Poemas: Beatriz González Vilches, Nosotras, Despedida
Beatriz González Vilches
Porque no se sabe si es Dios o el Diablo quién carga
el arma
y el Diablo llama al miedo al corazón y Dios llama a la
devoción a la locura
y se prenden dentro tuyo todas esas cosas tan infinitas
llenas de dedos y balas
y era yo toda la hermosa de mi familia
y era yo toda la cuna de mi chiquita con dos estrellas
encendía mi casa que soy yo,
una casa?
una casa que era yo anidando
ahora me veo gusanillos hormigas, chanchitos de tierra
espigas brotes pájaros y tierra dentro de las orbitas de mis
huesos
la pelvis se llenó de arenilla y terrones en una casa
des armada.
Porque no se sabe si es Dios o el Diablo quién carga
el arma
y el Diablo llama al miedo al corazón y Dios llama a la
devoción a la locura
no sé si fue el calor o la rabia de febrero
de saber sobre el otoño cercano.
Pero si usted me pregunta que es morir no lo sé,
yo estoy tan llena de vida de vida.
Pero si usted me pregunta con dieciséis años que podría
decir de vivir?
mi casa de antes era muy parecida
a esta, pero con menos arena y bichitos y tenía una hija
un hijita de carne y pulsos y una casa des armada.
Porque no se sabe si es Dios o el Diablo quién carga
el arma
y el Diablo llama al miedo al corazón y Dios llama a la
devoción a la locura
sabe yo nunca fui la enamorada de Dante y nunca existió
un paraíso
y las niñas que se vinieron conmigo confiamos a las vivas
nuestras crías
bestias cuidaran de las quedamos
y yo seré eternamente el fantasma en la mano
siniestra del que vive en el calabozo en un eterno verano
de espanto
y yo seré eternamente el fantasma en la mano
siniestra del que vive en el calabozo
porque con 16 soy el recuerdo terrible de que las armas
las cargan los enamorados
porque con 16 conocí los círculos de los infiernos en una
casa des armada
porque soy Beatriz González Vilches de Rengo y supe
quién carga las armas
desde mis raíces de tumba murmuro estos versos.
Nosotras
Deberíamos mirar hacia atrás
¡mirar hacia atrás, hacia todos los puntos¡
todos esos puntos con sus ojos y sus dirán,
porque desde que sé, todo siempre se hizo sal
o pecado o vida
a la mirada de los hombres.
Los cardos, la lágrima y esas pequeñas flores del canto
las esporas, la totora que se tejió a nuestro ver.
En una partícula de la quila crecida,
en la coronilla de la divina misericordia se indicó
al pecho de la Virgen, a los pies amarrados de las niñas
en los muñones de las que robaron de mentira,
que todo sería sal que todo sería nada
por tocar con nuestros ojos el paisaje.
Ahora mientras rezo estas palabras y se invoca
a las almas de las que nos amaron
no mirar hacia atrás se borró de los huesos de nosotras.
Deberíamos mirar hacia atrás
¡mirar hacia atrás, hacia todos los puntos!
todos esos puntos con sus ojos y sus dirán
porque desde que sé, todo siempre se hizo sal
o pecado o vida
a la mirada de los hombres y de aquellas mujeres del miedo.
Ahora mientras invoco los nombres de las que no están
me vuelvo urco o paloma, flecha o caricia
y soy libre de caminar hasta las crestas grandiosas
o de posarme en la gota de sudor que se apaga en tu ingle
mirar desde ahí siendo la absoluta la más poderosa
el acanto dulce o ese veneno delicado.
Por eso ahora mientras invoco los nombres de las que no están
me vuelvo me vuelo yo en los cuatros puntos
en mi pecado o en mi vida
lejos de la mirada de los hombres y de aquellas mujeres del miedo.
Despedida
En los pastizales duros, esos de chépica rasposos
dese pasto que corta la carne al jugar,
en ese monte despierto yo mujer sobre un vacuno,
el rey de las pezuñas plateadas que se duerme callado
y agacha la cabeza ante Dios para dormir,
yo mujer, despierto en la panza caída de mi amor rumiante.
Se ha rendido antes de la tormenta que cubre a mi azabache,
ni moscas ni grillos acompañan este velorio soy yo solita
ahora, la que ve dormir a mi vacuno negro al galano de mi laberinto
y pienso sobre su abdomen que se viene el cielo tan oscuro,
que el pasto se tornó quemado y me puse más morena
y luego más pálida alguien alguno venga hay que cavar un foso
con tal hondura donde entre mi hermoso y mi amor.
Se acerca el viento con sus nubes, pero no nos movemos
lágrima y gota se despiden,
que enorme se volvió mi amor para cubrir su muerte
alguien alguno venga con hondura a cavar un foso,
el viento viene pero no nos movemos aún estamos desahuciándonos?
que pestañas más quietas y pezuñas más brillantes
no hablo de sus ojos que ya no miran más que cielo.
Los vacunos rojos de las pesadillas se han llevado a mi cariño
mi pelo enredado en cuernos se tejen como riendas,
hay que liberarlo dice la tormenta he sacado mi cuchillo
y a ras de mi cuero lo he cortado como todo lazo a
este enamorado en este pasto rojo
porque la muerte
quema donde se posa la vida
y otro canto en otra
parte ya me ha dado.




![Poemas: <small>Waria Ngillatuwe, [sin título], Nütram</small> Reserva Mapuche. Fotografía de Natalia Duarte, 2012. Recuperada de Flickr. CC BY 2.0](https://tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com/wp-content/uploads/2025/12/7522547696_9fbf2fc699_o-326x132.jpg)