En los aparadores de las librerías apareció en 1923 La prisonnière, el tomo más reciente, en ese momento, de En busca del tiempo perdido —otras traducciones la presentan como A la busca del tiempo perdido—.
Nos bajamos en la estación Hidalgo de la línea 2 del metro, desde ahí tomamos Reforma y empezamos a caminar hacia Insurgentes, en sentido opuesto al flujo principal de la marcha.
Hace muchos años que no se veían lluvias como las que tuvimos este año, el verano volvió regular la lluvia de la tarde, como decía mi padre que fue en su infancia: mañanas frescas y soleadas en las que se juntaban las nubes que se oscurecían hasta que avanzaba la tarde y soltaban su carga.