El mini Jesucristo estaba ahí, como si nada, tirado afuera del Palacio Municipal de Rocasuave. Lo encontró Rufina Orellana o, como le decían los burócratas que compraban sus elotes, La Doña. La prensa, para esos tiempos harta de historias sobre alguien que había visto la cara de Jesús en su arroz con leche o las alas del Arcángel Gabriel en el acné de un adolescente, ignoró los rumores que decían que en Rocasuave una humilde cristiana guardaba en el bolsillo de su delantal a un Jesucristo, carne y hueso, de quince centímetros. Pero de cualquier manera, sin necesitar la ayuda de la prensa, pronto el pequeño puesto de elotes de La Doña tenía una fila de treinta, cuarenta, cincuenta personas adornándolo desde que el negocio abría hasta que La Doña empacaba sus cosas y regresaba a su hogar. Los hijos de La Doña, dos torres precolombinas de ojos diminutos y labios inmensos, dejaron sus empleos para ayudar a su madre a manejar el gentío que diario la visitaba. Cualquier Rocasuaveño podía ver al mini Jesucristo siempre y cuando antes comprara un elote.
El Día fue el primer diario de circulación nacional que presentó fotografías del mini Jesucristo, su pelito largo, su barbita, su abdomen huesudo, el taparrabos que le había hecho La Doña con un trozo de seda. A El Día lo siguió La Nación y luego los demás diarios y revistas. Endomira Ishisawa, reportera del Canal 8, viajó a Rocasuave, hasta la recámara de La Doña, para entrevistar a la propietaria del mini Jesucristo.
—¿Y sangra de vez en cuando su mini Jesucristo, señora Doña? —dijo Endomira con el mini Jesucristo acostado sobre una almohada, el camarógrafo sobre él, tomándolo de un ángulo, luego del otro.
—No. Fíjese que nunca lo he visto sangrar. Pero sí suda.
—¿Dijo que suda?
—Sí, fíjese. Suda. Cuando hace mucho calor y estamos afuera, suda.
La Doña tomó al mini Jesucristo con su índice y pulgar, y lo llevó al patio seguida por Endomira, el camarógrafo, el productor, el asistente de producción y las torres precolombinas. La Doña acostó al mini Jesucristo en el concreto y el pequeño comenzó a sudar y brillar casi de inmediato, los ojos se le cerraron un poco. El lente de la cámara se extendió como si todo esto lo estuviera excitando.
—Santa Madre —dijo Endomira—. ¿Lo puedo tocar?
—Sólo que con mucho cuidado.
Endomira deslizó el dorsal de un dedo por el cuerpo del mini Jesucristo.
—Está resbaloso —dijo riendo.
Cuando La Doña levantó al mini Jesucristo para regresarlo a la caja de puros en la que lo guardaba, el productor y el asistente de producción notaron que el sudor del mini Jesucristo había dejado una marca en la forma de un borrego en el concreto. Los dos se miraron y no dijeron nada.
El alcalde —quien rara vez leía un periódico, pero nunca se perdía el escote de Ishisawa en la tele— sacó un comunicado de prensa declarando al mini Jesucristo patrimonio de Rocasuave; el presidente, enemigo político del alcalde, interrumpió la telenovela de las seis para declarar al mini Jesucristo patrimonio de la nación; el obispo de la región de Monteverde declaró que esto no era cuestión de política: el mini Jesucristo pertenecía a la Iglesia Católica.
Un par de hombres trajeados irrumpieron en la casa de La Doña a la mañana siguiente, justo antes de que La Doña y sus hijos salieran para el Palacio Municipal. Uno de los trajeados tenía en sus manos una pequeña caja dorada y el otro le entregó un documento de aspecto oficial a las torres.
—¿Qué hacen aquí? —dijo una de las torres sin siquiera mirar el documento.
—Venimos por el mini Jesucristo.
Los hombres trajeados terminaron acostados en la banqueta, inconscientes, sus caras, corbatas y sacos cubiertos de sangre.
Asustada, La Doña metió al mini Jesucristo a la bolsa de su delantal, tomó algunas cosas de la cocina y subió a la azotea. —¡Que no entre nadie! —le dijo a sus hijos mientras subía las escaleras.
Para cuando llegaron las patrullas ya había una docena de personas afuera de casa de La Doña. —Está allí arriba —le dijo alguien a los policías, apuntando a La Doña sentada en una silla de plástico.
—Bájese de allí —gritó un policía. —Entréguenos al mini Jesucristo.
La Doña no respondió.
Llegaron hombres de la policía federal. Después llegó Endomira Ishisawa con su camarógrafo. A Endomira la siguieron el alcalde y su gente. Para el mediodía ya estaba todo Rocasuave afuera de la casa de La Doña, quien no miraba a nadie ni decía nada, sólo se quedaba sentada en su silla.
—¿Qué va a hacer? —le preguntó un maestro de escuela a uno de los hombres del alcalde.
—¿Yo qué voy a saber? —respondió el hombre.
—Señora Doña —gritó el alcalde— ¿me deja subir a la azotea con usted? Sólo quiero hablar.
—¡Nada! —dijo La Doña. Levantó un cuchillo con una mano y al mini Jesucristo con la otra—. Si alguien intenta subir le corto la cabeza al mini.
—Ándele —dijo un recogedor de basura.
—Es como lo de Salomón —le dijo Rogelio, el señor de las flores, a su prima Aurora.
—¿De qué hablas?
—¿Qué no era Salomón el del bebé con las dos madres?
—Calla, tú. ¿Qué no ves que van a matar al mini Jesucristo?
Todos los allí reunidos —rocasuaveños, políticos, policías, reporteros— rápido se dieron cuenta que no había nada que hacer. La Doña no negociaría. El alcalde le dijo a uno de sus escoltas que tal vez había que quedarse allí y esperar a que La Doña se durmiera o se desmayara.
—¿Y los hijos, señor licenciado? —preguntó la escolta.
—De esos te encargas tú, que para eso te pago.
Llegó el mediodía y con él, el terrible calor rocasuaveño. Vendedores de aguas y refrescos se llenaron los bolsillos gracias al espectáculo. Pero La Doña parecía no necesitar hidratación ni sombra. No se movía: sostenía el cuchillo con una mano y de la otra mano colgaba el sudoroso cuerpo del mini Jesucristo.
Para la una el calor se volvió insoportable. Algunos en la calle notaron que al mini Jesucristo se le habían cerrado los ojos, pero se le había también abierto la boca. No dejaba de sudar, y entre más sudaba más brillaba.
Brillaba y brillaba el mini Jesucristo. —Miren como brilla —dijo alguien.
Parecía que cada segundo que pasaba el mini Jesucristo brillaba más y más. Sudó tanto que se le cayó el taparrabos. Muchos tuvieron que cerrar los ojos o tapar la luz del mini Jesucristo con la mano. Un bebé lloró. Había perdido la vista a causa del brillo.
—¡Madre santa! —gritó un anciano, sus problemas de la vista se habían arreglado de repente. Y no importa qué pasó después. No importa porque ya había habido consecuencias. Todo tiene consecuencias. Las consecuencias tienen consecuencias.
Del díptico Árbol genealógico de una típica familia mexicana sacada de una lámina de primaria, 60 x 70 cm.
La obra de Agustín Santoyo (Zacatepec, Morelos, 1985) debería estar dispersa por todo Jodhpur, una de las ciudades más enigmáticas de Rajasthan en India; un pueblo alucinante cuyas casas pintadas de azul añil se iluminan a su vez con luces de neón azules, para acentuar su colorido. Leí que la razón del color azul se debe a que, por tradición, los únicos que habitan la zona son los brahmanes. También las pintan de ese color para protegerse de las termitas y otros insectos. Así, Santoyo viste y decora de este color a las mujeres de Rajasthan. Los pies descalzos, las plantas teñidas de rojo, los empeines dibujados con barroquismos lineales y arabescos florales, y los tobillos, brazos, manos, nariz, orejas y cuello cubiertos a su vez de anillos y brazaletes. Las ropas compiten en color, forma, diseño, capas alucinantes, gitanescos y explosivos.
Los vericuetos ornamentales de Santoyo, al igual que los de la gente de Rajasthan, no parecen tener orígenes únicos y claros, se deben a una multiplicidad de influencias y referencias que crean híbridos intraducibles pero permanentes, a la vez creadores de una identidad propia. En el caso de Santoyo podemos ver en sus obras toda la estética gitana, huichola, chola, africana, mola, mogul, nahua, psicodélica, así como una asimilación de la cultura visual de las últimas tres décadas en arte, diseño y cultura de masas.
En este proyecto específico de muebles y pinturas, Santoyo trabaja con imágenes suyas y de su familia: en las pinturas retrata a su padre con la cabeza bicéfala de un caballo, su madre tiene cabeza de conejo, su hermano de gallo y el artista de colibrí; el tratamiento decorativo y ornamental integra de manera exitosa a los personajes y los hace creíbles; yo veo un extraño tarot medieval con personajes míticos de cualidades diversas.
La mesa de comedor de madera dispone a los personajes de la familia en una actitud casi confrontacional, pero el artista declara: “no hay mal rollo y sólo buena onda”, añade que quiere que eso refleje toda su propuesta, será tal vez como una celebración de la vida y las relaciones humanas.
Se requiere valentía para enfrentar el ornamento y utilizar múltiples referencias sin caer en un potaje espeso y salado, Agustín Santoyo lo hace con habilidad y logra cocinar un caldo donde todo flota y se adereza sin que los ingredientes compitan, sino que conviven y crean un sabor completamente nuevo y distinto.
Del díptico Árbol genealógico de una típica familia mexicana sacada de una lámina de primaria, 60 x 70 cm.
Del díptico Árbol genealógico de una típica familia mexicana sacada de una lámina de primaria 60 x 70 cm.
Del díptico Árbol genealógico de una típica familia mexicana sacada de una lámina de primaria, 60 x 70 cm.
Danza ritual para el canario bicéfalo, 70 x 200 cm.
Portada del disco Mujer maíz. Advertencia Lirika. Foto: Édgar Olguín.
¿Qué significa hacer música alternativa en México? Los escenarios contemporáneos de Veracruz, Coahuila, Oaxaca, Tijuana y Distrito Federal tienen ya algunos años forjando un panorama lleno de propuestas. Alejandro Mancilla, guionista y crítico musical, reúne cinco visiones que van del folk, pop, tribal y shoegaze al indie, death metal y hip-hop.
Generan sonidos de norte a sur con escala en el centro de la república, la tierra prometida para muchos de los que se dedican al ingrato oficio de hacer música contracultural en un país que aún carga con el lastre histórico de Siempre en domingo. Algunos luchan por tocar en festivales masivos, ser reconocidos en la calle e invitados a las fiestas; vivir el sueño glam del rock and roll. Otros más sensibles sólo quieren expresarse a través de guitarras distorsionadas, sintetizadores o letras contestatarias; algunos son simples noctámbulos solitarios, coleccionistas y hacedores de ruido que se juntan con otros admirables perdedores para intentar ser los nuevos héroes de la música nacional. Todos nacieron unidos por el mismo cordón umbilical: son mexicanos y hacen música que no es precisamente la que sus padres escuchaban en frecuencia AM.
Previo a que la comunicación automática y las redes sociales llegaran a instaurar su mandato, los grupos de rock creaban fanzines, grababan casetes y se movían en una escena que buscaba ingresar al canal artístico de la ciudad de México. Gracias a esas cadenas predigitales, muchas bandas salieron del anonimato y se integraron a una escena que no contaba con recursos ni infraestructura para conseguir adeptos que financiaran un posible ascenso.
Hoy las cosas han cambiado. Ahora se puede tener una banda en el pueblo más recóndito de Quintana Roo, y con un poco de suerte y actitud, hacer que mucha gente la escuche. El problema es que esas formas de comunicación fortalecieron también la sobresaturación, provocando una oferta mucho mayor a la demanda.
Si bien no hay un lazo que determine qué estilos predominan en cada una de las regiones del país, es evidente que el medio ambiente y las costumbres de cada localidad influyen a la hora de crear un proyecto y lanzar la moneda al aire: ¿cara o cruz? ¿new wave o heavy metal? ¿urbano o jazz rock? La música folclórica de cada ciudad, delegación o municipio, por ejemplo, rara vez influye en el proceso de creación de una banda y en cómo ésta quiere sonar. Los atisbos de nacionalismo han quedado atrás; ahora un grupo de la parte más marginada de Colima puede sonar exactamente igual a uno de la zona más elitista de Monterrey porque ambos grupos escuchan prácticamente lo mismo. La pequeña diferencia estriba en que a la hora de adquirir equipo de sonido, los recursos económicos determinan si se compran un costoso sampler y hacen música electrónica o se decantan por hacer rock rupestre con una guitarra acústica y una armónica.
En el la ciudad de México encontramos un clima más diverso; desde el círculo que comienza en las colonias como La Condesa y termina en el estudio de algún tipo con muchos seguidores en Twitter. También continúa imparable el surgimiento de sellos independientes o colectivos que hacen noise convocando con ello un considerable número de fans. Igualmente existe una escena urbana, un movimiento punk, e incluso una escena black metal. Por lo general, las bandas comienzan a contactar a integrantes de cada una de esas escenas buscando encajar, llegar a la capital y sumarse a estas efímeras corrientes artísticas. Mientras tanto, en algunas ciudades como Guadalajara, Cuernavaca, Puebla y Monterrey, florecen históricamente “movidas” y sellos autónomos que se mantienen dentro de su propio circuito generando cosas interesantes. Caso concreto el de la compilación del sello Soc-Sub, Antojitos Mexicanos, proyecto fundado en Cuernavaca por el músico Aletz Franco, que lleva varios volúmenes dedicados a difundir proyectos independientes extraídos de todo el país.
Platicamos y analizamos este inexorable proceso de hacer música alternativa en México con algunas bandas y proyectos surgidos en diferentes rincones del país: de Veracruz a Coahuila, pasando por Oaxaca, Tijuana y la ciudad de México. Algunos son nuevos en el camino, otros llevan varios años forjando escena desde sus respectivas trincheras. Todos tienen el común denominador de entender desde su óptica individual la problemática de hacer arte y música carente de prejuicios.
ADVERTENCIA LIRIKA: LA CALLE GRITA
Mare y Luna son dos chicas oaxaqueñas que llevan varios años haciendo hip-hop. “Todo comenzó en el año 2003 cuando descubrimos que ningún otro medio funcionaba para comunicar esas ideas tan fuera de lo establecido que traíamos”, comenta Mare, “para mostrar una realidad que no es como muchos quieren ver.”
Para ellas, en cualquier parte de la república es complicado hacer música alternativa y más si se trata de hip-hop, ya que la gente no está acostumbrada a darle valor a ese tipo de cosas, “piensan que hacer música es un hobby, pero es una profesión como cualquier otra.” En las letras de Advertencia Lirika se enarbola un feminismo latente del que ellas reniegan: “Nunca hemos usado esa bandera; el feminismo no deja de ser sexismo”, afirma Mare, “todos los ismos son malos”. Dice Luna: “la igualdad de género y el respeto son la base de todo.”
Vivencias de su comunidad, tensión social, migración e igualdad de género, son los temas que se entrelazan en sus rimas y esas coordenadas que definen su sonido, fueron registradas exitosamente en el documental Xip-Xop Oaxaca, realizado por el videasta y defensor de los derechos humanos Simon Sedillo, en complicidad con el colectivo Manovuelta. El trabajo audiovisual retrata de manera visceral y efectiva la problemática actual de su estado y coloca a las chicas en la posición de activistas musicales: “No simpatizamos con el pop, solo tomamos sampleos y algunos aspectos de éste”, enfatiza Luna.
Con respecto al nacionalismo que muchas bandas han pretendido tomar como estandarte, las chicas comentan: “Hemos tratado de adaptar canciones y estilos de la música popular a lo nuestro, sin embargo nuestras letras abordan varias problemáticas sociales; el nacionalismo está totalmente ligado a lo social, así que creemos que a nuestra música en particular no le hace falta ese toque de folclor”, continúa Luna. A veces alguien les dice que son “raperas”, Mare aclara: “Hacemos xip-xop o hip-hop, lo cual es una cultura que envuelve al mismo rap, el djing y el grafiti en su conjunto, por lo tanto no somos simples raperas.” Sobre sus gustos e influencias prefieren mencionar proyectos a los que se sienten afines, como Rabia Rivera de Torreón, Coahuila; Padre Anderson, originario de Mérida, Yucatán; o Caballeros del Plan G, afincados en Gómez Palacio, Durango.
Actualmente, Luna vive en la ciudad de México. No nos dijo si era permanente su estancia, pero Mare, quien vive en Oaxaca, habla sobre el tema de emigrar a la capital: “Tiene sus ventajas y desventajas, como cualquier lugar; para mí es más una cuestión de actitud y esfuerzo; quien quiera hacer las cosas las hará donde sea.” Luna está de acuerdo y explica que no necesitaron venir antes a la capital para que las conocieran en sus inicios: “Después de todo, el centralismo es algo que todos nosotros impulsamos.”
El grupo cuenta con un cd independiente titulado 3 Reinas (llamado así cuando la agrupación se conformaba de tres integrantes) y además, tienen un material publicado para su libre descarga en Internet (soundcloud.com/advertencialirika).
EL MARÍA Y JOSÉ: BAILE PARA LA TRIBU JUVENIL
Hace tiempo las bandas se juntaban en un garaje, un cuarto de azotea o una habitación improvisada. Hoy, el entorno es lo de menos, “lo único que importa es que te sientas cómodo”, nos dice Tony Gallardo a.k.a El María y José. Seguramente estaba en ese momento recluido en su habitación en Tijuana, donde nos lo imaginamos apretando botones y programando cajas de ritmos virtuales. Sin duda, el joven artista tiene mucho qué decir, tanto musical como estilísticamente hablando: “Ya no necesitas ser un prodigio de la guitarra o un baterista extraordinario, sólo usa tu imaginación y tu computadora y saldrá la magia”, explica.
En su sonido se puede captar tanto la elegancia electrónica de unos Hot Chip o Capri, como cierta nostalgia en clave folk, muchas tendencias posmodernas kitsch y hasta eso que llaman tribal: “Mi música proviene de distintos lugares; de lo que escuchaban mis papás en su pueblo, de mi hermano que era fan a morir de Caifanes y de mi descubrimiento de la música electrónica con el disco de Mighty Dub Catz en 1997.” Sobre ese rescate de una identidad nacionalista en el rock del que se hablaba tanto y que ahora parece estar en estado de incubación, comenta: “A mí me ayuda mucho el tener ese toque mexicano en la música y las letras, es un pequeño tributo a mi país, claro que tengo influencias externas, sobre todo del acidhouse de finales de los años ochenta y principios de los noventa.”
Otro de los aspectos que llaman la atención de este proyecto es el nombre, que nos remite a una imagen religiosa: “Creo que los jóvenes de hoy ya no tenemos el mismo fervor que nuestros antecesores, a mí me gustan mucho esas imágenes, no las ataco”, comenta; pero apostamos a que se persigna cuando viaja al interior de la república a presentaciones: “Distrito Federal, Toluca y Monterrey son mis lugares favoritos para tocar, la vibra que la gente emana en esos lugares es espectacular y son muy entregados.” ¿Y de la escena de su ciudad? Le preguntamos al respecto, ya que hace menos de cinco años había cosas interesantes como la desaparecida Valeria Leyva
y su proyecto Faca: “No me identifico con nadie, yo siempre he sido un rebelde, en mis primeros shows nada más gritaba y me quitaba la ropa, todos me veían feo por eso, yo me la pasaba genial. Aparte nunca he tenido una banda, entonces para mucha gente está mal visto no usar instrumentos.”
Con seguridad pronto estaremos escuchando más sobre este proyecto fronterizo concebido tanto para la pista de baile, como para los entendidos del pop vernáculo. Vale la pena escuchar sus remixes oficiales a El Columpio Asesino o Jóvenes y Sexys, y su material desperdigado por la red bajo títulos como Líder Juvenil E.P. o TonyGallardo II. En la red: elmariayjose.tumblr.com.
LOS MUNDOS: MÉXICO DESCUBRE EL SHOEGAZE
Hace poco más de un año asistí al Centro Cultural España de la ciudad de México a ver en vivo por segunda vez a Piyama Party, proyecto de Luís Ángel Martínez, con quien había coincidido alguna vez en el Festival Taladro de Ciudad Victoria. “Tengo una banda alterna”, me comentó. Se llaman Los mundos y hacen shoegaze y rock con influencias de bandas como My Bloody Valentine o Dinosaur Jr. “Fue natural, nunca pensamos en hacer un proyecto de este género, todo fue porque llevamos años escuchando bandas así”, comenta Ángel. Lo curioso de la banda es que ambos viven en ciudades separadas y si bien ahora se ven para tocar en vivo, al principio hacían música muy en el formato del proyecto estadounidense The Postal Service. “Intercambiamos archivos de audio a través de Mediafire y usábamos el correo electrónico o los mensajes en Facebook para platicar de las grabaciones.”
Sobre las diferencias de hacer música en provincia o en la capital, Ángel piensa que: “el Distrito Federal tiene ventajas para el rock & roll. Su escena se apoya en muchas revistas, blogs, tiendas, antros, etc. Además, en la actualidad es muy seguro comparado con todas las ciudades del norte.
Esto facilita que haya más actividad. Si no fuera por la inseguridad la escena de Monterrey hubiera mantenido su rumbo hasta el 2007 o 2008.”
Sobre el ambiente musical en su lejana Monclova, él mismo comenta: “No pasa absolutamente nada. En Monclova no hay una cultura del rock, y es que estamos hablando de un lugar entre urbano y rural con actividad mayormente industrial. Sus pocas bandas terminan yéndose a tocar a Monterrey o Saltillo.” Tal vez por este aislamiento ambiental, las letras de la agrupación tienen: “una tendencia a ciertos temas como la música, las guitarras y las chicas. Es shoegaze con la estructura básica del pop.” Sin duda, una banda que alegra los oídos de los amantes del las guitarras con distorsionador y las capas de sonido sobrepuesta en tonadas pegajosas como chicle.
La banda siente afinidad por grupos como Sr. Amable, Los Negretes, Pipe Llorens, Uvilov, Matilda Manzana, La Ola Que Quería Ser Chau y The Mueres. Recientemente lanzaron el ep Mipropia banda quiero ver a través del sello argentino Fuego Amigo. También están preparando su próximo lp, que saldrá a principios del año 2013. Su página: soundcloud.com/los-mundos
LA NUNK MUERTA REBELIÓN
Muy cerca de la sierra de Zongolica, en las altas montañas de Veracruz, surgió hace ya casi veinte años Nunk Muerta Rebelión, con el compromiso de hurgar introspectivamente en su anarquista interior, utilizando punk y gothic rock como acompañamiento. “En un principio nos gustaban cosas como The Cure, La Polla Records, Eskorbuto y Sex Pistols, pero la banda siempre ha estado en constante experimentación”, comenta Rafael Gálvez, vocalista y compositor del grupo, quien junto con su hermano Marcelo en el bajo, son la base de la banda: “ha habido muchos cambios, es un aprendizaje, parte del recorrido. Son jarocho, música clásica; ya no escuchamos solo punk”, comenta Marcelo, “de hecho ha habido propuestas para trabajar con algunos jaraneros.”
Si bien el nombre de la banda evoca anarquía, sus integrantes siempre se han encargado de aclarar que se trata de una insurgencia existencial: “el estar en una banda implica la suma de muchas ideologías y a veces no todo mundo las comparte.” Coherentes con su espíritu de búsqueda, el grupo grabó hace un par de años algunas de sus canciones en un dialecto náhuatl. “La cosmogonía propia del náhuatl hace que no haya por qué traducir las canciones al español, es una lengua viva”, comenta Rafael sobre la experiencia.
El grupo emigró a la ciudad de México durante casi un año, buscando proyección nacional; sin embargo la falta de continuidad impidió que en ese momento crecieran como agrupación. Tres discos después, la banda se encuentra más activa y en plena grabación de nuevo material, el cuarto en su trayectoria. Además de estar planeando una gira en el interior del país. Actualmente, el grupo está integrado por Max Hernández en la guitarra, Carlos Rodríguez en la batería y Sarahí Huerta en el violín, además de los hermanos Gálvez. Su trabajo se puede escuchar en: myspace. com/lanunk.
COYOLI: RUIDO DE DISEÑO
Coyoli es un proyecto de folk-noise melancólico con influencias de Radiohead y del folk más obscuro. La banda nació fuera del círculo de la música, ya que su creador, Óscar Coyoli estudió diseño gráfico y justo por eso, la primera dificultad fue poder entrar a esa escena alternativa un tanto ajena. “Uno de los problemas de la escena musical es el elitismo, pero me he topado con gente como la banda Torreblanca que me han jalado al circuito y han colaborado con el proyecto.”
Su primer ep titulado Una tarde de domingo en la isla de la Grande Jarre está basado justamenteen obras pictóricas, y cada uno de los tracks queconforman el material tiene nombre alusivo a unapintura. “No puedo imaginar música sin esa partevisual, ahora ambas partes se retroalimentan.
Si no tengo una base visual no puedo hacer una canción.” El hecho de que el sonido del grupo sea tan personal, a veces da la idea de una especie de dictadura, a lo que Óscar responde: “Sí, tengo un gran problema con que alguien modifique mis ideas. Como crecí queriendo ser pintor, no me gusta que me digan qué ponerle o no ponerle, por eso igual hay tantos cambios de integrantes.” Es casi una constante que en la niñez o la adolescencia se exacerbe ese impulso de hacer música; en el caso de Óscar Coyoli la influencia vino por el lado de su familia, ya que vivieron un tiempo en Francia y ahí lo que escuchaban que sus padres era derivado de la chanson française, con excepción de Serge Gainsbourg: “me decían que quitara a ese borracho-drogadicto”, comenta el músico.
Acerca de las influencias líricas del grupo, Óscar confiesa que compra libros al azar, y hasta ahora no se ha topado con nada que no le haya gustado de esa selección arbitraria; esa parte incidental de buscar inspiración también tiene que ver con lo que se topan en los medios tradicionales: “Nuestra influencia pop más marcada es Mecano”, confiesa Pilar.
Sobre la saturación musical que ha provocado la democratización de los medios, Pilar Hernández, también integrante de Coyoli, comenta: “Ahora hay millones de propuestas y eso te hace querer resaltar y ser mejor que la mayoría, por eso tiene sus pros y contras. Hace falta una identidad y que empecemos a hacer cosas con una fuerte carga nacionalista, no me refiero a que todo lo que se produzca lleve un toque folclórico. Lo que no debería pasar es que las bandas canten en inglés, es una grosería.” Se puede descargar parte de su trabajo aquí.
Luna y Mare de Advertencia Lirika. Foto: Édgar Olguín.
María y José. Portada de álbum. Archivo personal.
Tony Gallardo a.k.a El María y José. Archivo personal.
La Nunk Muerta Rebelión. Rafael Gálvez, vocalista, acompañado de Marcelo Gálvez en el bajo acústico. Foto: Archivo personal.
Oscar Coyoli y los integrantes de la agrupación: Pablo Aguirre, Natalie Reyes, Israel Pompa y Pilar Hernández. Fotos: Jerónimo Orozco e Isabel Hernández.
Alejandro Elizondo y Luis Ángel Martínez, integrantes de Los Mundos. Archivo personal.
En los últimos años la música ha sufrido poderosas transformaciones a raíz de los avances tecnológicos: desde la amplia posibilidad de producción, hasta nuevas plataformas de difusión. La cultura contemporánea es ampliamente musical y este aspecto está ligado a las generaciones jóvenes. En este dossier abordamos el fenómeno musical, cómo enfrenta la crítica este momento de la producción y también algunas propuestas de diversos géneros latentes.
RADIOGRAFÍA DEL PERIODISTA MUSICAL
¿Qué es exactamente un crítico de rock? ¿Un antiguo aspirante a músico, un fanático de los conciertos, un eterno joven dispuesto a pasar horas con los audífonos puestos, un comentarista de radio que escribe notas de repente? Enrique Blanc hace un recuento de la crítica musical en nuestro país, de las publicaciones en papel al comentario en sitios web, así como las vicisitudes que debe sortear quien se dedica a este oficio.
Construir la nada, el abismo del puro instante presente, como lo verdaderamente esencial, ocultando de ese modo la temporalidad y lo real, tal es la titánica obra del crítico y del periodista.
Félix de Azúa
Diré a manera de chispa arranque de esta reflexión que el término “crítica musical” me resulta incómodo. Aquellos que hemos escrito sobre música de algunos años a la fecha, nos hemos dado cuenta que quizás el ser crítico es lo que menos importa, siempre y cuando uno escriba y pueda comunicar con sus textos la pasión que experimenta tras escuchar tal o cual creación musical. Dicho de otro modo, confieso que me he vuelto un hedonista, y que más que verme en la apretada situación de argumentar a favor o en contra de un disco en particular o un concierto al que he asistido, quiero celebrar a través de la escritura la emoción de la que he sido presa. No sé si traicione en cierta medida mi oficio, pero por ello desmiento a menudo a todo aquel que me mira con un dejo de seriedad y me adjudica el terminajo, desarmándolo con un simple: “Mejor dime periodista. Periodista musical.” Claro, admito que he jugado la parte en algún momento y que, tras la insatisfacción que experimenté luego de acercar el oído a tal o cual sonido, a tal o cual racimo de canciones, cavilé lo suficiente hasta conseguir ese tono dramático y sentencioso que se requiere a la hora de descalificar, con argumentos lo más válido posibles, la obra de un tercero. Y quizás es algo que debería retomar y hacer de vez en cuando, pensando sobre todo en la gran cantidad de música pop banal y frívola que suena en México y Latinoamérica, y lo poco que se aborda con rigor crítico. Pero enseguida resuelvo que “artistas” —como suele llamárseles— de la calaña de Arjona, por mencionar uno que considero denigrante y ruin, Gloria Trevi o Juanes (menciono los primeros que me vienen a la cabeza), no merecen que uno pierda más tiempo en condenarlos del que se invierte en redactar 140 caracteres, que para eso, entre otras cosas, debe haberse inventado Twitter.
PASADO Y PRESENTE
En el mundo que habitamos, en el que la producción de canciones se ha multiplicado de forma exponencial debido al acceso que tiene cualquiera a tecnologías como la laptop y los softwares de creación musical y edición de audio, la crítica empieza a hacerse desde el momento que uno elige qué quiere reseñar; es decir, en qué obra va a invertir su tiempo. Reconozco que a menudo mi ansiedad por no abarcar todo lo que quisiera agudiza, por no poder escuchar todos los discos que deseo y tampoco poder hacerlo las veces que me gustaría, como acostumbraba décadas atrás cuando podía concentrarme en un título a capricho y, en lugar de escuchar veinte discos una sola vez, escuchar uno solo pero veinte veces. Lejos he quedado de aquel amplificador de bulbos y la tornamesa Garrard en la que solía embriagarme de las voces que iban dando forma a la telaraña de sonidos con la que intento contextualizar todo aquello que desafía a mi oído. Ahora me veo, en pleno siglo XXI, con la cabeza sumida en la pantalla de la computadora, ligado a ella por unos audífonos como si fuesen una especie de cordón umbilical, navegando a través de Internet en busca de sonidos, vía YouTube, portales oficiales de grupos y solistas que me interesan, revisitando interfaces en SoundCloud, descargando (legalmente) a diestra y siniestra y, por si todo ello no fuese suficiente, mirando de reojo la montaña de discos compactos que reclama mi atención. Porque, obvio, si tienes años escribiendo sobre música, valoras todavía el cd y lo privilegias sobre el mp3. Te gusta el objeto, la imagen de la portada asociada a una idea que archivas en tu memoria, el referente visual tras el cual clasificas la obra y su contenido. Y el envoltorio, las réplicas de cartoncillo que se hacen en la actualidad para recordar la emoción que era tener en las manos un lp, abrirlo y, si era importado, aspirar el aroma a ginebra que brotaba inexplicablemente de su interior. Así, repetir ese ritual previo al hecho de encarar la escritura, justo después de que uno ha detenido el tiempo y el girar del mundo para dedicarse a beber el elixir mágico que brota de las bocinas y acicata la inspiración.
TRADICIÓN
Periodista musical. El término me parece mucho más completo. Porque uno, lo que hace al cabo de cada ejercicio de reflexión, no es otra cosa que poner en juego los géneros de dicha disciplina: la reseña, la crónica, la semblanza, la entrevista, el reportaje y la opinión, en los cuales no siempre hay lugar para la crítica. En los días en que Internet ha democratizado los medios de expresión, cualquiera se aventura a montar un blog y desde ahí afirmar lo que se le viene en gana, aunque por lo general siempre desde el formato de la reseña, sin duda el arte menor del quehacer que algunos hemos entendido como una profesión tan seria y digna como la del guionista de cine, el poeta o el ensayista. Y si alguien sostiene que estoy exagerando, ahí están para constatarlo una serie de experimentos que desde la crónica, la autobiografía, el ensayo o el cruce de todos estos plantean un novedoso camino al periodismo musical. Desayuno con John Lennon y otras crónicaspara la historia del rock del estadounidense Robert Hillburn, es uno de ellos. 31 canciones del británico Nick Hornby, es otro. Like a Rolling Stone.Bob Dylan en la encrucijada o de Greil Marcus, uno más. Libros todos ellos que arrojan textos únicos y originales con innegable lustre literario.
En ese sentido, puede afirmarse que si la crítica musical es pan de todos los días en la vastedad de la web, el periodismo musical resulta un arte mucho más sofisticado y complejo, que si bien tiene en Internet un territorio virgen para seguir desarrollándose, parece todavía estar más anclado a los espacios impresos en los que nació. Bien afirma el periodista catalán Jordi Turtós —en un texto que gravita por la red con el título “La función de la crítica musical”— que el periodismo musical “es un oficio que tiene sus raíces en un mundo analógico y que no acaba de encontrar su lugar en el mundo digital en el que el consumo musical tiende a la simplificación, a la canción de usar y tirar.” Aquí, Turtós avizora un problema que atañe a quienes han seguido de cerca el hilo de la historia de la música, al entender el desarrollo de un autor específico a través de las obras completas que crea, de cada disco que simboliza un momento con ciertas preocupaciones y prioridades artísticas, y que abona a una discografía que finalmente evaluará su trascendencia y su contribución en tal o cual estilo. Esto a diferencia de la producción aislada de canciones que en la actualidad acostumbran ciertos músicos, y que no consiguen aportar información alguna acerca de las ideas que las sustentan.
Fotografía: Pánico del Edén.
DESARROLLO
Tres son las fechas que ilustran la evolución que el periodismo musical ha tenido a través del tiempo, entendido éste como aquél que se asocia a la música popular y a los estilos que en menor o mayor medida se vinculan con él: rock, jazz, música pop, hip hop, electrónica y las fusiones que se practican a lo largo y ancho del orbe. La primera está vinculada a la fundación de la revista Billboard: 1 de noviembre de 1854. Créase o no, desde entonces se tiene el interés de clasificar las canciones de un mercado específico de acuerdo al impacto que tienen en los consumidores del mismo. La segunda tiene que ver con la aparición del semanario inglés New MusicalExpress, en el cual comienzan ya a ejercitarse géneros periodísticos: 7 de marzo de 1952. Sucesora de Accordeon Times and Musical Express, que se publicaba desde 1946, quiso ser la tardía respuesta británica a Billboard, pero muy pronto se distanció del concepto de la anterior, interesándose más por los aspectos cualitativos de la música y su industria que por los meramente cuantitativos. Y la tercera, podría apostar por ello, está vinculada al lanzamiento de la que es hoy la revista musical virtual por excelencia, la también estadounidense Pitchfork: 1995. Cada una de estas publicaciones marca un momento con características determinadas en el desarrollo del periodismo aplicado a la música. Sobre todo es interesante la era que inicia en los años cincuenta con la explosión del rock and roll, y en la que surgieron tanto las publicaciones como las firmas de quienes han ido elaborando su libro de estilo. Revistas clásicas, algunas de ellas ya extintas, como Rolling Stone, Creem, Hit Parader, Musician, Spin, Mojo, así como alternativas recientes y consolidadas: Uncut, Filter, Paste, XLR8R, Wire, entre otras, a la par de los diarios más importantes: The New York Times, Chicago Tribune, Los Angeles Times, han servido de escaparate al trabajo de plumas reconocidas: Lester Bangs, Bill Flanagan, David Fricke, Greil Marcus, Kurt Loder, Jay Cocks, Cameron Crowe, Dave Marsh, Robert Hillburn, Simon Reynolds, Jann S. Wenner, Rob Tannenbaum, entre muchos más que influyeron a quienes decidieron emularlos fuera de los países anglosajones. Escritores que trazaron las fronteras del periodismo musical con el mismo rigor que sus colegas dedicados a los asuntos políticos, sociales o económicos.
Una era, la que va de los años cincuenta a los noventa, en la que el trabajo del fotógrafo ha sido asimismo medular para la conformación de los impresos más prestigiosos, destacando a profesionales de la cámara como Annie Leibovitz, Lynn Goldsmith, David Wedgury, Anton Corbijn, Mark Seliger, por sólo mencionar algunos de reconocida fama.
IBEROAMÉRICA
No puede negarse que en América Latina y España existe una tradición de periodistas musicales en activo que se reinventa y se adapta a los nuevos tiempos. Si aludimos al caso español, hay que reconocer el rol que por años ha jugado Diego A. Manrique desde distintas trincheras, muy asociado al diario El País, que también ha abierto la puerta a talentos más jóvenes como Iker Seisdedos. Lo mismo el equipo de colaboradores que ha mantenido a flote una de las publicaciones más representativas escritas en castellano en Europa y hecha en Barcelona: Rock De Lux, en la que destacan las plumas de Juan Cervera, Kiko Amat, Jordi Bianciotto, Quim Casas, Nando Cruz y Eduardo Guillot, entre una lista verdaderamente abundante.
En México, el también músico Federico Arana puso en claro su interés en el tema tras la publicación de los cuatro tomos de Guaraches deAnte Azul, obra que recuenta los inicios del rock nacional y su continuidad a través de los años sesenta y setenta, y que es única en su especie. Asimismo, las aportaciones hechas por los escritores de “la onda”, José Agustín y Parménides García Saldaña, son aleccionadoras, sobre todo en la mítica y efímera revista Rock Mi. Junto a ellos, Víctor Roura y Las Horas Extras, Ricardo Bravo y Nuestro Rock, Chava Rock y Mezcalito, a la par de Óscar Sarquiz, Walter Schmidt, José Luis Pluma, José Xavier Návar, David Cortés, por citar los nombres de algunos que han publicado con constancia en revistas y periódicos del país.
En Argentina, el desarrollo del periodismo viene de la mano de una larga lista de plumas, muchas de ellas partícipes del suplemento S! del diario Clarín, referente puntual de su ajetreada escena musical. O bien de publicaciones que tienen una presencia fuerte, como ahora lo hace La Mano. Nombres como los de Alfredo Rosso, Pipo Lernoud, Marcelo Fernández Bitar, Sergio Marchi y Roque Casciero son algunos de sus referentes más reconocidos.
Fotografía: Pánico del Edén.
¿CRISIS?
Incuestionable. Los avances tecnológicos, especialmente la irrupción de la Internet han facilitado las cosas para quienes escriben sobre música en la actualidad. En el pasado, era imprescindible hacerse de alguna de aquellas enciclopedias en las que podían consultarse los datos duros de cada uno de los músicos sobre los que se investigaba, de Harry Belafonte a Frank Zappa a Ry Cooder a Damon Albarn. La seminal The Harmony Illustrated Enciclopedia of Rock, avalada por diarios como Los Angeles Times y BostonHerald. La anual y de vocación indie: The TrouserPress Record Guide, compilada por el visionario Ira A. Robbins. Y las novedosas en su momento: The Rough Guide, impresas en el Reino Unido en la segunda mitad de los años noventa, minutos antes del irreversible estallido mundial de la web, quizá los tomos referenciales más completos realizados sobre rock, jazz, música country y músicas tradicionales de mundo. En la actualidad portales como All Music, Discogs e incluso Wikipedia almacenan cantidades desbordantes de información que facilitan cualquier indagación documental. No obstante las ventajas que garantiza Internet surgen de una serie de conductas puestas en acción la mayoría de las veces por improvisados, que distancian al periodismo musical, a la crítica musical, de su esencia. La compulsión por querer etiquetar rebuscadamente cualquier sonido que parezca exhibir algo de originalidad; la preferencia por la reseña y la entrevista ante la riqueza de otros géneros como el reportaje, la crónica y el ensayo; la compresión de la información que se produce, a imagen y semejanza de la compresión de sonido que caracteriza a los archivos mp3; el abuso del cut &paste para apropiarse de una información ajena. Ello aunado al desdén con el que los diarios miran al periodismo musical en contraste con los contenidos insustanciales de aquello que llaman “entretenimiento”, plantean un escenario un tanto sombrío, tal como lo afirma Turtós: “La crítica musical ante tal panorama, parece estar condenada a convertirse en un anacronismo, parece estar abocada a un proceso de desaparición que muy difícilmente podrá evitarse.” Sea como sea, queda la certidumbre de que la música seguirá contagiándonos su magia y encendiendo nuestra pasión de tal modo que no podremos evadirnos de querer describirla, contarla y compartirla por medio de la palabra escrita, sin importar que con ello hagamos crítica o literatura o periodismo musical.
En la revista Crítica, Alejandro Badillo reseña Liquidaciones de Eduardo Sabugal:
Una visión general del libro nos muestra que el autor privilegió un lenguaje funcional que acompaña la trama en lugar de ser el protagonista. Esto no quiere decir que estemos ante una prosa aséptica que abandona cualquier voluntad de estilo sino que su camino va en otra dirección.
Un antiguo submarino petrolero abandonado en la Isleta Pérez, en Tampico, es rescatado del óxido y el olvido por tres entusiastas teatreros. Convertir esta nave en un espacio escénico que refleje los mitos y las historias alrededor del mar es la fuerza que impulsa estas Ficciones submarinas.
Después de la visita del ciclón Hilda en 1955, la vieja zona industrialde Tampico quedó inundada, parcialmentedestruida y sin opcionesviables de reconstrucción. Susfábricas, talleres y bodegas de almacenaje sontestimonio de la fuerza de la catástrofe y de losrelatos de la ruina. La llamada Isleta Pérez es hoyun contenedor de arquitecturas espectrales dondese reconoce la fuga involuntaria de la industriamercantil; sin embargo, pese a la desaparición de la manufactura en la zona, se abre una posibilidadpara la llegada de la industria teatral emergente:los intereses originales de la plaza roja dela corrosión se revierten a favor de una mecánicade la intervención escénica para hacer proliferarla alternativa de los espacios.
En una búsqueda en el inventario del desastre, apareció ante nuestros ojos una vieja nave de salvamento que alguna vez perteneció a una planta de Petróleos Mexicanos. La vislumbramos como un laboratorio para hacer ficciones. Comenzamos con la primera traslación de la mirada y afirmamos en ella más que una sola nave de salvamento. Así fue que decidimos adueñarnos de la nave y la concebimos como un submarino para itinerar entre ficciones híbridas: con Ficcionessubmarinas proyectamos convertir la nave en un observatorio, en un almacén de testimonios de los eventos verídicos que se silencian en determinadas cartografías sociales.
Comenzamos a trabajar en su acondicionamiento con la colaboración del artista visual Iván Puig para transformar “el submarino” en un escenario poético, documental, interdisciplinario y en una residencia artística en la que se piensa la incorporación del paisaje inmediato por el que surje, como mirador perceptible e interactivo de lo que las jerarquías de poder invisibilizan. Ficciones Submarinas está en vías de constituirse como una fundación sin fines de lucro que lejos de contextualizarse de forma exclusiva en un paisaje marino, propone explorar cualquier espacio en el que esté involucrada la idea de sobrevivencia. Para la nave visualizamos un traslado constante; una itinerancia terrestre en un trayecto configurado por zonas de conflicto. Estos espacios podrán ser referidos a barrios periféricos y marginales, puntos de anclaje en comunidades y microsociedades en las que se registre algún tópico de exclusión social relacionado con la violación de los derechos humanos, así como territorios que padecen la afectación de una catástrofe social o natural.
Principalmente, la ocupación de la nave está pensada para creadores escénicos. Con esto buscamos se consolide como una residencia; permanencia que se rige por una reglamentación que busca apoyar y conducir el proceso y el resultado de un trabajo artístico según las ideas que genere el residente y su equipo de trabajo. El proyecto pretende dar a conocer su convocatoria y características esenciales a la comunidad escénica internacional con el objeto de promover un movimiento incluyente que depare en diversas latitudes interpretativas de la sobrevivencia en el panorama mundial contemporáneo.
La primera prueba-instalación de trabajo en la nave será presentada este mes de agosto en el Festival de Teatro para el Fin del Mundo, organizado por el centro de experimentación escénica La Guarda, Teatro de las Sombras, que dirige Ángel Hernández en Tampico, y apoyado por el programa Iberescena. Un festival pensado para la ocupación de casas, ferias, cementerios de autobuses, oficinas, sótanos, hospitales y hoteles golpeados por la violencia en esa entidad, y en el que el “cuerpo manufacturado para remover la inmensidad” (nuestra nave-ficción submarina) será un recinto de estrategas para dibujar topografías de la devastación y constituirse como una posible máquina de huída.
Nos elevamos con la gracia de una bailarina de ballet. Nos elevamos con la furia de cien mil mongoles en toque a degüello. Nos elevamos con la determinación de un alpinista que acaricia las nubes dispuestas para foto. Tú, el hombre del dorsal en la espalda. Yo, el hombre que cada mañana, al despertar, tiembla como un niño. En la imagen que aparecerá en los periódicos, podremos verte una vez más en pleno vuelo, la mano extendida como la de un pordiosero, los dedos que rozan el cuero. Podrán adivinarme una vez más: la sombra que planea a tu lado, la sombra que se arrastra, la sombra que se humilla: todo lo que sube cae y se enfanga en un domingo lluvioso, una tarde de aguacero, un minuto antes del final. Un final que ruge, un final que pega alaridos desquiciados, que es el principio de todo una vez más. Un final que no garantiza nada, menos el descanso, mucho menos el verdadero final.
Nos elevamos con la flexibilidad de un sauce ante el asombro de cronistas y charlatanes que hablarán de tu magia un minuto entero. Nunca de la sombra que soy, un lastre en tu vuelo de gloria del que no puedes caer. La caída es mi especialidad. La caída en el barro de una tarde lluviosa de domingo, una tarde en que la épica nos pertenece. Bueno, te pertenece. Yo soy el experto en desmoronamientos. El peso infame cuando planeas como un hombre pájaro. Soy el hombre gusano. Pero aunque nadie pueda creerlo, los dos nos elevamos para rozar la leyenda y salvar una vez más a este equipo de mierda del descenso.
Escucha la ovación. La noche tiene un sol artificial que tarda en esconderse. Mientras haya luz, podrás insultar al defensa que permitió al hijo puta de la estrella del equipo rival, que anuncia lociones y desodorantes, golpear el cuero como los dioses. Y mientras te duchas en el vestidor rodeado del respeto de todos, yo, en el rincón de los uniformes sucios, sabré que fue suerte, que nos lanzamos desesperados para detener esa otra caída.
La noche tiene un sol artificial que poco a poco se diluye. Yo vivo en esa oscuridad: nuestra casa vacía. La mujer vacía que nos mira con desprecio cuando traspasamos el umbral y dejamos los cánticos de los obreros y desempleados en el Ferrari que exigiste en el contrato. Irás apagándote para darme mi lugar, en medio del silencio de una casa y una mujer que sólo yo conozco.
Tú no tienes tiempo para el silencio.
Mi reino es el del día siguiente. El de las sábanas revueltas y ella con su cuerpo de bisturí enredado en la cobija después de una noche de leprosos. Mi reino es el de los ojos abiertos que observan el techo después de una noche en la que no pudiste dormir. El de esta caída constante. El del miedo a levantarme y encarar la licuadora, la tostadora, la cafetera. Ella entreabre los ojos y me ve como si no estuviera ahí. Luego entierra el rostro en la almohada. Es otro de tus trofeos. La peor de mis jueces. Su frivolidad se ensaña con mi desamparo, mi terror al reloj que anuncia un Ferrari en una cochera. Un Ferrari en una calle suburbial. Un Ferrari entrando a un complejo deportivo, rodeado de cámaras, micrófonos y grabadoras. Siempre me ha parecido que hablas como un verdadero imbécil. Pero a los obreros y empleados de gobierno y profesores y empresarios y desempleados y asesinos y ladrones y secuestradores eso, eso, puta madre, les importa un carajo.
Pero aún nos encontramos en mi reino. En el reino del silencio. En el del desayuno equilibrado con la sección de deportes a un lado. Te tragas la crónica empalagosa y retórica. Dejo de tener hambre. Ella le pide a una indígena zapoteca una ensalada de frutas. Ella tiene una sesión de fotos en alguna parte. Ella tiene una sesión de gimnasio en alguna parte. Ella tiene una prueba de vestuario en alguna parte. Ella se irá a coger con algún modelo a alguna parte. Ella tiene que meterse coca para no comer en alguna parte. La observo desde ninguna parte. Porque mi reino no está en ninguna parte. Te quejas de las escasas menciones de tu nombre en la crónica. Ella responde al celular sin escucharte. Ella dice cosas como: adorado, cariño, I love you, chau. Tú la ves cansado de verla. ¿Te acuerdas de la boda? La viví como un sueño, tú, como la cima de algo. No supe de qué. No sé de qué. Te escucho asqueado de la forma en que te aferras a una posibilidad inexistente. Ella te ve con conmiseración. Ella piensa cosas como: patético, loser, perdedor. Yo no existo. Mi reino no existe. Mi miedo no existe. Para ella.
Ella se levanta de la mesa. La observo y creo recordar cuando estuve a punto de enamorarme. Pero te eligió, siempre te eligen, y empataron sus escaparates. Ella se aleja como si nunca fuera a regresar. Siempre tengo la sensación de que no va a regresar de ninguna parte. Le dedicas una mirada de soslayo mientras envidias el elogio a todo color que nunca es para ti. Mucho menos para mí. Tampoco existo para ellos.
Tomamos una ducha. Me arrastras a tomar una ducha que no quiero. Me gustaría regresar a la cama, a las sábanas de lino perfumadas, a la soledad de la cama. Y aspirar el calor que su cuerpo ha dejado, el aroma que su cuerpo ha dejado, el recuerdo tibio. Porque hay una memoria que has cancelado con tu vigor de atleta. Frente al espejo, sopesas una figura que ya anuncia ciertas fatalidades: un pellejo flácido, algo de grasa en la cintura, unas piernas menos flexibles. Sólo nosotros lo notamos. Sólo nosotros, en la intimidad del baño, lo sabemos. Es nuestro secreto. Pero yo quisiera regresar a la cama y volverme feto un rato. Arropado por la soledad sin un secreto entristecido. Arropado por la negación de lo que somos. Yo quisiera volver al lecho y que ella no sea una sombra resentida, sino unos brazos y unas piernas. No esas piernas torneadas e infinitas, vitrina de zapatos o vestidos en revistas que no leemos. Unas piernas con celulitis, con várices, de muslos abruptos, temblorosas, cómplices, modestas, de camisones largos, más gemelas de nuestras piernas que han perdido ese resorte poderoso: un aliento de dragón, una fanfarria inagotable. Volábamos hacia los álbumes, los diarios, los patrocinadores. Pero comencé a sentir esa noche indeleble en el alma. Este frío. ¿No los sientes? Vamos a la cama para dejar de temblar un rato. Para ser un oficinista gordo celebrando su cumpleaños en un teibol con un grupo de compañeros que se masturba fantaseando con mujeres como la nuestra. Vámonos al bar con un primo y un hermano y un sobrino, a ver cómo nuestro equipo lucha para salvarse del descenso. A verlo perder con la fidelidad de los resignados, a verlo ganar con la esperanza de mierda que nos distraiga de esta vida tan así. Vámonos a no tomarnos tan en serio a cualquier parte, carajo.
Ilustración: Rodrigo Ponce.
Pero me arrastras a la ducha. Me arrastras al Ferrari. Me arrastras a las calles que nos ven pasar envidiosas. Metes las marchas con violencia, como si quisieras arrancarle al asfalto la tibieza de la primavera que nos abandona. Ha habido otras ciudades. Hemos perdido la cuenta. Todas nos vieron pasar en un Ferrari. Atravesamos cientos de ciudades en un Ferrari y nunca nos detuvimos en ninguna.
Todas las ciudades son el mismo estadio y el mismo departamento de lujo. Al principio ella te pidió… luego te dijo que también tenía una carrera. Luego dejaron de decirse cualquier cosa. Dejó de hablarme y comenzó a verte desde ninguna parte. Los tres comenzamos a observarnos desde ninguna parte y nació esa sensación de estafa. Ella dejó de tener amigas y comenzó a tener esposas de desconocidos. Tú dejaste de tener amigos y comenzaste a tener mercenarios que a la siguiente temporada estaban en otra ciudad. ¿Y yo? Me hice sombra. Una sombra que planea esperando el momento de caer. Mientras tanto me arrastras por esta ciudad de panaderos y cantineros y contadores e ingenieros que cada dos semanas llenan el estadio. ¿Valdrá la pena un momento tan efímero? Tal vez fuera de él no hay nada.
También están los micrófonos agolpados en la entrada al pequeño estadio de esta ciudad sin maquillaje ni tacones, chata. Asomamos la cabeza por la ventanilla y sin dejar de rodar contestamos las preguntas con las mismas palabras de hace años. Pero siempre hay un listillo, un buscador de desgracias, un husmeador de miserias. Aceleras y desapareces tras el portón del estadio. No me engañas. Sé muy bien que la respuesta a esa pregunta la has aplazado. Que la respuesta a esa pregunta nació antes de que naciera la pregunta misma. Ahora sólo se trata de formulismo y carroña. No me engañas. No hay defensa. Nuestra casa es una pecera habitada por tres anguilas multicolores. La caída tampoco es pretexto. Empezó el mismo día en que apuntamos hacia la cumbre. Apenas un esbozo.
Ilustración: Rodrigo Ponce.
En los vestidores nos embozamos en el traje de faena. Son pocos los que bromean contigo: lo más parecido a una estrella en un equipo de jugadores rutilantes, de obreros del taquete. A ellos tampoco puedes engañarlos. No se engaña a la gente ante la que te desnudas dos veces al día. La mayoría son buenos muchachos, agradecidos de estar en ese equipo. Si los salvas del descenso (comentaristas, analistas y diletantes aumentan la presión), y si no los traspasan para capitalizar el club, endeudado en parte a causa de nuestra ficha, se sentirán felices de permanecer un año más en primera.
Al día siguiente del juego solemos distender los músculos, trotar con desgana, un punto intermedio entre dos intenciones, una indefinición deliciosa. Tocamos la pelota, visitamos al médico para el recuento de daños, al masajista, al fisioterapeuta que trata viejas lesiones. De vez en cuando, observo las gradas vacías y evoco el rugido. ¿No sientes el frío del clamor? ¿En qué piensas? Cuando abrazas el cuero y lo regresas con un movimiento ensayado, de jugador de boliche, a los pies del segundo entrenador. Cuando te recuestas a la derecha, a la izquierda, a la derecha, a la izquierda. ¿En qué piensas? Yo no puedo dejar de pensar en el rugido. El rugido que encierra veinte mil palabras inconexas que forman una sola. Una sola palabra que nunca hemos podido descifrar. Como si todos estos años hubiéramos perseguido falazmente su significado. ¿En qué piensas? ¿En la pregunta que te hizo el reportero? ¿En la respuesta? Una respuesta que no puede simplificarse. Tu vocabulario de rueda de prensa no alcanza a desentrañar el silencio que te abruma, al que aplazas con cada salida a alguna ciudad con un estadio que te insulta enardecido. Yo no puedo concentrarme en otra cosa que no sea alejar el miedo, mantenerlo a raya. ¿Te confieso algo ahora que la charla del entrenador señala las torpezas de este equipo comparsa? Tu incapacidad para responder es mi pequeño triunfo. El triunfo de mi silencio sobre el barullo de los dos o tres chiflados que esperan a la salida del entrenamiento para pedirte un autógrafo. Yo no he olvidado la primera foto que nos tomamos con un admirador. Demasiado rápido llegó esta obsesión de no poder llenar una foto y una firma malbaratada. Salimos desencajados, movidos, estábamos ahí pero no estábamos. Como si al momento de sacarla, algo nos distrajera, algo que estaba en ninguna parte.
El entrenamiento ha terminado.
Ella todavía no regresa a casa. La indígena zapoteca se marcha en cuanto llegamos. Una sombra sin lugar ni fecha de nacimiento. ¿A dónde se irá cada tarde, cuando el sol se oculta tras los cerros? Unos cerros artificiales en los que viven las sirvientas. Desde la ventana observo su cuerpo encogido caminar a la parada del camión. El crepúsculo lo baña de penumbra, parece un garabato. En la parada, ausculta la lejanía. Es una parada para sirvientas porque en este fraccionamiento todos tienen un coche o dos coches o tres coches. Dejo la ventana. Quieres revisar tu Twitter. Basura de admiradores. Insultos de fanáticos. Amenazas. Publicidad. Tu representante, que se encuentra en otra ciudad, te anuncia el interés de un equipo de Catar. ¿Es un país?, te preguntas. ¿Existe? Tu representante puede inventar geografías de ser necesario. Ponemos música. Vamos a la sala. Tomamos el mando del Xbox. Jugamos StarTrek, jugamos Marvel Ultimate Alliance, jugamos Borderlands. Matamos muchos zombies. Con saña. Cientos de zombies. Tienes un mensaje en el celular. Es ella. El mensaje dice: “Terminará tarde la sesión, cena sin mí. Besos”.
Abrimos el refrigerador. No tengo hambre. Nos quedamos parados en medio de la cocina. Todas las cocinas de los últimos años se parecen. Tienen esos tonos metálicos que invitan a no usarlas. Extraes el celular de tu bolsillo. No lo hagas. No marques esta vez. Vayamos a la cama, pongamos una película de acción y durmámonos a la mitad. Sé que no quieres estar en casa cuando regrese. Te contesta. Se ponen de acuerdo. Cenaremos en su casa. Nos detendremos en el restaurante de sushi y pediremos para llevar. Nos reconocerá el mesero. Nos solicitará un autógrafo. Tal vez, puede que no. Puede que te desee suerte para el sábado. Puede que no. Llegaremos al departamento lujoso a las afueras de la ciudad. Te recibirá en un camisón vaporoso, con encajes, transparente. Te tenderás en la cama. Te dará un masaje mientras te miente sobre el partido de ayer. No lo vio. Igual dirá que estuviste fabuloso. Luego te mamará la verga. Mientras la montas, te mirarás en el espejo y encontrarás mis ojos. Te dará vértigo. Sentirás apenas el frío, la oscuridad como una ola devastadora que quiere romper el cristal. Dejarás de observarte en el espejo y te concentrarás en tu miembro entrando y saliendo de la mujer. Eyacularás. Te tomará unos segundos recuperar el aliento. Cruzarán algunas palabras. Nos preguntará sobre el partido del sábado. Crucial. De reojo, volverás a mirar al espejo y en mis pupilas reconocerás la ola creciente. Querré decirle a la mujer que aún no descifro la palabra que pronuncia el rugido. Pero no le pagas para eso. Dirás que vamos a ganar. Te dirá que contigo de portero no podemos perder. Sabrás que es hora de llenar el cheque y abandonar el departamento precioso, de peluches y lladrós y retratos pop art. En el celular descubriremos una llamada perdida de ella. No sentiremos culpa. Sólo un atisbo de tristeza, una punzada que podrás confundir con el hambre que ahora sí tenemos.
Ilustración: Rodrigo Ponce.
Ella apaga la tele de la habitación en cuanto entramos a la casa. Luego el silencio. Vamos al cuarto. Su cuerpo es un bulto delicado, apenas una estela, un enigma vacío sobre la cama. Me acerco a su lado. El derecho. De entre la maraña de cabellos surge su nariz rectilínea, un poco más larga que la mayoría de las narices. Tiene los ojos cerrados con esa tensión de quien no duerme. Intento besarla. Tal vez encuentre ahí la palabra, perdida en su comisura perfecta. Ella esquiva mis labios simulando un movimiento del sueño que no es sueño: una extrañeza. Con el movimiento se desprende de su piel un olor que se confunde con el olor de la puta de lujo que acabamos de tirarnos. Te diriges al baño, orinas, te limpias el pene que huele a coño y a Channel. Te lavas los dientes. Enfrentas de nuevo el espejo, idéntico al del departamento de la mujer cuyo coño huele a Channel. Idéntico al del hotel donde nos hospedaremos dentro de unos días. Detrás de esos ojos cafés se agazapan innumerables palabras que hemos pronunciado a lo largo de estos años. Y reconoces, después de mucho rato, cuando la espuma de la pasta de dientes ha pintado tu boca como la de un payaso, que jamás podrás entender esa otra palabra, la que pronuncia el rugido. Y cedes al miedo, que no huele a Channel. Su olor es el de la tierra húmeda y profunda.
Apareces tras el brazo tuyo tatuadoUna calavera en un corazón en tu brazoA rape oculta lacabeza rodeada por el brazo (antebrazo) (caracol)(codo) La construcciónde tu identidadtapa tu rostroy prescindes de nombre estás (eres)afuera (saliste) bañado de luz para revelar porosassombras (no han sido fáciles estos años) (nosencillas estas tus cicatrices) Tu posede lagartija en la grieta del muro ocultase manifiesta (por la luz sale)cubierto de referentes