Tierra Adentro

La manera en que el gobierno de los Estados Unidos maneja todo tipo de cosas suele levantar muchísima polémica; en el ámbito de la cultura y los medios de comunicación no es la excepción, pero tampoco puede negarse que también establecen políticas de trabajo de largo plazo que entregan buenos dividendos. Ahí están la manera en que opera el MOMA y la cadena de Radio Pública (NPR, por sus siglas en inglés). Basta mencionar que a través de los años una estación como KCRW de Santa Mónica ha sido un ejemplo de la más inteligente y arriesgada vanguardia radiofónica. Ahora que nuestro Instituto Mexicano de la Radio vive una de sus etapas de crisis —debido a un mal relevo en su dirección y gerencias— más valoro la calidad de las estaciones que pertenecen al estado en el país del norte. Precisamente gracias al recuento anual de la NPR fue que descubrí a una agrupación que concentra en su seno a lo que puede entenderse como música de avanzada.

Se trata de un trío que comenzó en California y ahora se ha establecido en Brooklyn, conformado por músicos de origen árabe: el bajista Aakaash Israni, Amino Belyamani al piano y el baterista Qasim Naqbi. Juntos se hacen llamar Dawn of Midi y su música cuestiona los cánones establecidos. No se trata de un proyecto de jazz fusión, tampoco de electrónica y no parece que quieran hacer minimalismo académico —ese que está cercano a la música clásica— sino que aglutinan todo eso en discos que desconciertan pero que crean ambientes llenos de tensión y aun en su parquedad nos emocionan.

Dysnomia (Thirsty Ear, 2013) es una obra que lleva un paso adelante los hallazgos de su debut First (2010). La tercia no se dedica a improvisar, como en el free jazz; cada elemento aparece tras un cálculo meticuloso. A la hora de explicar lo que hacen hay que decir que los expertos apuntan que van incluso más allá de lo que se espera del minimalismo. Suelen trabajar apenas con un par de notas. Este segundo álbum abre con dos de ellas que provienen del contrabajo y se sostienen; al cabo de un momento que se alarga aparecen otras dos que lanza el piano y la cosa se sigue distendiendo, hasta que la batería se incorpora y se va aglutinando la pieza. Muy poco a poco la velocidad se modifica y algún que otro detalle sonoro desfila por allí. Van interviniendo los instrumentos para modificar su timbre y cuando te das cuenta ya tienes algo muy distinto a lo del principio. La transición casi no se nota y al percibirla te sorprende.

Hay una parte de la crítica que señala que dan un nuevo matiz al asunto del drone –una repetición cíclica-; lo que pasa es que los Dawn of Midi van variando de un modo casi imperceptible, pero aceptemos que si acuden a la repetición como en el drone o el minimalismo, pero allí no se instalan, puede decir que replican esos procesos de cambios muy sutiles que hay en la naturaleza (pienso en ese corto en el que el cadáver de un lobo se pudre en unos pocos segundos antes nuestros ojos).

Dysnomia va transcurriendo y nosotros —los escuchas— quedamos atrapados dentro. La experiencia sensible es misteriosa y placentera, aunque parezca que escuchamos lo mismo. El periodista argentino Marcelo Cohen explica la propuesta de la siguiente manera: “En todo caso, contiene cuarenta y seis minutos de música muy compuesta en nueve secciones continuas… Uno está transportado, tal vez a ese sentimiento de fondo que para los filósofos del cerebro es “nuestra imagen del paisaje corporal cuando ninguna emoción lo sacude”. Pero al rato, esperando que aparezcan nuevas permutaciones, uno además se entusiasma”.

Si además observamos con atención la portada del disco, que es una obra del artista suizo Fabian Oefner, nos sumergimos en un plano en que se mezcla ciencia y arte. El fotógrafo utiliza a la fuerza centrífuga y logra una imagen de una sobria belleza a partir de un flujo turbulento. Con todo, no logramos discernir el origen real del título. Existen tres vertientes. La disnomia es un desorden del habla que ocasiona que se olviden palabras o se tenga dificultad para recordar palabras específicas que se quieren usar al hablar o escribir. En segundo lugar, parala mitología griega, Disnomia era un demonio o espíritu que personificaba el desorden civil y la ilegalidad. Mientras que a partir del 2005, se eligió como nombre para designar a (136199) Eris I Disnomia, satélite del planeta enano Eris.

Dysnomia, sucesor del Live (que sólo apareció en digital en 2011) es un trabajo que interroga en cada uno de sus aspectos y cuidado al máximo. Tan así que fue grabado en vivo y posteriormente mezclado por Rusty Santos, acostumbrado a trabajar con heterodoxos como Animal Collective, Owen Pallet y DJ Rashad.

Dawn of Midi crea una música que produce efectos directos sobre la parte física pero destinada a atrapar a la mente a través de patrones que casi provocan una sensación cercana a la hipnosis. A fin de cuentas son admiradores a partes iguales de la electrónica de Aphex Twin, del kraut rock de la leyenda alemana Can y del Dr. K Gyasi (legendario músico ghanés que fuera uno de los mejores exponentes del highlife music).

Así tres músicos tan brillantes como Amino Belyamanies (marroquí), Aakaash Israni, originario de India, y Qasim Nagvi, nacido en Estados Unidos pero hijo de inmigrantes paquistaníes, redimensionan algo que comenzó siendo un concepto llamado “acústico-minimal”; hoy por hoy las etiquetas no les sirven… mientras tocan abren puertas de la percepción que permanecían clausuradas.


Autores
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.
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El día que murió José Emilio Pacheco le llamé a un amigo para recordar entre risas y lamentos aquella historia absurda en la que metimos a este enorme poeta hace unos 12 o 13 años, cuando no aún no teníamos miedo de dios. Veo con mucho gusto que después de su muerte comenzaron a circular en la red algunas anécdotas, por lo que me parece la ocasión para contar la propia.

Sucede que mi amigo y yo estábamos metidos en una organización de guionistas −un equivalente a un culto satánico−, que tuvo el atrevimiento de otorgarle un premio a José Emilio Pacheco por su trayectoria en la escritura para cine. ¿Qué? Lo pienso ahora y muero de risa: los miembros de nuestra fastuosa organización de guionistas llamada El Garfio, constituida hacía apenas dos meses y que, a excepción de los dos decanos, no sabíamos ni sonarnos los mocos de la nariz, le íbamos a dar un premio a uno de los más grandes poetas que ha tenido el gusto de conocer este país. ¡El atrevimiento! No era nuestra idea, claro. Ya hubiera yo querido ser tan punk. Estábamos reunidos alrededor de la figura tan amorosa como oscura del maestro Xavier Robles, coautor, entre otras estupendas historias, del guión de Rojo Amanecer (Fons, 1990). Él, peleado con alguna facción politiquilla de escritores de cuyo nombre no quiero acordarme, quería inaugurar una especie de golpe de estado contra el establishment y había decidido que este sería nuestro primer happening escritoril político.

Y ahí fuimos todos de bestias felices al matadero, creyéndonos muy salsitas pidiendo (¡exigiendo!) que se nos prestara una sala de la Cineteca  para nuestro evento y tocando la puerta del poeta pensando que nos la iba a abrir. Y pues… lo logramos. José Emilio Pacheco no sólo nos abrió generosamente la puerta de su casa. Desayunamos dos veces con él, le explicamos de lo que se trataba: queríamos darle un premio. Sí. Nosotros que nada importábamos le daríamos una estatuilla. ¡Una estatuilla, por el amor de dios! El Garfio de Plata. (Nos faltó ponerle “los Josemilios” para hacerla grande).

En mi memoria la luz del sol que entra por la ventana del Péndulo de la Condesa le pega directamente en los ojos y en esa tez tan blanca y José Emilio hace un gran esfuerzo por no pedir un cambio de mesa. En mi memoria cruza algunas palabras conmigo acerca de lo mucho que le emociona la creación de las mujeres en el cine. Yo le digo que me gustaría adaptar uno de sus cuentos para hacer un cortometraje y él sonríe muy levemente,  cuando responde: “Me encantaría verme a través de los ojos de los jóvenes”. En mi memoria está a punto de ordenar unos “Huevos Octavio Paz”, ironiza un poco y cambia su orden por algo “más modesto”.

Yo era la supuesta encargada de medios de aquella organización de menos de 20 personas, así que me tocaban las llamadas de Magdalena Acosta herself, enojadísima cuando se dio cuenta de que no había marcha atrás y el evento se tendría que realizar. De las películas que escribió José Emilio Pacheco se pasaron aquella tarde escenas de El Castillo de la Pureza (Ripstein, 1973) y El Santo Oficio (Ripstein, 1974). No se consiguió nada de Foxtrot, dirigida también por Ripstein en 1976 y protagonizada por Peter O’Toole y Charlote Rampling. Se mencionó aquella gran historia de El lugar sin límites que habían escrito a ocho manos José Donoso (novela) y la triada José Emilio Pacheco, Manuel Puig y Arturo Ripstein. Mucho tiempo después me enteré que también había escrito la adaptación de la novela de Vargas Llosa Los Cachorros para el director Jorge Fons. Su aportación al cine era sucinta pero honda, precisa y relevante. Como todo lo que hizo en su vida.

Cuando le entregamos el premio, para nosotros era toda una novedad enterarnos que el escritor de Las Batallas en el Desierto también había sido joven y había compartido nuestro pazguato interés por el cine. Para mí era ese hombre que me había leído la mente y la había decantado en esa novela donde Mariana le parte el alma a Carlos. Carlos era ya todas las veces que la vida me había desaparecido a la gente que quería, sin ninguna maldita razón que yo fuera capaz de entender. José Emilio Pacheco era en cierto sentido, mi creador.

La noche terminó con un pequeño brindis que nos otorgó la directora de la Cineteca en su aún nueva salita remodelada en madera. A mí me tocó entregarle el famosísimo Garfio de Plata, que pagamos entre todos para que realmente lo fuera.

No tengo ni una foto de ese evento, el celular con cámara era cosa todavía del futuro. Quizás mi amigo tenga alguna.


Autores
nació en un hospital público de Av. Toluca (ciudad de México, 1973) pero creció en la Calzada de Las Águilas, lo que supone una infancia feliz aunque cuesta arriba y llena de topes. Le da un poco de pena decir que estudió Comunicación (pero se la aguanta porque no hizo la tesis en balde). Ha escrito algunos guiones y dirigió un cortometraje premiado por IMCINE. Escribe en muchas revistas pero su comentario mensual sobre cine aparece en Chilango. Este año publicará su primera novela en una editorial catalana. En su cabeza revolotean cómics y canciones de los Flaming Lips todo el tiempo.
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Primera noche

I

Nada hay más que desastre: llena está la sangre de luz ¿Es el sistema solar o el circulatorio el que ilumina día a día?

El tiempo, el aire se consume las ciudades, las penínsulas la realidad inmóvil, su figura animal que andando se acabó.

El siglo es tempestad que se hunde en el cielo y brutal y moribunda es la lluvia porque renace de sí misma, construye los desiertos colma la fosa de la vida mientras el polvo devora todo desde los huesos hasta las montañas, los milenios y las flores.

Incapaz de rebelarse el cuerpo, de expandirse más que el agua y el aceite que son el vino y la sangre cuando el sacrificio significa quemar el pasado como si fuera un libro. Así comienza el desastre, un presagio incandescente, inminencia total.

II

El miedo de las cosas a morirse a fundirse con los sueños que las hicieron posibles en un infierno que tiene rotación y traslación y donde el mar no huele como las tinieblas que inventan los ojos de quienes escriben con el rayo y leen en los confines de los aires el número del día y la cantidad de olas que hay allí adelante donde ustedes sólo ven ruinas.

Años y ruinas en este lugar agallas, branquias, pulmones: ruinas la materia es ruina preguntas, respuestas, hospitales calabozos, paraísos no más que ruinas. Es esto y es otra cosa.

III

Las aguas del diluvio salen aún de los baños y cocinas de este hotel y los cadáveres de cientos de ciudades resplandecen monumentales en su resurrección, pues no volverán a vivir.

Toda la noche oí los neones desde mi ventana; se quemaba mi poema y su hoguera es esta R.

Regreso del ángel

Mi corpus secreto espera seguir volando a pulso en silencio sin que haya rastros de mí

Los huelo en el mapa de todos estos años y aparecen en otros cuerpos

Cada R es un catálogo pornográfico del tacto entre dos espaldas que guardan un secreto

La cerveza es luminosa Veo mi mano mi lengua y mi ojo ofreciéndose de un solo golpe al aire Solo y se oyen las aves de mal agüero derramándose desprendiéndose cayendo anticipando Y sé yo sé que el cielo es un colchón donde gemir en la oscuridad como el embrión dormido de un nuevo santo

El cuerpo limpia su soledad con el deseo por eso no es importante otros brazos otros muslos otros dedos escriben una biografía póstuma en él en la altura de su imaginación sobre los cables eléctricos donde hacen fiestas de papel picado y las cenizas vuelan al mar

Vienen entonces estigmas del futuro en su papel

sobre la piel suave después llega el milagro

Guárdenselo               Silencio

Blancos glóbulos

pasillos        ojos        cloro       gusanos

para sí        sólo para sí

**

“Primera noche” es una reescritura a partir de El reposo del fuego de José Emilio Pacheco (1939-2014) y “Regreso del Ángel” es una reescritura a partir de Sus brazos labios en mi boca rodando de Sergio Loo (1982-2014). Ambos poemas son parte del libro Debajo de la Lengua (2009). In memoriam.


Autores
(Chile, 1979) es doctor en Filosofía. Sus libros de poesía, editados entre el 2001 y 2003, aparecen reunidos en [guión] (2008). [coma] (2009) comprende su trabajo poético de 2004 a 2006.

Todo rastro de luminosidad ha sido ensuciado.

Luis Eduardo García

No se trata de una reseña de un libro, ni de una reflexión sobre una poética. En esta ocasión presento un ejercicio gráfico que tenía ganas de realizar desde hace varios meses. No se trata de ilustrar un libro. Se trata de dibujar un nuevo libro.

Tomando como índice o referencia las palabras alusivas a los pájaros, en los poemas de Dos estudios a partir de la descomposición de Marcus Rothkowitz (Tierra Adentro, 2012) de Luis Eduardo García (Guadalajara, Jalisco, 1984) hice algunos dibujos. La intención –en parte– es descontextualizar a las aves del entorno semántico y poético de donde nacieron. Dibujar una suerte de “retrato” que presente sin más al pájaro mencionado, y no hacer caso ni de la cantidad ni de la acción donde están situados, excepto cuando se trate del mero término “pájaro” o “ave”, es decir, sin nomenclatura. Luego, parte del juego es ver y explorar qué nos dice una nueva historia a partir de una secuencia gráfica.

Escogí este libro porque desde la primera lectura que hice del mismo, di cuenta de los pájaros. Varios, muchos pájaros fueron apareciendo texto tras texto (lo cual me hizo muy feliz) a partir de la segunda parte del poemario titulada: “Poemas como el puño de Dios”. Los poemas donde aparecen son los siguientes:

1)     Poema con risa diabólica (realizado en The Four Seasons Restaurant). /p. 34

2)     Sexy Red – Featuring dj Chainsaw & John “Crazy” Bombardier. / p. 38

3)     Antídoto contra postales multicolor y comerciales costosos. / p.43

4)     Imitador de Marcel Duchamp versus Imitador de Dios/el vacío (lucha en jaula). / p.48

5)     Trece formas de hacer estallar a un mirlo-bomba. / p.52

6)     La mujer del mercader del río: una carta (versión libre de la versión libre de la versión libre de Ezra Pound a partir de Li Bai). / p.69

7)     Ian Curtis interpreta “Love will tear us apart” con la ayuda de una cuerda.” p. 73

Si bien he mencionado que una parte de este ejercicio trata de descontextualizar a  los pájaros de su entorno anterior, me parece prudente presentar las líneas de su origen antes de pasar a la nueva secuencia gráfica:

1)     “…como nube amarilla de azulejos/ gravemente heridos” /p. 34

2)     “…la música de vagabundos ruiseñores/ secándose en la acera semi muertos / muertos” / p. 38

3)     “Desconfía de los fondos que carezcan/ de un par de aves reventadas o…” / p.43

4)     “Las tres líneas se llaman “pájaro”. / p.48

5)     XIII

El pronóstico es:

Lluvia de pájaros muertos.

El mirlo-bomba no resistirá mucho tiempo. / p.52

6)     “Los pájaros mueren sin cantar.” p.69

7)     “Ian Curtis ligero como una alondra aplastada.” p. 73

Otro par de asuntos de los cuales me percaté y me parece interesante comentar en función de este ejercicio gráfico, son los siguientes:

El autor del poemario menciona en una nota al final su admiración por el trabajo del pintor abstracto; explica que a partir de ello comenzó a escribir el libro. Sin embargo, dice también: “Éste es esencialmente un libro fallido, entre sus páginas hay desechos. Es en concreto una visión particular del mundo, además de la intención de mostrar la forma en que un libro es devorado por otro más fuerte.”

He de decir que entiendo la postura humildísima –por cierto– del autor, pero entre los mencionados desechos y la visión particular del mundo yo escuché a varios pájaros que cantaron y me tomé la licencia poética de atentar lúdicamente a la abstracción, aventarles un alpiste (para ver qué pasaba) y traerlos, –de manera humildísima y literal– a esta nueva historia que aquí presento.

Sin más, aquí los pájaros:

#1

Azulejo (Sialia currucoides)

Ave paseriforme

Familia de los Túrdidos

p1

#2

Ruiseñor (Luscinia megarhynchos)

Ave paseriforme

Familia Turdidae considerado también en los Muscicapidae

p2#3

Ave reventada

p3#4

“Pájaro”

p4

#5

Mirlo (Turdus merula)

Ave paseriforme

De la familia Turdidae

p5

#6

Los pájaros mueren sin cantar.

p6#7

Alondra (Alaudidade)

Ave paseriforme

De la familia de los aláudidos

p7

 

 

 

 

 


Autores
(Guanajuato, 1973). Realizó estudios de licenciatura en Diseño Gráfico y la maestría en Estudios Socioculturales. Ha publicado los siguientes libros: Libro del Aire (Editorial De la Esquina, 2011), Okupas (Letras de Pasto Verde, 2009), Todas estas puertas (Tierra Adentro, 2008), Entre las líneas de las manos (en el libro Tres tristes tigras, Conaculta, 2005) y Bravísimas Bravérrimas. Aforismos (Editorial De la Esquina, 2005). Participó en el Laboratorio Fronterizo de Escritores/Writing Lab on the Border (2006), participó en el Festival de Poesía Latinoamericana LATINALE 2007 con sede en Berlín. Recibió la beca del FONCA para escritores en 2007. En Mayo de 2012, participó en las jornadas literarias “Los límites del lenguaje” con sede en Moscú. Su trabajo escrito y gráfico ha sido incluido en varias antologías así como en revistas nacionales e internacionales. Desde el año 2001 vive en Tijuana. Ama la música y ama dibujar.
Azucena Godínez.

No es secreto que el movimiento teatral en Guadalajara ha cobrado fuerza en los últimos tiempos, nombres como Jorge Fábregas, Hugo Salcedo o Beto Ruiz ya son referentes obligados de la escena; es por ello que en esta ocasión, paso los reflectores a Azucena Godínez Montes, joven dramaturga nacida a principios de la década de los ochenta.

La maestra en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid y  también directora de teatro, ha comenzado a abrirse paso en el difícil panorama escénico, obteniendo anheladas becas como la de la Fundación para las Letras Mexicanas, en 2010 y el Programa de Estímulos a la Creación y al desarrollo Artístico del estado de Jalisco, en el 2011. Diversas obras de su autoría se han llevado a la escena, entre ellas: Súperheroechicas al rescate, Hasta que la muerte nos separe, The pig, Currículum Sexual, Adelitas, Mujer-pecado, Mujer traición.

En esta ocasión,  expondré un fragmento de la obra Simón y la mujer caballo que forma parte de su  libro En altamar, editado a cargo del Instituto Mexiquense de Cultura y próximo a publicarse en 2014.

Agradezco la confianza y comparto con gusto una muestra de su trabajo.

Simón y la mujer caballo

Por Azucena Godínez Montes

Fragmento

IV

Josefine: ¿Por qué Dios permite estas cosas?

Simón: ¿Qué quieres decir con “estas cosas”?

Josefine: Esto, tu y yo, nosotros.

Simón: ¿Alguna vez te han dicho que eres muy cursi?

Josefine: Me lo repites a diario.

Simón: Pues eres muy cursi.

Josefine: Ya sé, Simón, ya sé que soy muy cursi.

Simón: Aclarado el punto, sigue caminando.

Josefine: ¿No has pensado que cuando lleguemos con el médico las cosas serán distintas?

Simón: Claro que lo he pensado, por eso vamos.

Josefine: De regreso tendrás que venir caminando.

Simón: Con tacones, por supuesto.

Josefine: ¿Con tacones?

Simón: Me gustan los tacones, ¿hay algo de malo con eso?

Josefine: No, no, nada  de malo.

Simón: Tú deberías alegrarte, ya no vendrás en cuatro patas.

Josefine: Me alegra mucho, aunque confieso que extrañaré cargar tus maletas.

Simón: Te dejaré cargarlas de vez en cuando.

Josefine: Gracias.

Simón: No es que me guste que cargues mis cosas.

Josefine: Lo sé, Simón, es por mi bien.

Simón: Qué bueno que lo entiendas.

Josefine: Sólo mientras me acostumbro a las nuevas circunstancias.

Simón: Exacto, después, cada quien por su lado.

Josefine: No volveremos a vernos.

Simón: Nunca.

Josefine: Jamás.

Simón: Aunque, puedes llamarme de vez en cuando.

Josefine: ¿Puedo?

Simón: Si me necesitas.

Josefine: Lo  haré si te necesito.

Simón: De acuerdo.

Silencio.

Simón: Debes confesar que será extraño que no volvamos a vernos.

Josefine: Sí, supongo que lo será.

Simón: ¿Cuántos años tienes, Josefine?

Josefine: No es correcto preguntarle la edad a una dama.

Simón: ¿Cuántos años tienes, Josefine?

Josefine: Cuarenta y cuatro.

Simón: ¿Cuarenta y cuatro? Eres un caballo longevo. Será difícil acostumbrarse a andar en dos patas después de tanto tiempo.

Josefine: Cuarenta y cuatro no son tantos. ¿Tú cuántos tienes?

Simón: Ya lo sabes, cuarenta y cuatro también.

Josefine: Aunque la gente dice que me veo de treinta y cuatro, en la plena flor de mi edad.

Simón: No creas en todo lo que dicen.

Josefine: No, no siempre les creo, pero estoy de acuerdo con ellos cuando me miro al espejo.

Simón: Bah, te halagas a ti misma.

Josefine: Para nada, procuro ser lo más objetiva posible.

Simón: Nadie es cien por ciento objetiva.

Josefine: ¿Te parece que soy muy vieja?

Simón: No, no tanto.

Josefine: Gracias.

Simón: ¿Por qué?

Josefine: Por decirme piropos

Simón: ¿Yo cuando…?

Josefine: Yo también te quiero.

Simón: Deja de decir tonterías.

Josefine: No es tontería decir que te quiero.

Simón: Está bien, puedes decirme que me quieres cuantas veces te venga en gana, pero siempre debes tener en cuenta que no eres mi primer caballo.

Josefine: Lo sé, Simón, no tienes por qué repetírmelo. (Llora con relinchos.)

Simón: No llores, Josefine, no llores.

Ella sigue llorando.

Simón: No soporto verte llorar. Escucha, dije que no eres mi primer caballo pero no me dejaste terminar. No eres mi primer caballo pero sí eres mi favorita.

Ella deja de relinchar.

Simón: A ver, ¿quién es mi caballo favorita?

Ella para la trompa.

Simón: Una sonrisa, sonríe, hermosa caballito.

Ella por fin sonríe.

Simón: ¿Ya ves? Eres tan hermosa cuando enseñas los dientes. Estoy seguro de que, si ganaras un concurso de carreras por una nariz, te verías preciosa en la foto del recuerdo, llegando a la meta.

Josefine: No me vuelvas a decir esas cosas, son muy feas.

Simón: Palabra de macho.

Ella para la trompa esperando beso.

Simón: Anda, que se hace tarde.

*

Sin duda un texto brillante y  peculiar que será muy bien recibido en el mundo del teatro impreso. Le auguramos lo mejor al libro  En altamar y a su talentosa autora.

 


Autores
Ciudad de México, 1980. Dramaturga. Autora de Aún no recuerdo su rostro (FETA 2014). Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y de Jóvenes Creadores, FONCA, (2008-2009). Participó en los talleres de The Royal Court of London y realizó una residencia en la misma institución en marzo del 2013. Su obra Anatomía de la Gastritis, traducida al francés por David Ferré, fue editada por la editorial Le Miroir. Ha publicado Editorial El Milagro; Los Textos de la Capilla, segunda generación; Tierra Adentro, Buena tinta y la revista Este País. Su guion Distancias Cortas fue publicado en co-edición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.

Cuando Jorge Cuesta se suicidó, Xavier Villaurrutia escribió en un artículo que le era muy difícil hablar sobre su amigo muerto. Supongo que eso nos sucede a todos cuando tenemos que escribir sobre una persona a la que le teníamos tanto afecto a pesar de no frecuentarse mucho, como ahora sucede con José Emilio Pacheco.

La único que se me ocurre es pensar que llega el momento terrible en que uno debe prepararse para enterrar a sus figuras tutelares. Pues, ¿qué se puede decir que no se haya dicho ya sobre su vasta obra? A riesgo de querer decir algo nuevo, sin duda, uno acaba enumerando puros lugares comunes. Por eso, en casos como el de la obra de José Emilio, siempre he pensado que sólo se puede hablar desde una visión personal.

Todos recordaremos anécdotas que muestran la inagotable generosidad de José Emilio, de su ilimitada modestia. En particular me gustaría recordar dos momentos que me dieron muestras de ellas. El primero sucedió en una lectura que dio en la Casa del Poeta, al terminarla me acerqué a pedirle un autógrafo a mi ejemplar de su poesía Tarde o temprano (1958-2000) (FCE, 2000). Yo llevaba recién leído su librito de ensayos sobre Borges, Una invitación a su lectura (Raya en el agua, 1999) en el que me había llamado la atención un comentario sobre el vocablo “gaucho” como una forma despectiva de llamar a los de la provincia de Buenos Aires. Le dije a José Emilio que a mí me había recordado una palabra muy mexicana y también muy despectiva, “gacho”, él asintió y dijo otra serie de palabras con el mismo sentido que se usan en Cuba, Colombia y otros países de habla hispana. Y así mientras seguía firmando libros (me pidió que no me fuera de allí, que esperara a que terminara de firmar), seguíamos platicando de términos, lo que yo creí que sería una breve charla sobre una curiosidad, en realidad duró un par de horas. Me sentí adoptado, además de apabullado por su pasión con el lenguaje y esa generosidad de dar una cátedra sin habérselo propuesto.

Sin embargo, la otra fue la más sorprendente de todas. Sucedió en el verano de 2006. La policía me había golpeado por una calle de la colonia Juárez pues mis amigos y yo habíamos evitado Reforma por el plantón de López Obrador. Un par de semanas después, mi amigo Luis Antonio de Villena me escribió alarmado por el episodio, le contesté para tranquilizarlo que estaba bien, con heridas pero recuperándome. Me surgió la duda sobre por qué habían llegado las noticias hasta España así que le pregunté cómo se había enterado. Me contestó que había visto en Madrid a José Emilio y que él le había informado: “te quiere bien y está preocupado por ti”, escribió Luis Antonio. La sorpresa fue doblemente enorme: José Emilio no sólo estaba enterado de todo lo que me había pasado ¡sino que iba hasta otro continente a hablar de mí con los amigos en común! De manera que en cuanto tuve la oportunidad de agradecerle en persona no dudé en hacerlo (lo cual creo que sucedió en una Feria del Libro de Guadalajara).

No sólo hemos perdido a uno de nuestros poetas y narradores más entrañables, también a uno de nuestros periodistas culturales y acuciosos investigadores (su sección “Inventario”, firmada siempre con las discretas iniciales JEP, aportaba muchos datos fundamentales para los anales de la literatura), sino sobre todo a un espléndido traductor, ensayista y lector, pues José Emilio tradujo, por ejemplo, el De profundis de Oscar Wilde o recientemente los Cuatro cuartetos, de T. S. Eliot.

Ahora nos toca a sus lectores despedirnos de José Emilio Pacheco  y de qué otra forma hacerlo que con versos suyos:

Aquí sabemos a qué sabe la muerte. Aquí sabemos lo que sabe la muerte. La piedra le dio vida a esta muerte. La piedra se hizo lava de muerte.


Autores
(Ciudad de México, 1981) es autor de La síntesis rara de un siglo loco publicado por el FETA.
Sergio Loo. Fotografía tomada de las afinidades electivas / las elecciones afectivas

 

Queda todo inconcluso. La ira y los rostros, ahora más sombras que carne, habitan este cuarto. Me negaré a despedirme. Serás por siempre ese niño recostado en un puente. Tu voz en aquella ciudad estridente y libertina, sin duda la caminaremos por ti y daremos pasos contundentes; calcaremos los rostros en la fiesta de papel picado.

Estarás.

*

La madrugada del martes 28 de enero falleció el joven poeta mexicano Sergio Loo. El Programa Cultural Tierra Adentro lamenta profundamente la pérdida de este entrañable autor, colaborador y amigo.

*

Con más fuerza, Sergio. Con más rigor y alegría cantaremos versos.

 

Cuerpos sin nombre difuminados en las sábanas. La cama queda lista para que dos, algunos dos, algunos hipotéticos dos; tú y yo, por ejemplo, crucen en ella la noche.

Sergio Loo (Ciudad de México, 1982) poeta y narrador. Autor de Claveles automáticos (2006). Colaboró en Fantasiofrénia. Antología del cuento dañado (2003), Paso al Frente (2004), Descifrar el Laberinto (2005) El fungible: especial de relatos (2006). Textos suyos han aparecido en Navegaciones Zur y Hermanocerdo. En 2007 publicó en el Fondo Editorial Tierra Adentro, Sus brazos labios en mi boca rodando, mimo título que fue editado en versión digital por la editorial española Foc, en 2013. También publicó Retratos desarmables (Ediciones B, 2011) y Guía Roji (IVEC, 2012).


Autores
(ciudad de México, 1984). Poeta, narradora y editora. Ha publicado en diversas revistas literarias como Casa del TiempoDédaloSíncopeEste PaísPalestraMaldoror (Uruguay); la revista digital Valderrama y el suplemento cultural Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Su primera obra poética Cosas que nunca dije antes de que estallaran las bombas fue publicada en 2012 por el sello editorial catalán Foc. Fue becaria en el área de narrativa por la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2010).
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.