Tierra Adentro

literatura mapuche

"Casas en Araucanía". Fotografía de Pablo Trincado, 2012. Recuperada de Flickr. CC BY 2.0
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Esta sería la historia de María Eulogia Huilquiruca, pero ella toda su vida pidió que le llamen Juan.
Fotografía de @carobrown, 2010. Recuperada de Flickr. CC BY-NC-SA 2.0
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Así nos separamos del dormitorio hacia el Wanglen, ¿cómo decir todo lo que está esparcido? nos separamos con el rocío de los arbustos, también codornices unas sobre otras cebadas que parecen colas de mujer, a veces las velas se apagan para los muertos y las olas se acaban para el agua, se llevará a otro con ella como marca del sol por mi ventana o puerta en constelación de lükay donde cuelgan ranas cargadas de orina .
Carrera de galgos, 1925. Recuperada de KUTXA patrimonio cultural. Imagen de dominio público.
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Los rayos solares proyectaban sombras en el pavimento.
Reserva Mapuche. Fotografía de Natalia Duarte, 2012. Recuperada de Flickr. CC BY 2.0
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Waria ngillatuwe Tami fot’üm inchiw may ta konfun.
Fotografía de Z. Andrzejewski, 2017. Recuperada de Flickr. CC BY-NC-SA 2.0
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Rukan o nace una ruca (candado de poros y sales) La araña como todos se debe enseñar sin su completo esqueleto, con el cerebro de un cerro al encuentro de las aves, en un bocado de sal con sus ojos de platillo, que se agazapa en un empedrado en desnivel, sin manos para flamear la araña aprende su nombre y el de gigantes enredaderas con su colmillo lustroso afila patrias resecas en el vientre de polillas barbadas, descansa del día se enjuaga como lo hace un remo Todas las arañas no caben en el sueño a veces reducen rocas con su lamentosa escarlata necesitan de musgos, sepias y arroyos para finitos puntos de malabarismo La araña construye su hogar hacia el sur en el mismo llavero sucio donde bautizaron el cerco sobre reflectores y chiqueros de luz apagada Ciclo estacional A la waria vienen a morir los árboles (marcas de nacimiento) el fango se alimenta de trillas entre los ojos donde el aire vive transparente, atesora restos vegetales y carne de lombriz no olvido mis pómulos altos madre morena festeja calambres en los tallos su interior pare pigmentos latiendo rojos chuzos En primavera permanece de pie soltando baúles, oye a los gallos crecer bajo las piernas de un cementerio abrigando hormigas Era menester de las hojas palidecer el invierno sobre pesada neblina era menester cuando el cobarde regañaba a su manera el domicilio con aves migratorias nuestra respiración champurria nuestra saliva como nata en el foye su llanto parece ronco mientras.
Fotografía de Andrea D'Angiolo. Recuperada de Flickr. CC BY-NC-ND 2.0
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El anciano mapuche abandonó la ruca con destino al pueblo.
Marcha mapuche, 2015. Fotografía de Esteban Ignacio. Recuperada de Flickr. CC BY-NC-ND 2.0
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Beatriz González Vilches Porque no se sabe si es Dios o el Diablo quién carga  el arma y el Diablo llama al miedo al corazón y Dios llama a la          devoción a la locura y se prenden dentro tuyo todas esas cosas tan infinitas  llenas de dedos y balas y era yo toda la hermosa de mi familia y era yo toda la cuna de mi chiquita con dos estrellas encendía mi casa que soy yo, una casa? una casa que era yo anidando ahora me veo gusanillos hormigas, chanchitos de tierra espigas brotes pájaros y tierra dentro de las orbitas de mis            huesos la pelvis se llenó de arenilla y terrones en una casa  des armada.
Bandera Mapuche, 2012. Diego Martin. Imagen recuperada de Flickr. CC BY-NC-ND 2.0.
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La literatura mapuche contemporánea se ha configurado, durante las últimas décadas, como un espacio de cruce, tensión y diálogo entre memorias ancestrales, experiencias urbanas, desplazamientos territoriales y problemáticas políticas y sociales que atraviesan al conjunto de las sociedades latinoamericanas.