Llegó como llegan las cosas que no tienen permiso: en la noche cuando los perros duermen a mitad de la calle y las luciérnagas hacen un espectáculo que solo ellas entienden.
I
En cuanto la señora Méndez recobró la conciencia y poco antes de abrir los ojos, sintió un dolor que iba desde el esternón hasta los dedos de su mano derecha.