Tierra Adentro
Ilustración de Zauriel

No hay razón para que nada sea

o siga siendo como es;

todo debe, sin razón,

poder no ser y/o ser capaz de ser

 diferente de lo que es

Quentin Meillassoux

Me temo que detrás de la mística

se esconde una realidad mundana,

que a veces es más extraña que la ficción

Negarestani

 

Comencemos por el final. Reza Negarestani es un filósofo de culto internacional en el campo de la filosofía analítica, el posthumanismo y las inteligencias artificiales. Es un pensador que se mueve en cierta intelectualidad alrededor de la que es, en teoría, el primer movimiento serio de la filosofía del siglo XXI: El realismo especulativo, ¿nuevo realismo? Esta corriente de pensamiento pretende releer la tradición filosófica desde Platón a partir de sus errores manifiestos repetidos incansablemente. Principalmente la crítica al correlacionismo, es decir que lo que la subjetividad y la reflexión (¿kantiana?) tienen repercusiones y son creadoras del mundo y lo que existe. Recordemos “Pienso, luego existo” de Descartes o los abusos del posmodernismo en los que todo es lenguaje, todo es texto, todo es interpretación, todo es imagen. Frente a este escenario que alcanza su crisis a finales del siglo XX, el siglo XXI llega con una serie de filósofos que afirman que la realidad existe sin importar si hay un sujeto que lo crea o no. Ray Brassier afirma que no es únicamente que la realidad y la naturaleza existan independientemente de los seres humanos, sino que ni siquiera le importamos. Lo dice como una forma de atacar la creencia de que el desmoronamiento del medioambiente es una forma de venganza o ataque del mundo contra los seres humanos, como si la madre naturaleza tuviera un plan para eliminarnos. No, hay cosas exentas de los intereses humanos. Hay entidades anteriores a la existencia.

Desde esta arqueología especulativa es derramado un extraño texto que dialoga con el cruce de la cibernética, el materialismo libidinal y la imaginación decimonónica. Si sus bases son la filosofía del nuevo realismo, su diálogo es con la difuminación de la identidad en internet, la libido militar y la idea lovecraftiana de entidades incognoscibles.

A manera de relato encadenado o matryoshka, el texto se estructura como un ir y venir de una crónica escrita por una viajera quien, a través de pistas en internet da con una serie de escritos: tratados teológico-militares, crónicas de guerra e investigaciones geológicas de tiempos más allá del Antropoceno.  Es una novela que esconde la verdad de la tierra, los secretos de la política y una extraña fuerza más allá de lo humano. En realidad, no se sabe si es una novela, un tratado sobre la verdad de la materia, un documento geológico o un cuento de hadas. La primera vez que Ciclonopedia: Complicidad con materiales anónimos se hizo pública fue a través de entradas a un blog del que se desconocía el autor. Eran un montón de glosas y documentos subidos anónimamente a la web. Eran fácilmente descritos como los delirios paranoicos de un iraní que leyó a Deleuze & Guattari y creía poder acabar con los conflictos bélicos de Medio Oriente. Era una táctica hipersticional (incrustación de lo ficticio en lo real) cuyo fin era hackear el imaginario de la guerra en curso, representada por los yihadistas y las torres gemelas. Era militancia ficticia.

Ciclonopedia, de Reza Negarestani

Ciclonopedia, de Reza Negarestani

 

 

Quizá por eso, junto a las restricciones de Irán respecto al acceso a Internet, durante muchos años el nombre Reza Negarestani pertenecía al espectro de escritores imaginarios o narradores inexistentes al que también pertenecen Juan de Mairena, Arturo Belano o el mismo Macedonio Fernández. El libro publicado años después como Ciclonopedia: compilación de materiales anónimos en 2008 se presentó como una curaduría más de Robin Mackay quien es el curador o creador intelectual de las corrientes filosóficas ––denominadas por el nuevo realismo y aceleracionismo, conjuntos de textos dispares, pero cobijados por la curaduría conceptual de un filósofo que no escribe y del que a pesar de tener fotos en internet, no tiene rastros de su identidad: fechas, lugares, historia, nada. Exista o no Mackay, su nombre ha hecho constelaciones teóricas cual curador en el museo. Así apareció Ciclonopedia: libro-mundo, libro-trauma, libro-museo, libro-cosmología, libro-tratado, libro-neurosis.

En medio de esa excepcionalidad, también habría que decir que es un libro que peca de emoción intelectual y el ansia por decirlo todo rápido y al mismo tiempo. Es un texto intrincado y difícil. En gran parte porque se nutre de muchos campos disciplinares y si no se es experto en todos, te puedes perder. Es difícil saber de teología islámica, mitos europeos, cibernética avanzada, polémicas israelíes sobre filosofía francesa en los años noventa, geología, ciencia ficción rusa, Lovecraft y seguir el hilo de la libertad imaginativa de su autor para condensar eso en un mundo como el nuestro, pero que no es el nuestro.

En el mundo de Ciclonopedia conviven hiper-teóricamente, el petróleo como una entidad sintiente que pactó con el sol para manejar el mundo. Pero algo se rompió. Lo divino como idea ancestral es el trato entre las dos energías más poderosas del planeta: una externa que todo lo ve, la otra subterránea que todo lo sabe. En esta batalla toma sentido el correlato objetivo que es el imperialismo yankee como representantes de la luz ––recordemos que el iluminismo como edad de oro del hombre blanco, no es otra cosa que la suposición de que todo puede ser visto gracias al sol. Del otro lado Medio Oriente como esa figuración de terrorismo que salvaguarda una forma de vida distinta, sabiduría antigua y mucho petróleo. Parecería que en Ciclonopedia es obvio que el crudo es la fuente del saber ancestral de toda una región del mundo: el contacto con dioses subterráneos.

El libro fascina por el mundo que crea y porque enuncia una serie de conceptos filosóficos que uno creería que puede seguir. La primera tentación al leer el libro es aprender y entender cosas como si fuera filosofía, pero luego caes ante la narración y recuerdas que es una especie de novela. Al ser eso, no es posible defender filosóficamente los contenidos del libro y quizá por eso su autor al día de hoy desconoce su primer libro. Ciclonopedia hizo famoso a Reza Negarestani en los círculos telúricos de lectores de Lovecraft, chamanismo cibernético y asesinos kamikazes que quieren atentar contra la hegemonía tecnológica norteamericana. Sin embargo, es una obra de juventud inestable y hoy Negarestani busca las certezas que la analítica del lenguaje puede ofrecer. Defiende una inteligencia de la mano de la imagen científica del hombre donde la ficción ya no tiene lugar.

Más que por qué un autor niega sus obras de juventud, cosa que se suele hacer, valdría la pena preguntar ¿cómo se pasa de un experimento teórico ficticio y político a la búsqueda de la verdad en sí? Aunque no haya una respuesta, hay algunas relaciones que se pueden conjeturar.

Ciclonopedia: compilación de materiales anónimos es paradigmático en la creación de un género sin categorías cerradas que es la teoría-ficción. Esta forma de creación que tiene su germen en libros como Zaratustra de Nietzsche o Sartor Resartus de Thomas Carlyle, manifiesta una pregunta que también discutía Heidegger y Carnap, Wittgenstein y Rousell: ¿Pueden los relatos supersticiosos explicar mejor la deriva del mundo que los tratados científicos? No importa en realidad la respuesta, dependerá de cada caso. Los conflictos entre filósofos analíticos y continentales es defender una u otra. Pero si hay textos que con teoría-ficción te hacen dudar de tus convicciones y te desequilibran, quizá valga la pena el riesgo del juego.

Tanto Ciclonopedia como Inteligencia y espíritu (2019), tienen presente la idea del afuera, cuyo diálogo es con el nóumeno de Kant. Esa cosa especulativa inaccesible para la razón humana. La novela intenta tocarlo desde el inseguro lugar del mito, el tratado desde la ciencia. No es una excusa, pero con la seguridad que da la ciencia es mucho más fácil vivir. Si vienes de la guerra, la represión y el miedo, abrazar las certezas es el camino más corto a la felicidad.

Lo que me extraña de Ciclonopedia es que, aunque habla de la ancestralidad, los mitos y la arqueología, nunca hay melancolía. Fue escrito desde la urgencia del presente y quizá el anhelo del futuro redentor. Abrazar la ficción implica la administración del pesimismo, la melancolía y aceptar la inestabilidad de lo que existe. Tal vez es demasiado para llevar la vida. La potencia del libro es inviable y permanecerá como un secreto a voces del que huir cuando se te presente si no te quieres perder en el deliro de guerras lejanas y susurros del más allá.