Ja’: los sonidos del agua
No’onba yok ja’
kä bixán
kä k’ay
tan nap’.
Soy arroyo
que lleva
mi canto
al mar.
Domingo Alejandro Luciano, Yok ja’/Arroyo
Ja’: agua.
I
De los sonidos que he escuchado, que alcanzo a reconocer y puedo nombrar, me resulta asombrosa la composición sónica que el agua adquiere según su fuente: la musicalidad de un riachuelo que golpea tenuemente con las piedras. La caída de una hilera delgada sobre un pozo. La ferocidad de una cascada que suelta enormes borbotones al tocar el suelo. La llovizna que se escurre en las tejas de la casa. Las olas que tocan los bordes de la arena. Cualquiera que sea me provoca cierta quietud, cierro los ojos para que mi atención se disponga a la escucha. Entonces, siento.
El sonido es capaz de suscitar un estado anímico y emocional en las personas. Según sea la fuerza del agua es la intensidad sonora. Cada cosa que escuchamos se convierte en experiencia. Por ello las resonancias del agua generan distintas reacciones. He conocido a personas que la presencia de la lluvia les produce tranquilidad, mientras que a otras les genera angustia. Lo mismo sucede con el mar, pues hay quienes les parece un sonido terapéutico y relajante; y para otros una experiencia agobiante. No hay universalismos ni homogeneidad en las reacciones. “Fluir como el agua”, en tanto metáfora de dejarse sentir, no puede tener la misma valencia para toda la gente. El sonido guarda una íntima correspondencia con nuestros sentires.
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Decir en tseltal K’in ja’al es referirse a la “llovizna”, pero el significado de las dos palabras también sugiere una interpretación: k’in, fiesta; y ja’al, lluvia/agua. ¿Es acaso la llovizna la fiesta que el agua tiene antes de su arrojo?
II
En mi infancia solía caminar dos horas con mi padre para llegar de visita a la casa de mi difunta abuela Antonia. Cruzábamos varias veredas y un puente colgante muy extenso, que estaba sobre el río Chacte’. Antes de llegar a ese punto, mi corazón se agitaba, tenía la idea de que podría caer si alguno de los escalones del puente se rompía. El río descendía con mucha fuerza, arrastraba grandes piedras de color turquesa, parecía una especie de cielo. Al cruzar evitaba ver hacia abajo, lo hacía despacio. La corriente era estrepitosa como si un enjambre zumbara en mis oídos. Puedo recordar que pensaba en la comida de mi abuela o en Pachanga, su perro, que se alegraba al verme llegar. Pensar asustaba mi miedo. Así atravesaba el puente colgante. Mucho tiempo después la gente lo desmontó y construyó uno de concreto por donde comenzaron a pasar los carros. Nunca más volví a caminar en aquel puente. Desde entonces, cada que paso en la carretera, le digo a mi padre que se estacione para ver y escuchar el río. Al oírlo, en automático, vuelve la imagen de mi abuela. Ella sabe a río, el río es la voz de mi abuela.
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En distintas partes del mundo, los ojos de agua son considerados seres y espacios sagrados. En los pueblos tseltales los sit ja’etik, “ojos de agua”, son venerados cada tres de mayo, en la fiesta de la Santa Cruz. Al agua se le canta y danza, se le lleva música. El agua oye al pueblo y él agradece con las miles de gotas que caen del cielo.
III
“Suja me aba, tatil, xwo’et tal ja’al. Apúrate, hijo, la lluvia viene sonando muy fuerte”, me dice mi abuelo, mientras caminamos rápido a su casa. Las gotas empiezan a caer en mi cabeza. Varias se estrellan sobre el suelo y en las ramas de los árboles. Una lluvia torrencial se aproxima y el sonido estrepitoso, como de algo que se acerca con intensidad, es lo que permite reconocer su singularidad y ser nombrado como xwo’et.
La lluvia tiene distintas modulaciones. De allí que es necesario reconocer el sonido que trae para saber si acaso se trata de una con mucha furia, con sutileza o si es pasajera. Cuando el aguacero se aproxima lo primero que enmudece es el paisaje, los pájaros se resguardan, los insectos se esconden y los animales del corral se callan. Las gotas golpean sobre la lámina, una por una hasta volverse incontables. Hay lluvias denominadas Ik’al ja’al, que son aquellas con tormenta, con grandes ráfagas de viento que sacude todo lo que está a su paso. Pero si esta es acompañada de rayos y relámpagos entonces su nombre cambia a chawukil ja’al. También existe la tsotsots ja’al, que se trata de una lluvia intensa, pero pasajera, que apenas dura unos minutos. Además, está la k’al ja’al que, a diferencia de las otras formas de lluvia, se caracteriza porque se da sin que el cielo se nuble, es decir, con sol. Y es en este tipo de chubasco donde se forma el sejk’ub it, es decir, el arcoíris.
Cuando la lluvia pasa, lo que queda son las gotas que lentamente se desprenden y caen de las ramas, y otras se escurren en el techo de la casa. Pero su caída y velocidad también produce un tipo de sonido que determina el nombre de la gota. Si el agua cae gota a gota, con un ritmo pausado, entonces se dice xt’ult’un ya xkoj te ja’e. Pero si la gota va golpeando en su caída con ramas y otros objetos hasta tocar el suelo, suele decirse xchajajet xkoj tal te ja’e, “gotas que caen en las hojas y continúa cayendo con ruido”. Las últimas gotas, el resto de la lluvia que queda estancado y que lentamente cae en la mañana por el calor del sol es nombrado como t’ojob. La gota no es nunca la misma, mucho menos su ritmo y sonido.
La lluvia devela una filosofía aural, maneras de entender el ritmo del agua y su dimensión, para tomar respectivas precauciones. Los torrentes son vistos como un milagro del cielo que alimenta la tierra, las semillas y provee las cosechas. Pero también se le teme, pues su furia puede acabar con toda una milpa. Mi abuelo lo sabe, por eso agradece el paso de la lluvia y le pide que mida su fuerza para que su cosecha pueda darse: wokolawal jch’ul ja’al, “gracias, sagrada lluvia”.
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Balak’ ja’: corriente de agua formada en las veredas en la temporada de lluvia.
IV
Hay aves que anuncian la lluvia como el jwok. Hay insectos como los grillos y las luciérnagas que anticipan su llegada. La naturaleza sabe cantarle al agua: es el lenguaje entendido por las deidades. Cantos afluentes que avivan los ciclos, que sostienen al mundo.




