Conocí a Jaime Mesa una noche en Acapulco, cuando presentamos el fabuloso libro de Iris García, Ojos que no ven, corazón desierto (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2010).
Traducir un poema va más allá de traspasar palabras de un lenguaje a otro; esa experiencia de producción de sentido implica sacar un artefacto cultural de su engranaje para insertarlo en otro y tratar de hacerlo funcionar.
Por segunda ocasión, la ciudad de Durango será la sede de un espectáculo inusual, dentro del marco del Festival Internacional José Revueltas se realizará el Segundo Encuentro Nacional de Cajas Misteriosas, organizado por la compañía teatral “Colectivo Cuerda Floja”, fundado en el 2006 por José Ángel Soto y Ana Laura Herrera.
Septiembre, mes de la patria, mes de los antojitos mexicanos, mes para constatar el olvido en que se encuentran importantes acontecimientos históricos que han forjado la realidad hoy conocida como México; sucesos como la Guerra Cristera, según anotó el actor y director Alberto Ontiveros, en entrevista a dos días de haber estrenado Santa Sal de la dramaturga Conchi de León, el viernes 19 de septiembre, en el Centro de las Artes, localizado en el interior del Parque Fundidora de Monterrey.
Algo hay de cierto cuando digo te amo,
ya que no padezco de fenómenos generacionales:
Ni hippie ni tecnócrata ni revolucionario,
siempre —rayo fulminante— conservo en mis puños
el hematoma y la giba contra la falsa libertad
del pensamiento de protesta
No creo en la voluntad romántica del socialismo,
tampoco en la obvia travesía de los capitales,
aunque prefiero Cancún o Los Cabos,
ese título particular que dan las mujeres bellas
No quiero desmitificar la Conquista,
quedarme atrapado —contigo o sin ti—
en esa porción de ingenuo chantaje;
quiero romper a patadas o golpes
los agravios que dan fisonomía
a la historia que nos cuentan:
hacer perceptible, en cada orgasmo,
la sangre que como una nube de nervios
desciende por mi pecho
No puedo decir te amo sin dar, mínimo,
veinticinco panes amargos a los perros del alma;
no puedo desaparecer la sed que tengo con poemas
de agua dulce, mucho menos con el zumbido del río
a punto de desbordarse
Quiero la crueldad del niño que no tiene interés
por la vida, su falta de precaución, sus ojos aislados
del mar, lo que recorta y resguarda bajo una caja
de crayolas y no muestra a nadie por el riesgo
de convertirlos en aviones que caen
.