No soy un analista político, un economista marxista o un especialista del medio ambiente, pero como un ser humano en el planeta con acceso a internet no me parece arriesgado conjeturar que hay un malestar global, no sólo por la pandemia de Sars-Cov 19, sino por la forma en que se llevan a cabo las políticas gubernamentales, ecológicas y económicas.
Mi olfato le anticipa al resto de los sentidos la experiencia que se viene: el aire huele a sudor fermentado, caliente y denso como un temazcal de hormonas.
En días recientes se ha avivado en foros públicos la discusión sobre la relación entre el género de las personas y el género de las palabras con las que nos referimos a ellas.