Supongo, como poeta, que entre mis miedos puedo contar la profunda inquietud que rodea la posibilidad de que un día se me revele que consagré mi vida a una imbecilidad.
I
Alguna vez me contasté que entre los tarahumaras hay algunos que siguen siendo gentiles, que no se han bautizado ni se deben bautizar y que el resto los llama gawí tónara, los pilares del mundo.
Esta es la cuarta entrega de una serie de publicaciones semanales donde, durante septiembre, estaremos presentando la obra poética, traducida del sueco por Petronella Zetterlund, de cinco autoras jóvenes.
Capítulo cuatro
Dentro de la esfera
—Prosiga —dijo Cavor, mientras yo permanecía en la orilla de la entrada del agujero, mirando al oscuro interior de la esfera.
La luna y la poesía
Mira abajo, despejada luna
Mira abajo despejada luna y lava esta escena,
Deja caer suave las mareas del nimbo de la noche sobre rostros cadavéricos, hinchados, púrpuras,
Sobre los muertos de espalda y sus brazos estirados,
Deja caer tu nimbo de invisible tinta sagrada luna
1865
Reconciliación
Palabra sobre todo, hermosa como el cielo,
Hermoso que la guerra y su carnicería con el tiempo se pierdan por completo,
Que las manos de las hermanas Muerte y Noche sin cesar lavan una y otra vez con gentileza este mundo contaminado;
Ha muerto mi enemigo, un hombre divino como yo está muerto,
Miro a donde yace pálido y quieto en el ataúd —me acerco,
Me agacho y ligeramente con mis labios toco el rostro blanco
en el ataúd
1865-66
Si leemos los poemas cortos reunidos de Whitman —en especial aquellas líricas breves en, digamos, Drum Taps o Sands at Seventy— nos daremos cuenta de que a menudo Whitman seguirá a un poema en el que no está presente con un poema del mismo tema en el que sí está presente.