Tierra Adentro
Fotograma de "El Señor de los Anillos".
Fotograma de “El Señor de los Anillos”.

Hasta hace poco, un palantir era un objeto producto de la imaginación del escritor británico J. R. R. Tolkien. Los palantiri, en plural, eran piedras mágicas capaces de mostrar sucesos lejanos a quien las tuviera en su poder. Hoy, en medio de la escalada bélica en Medio Oriente y Europa Oriental, así como de las redadas antiinmigración del gobierno estadounidense, estos objetos imaginarios se han materializado e, igual que en la ficción, su uso amenaza la vida de las personas.

En el universo de Tolkien, los palantiri nacieron como objetos “inocentes”. Ocho piedras repartidas por toda la Tierra Media servían a la comunicación del Reino de Elendil. Después de guerras y ocupaciones, la mayoría de las piedras se extraviaron; a excepción de tres: una quedó en poder de Saruman, el mago blanco; otra llegó a manos de Denethor, senescal de Gondor, y una más fue capturada por Sauron, el principal antagonista en la trilogía de El Señor de los Anillos. El palantir es el medio por el que Saruman cayó bajo el dominio de Sauron y fue también una de estas piedras la responsable de que Denethor desesperase frente al inminente asedio de Gondor.

“Sólo Sauron utilizó una Piedra para la transferencia de su voluntad superior, con el fin de dominar al observador más débil, forzarlo a revelar sus pensamientos ocultos y someterlo a sus mandatos”, escribe Christopher Tolkien, hijo del autor británico, en un ensayo sobre los palantiri, contenido en el libro Cuentos inconclusos.

Pese al aparente sarcasmo que sugiere, el nombre no fue casual cuando, en 2003, Peter Thiel y Alex Karp fundaron Palantir Technologies. La promesa fue clara: ver más que nadie, procesar más datos que nadie y anticipar los movimientos de enemigos y aliados por igual. Otro nombre irónico, Gotham, fue el que eligieron para su primer producto. 

Lanzado en 2008, Gotham ha servido como una plataforma de análisis de datos que permite visualizar relaciones ocultas para el ojo humano en grandes volúmenes de información. Gotham ha ayudado a las fuerzas ucranianas a integrar datos de drones, satélites y sensores en el campo de batalla; ha facilitado operaciones de perfilamiento y ataques selectivos del ejército israelí en contra de la población de la Franja de Gaza, y ha sido usado para perseguir y detener migrantes indocumentados en Estados Unidos. 

Como los palantiri, Gotham y otros servicios de Palantir no han sido “nunca objeto de utilización y conocimiento corrientes”; por el contrario, estas herramientas casi mágicas también son custodiadas “en muy altas torres” y solo tienen acceso a ellas “los reyes, los gobernantes y los guardianes”, otra forma de decir ejecutivos de empresas tecnológicas y directivos de agencias de inteligencia.

Dominación

Palantir Technologies es un producto inmediato de la Guerra contra el terrorismo. Fue fundada por Peter Thiel, Alex Karp, Joe Lonsdale, Stephen Cohen, y Nathan Gettings, en las postrimerías del 11 de septiembre de 2001 y en medio de la invasión de Estados Unidos a Irak. 

Pese a que los primeros intentos por conseguir financiamiento fueron infructuosos, Thiel, tecnosolucionista, cercano al presidente estadounidense Donald Trump e impulsor del libertarianismo radical de derecha, y Karp, jurista de ascendencia judía con ideas supremacistas sobre el modo de vida occidental, consiguieron levantar una ronda de financiamiento por 2 millones de dólares del fondo de capital de riesgo In-Q-Tel, administrado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Esa inversión convirtió a la startup en un negocio atractivo para otros inversionistas.

“Yo no pienso en términos de ganar y perder; yo pienso en la dominación”, dijo Karp en una entrevista de febrero de 2025 en la que el entrevistador, el columnista del New York Times, Andrew Ross, le pregunta acerca de lo que piensa sobre el hecho de que, en términos geopolíticos, China supuestamente estaría de acuerdo con que Estados Unidos lidere el mundo y no con que el país de América del Norte sea “el ganador del mundo”.

Si su propósito más bajo, según él mismo lo describe, es punitivista y cruel: “Me encanta la idea de conseguir un dron y rociar con orina ligeramente mezclada con fentanilo a los analistas que intentaron engañarnos… y a otros”; su propósito mayor es abiertamente imperialista: “Para lograr que esta nación sea la potencia preeminente del mundo porque, cualesquiera que sean nuestros defectos, no se parecen en nada a los de los demás”.

En esta lógica, Karp encarna la caída de Saruman bajo el dominio de Sauron, mientras que Thiel personifica la consolidación de Sauron en un ente material. Ross Douthat lo define como el intelectual de derecha más influyente de los últimos veinte años. Alérgico a las universidades, Thiel es un transhumanista. Desde hace más de una década, está convencido de que la transformación industrial se ha ralentizado. Exceptúa, por supuesto, su campo de acción. La transformación digital, las computadoras y el internet no siguen esta tendencia. Es también, por tanto, un tecnosolucionista. Piensa que la ciencia y la tecnología tienen la capacidad de resolver los problemas de la humanidad.

Es fácil hablar de riesgos cuando no se corre ninguno. Thiel apuesta por el súper tecnólogo que, si bien reconoce los riesgos de tecnologías como la inteligencia artificial, la biogenética y la exploración espacial, calcula que vale la pena correrlos. Por supuesto, no piensa en atender problemas urgentes, como el hambre, la guerra, la desigualdad, la pobreza o la falta de acceso a servicios básicos, sino que busca la inmortalidad, la colonización marciana, la singularidad entre los hombres y las máquinas, y la seguridad definitiva.

Karp es un hombre secular y carismático. Thiel apoya su pensamiento en la religión judeocristiana y da la apariencia de ser alguien nervioso e introvertido. Karp es pragmático, Thiel es fundamentalista. Karp busca seducir a sus discípulos, los palantirians, mostrándose como un rebelde; Thiel apela a la tecnología como una de las vías para que el ser humano regrese al paraíso del que fue expulsado. 

El anticristo tecnológico

Pese a sus diferencias, ambos fundadores de Palantir se apoyan en un principio resabido del conservadurismo: el fin justifica los medios. Mientras que Karp argumenta que es necesario formar alianzas con quien representa una contradicción ética para la propia empresa; Thiel nos advierte contra el anticristo del siglo XXI: el ambientalismo, la regulación y el levantamiento de un Estado global totalitario.  

“En en siglo XVII, puedo imaginar un tipo de persona como Edward Teller en Dr. Strangelove conquistando al mundo. En nuestro mundo, es más probable que sea Greta Thunberg”, dice Thiel en entrevista con Douthat.  

De la misma forma en que Thiel apunta el dedo hacia Greta Thunberg y no hacia Benjamin Netanyahu, Palantir rechaza que sus productos sean utilizados en el genocidio que Israel comete en la Franja de Gaza. No obstante, la firma decidió celebrar su fiesta de Año Nuevo, en enero de 2025, en Tel Aviv, al mismo tiempo que exhibía su posicionamiento en la red social X: “We stand with Israel” (Nosotros estamos con Israel). La precisión de los ataques en contra periodistas y personal médico hacen dudar que la tecnología de inteligencia artificial de Palantir no esté directamente involucrada en el genocidio palestino.  

En el universo ficcional de Tolkien, los palantiri son objetos habilitadores, instrumentos mágicos que provocan transformaciones en los personajes y en el curso de la historia. De manera similar, los servicios que ofrece Palantir son determinantes en el acontecimiento no solo de los conflictos bélicos en Gaza y el Donbass, sino en el transcurso de la vida de ciudades como Berlín o El Paso, en las que este modelo de vigilancia ha llegado para quedarse.

Es probable que a muchos les resulte pueril realizar una comparación entre un libro de fantasía publicado en la primera mitad del siglo XX y la cultura detrás de una tecnológica estadounidense del siglo XXI. Y es que esta puerilidad no es casual. Va a tono con los ideales de una camada de hombres anglosajones que buscan revivir las fantasías futuristas que vivieron durante su infancia, en las décadas de 1950, 1960 y 1970.

Dominación, anticristo, singularidad, colonización marciana, inmortalidad sirven como conceptos que revisten las iniciativas de estos señores de la tecnología como épicas heroicas y futuristas, cargadas de gadgets, hackers y masculinidad. El problema es que esas fantasías suponen sendas dosis de una crueldad implementada a través de una ideología que utiliza la supremacía y la superchería religiosa para justificar el perfilamiento, la persecución y el exterminio de sociedades enteras que no podrían caber en una imaginación cándida como la de los fundadores de Palantir.