Tierra Adentro

Crítica de libros

El cuento que da el título al libro de Laia Jufresa es una historia situada en un futuro remoto en el que el género humano vive ha­cinado en ciudades hechas de edificios, calles y autopistas que se conectan y entrecruzan a diferentes alturas, de tal manera que el suelo ya no es visible y la mayoría de los pobladores perdió el recuerdo de él.

Los dramas consanguíneos se resumen en historias de venganza o redención —dos extremos del Antiguo Testamento: Caín y el José de Egipto—.

Todos tenemos una historia particular e íntima que sentimos lejos de los grandes cambios sociales e históricos.

Los jóvenes que escriben poesía no leen, «se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados», propagan esta idea hasta el hartazgo.

El sustrato primigenio del erotismo es la fantasía.

Cuando comencé a leer Cualquier Cadáver, de Geney Beltrán Félix, vino a mi mente la reseña que escribió el ahora fallecido David Foster Wallace sobre Hacia el final del tiempo, de John Updike.
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En «¿Qué es la poesía menor?», T.

Una pregunta de cantidad ronda mi cabeza: ¿qué hay más, dedos o redes sociales? Imagino que detengo a una persona al azar en una avenida para preguntarle si le alcanzan los dedos de una mano para contar las redes sociales en las que tiene una cuenta.