A Jonathan Rico
—¿Sabe por qué se llama Rosario Castellanos la telesecundaria del rancho? —le pregunto a mi mamá mientras conduzco hacia el ejido la troca que no tiene radio, por lo que aprovecho para hacer conversación.
A Raúl Aníbal Sánchez y Ana Laura Magis
por el amor compartido por las buenas historias
Nuestras aventuras tienden a ser humildes y de dimensiones domésticas.
La nublada tarde del 4 de junio de 2024, el secretario general del Sindicato Nacional de los Trabajadores del INFONAVIT (SNTI) acudió con algunos de sus agremiados a las oficinas centrales de la institución en Barranca del Muerto 280, en la Ciudad de México; lo hizo para destruir la bandera del orgullo LGBT+ que, desde que comenzó la actual administración, se ha colocado en la fachada del edificio durante el mes de junio.
A Herlinda Talavera con profundo agradecimiento
Marguerite Yourcenar en Cuaderno de notas a las ‘Memorias de Adriano’ señala que toda novela es histórica —el novelista no hace más que interpretar, mediante los procedimientos de su época, cierto número de hechos pasados, de recuerdos conscientes o no, personales o no, tramados de la misma manera que la Historia— y, en efecto, visto así, aplicar el adjetivo histórico a la novela resulta tautológico —para nosotros, ciertamente, lectores en 2024, es histórico Don Quijote de la Mancha y el Genji Monogatari, lo son también En busca del tiempo perdido y Pedro Páramo, lo son Orlando, La más recóndita memoria de los hombres, Ellas hablan, Paradiso y La gente de July—, sin embargo, la ficción histórica se refiere a cierta recuperación del tiempo y del mundo interior de quienes lo vivieron —Yourcenar era muy consciente de ello, en nuestro ámbito Verónica Murguía acaba de lograrlo a través de El cuarto jinete—.