Tierra Adentro

Poesía

Como poeta consciente de lo que su trabajo debe ser, he llevado El pobrecito señor X a cuantos se me han puesto de modito a lo largo de unos quince años.

AUTOGOL Nací en Guadalajara.

Si algo significó la aparición de El pobrecito señor X, de Ricardo Castillo, fue la apertura total del llamado Lenguaje Poético a diversos registros del habla y de la actitud moral que se alejaban del formalismo esencialista y de la figura del intelectual a ultranza, diseñados para las letras del siglo xx mexicano.

Ese muchacho veinteañero que fue El pobrecito señor X cumple cuatro décadas, pero sigue sin volverse un cuarentón, ¿será que es tan descarriado, malcriado o malmandado que a nadie responde y menos al paso del tiempo? Aventuro algunas generalidades: ese apesadumbrado Señor Equis es un post-Efraín Huerta; ambos comparten el asombro frente a lo inmediato, el humor ácido, la ironía y una ciudad para desconocerse entre sus personajes y, por supuesto, esa infatuación terrible que faulea la mente y «las regiones sagradas» —para decirlo con las palabras del ducho Cocodrilo— llamada calentura, sólo que atajarse de la calentura es más terrible debajo de la sombra de la Nueva Galicia.

La realidad es una broma que ya me está poniendo nervioso.
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A Stephanie Sigman La tarde se acomoda detrás de las palmeras, el sol postra ahí sus codos, bosteza.
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Hablando del Cangrejo, querido niño… ¿sabías que sus pinzas son así sólo por ti? Su forma es el fruto que cae de un árbol; el árbol sale del amor entre la Gravedad y las curvas del mundo por el que hoy resbalas contento.
Billetes de cien pesos. El Informado/Archivo
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Amo el canto del cenzontle pájaro de cuatrocientas voces amo el color del jade.