Tierra Adentro

Futbol

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Nuestra jugada   Éramos los últimos quisimos participar pero nos escogían al final cuánto miedo nos dio un simple balón cuando nuestras cabezas eran su portería estúpida pelota se salía de la cancha y llegaba a nuestros pies como pensando por sí misma invitaba enloquecer divina justicia para anotar como los demás pero no la pateamos ni el odio ni la bolita regresamos porque todo el mundo sabía antes que el espejo resplandecimos mientras ustedes se reprimieron extraterrestres heridos devolviendo flores ilógicos creemos poder abrirnos cancha soñamos crecer deprisa para retumbar en festivales nos engañamos tanto que no pasaba nada ese marcador jamás contó nuestras patadas nos quieren en la banca el resto de sus vidas ya no van a tenernos de rodillas sabemos que el árbitro miró hacia otro lado cuando nos estaban matando no tenía que ser así pero sigue pasando llegó el momento de cancelar el partido las movidas snob ya no cuentan ni en la vida hay tiempo extra al final son ustedes quienes consumen nuestros materiales repiten las frases que ya dejamos de usar qué más da si son malos perdedores no esperamos ganar su juego celebramos el orgullo a diario no cada cuatro años escondernos hoy ya está fuera de lugar el viento cambiará de bando se llevará cada palabra de su porra pueden seguir retando mi equipo son mis hermanes protestando hasta el pasto de ustedes se defiende como nuestras alas al ser cortado cuántas marchas caben en un estadio hoy somos los entrenadores paguen su entrada espectadores la goliza de sus vidas está por comenzar.
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Ojo de agua  II Fuimos al ojo de agua con la mano probamos un poco qué dulce era en la boca había rumor de piedras en su húmeda orilla  nos penetramos fue dulce igualmente  en tiempo cálido plumaje había no viento la boca se me resbalaba  en tus labios se reunieron sus pedazos fue ligera luz sobre mis párpados parecías  hoja de ocote  tendida en los guijarros bebiendo directo del afluente sobre el día  con la corriente de plumas piedras cálidas tiempo de tierra rumor de luz qué claro fue para mí que a eso le llamáramos el amor.
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Fútbol Siempre me gustó quedarme atrás ser el corredor de fondo cuando el balón se deshacía pasando en el asfalto de la rodilla al pie quedarme a la orilla del mundo de la cancha mientras los demás gritaban gol y se alzaban las playeras dejando descubiertas sus espaldas mirar la lluvia resbalar y las rodillas empapadas los charcos como reflejos del cielo y las nubes un pase perfecto que hace llegar de nuevo al gol su redondez de pecho de bola que salta bardas y toca puertas de reloj y medio tiempo y el tú no puedes jugar cruel de los equipos que dividen en dos y el yo juego en mi casa todo el tiempo pero tu casa no es el parque ni la calle ni el patio ni la escuela a veces ni la casa solo el cuarto secreto o el ropero a veces una llave pintada de amarillo un tragaluz de los deseos no sigues las reglas ni entiendes tampoco posiciones el centro de todo para ti es otro centro aún sin nombre y futuro dicen que para saber de fútbol primero hay que entender el fuera de lugar y yo y mi cuerpo sabíamos de eso mirando a los chicos pasarse la pelota   Municiones Todas las tardes salimos por el patio cruzando el alambrado de púas un pie el otro por el terreno baldío descalzos y el rifle de postas al hombro y la soga con la que intentamos una vez más lazar la yegua aunque.
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Solo besas la cruz cuando anotan gol o te vienes en mí.
Ara y bandera, fotografía de Brenda Macías
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Mientras el escalofriante sonido de la fresa tallaba los dientes de su padre, Ara, una niña de ocho años, permanecía pegada al ventanal del consultorio de la calle Indiana en la colonia Nápoles, de la Ciudad de México.
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El asunto está en la mirada, me digo, y pienso en Terenci Moix.
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“El futbol es otra homosexualidad tapada” (Pedro Lemebel, “Hablo por mi diferencia”, 1986) Un balón arcoíris rueda en la cancha a toda velocidad, el cañonazo lo impulsa directo hacia la portería.
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A las ciudades las distinguen sus espacios de convivencia.