Tierra Adentro
"Casas en Araucanía". Fotografía de Pablo Trincado, 2012. Recuperada de Flickr. CC BY 2.0
“Casas en Araucanía”. Fotografía de Pablo Trincado, 2012. Recuperada de Flickr. CC BY 2.0

Esta sería la historia de María Eulogia Huilquiruca, pero ella toda su vida pidió que le llamen Juan. Entonces, esta es la historia de Juan Huilquiruca Canio.

—Nací en época de siembra, con la primavera recién preñada de flores de arvejas, en mi propia casa— contaba Juan Huilquiruca, reconocido yerbatero de la comunidad de Llegkowe y dirigente del sindicato de recolectores de orilla del mismo sector.

Lo conocimos porque se nos había encomendado levantar información sobre todas las organizaciones lafkenche activas. En cada encuentro, Juan nos recibió con amabilidad. Solía esperarnos en su paradero, vestido con terno, camisa, bastón en mano y siempre acompañado de su perra la Chupacabra. Nos guiaba cerro arriba hasta su casa verde, ubicada en lo alto del cerro Pil-Pil, casi al lado de las nubes. Allí vivía, rodeado de flores que él mismo había plantado “para que le hicieran compañía”. Desde esa altura, Llegkowe mostraba toda su belleza, un continente sembrado de agua, y delineado por musgos, chilcos y manilas por donde se le viera, un lugar poco habitado, que estacionalmente se convertía en el espejo de garzas y gaviotas migrantes. En donde los pocos vecinos, eran todos de alguna u otra forma familia. Juan tenía edad avanzada y una vieja cojera que lo acompañaba desde niño, pero caminaba con la espalda tan recta que no demostraba fragilidad alguna. Él había vivido toda su vida en Llegkowe, lugar donde nacen las aguas.

Un día, con mucho respeto, le pedimos el carnet para sacarle una foto e intentar postularlo a algún beneficio estatal. Cuando por fin nos lo pasó, lo primero que notamos fue que estaba muy vencido, era de esos antiguos, que se entregaban en blanco y negro… Lo segundo, que el nombre decía “María Eulogia Huilquiruca”. Le preguntamos si, tal vez, se había equivocado y nos había pasado el documento de su hermana o de otra persona. Juan sonrió levemente, y con un tono de voz muy serio, respondió: —No, sí soy yo. La misma, por eso escondo esa hueá de carnet. Pero ustedes tienen que decirme Juan no más. Ya, listo, hablemos de otra cosa—. Y así mismo fue.

Durante mucho tiempo, Llegkowe, gracias a su lejanía, permaneció oculto de los prejuicios occidentales. Por eso, Huilquiruca tuvo el tiempo y el espacio para crecer y formar su identidad en la libertad que su gente le ofreció. Huilquiruca creció como una flor de quintral, oculto entre la verde cordillera de la costa, trepando con el sol por el oriente y durmiendo con las algas por el poniente.


Autores
Sara Aucapan (1996). Nacida en Osorno, habitante de Rahue, es educadora ambiental y tradicional mapuche en diversos contextos educativos. De profesión, Ingeniera en Administración de Empresas, de la Universidad de los Lagos, y Profesora en Enseñanza Media Técnica de Especialidad, de la Universidad Austral de Chile. Es creadora de los talleres “Semillas de Poesía”, impartidos en colegios y espacios comunitarios, y autora del poemario ilustrado ASRKUNKO. Lo que dejan las mareas, escrito en español y chezungun. Ha publicado en las antologías de mujeres escritoras Fuego y aire. Once autoras, y poetas mapuche y El tejido poético de Wallmapu, y ha sido ganadora regional tres veces del concurso literario Historia de Nuestra Tierra.