; no creer que lo sabes todo, que tienes el santo grial en tus manos y decir: ‘lanzaré lo que me dé la gana y lo tendrán que ver porque es una enseñanza de calidad’.

YouTube tiene un formato que, si tú tienes una imagen mal iluminada o te trabas al hablar, nadie verá tu video y fallarás en tu objetivo: hacer llegar el arte a la gente”.

[1] Hamparte: lo que las élites nos dicen que es arte, pero no lo es.


Autores
Diego Durán nació en la CDMX en 1996. Egresado de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación y Periodismo, en la Facultad de Estudios Superiores Aragón (UNAM). Ha colaborado en medios de comunicación periodísticos y culturales como Chilango, Tierra Adentro, Fondo de Cultura Económica, Grupo Expansión e Infobae.

Ilustrador
Herenia González
Artista mexicana, estudió Diseño y Comunicación Visual en la UNAM, se especializa en ilustración infantil y su trabajo ha sido publicado en diversas editoriales en México y el extranjero. Ha participado en exposiciones colectivas entre las que destacan “Muestra de artes visuales” Cancún 2018, “Historias de Ajudaris” Portugal 2016, “Imagen Palabra 7” Bogotá 2016, “Una mirada ilustrada al archivo Casasola” Downtown CDMX 2013, “La muerte ilustrada” Seattle Center 2008 e “International Artistic Contest Children and Youth” Czestochowa 2004. “Paseo Vespertino” fue su primera exposición individual en Cancún e Isla Mujeres, 2019.