(Auto)Explotados por amor al arte
La escritora y catedrática española Remedios Zafra (Zuheros, 1973) ha enfocado su trabajo al estudio crítico de la cultura contemporánea, la antropología, las políticas de la identidad en las redes y la creación artística. De su obra publicada destacan Los que miran (2016), Ojos y capital (2015), (h)adas. Mujeres que crean, programan, ‘prosumen’, teclean (2013), Un cuarto propio conectado. (Ciber)Espacio y (auto)gestión del yo (2010), #Despacio (2012), Lo mejor (no) es que te vayas (mujer y mundo rural) (2007), y Netianas. N(h)acer mujer en Internet (2005). Su libro El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital, recibió el Premio Anagrama de Ensayo 2017.
El entusiasmo adopta la forma de un híbrido entre ficción literaria y autobiográfica, algo inusual en el género ensayístico; en un libro, Remedios Zafra da voz a una serie de personajes que atraviesan el texto, y “operan como oradores extáticos que tienen la potencia de ayudarnos a reflexionar”.
En opinión de la autora española, “la libertad que otorga la máscara literaria permite despojar al sujeto de la impostura cotidiana, es decir, valerse de la máscara no como un pliegue que ‘cubre’ y nos permite ser ‘otro’, sino de un pliegue que ‘moja’ y nos permite desprendernos de las máscaras sociales, mostrar lo que habitualmente incomoda o no dejamos ver, lo que compartimos con otras personas que se ven identificadas en ‘aquello que no decimos’. Este es el propósito de las figuras literarias que se encarnan en este ensayo, una obra que, al aventurarse en una suerte de ficción político-poética en torno a la precariedad del trabajo creativo en la actualidad, no solo precisa de “una voz propia, sino de múltiples voces”.
El espejismo de la libertad
—Goethe escribió que “no hay hombre más esclavizado que el que falsamente se cree libre”, y tú afirmas que el entusiasmo es “un argumento para legitimar la explotación”, ¿consideras que los trabajadores creativos son víctimas de las lógicas de poder que sostienen la desigualdad contemporánea?
─Pienso que una de las fórmulas contemporáneas de neutralización viene de la precariedad “vivible” de estos trabajadores creativos. Es decir, de ese espejismo de libertad y elección que quienes están encadenados a la precariedad, pero sostenidos por su entusiasmo, van alimentando, conformándose con una vida permanentemente aplazada: “cuando logre un trabajo estable”, “cuando consiga el dinero suficiente”, “cuando termine este proyecto”, “este otro”…
Comparto el pensamiento de Goethe al que aludes, y creo que hay un poder perverso en el espejismo de la libertad, uno que sostiene formas de resignación y desigualdad. Me parece que todo trabajador entusiasta aspira a desarrollar su práctica con plenitud, y dado que lo que suele encontrar es temporalidad siempre es aspirante a trabajos precarios que se les presentan como “premio” después de un proceso competitivo, una suerte de (auto)explotación que en tanto caracteriza a muchos, pasa desapercibida. Los recordatorios de cuán afortunados son quienes se dedican a una práctica creativa (casi siempre vocacional) es un mecanismo usado para conservar ese autoengaño de libertad que les mantiene mansos y productivos.
La cultura del usar y tirar
―En estos días en los que el desarrollo de la tecnología digital permite una conectividad constante y facilita el flujo de información, ¿puede decirse que, al mismo tiempo, dicha disponibilidad de acceso al mundo digitalizado ha propiciado una devaluación del trabajo creativo?
―La posibilidad de que todas las personas conectadas podamos crear y compartir lo que hacemos es transgresora. Pero, por otro lado, el exceso del todos creamos y hablamos al mismo tiempo provoca mucho ruido, también propicia formas rápidas de acceso y valoración del trabajo, más apoyadas en la caducidad y la celeridad que en la posibilidad de profundizar. La producción online se caracteriza por la actualización constante, la primacía de la impresión frente a la atención, la vida en presente continuo. Es tan habitual que el carácter desechable de ese trabajo termina por pasarnos desapercibido.
De hecho, Zafra aborda en El entusiasmo el tema de la precariedad “no solo en relación a la temporalidad y pobreza derivada de un contexto laboral y económico, sino como seña y riesgo de los tiempos que vivimos. La contemporánea es una cultura del ‘usar’ y ‘tirar’, caracterizada por la hiperproducción competitiva donde es fácil convertir al sujeto en producto y marca de sí mismo”. Así, la devaluación del trabajo creativo resultaría una consecuencia de este escenario.
El gran invento capitalista
—En el libro dices que la prisa es “uno de los grandes inventos capitalistas”, pero a estas alturas, ¿crees que es posible contrarrestarla, o frenar su hegemonía en nuestra vida?
—Es posible, tiene que serlo. Contrarrestarla es necesario, incluso diría que es urgente. Desconectarnos temporalmente, es decir, ser capaces de gestionar y recuperar el control sobre nuestro “tiempo” es algo imprescindible para las personas. De pronto nos hemos descubierto cediendo los tiempos de vida al trabajo, porque la época lo pide, porque la red lo permite… Y pasa que la prisa es favorecedora de las ideas preconcebidas (únicas que toleran la celeridad), aquellas que contribuyen a repetir el mundo. Visiones más conservadoras. Es un engaño que la velocidad por sí sola genere progreso. Si la prisa no implica reflexión e imaginación para pensarnos distinto, tenderemos a reforzar lo que ya pensábamos, a apoyarnos más en emociones, en sensaciones como esas rápidas que predominan ahora: gustar o disgustar, esas que venden “más y mejor”. Son dinámicas que nos acogen y arropan sin tensión ni conflicto, encajando bien en las lógicas capitalistas que han disfrazado los negocios en la red de espacio público. Que esto pase además en una época que tiende a devaluar el pensamiento lento propio del arte y la filosofía me parece preocupante.
“El entusiasmo sincero”
Considerando que buena parte de los trabajadores creativos asumen su precariedad, inmersos en una vorágine de sobreinformación, y entregados a la superficialidad impuesta por la inmediatez, se vuelve imprescindible reivindicar la profundización y un “entusiasmo sincero”, tal como lo explica Zafra:
“Allí donde lo que prima es la impresión y pasar epidérmicamente por las cosas, allí donde la concentración es una de las prácticas en crisis en la contemporaneidad, donde la lectura tiende a convertirse en un ‘surfear’ las palabras, la profundización se posiciona como un gran poder para el sujeto. El hacerlo favorece la conciencia de una existencia verdaderamente asumida, solo el pensamiento que acontece en los tiempos vacíos permite romper la inercia y frenar”.
El “entusiasmo sincero”, entonces, se convierte en “una potencia para quienes se dedican a la práctica creativa o intelectual, pero lo que se sugiere en el libro es que el sistema productivo tiende a convertir este entusiasmo en algo fingido cuando las personas se ven encadenadas a trabajos sin perspectiva de futuro”.
Por lo tanto, “sin tiempos de reflexión y fantasía se penalizaría toda ideación del mundo, condenándolo a repetirse. También se dificultaría cualquier agencia política capaz de señalar la injusticia desde la denuncia y la imaginación de nuevas tentativas. Si quien tiene ‘entusiasmo sincero’ se sabe libre y puede concentrarse y profundizar posee una potencia grande para sí mismo, pero también para la sociedad”.
Romper el círculo
De acuerdo con Zafra, “a un sistema hiperproductivo y competitivo como el actual le interesa mantener una implicación de los trabajadores dispuestos a hacer ‘más por menos’”, como una especie de “proletarios de la cultura”, de “nuevos pobres” que crean y “posan mientras crean”, enterrando sus entusiasmos en trabajos en “donde la carencia de tiempos para profundizar evita convertir la frustración en resistencia y crítica”.
Porque, además, “cuando lo que se hace es una ‘práctica creativa’ pareciera (nos dicen y nos reiteran) que en el ‘ejercicio de esta práctica va implícito un pago’, ‘qué afortunado eres por dedicarte a lo que te gusta’. Así se alude a ese valor que hace sentir especiales a los trabajadores creativos por preferir un ‘hacer’ frente a un ‘vivir de lo que hacemos’. A veces se explota la motivación; otras, la responsabilidad. Y me parece –enfatiza Zafra– que, en todos los casos, el sistema capitalista se vale de la disponibilidad de una masa de trabajadores creativos cualificados en lista de espera, dispuestos a trabajar por poco, gratis o, en ocasiones, incluso pagando ellos”.
─Pero ¿es posible romper el círculo vicioso en el que trabajar por puro amor al arte termina siendo una contribución a las condiciones actuales de (auto)explotación?
—Romper ese círculo exige un zarandeo ético de la sociedad. Porque es cierto que no basta con una toma de conciencia del trabajador (aunque ésta sea imprescindible como primer paso).
Sumando la “conciencia”, la “solidaridad” y la “imaginación” como “grandes aliadas”, Zafra propone la exigencia de “cuestionar al capitalismo en uno de sus pilares básicos, aquel que lo define como un sistema de intercambio que prescinde de vínculos morales entre personas”.
“Creo que estos vínculos son necesarios –explica–, en grados en los cuales tenemos que ser capaces de vislumbrar y testar con el pasado, para recuperar el compromiso por lo colectivo, la igualdad y la justicia social, reivindicando conciencia y ética en cada engranaje social, especialmente en quienes detentan el poder y acumulan la riqueza”.
Y en relación a un caso paradigmático de la ruptura de ese círculo, la escritora española menciona que “cada vez que la sociedad ha avanzado en justicia social ha habido una ruptura de una inercia; algo que ha sido transformado de manera significativa a nivel social lo ha sido antes a nivel personal, siendo después capaz de generar contagio”.
“Un ejemplo más concreto podría ser el del feminismo. Su alianza no solo habla de una reivindicación solidaria entre iguales, sino también de la denuncia del pago histórico de los cuidados y el trabajo doméstico con capital simbólico (cargado de similitudes con el ‘trabajo por amor al arte’). No sin motivo son las grandes precarias de la sociedad”.






