Tierra Adentro

Lázaro Izael

(Saltillo, Coahuila, 1997). Es autor de Crianza Natural (2026), Spleen Mexa (2025), Mamá, el campo (2023), Matunuk, 1950 (2024), Envilecidas como hienas miramos la espesura de ese cielo (2019, 2023) y el libro para las infancias Gallo, el planeta estalla (2024). Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2025, el Vigésimo Premio Hispanoamericano de Poesía para las infancias 2023, el VIII Premio Iberoamericano de Poesía Joven Alejandro Aura 2022 y el Premio Nacional Dolores Castro 2019. Su primer largometraje Gallineta está en desarrollo.
Portada de "Spleen Mexa", De Lázaro Izael. Colección Tierra Adentro, FCE, 2025.
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INSTANTÁNEAS   Nothing gold can stay ROBERT FROST   después del sol qué lindo es el nublado el misterio del gris entre los árboles y esa opacidad de gema preciosa que tiene la tormenta en la que aún moviéndose todo se apacigua y se concentra en la espera del relámpago DIANA BELLESI     TODO ES FUGA   Era el mes que se abre como un caleidoscopio extendido sobre lo que siempre se oscurece algo así como la noche densa que se grapa a mi costado mi cuerpo se alarga y extiende un campo que repta como repta la oscuridad sobre los pueblos al interior iluminados sólo por la luz abejorro de la tierra, Margarita esa luminosidad de las piedras que se mueven alrededor de la casa donde la casa se adormece y escabulle en esa batalla del contraste en los rincones siento la euforia de la danza del sopor que adormece los miembros y nos devuelve siempre adentro de nuestros ojos como si la oscuridad nos acechara incluso al mediodía o en su volver eterno hacia la noche sobre el campo, en el desierto y una casa familiar abandonada por un dios por sus cortejos una tierra augusta y mi casa la de adobe derruido esa isla de mí en mí donde me extiendo y evaporo es otra forma de redondear la sangre de caber sobre el pueblo al interior y abandonado de la mano sí, de un dios que no mira esta provincial manera de estorbarme de añorar un campo abierto y la nostalgia al tuntún de la sierra, Margarita de los brazos que se tumban lanzados en súplica a unos hombros esa desesperación por encontrar algo lo que sea que nos sostenga y esta noche tan cosida a mí como yo mismo a mis brazos es roja y el color reclama el recuerdo una aurora y te hace andar tropezándote en esa oscuridad densa acompasada como sólo en los pueblos puede ser frente al azul como el nombre Stephania y es tan oscuro este lugar donde te hablo tan cercano a mí como una casa   Isla: este espacio donde todo se me va como una fuga de gas inflamable   del abrir de brazos sobre la noche y todo eso sabes tú que me oscurece   me aterra todo, Margarita es así que me.
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Fútbol Siempre me gustó quedarme atrás ser el corredor de fondo cuando el balón se deshacía pasando en el asfalto de la rodilla al pie quedarme a la orilla del mundo de la cancha mientras los demás gritaban gol y se alzaban las playeras dejando descubiertas sus espaldas mirar la lluvia resbalar y las rodillas empapadas los charcos como reflejos del cielo y las nubes un pase perfecto que hace llegar de nuevo al gol su redondez de pecho de bola que salta bardas y toca puertas de reloj y medio tiempo y el tú no puedes jugar cruel de los equipos que dividen en dos y el yo juego en mi casa todo el tiempo pero tu casa no es el parque ni la calle ni el patio ni la escuela a veces ni la casa solo el cuarto secreto o el ropero a veces una llave pintada de amarillo un tragaluz de los deseos no sigues las reglas ni entiendes tampoco posiciones el centro de todo para ti es otro centro aún sin nombre y futuro dicen que para saber de fútbol primero hay que entender el fuera de lugar y yo y mi cuerpo sabíamos de eso mirando a los chicos pasarse la pelota   Municiones Todas las tardes salimos por el patio cruzando el alambrado de púas un pie el otro por el terreno baldío descalzos y el rifle de postas al hombro y la soga con la que intentamos una vez más lazar la yegua aunque.