Razón doméstica y otros poemas
RAZÓN DOMÉSTICA
Vengo de doblar el día
espantar las moscas de la cocina.
Recojo la noche sin hacer ruido
por costumbre
así me repito
como el Avemaría sobre los muertos.
Seco las manos de la bata una y otra vez
como mi madre
les lleno de manchas que no curan
a la altura de las caderas.
Vengo de perfumar la casa con sahumerios
para espantar el olor viejo de los rincones.
Vengo de la seña aprendida
de tirar la toalla y recogerla
del monólogo de quejas
de asumir la culpa
de abrir las piernas
esperar a ver qué pasa.
La mañana siguiente huele como todas:
a café.
UN DÍA NO
Mi abuela María no habló de amor
En sus manos una oración para las ranas
una canción para curar helechos.
Orinaba de pie
comía con las manos.
Techo de Palma por cielo,
las estrellas parecían demasiado lejanas.
Con el mismo barro que la hizo
fabricó una casa con olor a bosque.
Pan caliente a la boca de todos
una vez entero
otras dividido
cocido hasta el centro con el fuego de Prometeo.
Mis abuelas se quedaron con lo amargo de la yuca,
lo demás fue a la mesa.
Indias de Terrón y paja seca,
sin más letras que las de sus nombres.
Mi abuelo le hizo un vestido de golpes.
Ella
María
hembra
Nunca supo cuando fue mujer
él se lo dijo
los hijos (también)
se lo dijeron.
Ella
pecho de candelabro
ojos de fogón ardido
aceptó las fronteras de su cuerpo como mundo.
Un día no
se quejó tarde
cuando la casa quedó
sin ella y sin nosotros.
MUJER QUE CAE
Mujer que cae mil veces
desde todos los pisos
desde el vientre de la madre.
Incluso
desde antes
hace tiempo que caemos
hermanas.
Hasta cuándo este plato de vértigo a la boca
estas alas de cenizas
cayendo como un polvo de libélulas.
Ella cae
aquella cae con el peso de todas las lenguas
todas caemos
como bombas mal hechas
ninguna detona en el silencio
se nos enfría la mecha en la mitad de nosotras.
Caemos
desde las pantallas
nos empujan
desde los balcones de la ley
los noticieros
los más altos escalafones.
Nos empujan desde nuestros pies
desde el tobogán de amor
desde la cama
desde el clímax de nuestros cuerpos obsolescentes
desde las iglesias
desde los techos de cristal.
Una mujer cae
choca en cada milímetro
todo el vacío es pavimento
una roca
una enramada
un filo que nos desangra la memoria
todo golpe contra él nos deja más deformes.
Y así,
seguiremos cayendo
y no hay grito en el vacío que nos salve
ni cárcel para tanta culpa
seguiremos cayendo si no aclaramos
que no caemos
sino que nos arrojan
nos matan, Entonces,
habremos de burlar los precipicios
zurcirlos con el hilo de la voz conjunta
haremos con fuerza las junturas
en el aire fracturado por nuestras hermanas.
Nos haremos dueñas del vacío
y caeremos,
esta vez sí, por nuestro propio peso
como la lluvia
desde lo más alto
de un cielo sin Dios y sin verdugos.
Caeremos
sin soltar las armas
como ejército
en combate.




