En cuanto terminé de leer el libro, anoté lo que sigue: si mi familia se derrumba, espero que lo haga con el mismo encanto, con el mismo afán poético, con el mismo estruendo insólitamente bello que se reproduce en esta obra.
Sin tapujos, entre la inocencia y el asombro de quien tiene 13 años de edad, Andy le narra directamente a la audiencia lo que sucede cuando viaja desde la escuela en Santa María la Ribera hacia su casa en Ecatepec, en el último vagón del metro de la Ciudad de México.